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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las pautas para el debate científico: reflexiones a raíz de una controversia sobre la energía piramidal]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[For some years, news have been spread in the Cuban press and some scientific milieus about the properties and benefits - particularly as a therapeutic resource - of the so-called pyramidal energy, which is deemed to be astonishing by its own promoters. The topics have prompted reactions of apprehension or open criticism, which in turn have paved the way for scientific debate. Unfortunately, this debate has not always been conducted according to generally accepted rules in the realm of science. Our objective is not to intervene in this controversy, but to contribute to strengthen the general scientific culture of which the capacity for rational scientific debate is a key component. The use of a transparent language, the reasoned exchange of arguments along a logical path of discussion, the integrity and rigor in quoting references and the responsibility that scientists acquire when they either make or judge innovative proposals are some of the aspects that this paper is meant to reflect on]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><img src="/img/revistas/rcsp/v32n3/v04_206.jpg" width="330" height="47"></p>     
<p>Centro Nacional de Informaci&oacute;n de Ciencias M&eacute;dicas. INFOMED </p> <h2>Las pautas para el debate cient&iacute;fico: reflexiones a ra&iacute;z de una controversia sobre la energ&iacute;a piramidal </h2>     <p><a href="#cargo">Luis Carlos Silva Ay&ccedil;aguer<span class="superscript"><strong>1 </strong></span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></p> <h4>Resumen </h4>     <p align="justify">Desde hace unos a&ntilde;os se han venido divulgando en la prensa y en algunos enclaves cient&iacute;ficos cubanos las propiedades y beneficios-especialmente como recurso terap&eacute;utico- de la llamada <em>energ&iacute;a piramidal </em>calificada como asombrosa por parte de sus propios divulgadores. El tema ha dado lugar a algunas expresiones de aprensi&oacute;n o de cr&iacute;tica directa, con lo cual se abrieron las puertas a una pol&eacute;mica cient&iacute;fica. Lamentablemente, esta  no siempre se ha desarrollado siguiendo las pautas m&aacute;s generalmente aceptadas en el marco de la ciencia. Nuestro prop&oacute;sito no es intervenir en la controversia propiamente dicha sino contribuir a robustecer la cultura cient&iacute;fica general, de la cual, la capacidad para el debate cient&iacute;fico racional, es parte crucial. El uso de un lenguaje transparente, el intercambio razonado de argumentos que respete el hilo l&oacute;gico de la discusi&oacute;n, la integridad y rigor a la hora de realizar citas y la responsabilidad que contraen los cient&iacute;ficos, tanto al hacer propuestas novedosas como al enjuiciarlas, son algunos de los aspectos sobre los que el presente trabajo procura reflexionar. </p>     <p><span class="Estilo1"><em>Palabras clave</em>:</span> Energ&iacute;a piramidal, debate cient&iacute;fico. </p> <h4>Introducci&oacute;n </h4>     <p align="justify">Desde hace algunos a&ntilde;os se ha venido produciendo en Cuba un proceso de difusi&oacute;n de la llamada <em>energ&iacute;a piramidal </em>y de los extraordinarios beneficios que se derivar&iacute;an o que supuestamente se han derivado de su aplicaci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Seg&uacute;n sus propulsores,<span class="superscript">1</span> una pir&aacute;mide construida con cualquier material no ferromagn&eacute;tico, aluminio, madera, cart&oacute;n, entre otros, cuya base sea un cuadrado y cuya altura sea igual al lado del cuadrado dividida por 1,57, tan pronto se coloque de manera que cualquier lado de la base se ubique perpendicularmente a la direcci&oacute;n Sur-Norte, comienza a acumular energ&iacute;a en su interior. </p>     <p align="justify">Las propiedades y efectos atribuidos a esta energ&iacute;a han sido calificados como asombrosos por algunos de sus promotores, quienes suelen acompa&ntilde;ar sus afirmaciones con an&eacute;cdotas y testimonios de los resultados alcanzados. Se afirma que tal energ&iacute;a tendr&iacute;a influencia tanto sobre seres vivos (rehabilitar personas o gallinas) como sobre entes inanimados (afilar tijeras, reparar disquetes de computadora, o recuperar bater&iacute;as alcalinas ya agotadas). En particular, se ha destacado el posible efecto terap&eacute;utico de esa energ&iacute;a debido a las propiedades miorrelajantes, analg&eacute;sicas, sedantes, bacteriost&aacute;ticas y antiinflamatorias que se le atribuyen. Con esta energ&iacute;a se curar&iacute;an o mitigar&iacute;an males tan diversos como la depresi&oacute;n, la escabiosis, el herpes simple, los trastornos ulcerosos, la ciatalgia, el insomnio, el tabaquismo, la cervicitis, las cefaleas, la psoriasis, la bursitis, la conjuntivitis, la hernia hiatal, la hipertensi&oacute;n, la dermatitis y la impotencia. Tales reclamos han sido presentados oralmente en jornadas cient&iacute;ficas y han aparecido tanto en la prensa nacional<span class="superscript">2-5</span> como en algunos art&iacute;culos o notas publicadas en revistas cient&iacute;ficas o divulgativas.<span class="superscript">6-9 </span></p>     <p align="justify">A lo largo del &uacute;ltimo lustro, varios cient&iacute;ficos cubanos del &aacute;mbito de la f&iacute;sica han venido expresando objeciones<span class="superscript">10-13</span> a las bases conceptuales esbozadas o desarrolladas en los trabajos arriba mencionados. Los disparos se han dirigido a la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n de la teor&iacute;a: se refuta la existencia propiamente dicha de la energ&iacute;a presuntamente responsable de los logros testimoniados. </p>     <p align="justify">En este punto se perfilaba un interesante debate cient&iacute;fico. Sin embargo, no parecen haberse publicado respuestas estructuradas y abarcadoras a los art&iacute;culos contestatarios. S&oacute;lo tengo conocimiento de una r&eacute;plica formal, ubicada en Internet, escrita por el Dr. <em>Ulises Sosa Salinas, </em> especialista de II Grado en Ortopedia y Traumatolog&iacute;a, titulada <em>Respuesta a los nihilistas que desconocen los efectos de las pir&aacute;mides</em>.