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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Consideraciones histórico-culturales y éticas acerca de la muerte del ser humano]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Facultad de Ciencias Médicas General Calixto García  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[An analytical study was made on the death of the human being at different historical periods in the context of the various cultures of humanity, taking the moral values prevailing in each specific stage as a basis and linking them to the healing practice in ancient times and to scientific medicine. Matching criteria were grouped according to the features that make them universal, underlining those that have gone beyond time and space. Emphasis was made on Indo-American and African cultures as the roots of cultures in the America and the Caribbean, and their impact on the present medical practice in this part of the world]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>Facultad de Ciencias M&eacute;dicas &quot;Calixto Garc&iacute;a&quot;    <br> </p><h2>Consideraciones  hist&oacute;rico-culturales y &eacute;ticas acerca de la muerte del ser humano</h2>    <p><a href="#cargo">Mar&iacute;a  del Carmen Amaro Cano<span class="superscript">1</span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></p><h4>Resumen    <br>  </h4>    <p>Se hace un estudio anal&iacute;tico acerca de la muerte del ser humano  en los diferentes per&iacute;odos hist&oacute;ricos correspondientes a las distintas  culturas de la humanidad, a partir del sistema de valores morales imperante en  cada caso concreto, vincul&aacute;ndolo a las pr&aacute;cticas curativas de la  antig&uuml;edad y a la medicina cient&iacute;fica. Se agrupan los criterios coincidentes,  precisando los rasgos que le otorgan universalidad y, de ellos, los que han trascendido  en el tiempo y el espacio. Se enfatiza en lo concerniente a las culturas indoamericanas  y africanas, como ra&iacute;ces de la cultura de Am&eacute;rica y el Caribe, y  su repercusi&oacute;n en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica actual en esta parte  del mundo. </p>    <p><b>Palabras clave</b>: HISTORIA, CULTURA, &Eacute;TICA, MUERTE.</p><h4>Introducci&oacute;n      <br> </h4>    <p>En la revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica realizada acerca del enfoque  &eacute;tico sobre la muerte del ser humano se observan diferencias en los distintos  per&iacute;odos hist&oacute;ricos correspondientes a las diversas culturas de  la humanidad. Ello se hace patente en el sistema de valores imperante en cada  caso concreto, y, por supuesto, ese sistema de valores responde en &uacute;ltima  instancia a las formas de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de los bienes  materiales y espirituales de la sociedad en cuesti&oacute;n y, dentro de estas  formas, las caracter&iacute;sticas particulares de las pr&aacute;cticas curativas  que han resultado cambiantes desde la antig&uuml;edad y el medioevo hasta la medicina  cient&iacute;fica, surgida en la modernidad. </p>    <p>Por su parte, el mundo contempor&aacute;neo,  con su impetuoso avance cient&iacute;fico-t&eacute;cnico y la invasi&oacute;n  tecnol&oacute;gica en el campo de las ciencias m&eacute;dicas ha impuesto nuevos  enfoques, ni siquiera pensados con anterioridad.</p>    <p>La profesi&oacute;n m&eacute;dica  se ha caracterizado, en cada &eacute;poca hist&oacute;rica, por determinados rasgos  que han sido la expresi&oacute;n de la actitud que ha asumido la sociedad hacia  el hombre y su cuerpo, de una parte, y la valoraci&oacute;n que &eacute;ste ha  hecho de su salud y de la enfermedad, por otra.<span class="superscript">1</span>  Muy vinculados a estos conceptos ha estado la forma de enfrentamiento a la muerte,  ya como etapa o evento del propio proceso vital, ya como castigo o premio.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  En los tiempos m&aacute;s remotos de la humanidad, el m&eacute;dico-sacerdote-brujo  trataba al hombre enfermo como un todo, atend&iacute;a al cuerpo y al alma. En  la mayor&iacute;a de las ocasiones no pod&iacute;a discernir d&oacute;nde terminaba  el mal de uno y comenzaba el de la otra. La materia y el esp&iacute;ritu del hombre  formaban una sola unidad y, en esa totalidad deb&iacute;a ser tratado. La disoluci&oacute;n  de la unidad estaba presente en la muerte.