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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El laberinto bioético de la investigación en salud]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[A historical analysis was made on the relationship of scientific research and health assistance practice. The process of drafting international and national standards regulating scientific research in this field was described. The main pillars that support the quality of ethical assessment of projects were determined and the accomplishments and shortcomings of the Cuban ethical commissions for research were discussed. It was concluded that our country has reached high levels of standardization and social regulation in health research; however, the ethical committees have not played their roles to the utmost, so it is necessary to improve their work by undertaking actions to identify the training requirements of their members and of researchers in general in the field of Research Ethics and of Bioethics]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas de La Habana </p> <h2>El laberinto bio&eacute;tico de la investigaci&oacute;n en salud </h2>     <p><a href="#autor">Jos&eacute; Ram&oacute;n Acosta Sariego<span class="superscript"><strong>1</strong></span></a><span class="superscript"><strong><a name="cargo"></a> </strong></span></p> <h4>Resumen </h4>     <p>Se hace un an&aacute;lisis hist&oacute;rico de la relaci&oacute;n entre investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y pr&aacute;ctica asistencial en salud. Se describe el proceso de conformaci&oacute;n de las normas nacionales e internacionales que regulan la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en este campo. Se determinan los pilares fundamentales que sustentan la calidad de la evaluaci&oacute;n &eacute;tica de proyectos y se discuten los aciertos e insuficiencias del trabajo de los comit&eacute;s de &eacute;tica para la investigaci&oacute;n en Cuba. Se concluye que nuestro pa&iacute;s ha alcanzado altos est&aacute;ndares en cuanto a la normatividad y regulaci&oacute;n social de las investigaciones en salud, sin embargo, el papel de los comit&eacute;s de &eacute;tica no est&aacute; desplegado en todas sus posibilidades y para mejorar su trabajo se precisa de emprender acciones de identificaci&oacute;n y soluci&oacute;n de las necesidades de capacitaci&oacute;n de sus miembros y de los investigadores en general en el campo de la &Eacute;tica de la Investigaci&oacute;n y la Bio&eacute;tica. </p>     <p><strong><em>Palabras clave: </em></strong><strong></strong>&Eacute;tica de la investigaci&oacute;n, Bio&eacute;tica, comit&eacute;s de &eacute;tica de la investigaci&oacute;n. </p> <h4>Introducci&oacute;n</h4> <h6>Investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y pr&aacute;ctica m&eacute;dica </h6>     <p>Cuando en 1947 la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial aprobaba el dec&aacute;logo de N&uuml;remberg, estaba alboreando una nueva etapa de la interrelaci&oacute;n entre investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y pr&aacute;ctica m&eacute;dica, entre el inter&eacute;s investigativo corporativo y el bienestar individual y colectivo. Los procesos judiciales que le inspiraron hab&iacute;an sido seguidos durante los dos a&ntilde;os inmediatos anteriores contra los jerarcas fascistas y sus bases gremiales, incluidos m&eacute;dicos y cient&iacute;ficos, quienes hab&iacute;an ejecutado con sa&ntilde;a y meticulosidad, tanto la limpieza &eacute;tnica, fusionando eficientemente eugenesia con eutanasia, como “experimentos m&eacute;dicos” justificados con supuestas necesidades de la contienda b&eacute;lica en que el nazi-fascismo hab&iacute;a sumido a gran parte de la humanidad a mediados de la pasada centuria. </p>     <p>Durante el largo lapso de 2300 a&ntilde;os que media entre el siglo V a.n.e. cuando se consolid&oacute; la escuela m&eacute;dica nacida en la isla griega de Cos, fijado este momento por la &eacute;poca de la que datan los m&aacute;s antiguos documentos del <em>Corpus Hipocraticum, </em> y los comienzos del siglo XIX en que al rebote de la racionalidad iluminista se empez&oacute; a recelar abiertamente de los tratamientos consagrados por m&aacute;s de dos milenios de memoria hist&oacute;rica del arte de curar en occidente, la actitud &eacute;tica predominante para enjuiciar moralmente la relaci&oacute;n entre investigaci&oacute;n y pr&aacute;ctica m&eacute;dica estuvo signada por lo que la &eacute;tica m&eacute;dica tradicional estableci&oacute; como patr&oacute;n de excelencia, la beneficencia ejercida a ultranza y ataviada con el ropaje del llamado hoy <em>paternalismo m&eacute;dico </em>. </p>     <p>A la luz de esa antigua perspectiva &eacute;tica, los m&eacute;dicos deb&iacute;an evitar realizar alguna acci&oacute;n sobre sus pacientes que no estuviera encaminada a producirles un beneficio directo y previsible. La norma prudencial de actuaci&oacute;n profesional consist&iacute;a en ajustarse al t&oacute;pico establecido por la pr&aacute;ctica emp&iacute;rica recogida en preceptos y aforismos. Todo nuevo conocimiento deb&iacute;a ser producto fortuito de una pr&aacute;ctica m&eacute;dica as&iacute; entendida, por tanto toda desviaci&oacute;n de este canon era en potencia condenable moral y hasta jur&iacute;dicamente. Esto explica el lento progreso del arte m&eacute;dico durante el medioevo europeo que debi&oacute; nutrirse de los avances de la medicina &aacute;rabe y persa que se desarrollaron en el entorno m&aacute;s flexible que permit&iacute;a el mandato cor&aacute;nico de recorrer los caminos del conocimiento. </p>     <p>Aquellos que trataron de investigar abiertamente y divulgar sus resultados, como el iconoclasta <em>Miguel Servet, </em> terminaron en la hoguera. Otros m&aacute;s astutos lo hicieron