<span class="superscript">14</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las ideas y precisiones conceptuales de la presente nota no procuran aportar elementos acerca de la legitimidad de las pir&aacute;mides como tales ni pronunciarse sobre sus posibles propiedades. Su prop&oacute;sito es contribuir a consolidar la cultura cient&iacute;fica general aprovechando que la situaci&oacute;n, a mi juicio, ofrece una buena oportunidad para reflexionar en torno a las pautas universalmente aceptadas para el debate cient&iacute;fico. La forma en que se ha desarrollado la discusi&oacute;n sobre el tema es la que ahora interesa analizar, y mi aspiraci&oacute;n es aportar algunas ideas que pudieran ser &uacute;tiles no s&oacute;lo para el caso de las pir&aacute;mides, sino para toda la investigaci&oacute;n sanitaria, sea del &aacute;rea de la llamada medicina natural o no. El famoso f&iacute;sico norteamericano <em>Robert Park </em> advert&iacute;a recientemente<span class="superscript">15</span> que lo que m&aacute;s necesitan las personas no es tanto extender sus conocimientos t&eacute;cnicos como consolidar una adecuada cosmovisi&oacute;n cient&iacute;fica que les persuada de que vivimos en un universo ordenado. Mal conseguiremos ese prop&oacute;sito si el debate cient&iacute;fico no se ajusta a normas l&oacute;gicas y racionales. </p> <h4><strong> </strong>El lenguaje de la ciencia </h4>     <p align="justify">El descalificador adjetivo de <em>nihilistas </em>que el Dr. <em>Sosa </em> atribuye a quienes afirman tener razones convincentes para no compartir determinadas aseveraciones, es de por s&iacute; inquietante. El nihilismo es la negaci&oacute;n de toda creencia o principio. Sin embargo, el propio hecho de disentir de ciertas afirmaciones y de hacerlo mediante argumentos racionales -equivocados o no- pone de manifiesto que quienes han discrepado creen en no pocas cosas: creen que la encomienda de la ciencia es construir representaciones precisas de la realidad (siempre imperfectas y siempre perfectibles) y en el intercambio de opiniones sobre bases rigurosas como una de las herramientas para conseguirlo. </p>     <p align="justify">De sus reflexiones se deriva, adem&aacute;s, que creen en la necesidad de hacer mediciones y contrastaciones objetivas, as&iacute; como en los mecanismos de validaci&oacute;n externa. </p>     <p align="justify">Los problemas cient&iacute;ficos no se dirimen con adjetivos dirigidos a las personas. Estos &uacute;ltimos suelen depreciar los argumentos de quien los usa. Lo verdaderamente fecundo es incorporar elementos tales como el empleo de referencias a la ciencia constituida, expresarse con precisi&oacute;n y aplicar m&eacute;todos valorativos incontrovertibles, en especial experimentales. </p>     <p>En la respuesta del Dr. <em>Sosa</em>, figura el siguiente p&aacute;rrafo: </p>     <blockquote>       <p align="justify">Los argumentos en que m&aacute;s insisten los autores se refieren al aspecto sem&aacute;ntico de utilizar la palabra “energ&iacute;a” cuando nos referimos al efecto piramidal. </p>       <p align="justify">No se esgrime ning&uacute;n argumento en torno a la demostraci&oacute;n no cient&iacute;fica de los cientos de resultados obtenidos hasta la fecha. Se escamotea la esencia bajo un manto discursivo entorno a la definici&oacute;n de un vocablo (energ&iacute;a), el cu&aacute;l reconozco desde ya que en el &aacute;mbito de la disciplina de la f&iacute;sica posee sus regularidades. </p> </blockquote>     <p align="justify">El p&aacute;rrafo cierra con una oraci&oacute;n ciertamente desconcertante, donde el autor reconoce que “en el &aacute;mbito de la f&iacute;sica el vocablo energ&iacute;a posee sus regularidades”. Resulta casi imposible imaginar qu&eacute; se querr&aacute; decir con esta cr&iacute;ptica afirmaci&oacute;n. Tampoco queda claro qu&eacute; ha de entenderse por “demostraci&oacute;n no cient&iacute;fica” de un resultado. Son precisamente las vaguedades de este tipo las que m&aacute;s dificultan un intercambio inteligente. </p>     <p align="justify">Un doctor en Ciencias F&iacute;sicas ha expresado<span class="superscript">12</span> que un pasaje tal como que “las pir&aacute;mides son una cavidad resonante donde se modulan todas las energ&iacute;as, tanto c&oacute;smicas como tel&uacute;ricas, dando lugar a esta nueva energ&iacute;a de alt&iacute;sima frecuencia... y los que la hemos podido constatar sabemos que la energ&iacute;a piramidal es inmensa, inconmensurable en sus potencialidades”,<span class="superscript">9</span> constituye un galimat&iacute;as incomprensible, y que en ese texto se hace uso arbitrario y estrafalario de los t&eacute;rminos cient&iacute;ficos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><em>Jos&eacute; Ingenieros </em> se&ntilde;ala: “El estilo que anhela expresar la verdad se estima por su valor l&oacute;gico: su claridad es transparente, sus t&eacute;rminos precisos, su estructura cr&iacute;tica. Es el lenguaje de las ciencias...M&aacute;s vale decir una palabra transparente que murmurar mil enmara&ntilde;adas. Nunca se construyeron templos con filigranas, ni se ganaron batallas con fuegos artificiales”.<span class="superscript">16 </span></p>     <p align="justify">A la mayor&iacute;a de los testigos de este debate nos gustar&iacute;a contar con definiciones y explicaciones que permitan presenciar un di&aacute;logo fluido. Pero para ello se necesitar&iacute;an respuestas a las siguientes preguntas: &iquest;Qu&eacute; significa “modular energ&iacute;as”? &iquest;Qu&eacute; es la “frecuencia de energ&iacute;a”? &iquest;Qu&eacute; ha de entenderse exactamente por “constatar una energ&iacute;a”? &iquest;C&oacute;mo se ha llegado a la conclusi&oacute;n de que la energ&iacute;a piramidal es “inmensa” y de que su frecuencia es “alt&iacute;sima”? &iquest;En qu&eacute; unidades han sido medidas la energ&iacute;a y su frecuencia? &iquest;C&oacute;mo han conseguido hacerlo, a cu&aacute;nto ascienden estas magnitudes y cu&aacute;l fue el margen de error con se hicieron las mediciones? </p> <h6>El intercambio de argumentos </h6>     <p align="justify">No pongo en duda la honradez y buenas intenciones ni de unos ni de otros participantes en este debate. Pero, si queremos llegar a la verdad, no pueden violentarse las reglas bien establecidas para todo intercambio de argumentos cient&iacute;ficos, por muy altruistas que puedan ser los prop&oacute;sitos de quienes intervengan en &eacute;l. </p>     <p align="justify">A juzgar por el contenido del p&aacute;rrafo que he reproducido de la respuesta del Dr. <em>Sosa, </em>aparentemente &eacute;l no comprende que cuando se impugna la afirmaci&oacute;n de que en el centro de las pir&aacute;mides se concentra una prodigiosa energ&iacute;a, supuestamente de origen “c&oacute;smico” o “tel&uacute;rico”, la discusi&oacute;n no se est&aacute; centrando en aspecto sem&aacute;ntico alguno, sino en un problema ontol&oacute;gico. Es decir, la cuesti&oacute;n no radica en el vocablo, sino en si tiene o no sentido hablar de tal energ&iacute;a. </p>     <p align="justify">De hecho, me pregunto con cierta perplejidad &iquest;c&oacute;mo puede afirmarse que un f&iacute;sico est&aacute; concentrado en un problema sem&aacute;ntico cuando se&ntilde;ala<span class="superscript">10</span> que