</p><h4>El mundo antiguo</h4>    <p>En las  antiguas civilizaciones mesopot&aacute;micas,<span class="superscript">2-3</span>  el pueblo viv&iacute;a en un mundo en el que lo sobrenatural era omnipresente  y todopoderoso, y cada acontecimiento alarmante en el campo de la naturaleza representaba  un presagio especial enviado para servir de advertencia o de est&iacute;mulo.  Como se trataba de una civilizaci&oacute;n de car&aacute;cter enteramente religioso,  las pr&aacute;cticas curativas ten&iacute;an tambi&eacute;n ese car&aacute;cter.      <br> </p>    <p>Es en Egipto<span class="superscript">4,5</span> donde se encuentran,  por primera vez, referencias al tratamiento psicosom&aacute;tico de las enfermedades.  El hombre era tratado como un todo. Quiz&aacute;s, precisamente por eso, al comprender  que con la muerte y la putrefacci&oacute;n del cuerpo se romp&iacute;a la unidad  de &eacute;ste y el alma pretendieron enfrentar esta disoluci&oacute;n con el  embalsamamiento. De esta forma lograban mantener la vinculaci&oacute;n entre los  muertos y los vivos.     <br> </p>    <p>En cuanto a China<span class="superscript">6-8</span>  es preciso destacar que entre todas las culturas que surgieron, dos prevalecieron  y se extendieron sobre amplias regiones. Las propias costumbres funerarias indican  las notables diferencias entre ambas. En una evoluci&oacute;n de esas culturas  (longshan) se encuentran cad&aacute;veres de gente sacrificada y enterrada con  el difunto. Estos sacrificios humanos no se limitaban a los entierros, sino que  eran una pr&aacute;ctica com&uacute;n. </p>    <p>El mundo de esta cultura estaba  poblado de deidades -que controlaban la existencia de los humanos- cuya ira deb&iacute;a  ser aplacada con ofrendas de cereales, sacrificios de animales y de seres humanos  y libaciones de bebidas embriagantes. De ah&iacute; parte la costumbre de colocar  alimentos en las tumbas de los chinos muertos, pr&aacute;ctica que a&uacute;n  se conserva entre muchas de estas comunidades.</p>    <p>En la Grecia y Roma Antiguas<span class="superscript">9-11</span>  (antes de nuestra era), la medicina tambi&eacute;n adopt&oacute; las caracter&iacute;sticas  propias del desarrollo general alcanzado por estas civilizaciones. En ellas se  centraba la atenci&oacute;n en la belleza y perfecci&oacute;n, de manera que la  vida misma ten&iacute;a s&oacute;lo un valor relativo y se ocupaba m&aacute;s  del cuerpo que del esp&iacute;ritu.</p><h4>El medioevo</h4>    <p>Durante la Edad  Media (siglos V al XV), coexistieron tres grandes culturas mediterr&aacute;neas:  Europa Occidental, el Imperio Bizantino y los Califatos &Aacute;rabes. Estos &uacute;ltimos  se distinguieron en el campo de las ciencias y, muy especialmente, en la medicina.<span class="superscript">3,12</span>  En la Europa Occidental del Medioevo,<span class="superscript">13,14</span> en  la que prevaleci&oacute; el poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, adem&aacute;s  de religioso, del cristianismo, se produjo un cambio ostensible de la posici&oacute;n  del m&eacute;dico y del individuo enfermo. En contraste con las religiones polite&iacute;stas  de la antig&uuml;edad que se centraban en las personas puras y perfectas, el cristianismo  centraba su atenci&oacute;n en los enfermos, los d&eacute;biles, los paral&iacute;ticos,  tal y como lo hab&iacute;a hecho<i> Jes&uacute;s de Nazareth</i>.<span class="superscript">15</span>  Mientras que en las antiguas civilizaciones mesopot&aacute;micas la enfermedad  era considerada como castigo del pecado, y en la civilizaci&oacute;n grecorromana  como causa de inferioridad, en el cristianismo la enfermedad era s&iacute;mbolo  de una v&iacute;a para la purificaci&oacute;n y gracia divinas. La muerte pod&iacute;a  constituir en algunos casos la liberaci&oacute;n del sufrimiento y el comienzo  del goce eterno. </p>    <p>Las regulaciones de la conducta moral de los m&eacute;dicos  establecida por la Iglesia<span class="superscript">1</span> en el medioevo abarcaba,  entre otros aspectos, la obligaci&oacute;n de tratar a todos los enfermos, incluyendo  los incurables. Esto contrastaba con la &eacute;tica de las civilizaciones orientales  y grecorromanas, cuyos m&eacute;dicos consideraban una falta de &eacute;tica atender  a un paciente que no pod&iacute;a beneficiarse en modo alguno con sus servicios.  