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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>ART&Iacute;CULO </b></font>      <P>     <P> <font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>E</b><strong>l    mosquito hipot&eacute;ticamente considerado como agente de transmisi&oacute;n    de la fiebre amarilla<a href="#da">*</a></strong></font>    <a name="nr"></a>     <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>    <br>   </b></font>     <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>     <br>   The mosquito, hypothetically considered as the yellow fever-borne agent </b></font>     <P>      <P>     <P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>     <P>     <P>      <P>      <P>      <P>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Carlos J. Finlay</b></font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Acad&eacute;mico    de N&uacute;mero. Real Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y    Naturales de La Habana, Cuba.</font>      <P>     <P>&nbsp;     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <hr size="1" noshade>     <P>     <P>     <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Algunos a&ntilde;os    ha, en este mismo lugar, tuve la honra de exponer el resultado de mis ensayos    alcal&iacute;metros, con los que creo haber demostrado definitivamente la excesiva    alcalinidad que presenta la atm&oacute;sfera de La Habana. Quiz&aacute;s recuerden    algunos de los Acad&eacute;micos aqu&iacute; presentes las relaciones conjeturales    que cre&iacute; poder se&ntilde;alar entre ese hecho y el desarrollo de la fiebre    amarilla en Cuba. Pero de entonces ac&aacute; mucho se ha trabajado, se han    reunido datos m&aacute;s exactos y la etiolog&iacute;a de la fiebre amarilla    ha podido ser estudiada m&aacute;s met&oacute;dicamente que en &eacute;pocas    anteriores. De aqu&iacute; que yo me haya convencido de que precisamente ha    de ser insostenible cualquiera teor&iacute;a que atribuya el origen o la propagaci&oacute;n    de esa enfermedad a influencias atmosf&eacute;ricas, miasm&aacute;ticas, meteorol&oacute;gicas,    ni tampoco al desaseo ni al descuido de medidas higi&eacute;nicas generales.    He debido, pues, abandonar mis primitivas creencias; y al manifestarlo aqu&iacute;,    he querido en cierto modo justificar ese cambio en mis opiniones sometiendo    a la apreciaci&oacute;n de mis distinguidos colegas una nueva serie de estudios    experimentales que he emprendido con el fin de descubrir el modo de propagarse    la fiebre amarilla. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debo advertir,    empero, que el asunto de este trabajo, nada tiene que ver con la naturaleza    o la forma en que puede existir la causa morb&iacute;gena de la fiebre amarilla;    me limito a admitir la existencia de una causa material transportable, que podr&aacute;    ser un virus amorfo, un germen animal o vegetal, una bacteria, etc; pero que    contribuye, en todo caso, un algo tangible que ha de comunicarse del enfermo    al hombre sano para que la enfermedad se propague. Lo que me propongo es estudiar    el <I>medio</I> por el cual la materia morb&iacute;gena de la fiebre amarilla    se desprende del cuerpo del enfermo y se implanta en el hombre sano. La necesidad    de admitir una intervenci&oacute;n extra&ntilde;a a la enfermedad para que esta    se trasmita, resulta de numerosas consideraciones, algunas de ellas formuladas    ya por Rush y Humboldt, a principios del siglo, y confirmadas luego por observaciones    m&aacute;s recientes. La fiebre amarilla unas veces atraviesa el Oc&eacute;ano    para ir a propagarse a ciudades muy distantes y de condiciones meteorol&oacute;gicas    muy diferentes de las del foco de donde ha provenido la infectaci&oacute;n;    mientras que en otras ocasiones la misma enfermedad deja de transmitirse fuera    de una zona epid&eacute;mica estrecha, por m&aacute;s que la meteorolog&iacute;a    y la topograf&iacute;a de los lugares circunvecinos no revelen    diferencias que expliquen ese comportamiento tan diverso de la misma enfermedad    en dos localidades, al parecer, iguales. Admitida la ingerencia necesaria de    un agente de transmisi&oacute;n que explicara las anomal&iacute;as se&ntilde;aladas,    es claro que sobre ese agente habr&iacute;a de recaer la influencia de todas    las condiciones hasta ahora reconocidas como esenciales para que la fiebre amarilla    se propague. No era, pues, posible buscar ese agente entre los microzoarios    ni los zo&oacute;fitos, porque en esas