en las comunicaciones sobre el tema “las referencias acerca de las mediciones y el valor num&eacute;rico del campo en el interior de la pir&aacute;mide y fuera de ella siempre est&aacute;n ausentes” o cuando fundamenta por qu&eacute; piensa que “el campo magn&eacute;tico es absolutamente incapaz de transmitir la supuesta energ&iacute;a”? El profesor <em>Arnaldo Gonz&aacute;lez</em>, Doctor en Ciencias F&iacute;sicas de la Universidad de La Habana pudiera estar en lo cierto o no, pero lo que sostiene no es que haya un problema con la palabra “energ&iacute;a” sino que quienes usan tal palabra no intentan medir la magnitud que ella evoca, as&iacute; como que hacen bien en no intentarlo, pues ser&aacute; imposible medir lo que no existe. </p>     <p>La Doctora <em>Hart</em>,  profesora de la misma Facultad escrib&iacute;a:<span class="superscript">11 </span>“Energ&iacute;a en la m&aacute;s burda de sus acepciones, con esta basta, no es otra cosa que la medida com&uacute;n de las diversas formas de movimiento de la materia. En su uso pr&aacute;ctico la energ&iacute;a est&aacute; asociada a un sistema concreto. De esta forma se habla de energ&iacute;a mec&aacute;nica, electrost&aacute;tica, magn&eacute;tica, etc. Cobra importancia pr&aacute;ctica este vocablo cuando tiene apellidos. Pero <em>energ&iacute;a piramidal </em>ni se define ni puede definirse” &iquest;Cabe reducir esta objeci&oacute;n a una discrepancia de &iacute;ndole sem&aacute;ntica? </p>     <p align="justify">El Doctor en Ciencias F&iacute;sicas, <em>Luis Felipe Desd&iacute;n, </em> Investigador Titular del <em>Centro de Aplicaciones Tecnol&oacute;gicas y Desarrollo Nuclear </em>de Cuba plantea<span class="superscript">12</span> que los creyentes en el poder de las pir&aacute;mides “profesan el dogma de que una vez construido un objeto de forma piramidal, respetando determinadas proporciones y orientaci&oacute;n, se genera en su interior una “energ&iacute;a de las formas”, que s&oacute;lo se materializa en esas circunstancias”. La peyorativa condici&oacute;n de dogm&aacute;ticos que el Dr.<em> Desd&iacute;n </em> atribuye <em>a priori </em>a los defensores de la energ&iacute;a piramidal es a mi juicio improcedente, y no contribuye a establecer un di&aacute;logo ecu&aacute;nime. En cambio, s&iacute; lo favorece cuando acude a argumentos razonados como los siguientes: </p>     <blockquote>       <p align="justify">Pero los fundamentos de la energ&iacute;a piramidal son irreconciliables con la Ley de Conservaci&oacute;n de la Energ&iacute;a (principio, irrebatiblemente demostrado por la pr&aacute;ctica), t&eacute;rmino este &uacute;ltimo que proviene de la palabra griega energ&iacute;a (actividad). … La energ&iacute;a se puede clasificar en dos tipos: cin&eacute;tica (la inherente al movimiento de los cuerpos) y potencial (relacionada directamente con alguna interacci&oacute;n). En la naturaleza s&oacute;lo se conocen las denominadas gravitatoria, electro-d&eacute;bil (que tiene sus manifestaciones en los fen&oacute;menos electromagn&eacute;ticos y en determinados procesos de desintegraci&oacute;n que transcurren muy lentamente en el micromundo) y nuclear… Seg&uacute;n sus postulados, la energ&iacute;a piramidal proviene de la forma, de manera que est&aacute; asociada a un concepto geom&eacute;trico y no a la materia en s&iacute;. Pero como la energ&iacute;a es una medida del movimiento —y este no existe separado de la materia—, aceptar la existencia de la denominada piramidal significa admitir que la Ley de Conservaci&oacute;n de la Energ&iacute;a no es cierta. Semejante posici&oacute;n niega o contrapone todos los conocimientos cient&iacute;ficos en los que se basan la ciencia y la tecnolog&iacute;a contempor&aacute;neas. </p> </blockquote>     <p>El decano de la Facultad de F&iacute;sica de la Universidad de La Habana, Dr. <em>Osvaldo de </em><em>Melo, </em> formula preguntas que tampoco pueden considerarse de naturaleza l&eacute;xica:<span class="superscript">13</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify">&iquest;C&oacute;mo se propagan las energ&iacute;as piramidales o vitales?; &iquest;a trav&eacute;s de qu&eacute; mecanismo o de qu&eacute; substancias se transmiten?; &iquest;de d&oacute;nde vienen y hacia d&oacute;nde van? Y luego, est&aacute; el asunto de la detecci&oacute;n: &iquest;con qu&eacute; instrumentos se detectan? Y el de la transformaci&oacute;n: &iquest;c&oacute;mo se pueden transformar en otras energ&iacute;as m&aacute;s conocidas? &iquest;Pudi&eacute;ramos obtener un poco de electricidad a partir de la piramidal? </p> </blockquote>     <p align="justify">Donde parecer&iacute;a que s&iacute; asistimos a una operaci&oacute;n sem&aacute;ntica es cuando los defensores de la “energ&iacute;a piramidal”, aparentemente a ra&iacute;z de los cuestionamientos, emigran de ese concepto hacia el de “efecto piramidal”. No se consigue anular de un plumazo la controversia suprimiendo una palabra conflictiva y supli&eacute;ndola por otra, como si con ello quedaran resueltas las objeciones. El problema estriba en que la noci&oacute;n de <em>efecto </em><em>piramidal </em>es tanto o m&aacute;s conflictiva que la de <em>energ&iacute;a piramidal</em>, pues todo efecto lo es de una causa, y si nos circunscribi&eacute;ramos a hablar del <em>efecto</em>, entonces la causa que lo produce quedar&iacute;a en un misterioso limbo. </p>     <p align="justify">Cabe recordar que no son pocos los trabajos donde los profesionales adheridos a la terapia de las pir&aacute;mides aluden una y otra vez a la “energ&iacute;a piramidal”, noci&oacute;n que, por m&aacute;s se&ntilde;as, figura en el t&iacute;tulo de la monograf&iacute;a sobre el tema que hace poco ha hecho p&uacute;blica en versi&oacute;n electr&oacute;nica el propio Dr. <em>Sosa</em>.<span class="superscript">1</span> All&iacute; se consigna que “la energ&iacute;a pi-ramidal no es m&aacute;s que energ&iacute;a acumulada en el centro de la pir&aacute;mide que se origina dentro y alrededor de ella, por la forma y orientaci&oacute;n de la pir&aacute;mide”. Otro tanto ocurre, por poner algunos ejemplos adicionales, con un art&iacute;culo del que el profesor <em>Sosa </em>fuera en 1999 el primer autor,<span class="superscript">6</span> as&iacute; como en notas publicadas con y sin su colaboraci&oacute;n, destinadas justamente a comunicar las “evidencias de la energ&iacute;a piramidal”<span class="superscript">7</span> o a dar cuenta de su “presencia en la medicina cubana”.