Entre estos se encontraban los incurables y los moribundos.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La posici&oacute;n  social del m&eacute;dico fue poco a poco consolid&aacute;ndose. Cada vez m&aacute;s  los pacientes establec&iacute;an una relaci&oacute;n de dependencia, &eacute;sta  se extend&iacute;a incluso a la familia del enfermo. Varios factores han influido  decisivamente a esta evoluci&oacute;n del ascendiente m&eacute;dico sobre sus  pacientes; pero, indudablemente, el examen m&eacute;dico asumi&oacute; una conducta  relevante.<span class="superscript">16</span> En el examen vienen a unirse la  ceremonia del poder y la forma de la experiencia, el despliegue de la fuerza y  el establecimiento de la verdad. Del examen m&eacute;dico pod&iacute;a derivarse  la sentencia de muerte o el anuncio de la prolongaci&oacute;n indefinida de la  vida.</p><h4>Las culturas abor&iacute;genes</h4>    <p>En 1513 los europeos tienen  las primeras noticias de la existencia del Per&uacute; y, en 1517 tienen acceso  a M&eacute;xico. Es precisamente en este momento en el que Espa&ntilde;a entra  en contacto con tres grandes civilizaciones del mundo americano: Maya, Azteca  e Inca. </p>    <p>Los mayas, pertenec&iacute;an a una civilizaci&oacute;n completamente  aut&oacute;ctona, que existi&oacute; desde alrededor de 3 000 a&ntilde;os antes  de nuestra era, coet&aacute;nea de las grandes civilizaciones mesopot&aacute;micas,  egipcia y china. Sus hombres eran fuertes y robustos y rara vez estaban enfermos.  En la civilizaci&oacute;n maya, cuando un hombre ca&iacute;a enfermo llamaba al  sacerdote, al curandero o a un hechicero y, muchas veces, estas condiciones estaban  reunidas en un solo hombre. El curandero curaba o mataba a sus pacientes, y su  reputaci&oacute;n como m&eacute;dico depend&iacute;a del predominio de uno u otro  resultado.<span class="superscript">17 </span></p>    <p>Los aztecas, por su parte,  hac&iacute;an un uso extenso de las hierbas y ra&iacute;ces medicinales.<span class="superscript">18</span>  Prestaban especial atenci&oacute;n a los ritos funerarios como forma de asegurar  la supervivencia de sus muertos y que &eacute;stos ejercieran su acci&oacute;n  protectora sobre los vivos. Formaban parte de estos ritos la conservaci&oacute;n  de objetos del muerto que adquir&iacute;an la funci&oacute;n de amuletos de protecci&oacute;n  o buena suerte.</p>    <p>Los incas constitu&iacute;an una aristocracia victoriosa  que dominaba las sociedades vencidas, a las que organizaron en un Imperio.<span class="superscript">19</span>  Entre ellos las dolencias, enfermedades y en especial la muerte eran atribuidas  a la mala voluntad de alguien, fundamentalmente de las deidades enfurecidas por  alg&uacute;n pecado, descuido en el culto o por alg&uacute;n contacto accidental  con los esp&iacute;ritus mal&eacute;volos que exist&iacute;an en los vientos y  las fuentes. Tambi&eacute;n atribu&iacute;an las enfermedades a la introducci&oacute;n  en el cuerpo de alg&uacute;n objeto por arte de brujer&iacute;a. Cuando se trataba  de una calamidad p&uacute;blica (epidemias) se cre&iacute;a que se hab&iacute;a  cometido un pecado colectivo y por ello el castigo era tambi&eacute;n colectivo.<span class="superscript">20</span>  De manera que, al tener todas las enfermedades causas sobrenaturales, deb&iacute;an  ser curadas por la magia o la religi&oacute;n. Incluso cuando se empleaban las  hierbas y otras medicinas de aut&eacute;ntico valor terap&eacute;utico, se supon&iacute;a  que su efecto era m&aacute;gico. Entre los hallazgos arqueol&oacute;gicos<span class="superscript">21</span>  se encuentra el mayor porcentaje de cr&aacute;neos trepanados del mundo. Las incisiones  eran redondas o rectangulares y se ejecutaban raspando, aserrando o cortando con  instrumentos de obsidiana o metal. No se ha podido encontrar indicios si se realizaba  la trepanaci&oacute;n para aliviar compresiones o para ahuyentar a los demonios.  