categor&iacute;as &iacute;nfimas de la    naturaleza animada, poco o nada influyen las variaciones metereol&oacute;gicas    que m&aacute;s suelen afectar el desarrollo de la fiebre amarilla. Para llenar    esta primera condici&oacute;n fue preciso ascender hasta la clase de los insectos,    y, teniendo en cuenta que la fiebre amarilla est&aacute; caracterizada cl&iacute;nica    y tambi&eacute;n, seg&uacute;n trabajos recientes, histol&oacute;gicamente,    por lesiones vasculares y alteraciones f&iacute;sico-qu&iacute;micas de la sangre,    parec&iacute;a natural buscar el insecto que hubiera de llevar las part&iacute;culas    infectantes del enfermo al hombre sano entre aquellos que penetran hasta el    interior de los vasos sangu&iacute;neos para chupar la sangre humana. En fin,    en virtud de consideraciones que fuera ocioso referir, llegu&eacute; a preguntarme    si no ser&iacute;a el mosquito el que transm&iacute;te la fiebre amarilla. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tal fue la hip&oacute;tesis    que motiv&oacute; la serie de estudios experimentales que voy a exponer&#133;    </font>      <P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es cierto que el    mosquito en todas las latitudes existe, m&aacute;s no en todas las localidades    se encuentra en igual abundancia. Alejandro Humboldt y Bonpland, en sus viajes    a la Am&eacute;rica esquinoccial, dicen: &quot;El tormento de los mosquitos    y de los zancudos no es tan general bajo la zona t&oacute;rrida como se cree    generalmente. En las mesetas elevadas de 400 toesas sobre el nivel del Oc&eacute;ano,    en las muy secas llanuras distantes de los grandes r&iacute;os, por ejemplo,    Cuman&aacute; y Calabozo, no hay sensiblemente m&aacute;s maringuinos que en    la parte m&aacute;s habitada de Europa&quot;. La influencia de la sequedad y    distancia de los r&iacute;os, se&ntilde;alada por esos viajeros, desde luego    se comprende, toda vez que la larva del mosquito y su ninfa son acu&aacute;ticas,    y que, para propagarse, el insecto adulto tiene que depositar sus huevos en    el agua. En cuanto al impedimento que las alturas oponen a su propagaci&oacute;n,    estimo que ser&aacute; consecuencia de la misma dificultad que esos d&iacute;pteros    siempre experimentan en el vuelo ascendente despu&eacute;s de haberse llenado    de sangre, m&aacute;xime si se trata de especies como la del <i>C.</i> <I>mosquito</I>,    cuyos alas son tan peque&ntilde;as, puesto que esa dificultad no podr&aacute;    menos que aumentar por efecto de la rarefacci&oacute;n del aire en las alturas    considerables. En tal caso, se comprende que el mosquito se aparte instintivamente    de esos lugares. Tambi&eacute;n refieren los viajeros antes citados que el buen    misionero Bernardo Zea se hab&iacute;a construido una habitaci&oacute;n sobre    un tablado de troncos de palma, donde ellos iban por las noches a secar las    plantas que hab&iacute;an recogido y a redactar su Diario. &quot;El misionero    hab&iacute;a observado con raz&oacute;n, dicen, que los insectos abundan com&uacute;nmente    en la capa m&aacute;s baja de la atm&oacute;sfera, que se acerca de la tierra    hasta unos 12 &oacute; 15 pies de altura&quot;. M&aacute;s adelante agregan    esos autores: &quot;a medida que se sube hacia la llanura o meseta de los Andes    estos insectos desaparecen y all&iacute; se respira un aire puro&#133; a doscientas    toesas de altura ya no se temen los zancudos o musticos&quot;. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hist&oacute;ricamente    el mosquito es uno de los insectos m&aacute;s antiguos observados. Arist&oacute;teles    y Plinio hacen referencia a su trompa, que sirve a la vez para horadar la piel    y chupar la sangre. El historiador griego Pausanias (citado por Tachenberg)    menciona la ciudad de Myus, en Asia menor, situada en una ensenada cuya comunicaci&oacute;n    con el mar vino a cerrarse luego; cuando el agua del lago que as&iacute; se    formara dej&oacute; de ser salada, result&oacute; tal plaga de mosquitos que    los habitantes abandonaron la ciudad y se trasladaron a Mileto. As&iacute; tambi&eacute;n,    leemos en las D&eacute;cadas de Herrera que Juan Grijalva, cuando por primera    vez descubri&oacute; las costas de Nueva Espa&ntilde;a, el a&ntilde;o de 1518,    hubo de ocupar con su gente la isleta que nombr&oacute; San Juan de Ul&uacute;a,    teniendo que hacer sus chozas &quot;encima de los m&aacute;s altos medanos de    arena de la isleta, por huir de la importunidad de los mosquitos&quot;. De all&iacute;    mismo tuvo luego que salir al cabo de siete d&iacute;as, &quot;no se pudieron    valer de los mosquitos&quot;, y Bernal D&iacute;az del Castillo tuvo que irse    a unos adoratorios de los indios, &quot;huyendo de la molestia de los mosquitos&quot;.    