tan en silencio que no llegaron nunca a socializar sus descubrimientos, baste saber que los c&oacute;dices leonardinos que su albacea literario <em>Francesco Melzi </em> nunca logr&oacute; publicar, s&oacute;lo fueron conocidos de manera casi accidental a mediados del pasado siglo XX. Los m&aacute;s pr&aacute;cticos como <em>Gustavo Ambrosio Paret </em> marcharon con los ej&eacute;rcitos para aprovechar la libertad de actuaci&oacute;n que ofrec&iacute;a el teatro de la guerra. Pero lo cierto es que las excepciones s&oacute;lo justifican la regla, la mayor&iacute;a de los m&eacute;dicos se ajust&oacute; al canon, al punto que por ejemplo, a&uacute;n hasta la reforma de <em>Varela </em> en la facultad de medicina de la Universidad de La Habana , tanto los <em>Aforismos </em> atribuidos a <em>Hip&oacute;crates </em> como el medieval <em>Metudus Medendi, </em>figuraban entre los libros de texto. </p>     <p>Pero al fin, el triunfo de la raz&oacute;n sobre la metaf&iacute;sica abri&oacute; el camino a la eclosi&oacute;n del positivismo cient&iacute;fico<span class="superscript">1</span> que despert&oacute; un inusitado inter&eacute;s por el <em>conocimiento cierto de las cosas </em>y el <em>r&eacute;gimen de los hechos</em>. El arte de curar se hizo verdaderamente cient&iacute;fico, crey&oacute; encontrar las <em>balas m&aacute;gicas, </em> la moderna panacea, y experiment&oacute; entonces el v&eacute;rtigo del entusiasmo originado por los descubrimientos en biomedicina que marcaron la segunda mitad del siglo XIX. Seg&uacute;n <em>Diego Gracia </em> esto produjo un cambio de actitud &eacute;tica en la cual ya la investigaci&oacute;n <em>per se </em>no s&oacute;lo fue considerada &eacute;ticamente aceptable, sino socialmente necesaria.<span class="superscript">2</span> </p>     <p>Cuba en 1900 fue escenario del primer experimento controlado de que conoce la historia de la medicina, el que condujo la Cuarta Comisi&oacute;n del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos con el fin de comprobar la teor&iacute;a metax&eacute;nica de la transmisi&oacute;n de enfermedades, ideada, probada e internacionalmente informada por <em>Carlos J. Finlay </em> casi veinte a&ntilde;os antes. Con este fin el equipo norteamericano bajo la direcci&oacute;n de <em>Walter Reed </em>puso en pr&aacute;ctica los preceptos del naciente m&eacute;todo cient&iacute;fico para controlar el azar y asegurarse con un margen razonable de error que la transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla se produc&iacute;a por la inoculaci&oacute;n por parte del mosquito c&uacute;lex ( <em>Aedes aegypti </em>) a un individuo sano despu&eacute;s de haber picado previamente a un enfermo. Es harto conocida la mala conducta cient&iacute;fica de <em>Reed </em>al ni siquiera mencionar a <em>Finlay </em>en su informe final tratando con esto de apoderarse de la gloria que le correspond&iacute;a al cubano, quien por las innumerables pruebas a su favor definitivamente recibi&oacute; el apoyo mayoritario de la comunidad cient&iacute;fica. Esta actitud fuera de toda consideraci&oacute;n moral ha solapado en cierta forma otro grave problema &eacute;tico que suscit&oacute; este experimento, el hecho de que el mismo se llev&oacute; a t&eacute;rmino a pesar de la muerte de siete voluntarios sanos ocurrida durante su realizaci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este lamentable hecho suscit&oacute; una pol&eacute;mica entre quienes consideraban deb&iacute;a prevalecer el bienestar individual y aquellos que defend&iacute;an el derecho a la actitud altruista de los sujetos sometidos voluntariamente a investigaciones cient&iacute;ficas y dispuestos a correr riesgos personales en beneficio de la humanidad. En el &aacute;mbito nacional ambos polos estuvieron representados. Por una parte, <em>Juan Guiteras </em>, quien tras la amarga experiencia de perder a tres pacientes al tratar de reproducir el experimento de <em>Reed </em> en el hospital “Las Animas” en 1901, tuvo la valent&iacute;a de suspender la investigaci&oacute;n y desde entonces, como refiere <em>Gregorio Delgado</em><span class="superscript">3</span> en su enjundioso ensayo al respecto, se convirti&oacute; en un ac&eacute;rrimo opositor de las pesquisas cient&iacute;ficas que involucraran a sujetos humanos y las combati&oacute; desde su autoridad moral y los diversos cargos p&uacute;blicos que ocup&oacute; durante los primeros a&ntilde;os de la vida republicana. </p>     <p>En el otro extremo estuvo <em>Mat&iacute;as Duque </em> qui&eacute;n desarroll&oacute; investigaciones en pacientes para probar nuevos tratamientos de la fiebre puerperal y la lepra. En 1928 el Dr. <em>Duque </em> lleg&oacute; a solicitar sin &eacute;xito a la presidencia de la rep&uacute;blica autorizaci&oacute;n para utilizar a condenados a muerte a fin de inocularles tumores cancerosos y caso de curar se les redujera la condena a diez a&ntilde;os de prisi&oacute;n. </p>     <p>Esta controversia &eacute;tica que hemos ejemplificado desde la experiencia nacional se suscit&oacute; paralelamente y fue reflejo de lo que ocurri&oacute; a nivel internacional durante toda la primera mitad del siglo XX, con claro desequilibrio a favor de quienes apelaban a la libertad cient&iacute;fica apoyados en el terreno te&oacute;rico por la puesta a punto del m&eacute;todo cient&iacute;fico, y en el pr&aacute;ctico por intereses institucionales y pol&iacute;ticos. </p>     <p>El C&oacute;digo de N&uuml;remberg puso en la liza una nueva perspectiva, he ah&iacute; su importancia m&aacute;s all&aacute; de las l&oacute;gicas limitaciones contextuales, donde el balance entre la necesidad de la investigaci&oacute;n en humanos requerida para el avance de la ciencia y el bienestar general, y el deber social de proteger la integridad, salud y vida de todos los ciudadanos queda