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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Definición de la vida. Las teorías antiguas y la ciencia moderna]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font face="Verdana" size="2">CL&#193;SICO</font></b></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="2"> <font size="4">Definici&#243;n de la vida.    Las teor&#237;as antiguas y la ciencia moderna<a href="#Llam_ast1_14">*</a><a name="ast1_14"></a></font></font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Definition of life. Ancient theories and modern    sciences </b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Claude Bernard</b><sup>&#134;</sup> </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p><hr>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde la m&#225;s remota antig&#252;edad, fil&#243;sofos    y m&#233;dicos c&#233;lebres han mirado los fen&#243;menos que se desarrollan    en los seres vivientes como dimanados de un principio superior e inmaterial    que act&#250;a sobre la materia inerte y al que est&#225; sometida. Tal fue    el pensamiento de <i>Pit&#225;goras, </i>de<i> Plat&#243;n, </i>de<i> Arist&#243;teles,    </i>de<i> Hip&#243;crates,</i> aceptado m&#225;s tarde por los fil&#243;sofos    y los sabios m&#237;sticos de la Edad Media, <i>Paracelso, Van Helmont</i> y    por los escol&#225;sticos. Esta concepci&#243;n alcanz&#243; su mayor auge e    influencia en el curso del siglo<font size="1"> XVIII</font> con el c&#233;lebre    m&#233;dico <i>Stahl,</i> quien le dio una forma m&#225;s n&#237;tida al crear    el animismo. El animismo ha sido la expresi&#243;n exagerada de la espiritualidad    de la vida; <i>Stahl </i>fue el partidario m&#225;s decidido y m&#225;s dogm&#225;tico    de estas ideas perpetuadas desde <i>Arist&#243;teles.</i> Se puede a&#241;adir    que el fue su &#250;ltimo representante; el esp&#237;ritu moderno no ha acogido    una doctrina en la cual se manifiesta una tan evidente contradicci&#243;n con    la ciencia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Por otro lado, y en oposici&#243;n a las ideas    que preceden encontramos tendencias filos&#243;ficas que, adelant&#225;ndose    a los hechos, intentan establecer una identidad entre los fen&#243;menos de    los cuerpos inorg&#225;nicos y de los cuerpos vivientes, y ello antes de que    la f&#237;sica y la qu&#237;mica se hubiesen constituido como ciencias y se    pudiesen conocer los fen&#243;menos de <i>Dem&#243;crito y Epicuro.</i> Los    atomistas no reconocen un primer impulso motriz; seg&#250;n ellos el mundo se    mueve por s&#237; mismo eternamente. No consideran sino una sola clase de materia,    cuyos elementos, gracias a sus figuras, gozan de la propiedad de formar, uni&#233;ndose    unos a otros, las combinaciones m&#225;s diversas, y de constituir los cuerpos    inorg&#225;nicos y sin vida, as&#237; como tambi&#233;n los seres organizados    que viven y sienten, como los animales, y los que son razonables y libres como    el hombre. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Esta segunda hip&#243;tesis adopta desde su    comienzo una forma exclusivamente materialista; pero cosa notable, los fil&#243;sofos    m&#225;s convencidos de la espiritualidad del alma, tales como <i>Descartes    </i>y<i> Leibnitz,</i> no tardar&#225;n en adoptar un punto de vista an&#225;logo,    s&#243;lo que atribuyendo al juego de las fuerzas brutas todas las manifestaciones    sensibles de la actividad vital. La raz&#243;n de esta aparente contradicci&#243;n    reside en la separaci&#243;n casi absoluta que establecieron entre el alma y    el cuerpo. <i>Descartes </i>ha dado una definici&#243;n metaf&#237;sica del    alma y una definici&#243;n f&#237;sica de la vida. El alma es el principio superior    que se manifiesta por el pensamiento; la vida no es sino un efecto superior    de las leyes de la mec&#225;nica. El cuerpo humano es una m&#225;quina formada    por resortes, palancas, por canales, por filtros, por cribas, por prensas. Esta    m&#225;quina est&#225; hecha para cumplir estas funciones; el alma se incorpora    a ella para contemplar como simple espectadora lo que ocurre en el cuerpo, pero    no interviene para nada en el funcionamiento vital. Las ideas de <i>Leibnitz,</i>    desde el punto de vista fisiol&#243;gico, tienen mucha analog&#237;a con las    de <i>Descartes.</i> Como &#233;l, separa el alma del cuerpo y, aunque admite    entre ellos una concordancia preestablecida por Dios, les niega toda especie    de acci&#243;n rec&#237;proca. &quot;El cuerpo, dice, se desarrolla mec&#225;nicamente,    y las leyes mec&#225;nicas no son violadas nunca en los movimientos naturales;    todo ocurre en las almas como si no hubiera alma&quot;. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Stahl</i> comprendi&#243; en forma muy distinta    la naturaleza de los fen&#243;menos de la vida y la relaci&#243;n entre el alma    y el cuerpo. El no admite en los actos vitales las explicaciones que los presentan    con algo en com&#250;n con los fen&#243;menos mec&#225;nicos, f&#237;sicos y    qu&#237;micos de la materia bruta. C&#233;lebre qu&#237;mico &#233;l mismo,    combate con mucho &#237;mpetu y autoridad, sobre todo, las exageraciones de    los m&#233;dicos-qu&#237;micos o yatroqu&#237;micos, tales como <i>Sylvius </i>de<i>    Le Bo&#235;, Willis,</i> etc. que explicaban todos los fen&#243;menos de la    vida por acciones qu&#237;micas: fermentaciones, alcalinidades, acideces, efervescencias.    Sostiene que no solamente las fuerzas qu&#237;micas son diferentes de las fuerzas    que rigen los fen&#243;menos de la vida, sino les son antag&#243;nicas por lo    que tienden a destruir al cuerpo viviente en vez de conservarlo. Es necesario    pues, seg&#250;n <i>Stahl,</i> una fuerza vital que conserve el cuerpo contra    la acci&#243;n de las fuerzas qu&#237;micas exteriores que tienden sin cesar    a invadirlo y destruirlo; la vida es el triunfo de estas sobre aqu&#233;llas.    Con estas ideas, <i>Stahl </i>fund&#243; el vitalismo, pero no se detuvo en    este t&#233;rmino, no se trataba sino de un primer paso en la v&#237;a que deb&#237;a    conducirle al animismo. Esta fuerza vital, dice, que lucha incesantemente contra    las fuerzas f&#237;sicas, act&#250;a con inteligencia, con un prop&#243;sito    deliberado para la conservaci&#243;n del organismo. Ahora bien, si la fuerza    vital es inteligente, &#191;por qu&#233; distinguirla del alma razonable? </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Basilio Valent&#237;n</i> y su disc&#237;pulo    <i>Paracelso</i> hab&#237;an multiplicado desmesuradamente la existencia de    principios inmateriales inteligentes, los &quot;arch&#233;es&quot;,<a href="#Llam_ast2_14">**</a><a name="ast2_14"></a>    que regulaban los fen&#243;menos de los cuerpos vivos. <i>Van Helmont,</i> el    m&#225;s c&#233;lebre representante de estas doctrinas del &quot;arch&#233;e&quot;,    quien ali&#243; el genio experimental con la imaginaci&#243;n m&#225;s desordenada    en sus digresiones, hab&#237;a concebido toda una jerarqu&#237;a de estos principios    inmateriales. En el primer rango se hallaba el alma razonable e inmortal que    se confund&#237;a en Dios, luego el alma sensible e inmortal, que ten&#237;a    como agente a otro &quot;arch&#233;es&quot; subalternos, los <font color="#000000">&quot;blas&quot;.</font>    </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Stahl,</i> que un siglo despu&#233;s es el    continuador de <i>Van Helmont,</i> simplifica todas las concepciones de principios    inteligentes, de esp&#237;ritus rectores o de &#8220;arch&#233;es&#8221;. No    admite sino una sola alma, el alma inmortal, encargada al mismo tiempo corporal.    El alma es para &#233;l el principio mismo de la vida. La vida es uno de los    modos de funcionamiento del alma, es su acto viv&#237;fico. El alma inmortal,    fuerza inteligente y razonable, gobierna directamente la materia del cuerpo,    la hace obrar, la dirige hacia su fin. Es ella quien hace latir al coraz&#243;n,    circular a la sangre, respirar al pulm&#243;n, segregar a las gl&#225;ndulas.    Si la armon&#237;a de estos fen&#243;menos es perturbada, si la enfermedad acontece,    es porque el alma no ha llenado sus funciones, no ha podido resistir eficazmente    a las causas exteriores de destrucci&#243;n. Una doctrina semejante ten&#237;a    algo de extra&#241;o y de contradictorio, porque la acci&#243;n de un alma razonable    sobre los actos vitales parece suponer una direcci&#243;n consciente, y la observaci&#243;n    m&#225;s simple nos ense&#241;a que todas las funciones de nutrici&#243;n &#151;circulaci&#243;n,    secreciones, digesti&#243;n, etc.&#151; son inconscientes e involuntarias, como    si, seg&#250;n la expresi&#243;n de un fil&#243;sofo, la naturaleza hubiera    querido, por prudencia, substraer estos importantes fen&#243;menos a los caprichos    de una voluntad ignorante. El animismo de Stahl se mostraba tan exagerado que    motiv&#243; que sus sucesores se vieran obligados, si no a abandonarlo totalmente,    por lo menos a hacerle profundas modificaciones. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Las ideas de <i>Descartes</i> y las de <i>Stahl</i>    hab&#237;an causado en la ciencia una impresi&#243;n profunda y creado dos corrientes    que deb&#237;an llegar hasta nosotros. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Descartes</i> hab&#237;a planeado los primeros    principios y aplicado las leyes mec&#225;nicas al juego de la m&#225;quina del    cuerpo del hombre; sus adeptos entendieron y precisaron las explicaciones mec&#225;nicas    de diversos fen&#243;menos vitales. Entre los m&#225;s c&#233;lebres de estos    yatro-mec&#225;nicos hay que citar en primer rango a <i>Borelli,</i> luego a    <i>Pitcairn, Hales, Keil</i> y sobre todo a <i>Boerhaave,</i> cuya influencia    fue preponderante. Por su lado, la yatro-qu&#237;mica, que no es m&#225;s que    una fase de la doctrina cartesiana, prosigui&#243; su marcha y fue definitivamente    fundada con el advenimiento de la qu&#237;mica moderna. <i>Descartes </i>y<i>    Leibnitz</i> hab&#237;an planteado como principio que en todas partes las leyes    de la mec&#225;nica son id&#233;nticas; que no existen dos mec&#225;nicas, una    para los cuerpos brutos, otra para los cuerpos vivientes. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> A fines del siglo pasado, <i>Lavoisier </i>y<i>    Laplace</i> llegaron a demostrar que no exist&#237;an tampoco dos qu&#237;micas,    una para los cuerpos brutos, otra para los seres vivos. Comprobaron experimentalmente    que la respiraci&#243;n y la producci&#243;n de calor se llevan a cabo en el    cuerpo del hombre y de los animales por fen&#243;menos de combusti&#243;n totalmente    semejantes a los que se producen durante la calcinaci&#243;n de los metales.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Esta es la misma &#233;poca en que brillaban    en la escuela de Montpellier Bordeu, <i>Bartlacz</i> y<i> Grimaud,</i> sucesores    de <i>Stahl,</i> sin embargo ellos s&#243;lo conservaron la primera parte de    la doctrina del maestro, el vitalismo, y repudiaron la segunda, el animismo.    Contrariamente a <i>Stahl,</i> sostienen que el principio de la vida es distinto    del alma; pero como &#233;l, admiten una fuerza vital, un principio vital rector    cuya unidad da la raz&#243;n de la armon&#237;a de las manifestaciones vitales,    y que act&#250;a fuera de las leyes de la mec&#225;nica, de la f&#237;sica y    de la qu&#237;mica. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Sin embargo, el vitalismo se modifica poco a    poco en su forma; la doctrina de las propiedades vitales marca una &#233;poca    importante en la historia de la fisiolog&#237;a. En vez de concepciones metaf&#237;sicas    que hab&#237;an reinado hasta aquel entonces, he aqu&#237; una concepci&#243;n    fisiol&#243;gica que trata de explicar las manifestaciones vitales por las propiedades    mismas de la materia de los tejidos o de los &#243;rganos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Ya a fines del siglo <font size="1">XVII</font>,    <i>Glisson</i> hab&#237;a designado la irritabilidad como causa inmediata de    movimientos de la fibra viviente. <i>Bordeu, Grimau </i>y<i> Barthez</i> hab&#237;an    entrevisto m&#225;s o menos vagamente la misma idea. <i>Haller</i> uni&#243;    su nombre al descubrimiento de esta facultad motriz haci&#233;ndonos conocer    sus experiencias memorables sobre la irritabilidad y la sensibilidad de las    diversas partes del cuerpo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> No obstante, es solo a comienzos de este siglo    que <i>Javier Bichat,</i> por una iluminaci&#243;n de genio, comprendi&#243;    que la raz&#243;n de los fen&#243;menos menos vitales deb&#237;a ser buscada    no en un principio de orden superior e inmaterial, sino al contrario en las    propiedades de la materia, en el seno de la cual se llevan a cabo estos fen&#243;menos.    Es cierto que <i>Bichat</i> no ha definido las propiedades vitales y les dio    a estas propiedades caracteres vagos y oscuros; su genio, como ocurre a menudo,    no es el de haber descubierto los hechos, sino de haber comprendido su sentido    siendo el primero en emitir esta idea general, luminosa y fecunda, de que tanto    en fisiolog&#237;a como en f&#237;sica los fen&#243;menos deben ser relacionados    atendiendo tanto a las propiedades como a su causa: &quot;La relaci&#243;n de    las propiedades como causas con los fen&#243;menos como efectos, dice, es un    axioma casi fastidioso de repetir hoy en d&#237;a en f&#237;sica y en qu&#237;mica;    si mi libro establece un axioma an&#225;logo en las ciencias fisiol&#243;gicas,    habr&#225; cumplido su objeto&quot;. Luego, continuando, a&#241;ade: &quot;Existen    en la naturaleza dos clases de seres de propiedades, dos clases de ciencias.    Los seres son org&#225;nicos o inorg&#225;nicos; las propiedades son vitales    o no vitales, las ciencias son f&#237;sicas o fisiol&#243;gicas...&quot;</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Es importante aqu&#237;, y de inicio, comprender    bien el pensamiento de <i>Bichat.</i> Se podr&#237;a creer que va a acercarse    a los f&#237;sicos y a los qu&#237;micos, puesto que sit&#250;a como ellos la    causa de los fen&#243;menos en las propiedades de la materia, sin embargo ocurre    lo contrario; <i>Bichat </i>se aparta de ellos tan completamente como resulta    posible. En efecto, el fin perseguido en todos los tiempos por los yatro-mec&#225;nicos,    f&#237;sicos o qu&#237;micos, ha sido el de establecer una semejanza, una identidad    entre los fen&#243;menos de los organismos vivos y los de los cuerpos inorg&#225;nicos.    En contraposici&#243;n con &#233;stos, <i>Bichat</i> plantea como principio    que las propiedades vitales est&#225;n absolutamente opuestas a las propiedades    f&#237;sicas, de modo tal que en vez de pasar al campo de los f&#237;sicos y    de los qu&#237;micos, permanece vitalista con <i>Stahly</i> la escuela Montpellier.    Como ellos, considera que la vida es una lucha entre acciones opuestas; admite    que las propiedades vitales conservan el organismo vivo enfrent&#225;ndose a    las propiedades f&#237;sicas que tienden a destruirlo. Cuando sobreviene la    muerte, no se trata sino del triunfo de las propiedades f&#237;sicas sobre sus    antagonistas. Por otra parte <i>Bichat</i> resume completamente sus ideas en    la definici&#243;n que da de la vida: &quot;La vida es el conjunto de las funciones    que resisten a la muerte&quot;, lo que significa en otros t&#233;rminos: la    vida es el conjunto de las propiedades vitales que resisten a las pro-duda alguna    que se incurra en los mismos errores que las dem&#225;s teor&#237;as vitalistas.    No obstante, la concepci&#243;n de <i>Bichat,</i> liberada de los errores casi    inevitables de su &#233;poca, no deja de ser una concepci&#243;n genial sobre    la cual se ha fundado la fisiolog&#237;a moderna. Antes que &#233;l, las doctrinas    filos&#243;ficas, animistas o vitalistas, se situaban tan fuera y tan lejos    de la realidad que les estaba impedido poder convertirse en las iniciadoras    fecundas de la ciencia de la vida; no eran capaces m&#225;s que de entorpecer,    desempe&#241;ando el papel de esos sofismas perezosos que reinaban otrora en    la escuela. <i>Bichat,</i> al contrario, al descentralizar la vida, al encarnarla    en los tejidos, y al relacionar sus manifestaciones con las propiedades de estos    mismos tejidos, las ha puesto, si se quiere, bajo la dependencia de un principio    aun metaf&#237;sico, pero menos elevado en dignidad filos&#243;fica, y pudiendo    convertirse en una base cient&#237;fica m&#225;s accesible al esp&#237;ritu    de investigaci&#243;n y de progreso. <i>Bichat,</i> en una palabra, se equivoc&#243;    como sus predecesores los vitalistas, sobre la teor&#237;a de la vida, pero    no se cerr&#243; en el m&#233;todo fisiol&#243;gico. Su gloria es el haberlo    fundado, situando las causas inmediatas de los fen&#243;menos de la vida, en    las propiedades de los tejidos y de los &#243;rganos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Las ideas de <i>Bichat</i> produjeron en fisiolog&#237;a    y en medicina una revoluci&#243;n profunda y universal. La escuela anat&#243;mica    surgi&#243; de ella, dedic&#225;ndose afanosamente a encontrar la explicaci&#243;n    de los fen&#243;menos de la salud y de la enfermedad en las propiedades vitales    de los tejidos, sanos o alterados. Por otro lado, los progresos de los m&#233;todos    f&#237;sicos, los brillantes descubrimientos de la qu&#237;mica moderna, al    arrojar una viva luz sobre las funciones vitales, llegaban para protestar cada    d&#237;a contra la separaci&#243;n y la oposici&#243;n radicales que Bichat    as&#237; como los vitalistas, hab&#237;an cre&#237;do ver entre los fen&#243;menos    org&#225;nicos y los fen&#243;menos inorg&#225;nicos de la naturaleza. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Es as&#237; como hallamos, a&#250;n cerca de    nosotros, en <i>Bichat</i> y en <i>Lavoisier,</i> a los representantes de las    dos grandes tendencias filos&#243;ficas opuestas que hemos desenredado desde    la antig&#252;edad, en los or&#237;genes mismos de la ciencia, una que tiende    a reducir los fen&#243;menos de la vida a las leyes de la qu&#237;mica, de la    f&#237;sica, y de la mec&#225;nica y otra queriendo al contrario distinguirlos    y situarlos bajo la dependencia de un principio particular, de una potencia    especial, cualquiera que sea el nombre que se le d&#233;, alma, &#8220;arch&#233;e&#8221;,    &#8220;psych&#233;&#8221;, mediador pl&#225;stico, esp&#237;ritu vector, fuerza    vital o propiedades vitales. Esta lucha, ya tan vieja, no ha terminado a&#250;n;    &#191;pero c&#243;mo deber&#225; terminar? &#191;llegar&#225; a triunfar una    de las doctrinas sobre la otra y a dominar enteramente? No lo creo. Los progresos    de las ciencias tienen resultado debilitar gradualmente y en igual medida, a    estas primeras concepciones exclusivas nacidas de nuestra ignorancia. Siendo    su fuerza solo lo desconocido, a medida que desaparece, las luchas deben cesar,    las doctrinas opuestas desaparecer y la verdad cient&#237;fica que las reemplaza    reinar sin rival. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Podemos decir de <i>Bichat,</i> como de la mayor&#237;a    de los grandes promotores de la ciencia, que ha tenido el m&#233;rito de hallar    la f&#243;rmula para expresar las concepciones prevalentes de su tiempo. Todas    las ideas de sus contempor&#225;neos sobre la vida, todas sus tentativas para    definirlas no son en cierto modo sino el eco y la par&#225;frasis de su doctrina.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Un cirujano del Hotel-Dieu de Par&#237;s, Ph.-<i>J.    Pelletan,</i> ense&#241;a que la vida es la resistencia opuesta por la materia    organizada a las causas que tienden incesantemente a destruirla. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Cuvier </i> desarroll&#243; el mismo pensamiento    de que la vida es una fuerza que resiste a las leyes que rigen la materia bruta:    la muerte no ser&#237;a sino el reverso, es decir, el resultado del imperio    de estas leyes sobre la materia viva. Lo que distingue al cad&#225;ver del cuerpo    viviente es este principio de resistencia que sostiene o que abandona a la materia    organizada, y para dar una forma m&#225;s palpable a su idea, <i>Cuvier</i>    nos representa el cuerpo de una mujer en la plenitud de la juventud y de la    salud, s&#250;bitamente tocada por la muerte. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2">&quot;-Ved, dice, estas formas redondeadas y    voluptuosas, esta agilidad graciosa de los movimientos, este dulce calor, estas    mejillas te&#241;idas de rosado, estos ojos que brillan con la chispa del amor    o del fuego del genio, esta fisonom&#237;a alegrada por las salidas del esp&#237;ritu    o animada por el fuego de las pasiones; todo parece reunirse para hacer un ser    encantador. Basta un instante para destruir este prestigio: a menudo sin causa    aparente, el movimiento y el sentimiento, el cuerpo pierde su calor, los m&#250;sculos    se deprimen y hacen su aparici&#243;n las salientes angulosas de los huesos;    los ojos pierden su brillo; las mejillas y los labios se tornan l&#237;vidos.    No se trata sino de los preludios de cambios m&#225;s horribles: las carnes    adquieren un tinte azuloso, luego verde y por &#250;ltimo negro; atraen la humedad,    y mientras que una porci&#243;n se evapora en emanaciones infectas, la otra    se vierte como licor p&#250;trido que no tarda en disiparse tambi&#233;n; en    una palabra, al cabo de pocos d&#237;as no quedan sino algunos principios terrosos    y salinos, los dem&#225;s elementos se han dispersado en el aire y en las aguas    para entrar en otras combinaciones&quot;. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2">&quot;Es claro, agrega <i>Cuvier,</i> que esta    separaci&#243;n es el efecto natural de la acci&#243;n del aire, de la humedad,    del calor, en una palabra, de todos los agentes exteriores sobre el cuerpo muerto,    y que tiene su causa en la atracci&#243;n electiva de los diversos agentes por    los elementos que lo compon&#237;an. Sin embargo, este cuerpo tambi&#233;n estaba    rodeado por estos durante la vida; sus afinidades por sus mol&#233;culas eran    las mismas, y estas habr&#237;an cedido igualmente, si no hubieran sido retenidas    juntas por una fuerza superior a estas afinidades, que no ha cesado de actuar    sobre ellas sino en el momento de la muerte&quot;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Estas ideas de contraste y de oposici&#243;n    entre las fuerzas vitales y las fuerzas exteriores f&#237;sico-qu&#237;micas,    que volvemos a hallar en la doctrina de las propiedades vitales, hab&#237;an    sido expresadas ya por <i>Stahl,</i> pero en un lenguaje oscuro y casi b&#225;rbaro;    expuestas por <i>Bichat,</i> con una luminosa simplicidad y un gran encanto    en el estilo, estas mismas ideas redujeron y arrastraron a todos los esp&#237;ritus.    </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Bichat</i> no se content&#243; con afirmar    el antagonismo de los &#243;rdenes de propiedades que se reparten la naturaleza;    sino que caracteriz&#243; a unos y a otros y los contrast&#243; de una manera    sorprendente. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2">&quot;Las propiedades f&#237;sicas de los cuerpos,    dice, son eternas. En la creaci&#243;n, estas propiedades se apoderaron de la    materia que permanecer&#225; constantemente penetrada por ellas en la inmensa    serie de los siglos. Las propiedades vitales son, en cambio, esencialmente temporales;    la materia bruta, al pasar por los cuerpos vivientes se compenetra de estas    propiedades que se hallan entonces unidas a las propiedades f&#237;sicas, pero    no se trata de una alianza duradera, porque es propio de la naturaleza de las    propiedades vitales el agotarse; el tiempo las usa en el mismo cuerpo. Exaltadas    en la primera edad, estacionarias en la edad adulta, se debilitan y convierten    en nulas en los &#250;ltimos tiempos. Se dice que Prometeo, habiendo formado    algunas estatuas de hombres, rob&#243; el fuego del cielo para animarlas. Este    fuego es el emblema de las propiedades vitales: mientras quema, la vida se sostiene;    es aniquilada cuando se extingue&quot;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Es &#250;nicamente de este contraste en la naturaleza    y en la duraci&#243;n de las propiedades f&#237;sicas y de las propiedades vitales    que Bichat deduce todos los caracteres distintivos en los seres vivientes y    de los cuerpos brutos, todas las diferencias entre las ciencias que lo estudian.    </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2">&quot;Siendo eternas, dice, las propiedades    f&#237;sicas, los cuerpos brutos no tienen ni comienzo ni fin necesarios, ni    edad, ni evoluci&#243;n; no tienen por l&#237;mites sino los que al azar les    asigna&quot;. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font face="Verdana" size="2">&#8220;Las propiedades vitales siendo al contrario    cambiantes y de una duraci&#243;n limitada, los cuerpos vivientes son m&#243;viles    y perecederos; tienen un comienzo, un nacimiento, una muerte, edades; en una    palabra una evoluci&#243;n que deben recorrer. Las propiedades vitales hall&#225;ndose    constantemente en lucha con las propiedades f&#237;sicas, el cuerpo viviente,    teatro de esta lucha, soporta las alternativas. La enfermedad y la salud no    son otra cosa que las peripecias de este combate: si las propiedades f&#237;sicas    triunfan definitivamente, la muerte es la consecuencia; si en cambio, las propiedades    vitales vuelven a tomar su imperio, el ser viviente sana de su enfermedad, cicatriza    sus llagas, repara su organismo y entra de nuevo en al armon&#237;a de sus funciones.    En los cuerpos brutos, nada semejante se observa; estos cuerpos permanecen inmutables    como la muerte de la que son la imagen&#8221;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> De ah&#237; una distinci&#243;n profunda entre    las ciencias que llama vitales y aquellas que llama no vitales. Siendo fijas,    constantes las propiedades f&#237;sico-qu&#237;micas son igualmente constantes    e invariables las leyes de las ciencias que tratan de ella; se las puede prever,    calcular con certeza. Las propiedades vitales teniendo como car&#225;cter esencial    la inestabilidad y siendo susceptibles todas las funciones vitales de una multitud    de variedades, no se puede prever nada ni calcular nada en sus fen&#243;menos.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> De lo que se debe concluir, dice <i>Bichat,</i>    &#8220;que leyes absolutamente diferentes presiden a una y otra clase de fen&#243;menos&#8221;.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Tal es, en sus grandes rasgos y con sus consecuencias,    la doctrina de las propiedades vitales, que ha dominado en la escuela durante    mucho tiempo, a pesar de las juntas cr&#237;ticas de que se ha hecho acreedora.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Vamos a examinar brevemente si la divisi&#243;n    de los fen&#243;menos en dos grandes grupos, tal como lo establece la doctrina    de la que <i>Bichat </i>se hizo elocuente defensor, est&#225; bien fundada,    o si no ser&#237;a una concepci&#243;n sistem&#225;tica err&#243;nea m&#225;s    bien que la expresi&#243;n de la verdad. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En primer lugar &#191;es cierto que los cuerpos    inorg&#225;nicos de la naturaleza sean eternos y de que s&#243;lo los cuerpos    vivientes son perecederos?, &#191;no existir&#237;an entre ellos simples diferencias    de grado que nos ilusionan por su gran desproporci&#243;n? </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Es cierto, por ejemplo, que la vida de un elefante    puede parecer una eternidad comparada con la vida de un ef&#237;mero; y cuando    consideramos la vida del hombre en comparaci&#243;n con la duraci&#243;n del    medio c&#243;smico en que habita, debe parecernos un instante en lo infinito    del tiempo. Los antiguos pensaron as&#237;; o pon&#237;an el mundo viviente    donde todo est&#225; sujeto al cambio y a la muerte, al mundo sideral inmutable    e incorruptible. Esta doctrina de la incorruptibilidad de los cielos ha reinado    hasta el siglo <font size="1">XVII</font>. Los primeros telescopios permitieron    entonces la aparici&#243;n de una nueva estrella en la constelaci&#243;n de    la Serpiente. Este cambio en el cielo, realizado como quien dice bajo los ojos    del observador, comenz&#243; a quebrantar la creencia de los antiguos: materiam    coeli esse inalterabilem.<i> </i>Hoy en d&#237;a, la mente de los astr&#243;nomos    est&#225; familiarizada con la idea de una movilidad y de una evoluci&#243;n    continua del mundo sideral. &#8220;Los astros no han existido siempre, dice    el se&#241;or <i>Faye;</i> han tenido un per&#237;odo de formaci&#243;n; tendr&#225;n    al igual un per&#237;odo de ocaso, seguido por una extinci&#243;n final&#8221;.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> La eternidad de los cuerpos siderales invocada    por <i>Bichat</i> no es pues real; tienen una evoluci&#243;n como los cuerpos    vivientes, evoluci&#243;n lenta, si se la compara con nuestra vida apurada,    evoluci&#243;n que engloba una duraci&#243;n fuera de proporci&#243;n con la    que estamos habituados a considerar alrededor de nosotros. Por otro lado, los    astr&#243;nomos, antes de conocer las leyes de los movimientos de los cuerpos    celestes, hab&#237;an imaginado potencias, fuerzas siderales, como los fisi&#243;logos    reconoc&#237;an fuerzas y potencias vitales. <i>Kepler </i>mismo admit&#237;a    un esp&#237;ritu rector sideral por la influencia del cual &#8220;los planetas    siguen en el espacio sabias curvas sin chocar con los astros que proveen otras    carreras, sin turbar la armon&#237;a reglada por el divino ge&#243;metra&#8221;.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Si bien los cuerpos vivientes no son los &#250;nicos    sometidos a la ley de la evoluci&#243;n, la facultad de regenerarse, de cicatrizarse    no les es tampoco exclusiva, aunque sea sobre ellos que &#233;sta se manifieste    m&#225;s activamente. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Todos saben que un organismo viviente, cuando    ha sido mutilado, tiende a formarse de nuevo siguiendo las leyes de su morfolog&#237;a    especial: la herida cicatriza en el animal y en la planta, la p&#233;rdida de    sustancia se colma y el ser se restablece en su forma y su unidad. Este fen&#243;meno    de reconstituci&#243;n, de reintegraci&#243;n, ha impresionado profundamente    a los fil&#243;sofos naturalistas, y estos han insistido mucho sobre esta tendencia    de la vida hacia la individualidad que hace del ser viviente un todo arm&#243;nico,    una especie de peque&#241;o mundo dentro del grande. Cuando la armon&#237;a    del edificio org&#225;nico es perturbada, esta tiende a restablecerse. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Pero es necesario invocar, para explicar estos    hechos, una fuerza. Los cuerpos minerales, efectivamente, se muestran dotados    de esta misma unidad morfol&#243;gica, de esta misma tendencia a restablecerla.    Los cristales, como los seres vivientes, tienen sus formas, su plan particular,    y son susceptibles de experimentar acciones perturbadoras del medio ambiente.    La fuerza f&#237;sica, que ordena las part&#237;culas cristalinas seg&#250;n    las leyes de una geometr&#237;a sabia, obtiene resultados an&#225;logos a aquella    que ordena la sustancia organizada bajo la forma de un animal o de una planta.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> El se&#241;or <i>Pasteur</i> ha se&#241;alado    hechos de cicatrizaci&#243;n, de reintegraci&#243;n cristalina, que merecen    toda nuestra atenci&#243;n. Estudi&#243; ciertos cristales y los someti&#243;    a mutilaciones que &#233;l observ&#243; se reparaban muy r&#225;pida y regularmente.    Resulta del conjunto de sus investigaciones que, &#8220;cuando un cristal ha    sido roto en cualquiera de sus partes y que se reintroduce en su agua-madre,    se ve, al mismo tiempo que el cristal aumenta de tama&#241;o en todos los sentidos    por un dep&#243;sito de part&#237;culas cristalinas, un trabajo muy activo que    se realiza sobre la parte rota o deformada, y que en algunas horas ha satisfecho,    no solamente la regularidad del trabajo general sobre todas las partes del cristal,    sino tambi&#233;n el restablecimiento de la regularidad en la parte mutilada&#8221;.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Estos hechos notables de reintegraci&#243;n    cristalina son comparables completamente, con aquellos que presentan los seres    vivientes cuando se les hace una herida m&#225;s o menos profunda. Tanto en    el cristal como en el animal, la parte da&#241;ada cicatriza, vuelve a tomar    poco a poco su forma primitiva, y en los dos casos el trabajo de reformaci&#243;n    de los tejidos es, en este sitio, mucho m&#225;s activo que bajo las condiciones    evolutivas ordinarias. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Las breves consideraciones que acabamos de exponer    y que podr&#237;amos desarrollar hasta el infinito, nos parecen suficientes    para mostrar que la l&#237;nea profunda de demarcaci&#243;n que los vitalistas    han querido establecer entre los cuerpos brutos y los cuerpos vivientes desde    el punto de vista de sus duraciones, de su evoluci&#243;n y de su reintegraci&#243;n    formativa, no tiene fundamento. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En cuanto la lucha que han supuesto entre las    fuerzas o las propiedades f&#237;sicas y las fuerzas o las propiedades vitales,    esta es la expresi&#243;n de un error profundo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> La doctrina de las propiedades vitales ense&#241;a    que no se encuentra en los cuerpos brutos sino en un solo orden de propiedades,    las propiedades f&#237;sicas y que en los cuerpos vivientes se encuentran dos    espacios de propiedades, las propiedades f&#237;sicas y las propiedades vitales,    constantemente en lucha, en antagonismo, y tendiendo a predominar unas sobre    otras. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2">&#8220;Durante la vida, dice <i>Bichat,</i>    las propiedades f&#237;sicas, encadenadas por las propiedades vitales, son retenidas    sin cesar en los fen&#243;menos que tender&#237;an a producir&#8221;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Resultar&#225; l&#243;gicamente, de este antagonismo,    que cuanto m&#225;s las propiedades vitales tengan imperio y dominio en un organismo    viviente, m&#225;s las propiedades f&#237;sico-qu&#237;micas ser&#225;n en &#233;l    vencidas y atenuadas y que, rec&#237;procamente, las propiedades vitales se    mostrar&#225;n all&#237; tanto m&#225;s debilitadas en cuanto las propiedades    f&#237;sicas adquieran mayor potencia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Es precisamente la proposici&#243;n contraria    la que expresa la verdad, y esta verdad ha sido muy ampliamente demostrada por    los trabajos de <i>Lavoisier</i> y de sus sucesores. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> La vida es en el fondo la imagen de una combusti&#243;n    y la combusti&#243;n misma no es sino una serie de fen&#243;menos qu&#237;micos,    a los cuales est&#225;n ligadas de manera directa las manifestaciones cal&#243;ricas,    lum&#237;nicas y vitales. Si se suprime de la atm&#243;sfera el ox&#237;geno,    el agente de las combustiones, la llama se extingue de inmediato, la vida se    detiene. Si se disminuye o aumenta la cantidad del gas comburente, los fen&#243;menos    vitales as&#237; como los fen&#243;menos qu&#237;micos de combusti&#243;n ser&#225;n    exaltados o atenuados en la misma proporci&#243;n. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> No es pues un antagonismo el que se debe buscar    entre los fen&#243;menos qu&#237;micos y las manifestaciones vitales; es, al    contrario, un paralelismo perfecto, una misi&#243;n arm&#243;nica y necesaria.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En toda la serie de los seres organizados, la    intensidad de las manifestaciones vitales guarda una relaci&#243;n directa con    la actividad de las manifestaciones qu&#237;micas org&#225;nicas. Por todos    lados, las pruebas se presentan por s&#237; mismas. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Cuando el animal o el hombre es afectado por    el fr&#237;o, los fen&#243;menos qu&#237;micos de combusti&#243;n org&#225;nica    disminuyen al comienzo; luego los movimientos disminuyen de velocidad, la sensibilidad,    la inteligencia se embotan y desparecen, el adormecimiento es completo. Al despertar    de este letargo. Las funciones vitales se reinician, pero siempre paralelamente    con la reaparici&#243;n de los fen&#243;menos qu&#237;micos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Cuando la vida se suspende en un infusorio desecado    y se restablece bajo la influencia de algunas gotas e agua, no es que la desecaci&#243;n    haya atacado la vida o las propiedades vitales, es porque el agua necesaria    a la realizaci&#243;n de los fen&#243;menos f&#237;sicos y qu&#237;micos falta    en el organismo. Cuando <i>Spallanzani</i> ha resucitado humedeci&#233;ndolas,    a rot&#237;feras desecadas desde hace treinta a&#241;os, simplemente ha hecho    reaparecer en sus cuerpos los fen&#243;menos f&#237;sicos y qu&#237;micos que    estaban detenidos en ellos durante treinta a&#241;os. El agua no ha tra&#237;do    ninguna otra cosa, ni fuerza, ni principio. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2">&#191;C&#243;mo podr&#237;amos comprender un    antagonismo, una oposici&#243;n entre las propiedades de los cuerpos vivientes    y las de los cuerpos brutos, puesto que los elementos constituyentes de estos    dos &#243;rdenes de cuerpos son los mismos? <i>Buffon,</i> queriendo explicarse    la diferencia entre seres organizados y seres inorg&#225;nicos, hab&#237;a sido    l&#243;gico al suponer en aquellos una sustancia org&#225;nica elemental especial    de la que estar&#237;an desprovistos &#233;stos. La qu&#237;mica ha invertido    completamente esta hip&#243;tesis probando que todos los cuerpos vivientes est&#225;n    formados exclusivamente por elementos minerales tomados del medio c&#243;smico.    El cuerpo del hombre, el m&#225;s complejo de los cuerpos vivientes, est&#225;    materialmente constituido por catorce de estos elementos. Se comprende bien    que estos catorce cuerpos simples puedan, uni&#233;ndose, combin&#225;ndose    en todas las formas, engendrar combinaciones infinitas y formar compuestos dotados    de propiedades de lo m&#225;s variadas. Pero lo que no se concebir&#237;a, es    que estas propiedades fueran de otro orden o de otra esencia que estas mismas    combinaciones. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En resumen la oposici&#243;n, el antagonismo,    la lucha admitida entre los fen&#243;menos vitales y los fen&#243;menos f&#237;sico-qu&#237;micos    por la escuela vitalista, es un error al que los descubrimientos de la f&#237;sica    y de la qu&#237;mica moderna han hecho ampliamente justicia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> M&#225;s aun, la doctrina vitalista no se basa    &#250;nicamente en hip&#243;tesis falsas, en hechos err&#243;neos, es por su    naturaleza contraria al esp&#237;ritu cient&#237;fico. Al querer crear dos &#243;rdenes    de ciencias, unas para los cuerpos brutos, otras para los cuerpos vivientes,    esta doctrina llega pura y simplemente a negar la ciencia misma. <i>Bichat,</i>    ya lo sabemos, plantea como principio que las leyes de las ciencias f&#237;sicas    son absolutamente opuestas a las leyes de las ciencias vitales. En aquellas,    todo ser&#237;a fijo e invariable, en &#233;stas, todo ser&#237;a variable e    inconstante. La divergencia entre estos dos &#243;rdenes de ciencias debe conservarlas    extra&#241;as unas de las otras y hacerlas incapaces de prestarse ninguna ayuda.    Esta es la conclusi&#243;n a la cual llega necesariamente <i>Bichat.</i> &#8220;Como    las ciencias f&#237;sicas y qu&#237;micas, dice, han sido perfeccionadas antes    que las fisiol&#243;gicas, se ha queriendo esclarecer a las unas asoci&#225;ndoles    las otras; se las ha embrollado. Era inevitable, porque aplicar las ciencias    f&#237;sicas a la fisiolog&#237;a, es explicar por medio de las leyes de los    cuerpos inertes los fen&#243;menos de los cuerpos vivientes. Y, he aqu&#237;    el principio falso; por lo tanto, todas las consecuencias deben ser marcadas    al mismo tenor. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Si ahora preguntamos cu&#225;les son los caracteres    propios a esta ciencia de los seres vivientes, <i>Bichat</i> nos contesta: &#8220;Es    una ciencias cuyas leyes son, como las funciones vitales mismas, susceptibles    de una multitud de variedades, que escapa a toda especie de c&#225;lculo, en    la cual no se puede prever ni predecir nada, en la cual no tenemos sino aproximaciones    lo m&#225;s a menudo inciertas&#8221;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Se trata de herej&#237;as cient&#237;ficas de    una enormidad tal que ser&#237;a dif&#237;cil comprenderla, si no se aprecian    como la l&#243;gica de un sistema que ha debido fatalmente conducir a ellas.    Reconocer que los fen&#243;menos vitales no debieran estar sometidos a ninguna    ley precisa, a ninguna condici&#243;n fija y determinada, y admitir que estos    fen&#243;menos as&#237; definidos constituyen una ciencia vital, que a su vez,    tiene como car&#225;cter el ser vaga e incierta, es abusar extra&#241;amente    de la palabra ciencia. Parece que no hay que responder a semejante razonamientos,    porque los mismos no son sino la negaci&#243;n y la ausencia de todo esp&#237;ritu    cient&#237;fico. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> No obstante, &#161;cu&#225;ntos veces no han    sido repetidos argumentos an&#225;logos! &#161;cu&#225;ntos m&#233;dicos han    sostenido que la fisiolog&#237;a y la medicina no ser&#237;an jam&#225;s otra    cosa sino semi-ciencias, ciencias conjeturales, porque no se podr&#237;a jam&#225;s    aprehender el principio de la vida o el genio secreto de las enfermedades! </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Estas afirmaciones, que resuenan aun en nuestros    o&#237;dos como ecos lejanos de doctrinas envejecidas, no podr&#237;an ya detenernos.    <i>Descartes, Leibnitz, Lavoisier</i> nos han ense&#241;ado que la materia y    sus leyes no difieren en los cuerpos vivientes y en los cuerpos brutos; nos    han mostrado que no hay en el mundo sino una sola mec&#225;nica, una sola f&#237;sica,    una sola qu&#237;mica, comunes a todos los seres de la naturaleza. No existen    pues dos &#243;rdenes de ciencias. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Toda ciencia digna de este nombre es aquella    que, conociendo las leyes precisas de los fen&#243;menos, las predice con certeza    y las domina cuando est&#225;n a su alcance. Todo lo que queda fuera de este    car&#225;cter no es sino empirismo o ignorancia; porque no pueden existir semi-ciencias    ni ciencias conjeturales. Es un error profundo el creer que, en los cuerpos    vivientes, tengamos que preocuparnos de la esencia misma y del principio de    la vida. No podemos remontarnos al principio de nada, y el fisi&#243;logo tiene    tan poco que ver con el principio de la vida como el qu&#237;mico con el principio    de la afinidad de los cuerpos. Las causas primeras escapan a nuestra comprensi&#243;n    en todas partes, y en todas partes al igual no podemos alcanzar sino las causas    inmediatas de los fen&#243;menos. Ahora bien, estas causas inmediatas, que no    son sino las condiciones mismas de los fen&#243;menos, son susceptibles de un    determinismo tan riguroso en las ciencias de los cuerpos vivientes como en las    ciencias de los cuerpos brutos. No existe ninguna diferencia cient&#237;fica    en todos los fen&#243;menos de la naturaleza, ano ser la complejidad o la delicadeza    de las condiciones de su manifestaci&#243;n que los hacen m&#225;s o menos dif&#237;ciles    de distinguir y precisar. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Tales son los principios que deben dirigirnos.    Por esto concluiremos sin vacilar que la dualidad establecida para la escuela    vitalista en las ciencias de los cuerpos brutos y de los cuerpos vivientes es    absolutamente contraria as la ciencia misma. La unidad reina en todo su dominio.    Las ciencias de los cuerpos vivientes y de los cuerpos brutos tienen como base    los mismos principios y como medios de estudio los mismos m&#233;todos de investigaci&#243;n.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Si bien las doctrinas han sucumbido por el error    esencial de su principio de dualismo o de antagonismo entre la naturaleza viviente    y la naturaleza inorg&#225;nica, el problema subsiste aun. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Tenemos que responder al interrogante secular:    &#191;Qu&#233; es la vida? Y tambi&#233;n a este otro: &#191;Qu&#233; es la    muerte? Porque estos dos interrogantes est&#225;n estrechamente ligados y no    podr&#237;an ser separados el uno del otro. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> El ser vivo se caracteriza esencialmente por    la nutrici&#243;n. El edificio org&#225;nico es el lugar donde se desarrolla    un perpetuo movimiento nutritivo, movimiento interno que no cesa en parte alguna;    cada uno sin cesar y sin tregua se alimenta en el medio que lo rodea y expulsa    sus desechos y sus productos. Esta renovaci&#243;n molecular es imperceptible    a simple vista; pero como vemos el principio y el fin, la entrada y la salida    de las sustancias, la concebimos en sus fases intermedias y nos la representamos    como una corriente de materias que atraviesa continuamente el organismo y lo    renueva en su sustancia manteni&#233;ndolo en forma. Este movimiento que se    ha llamado el torbellino vital, el <i>circulus </i>material entre el mundo org&#225;nico    y el mundo inorg&#225;nico, existe en la planta como en el animal, no se interrumpe    jam&#225;s y deviene la condici&#243;n y, al mismo tiempo, la causa inmediata    de todas las otras manifestaciones vitales. La universalidad de tal fen&#243;meno,    la constancia que presenta, su necesidad, hacen de &#233;l el car&#225;cter    fundamental del ser vivo, el signo m&#225;s general de la vida. No es de asombrar    pues, que algunos fisi&#243;logos se hayan visto tentados a tomarlo para definir    la vida misma. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Sin embargo, este fen&#243;meno no es simple;    conviene analizarlo, penetrar m&#225;s profundamente en su mecanismo, a fin    de precisar la idea que un examen superficial del mismo puede darnos de la vida.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> El movimiento nutritivo comprende dos operaciones    distintas, pero conexas e inseparables: una por la cual la materia inorg&#225;nica    es fijada o incorporada a los tejidos vivos como parte integrante, la otra por    la cual se separa de ellos y los abandona. Este doble movimiento incesante no    es en definitiva sino una alternativa perpetua de vida y muerte, es decir de    destrucci&#243;n y renacimiento de las partes constituyentes del organismo.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Los vitalistas no han comprendido la nutrici&#243;n.    Los unos imbuidos de la idea de que la vida tiene por esencia resistir a la    muerte, es decir a las fuerzas f&#237;sicas y qu&#237;micas, deb&#237;an presumir    naturalmente que el ser vivo llegado a su pleno desarrollo no tendr&#237;a nada    m&#225;s que mantenerse en el equilibrio m&#225;s estable posible, neutralizando    la influencia destructiva de los agentes exteriores; los otros, comprendiendo    mejor el fen&#243;meno y apreciando la perpetua mutaci&#243;n del organismo    han rehusado admitir que este movimiento de renovaci&#243;n molecular fuese    producido por las fuerzas generales de la naturaleza y lo han atribuido a una    fuerza vital. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Ni los unos ni los otros han visto que era precisamente    la destrucci&#243;n org&#225;nica, operada bajo la influencia de las fuerzas    f&#237;sicas y qu&#237;micas generales, la que provoca el movimiento incesante    de intercambio y deviene as&#237; la causa de la reorganizaci&#243;n. Los actos    de destrucci&#243;n org&#225;nica o desorganizaci&#243;n se revelan inmediatamente    ante nosotros; sus signos son evidentes, se manifiestan hacia el exterior y    se repiten en cada manifestaci&#243;n vital. Los actos de asimilaci&#243;n o    de organizaci&#243;n, por el contrario, siguen siendo totalmente interiores    y casi no tienen expresi&#243;n fenomenal; presiden una s&#237;ntesis que re&#250;ne    de una manera silenciosa y escondida los materiales que ser&#225;n consumidos    m&#225;s tarde en las manifestaciones fragosas de la vida. Es una verdad muy    notable y muy esencial comprender que estas dos fases del <i>c&#237;rculus</i>    nutritivo se expresan de modo distinto, la organizaci&#243;n permanece latente    y la desorganizaci&#243;n se manifiesta por signos sensibles en todos los fen&#243;menos    de la vida. Aqu&#237; la apariencia nos enga&#241;a, como casi siempre; lo que    nosotros llamamos fen&#243;meno de vida es en el fondo un fen&#243;meno de muerte    org&#225;nica. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Los dos factores de la nutrici&#243;n son pues    la asimilaci&#243;n y la desasimilaci&#243;n; en otros t&#233;rminos, la organizaci&#243;n    y desorganizaci&#243;n. La desasimilaci&#243;n acompa&#241;a siempre la manifestaci&#243;n    vital. Cuando el hombre o el animal hacen un movimiento se destruye y se quema    una parte de la sustancia y la voluntad, los nervios se usan, cuando se piensa    se consume el cerebro, etc&#8230; As&#237; puede decirse que jam&#225;s la misma    materia sirve dos veces a la vida. Cuando se realiza un acto, la parte de la    materia viva que ha servido para producirlo no existe m&#225;s. Si el fen&#243;meno    reaparece, una materia nueva le ha prestado su concurso. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> El gasto molecular es siempre proporcional a    la intensidad de las manifestaciones vitales. La alteraci&#243;n material es    tanto m&#225;s profunda o considerable cuanto m&#225;s activa se muestra la    vida. La desasimilaci&#243;n expulsa desde la profundidad del organismo sustancias    tanto m&#225;s oxidadas por la combusti&#243;n vital cu&#225;nto m&#225;s en&#233;rgico    ha sido el funcionamiento de los &#243;rganos. Estas oxidaciones o combustiones    engendran el calor animal, dan nacimiento al &#225;cido carb&#243;nico que se    exhala por los pulmones y a diferentes productos que se eliminan por otros emunctorios    de la econom&#237;a. El cuerpo se gasta, experimenta una consunci&#243;n y una    p&#233;rdida de peso que traducen y miden la intensidad de sus funciones. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Por doquier, en una palabra, la destrucci&#243;n    fisioqu&#237;mica va unida a la actividad funcional y podemos considerar como    un axioma fisiol&#243;gico la proposici&#243;n siguiente: toda manifestaci&#243;n    de un fen&#243;meno en el ser vivo est&#225; necesariamente ligada a la destrucci&#243;n    org&#225;nica. Tal ley, que encadena el fen&#243;meno que se produce a la materia    que se destruye o, por mejor decirlo, a la sustancia que se transforma, no es    una cuesti&#243;n espec&#237;fica del mundo vivo; la naturaleza f&#237;sica    obedece a la misma regla. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Lo que manifiesta un ser vivo que est&#225;    en la plenitud de su actividad funcional no es una gran energ&#237;a exponente    de una fuerza vital misteriosa, sino simplemente que en su organismo tiene lugar    una actividad total de los fen&#243;menos qu&#237;micos de combusti&#243;n y    de destrucci&#243;n org&#225;nica. Cuando <i>Cuvier</i> nos pinta la vida floreciendo    en el cuerpo de una joven mujer, se equivoca al creer con los vitalistas que    las fuerzas o las propiedades f&#237;sicas y qu&#237;micas son entonces dome&#241;adas    o sostenidas por la fuerza vital. Por el contrario, todas las fuerzas f&#237;sicas    son desencadenadas, el organismo se quema y consume m&#225;s r&#225;pidamente    y es por esto mismo que la vida brilla con todo su esplendor. </font></p>     <p> <font face="Verdana" size="2"><i>Stahl</i> ha dicho con raz&#243;n que los    fen&#243;menos f&#237;sicos y qu&#237;micos destruyen el cuerpo vivo y lo conducen    a la muerte; pero la verdad se le ha escapado por no haber visto que los fen&#243;menos    de destrucci&#243;n vital son ellos mismos los instigadores y los precursores    de la renovaci&#243;n material que se oculta a nuestros ojos en la intimidad    de los tejidos. En efecto, al mismo tiempo que los fen&#243;menos de combusti&#243;n    se evidencian claramente por las manifestaciones vitales exteriores, el proceso    formativo se opera en el silencio de la vida vegetativa. No tiene otra expresi&#243;n    sino &#233;l mismo, es decir, no se revela nada m&#225;s que por el organismo    y por la reparaci&#243;n del edificio vivo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Desde la antig&#252;edad se ha comparado la    vida con una llama. Gracias a <i>Lavoisier,</i> esta met&#225;fora ha devenido    una verdad. El ser que vive es como la llama que arde; el cuerpo se consume,    la materia de la llama se destruye; el uno brilla con la llama f&#237;sica,    la otra brilla con la llama vital. Sin embargo, para que la comparaci&#243;n    sea rigurosa habr&#237;a que concebir una llama f&#237;sica capaz de durar,    que se renueve y se regenere como la llama vital. La combusti&#243;n f&#237;sica    es un fen&#243;meno aislado, en cierta manera accidental, que no tiene en la    naturaleza vinculaciones arm&#243;nicas sino consigo misma. La combusti&#243;n    vital, por el contrario, supone una regeneraci&#243;n correlativa, fen&#243;meno    de la m&#225;s alta importancia cuyos caracteres principales nos quedan por    trazar. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> El movimiento de regeneraci&#243;n o de s&#237;ntesis    org&#225;nica nos ofrece dos modos principales. En uno la s&#237;ntesis asimila    la sustancia ambiente para hacer con ella principios nutritivos, en otro forma    directamente los elementos de los tejidos. As&#237; vemos al lado de la formaci&#243;n    de productos inmediatos de la s&#237;ntesis qu&#237;mica, aparecer fen&#243;menos    de mudas o renovaciones histol&#243;gicas, tanto contin&#250;as como peri&#243;dicas.    Los fen&#243;menos de regeneraci&#243;n, de reintegraci&#243;n, de reparaci&#243;n,    que se muestran en el individuo adulto, son de la misma naturaleza que los fen&#243;menos    de generaci&#243;n y evoluci&#243;n por los cuales el embri&#243;n constituye    en los or&#237;genes sus propios &#243;rganos y elementos anat&#243;micos. El    ser vivo se caracteriza pues, a la vez, por la generaci&#243;n y por la nutrici&#243;n.    Hay que reunir e integrar estos dos &#243;rdenes de fen&#243;menos y en lugar    de crear dos categor&#237;as distintas hacemos de ellas un acto &#250;nico cuya    esencia y mecanismos son totalmente paralelos. Partiendo de este concepto, se    ha podido decir con raz&#243;n que la nutrici&#243;n no era sino una generaci&#243;n    continuada. S&#237;ntesis org&#225;nica, generaci&#243;n, regeneraci&#243;n,    reintegraci&#243;n e incluso cicatrizaci&#243;n son aspectos de un mismo fen&#243;meno,    manifestaciones variadas de un mismo agente, el germen. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> El germen es el agente de organizaci&#243;n    y de nutrici&#243;n por excelencia; atrae en torno a s&#237; la materia c&#243;smica    y la organiza para constituir el nuevo ser. Sin embargo, el germen no puede    manifestar su poder organizador, sino operando por s&#237; mismo combustiones,    destrucciones org&#225;nicas. Por esto se encierra desde su origen en una c&#233;lula,    la c&#233;lula huevo, y se rodea de materiales nutritivos elaborados que denominamos    el vitelo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> La c&#233;lula huevo, as&#237; constituida por    el germen y el vitelo, desarrolla el organismo nuevo segment&#225;ndose y dividi&#233;ndose    al infinito en una cantidad innumerable de c&#233;lulas provistas ellas mismas    de un germen de nutrici&#243;n. Este germen celular, que llamamos n&#250;cleo    de la c&#233;lula, atrae y elabora en torno a s&#237; los materiales nutritivos    especiales destinados a las combustiones funcionales de cada uno de los elementos    de nuestros tejidos o de nuestros &#243;rganos. Cuando se producen fen&#243;menos    de reintegraci&#243;n naturales o accidentales; cuando un nervio cortado, por    ejemplo, se regenera y reanuda sus funciones, tambi&#233;n estos n&#250;cleos    celulares a ejemplo del germen primordial de que derivan, se dividen, se multiplican,    para reconstituir en el adulto los tejidos nuevos, repitiendo id&#233;nticamente    los procederes de la formaci&#243;n embrionaria. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Todos los fen&#243;menos tan variados de regeneraci&#243;n    y de s&#237;ntesis org&#225;nicas tienen por car&#225;cter distintivo, lo hemos    dicho ya, el de ser, en alguna manera, invisibles al exterior. Ante el silencio    que reina en un huevo en incubaci&#243;n no se podr&#237;a sospechar la actividad    que en &#233;l se despliega y la importancia de los fen&#243;menos que en &#233;l    tienen lugar; es el ser vivo el que al salir nos revelar&#225; con sus manifestaciones    vitales, las maravillas de este trabajo lento y oculto. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Otro tanto sucede con todas nuestras funciones;    cada una tiene, por as&#237; decirlo, su incubaci&#243;n organizadora. Cuando    un acto vital se produce exteriormente, sus condiciones desde hac&#237;a mucho    tiempo se hab&#237;an reunido en esta elaboraci&#243;n silenciosa y profunda    que prepara las causas de todos los fen&#243;menos. Conviene no perder de vista    estas dos fases del trabajo fisiol&#243;gico. Cuando se desea modificar las    acciones vitales, debemos alcanzarlas en su evoluci&#243;n oculta; cuando el    fen&#243;meno salta a la vista ya es demasiado tarde. Aqu&#237;, como por doquier,    nada sucede por un brusco azar, los acontecimientos m&#225;s repentinos en apariencia    han tenido sus causas latentes. El objeto de la ciencia es precisamente descubrir    estas causas elementales a fin de poder modificarlas y dominar as&#237; la aparici&#243;n    ulterior de los fen&#243;menos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En resumen, distinguiremos en el cuerpo vivo    dos grandes grupos de fen&#243;menos inversos: los fen&#243;menos funcionales    o de defensa vital, los fen&#243;menos org&#225;nicos o de concentraci&#243;n    vital. La vida se mantiene por dos &#243;rdenes de actos enteramente opuestos    en la naturaleza: la combusti&#243;n desasimiladora que consume la materia viva    en los &#243;rganos en funci&#243;n y la s&#237;ntesis asimiladora que regenera    los tejidos en los &#243;rganos en reposo. Los agentes de estos dos g&#233;neros    de fen&#243;menos no son menos diferentes. La combusti&#243;n vital toma prestado    del exterior el agente general de las combustiones, el ox&#237;geno, y a la    falta de &#233;l los fermentos cuya acci&#243;n desasimiladora puede intervenir    en las profundidades del organismo donde no penetra el aire. La s&#237;ntesis    organizadora, por el contrario, posee un agente especial, el germen propiamente    dicho, o los n&#250;cleos de las c&#233;lulas, g&#233;rmenes secundarios que    son sus emanaciones y que se encuentran repartidos en todas las partes elementales    del cuerpo vivo. Las condiciones de la desasimilaci&#243;n funcional y las de    la asimilaci&#243;n org&#225;nica est&#225;n igualmente separadas. Los mismos    agentes de combusti&#243;n que consumen el edificio org&#225;nico destruy&#233;ndolo    despu&#233;s de la muerte; a&#250;n cuando los fen&#243;menos de regeneraci&#243;n    se han extinguido en el organismo. De ah&#237; resulta que todos los fen&#243;menos    funcionales acompa&#241;ados de combusti&#243;n, de fermentaci&#243;n o de disociaci&#243;n    org&#225;nica, pueden realizarse tanto fuera como dentro de los cuerpos vivos.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Gracias a esta circunstancia, el fisi&#243;logo    puede analizar los mecanismos vitales con la ayuda de la experimentaci&#243;n.    