En fin, en 1519, casi en el mismo sitio donde hoy se levanta la moderna Veracruz    &quot;los mosquitos zancudos, dice Herrera, y los chicos que son peores, fatigaban    la gente de Cort&eacute;s&quot;&#133; </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sabido es que s&oacute;lo    la hembra del mosquito es la que pica y chupa la sangre, mientras que el macho    se sustenta con jugos vegetales, principalmente los dulces, pero hasta ahora    no he visto se&ntilde;alado en los autores que han escrito sobre el asunto la    circunstancia de que tampoco la hembra pica antes de haber sido fecundada por    el macho. Esto, al menos, es lo que parece deducirse de los experimentos siguientes:    </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una hembra del    <I>C. mosquito</I>, cogida al salir de la ninfa y conservada dos o tres d&iacute;as    viva, en todo ese tiempo no se la puede hacer picar. Varias veces he repetido    este experimento y siempre el resultado ha sido negativo. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las hembras aprisionadas    en el acto de la fecundaci&oacute;n, al separarse del macho pican enseguida    y se llenan de sangre. </font>     <P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En fin, casi todas    las hembras cogidas despu&eacute;s de haberse saciado de sangre, al cabo de    algunos d&iacute;as ponen huevos, mientras que las fecundadas que no llegan    a chupar la sangre mueren sin poner. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No es, por consiguiente,    para su propio sustento que la hembra del mosquito se muestra &aacute;vida de    sangre viva; y, en efecto, no se concebir&iacute;a c&oacute;mo, para sustentar    un cuerpo tan diminuto, habr&iacute;a de necesitarse cantidad tan enorme de    un alimento tan rico como la sangre pura. Era, pues, forzoso admitir que la    sangre ingerida estar&iacute;a destinada a otros fines, relacionados con la    propagaci&oacute;n de la especie. Me inclino a suponer, como la m&aacute;s natural    de mis hip&oacute;tesis, que la influencia de la sangre es debida a su temperatura    porque as&iacute; se comprende que si la maduraci&oacute;n de los &oacute;vulos    contenidos en los ovarios del mosquito hembra requiriese una temperatura de    <font color="#000000">37<SUP>o</SUP>C,</font> &eacute;sta, en las condiciones    meteorol&oacute;gicas de nuestra Isla, dif&iacute;cilmente podr&iacute;a obtenerse    con tanta seguridad y certeza como por el medio empleado por el mosquito ingiriendo    un volumen de sangre considerable de la temperatura necesaria, y quiz&aacute;,    alguna vez convenga al mosquito elegir para sus fines alg&uacute;n febricitante    cuya sangre de<font color="#000000"> 39<SUP>o</SUP>C a 40<SUP>o</SUP> </font>active    m&aacute;s a&uacute;n el momento de la aovaci&oacute;n. As&iacute; tambi&eacute;n    se comprende por qu&eacute; el zancudo y otros mosquitos grandes pueden absorber    en una sola vez toda la sangre necesaria para madurar con su calor todos los    200 a 350 huevos que han de poner y efectivamente ponen en una sola postura;    mientras que las especies m&aacute;s peque&ntilde;as, como el <I>C. mosquito</I>,    necesitan llenarse varias veces de sangre para empezar a poner y, por lo regular,    hacen la aovaci&oacute;n en dos o tres sesiones. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una vez que el    mosquito hembra se ha saciado de sangre emplea dos, tres, y hasta cuatro d&iacute;as,    seg&uacute;n las especies, en digerirla; durante cuyo tiempo, escondida de las    miradas indiscretas, se pasa horas enteras en unas operaciones curiosas que    R&eacute;aumur no supo explicarse, porque solo las observ&oacute; en el estado    de libertad. Aprisionadas en tubos de vidrio, es f&aacute;cil cerciorarse de    que esos movimientos consisten en embarrarse todo el cuerpo con una secreci&oacute;n    viscosa que el mosquito recoge de la extremidad del ano con sus patas traseras    y se unta con ellas todo el cuerpo: cada pata por separado, el abdomen, las    alas, el t&oacute;rax, la cabeza y hasta la misma trompa. Como me ha sugerido    nuestro distinguido acad&eacute;mico, <I>facile princeps</I> entre los naturalistas    cubanos, D. Felipe Poey, esta operaci&oacute;n es probable que tenga por objeto    hacer impermeable a la hembra del mosquito para cuando vaya a poner sus huevos    sobre el agua. Tambi&eacute;n durante la digesti&oacute;n de la sangre ingerida    depone el mosquito part&iacute;culas sanguinolentas, que tienen la facultad    de disolverse con extraordinaria facilidad en el agua, aun despu&eacute;s de    haber permanecido secas durante varios meses. Esto se debe sin duda a la combinaci&oacute;n    de la sangre con la saliva que el insecto vierte en la herida, destinada, seg&uacute;n    opini&oacute;n general, a dar mayor fluidez a la sangre que est&aacute; chupando.    