fijado por fronteras morales y tutelado por controles &eacute;ticos generalmente aceptados. </p> <h6>Nostalgia y trasgresi&oacute;n </h6>     <p>Algunos expertos en temas bio&eacute;ticos tildan a <em>Henry K. Beecher</em>, art&iacute;fice de la Declaraci&oacute;n de Helsinki, como un nost&aacute;lgico del paradigma cl&aacute;sico en el que el beneficio al paciente era lo fundamental. Para ello se basan en las ideas contenidas en su libro de 1959 <em>Experimentation in Man </em>que establecen una diferenciaci&oacute;n profunda entre la investigaci&oacute;n cl&iacute;nica con fines terap&eacute;uticos y la investigaci&oacute;n cl&iacute;nica sin fines terap&eacute;uticos. Estos criterios se reflejaron a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la propia estructura de la Declaraci&oacute;n de Helsinki, cuyo comit&eacute; de redacci&oacute;n de la primera versi&oacute;n, la de 1964, <em>Beecher </em> presidi&oacute;. Las tesis de <em>Beecher </em> eran claramente paternalistas, critic&oacute; severamente lo que &eacute;l calificaba de &eacute;nfasis excesivo del C&oacute;digo de N&uuml;remberg en la cuesti&oacute;n del consentimiento, el cual consideraba un lastre innecesario para la investigaci&oacute;n que tuviera un fin claramente beneficente, como era el caso de la que persiguiera fines terap&eacute;uticos. </p>     <p>En 1966, <em>Beecher </em> public&oacute; un controversial art&iacute;culo: <em>Ethics and Clinical Research </em>en <em>The New England Journal of Medicine </em> en el cual analizaba 22 reportes de investigaciones cl&iacute;nicas producidos por prominentes especialistas que acusaban serias transgresiones de los principios &eacute;ticos acordados en Helsinki. </p>     <p>Dado que el C&oacute;digo de N&uuml;remberg era en esencia un conjunto de principios con una gran fuerza moral pero de limitado alcance pr&aacute;ctico, la Declaraci&oacute;n de Helsinki se convirti&oacute; en el asidero &eacute;tico m&aacute;s socorrido por los cient&iacute;ficos, centros de investigaci&oacute;n e instituciones de salud, estuviesen &eacute;stos adscriptos o no a la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial, como es el caso de Cuba que fue separada de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial, una organizaci&oacute;n esencialmente gremial, al autodisolverse el Colegio M&eacute;dico Nacional en 1966. La Declaraci&oacute;n de Helsinki cont&oacute; a su favor con que era y sigue siendo a&uacute;n un instrumento vivo, que se revisa y renueva peri&oacute;dicamente–no siempre para mejor–por lo que progresivamente los criterios paternalistas de <em>Beecher </em> fueron cediendo terreno, especialmente en las versiones posteriores a la publicaci&oacute;n en 1978 del <em>Belmont Report, </em>documento elaborado por una comisi&oacute;n del senado de los Estados Unidos– <em>The National Commission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research </em>-creada al amparo de la <em>National Research </em><em> Act </em>, ley aprobada en 1972 a ra&iacute;z de las revelaciones del escandaloso estudio de Tuskegee el cual hab&iacute;a desatado el “odre de los vientos” que permiti&oacute; fueran conocidos otros casos de notoria mala conducta cient&iacute;fica ocurridos en Norteam&eacute;rica, entre otros, el estudio sobre c&eacute;lulas cancerosas realizado en el Jewish Chronic Disease Hospital of Brooklyn, New York y el estudio sobre hepatitis conducido en Willowbrook State School para ni&ntilde;os discapacitados. </p>     <p>El estudio de Tuskegee, recibi&oacute; su nombre del instituto de investigaciones donde se realiz&oacute;, una dependencia del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, localizado en el condado de Macon, estado de Alabama. Fue una investigaci&oacute;n prospectiva iniciada en 1932, ir&oacute;nicamente un a&ntilde;o antes del incendio del Reichtag, e interrumpida 40 a&ntilde;os m&aacute;s tarde por la presi&oacute;n de la prensa y la opini&oacute;n p&uacute;blica. En esencia este estudio consisti&oacute; en dejar evolucionar la s&iacute;filis en una muestra conformada por 407 pacientes j&oacute;venes y negros, a fin de establecer con precisi&oacute;n la historia natural de esta enfermedad. A estos individuos se les enga&ntilde;&oacute; al no revelarles la verdad en cuanto a la naturaleza de lo que padec&iacute;an y se les neg&oacute; con ello el acceso al tratamiento adecuado. Tras el esc&aacute;ndalo medi&aacute;tico y el evidente trasfondo racista del suceso, en un momento adem&aacute;s en que la sociedad norteamericana efervec&iacute;a de luchas por los derechos civiles, una sentencia judicial oblig&oacute; al gobierno a indemnizar a las v&iacute;ctimas, brindarles atenci&oacute;n m&eacute;dica de por vida y ofrecerles una disculpa p&uacute;blica. Esta &uacute;ltima acci&oacute;n s&oacute;lo fue cumplida 30 a&ntilde;os despu&eacute;s por el presidente <em>William Clinton </em> con fines puramente electorales y cuando ya s&oacute;lo sobreviv&iacute;an menos de una decena de las v&iacute;ctimas de Tuskegee. </p>     <p>Estas revelaciones demostraron que los nazis no fueron ni los primeros, ni los &uacute;ltimos en realizar investigaciones fuera de todo recaudo &eacute;tico y aquellos que hab&iacute;an formado parte de quienes les acusaron y juzgaron en N&uuml;remberg, ten&iacute;an “moscas” en la casa. </p>     <p>El Informe Belmont tuvo una gran trascendencia en t&eacute;rminos de &eacute;tica aplicada a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica porque populariz&oacute; la visi&oacute;n utilitarista del sistema de los tres principios: beneficencia, autonom&iacute;a y justicia, as&iacute; como los procedimientos para hacerlos efectivos en la evaluaci&oacute;n y seguimiento de investigaciones biom&eacute;dicas y m&eacute;dico-sociales, a saber, la ponderaci&oacute;n de los riesgos y beneficios para los sujetos sometidos a pesquisas, el consentimiento informado y la selecci&oacute;n equitativa de las muestras. El sistema de los tres principios–beneficencia, autonom&iacute;a y justicia- enunciado en el Informe Belmont fue refrendado un a&ntilde;o despu&eacute;s de su aparici&oacute;n, por la publicaci&oacute;n en 1979 del libro <em>Principles of Biomedical Ethics </em> de <em>Thomas L. Beauchamp </em> y <em>James E. Childress.