Podr&iacute;an haber utilizado la coca como anest&eacute;sico. </p><h4>Las culturas  africanas</h4>    <p>La forma religiosa africana m&aacute;s arcaica es el <i>totemismo</i>,  que prevalece, de forma pura o mistificada en todos los pueblos de &Aacute;frica.  El totemismo ha sido el que ha generado la adoraci&oacute;n de los antepasados  y a &eacute;sta se encuentra vinculada, desde tiempos inmemoriales la adoraci&oacute;n  de los muertos o <i>manismo</i>.<span class="superscript">22</span> Los difuntos  contin&uacute;an viviendo en la mente de todos los pueblos africanos, tanto como  &aacute;nimas o esp&iacute;ritus capaces de trasladarse incorp&oacute;reamente,  o como seres sobrenaturales que conservan externamente su apariencia terrenal  o asumen temporalmente el aspecto de animales. </p>    <p>De esta forma, los muertos  contin&uacute;an siendo miembros del clan, no abandonan la comunidad: necesitan  sacrificios para prolongar su existencia en el otro mundo y renacer en sus descendientes,  pues de lo contrario deben dejar de ser. Los vivos, por su parte, necesitan de  la ayuda de sus antecesores, quienes gozan de poderes sobrenaturales.    <br> </p>    <p>Para  el creyente, la adoraci&oacute;n de los antepasados significa mantener los nexos  entre estos dos grupos del clan: los vivos y los muertos; romper estos lazos es  amenazar con la destrucci&oacute;n a los vivos y a la comunidad en general.    <br>  </p><h4>La modernidad</h4>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El sistema feudal es reemplazado en numerosos pa&iacute;ses  por la aparici&oacute;n paulatina de estados nacionales; asimismo existe un importante  crecimiento demogr&aacute;fico con una afirmaci&oacute;n de los centros urbanos  y el consiguiente desarrollo de la burgues&iacute;a. Se instala el mercantilismo  y florece el comercio, al tiempo que los artesanos se organizan en gremios. Los  descubrimientos geogr&aacute;ficos se suceden constantemente. Se produce una crisis  religiosa: la Iglesia Cat&oacute;lica, Apost&oacute;lica y Romana sufre profundas  divisiones (reformas anglicana, calvinista y luterana) que repercuten en la sociedad  de la &eacute;poca.<span class="superscript">23</span></p>    <p>En filosof&iacute;a,  el humanismo, contrario al aristotelismo escol&aacute;stico, emancipa al hombre  y le ofrece posibilidades creativas como nunca antes. No es pues de extra&ntilde;ar  que la ciencia y la t&eacute;cnica disfruten de un auge sin precedentes. Numerosos  descubrimientos inician la escalada cient&iacute;fica y t&eacute;cnica de la humanidad.  No obstante, la ense&ntilde;anza universitaria de la medicina conserva aun los  patrones aristot&eacute;licos cl&aacute;sicos y es, en esencia, te&oacute;rica;  la cl&iacute;nica se imparte, en forma muy irregular, en los hospitales. No es  hasta un poco m&aacute;s tarde, aunque como consecuencia de la impronta renacentista,  que varios acontecimientos permitieron el proceso de secularizaci&oacute;n de  la medicina. La llegada del Renacimiento, que revive los ideales griegos, centra  su ideal moral en la humanidad y tiende a desarrollar la calidad mental de la  persona.<span class="superscript">24</span></p>    <p>La medicina, ya constituida  como saber cient&iacute;fico, va a desarrollar, cada vez con m&aacute;s fuerza  su paradigma biom&eacute;dico. Las enfermedades ser&aacute;n liberadas de la categorizaci&oacute;n  de fen&oacute;menos sobrenaturales; pero junto a ello se comienza a considerar,  por separado, las enfermedades f&iacute;sicas de las enfermedades de la mente,  e incluso se vislumbra ya la posibilidad de considerar la enfermedad al margen  de la propia persona que la sufre y de su propio contexto social. Este criterio  va a alcanzar un gran auge mucho m&aacute;s tarde, en pleno siglo XVIII.