<span class="superscript">8</span> </p>     <p align="justify">No queda claro en qu&eacute; medida el Dr. <em>Sosa </em> se desentiende ahora de sus numerosas afirmaciones previas acerca de la existencia de la energ&iacute;a piramidal. Supongo que no se retracte de ellas, pero el hecho de que en su respuesta comunique que la esencia no est&aacute; en la “energ&iacute;a piramidal” sino en el “efecto piramidal” produce cierto desconcierto. </p> <h6>La l&oacute;gica del debate y los instrumentos demarcatorios en la ciencia </h6>     <p align="justify">El Dr. <em>Sosa </em> plantea: “...quisiera preguntar a estos notables f&iacute;sicos tan preocupados por la generalizaci&oacute;n del uso de las pir&aacute;mides:<span class="superscript">1</span> &iquest;Cu&aacute;ntos protocolos investigativos metodol&oacute;gicamente correctos han realizado para demostrar las supuesta ineficacia del efecto piramidal?<span class="superscript">2</span> &iquest;D&oacute;nde han sido publicados esos resultados?” </p>     <p align="justify">En estas demandas anida una confusi&oacute;n acerca de c&oacute;mo funciona la ciencia. Como atinadamente ha se&ntilde;alado el columnista de “Scientific American” <em>Michael Shermer</em><span class="superscript">17</span> no son los destinatarios de revolucionarias propuestas a quienes corresponde, en principio, demostrar su falsedad; es a quienes las realizan a los que -evitando tanto las an&eacute;cdotas como el empleo de categor&iacute;as difusas- corresponde demostrarlas. </p>     <p align="justify">Si alguien plantea una teor&iacute;a o hace una afirmaci&oacute;n que a juicio de otro investigador es err&oacute;nea o descabellada, y este &uacute;ltimo fundamenta las razones de su objeci&oacute;n, lo que toca al primero es analizar -ocasionalmente rebatir- esa fundamentaci&oacute;n. Los cient&iacute;ficos no est&aacute;n en la obligaci&oacute;n de dedicarse, cada vez que creen que algo no existe, a demostrar que en verdad no existe; ni a demostrar que una propuesta tecnol&oacute;gica no funciona cada vez que creen que no funciona. Lo que s&iacute; deben hacer es evaluar, tanto te&oacute;rica como pr&aacute;cticamente, los resultados cient&iacute;ficos presuntamente conseguidos siempre que estos hayan sido seriamente fundamentados y transparentemente documentados. A lo que m&aacute;s puede aspirar quien hace una propuesta es a que otros investigadores reproduzcan los experimentos que presuntamente la respaldan. </p>     <p align="justify">Por ejemplo, se han proclamado las propiedades terap&eacute;uticas del “agua piramidal” para encarar diversas dolencias hep&aacute;ticas, renales y g&aacute;stricas. Seg&uacute;n se afirma,<span class="superscript">1</span> bastan 24 h de exposici&oacute;n bajo la pir&aacute;mide para que el agua obtenga propiedades piramidales lo cual “se puede comprobar mediante la radiestesia” y tambi&eacute;n mediante lo que se califica como “la m&aacute;s simple experiencia”, descrita textualmente del modo siguiente: </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Coger un trozo de carne algo deteriorada y dividirlo en dos mitades, sumergir uno de ellos en agua tratada y el otro en agua com&uacute;n. Al cabo de un par de d&iacute;as, comprobaremos que en la primera ha desaparecido el mal olor, la carne ha dejado de descomponerse y el agua se conserva limpia; en cambio la carne sumergida en agua com&uacute;n sigue descomponi&eacute;ndose y el agua queda completamente turbia. </p> </blockquote>     <p align="justify">Se agrega que debe evitarse el consumo de agua que haya sido colocada en la mitad que se halla al sur de la base de la pir&aacute;mide, pues se ha demostrado que en tal caso, el agua se contaminar&iacute;a, y que lo correcto por lo tanto es colocarla en la zona norte. </p>     <p align="justify">Ya que el texto no contiene explicaci&oacute;n alguna al respecto, es bastante natural que se quieran conocer las razones que asisten a su autor para creer que en el primer caso el agua no es potable mientras que en el segundo s&iacute;, qu&eacute; propiedades qu&iacute;micas adquiere o pierde el agua en cada caso, cu&aacute;l es el agente contaminante, con qu&eacute; recursos experimentales se puede distinguir una de otra. Cuando hayan sido respondidas esas cuatro preguntas cobrar&aacute; mayor sentido enjuiciar o valorar la pertinencia del mencionado precepto. </p>     <p align="justify">En cambio, aunque tampoco se d&eacute; una explicaci&oacute;n te&oacute;rica sobre la piramidalizaci&oacute;n del agua, afortunadamente el texto s&iacute; sugiere, como hemos visto, una manera concreta de valorar si el agua ha adquirido condici&oacute;n piramidal o no. Con ello se satisface la conocida y crucial condici&oacute;n de “falsabilidad” formalmente establecida por <em>Karl Popper</em><span class="superscript">18</span> (que sea factible evaluar su posible falsedad), con la que ha de cumplir toda hip&oacute;tesis para consentir una evaluaci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Vale la pena poner un par de ejemplos reales que ilustren el da&ntilde;o que pudiera causar el abandono de los cauces racionales en el debate. </p>     <p align="justify">A mediados del siglo XIX el m&eacute;dico magyar <em>Ignatz Semmelweiss </em> demostr&oacute; que adoptando un conjunto de elementales medidas antis&eacute;pticas en los hospitales, se consegu&iacute;an impresionantes resultados en el manejo de la <em>childbed fever </em>(fiebre puerperal). </p>     <p align="justify">Con los datos que se aportaban, cualquiera pod&iacute;a constatar objetiva e incontroverti-blemente sus espectaculares efectos (reducci&oacute;n de la mortalidad nada menos que de 12,2 % a 2,4 % y la virtual desaparici&oacute;n de la fiebre puerperal); las explicaciones que <em>Semmelweiss </em>y su colega <em>Ferdinand von Hebra </em> trataban de ofrecer eran asombrosamente l&uacute;cidas y no contradec&iacute;an ning&uacute;n conocimiento bien establecido, si bien es cierto que resultaban incompletas. Pero en lugar de aquilatar y valorar los argumentos que respaldaban la recomendaci&oacute;n de incorporar el uso de antis&eacute;pticos, y a pesar de que dichos argumentos no pudieron ser objetivamente cuestionados, esta fue dogm&aacute;ticamente desde&ntilde;ada por las autoridades sanitarias. Prevalecieron motivos b&aacute;sicamente <em>chovinistas</em>: la clase m&eacute;dica austriaca no estaba dispuesta a aceptar lecciones de un h&uacute;ngaro. Como tr&aacute;gica consecuencia, murieron innecesariamente miles y miles de mujeres. </p>     <p align="justify">En segundo lugar, repasemos brevemente el famoso suceso de la “fusi&oacute;n fr&iacute;a”. En marzo de 1989, <em>Stanley Pons </em> y <em>Martin Fleischmann </em>, ambos electroqu&iacute;micos de la Uni-versidad de Utah, convocaron a una conferencia de prensa en Salt Lake City (proce-dimiento informativo bastante ins&oacute;lito, por cierto) para presentar un descubrimiento prodigioso. De acuerdo a la visi&oacute;n tradicional de los f&iacute;sicos, para conseguir que dos n&uacute;cleos de deuterio se aproximen tanto como para fusionarse, se requerir&iacute;an temperaturas de decenas de millones de grados Celsius. Los