</em><span class="superscript">4</span> Tal fue la aceptaci&oacute;n y popularidad en los medios acad&eacute;micos y cient&iacute;ficos de esta propuesta te&oacute;rica que la misma se ha identificado err&oacute;neamente como el &uacute;nico o principal sustento te&oacute;rico de la bio&eacute;tica, contribuyendo decisivamente con ello al proceso de medicalizaci&oacute;n de la disciplina, lo que signific&oacute; un franco reduccionismo en relaci&oacute;n con las ideas originales del creador del neologismo bio&eacute;tico, <em>Van Rensselaer Potter, </em> quien la concibi&oacute; como una &eacute;tica ambientalista orientada a lograr una cultura de la supervivencia de largo alcance.<span class="superscript">5</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La mayor parte de lo que se ha escrito sobre &eacute;tica de la investigaci&oacute;n despu&eacute;s del Informe Belmont ha seguido la rima–a veces acr&iacute;ticamente–de sus postulados, incluso es f&aacute;cilmente identificable su influjo en importantes instrumentos internacionales contempor&aacute;neos como la versi&oacute;n final de las Gu&iacute;as &Eacute;ticas Internacionales para Investigaci&oacute;n Biom&eacute;dica que involucra a Humanos, conocidas como Normas CIOMS (Consejo Internacional de Organizaciones de Ciencias M&eacute;dicas, por sus siglas en ingl&eacute;s) -OMS (1993), la Gu&iacute;a ICH Tripartita y Armonizada para la Buena Pr&aacute;ctica Cl&iacute;nica (1996), La Declaraci&oacute;n Universal del Genoma y los Derechos Humanos de la UNESCO (1997), el Convenio para la Protecci&oacute;n de los Derechos Humanos y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las Aplicaciones de la Biolog&iacute;a y la Medicina , y el Convenio relativo a los Derechos Humanos y la Biomedicina , firmados ambos por la Uni&oacute;n Europea (1997) y las Gu&iacute;as Operacionales para Comit&eacute;s de &Eacute;tica que eval&uacute;an Investigaci&oacute;n Biom&eacute;dica de la OMS (2000), por s&oacute;lo citar algunos notorios ejemplos. </p>     <p>El proceso de fiscalizaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica para evitar desmanes y dilapidaci&oacute;n de recursos iniciado con los llamados “c&oacute;digos hist&oacute;ricos” de N&uuml;remberg y Helsinki, ha tenido evidente trascendencia y real impacto en la comunidad cient&iacute;fica internacional. Sin embargo, la injusticia social predominante en el mundo unipolar contempor&aacute;neo ha provocado que estos beneficios no alcancen a todos equitativamente, y que junto a los desiguales accesos a alimentos, bienes y servicios, incluidos los medicamentos y la atenci&oacute;n de salud, existan diferentes est&aacute;ndares para considerar el bienestar y los riesgos de los individuos y comunidades sujetas de investigaciones cient&iacute;ficas ya bien residan estas en el centro o la periferia de la econom&iacute;a mundial. </p>     <p>A fines de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta, la OMS y el CIOMS evaluaron las especiales circunstancias en que fueron emitidos el C&oacute;digo de N&uuml;remberg y la Declaraci&oacute;n de Helsinki y la situaci&oacute;n de desvalimiento normativo que acusaban los pa&iacute;ses subdesarrollados hacia donde las grandes trasnacionales farmac&eacute;uticas hab&iacute;an trasladado la mayor&iacute;a de los ensayos cl&iacute;nicos potencialmente conflictivos desde el punto de vista &eacute;tico, por lo que en 1982 crearon un comit&eacute; de expertos el cual elabor&oacute; una Propuesta de Normas &Eacute;ticas Internacionales para las Investigaciones Biom&eacute;dicas en Sujetos Humanos <em>. </em> Tras un largo proceso de divulgaci&oacute;n, an&aacute;lisis y aplicaci&oacute;n en m&aacute;s de 150 pa&iacute;ses, fueron corregidas, modificadas, reelaboradas y presentadas a la Conferencia del CIOMS, celebrada en Ginebra en 1992, aprobadas definitivamente y ratificadas, en 1993, por el Comit&eacute; Consultivo Mundial de Investigaciones Sanitarias de la OMS y por el Comit&eacute; Ejecutivo del CIOMS.<span class="superscript">6</span> </p>     <p>Tal parec&iacute;a que despu&eacute;s del minucioso trabajo del CIOMS y la OMS a fin de elaborar las normas &eacute;ticas para la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica de mayor alcance internacional en cuanto a su car&aacute;cter vinculante por el crecido n&uacute;mero de miembros de ambas organizaciones, no existir&iacute;an divergencias mayores en cuanto a los conceptos sobre el bienestar de quienes estuviesen involucrados en estas pesquisas, ya bien residieran en naciones del Sur o el Norte. Sin embargo, estas expectativas fueron rotas por el debate &eacute;tico originado durante la segunda mitad de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX concerniente a los ensayos cl&iacute;nicos promovidos por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos y el ONUSIDA en pa&iacute;ses subdesarrollados a fin de probar la supuesta efectividad de un tratamiento reducido con AZT para evitar la transmisi&oacute;n vertical del VIH, o sea, la infecci&oacute;n madre-feto.