En un organismo mutilado, &#233;l mantiene artificialmente la respiraci&#243;n,    la circulaci&#243;n, la digesti&#243;n, etc, y estudia las propiedades de los    tejidos vivos fuera de cuerpo. En partes separadas el m&#250;sculo se contrae,    la gl&#225;ndula segrega, el nervio conduce las excitaciones absolutamente como    durante la vida; sin embargo, aunque los tejidos aislados del conjunto de sus    condiciones org&#225;nicas pueden consumirse y funcionar todav&#237;a, no pueden    regenerarse: por esto su muerte definitiva deviene entonces inevitable. Los    fen&#243;menos de combusti&#243;n funcional, no pueden manifestarse sino en    el cuerpo vivo, cada uno en un lugar especial; ning&#250;n artificio ha podido    hasta el presente suplir estas condiciones esenciales del cuerpo vivo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Si nos fund&#225;ramos en las diferencias profundas    que acabamos de indicar para asignar en la econom&#237;a un papel vital independiente    a la combusti&#243;n y a la regeneraci&#243;n org&#225;nica, no nos equivocar&#237;amos    grandemente porque los dos &#243;rdenes de fen&#243;menos son tan solidarios    en el acto de la nutrici&#243;n que, por as&#237; decirlo, no son distintos    sino en la mente; en la naturaleza son inseparables. Ning&#250;n ser vivo, animal    o vegetal, puede manifestar sus funciones si no es por el ejercicio simult&#225;neo    de la combusti&#243;n vital y de la s&#237;ntesis org&#225;nica. En este terreno    es donde deber&#225;n reunirse y conciliarse las escuelas qu&#237;micas y anat&#243;micas,    porque la soluci&#243;n del problema fisiol&#243;gico de la vida exige su doble    concurso. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Hemos seguido el fen&#243;meno caracter&#237;stico    de la vida, la nutrici&#243;n hasta en sus manifestaciones &#237;ntimas; veamos    a qu&#233; conclusi&#243;n puede llevarnos este estudio en relaci&#243;n con    la soluci&#243;n del problema tantas veces abordado de la definici&#243;n de    la vida. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Si dese&#225;ramos expresar que todas las funciones    vitales son la consecuencia necesaria de una conclusi&#243;n org&#225;nica,    repetir&#237;amos lo que ya hemos enunciado: la vida es la muerte, la destrucci&#243;n    de los tejidos o bien dir&#237;amos con <i>Buf&#243;n:</i> la vida es un minotauro,    devora al organismo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Si por el contrario quisi&#233;ramos insistir    en esta segunda fase del fen&#243;meno de la nutrici&#243;n, que la vida no    se mantiene sino a condici&#243;n de una constante regeneraci&#243;n de los    tejidos, considerar&#237;amos la vida como una creaci&#243;n ejecutada por medio    de un acto pl&#225;stico y regenerador opuesto a las manifestaciones vitales.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Finalmente, si dese&#225;ramos comprender las    dos fases del fen&#243;meno, la organizaci&#243;n y la desorganizaci&#243;n,    nos acercar&#237;amos a la definici&#243;n de la vida dada por <i>Blainvilla:</i>    &#8220;La vida es un doble movimiento interno de descomposici&#243;n, a la vez    general y continuo&#8221;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> M&#225;s recientemente, <i>Herbert-Spencer</i>    ha propuesto la definici&#243;n siguiente: &#8220;La vida es la combinaci&#243;n    definida de los cambios heterog&#233;neos a la vez simult&#225;neos y sucesivos&#8221;;    bajo esta definici&#243;n abstracta, el fil&#243;sofo ingl&#233;s dese&#243;    sobre todo indicar la idea de la evoluci&#243;n y de sucesi&#243;n que se observa    en los fen&#243;menos vitales. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Tales definiciones, por muy incompletas que    sean, tendr&#237;an por lo menos el m&#233;rito de expresar un aspecto de la    vida: no ser&#237;an puramente verbales como la de la Enciclopedia: &#8220;la    vida es lo contrario de la muerte&#8221;, o la de <i>P. A. B&#233;clard:</i>    &#8220;la vida es la organizaci&#243;n en acci&#243;n&#8221;, la de <i>Duges:</i>    &#8220;la vida es la actividad especial de los seres organizados&#8221;, lo    que viene a ser lo mismo que decir: la vida es la vida. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font face="Verdana" size="2"><i>Kant</i> ha definido la vida como: &#8220;un    principio interior en acci&#243;n&#8221;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Esta definici&#243;n, que recuerda la idea de    <i>Hip&oacute;crates,</i> ha sido adoptada por <i>Tiedeman</i> y por otros fisi&#243;logos:    no hay en realidad m&#225;s principio interior de actividad en la materia viva    que en la materia bruta. Los fen&#243;menos que tienen lugar en los minerales    est&#225;n ciertamente bajo la dependencia de las condiciones atmosf&#233;ricas    exteriores; pero lo mismo sucede con la actividad de las plantas y de los animales    de sangre fr&#237;a. Si el hombre y los animales de sangre caliente parecen    libres e independientes en sus manifestaciones vitales, esto se debe a que su    cuerpo presenta un mecanismo m&#225;s perfecto que les permite producir calor    en cantidad tal que no tienen necesidad de tomar prestado necesariamente del    medio ambiente. En una palabra, la espontaneidad de la materia viva no es sino    una falsa apariencia. Hay constantemente principios exteriores, estimulantes    extra&#241;os que vienen a provocar la manifestaci&#243;n de las propiedades    de una materia siempre igualmente inerte en s&#237; misma. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Nosotros limitaremos aqu&#237; estas citas,    que podr&#237;amos multiplicar al infinito sin encontrar una sola definici&#243;n    completamente satisfactoria de la vida. &#191;Por qu&#233; es esto? Es que en    relaci&#243;n con la vida hay que distinguir la palabra de la cosa misma. Pascal,    que ha conocido tambi&#233;n todas las debilidades y todas las ilusiones de    la mente humana, observa que en realidad las verdaderas definiciones no son    sino creaciones de nuestra mente, es decir, definiciones de nombres o de convenciones    para abreviar el discurso; pero reconoce que existen palabras primitivas que    se entienden por s&#237; solas, sin que haya necesidad de definirlas. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> La palabra vida est&#225; en este caso. Todo    el mundo entiende cuando se habla de la vida y de la muerte. Ser&#237;a por    lo dem&#225;s imposible separar estos dos t&#233;rminos o estas dos ideas correlativas,    porque lo que vive es lo que morir&#225; y lo que est&#225; muerto es lo que    ha vivido. Cuando se trata de un fen&#243;meno de la vida, como de todo fen&#243;meno    de la naturaleza, la primera condici&#243;n es conocerlo; la definici&#243;n    no puede ser dada sino a posteriori como conclusi&#243;n resumida de un estudio    previo; pero ya no se trata, propiamente hablando, de una definici&#243;n; es    una visi&#243;n, un concepto; se tratar&#225; pues para nosotros de saber qu&#233;    concepto debemos formarnos de los fen&#243;menos de la vida de hoy d&#237;a    en el estado actual de nuestros conocimientos fisiol&#243;gicos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Este concepto ha variado necesariamente con    las &#233;pocas seg&#250;n el progreso de la ciencia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Al comienzo de este siglo, un fisi&#243;logo    franc&#233;s, <i>Le Gallois,</i> publicaba todav&#237;a un volumen de experiencias:    sobre el principio de la vida y sobre la sede de este principio. Ya no se busca    la sede de la vida; se sabe que reside por doquier en todas las mol&#233;culas    de la materia organizada. Las propiedades vitales no est&#225;n en realidad    sino en las c&#233;lulas vivas, todo el resto no es sino ordenaci&#243;n y mecanismo.    Las manifestaciones tan variadas de la vida son expresiones mil y mil veces    combinadas y diversificadas de propiedades org&#225;nica elementales fijas e    invariables. Por consiguiente, importa menos conocer la inmensa variedad de    las manifestaciones vitales que la naturaleza parece no poder agotar jam&#225;s,    que determinar rigurosamente las propiedades de los tejidos que les dan nacimiento.    Por esto, hoy, todos los esfuerzos de la ciencia se dirigen hacia el estudio    biol&#243;gico de &#233;stas, infinitamente peque&#241;as, que esconden el verdadero    secreto de la vida. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Por lejos que descendamos hoy d&#237;a en la    intimidad de los fen&#243;menos propios de los seres vivos, la cuesti&#243;n    que se nos presenta es siempre la misma. Es la cuesti&#243;n que ha sido planteada    desde la antig&#252;edad en el comienzo de la ciencia misma: &#191;La vida se    debe a un facultad, a una fuerza particular, o no es sino una modalidad de las    fuerzas generales de la naturaleza? En otros t&#233;rminos, &#191;existe en    los seres vivos una fuerza especial que sea distinta de las fuerzas f&#237;sicas,    qu&#237;micas o mec&#225;nicas? </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Los vitalistas siempre se han atrincherado en    la imposibilidad de explicar f&#237;sicamente o mec&#225;nicamente todos los    fen&#243;menos de la vida; sus adversarios siempre han respondido reduciendo    un mayor n&#250;mero de manifestaciones vitales a explicaciones fisicoqu&#237;micas    bien demostradas. Hay que confesar que estos &#250;ltimos han ganado terreno    constantemente y, que en nuestra &#233;poca sobre todo, ganan cada d&#237;a    m&#225;s y m&#225;s terreno. &#191;Llegar&#237;an as&#237; a abarcarlo todo    con sus teor&#237;as y no quedar&#225; a pesar de sus esfuerzos un &#8220;quid    propium&#8221; de la vida que ser&#225; irreductible? Este punto es el que hay    que examinar. Analizando con cuidado todos los fen&#243;menos vitales cuya explicaci&#243;n    pertenece a las fuerzas f&#237;sicas y qu&#237;micas, rechazaremos el vitalismo    en un dominio m&#225;s circunscrito y por ende m&#225;s f&#225;cil de determinar.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> De los &#243;rdenes de fen&#243;menos nutritivos    que constituyen esencialmente la vida y que son el origen de todas sus manifestaciones    sin excepci&#243;n, hay uno, el de la destrucci&#243;n, de la desasimilaci&#243;n    org&#225;nica que entra ya totalmente en el campo de las acciones qu&#237;micas;    estas descomposiciones en los seres vivos no tienen de misterioso, ni m&#225;s    ni menos que las que nos ofrecen los cuerpos inorg&#225;nicos. En cuanto a los    fen&#243;menos de g&#233;nesis organizadora y de generaci&#243;n nutritiva,    parecen a primera vista ser de una naturaleza vital del todo especial, irreductibles    a las acciones qu&#237;micas generales; pero &#233;sta no es aun m&#225;s que    una apariencia y, para darse bien cuenta de ello, hay que considerar estos fen&#243;menos    bajo el doble aspecto que presentan, de una parte la s&#237;ntesis qu&#237;mica    ordinaria y de otra la evoluci&#243;n org&#225;nica que en ella tiene lugar.    