</p><h4>Los  siglos XVIII, XIX y XX</h4>    <p>Durante todo el siglo XVIII la medicina estuvo absorbida  por la investigaci&oacute;n. Ello permiti&oacute; grandes avances en los diagn&oacute;sticos  y tratamientos m&eacute;dicos, aunque no se reflej&oacute; igualmente en la organizaci&oacute;n  de la atenci&oacute;n m&eacute;dica. La gran complejidad que iban alcanzando los  m&eacute;todos de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica oblig&oacute; a especializarse  a los investigadores y, a consecuencia de ello, la ense&ntilde;anza tambi&eacute;n  se especializ&oacute; en forma creciente. El pr&oacute;ximo paso fue la especializaci&oacute;n  de la propia pr&aacute;ctica m&eacute;dica, la que no se ha detenido a&uacute;n  en nuestros d&iacute;as.<span class="superscript">1</span> Gracias a la especializaci&oacute;n,  la medicina ha alcanzado un gran desarrollo; sin embargo ese propio af&aacute;n  de especializaci&oacute;n tiene sus desventajas, pues ha despersonalizado cada  vez m&aacute;s la pr&aacute;ctica m&eacute;dica. Ya no se trata de un hombre enfermo,  sino de un &oacute;rgano enfermo. El m&eacute;dico atiende &oacute;rganos, no  personas. El paradigma biom&eacute;dico se consolidaba cada vez m&aacute;s. </p>    <p>La  medicina de fines del siglo XX no puede continuar centrando la atenci&oacute;n  en &oacute;rganos enfermos, desconociendo la totalidad de la persona a quien pertenece  ese &oacute;rgano. Tampoco puede centrar la atenci&oacute;n en un individuo, desconociendo  el ambiente f&iacute;sico y social en el cual est&aacute; inmerso. El enfoque  de la medicina individual tiene que ampliar su espectro y abarcar tambi&eacute;n  a las familias y las comunidades a las que pertenecen esas personas; pero no s&oacute;lo  cuando se enferman, sino actuar para que no lo hagan. No son pocos los te&oacute;ricos  en el campo de las ciencias de la salud que han hecho importantes contribuciones  al esclarecimiento conceptual de la necesidad imperiosa de cambiar el ya obsoleto  paradigma biom&eacute;dico por el nuevo paradigma sociobiol&oacute;gico, mucho  m&aacute;s acorde con las evidencias cient&iacute;ficas alcanzadas en este campo.</p>    <p>El  hombre, en su propia actividad sociolaboral, ha logrado transformar y humanizar  la naturaleza y ha desarrollado la sociedad a la que pertenece; pero unido a todo  este proceso de transformaci&oacute;n ha ido el de su propia naturaleza y as&iacute;,  ha podido desarrollar, conservar o restringir su propia vitalidad. Esto quiere  decir, que el proceso salud-enfermedad, desde la concepci&oacute;n hasta la muerte,  tanto de los individuos aislados como de las poblaciones, constituye parte del  proceso hist&oacute;rico de la humanidad y, por tanto, para un abordaje verdaderamente  cient&iacute;fico del problema hay que tomar en consideraci&oacute;n, tambi&eacute;n,  las categor&iacute;as hist&oacute;ricas de tiempo y espacio.</p>    <p>El fin del  milenio enfrenta a la humanidad a un incremento extraordinario de los avances  cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos; pero, paralelamente, en el campo de  la medicina se ha apreciado una creciente deshumanizaci&oacute;n. El m&eacute;dico,  gracias a la compleja tecnolog&iacute;a que le separa del paciente, ha alcanzado  nuevamente un gran poder sobre &eacute;ste, unas veces adoptando posturas autoritarias  y otras paternalistas; pero siempre desde la posici&oacute;n del que todo lo sabe  y todo lo puede. En este sentido, algunos pretenden privatizar las definiciones  de muerte y sus implicaciones culturales, &eacute;ticas y hasta jur&iacute;dicas.</p>    <p>Esta  actitud contrasta con la realidad actual, en la que se ha evidenciado que el proceso  salud-enfermedad es un problema no s&oacute;lo m&eacute;dico, que las comunidades  y las personas son sujetos y como tales tienen derechos y deberes que ejercer,  tienen opiniones y sentimientos y tienen capacidad para elegir y tomar decisiones.  Las pol&iacute;ticas de salud s&oacute;lo pueden ser exitosas cuando cuentan con  la participaci&oacute;n popular, y para ello las personas y las poblaciones tienen  que estar educadas en problemas de salud. El concepto de muerte responde tambi&eacute;n  a ese marco sociocultural en el cual est&aacute; inmerso el hombre y la comunidad  a la que pertenece, de modo que tiene tambi&eacute;n el derecho de opinar y participar  en la decisi&oacute;n.