<span class="superscript">6</span> La cuesti&oacute;n &eacute;tica m&aacute;s peliaguda de este caso consist&iacute;a en que el tratamiento establecido que empleaba dosis mayores de AZT, era una prestaci&oacute;n gratuita y al alcance de todas las madres gestantes VIH positivas de los pa&iacute;ses del llamado Primer Mundo, por tanto resultaba desde todo punto de vista inaceptable para ese contexto seleccionar al azar una muestra de personas a quienes se pretendiera administrar un esquema del mismo medicamento, pero en dosis mucho menores a riesgo de que el tratamiento experimental no fuera efectivo y la transmisi&oacute;n vertical del virus ocurriera. Por otra parte, el est&aacute;ndar de tratamiento para estos casos en los pa&iacute;ses pobres que acogieron la investigaci&oacute;n era cero. Quiere esto decir que las gestantes involucradas en la investigaci&oacute;n ten&iacute;an la oportunidad, aunque s&oacute;lo fuera por azar, de acceder a un tratamiento que en la pr&aacute;ctica dolorosa de sus miserables vidas le ser&iacute;a imposible. </p>     <p>Los promotores argumentaban que de probarse la hip&oacute;tesis de trabajo, el tratamiento preventivo de la infecci&oacute;n vertical del VIH se abaratar&iacute;a y mejorar&iacute;an entonces las posibilidades de acceso de los m&aacute;s pobres. Lo descarnadamente cierto es que ni con esas dosis reducidas, a los gobiernos y menos a los ciudadanos pobres de los pa&iacute;ses involucrados, les ser&iacute;a posible acceder al beneficio social que un resultado cient&iacute;fico positivo significar&iacute;a. Sin embargo, a los gobiernos de los pa&iacute;ses industrializados que promov&iacute;an el estudio les reportar&iacute;a un sustancial ahorro. </p>     <p>Este caso tiene infinidad de aristas &eacute;ticas que no se pueden analizar en este trabajo, baste decir que se evidenci&oacute; la existencia en la pr&aacute;ctica de un solapado doble est&aacute;ndar-uno m&aacute;s-para considerar el bienestar de sujetos social y econ&oacute;micamente diferentes y que el consentimiento informado de las gestantes a quienes se les propuso participar m&aacute;s bien fue un consentimiento obligado, no por parte de los investigadores, sino de las condiciones de vida a las que estaban sometidas. La generalidad de los c&oacute;digos y normas para la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica prescriben que no es aceptable realizar una investigaci&oacute;n en un pa&iacute;s o comunidad pobre que haya sido o posiblemente ser&iacute;a rechazada en un pa&iacute;s rico y que todo nuevo tratamiento debe ser contrastado contra el mejor tratamiento existente.<span class="superscript">7</span> El debate fue sustanciado por las propuestas de modificaciones a la Declaraci&oacute;n de Helsinki para su versi&oacute;n de Edimburgo 2000, en particular la interpretaci&oacute;n del texto de su art&iacute;culo 29 que en su versi&oacute;n en idioma ingl&eacute;s dice: <em>…The benefits, risks, burdens and effectiveness of a new method should be tested against those of the best current prophylactic diagnostic and therapeutic methods…,</em><span class="superscript">8</span> <em> dado que </em> el adjetivo <em>current </em> tiene varias acepciones como <em>actual</em>, <em>present, existing </em> y <em>common, </em>puede entenderse que el mejor tratamiento presente es el que existe a nivel internacional, o el que est&eacute; disponible en el lugar donde se realiza el ensayo. La versi&oacute;n en espa&ntilde;ol usa precisamente la expresi&oacute;n “mejor m&eacute;todo disponible”, con alguna suspicacia pudiera pensarse que a los hispanoparlantes, generalmente pobres, les queda reservado, entre otros desheredados, este ambiguo est&aacute;ndar. En fin, una hoja de parra a la que apelan los que interpretan de manera tendenciosa el texto de la declaraci&oacute;n para justificar su sinuosidad al considerar diferentes est&aacute;ndares del bienestar de los sujetos sometidos a investigaciones cient&iacute;ficas. M&aacute;s desembozados han sido quienes plantean sustituir la palabra <em>current </em> por <em>possible</em>, de esta forma, <em>posible</em> para algunos ser&iacute;a el mejor tratamiento y para otros, <em>posible</em> ser&iacute;a simplemente nada. <em></em></p>     <p>De todas formas y a pesar de inconvenientes como los anteriormente analizados, durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha ido estructurando a nivel internacional toda una conceptualizaci&oacute;n, as&iacute; como la correspondiente metodolog&iacute;a y procedimientos estandarizados para garantizar que las investigaciones cient&iacute;ficas en el campo de la salud y la biomedicina se realicen teniendo en cuenta su real importancia social, su beneficio al desarrollo humano y al progreso de la ciencia, as&iacute; como los derechos y bienestar de los individuos y sistemas–no s&oacute;lo humanos, sino todos los entes vivientes, los sistemas bi&oacute;ticos e incluso los abi&oacute;ticos–as&iacute; como velar por la validez cient&iacute;fica de los proyectos de investigaci&oacute;n, tanto en el sentido de evitar posibles sufrimientos y da&ntilde;os a los sujetos de investigaci&oacute;n que pudiera acarrear un mal dise&ntilde;o, sino tambi&eacute;n en raz&oacute;n de justicia para que no se dilapiden recursos humanos, materiales y financieros en proyectos de dudosa calidad cient&iacute;fica. </p>     <p>Un importante paso fue la Conferencia Internacional de Armonizaci&oacute;n, que en 1996 elabor&oacute; las llamadas Normas ICH, conocidas internacionalmente por sus siglas en ingl&eacute;s <em>International Conference of Harmonization</em>. El objetivo de esta gu&iacute;a es proveer de un est&aacute;ndar unificado para la Uni&oacute;n Europea, Jap&oacute;n y los Estados Unidos, facilitando de este modo la aceptaci&oacute;n mutua de resultados provenientes de investigaciones cl&iacute;nicas. Estas normas fueron suscritas tambi&eacute;n por Australia, Canad&aacute;, los pa&iacute;ses N&oacute;rdicos y la OMS.