En efecto, la g&#233;nesis vital comprende fen&#243;menos de s&#237;ntesis qu&#237;mica    dispuestos, desarrollados siguiendo un orden particular que constituye su evoluci&#243;n.    Conviene separar los fen&#243;menos qu&#237;micos en s&#237; mismos de su evoluci&#243;n,    porque son dos cosas del todo distintas. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En cuanto a acciones sint&#233;ticas, es evidente    que estos fen&#243;menos no emanan sino de las fuerzas qu&#237;micas generales;    examin&#225;ndolos sucesivamente uno por uno, se demuestra esto claramente.    Las materias calc&#225;reas que se encuentran en las conchas de los moluscos,    en los huevos de las aves, en los huesos de los mam&#237;feros han sido ciertamente    formadas seg&#250;n las leyes de la qu&#237;mica ordinaria durante la evoluci&#243;n    del embri&#243;n. Las materias grasas y oleosas est&#225;n en el mismo caso    y ya la qu&#237;mica ha llegado a reproducir artificialmente en los laboratorios    gran n&#250;mero de principios inmediatos y de aceites esenciales que son, naturalmente,    propiedad del reino animal o vegetal. Igualmente las materias amil&#225;ceas,    que se desarrollan en los animales y que se producen por la uni&#243;n del carbono    y del agua bajo la influencia del sol en las hojas verdes de las plantas, son    sin duda fen&#243;menos qu&#237;micos muy bien caracterizados. Si trat&#225;ndose    de las materias nitrogenadas o albuminoideas los procedimientos de s&#237;ntesis    son mucho m&#225;s oscuros, esto se debe a que la qu&#237;mica org&#225;nica    est&#225; todav&#237;a muy poco avanzada; pero es muy cierto, sin embargo, que    estas sustancias se forman por procedimientos qu&#237;micos en los organismos    de los seres vivos. En verdad se puede decir que los agentes de las s&#237;ntesis    org&#225;nicas, los g&#233;rmenes y las c&#233;lulas, constituyen agentes del    todo excepcionales. <ins cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T12:18"></ins>    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Se podr&#237;a decir igualmente con respecto    a los fen&#243;menos de desorganizaci&#243;n que los fen&#243;menos son tambi&#233;n    agentes particulares de los seres vivos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Yo pienso, en lo que a mi respecta, que esta    es una ley general y que los fen&#243;menos qu&#237;micos del organismo son    ejecutados por agentes o procedimientos especiales; pero eso no cambia nada    la naturaleza puramente qu&#237;mica de los fen&#243;menos que tienen lugar    y de los productos <ins cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T12:52"> </ins>que    son consecuencia<del cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T12:52"></del>.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Despu&#233;s de haber examinado la s&#237;ntesis    qu&#237;mica, llegamos a la evoluci&#243;n org&#225;nica. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> <font color="#000000">Los agentes de los fen&#243;menos    qu<del cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T12:52"></del>&#237;micos en    los cuerpos vivos no se limitan a producir s&#237;ntesis qu&#237;micas de materias    sumamente variadas, sino que las organizan y las apropian a la edi<del cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T13:00"></del>ficaci&#243;n    morfol&#243;gica del nuevo ser. Entre estos agentes de la qu&#237;mica viva,    el m&#225;s poderoso y el m&#225;s maravilloso es sin contradicci&#243;n el    huevo, la c&#233;lula primordial que contiene el germen, principio organizador    de todo el cuerpo. Nosotros no asisti<del cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T13:16">e</del>mos    a la creaci&#243;n del nuevo &#8220;ex nihilo&#8221;, ya que p</font>roviene    de los padres y el origen de su virtualidad evolutiva se nos oculta; pero cada    d&#237;a la ciencia remonta m&#225;s alto hacia este misterio. <ins cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T13:20"></ins>    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por el germen, y en virtud de esta especie de    facultad evolutiva que posee, se establecen la perpetuidad de las especies y    la descendencia de los seres; por &#233;l comprendemos las relaciones necesarias    que existen entre los fen&#243;menos de la nutrici&#243;n y los del desarrollo.    El nos explica la duraci&#243;n limitada del ser vivo, porque la muerte debe    llegar cuando la nutrici&#243;n se detiene, no porque los aliment <del cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T13:25">s</del>os    hagan falta sino porque el encadenamiento evolutivo del ser ha llegado a su    t&#233;rmino y el impulso organizador ha agotado su virtud.<ins cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T13:26"></ins>    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El germen preside todav&#237;a la organizaci&#243;n    del ser formando, con la ayuda de las materias ambientes, la sustancia viva    y d&#225;ndole los caracteres de inestabilidad qu&#237;mica que devienen la    causa de los movimientos vitales incesantes que tiene lugar en ella. Las c&#233;lulas,    g&#233;rmenes secundarios, presiden de la misma manera la organizaci&#243;n    celular nutritiva. Es muy evidente que se trata de acciones puramente qu&#237;micas;    pero es no menos claro que estas acciones qu&#237;micas en virtud de las cuales    el organismo crece y se edifica, se encadenan y se suceden, con miras al resultado    que es la organizaci&#243;n y el crecimiento del individuo animal o vegetal.    Hay como un prop&#243;sito vital que traza el plan de cada se<del cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T13:39">t</del>r    y de cada &#243;rgano, de manera que, aunque considerando aisladamente cada    fen&#243;meno del organismo es tributario de las fuerzas generales de la naturaleza,    tomadas en su sucesi&#243;n y en su conjunto parecen revelar un v&#237;nculo    especial; parecen dirigidas por alguna condici&#243;n invisible en la ruta que    siguen, en el orden que las encadena. As&#237; las acciones qu&#237;micas sint&#233;ticas    de la organizaci&#243;n y de la nutrici&#243;n se manifiestan como si estuvieran    dominadas por una fuerza impulsiva que gobierna la materia, que realiza una    qu&#237;mica apropiada a un fin colocando los reactivos ciegos de los laboratorios    a la manera del qu&#237;mico mismo. Esta facultad de evoluci&#243;n inmanente    del &#243;vulo que debe reproducir un ser vivo abarca a la vez, como ya lo sabemos,    los fen&#243;menos de generaci&#243;n y de nutrici&#243;n; los unos y los otros    tienen pues un car&#225;cter evolutivo que es su fondo y su esencia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Esta facultad o propiedad evolutiva que nos    limitamos a enunciar aqu&#237;, es la &#250;nica que constituir&#237;a el &#8220;quid    proprium&#8221; de la vida, porque es claro que esta propiedad evolutiva del    huevo, que produce un mam&#237;fero, un ave o un pez, no es ni f&#237;sica ni    qu&#237;mica. Los conceptos vitalistas no pueden ya hoy sobrevalorar el conjunto    de la fisiolog&#237;a. La fuerza evolutiva del huevo y de las c&#233;lulas es    pues el &#250;ltimo baluarte del vitalismo; pero refugi&#225;ndose en &#233;l    es f&#225;cil ver que el vitalismo se trasforma en un concepto metaf&#237;sico    y rompe el &#250;ltimo v&#237;nculo que lo une al mundo f&#237;sico, a la ciencia    fisiol&#243;gica. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Diciendo que la vida es la idea directriz o la    fuerza evolutiva del ser, expresamos simplemente la idea de una unidad en la    sucesi&#243;n de todos los cambios morfol&#243;gicos y qu&#237;micos efectuados    por el germen desde el origen hasta el fin de la vida. Nuestra mente comprende    esta unidad como un concepto que se le impone y lo explica por una fuerza metaf&#237;sica    es activa a la manera de una fuerza f&#237;sica. Este concepto no sale del dominio    intelectual para venir a reaccionar sobre los fen&#243;menos para cuya explicaci&#243;n    la mente lo ha recreado; aunque emanado del mundo f&#237;sico, no tiene efecto    reatroactivo sobre &#233;l. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En una palabra, la fuerza metaf&#237;sica evolutiva    por la cual podemos caracterizar la vida es in&#250;til a la ciencia, porque    estando fuera de las fuerzas f&#237;sicas no puede ejercer ninguna influencia    sobre ellas. Por lo tanto, es preciso separar el mundo metaf&#237;sico del mundo    f&#237;sico fenomenal que le sirve de base, pero que no tiene nada que pedirle    prestado. <i>Leibniz</i> ha expresado esta limitaci&#243;n en las palabras que    recordamos al comienzo de este estudio; la ciencia la consagra hoy en d&#237;a.    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> En resumen, aunque podemos definir la vida con    la ayuda de un concepto metaf&#237;sico especial, son los &#250;nicos agentes    efectivos del organismo vivo y el fisi&#243;logo no puede tener en cuenta nada    m&#225;s que su acci&#243;n. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"> Diremos con <i>Descartes:</i> se piensa metaf&#237;sicamente,    pero se vive y se act&#250;a f&#237;sicamente. </font></p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"> 15 de mayo de 1875</font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><ins cite="mailto:diana" datetime="2014-04-02T16:28">    </ins> </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> _________________________ </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> <a name="Llam_ast1_14"></a><a href="#ast1_14">*</a>    Reproducido de &quot;Finlay&quot;. Revista M&#233;dico-Hist&#243;rica Cubana.    No. 3, julio-diciembre de 1964:82-107. </font>    <br>   <font face="Verdana" size="2"><a name="Llam_ast2_14"></a><a href="#ast2_14">**</a>    Arch&#233;e: principio de la vida en la filosof&#237;a antigua; entre alquimistas,    fuego central de la tierra. N. del T. </font></p>      ]]></body>
</article>