</p>    <p>Pero, los valores, principios y virtudes morales  universales, est&aacute;n en solfa, y ello afecta tambi&eacute;n, por supuesto,  al ejercicio de la medicina. A nivel universal se aprecia un resurgimiento de  algunas formas feudales de vivir y de pensar: florecimiento del artesanado, creencias  m&iacute;tico-m&aacute;gicas, b&uacute;squeda de medicinas alternativas, etc.  No es extra&ntilde;o, pues, el reclamo de los contempor&aacute;neos m&aacute;s  preclaros, en el campo del estudio te&oacute;rico y la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica  del enfoque de la medicina como ciencia sociobiol&oacute;gica, de volver a rescatar  al hombre dentro de su contexto, o lo que es lo mismo, humanizar la medicina.  Y parte de esta humanizaci&oacute;n est&aacute; relacionada con la aceptaci&oacute;n  de que el proceso salud-enfermedad dentro del ciclo vida-muerte, pertenece a la  sociedad y no tan s&oacute;lo a una parte de ella, aunque esta parte est&eacute;  constituida por los actuales herederos de los antiguos m&eacute;dicos-sacerdotes-brujos.</p><h4>Criterios  coincidentes</h4>    <p>Ciertos rasgos del concepto de muerte le otorgan universalidad  y, entre ellos, existen algunos que han trascendido en el tiempo y el espacio.  Entre los rasgos universales del concepto de muerte est&aacute;n la suspensi&oacute;n  definitiva de la respiraci&oacute;n y de la funci&oacute;n del coraz&oacute;n  y la destrucci&oacute;n paulatina del cuerpo hasta la desaparici&oacute;n f&iacute;sica  definitiva. Pero a estos criterios tradicionales se han sumado nuevos elementos  relacionados con las funciones del cerebro, cerebelo, tallo y bulbo. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde  hace aproximadamente cuatro d&eacute;cadas se comenz&oacute; a hablar de muerte  cerebral y m&aacute;s tarde de muerte encef&aacute;lica. En 1959, <i>Mollaret</i>,  profesor del Hospital Claude Bernard de Par&iacute;s, emple&oacute; por primera  vez el t&eacute;rmino coma depas&eacute;e (coma sobrepasado)<span class="superscript">25</span>  para referirse a ese singular estado que va mas all&aacute; del coma profundo,  en el cual se asocia &quot;un cerebro muerto a un cuerpo vivo&quot;. Luego surgi&oacute;  el concepto de muerte encef&aacute;lica (ME) como &quot;cese irreversible de todas  las funciones del enc&eacute;falo, o sea, de los hemisferios cerebrales, del tallo  encef&aacute;lico y del cerebelo&quot;.<span class="superscript">26</span> Diversos  laboratorios e instituciones en el mundo han definido grupos de criterios para  el diagn&oacute;stico de la ME, que difieren en algunos aspectos, pero casi todos  coinciden en que se requiere la ausencia de respuestas de integraci&oacute;n encef&aacute;lica,  as&iacute; como de los reflejos cef&aacute;licos y, adem&aacute;s, utilizan algunas  pruebas para confirmar la inactividad del sistema nervioso central, entre las  cuales el electroencefalograma es una de las m&aacute;s empleadas. A finales de  la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta del pasado siglo XX, <i>Walker</i><span class="superscript">27</span>  publicaba sus consideraciones acerca de las caracter&iacute;sticas que deb&iacute;an  tener los criterios ideales para la determinaci&oacute;n de la ME:</p><ul>     <li>Simple,  uniformes y que puedan ser interpretados por cualquier m&eacute;dico. </li>    <li>Que  brinden resultados inequ&iacute;vocos. </li>    <li>Compatible con los m&eacute;todos  tradicionales de determinaci&oacute;n de la muerte. </li>    <li>Aceptables por el  p&uacute;blico en general. </li>    <li>Que excluyan la posibilidad de una condici&oacute;n  reversible que simule la muerte. </li>    <li>Que examine numerosas funciones para  hacer m&iacute;nima la posibilidad de error.</li>    </ul>    <p>En Cuba, se ha debatido  mucho acerca del tema y se han establecido nuevos criterios de muerte:<span class="superscript">26</span></p><ul>      <li>Coma arreactivo.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Lesi&oacute;n irreversible e irreparable del enc&eacute;falo.  Debe descartarse formas no irreversibles del coma.</li>    <li>Ausencia de reflejos  integrados en el tronco encef&aacute;lico.</li>    <li>Prueba de atropina negativa.</li>    <li>Silencio  el&eacute;ctrico cerebral.</li>    <li>Apnea comprobada.</li>    <li>Per&iacute;odo de  observaci&oacute;n.