<span class="superscript">9</span> El hecho de que la OMS las haya refrendado ha sido un paso decisivo en su internacionalizaci&oacute;n, pero es obvio que si los est&aacute;ndares globales son fijados por un grupo de pa&iacute;ses altamente desarrollados, se instaura de hecho un mecanismo excluyente para los pa&iacute;ses pobres que dif&iacute;cilmente pueden darles cumplimiento con sus propios recursos. </p>     <p>Sin embargo, un producto de este proceso tangible y alcanzable por todos ha sido la especificaci&oacute;n de los principios &eacute;ticos de la investigaci&oacute;n en salud m&aacute;s all&aacute; de los enunciados en el <em>Belmont Report </em>. Hoy d&iacute;a es generalmente aceptado que existen dos principios inalienables para que una investigaci&oacute;n cl&iacute;nica sea moralmente v&aacute;lida: su real utilidad social y su validez cient&iacute;fica. Cualquier otro principio es suced&aacute;neo a los anteriores.<span class="superscript">10,11 </span></p>     <p>En s&iacute;ntesis, los pilares que han permitido hacer efectivo en la pr&aacute;ctica estos postulados han sido los siguientes: </p> <ul>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Promulgaci&oacute;n de c&oacute;digos &eacute;ticos y normas de buenas pr&aacute;cticas para la investigaci&oacute;n que teniendo en cuenta las caracter&iacute;sticas de los diferentes pa&iacute;ses, observen el esp&iacute;ritu general de los instrumentos internacionales y la universalidad de determinados principios &eacute;ticos generalmente aceptados. </li>       <li>Establecimiento de agencias reguladoras nacionales que representen el compromiso y autoridad de los estados en la salvaguarda del bienestar de sus pueblos y la integridad de los ecosistemas, as&iacute; como la calidad cient&iacute;fica de las investigaciones que se realicen en el campo de la salud p&uacute;blica y la biomedicina. </li>       <li>Evaluaci&oacute;n independiente y colegiada de los proyectos de investigaci&oacute;n, as&iacute; como el seguimiento de su ejecuci&oacute;n una vez aceptados por comit&eacute;s de &eacute;tica multidisciplinarios, donde est&eacute;n representados incluso los intereses de los posibles beneficiarios y la comunidad en su conjunto. </li>       <li>Identificaci&oacute;n de necesidades de aprendizaje y acciones educativas en el campo de la &Eacute;tica de la Investigaci&oacute;n y la Bio&eacute;tica , tanto para investigadores y profesionales de la salud, como poblaci&oacute;n en general. </li>     </ul>     <p>Todo lo anterior se resume en la figura. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v32n2/f0109206.jpg"><img src="/img/revistas/rcsp/v32n2/f0109206.jpg" width="171" height="117" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. Factores esenciales para el control &eacute;tico de investigaciones cient&iacute;ficas. </p> <h4 align="left">Experiencias cubanas en el control &eacute;tico de las investigaciones en salud y biomedicina</h4>     <p align="left">Como se puede colegir de los p&aacute;rrafos precedentes la comunidad cient&iacute;fica cubana ha estado al tanto y participado de este proceso de conformaci&oacute;n de una nueva actitud &eacute;tica que comprende la necesidad, acepta la validez moral y promueve la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en humanos tutelada mediante el control &eacute;tico ejercido por la sociedad. No pretendemos rese&ntilde;ar hechos o periodizar etapas, remitimos al lector interesado al trabajo de <em>Deybis Orta </em> y <em>Mar&iacute;a Amparo Pascual </em> que protagonistas ellas-entre otros muchos compa&ntilde;eros-de nuestra historia cient&iacute;fica reciente, hace ya casi una d&eacute;cada publicaron un trabajo sobre los or&iacute;genes y ulterior desarrollo de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en salud y biomedicina de la etapa revolucionaria que mantiene total vigencia y que los a&ntilde;os transcurridos desde que vio la luz no han hecho m&aacute;s que enriquecer sus enunciados con nuevos hechos y logros.<span class="superscript">12 </span></p>     <p>Trataremos entonces de analizar los factores que apuntamos como determinantes para hacer efectiva la conciliaci&oacute;n entre el inter&eacute;s investigativo y el bienestar general por un lado y la salvaguarda del bienestar, la salud y la vida de los individuos por otro. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En primer lugar, las regulaciones de todo tipo, tanto las que pudi&eacute;ramos llamar t&eacute;cnico-cient&iacute;ficas, como las preponderantemente &eacute;ticas suman un numeroso grupo de documentos del m&aacute;s diverso alcance. Sin embargo, las que a mi juicio han jugado un papel determinante en refrendar la nueva actitud &eacute;tica han sido tres, a saber, la Ley de Salud P&uacute;blica (1983),<span class="superscript">13 </span>el C&oacute;digo de &Eacute;tica de los Trabajadores de la Ciencia (1994) y las Buenas Pr&aacute;cticas Cl&iacute;nicas (BPC) en Cuba (promulgadas en 1992 y revisadas en 1995 y 2000).<span class="superscript">14 </span>Todos estos documentos reconocen que el proceso de investigaci&oacute;n desde su concepci&oacute;n y ejecuci&oacute;n, hasta la aplicaci&oacute;n de sus resultados debe perseguir el beneficio de toda la sociedad. En mi experiencia pr&aacute;ctica de evaluaci&oacute;n de proyectos no recuerdo haber propuesto el rechazo de alguno por falta de valor social, todo lo contrario. Nuestro contexto general no permite que proyectos con tales lastres sean siquiera presentados, ya que como generalidad, estos tienen que enmarcarse en las l&iacute;neas de trabajo aprobadas para cada centro de investigaci&oacute;n que a su vez responden a problemas y necesidades del pa&iacute;s. La triada normativa a la que me estoy refiriendo tambi&eacute;n se pronuncia firmemente por la voluntariedad informada y la protecci&oacute;n del bienestar de los sujetos y grupos involucrados en investigaciones cient&iacute;ficas. Por tanto, el marco &eacute;tico-jur&iacute;dico adecuado existe en Cuba y