cient&iacute;ficos mencionados anunciaron el logro del proceso de fusi&oacute;n a temperatura ambiente mediante el empleo de una bater&iacute;a conectada a un par de electrodos de paladio sumergidos en agua. En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, esto significar&iacute;a una producci&oacute;n fabulosa de energ&iacute;a a baj&iacute;simo costo. Superado el estupor generalizado inicial, se les enfrent&oacute; a varias inconsistencias te&oacute;ricas y se les pidi&oacute; que expusieran con detalle c&oacute;mo hab&iacute;an sido los experimentos que de-mostraban la posibilidad de producir la susodicha fusi&oacute;n, conocida como “cold fusion” en ingl&eacute;s. </p>     <p align="justify">Los autores de la propuesta hicieron todo tipo de trucos para enmara&ntilde;ar, dilatar y dificultar tanto la discusi&oacute;n te&oacute;rica (pues el resultado contradec&iacute;a m&aacute;s de un principio de la f&iacute;sica) como la corroboraci&oacute;n pr&aacute;ctica, pero nadie puede eludir <em>sine die </em>las reglas admitidas y exigidas por la comunidad cient&iacute;fica sin quedar desacreditado, de modo que accedieron a dar la informaci&oacute;n requerida. Hubo unas pocas y confusas convalidaciones parciales, pero se produjeron innumerables informes con resultados s&oacute;lida-mente negativos. Poco a poco, la aparatosa falta de sustento te&oacute;rico, las evidencias de maniobras espurias y el hecho de que los resultados de los experimentos no pod&iacute;an ser reproducidos, fueron conjug&aacute;ndose hasta que la fusi&oacute;n fr&iacute;a fuera inequ&iacute;vocamente calificada como “ciencia basura”. En cuesti&oacute;n de pocos meses, <em>Pons </em> y <em>Fleischmann </em>hab&iacute;an completado el ciclo que involuciona de la convicci&oacute;n a la obcecaci&oacute;n y de esta a la supercher&iacute;a, de modo que a la postre resultaron concluyentemente desenmascarados como los protagonistas de uno de los m&aacute;s sonados andamiajes fraudulentos en la historia de la ciencia (para tener una descripci&oacute;n detallada de este bochornoso episodio, pueden consultarse diversos libros<span class="superscript">15,19,20</span> y muchos miles de sitios de Internet). </p>     <p align="justify">Las reglas de juego de la ciencia verdadera no admiten que el autor inicial se desentienda de una objeci&oacute;n concreta y, en lugar de continuar el hilo del debate, aceptando o refutando la impugnaci&oacute;n que se le ha hecho, exija al objetor que demuestre la invalidez de lo que proclama. En el caso espec&iacute;fico de las pir&aacute;mides, varios f&iacute;sicos, como se ha visto, argumentan por qu&eacute; consideran insensato pregonar una teor&iacute;a que a juicio de ellos contradice el principio de conservaci&oacute;n de la energ&iacute;a. Un defensor de la teor&iacute;a vertebrada entorno a la energ&iacute;a piramidal est&aacute; en su derecho a pensar que los doctores en ciencias f&iacute;sicas est&aacute;n equivocados cuando convergen en esa opini&oacute;n, pero a lo que no tiene derecho es a pasar por alto sus argumentaciones, sacrificando la l&oacute;gica del debate en el altar de sus convicciones previas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es decir, una respuesta consecuente, lo que deber&iacute;a contener en el plano te&oacute;rico son juicios sobre si los argumentos cr&iacute;ticos que se han dado son correctos o no y responder a las preguntas formuladas. Que no se tengan todas las respuestas, puede comprenderse; actuar como si esas preguntas concretas no se hubieran formulado, no es admisible. </p>     <p align="justify">En el marco emp&iacute;rico, en lugar de exigir que se demuestre que la energ&iacute;a piramidal no existe, sus descubridores deber&iacute;an explicar con nitidez los experimentos que demuestran su existencia para que puedan ser convalidados o refutados. De modo que la primera pregunta que debe responderse es: &iquest;en qu&eacute; revistas de indiscutido prestigio han sido publicados por cubanos o por extranjeros de cualquier lugar del planeta los experimentos que demuestren la existencia de la susodicha energ&iacute;a? </p>     <p align="justify">Hace ya veinte a&ntilde;os, <em>Hebe Vessuri, </em> Directora del Departamento de Estudio de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones Cient&iacute;ficas, recordaba el conocido aforismo seg&uacute;n el cual “la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que no est&aacute; publicada no existe“ y agregaba:<span class="superscript">21</span> </p>     <blockquote>       <p align="justify">La publicaci&oacute;n en una revista de prestigio reconocido asegura la prioridad en la producci&oacute;n de un resultado, acrecienta el cr&eacute;dito acad&eacute;mico de un cient&iacute;fico, legitima su actividad y permite la existencia de sistemas de comunicaci&oacute;n cient&iacute;fica ligados a procesos activos de persuasi&oacute;n, negociaci&oacute;n, refutaci&oacute;n y modificaci&oacute;n. </p> </blockquote>     <p>An&aacute;loga demanda cabe hacer en relaci&oacute;n con sus proclamados efectos terap&eacute;uticos.     <br> &iquest;Existen ensayos cl&iacute;nicos realizados en alg&uacute;n sitio del mundo bajo est&aacute;ndares universalmente aceptados y posteriormente publicados con una explicaci&oacute;n detallada de su metodolog&iacute;a? &iquest;Se han realizado ensayos cl&iacute;nicos controlados, aprobados por el centro existente en nuestro pa&iacute;s para velar por la calidad metodol&oacute;gica de tales ensayos, y en tal caso, cu&aacute;les son sus resultados? Por lo pronto, s&oacute;lo conozco un art&iacute;culo que haya sido publicado en una revista cient&iacute;fica<span class="superscript">6</span> donde se exponga con detalle -de manera que pueda ser reproducida- la metodolog&iacute;a de una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica. Lamentablemente, dicho art&iacute;culo es ciertamente heterodoxo, tanto en su estructura (ajena a la pautas sugeridas por el <em>Comit&eacute; Internacional de Editores de Revistas M&eacute;dicas</em>)<span class="superscript">22</span> como en su metodolog&iacute;a, ya que en &eacute;l se rese&ntilde;a una mera descripci&oacute;n de resultados y no un experimento riguroso; ni siquiera se incorpor&oacute; al estudio un grupo de control, de modo que tampoco se aplicaron los pilares esenciales de todo ensayo bien realizado: las t&eacute;cnicas de enmascaramiento y la asignaci&oacute;n aleatoria. </p> <h6><strong> </strong>Los criterios de autoridad </h6>     <p align="justify">Obviamente, el rango, el curr&iacute;culo o los honores acad&eacute;micos que pueda exhibir un cient&iacute;fico, quer&aacute;moslo o no, influyen subjetivamente en el grado de credibilidad que alcanzan en principio sus afirmaciones. Sin embargo, es obvio que el nombre de un cient&iacute;fico, por muy