Por lo regular, despu&eacute;s de haber ingerido toda la sangre que corresponde    a una picada no interrumpida, el mosquito no vuelve a picar, antes al contrario,    evita ponerse sobre la piel desnuda (sin duda porque le desagrada entonces el    calor), hasta haber digerido toda la sangre. Este es el momento de la aovaci&oacute;n    en el zancudo&#133; </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es evidente que    desde el punto de vista en que estoy considerando el mosquito, la especie <I>C.    mosquito</I> se encuentra en condiciones admirables de aptitud para llevar de    un individuo a otro una enfermedad que fuese transmisible por medio de la sangre,    toda vez que tiene m&uacute;ltiples ocasiones de chupar sangre de distintas    procedencias y tambi&eacute;n de inficionar a distintos individuos, aumentando    notablemente las probabilidades de que su picada pueda reunir las coincidencias    necesarias para que se realice la transmisi&oacute;n. Por otro lado, el <I>C.    cubensis</I>, al absorber por su trompa mayor cantidad de sangre virulenta,    deber&aacute; quedar m&aacute;s impregnada y en condici&oacute;n de producir    una inoculaci&oacute;n m&aacute;s grave, m&aacute;xime si &eacute;sta se efect&uacute;a    a los pocos instantes de haber salido las lancetas de la zancuda del vaso capilar    de un enfermo, como habr&aacute; de suceder cuando la primera picada ha sido    interrumpida. Aqu&iacute;, pues, ser&aacute; m&aacute;s grave la infecci&oacute;n,    pero menos probable su ocurrencia&#133; </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sabido es que los    mosquitos, aunque nunca desaparecen del todo en La Habana, tienen sin embargo    &eacute;pocas estacionales en que son mucho m&aacute;s numerosos que en otras.    Su n&uacute;mero me ha parecido aumentar progresivamente desde abril o mayo    hasta agosto, para de all&iacute; decrecer gradualmente hasta febrero y marzo.    Pero hay un punto relativo al estudio que venimos haciendo que no es posible    desatender por raz&oacute;n de las numerosas aplicaciones que puede tener en    ciertos casos, hasta ahora inexplicados, de reproducci&oacute;n de epidemias    de fiebre amarilla, sin nueva importaci&oacute;n, en localidades hasta entonces    consideradas inmunes. Me refiero a la hibernaci&oacute;n del mosquito, fen&oacute;meno    que no se observa en nuestro clima, al menos en todas sus fases, pero que constituye,    seg&uacute;n las m&aacute;s autorizadas opiniones, el modo regular de propagarse    la especie en los climas fr&iacute;os. Dice, en efecto, el Dr. Taschenberg:    &quot;las hembras fecundadas de la &uacute;ltima generaci&oacute;n hibernan    en los m&aacute;s diversos escondrijos, principalmente en las cuevas de las    casas, para luego propagar su especie en la siguiente primavera&quot;. </font>      <P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cuanto a las    condiciones que favorecen el desarrollo de los mosquitos citar&eacute; el calor,    la humedad, la presencia de aguas estancadas, las localidades bajas y obscuras,    la ausencia de viento y la estaci&oacute;n del verano; pero no estar&aacute;    de m&aacute;s recordar la observaci&oacute;n de Humboldt, de que la abundancia    de los mosquitos no siempre obedece a condiciones meteorol&oacute;gicas ni topogr&aacute;ficas    determinadas. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">He hablado ya de    la dificultad que el mosquito, por motivo de sus alas relativamente peque&ntilde;as,    necesariamente ha de experimentar para elevarse en el aire despu&eacute;s de    haberse saciado de sangre. La misma causa impedir&aacute; tambi&eacute;n que    el mosquito se aparte mucho del lugar donde haya efectuado su &uacute;ltima    picada y, en general, que pueda mantenerse mucho tiempo en el aire, ni trasladarse    a distancias considerables, sin posarse. Mas esto no se opone a que, escondido    entre la ropa, en un sombrero, en una maleta de viaje, etc., el mosquito despu&eacute;s    de una picada reciente, puede ser transportado a grandes distancias, llevando    quiz&aacute;, en sus lancetas, el germen inoculable de la enfermedad&#133; </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hecha esta larga,    pero necesaria explicaci&oacute;n de los h&aacute;bitos de nuestros mosquitos    de Cuba y del <I>C. mosquito</I> en particular, veamos &#191;de qu&eacute; medios    podr&iacute;a valerse el mosquito para comunicar la fiebre amarilla si esta    enfermedad fuese realmente transmisible por la inoculaci&oacute;n de la sangre?    