ha sido el m&aacute;s tempranamente adoptado en Am&eacute;rica Latina. </p>     <p>En cuanto al control estatal, el Bur&oacute; Regulador de la Salud, de relativa reciente creaci&oacute;n, ha venido a integrar la actividad fiscalizadora de varias agencias, entre las que descuellan dos fundamentales, el Centro para el Control Estatal de la Calidad de los Medicamentos (CECMED) existente desde 1991 y el Centro para el Control de la Calidad de los Equipos M&eacute;dicos (CECEM). Es decir, ning&uacute;n proyecto que involucre a seres humanos, particularmente los ensayos cl&iacute;nicos pueden realizarse sin ser aprobados previamente por nuestras agencias reguladoras luego de un riguroso proceso de revisi&oacute;n. </p>     <p>Por otra parte, la evaluaci&oacute;n &eacute;tica independiente y multidisciplinaria ha estado ejerci&eacute;ndose por los comit&eacute;s de revisi&oacute;n y &eacute;tica (CRE) que se crean <em>ad hoc </em> para evaluar un proyecto de investigaci &oacute;n determinado–su origen estuvo ligado a la labor asesora del Centro Coordinador de Ensayos Cl&iacute;nicos (CENCEC). Sin embargo, a mediados de la d&eacute;cada del noventa comenzaron a fundarse Comit&eacute;s Institucionales de &Eacute;tica de la Investigaci&oacute;n (CEI) en importantes unidades de salud e investigaci&oacute;n. Estos &uacute;ltimos &oacute;rganos tienen la ventaja de su permanencia y por tanto de mayores posibilidades de seguimiento de los proyectos previamente aprobados. La procedencia de los CEI fue legalmente refrendada por la Instrucci&oacute;n VADI No. 4/2000 del Viceministro a Cargo de la Docencia e Investigaciones del MINSAP. De los primeros siete CEI existentes en 1994, todos concentrados en Ciudad de la Habana , ya en 2005 sumaban m&aacute;s de 100 dispersos por todo el territorio nacional. </p>     <p>Si contamos en Cuba con normativas &eacute;ticas, agencia reguladora estatal y comit&eacute;s de evaluaci&oacute;n &eacute;tica multidisciplinarios e independientes, &iquest;d&oacute;nde radica entonces el desventurado “tal&oacute;n de Aquiles” de la preservaci&oacute;n y promoci&oacute;n del bienestar individual y social en las investigaciones en salud y biomedicina que se realizan en Cuba? </p>     <p>En una pesquisa realizada por la Dra. <em>Olga  M. Rodr&iacute;guez </em>, especialista del CENCEC,<span class="superscript">15</span> de un total de 46 ensayos cl&iacute;nicos en ejecuci&oacute;n en el 2001, 20 hab&iacute;an sido evaluados bajo las normativas puestas en vigor en el a&ntilde;o 2000 por las BPC y la Instrucci&oacute;n VADI 4/2000. De este total,18 ten&iacute;an deficiencias en cuanto a la documentaci&oacute;n de su carpeta y no conten&iacute;an referencias acerca de si el CRE o CEI que los evalu&oacute; hab&iacute;a tenido en cuenta la calificaci&oacute;n e idoneidad de los investigadores. En 15 casos el comit&eacute; estuvo integrado por cinco miembros o menos, composici&oacute;n que no permite desplegar el principio de multidisciplinaridad. En cuanto a la cuesti&oacute;n de los dict&aacute;menes emitidos por los CEI, seis proyectos se aprobaron sin modificaciones y 14 con modificaciones, esto llama mucho la atenci&oacute;n porque es casi imposible que un comit&eacute; considere a un proyecto tan perfecto que no requiera y no se le sugieran modificaciones de ning&uacute;n tipo. Finalmente, en 13 casos el dictamen del CEI se emiti&oacute; en la primera presentaci&oacute;n del proyecto, proporci&oacute;n desmedida de acuerdo a la experiencia internacional acumulada en este tipo de evaluaci&oacute;n. Coincido con la autora de que al parecer existi&oacute; superficialidad en algunos de estos an&aacute;lisis. </p>     <p>&iquest;Qu&eacute; est&aacute;n indicando, adem&aacute;s, estos resultados? Simplemente que el tercer elemento que se&ntilde;alaba como pilar de garant&iacute;a del bienestar de los sujetos sometidos a investigaciones y al mismo tiempo de la validez cient&iacute;fica de los resultados obtenidos, el de la formaci&oacute;n en &Eacute;tica de la Investigaci&oacute;n , est&aacute; acusando fallas. Dicho de otra forma, la limitaci&oacute;n por parte de los investigadores, miembros de comit&eacute;s de &eacute;tica y directivos en cuanto a la sistematizaci&oacute;n de las categor&iacute;as, m&eacute;todos y procedimientos propios de la &Eacute;tica aplicados al proceso de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, est&aacute; influyendo determinantemente en que no se asegure la calidad del mismo al m&aacute;ximo de las posibilidades creadas por el marco &eacute;tico-jur&iacute;dico e institucional vigente en nuestro pa&iacute;s. Se deja ver una reserva de calidad no utilizada o desperdiciada, y esto en potencia puede afectar negativamente el bienestar individual de los sujetos involucrados en estos proyectos. Por otra parte, el beneficio social pudiera afectarse tambi&eacute;n al retardarse la validaci&oacute;n e introducci&oacute;n de los resultados a la pr&aacute;ctica social, as&iacute; como por el despilfarro de recursos resultantes de deficiencias de dise&ntilde;o no detectadas en una evaluaci&oacute;n superficial por parte de los comit&eacute;s de &eacute;tica. Solo el contexto general en que se desarrolla la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en Cuba, su esencia intr&iacute;nsicamente humanista, as&iacute; como la calidad profesional de los investigadores cubanos nos ha salvaguardado de lamentables errores que no por ello dejan de ser un peligro potencial que podemos y debemos conjurar. </p>     <p>La conclusi&oacute;n m&aacute;s general de estas reflexiones se resume en que en Cuba se han alcanzado altos est&aacute;ndares en cuanto a la normatividad y regulaci&oacute;n social de las investigaciones en salud, sin embargo, el papel de los comit&eacute;s de &eacute;tica no est&aacute; desplegado en todas sus