afamado que sea, no agrega solidez por s&iacute; mismo a sus puntos de vista. </p>     <p align="justify">Basta recordar el ejemplo de <em>Wollfang Pauli, </em> premio Nobel de F&iacute;sica, cuando sin una base seria, se apresur&oacute; a declarar que la idea del joven colega <em>Ralph Kronig </em> acerca del concepto de <em>spin </em>(un momento angular asociado a las part&iacute;culas en la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica) era “muy penetrante, pero carente de la menor relaci&oacute;n con la realidad”. </p>     <p align="justify">Puesto que tan c&aacute;ustica descalificaci&oacute;n proven&iacute;a de una voz muy autorizada, <em>Kronig </em>se abstuvo de mantener sus reclamos. Pero <em>Pauli </em> hab&iacute;a dado una opini&oacute;n, no una re-futaci&oacute;n te&oacute;rica. De modo que ello no bast&oacute; para dar por cerrado el asunto. Meses m&aacute;s tarde, los holandeses <em>George Uhlenbeck </em> y <em>Samuel Goudsmit, </em>en quienes no hizo mella la ret&oacute;rica de <em>Pauli, </em> llegaron a las mismas conclusiones que hab&iacute;a anticipado <em>Kronig. </em> El concepto constituye hoy un elemento de medular importancia en la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, con trascendentes aplicaciones, tales como las que se han verificado en el campo de la resonancia magn&eacute;tica nuclear. Para mayor iron&iacute;a, el susodicho concepto de <em>spin </em>fue m&aacute;s tarde formalizado por el propio <em>Pauli</em>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otro tanto ocurre con las fuentes: no recibe <em>a priori </em>igual aceptaci&oacute;n un art&iacute;culo de <em>New England Journal of Medicine </em>o de <em>Science </em>que uno aparecido en <em>Anales de Pediatr&iacute;a </em><em>de Teruel</em>. Pero el hecho de que haya sido publicado en <em>Science </em>no garantiza ni su rigor ni su veracidad, como acaba de ponerse mundialmente en evidencia con el caso de <em>Woo-suk Hwang, </em>el impostor coreano que consigui&oacute; publicar varios trabajos fraudulentos sobre obtenci&oacute;n de c&eacute;lulas madre en dicha revista. En fin, los criterios de autoridad, aunque pudieran tener alg&uacute;n valor orientativo, no sirven por s&iacute; mismos como &aacute;rbitros en la ciencia. </p>     <p align="justify">Esta parecer&iacute;a ser otra grieta metodol&oacute;gica de la respuesta del Dr. <em>Sosa. </em> En su nota dirigida a los f&iacute;sicos tildados de nihilistas, informa textualmente<span class="superscript">14</span> que: </p>     <blockquote>       <p align="justify">En el a&ntilde;o 2000 se realiz&oacute; un Simposium Internacional de F&iacute;sica Te&oacute;rica y Biol&oacute;gica, publicado en Internet, donde se dedic&oacute; gran espacio a la discusi&oacute;n sobre la “energ&iacute;a de las formas” lleg&aacute;ndose a la conclusi&oacute;n “sobre la existencia de la radiaci&oacute;n del hadron y magnetismo del hadron, producidos por las part&iacute;culas nucleares del hadron, prot&oacute;n y neutr&oacute;n…”</p> </blockquote>     <p align="justify"> Y en la monograf&iacute;a ya mencionada antes<span class="superscript">1</span> el propio autor dec&iacute;a: </p>     <blockquote>       <p align="justify">En fecha relativamente reciente, se realiz&oacute; en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica, un Simposium de F&iacute;sica Te&oacute;rica (Symposium of Theoretical Physics and Biology) en que se lleg&oacute; al consensus de que la radiaci&oacute;n energ&eacute;tica concentrada en las pir&aacute;mides y en otras formas geom&eacute;tricas es una energ&iacute;a magn&eacute;tica producida por las part&iacute;culas nucleares hadr&oacute;n de los protones y neutrones procedentes de los cuerpos c&oacute;smicos. </p> </blockquote>     <p align="justify">Puesto que este acontecimiento se esgrime como un argumento persuasivo, procede que nos detengamos en &eacute;l. Desgraciadamente, el Dr. <em>Sosa </em> no emplea esta informaci&oacute;n con acuerdo a las exigencias de una discusi&oacute;n cient&iacute;fica rigurosa. Veamos. </p>     <p align="justify">Efectivamente, se realiz&oacute; este simposio sobre f&iacute;sica te&oacute;rica y biolog&iacute;a. Pero no se produjo en el a&ntilde;o 2000 sino en 1999. No se celebr&oacute; en Estados Unidos, sino en Kiev. No fue internacional sino organizado por dos instituciones locales y todos los miembros de los comit&eacute;s organizador y cient&iacute;fico eran ucranianos. Tres imprecisiones que pudieran considerarse laterales. Sin embargo, hay varias que no lo son. </p>     <p align="justify">En el simposio se presentaron 35 trabajos. Tanto el programa inicial detallado como el texto de todos los res&uacute;menes (no as&iacute; el de los trabajos completos) pueden encontrarse en Internet.<span class="superscript">23</span> S&oacute;lo en uno de esos 35 res&uacute;menes se menciona la <em>energ&iacute;a de las </em><em>formas </em>y se alude a las pir&aacute;mides. M&aacute;s concretamente, para la &uacute;ltima hora y media del &uacute;ltimo d&iacute;a del simposio se program&oacute; la exposici&oacute;n y discusi&oacute;n de cinco presentaciones orales; la que nos ocupa fue una de ellas. &iquest;Por qu&eacute; decir que se dedic&oacute; “gran espacio” a la discusi&oacute;n sobre la energ&iacute;a de las formas? &iquest;y con qu&eacute; fundamento se afirma que tras esa discusi&oacute;n se lleg&oacute; a una conclusi&oacute;n y a un consenso sobre la energ&iacute;a piramidal? Tales distorsiones son bastante serias y contribuyen a dificultar el desarrollo de un intercambio cient&iacute;fico fructuoso. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por otra parte, el hecho de que en una jornada cient&iacute;fica se haya presentado un trabajo en el que se defiende la energ&iacute;a de las formas o de las pir&aacute;mides no otorga, desde luego, ning&uacute;n g&eacute;nero de aval a nada. Mucho menos constituye una respuesta a las objeciones concretas de los f&iacute;sicos. En el mejor de los casos, s&oacute;lo pondr&iacute;a de manifiesto que hay otras personas que opinan del mismo modo que quienes han sido refutados por ellos. Ya vimos que aunque hubiese sido publicado incluso en la m&aacute;s prestigiosa revista, ello no bastar&iacute;a en s&iacute; mismo como argumento. </p>     <p align="justify">Cabe recalcar, sin embargo, que la publicaci&oacute;n de un art&iacute;culo, consiente por lo menos un escrutinio detallado. Es evidente y est&aacute; universalmente aceptado que las presentaciones orales (aunque fueran cientos, haya o no res&uacute;menes a los que se pueda acceder), si no han sido concretadas en publicaciones formales, susceptibles de ser detenidamente examinadas, no aportan elementos &uacute;tiles para el an&aacute;lisis. </p>     <p align="justify">Pero lo cierto es que el trabajo que ahora nos