Lo m&aacute;s natural, al hacernos esta pregunta, es pensar en la sangre virulenta    que el mosquito ha chupado a un enfermo de fiebre amarilla y que puede ascender    a cinco hasta siete u ocho mil&iacute;metros c&uacute;bicos, los mismos que,    si el mosquito muriese antes de haberlos digerido, quedar&iacute;an excelentes    condiciones para conservar durante largo tiempo sus propiedades infectantes.    Tambi&eacute;n podr&iacute;a pensarse, sin duda, en la misma sangre que en forma    de excremento, deponen los mosquitos en las aguas potables y otras, y que bien    pudiera llevar la infecci&oacute;n si esta fuese susceptible de introducirse    por la boca. Pero los experimentos de Firth y ciertas consideraciones directamente    enlazadas con mi modo de apreciar la patogenia de la fiebre amarilla no me permit&iacute;an    detenerme en ninguno de esos modos de propagaci&oacute;n. Voy a decir por qu&eacute;.    Cuando la Comisi&oacute;n Norte Americana de Fiebre Amarilla al despedirse de    nosotros, ahora dos a&ntilde;os, dej&oacute; su valiosa colecci&oacute;n de    fotograf&iacute;as de las preparaciones microsc&oacute;picas hechas por nuestro    socio corresponsal el Dr. Sternberg, lo que m&aacute;s llam&oacute; mi atenci&oacute;n    fue la circunstancia all&iacute; demostrada de que los gl&oacute;bulos rojos    de la sangre salen enteros en las hemorragias de la fiebre amarilla; y como    quiera que esas hemorragias se efect&uacute;an a veces sin rotura perceptible    de los vasos, era forzosa la deducci&oacute;n de que, siendo este s&iacute;ntoma    el car&aacute;cter cl&iacute;nico m&aacute;s esencial de la enfermedad, habr&aacute;    que buscarse la lesi&oacute;n principal en el endotelio vascular. Pensando luego    en las circunstancias de que la fiebre amarilla es transmisible, que no ataca    sino una vez a un mismo individuo, y que siempre presenta en sus manifestaciones,    un orden regular como el de las fiebres eruptivas, llegu&eacute; a formarme    una hip&oacute;tesis en la que consideraba esa enfermedad como una fiebre eruptiva    cuya erupci&oacute;n se hiciese en el endotelio vascular. El primer per&iacute;odo    ser&iacute;a el de la fiebre de invasi&oacute;n, la remisi&oacute;n coincidir&iacute;a    con el per&iacute;odo de erupci&oacute;n, y el tercer per&iacute;odo ser&iacute;a    el de descamaci&oacute;n. Si esta se efect&uacute;a en buenas condiciones, el    enfermo solo presentar&aacute; los indicios de una filtraci&oacute;n exagerada    de algunos elementos de la sangre al trav&eacute;s del endotelio; si en malas,    el endotelio, mal repuesto, no podr&aacute; impedir la salida de los elementos    figurados de la sangre, vendr&aacute;n las hemorragias pasivas y habr&aacute;    peligro inminente para el paciente. En fin, asimilando esta enfermedad a la    viruela y a la vacuna, me dije que para inocularla, habr&iacute;a que ir a buscar    la materia inoculable en el interior de los vasos de un enfermo de fiebre amarilla    y llevarla al interior de un vaso sangu&iacute;neo de otro individuo en aptitud    de recibir la inoculaci&oacute;n. Condiciones todas que el mosquito realiza    admirablemente con su picada y que ser&iacute;a punto menos que imposible a    nuestras manos imitar, con los instrumentos comparativamente toscos y groseros    que puede producir el m&aacute;s h&aacute;bil de nuestros artesanos. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tres condiciones    ser&aacute;n necesarias para que la fiebre amarilla se propague: 1&#170; Existencia    de un enfermo de fiebre en cuyos capilares el mosquito pueda clavar sus lancetas    e impregnarlas de part&iacute;culas virulentas, en el per&iacute;odo adecuado    de la enfermedad; 2&#170; Prolongaci&oacute;n de la vida del mosquito entre    la picada hecha en el enfermo y la que deba reproducir la enfermedad, y 3&#170;    Coincidencia de que sea un sujeto apto para contraer la enfermedad alguno de    los que el mismo mosquito vaya a picar despu&eacute;s. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La primera de estas    condiciones, desde que el Dr. A. Ambrosio G. del Valle ha comenzado a publicar    sus valiosas tablas mortuorias, puede asegurarse que jam&aacute;s ha dejado    de hallarse realizada en La Habana; en cuanto a la 2&#170; y la 3&#170;, es    evidente que las probabilidades de que resulten cumplidas depender&aacute;n    de la abundancia de los mosquitos y del n&uacute;mero de individuos susceptibles    de recibir la inoculaci&oacute;n que se encuentren en la localidad. Creo que,    efectivamente, en la Habana han coincidido siempre las tres condiciones se&ntilde;aladas    los a&ntilde;os en que la fiebre amarilla ha hecho sus mayores estragos. </font>     <P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tal es mi teor&iacute;a,    se&ntilde;ores, y en verdad ella ha venido a robustecerse singularmente con    las numerosas coincidencias hist&oacute;ricas, geogr&aacute;ficas, etnol&oacute;gicas    y meteorol&oacute;gicas que ocurren entre los datos que se refieren al mosquito    y los que tenemos acerca de la fiebre amarilla, y tambi&eacute;n con la circunstancia    de que podemos con su auxilio explicar circunstancias hasta ahora inexplicables    por las teor&iacute;as existentes. La fiebre amarilla no fue conocida en la    raza blanca hasta despu&eacute;s del descubrimiento de Am&eacute;rica, y seg&uacute;n    Humboldt, es opini&oacute;n tradicional en Veracruz que all&iacute; ha existido    esa enfermedad desde que vinieron a sus playas los primeros exploradores espa&ntilde;oles.    All&iacute; tambi&eacute;n hemos visto que los espa&ntilde;oles desde su primera    venida se&ntilde;alaron la presencia de mosquitos, y, con m&aacute;s insistencia    que en ning&uacute;n otro lugar de Am&eacute;rica, en los mismos arenales de    San Juan de Ul&uacute;a. Las razas m&aacute;s expuestas a padecer la fiebre    amarilla son tambi&eacute;n las que sufren de las picadas de los mosquitos.    Las condiciones meteorol&oacute;gicas que m&aacute;s favorecen el desarrollo    de esa fiebre son las mismas que acrecientan el n&uacute;mero de los mosquitos;    en abono de cuyo aserto puedo citar varias epidemias parciales respecto de las    cuales se afirma, bajo la garant&iacute;a de m&eacute;dicos competentes, que    durante la prevalencia de la fiebre amarilla, los mosquitos hab&iacute;an sido    mucho m&aacute;s numerosos que en &eacute;pocas pasadas, haci&eacute;ndose constar,    en un caso, que los mosquitos eran de especie distinta de las que all&iacute;    sol&iacute;an observarse, y que llevaban unas manchas grises en el cuerpo. Respecto    a la topograf&iacute;a de la fiebre amarilla, el mismo Humboldt, que se&ntilde;ala    las alturas donde suelen llegar los mosquitos, en otro lugar menciona los l&iacute;mites    de elevaci&oacute;n hasta donde suele propagarse la fiebre amarilla. En fin,    en el caso muy notorio del vapor de los Estados Unidos &#171;Plymouth&#187;,    en que dos casos de fiebre amarilla se desarrollaron en alta mar despu&eacute;s    de haber sido desinfectado y congelado el buque durante todo el invierno, y    de haber transcurrido cuatro meses desde el &uacute;ltimo caso observado a bordo,    en el mes de noviembre anterior, se explica perfectamente por la hibernaci&oacute;n    de aquellos mosquitos que hubiesen picado a los anteriores casos de v&oacute;mito    y luego, encontr&aacute;ndose otra vez bajo una temperatura tropical, volvieron    a salir de su letargo y picaron a dos de los nuevos tripulantes del buque. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Apoyado, pues,    en estas razones, determin&eacute; someter a prueba experimental mi teor&iacute;a,    y despu&eacute;s de obtener las debidas autorizaciones, proced&iacute; de la    manera siguiente: </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El 28 de junio    pr&oacute;ximo pasado, llev&eacute; a la casa de salud de Garcini un mosquito    cogido antes de que hubiera picado, y le hice picar y llenarse de sangre en    el brazo de un enfermo, D. Camilo Anca, que se hallaba en el quinto d&iacute;a    de fiebre amarilla, perfectamente caracterizada, y de cuya enfermedad falleci&oacute;    dos d&iacute;as despu&eacute;s. Habiendo luego elegido a F. B., uno de los veinte    individuos sanos no aclimatados a esa enfermedad, que se encuentran actualmente    sometidos a mi observaci&oacute;n, le hice picar, el 30 de junio, por el mismo    mosquito. Teniendo, entonces en cuenta que la incubaci&oacute;n de la fiebre    amarilla, comprobada en algunos casos especiales, var&iacute;a de uno a quince    d&iacute;as, segu&iacute; observando al citado F. B. El d&iacute;a 9 empez&oacute;    a sentirse mal, y el 14 entr&oacute; en el Hospital con una fiebre amarilla    benigna, pero perfectamente caracterizada por el &iacute;ctero y la presencia    de alb&uacute;mina en la orina, la cual persisti&oacute; desde el tercero hasta    el noveno d&iacute;a. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El d&iacute;a 16    de julio hice picar en la misma casa de salud de Garcini, un caso de fiebre    amarilla grave, D. Domingo Rodr&iacute;guez, en tercero o cuarto d&iacute;a    de enfermedad. El d&iacute;a 20 me hice picar a m&iacute; mismo por el mosquito,    y en fin, el 22, hice picar a A.I.C., otro de los veinte observados. A los cinco    d&iacute;as entr&oacute; en el hospital con fiebre, dolores fuertes de cabeza    y de cintura e inyecci&oacute;n de la cara; duraron tres d&iacute;as estos s&iacute;ntomas,    entrando en convalecencia el individuo si haber presentado &iacute;ctero ni    albuminuria. Fue diagnosticado de fiebre amarilla abortiva por el facultativo    de asistencia. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El d&iacute;a 29    de julio hice picar por un mosquito a D.L.R. que se hallaba gravemente atacado    de fiebre amarilla en la casa de salud de Garcini, en tercer d&iacute;a de la    enfermedad. El 31 hice picar por el mismo mosquito a D.L:F., otro de los veinte    individuos de mi observaci&oacute;n. El d&iacute;a 5 de agosto a las dos de    la madrugada fue invadido de los s&iacute;ntomas de una fiebre amarilla ligera;    present&oacute; luego alg&uacute;n &iacute;ctero, pero creo que no lleg&oacute;    a presentarse ninguna alb&uacute;mina; en todo caso su enfermedad fue calificada    de fiebre amarilla abortiva. </font>      <P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En fin, el 31 de    julio hice picar por otro mosquito al mismo D.L.R., enfermo de fiebre amarilla    de la casa de salud de Gracini, en quinto d&iacute;a ya de la enfermedad, de    la cual falleci&oacute; al d&iacute;a siguiente. El 2 de agosto hice picar por    el mismo mosquito a D.G.B., otro de mis veinte observados. Hasta ahora esta    &uacute;ltima inoculaci&oacute;n no ha producido resultado; pero como quiera    que no han transcurrido sino doce d&iacute;as, se encuentran dentro de los l&iacute;mites    de la incubaci&oacute;n<font color="#000000"><a href="#da">**</a>.</font> </font>    <a name="n2" id="n2"></a>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debo advertir que    los individuos que acabo de citar son los &uacute;nicos a quienes he inoculado    por el mosquito, de la manera indicada, y que desde el 22 de junio hasta ahora    (en el t&eacute;rmino de siete semanas) no han ocurrido entre mis veinte observados    m&aacute;s casos de fiebre amarilla confirmada, ni tampoco de forma abortiva,    que los tres primeros inoculados. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estas pruebas son    ciertamente favorables a mi teor&iacute;a, pero no quiero incurrir en la exageraci&oacute;n    de considerar ya plenamente probado lo que a&uacute;n no lo est&aacute;, por    m&aacute;s que sean ya muchas las probabilidades que puedo invocar en mi favor.    Comprendo demasiado que se necesita nada menos que una demostraci&oacute;n irrefutable    para que sea generalmente aceptada una teor&iacute;a que discrepa tan esencialmente    de las ideas hasta ahora propagadas acerca de la fiebre amarilla; m&aacute;s    entretanto se proporcionan los datos de que a&uacute;n carecemos, s&eacute;ame    permitido resumir en las siguientes conclusiones los puntos m&aacute;s esenciales    que he tratado de demostrar<b>.</b></font>     <P>     <P><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><B>CONCLUSIONES</B></font>     <P>    <br>   <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1<sup>a</sup> Queda    comprobado que el <I>C. mosquito</I> pica, por lo regular, varias veces en el    curso de sus existencia, no tan s&oacute;lo cuando su primera picada ha sido    accidentalmente interrumpida, sino tambi&eacute;n cuando ha podido saciarse    por completo, transcurriendo, en este caso, dos o m&aacute;s d&iacute;as entre    sus picadas. </font>      <P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2<SUP>a</SUP> Como    quiera que la disposici&oacute;n de las lancetas del mosquito se adaptan muy    bien a retener part&iacute;culas que se encuentran suspendidas en los l&iacute;quidos    que el insecto ingiere, no puede neg&aacute;rsela posibilidad de que un mosquito    conserve en sus lancetas part&iacute;culas del virus contenido en una sangre    enferma y con el mismo inocule a las personas a quienes en lo sucesivo vaya    a picar. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3<SUP>a</SUP> La    experimentaci&oacute;n directa para determinar si el mosquito puede transmitir    la fiebre amarilla de la manera indicada se ha reducido a cinco tentativas de    inoculaci&oacute;n, con una sola picada, y estas dieron por resultado: un caso    de fiebre amarilla benigna, pero perfectamente caracterizada con albuminuria    e &iacute;ctero; dos casos calificados de <I>fiebre amarilla abortiva</I> por    los facultativos de asistencia; y dos de fiebres ef&iacute;meras ligeras, sin    car&aacute;cter definido<font color="#000000"><a href="#da">***</a>.<a name="n3"></a></font>    De lo cual se infiere que la inoculaci&oacute;n por una sola picada no es suficiente    para producir las formas graves de la fiebre amarilla, debi&eacute;ndose aplazar    el juicio respecto a la eficacia de la inoculaci&oacute;n para cuando sea posible    experimentar en condiciones absolutamente decisivas, esto es, fuera de la zona    epid&eacute;mica. </font>      <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4<SUP>a</SUP> Si    llegase a comprobarse que la inoculaci&oacute;n por el mosquito no tan s&oacute;lo    puede reproducir la fiebre amarilla, sino que es el medio general por el cual    la enfermedad se propaga, las condiciones de existencia y de desarrollo de ese    d&iacute;ptero explicar&iacute;an las anomal&iacute;as hasta ahora se&ntilde;aladas    en la propagaci&oacute;n de la fiebre amarilla y tendr&iacute;amos en nuestras    manos los medios de evitar, por una parte la extensi&oacute;n de la enfermedad,    mientras que, por otra, podr&iacute;an preservarse con una inoculaci&oacute;n    benigna los individuos que estuviesen en aptitud de padecerla. </font>     <P>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mi &uacute;nica    pretensi&oacute;n es que se tome nota de mis observaciones y que se deje a la    experimentaci&oacute;n directa el cuidado de poner en evidencia lo que hay de    cierto en mis conceptos. Esto no quiere decir, empero, que yo reh&uacute;ya    la discusi&oacute;n de las ideas que he emitido; antes al contrario, tendr&eacute;    el mayor gusto en o&iacute;r las advertencias u objeciones que quisieren hacerme    mis distinguidos compa&ntilde;eros.</font>     <P>     <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><a href="#nr">*</a><a name="da"></a>Fuente:    Extracto de Carlos J. Finlay -Obras Completas. Compiladas por C&eacute;sar Rodr&iacute;guez    Exp&oacute;sito. La Habana, Academia de Ciencias de Cuba, 1965. Trabajo le&iacute;do    en la Real Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de    La Habana, Tomo XVIII, p&aacute;gs. 147-169. La lectura se hizo el 14 de agosto    de 1881. </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><SUP><a href="#n2">**</a> </SUP><a name="da"></a>Este    individuo D.G.B., se present&oacute; el d&iacute;a 17 de agosto al reconocimiento,    manifestando que desde unos seis d&iacute;as ven&iacute;a padeciendo dolores    de cabeza, inapetencia y malestar general. El 24 le encontr&eacute; con alguna    fiebre (pulso 100, temperatura 38<SUP>o</SUP>21) y manifest&oacute; haber<SUP>    </SUP>tenido fiebre m&aacute;s alta la v&iacute;spera y el mismo d&iacute;a,    por la ma&ntilde;ana. No pas&oacute;, empero, de una fiebre muy ligera puesto    que el enfermo no tuvo que darse de baja, ni exigi&oacute; medicaci&oacute;n    aluna. Ces&oacute; la fiebre, pero los dolores de cabeza continuaron algunos    d&iacute;as m&aacute;s.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otro individuo,    I.C., de los veinte, fue picado el d&iacute;a 15 de agosto, por un mosquito    que, dos d&iacute;as antes, se hab&iacute;a llenado en el brazo de un enfermo    del Hospital Militar, en 5<SUP>o</SUP> d&iacute;a de fiebre amarilla. No parece    que este inoculado haya estado formalmente enfermo hasta ahora (septiembre 1<SUP>o</SUP>).    No he podido verle despu&eacute;s de la inoculaci&oacute;n, y solo por aviso    verbal tuve noticia de que se hallaba algo enfermo los d&iacute;as 24 y 25 de    agosto, pero tampoco tuvo que darse de baja. </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="#n3">***</a><a name="da"></a>Respecto    de estos dos &uacute;ltimos, v&eacute;ase la nota anterior. </font>       ]]></body>
</article>