</li>    <li>Pruebas confirmatorias para un diagn&oacute;stico  precoz (opcionales): aplicaci&oacute;n de una bater&iacute;a de pruebas conformada  por los potenciales evocados multimodales y la electrorretinograf&iacute;a, adem&aacute;s  de la panagiograf&iacute;a cerebral.</li>    </ul>    <p>Estos nuevos criterios est&aacute;n  derivados de la profundizaci&oacute;n en el estudio y nuevos hallazgos de la neurofisiolog&iacute;a  y, evidentemente determinados, en &uacute;ltima instancia, por los referentes  socioculturales de los cuales emanan y forman parte los valores &eacute;ticos  y jur&iacute;dicos. Sin embargo, en relaci&oacute;n con las caracter&iacute;sticas  que -seg&uacute;n <i>Walter</i>- deben tener los criterios de muerte, hay una  que, a juicio de la autora, no est&aacute; suficientemente lograda: que sean aceptables  por el p&uacute;blico en general. Esto se debe, fundamentalmente, a que estos  criterios se han quedado en los espacios cient&iacute;ficos, sin trascender a  la sociedad en general.    <br> </p><h4>Consideraciones finales</h4>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Cuba, la  vida del ser humano es extraordinariamente apreciada, tanto en el seno de la familia  y la comunidad como en la propia sociedad. El propio incremento de la esperanza  de vida al nacer y el amor hacia los abuelos son muestra de ello. Por otra parte,  todo lo que atente contra la vida humana aparece tipificado en el C&oacute;digo  Penal como una figura delictiva, y esto es as&iacute; porque en el sistema de  valores de la sociedad cubana actual, en el cual coexisten principios &eacute;ticos  de diferentes ra&iacute;ces filos&oacute;ficas que, curiosamente, encuentran ciertos  puntos de uni&oacute;n entre creyentes y no creyentes, entre marxistas y no marxistas,  la vida aparece como un supremo valor.</p>    <p>Otra importante arista del problema  est&aacute; relacionada con los conceptos de calidad de vida y dignidad de la  muerte, que no han sido todav&iacute;a suficientemente debatidos para poder argumentar  si existe o no un consenso. Mucho queda a&uacute;n por explorar, reflexionar y  debatir para una verdadera fundamentaci&oacute;n cient&iacute;fica en el terreno  de la filosof&iacute;a que permita luego proponer las necesarias regulaciones  de la conducta moral de los profesionales de la salud y establecer los principios  en los que descansen los juicios de valor acerca de estas cuestiones.</p>    <p>Pero  no cabe duda de que es justamente por ese aprecio a la vida de la persona humana,  que est&aacute; presente en el sistema de valores de la sociedad cubana actual,  que se ha prestado especial atenci&oacute;n al diagn&oacute;stico de la muerte  como forma de contribuci&oacute;n a la preservaci&oacute;n de la vida y la salud  de otras personas, entre quienes se hallan aqu&eacute;llas que podr&iacute;an  beneficiarse con un trasplante de &oacute;rganos, o simplemente las que integran  el n&uacute;cleo familiar, laboral y social de quienes han sido personas muy queridas  y cuyo estado vital ambiguo genera crueles tensiones y emociones.</p>    <p>En consecuencia  con lo anterior, un certero diagn&oacute;stico que descarte la muerte en un paciente  en coma proporciona al equipo de salud y a la familia la fundamentaci&oacute;n  cient&iacute;fica, acompa&ntilde;ada de la emoci&oacute;n, para arrebatar a la  muerte a todo aqu&eacute;l que pueda ser salvado de un final anticipado.</p><h4>Summary</h4><h6>Historical,  cultural and ethical considerations on the death of the human being</h6>    <p>An  analytical study was made on the death of the human being at different historical  periods in the context of the various cultures of humanity, taking the moral values  prevailing in each specific case as a basis and linking it to the healing practice  in ancient times and to scientific medicine. Matching criteria were grouped according  to the features that make them universal, underlining those that have gone beyond  time and space. Emphasis was made on Indo-American and African cultures as the  roots of cultures in the America and the Caribbean, and their impact on the present  medical practice in this part of the world.</p>    <p>Key words: HISTORY, CULTURE,  ETHICS, DEATH.    <br> </p><H4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</H4>    <P> 1. Sigerist  HE. Historia y Sociolog&iacute;a de la Medicina. Bogot&aacute;: Ed. Molina;1974.</P>    <P>  2. Kramer SN. La historia comienza en Summer. Barcelona: C&iacute;rculo de Lectores.  1974.</P>    <P> 3. Walker K. Histoire de la M&eacute;decine. Marabout Universit&eacute;.  Verviers: Editions Gerard; 1962.</P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P> 4. Ghalioungui P. Magic and medical science  in ancient Egypt. London: Hodder and Stoughton, 1963.</P>    <P> 5. Garrison Fielding  H. Historia de la Medicina. Madrid: Interamericana; 1966.</P>    <P> 6. Botton Beja  F. China, su historia y cultura hasta 1800. M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico;1984.</P>    <P>  7. Thorwald J. Histoire de la m&eacute;decine dans l'Antiquit&eacute;. Paris:  Hachette; 1966. </P>    <P> 8. Kaptchuck TJ. Medicina china. Una trama sin tejedor.  Barcelona: Los Libros de la Liebre de Marzo; 1998.</P>    <P> 9. Mena JM de. Historia  de la Medicina Universal. Bilbao: Ediciones Mensajero; 1987.</P>    <P> 10. Struve  VV. Historia de la Antigua Grecia. 2 t. La Habana: 1968 (Edici&oacute;n Revolucionaria).</P>    <P>  11. Kovaliov SI. Historia de Roma. 2 t. La Habana.1968. (Edici&oacute;n Revolucionaria.)</P>    <P>  12. Goldstruecker K. Contribuci&oacute;n jud&iacute;a a la medicina y a las ciencias  m&eacute;dicas. Tribuna M&eacute;d B. 1994;89 (1):17-24.</P>    <P> 13. Garc&iacute;a  Vald&eacute;s A. Historia de la Medicina. Madrid: Interamericana; 1987.</P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P>  14. Cantor Norman F. The Civilization of the Middle Ages. New York: Harper Collins  Publishers;1993.</P>    <P> 15. Lucas, 4, 5, 7, 8. Libros Nuevo Testamento. Santa  Biblia. M&eacute;xico: Sociedades B&iacute;blicas Unidas; 1991. p. 935-48</P>    <P>  16. Foucault M. Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI; 1998.</P>    <P> 17. Morley  SG. La civilizaci&oacute;n maya. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1947.</P>    <P>  18. Sejourn&eacute;e L. Las civilizaciones precolombinas. M&eacute;xico: Fondo  de Cultura Econ&oacute;mica; 1968.</P>    <P> 19. Crouzet M. Historia General de las  Civilizaciones. Siglos XVI y XVII. La Habana: 1968. (Edici&oacute;n Revolucionaria).  </P>    <P> 20. Herremann R. Historia de la Medicina. M&eacute;xico: Editorial Trillas;  1987.</P>    <P> 21. Alden MJ. Las Antiguas Culturas del Per&uacute;. M&eacute;xico:  Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1961.</P>    <P> 22. Entralgo Gonz&aacute;lez A.  Selecci&oacute;n. &Aacute;frica. Religi&oacute;n. La Habana: Editorial de Ciencias  Sociales; 1979.</P>    <P> 23. Amaro Cano L. La Industrializaci&oacute;n y el Nacionalismo  en la Europa Moderna. Selecci&oacute;n de Lecturas. La Habana: Editorial F&eacute;lix  Varela; 2002.</P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P> 24. Francisco Zea A de. Humanismo y Medicina. Academia Colombiana  de Historia. Bogot&aacute;: Academia Nacional de Medicina; 1974.</P>    <P> 25. Mollaret  P, Goullon M. Le coma depas&eacute;e, citado por Machado Curbelo, C. En: Criterios  cubanos para el diagn&oacute;stico de la muerte encef&aacute;lica. La Habana:  Editorial Ciencias M&eacute;dicas; 1992.</P>    <P> 26. Machado Curbelo C. Criterios  cubanos para diagn&oacute;stico de la muerte encef&aacute;lica. La Habana: Editorial  Ciencias M&eacute;dicas; 1982.</P>    <P> 27. Walker AE, ed: Cerebral Death, citado  por Machado Curbelo, C. En: Criterios cubanos para el diagn&oacute;stico de muerte  encef&aacute;lica. La Habana: Editorial Ciencias M&eacute;dicas; 1982.    <br> </P>    <p>Recibido:  1 de octubre de 2003. Aprobado: 5 de enero de 2004.    <br> <i>Mar&iacute;a del Carmen  Amaro Cano</i>. Facultad de Ciencias M&eacute;dicas &quot;General Calixto Garc&iacute;a&quot;.  E-mail: <a href="mailto:amaro@infomed.sld.cu ">amaro@infomed.sld.cu </a>    <br> </p>    <p><span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">Profesora  Auxiliar de Historia de la Medicina. Facultad de Ciencias M&eacute;dicas &quot;Gral.  Calixto Garc&iacute;a&quot;.</a><a name="cargo"></a></p>      ]]></body>
</article>