ocupa, simplemente, nunca ha sido publicado, ni ha sido citado en revista indexada alguna en los siete a&ntilde;os posteriores a su presentaci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Desafortunadamente, esto no es todo. A juzgar por la opini&oacute;n que personalmente me hiciera llegar poco tiempo atr&aacute;s el Doctor en Ciencias F&iacute;sicas y Matem&aacute;ticas <em>Sergey N. </em><em>Volkov, </em> organizador del simposio, y sobre todo por el resumen que figura en Internet, todo indica que la ponencia de <em>Adamenko </em> y <em>Levchook </em> no pase de ser una t&iacute;pica pieza de n&iacute;tido corte pseudocient&iacute;fico. En efecto, las pocas l&iacute;neas de que consta dicho resumen est&aacute;n plagadas de alusiones a descabelladas posibilidades, tales como que se puede burlar la ley de gravedad a trav&eacute;s de la telekinesis y la levitaci&oacute;n, y que se puede establecer comunicaci&oacute;n extrasensorial y conseguir curaci&oacute;n a distancia mediante un llamado “sexto sentido”. Y por si fuera poco, en la propia ponencia se reivindican los efectos de la “fusi&oacute;n fr&iacute;a” cuya escandalosa historia, como vimos, ya hab&iacute;a transitado por sus m&aacute;s deshonrosos pasajes en el momento en que se celebraba el simposio de Kiev. </p>     <p align="justify">A prop&oacute;sito de esto &uacute;ltimo, cabe intercalar que no es extra&ntilde;o que los autores de supercher&iacute;as acad&eacute;micas sobrevivan a su desenmascaramiento. Baste consignar que, aunque la abrumadora mayor&iacute;a de los cient&iacute;ficos recuerdan con rubor el episodio de la fusi&oacute;n fr&iacute;a, lo cierto es que pervivi&oacute; una especie de enfebrecida secta que ha seguido insistiendo en ello, procurando, y ocasionalmente consiguiendo, financiamiento, incluso hasta nuestros d&iacute;as. Tanto as&iacute;, que revistas del llamado “mainstream” (revistas de primer nivel) se ven obligadas a rechazar constantemente art&iacute;culos sobre el tema y, por ejemplo, dos de ellas, <em>Scientific American </em>y <em>Nature</em>, publicaron sendos art&iacute;culos en marzo y octubre de 2005, respectivamente, denunciando una vez m&aacute;s la patra&ntilde;a. </p>     <p align="justify">En enero de 2006, varios &oacute;rganos de prensa de m&aacute;xima influencia (por ejemplo <em>The Washington Post</em>, <em>The Guardian </em>y la revista <em>Time</em>) publicaron nuevos art&iacute;culos advirtiendo a los ne&oacute;fitos que la farsa estaba de antiguo desenmascarada. </p> <h6>El legado de <em>Ronald Fisher </em></h6>     <p align="justify">Hace unos a&ntilde;os opin&eacute;<span class="superscript">24</span> que prestar mec&aacute;nica atenci&oacute;n a toda propuesta terap&eacute;utica, por descabellada e infundada que sea, no ser&iacute;a una regla de conducta racional, aunque s&oacute;lo fuera por mero af&aacute;n de ahorrar recursos humanos y materiales. Agregu&eacute; que, sin embargo, en ciertas circunstancias, pudiera ser aconsejable valorar rigurosamente y con est&aacute;ndares demarcatorios indiscutibles algunas de ellas, especialmente cuando han alcanzado notoriedad o implantaci&oacute;n social y cuando los procedimientos valorativos no resulten onerosos. Se&ntilde;al&eacute; finalmente que, aunque no tuvieran m&aacute;s cimiento que el testimonio reiterado de sus virtudes, ocasionalmente pudieran contener elementos de verdad, lo cual pudiera justificar dicho esfuerzo valorativo. </p>     <p align="justify">Creo que en este caso, adem&aacute;s de reclamar que se encauce el debate llamado a cubrir las numerosas lagunas conceptuales y emp&iacute;ricas que se han se&ntilde;alado sobre la existencia de la energ&iacute;a piramidal y sobre la validez de las terapias asociadas, procede que se realicen algunas experiencias independientes debidamente protocolizadas. </p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n ser&iacute;a muy atractivo que se realizaran esfuerzos conjuntos en esa direcci&oacute;n. Con ello se contribuir&iacute;a, bien a fundamentar mejor su posible viabilidad, bien a conjurar los riesgos que su aplicaci&oacute;n pudiera entra&ntilde;ar para quienes aplazan el empleo de recursos terap&eacute;uticos convencionales o prescinden de ellos. </p>     <p>En la citada respuesta a los f&iacute;sicos, se plantea:<span class="superscript">1</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify">No creo que debiera existir pol&eacute;mica alguna entre f&iacute;sicos y m&eacute;dicos sobre este tema. Al contrario, deber&iacute;amos aunar esfuerzos para lograr demostrar de una vez y por todas, que este efecto o energ&iacute;a o como quieran llamarlo es efectivo. </p> </blockquote>     <p align="justify">Aunar esfuerzos para desestancar la pol&eacute;mica y prosperar en el conocimiento me parece una magn&iacute;fica propuesta del Dr. <em>Sosa. </em> Si el desenlace de ese empe&ntilde;o conjunto contribuyera a fundamentar que la energ&iacute;a existe y/o de que su influencia es efectiva para resolver algunos problemas, se habr&aacute; llegado a una situaci&oacute;n sumamente interesante y promisoria. Sin embargo, tal esfuerzo realizado en com&uacute;n tiene sentido precisamente porque no se pueden garantizar de antemano sus resultados, y porque unos y otros experimentadores abrigar&iacute;an expectativas muy diferentes. Por otra parte, cualquiera sea el desenlace de dichas experiencias, resulta aventurado vaticinar que el asunto quedar&iacute;a zanjado “de una vez y por todas”; la historia prueba que s&oacute;lo la paciente acumulaci&oacute;n de datos y evidencias puede ir perfeccionando las representaciones que la ciencia hace de la realidad objetiva. </p>     <p align="justify">En este caso se dan condiciones especialmente favorables para la experimentaci&oacute;n, ya que, por ejemplo, valorar si las bater&iacute;as alcalinas agotadas recuperan o no su capacidad tras ser colocadas dentro de una pir&aacute;mide de cartulina es algo muy f&aacute;cil de evaluar con un volt&iacute;metro, no ofrece barrera &eacute;tica alguna y est&aacute; eliminado el peligro de un efecto placebo. La mera lectura de los manuales sobre energ&iacute;a piramidal permite concebir muchos otros experimentos igualmente simples y &uacute;tiles para valorarla que no exigen en principio la participaci&oacute;n de pacientes. </p>     <p align="justify">Tal es el caso, por poner un solo ejemplo, de la obtenci&oacute;n de <em>agua piramidal</em>. Con ese fin, los investigadores podr&iacute;an emular la celeb&eacute;rrima y emblem&aacute;tica propuesta que en 1929 hiciera el eminente estad&iacute;stico Sir <em>Ronald Fisher, </em> pionero en la teor&iacute;a del dise&ntilde;o experimental, para evaluar si cierta dama, despu&eacute;s de probar un t&eacute; con leche, ten&iacute;a o no el don de identificar el orden en que los dos ingredientes fueron vertidos dentro de la taza (v&eacute;ase el reciente libro de <em>David Salsburg </em> inspirado en la famosa metodolog&iacute;a introducida por <em>Fisher</em>).