posibilidades y para mejorar su trabajo se precisa de emprender acciones de identificaci&oacute;n y soluci&oacute;n de las necesidades de capacitaci&oacute;n de sus miembros y de los investigadores en general en el campo de la &Eacute;tica de la Investigaci&oacute;n y la Bio&eacute;tica. </p> <h4>Summary</h4> <h6>The bioethical labyrinth of health research</h6>     <p>A historical analysis was made on the relationship of scientific research and health assistance practice. The process of drafting international and national standards regulating scientific research in this field was described. The main pillars that support the quality of ethical assessment of projects were determined and the accomplishments and shortcomings of the Cuban ethical commissions for research were discussed. It was concluded that our country has reached high levels of standardization and social regulation in health research; however, the ethical committees have not played their roles to the utmost, so it is necessary to improve their work by undertaking actions to identify the training requirements of their members and of researchers in general in the field of Research Ethics and of Bioethics. </p>     <p><strong><em>Key words:</em></strong> Research ethics, bioethics, ethical committees for research. </p> <h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas </h4>     <p> 1. Ram&iacute;rez G. El paradigma positivista como programa de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica (tesis). La Habana: Facultad de Filosof&iacute;a e Historia de la Universidad de La Habana;2000. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 2. Gracia D. Investigaci&oacute;n en sujetos humanos: implicancias l&oacute;gicas, hist&oacute;ricas y &eacute;ticas. En: Pellegrini Filho A, Macklin Ruth, editores. Investigaci&oacute;n en sujetos humanos: experiencia internacional. Santiago de Chile: OPS/OMS;1999.p.63-82 (serie Publicaciones-1999. Programa Regional de Bio&eacute;tica, Divisi&oacute;n de Salud y Desarrollo Humano). </p>     <p> 3. Delgado G. Ra&iacute;ces hist&oacute;ricas del pensamiento bio&eacute;tico y de la investigaci&oacute;n m&eacute;dica en sujetos humanos en Cuba. En: Acosta J, editor. Bio&eacute;tica. Desde una perspectiva cubana 2da ed. La Habana: Ediciones Acuario, Centro F&eacute;lix Varela;1998:43-52. </p>     <p> 4. Beauchamp TL, Childress J. Principles of biomedical ethics. 5th ed. New York: Oxford University Press; 2001. <strong></strong></p>     <p>5. Potter VR. Temas bio&eacute;ticos para el siglo XXI. En: Revista Latinoamericana de Bio&eacute;tica. 2da ed. Santa Fe de Bogot&aacute;: Universidad Militar de Nueva Granada; 2002.p.150-8. </p>     <p> 6. Macklin R. Investigaci&oacute;n colaborativa internacional: acontecimientos recientes. En: Pellegrini Filho A, Macklin Ruth, editores. Investigaci&oacute;n en sujetos humanos: experiencia Internacional. Santiago de Chile: OPS/OMS;1999.p.47-61(serie Publicaciones-1999. Programa Regional de Bio&eacute;tica, Divisi&oacute;n de Salud y Desarrollo Humano). </p>     <p> 7. Penchaszadeh V. &Eacute;tica de las investigaciones biom&eacute;dicas en un mundo globalizado. En: Acosta J, editor. Bio&eacute;tica para la sustentabilidad. 1ra ed. La Habana : Ediciones Acuario, Centro F&eacute;lix Varela; 2002.p.441-53. </p>     <p> 8. The World Medical Association. Declaration of Helsinki. 52 nd WMA General Assembly. Edimburgh, Scotland: The Association; 2000. </p>     <p> 9. Conferencia Internacional de Armonizaci&oacute;n de los requisitos t&eacute;cnicos para el registro de farmac&eacute;uticos de uso humano. Gu&iacute;a ICH tripartita y armonizada para la Buena Pr&aacute;ctica Cl&iacute;nica. Bogot&aacute;: Impresora Soluciones Integrales; 2000. </p>     <p>10. Emanuel E. &iquest;Qu&eacute; hace que la investigaci&oacute;n cl&iacute;nica sea &eacute;tica? Siete requisitos &eacute;ticos. En: Pellegrini Filho A, Macklin Ruth, editores. Investigaci&oacute;n en sujetos humanos: experiencia internacional. Santiago de Chile: OPS/OMS;1999.p.33-46 (serie Publicaciones-1999. Programa Regional de Bio&eacute;tica, Divisi&oacute;n de Salud y Desarrollo Humano). </p>     <p>11. Garz&oacute;n F. &iquest;Es necesario el consentimiento informado para que una investigaci&oacute;n con seres humanos sea &eacute;tica? Santa Fe de Bogot&aacute;: Universidad Militar de Nueva Granada;2002.p.154-71 (Bio&eacute;tica e Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica. Serie Pedagog&iacute;a y Human&iacute;stica No. 4). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>12. Orta D, Pascual MA. La investigaci&oacute;n cl&iacute;nica en seres humanos en Cuba. En: Acosta J,editor. Bio&eacute;tica. Desde una perspectiva cubana. 2da ed. La Habana : Ediciones Acuario, Centro F&eacute;lix Varela1998.p.79-88. </p>     <p> 13. Cuba. Ministerio de Salud P&uacute;blica. Ley N&deg; 41/83 (Ley de Salud P&uacute;blica). La Habana: MINSAP;1988. </p>     <p> 14. Cuba. Centro para el Control Estatal de la Calidad de los Medicamentos. Buenas Pr&aacute;cticas Cl&iacute;nicas en Cuba. La Habana : CECMED;2000. </p>     <p>15. Rodr&iacute;guez OM. La calidad de la investigaci&oacute;n cl&iacute;nica. Papel de los comit&eacute;s de &eacute;tica. En: Acosta J, editor. Bio&eacute;tica. Desde una perspectiva cubana. 3ra ed. La Habana: Ediciones Acuario, Centro F&eacute;lix Varela. En prensa 2005. </p>     <p>Recibido: 27 de diciembre de 2005. Aprobado: 3 de enero de 2006.    <br> <em>Jos&eacute; Ram&oacute;n Acosta Sariego </em>. Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas de La Habana. La Habana, Cuba.     <br> e-mail: <a href="mailto:joseacosta@giron.sld.cu ">joseacosta@giron.sld.cu </a></p>     <p><span class="superscript"><strong><a href="#cargo">1</a></strong></span><a href="#cargo">Profesor Titular.</a><a name="autor"></a>  </p>      ]]></body>
</article>