<span class="superscript">25</span> </p>     <p align="justify">Bastar&iacute;a mantener bajo la pir&aacute;mide durante cierto lapso convenido (24 h, en opini&oacute;n de <em>Sosa </em>) cierto n&uacute;mero de recipientes con agua –por ejemplo, 50- y luego preparar un n&uacute;mero igual de recipientes no sometidos al supuesto influjo de la pir&aacute;mide. </p>     <p align="justify">Tras aleatorizar el orden de las 100 muestras y, habiendo puesto a buen resguardo los c&oacute;digos que identifican una y otra condici&oacute;n, entregarlas en su totalidad a los especialistas en pir&aacute;mides. Transcurrido cierto lapso tambi&eacute;n convenido -un par de d&iacute;as o una semana- durante el cual aplicar&iacute;an la <em>radioestesia</em>, la prueba de la carne arriba descrita o el procedimiento que deseen, ellos comunicar&iacute;an cu&aacute;les hab&iacute;an sido colocadas bajo la pir&aacute;mide y cu&aacute;les no. El cotejo p&uacute;blico entre tal comunicaci&oacute;n y el contenido del sobre permitir&aacute; valorar n&iacute;tidamente la hip&oacute;tesis y prosperar en la configuraci&oacute;n del juicio que nos merezca. </p> <h4>Una nota final </h4>     <p>“A los acad&eacute;micos se les paga por ser l&uacute;cidos, no por estar en lo cierto” reza un conocido aforismo debido a <em>Donald Norman, </em> Profesor Em&eacute;rito de la <em>Universidad </em><em> de California</em>. Vale decir: en el marco de la ciencia, errar es una contingencia natural; lo que no cabe admitir es la falta de rigor. </p>     <p align="justify">Con mucha frecuencia surgen criterios encontrados, ideas o reportes novedosos que son contradictorios en una u otra medida con puntos de vista prevalecientes. Llegar a un criterio universalmente aceptado puede tomar tiempo. Nuestro deber es resolver esas contradicciones con la mayor celeridad posible, y lo m&aacute;s importante es aprender que la ruta cr&iacute;tica para ello pasa por principios tales como la transparencia de los protocolos de investigaci&oacute;n, el respeto por el hilo l&oacute;gico de la discusi&oacute;n, la pulcritud en las citas y el cumplimiento, en fin, de las reglas que mejor han funcionado a lo largo de los siglos. </p>     <p align="justify">Particularmente importante es comprender que un debate cient&iacute;fico debe dejar fuera todo calificativo o ataque personal y desarrollarse en un marco de respeto: quienes dudan de un resultado o teor&iacute;a, o creen que est&aacute;n ante una expresi&oacute;n de pseudociencia, est&aacute;n en el deber de hacer respetuosamente las preguntas o los juicios conceptuales que consideren pertinentes a la vez que deben abstenerse de emitir opiniones sobre los autores del resultado criticado (salvo, claro est&aacute;, que posean pruebas de que han cometido fraude); cuando a un cient&iacute;fico se le formulan objeciones o preguntas bien delimitadas, lo &uacute;nico que corresponde a este es contestarlas honradamente y teniendo en cuenta que, al atacar a las personas que las formulan, s&oacute;lo se consigue enrarecer y entorpecer la discusi&oacute;n, adem&aacute;s de poner de manifiesto la precariedad de argumentaciones de quien lo hace. </p> <h4>Summary</h4> <h6>Rules for scientific debate: reflections derived from pyramidal energy controversy </h6>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">For some years, news have been spread in the Cuban press and some scientific milieus about the properties and benefits – particularly as a therapeutic resource – of the so-called pyramidal energy, which is deemed to be astonishing by its own promoters. The topics have prompted reactions of apprehension or open criticism, which in turn have paved the way for scientific debate. Unfortunately, this debate has not always been conducted according to generally accepted rules in the realm of science. Our objective is not to intervene in this controversy, but to contribute to strengthen the general scientific culture of which the capacity for rational scientific debate is a key component. The use of a transparent language, the reasoned exchange of arguments along a logical path of discussion, the integrity and rigor in quoting references and the responsibility that scientists acquire when they either make or judge innovative proposals are some of the aspects that this paper is meant to reflect on. </p>     <p><span class="Estilo1"><em>Key words</em>: </span>Pyramidal energy, scientific debate.</p> <h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas<a href="#llamado">*</a><a name="referencia"></a> <strong>&nbsp; </strong></h4>     <!-- ref --><p>1. Sosa Salinas U. Energ&iacute;a Piramidal Terap&eacute;utica. &iquest;Mito o realidad? [serie en Internet]. [citada Mar 2006]. Disponible en: <a href="http://www.bvs.sld.cu/libros/energia_piramidal/indice_p">http://www.bvs.sld.cu/libros/energia_piramidal/indice_p.htm </a><!-- ref --><p>2. Pradas T. Energ&iacute;a Piramidal. Los Faraones de C&aacute;rdenas. Bohemia. 1998; 90(2):24-7. <!-- ref --><p>3. Ati&eacute;nzar E. Los &quot;misterios&quot; de la pir&aacute;mide. Peri&oacute;dico Granma, 14 de febrero de 2001. <!-- ref --><p>4. Fern&aacute;ndez L. M&aacute;s all&aacute; del enigma fara&oacute;nico. Peri&oacute;dico El Habanero, 2001 [serie en Internet]. [citada Mar 2006]. Disponible en: <a href="http://www.elhabanero.cubaweb.cu/2001/octubre/nro210_01oct/cienc_1oct042.html%20">http://www.elhabanero.cubaweb.cu/2001/octubre/nro210_01oct/cienc_1oct042.html </a><!-- ref --><p>5. Alemany E. &iquest;Creer en cuatro varillas? <em></em>Peri&oacute;dico El guerrillero, 17 de julio de 2004 [serie en Internet]. [citada Mar 2006]. Disponible en: <a href="http://www.guerrillero.co.cu/pinardelrio/2004/julio/creer.htm%20">http://www.guerrillero.co.cu/pinardelrio/2004/julio/creer.htm </a><!-- ref --><p>6. Sosa U, Castro A, Salles G. Terap&eacute;utica piramidal en Ortopedia, &iquest;mito o realidad? <em></em>Rev Cubana Ortop Traumatol. 1999;13(1-2):83-9. <!-- ref --><p>7. Orbera L. 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La Habana, Cuba. e-mail: <a href="mailto:lcsilva@infomed.sld.cu">lcsilva@infomed.sld.cu </a></p>     <p><span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">Doctor en Ciencias. Acad&eacute;mico Titular. </a><a name="cargo"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#referencia">*Nota: habida cuenta de labilidad de algunas p&aacute;ginas web, el lector puede dirigirse al autor si desea recibir por correo electr&oacute;nico cualquiera de los materiales procedentes de Internet que hayan sido citados en este trabajo.</a><a name="llamado"></a> </p>      ]]></body><back>
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