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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Fuentes personales y documentos no publicados: las "ovejas negras" de los sistemas de descripción bibliográfica]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <DIV ALIGN=right> </DIV> <h3> EDITORIAL</h3>  <H2> Fuentes personales y documentos no publicados: las "ovejas negras" de los sistemas de descripci&oacute;n bibliogr&aacute;fica</H2> <I>La pr&aacute;ctica de reconocer, mediante citas bibliogr&aacute;ficas, el aporte que ofrecieron diversas fuentes y medios de informaci&oacute;n a la realizaci&oacute;n de un trabajo en particular se instituy&oacute; en el siglo xix.</I>      <P><I>A lo largo de este tiempo, se desarrollaron m&uacute;ltiples sistemas de descripci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y un n&uacute;mero infinito de normas particulares, con el prop&oacute;sito de facilitar, a partir de una presentaci&oacute;n uniforme, tanto la identificaci&oacute;n como la b&uacute;squeda y la recuperaci&oacute;n de las fuentes y medios de informaci&oacute;n que as&iacute; lo requieran.</I>      <P><I>Ahora bien, el examen de muchos de ellos permite inferir la tendencia creciente a aceptar s&oacute;lo como fuentes citables las fuentes documentales y los documentos publicados, fen&oacute;meno que parece obedecer, entre otras causas, al intento que realiza la propia ciencia por impedir que millones de comunicaciones y experiencias, llamadas cient&iacute;ficas quiz&aacute;s con un poco de precipitaci&oacute;n y sin suficiente solidez en sus fundamentos, se diseminen y formen parte del cuerpo de conocimientos de la ciencia.</I>      <P><I>Sin embargo, tanto los especialistas en informaci&oacute;n como los propios cient&iacute;ficos reconocen la existencia y la importancia que para el trabajo de la ciencia poseen dos categor&iacute;as de fuentes de informaci&oacute;n: las personales y las institucionales u organizacionales, y dos tipos de canales de informaci&oacute;n, los documentos no publicados y los documentos publicados.</I>      <P><I>Las fuentes de informaci&oacute;n personales est&aacute;n representadas generalmente por expertos en distintas &aacute;reas del conocimiento, aun cuando esta condici&oacute;n puede ostentarla cualquier especialista en su &aacute;rea de trabajo. Los documentos no publicados forman un amplio conjunto de materiales que circulan sin transitar previamente por un proceso de arbitraje como el que implementan las editoriales cient&iacute;ficas.</I>      <P><I>Los expertos, los colegas de la actividad, los profesores y otros profesionales representan para cualquier especialista una fuente de informaci&oacute;n de inter&eacute;s vital con independencia de que la trasmisi&oacute;n de sus mensajes se realice a trav&eacute;s de canales formales -donde media el arbitraje- o informales de la comunicaci&oacute;n cient&iacute;fica.</I>      <P><I>En algunas &aacute;reas de la ciencia en general, tal y como ocurre en el caso del sector de las investigaciones y otros en particular, como en el caso del sector cl&iacute;nico-asistencial de la medicina, la comunicaci&oacute;n informal representa la v&iacute;a m&aacute;s importante para el intercambio de los conocimientos y las experiencias m&aacute;s necesarias entre los especialistas.</I>      <P><I>&iquest;Cu&aacute;n importante puede resultar para un investigador la informaci&oacute;n que aporta un material no publicado o una comunicaci&oacute;n personal con un experto a la hora de tomar una decisi&oacute;n o de solucionar un problema en el curso de la investigaci&oacute;n que realiza?, por ejemplo. Todos los que una vez enfrentaron la ejecuci&oacute;n de una investigaci&oacute;n conocen cu&aacute;n v&aacute;lidos, decisivos y necesarios les resultaron para su trabajo muchos expertos, abordados quiz&aacute;s en un pasillo cualquiera, para obtener aquel consejo o aquel dato que en ninguna publicaci&oacute;n aparec&iacute;a hasta ese momento.</I>      <P><I>El impedir la diseminaci&oacute;n de conocimientos y experiencias sin suficiente solidez cient&iacute;fica constituye, ciertamente, una tarea de enorme importancia para la ciencia. Sin embargo, reconocer la significaci&oacute;n que para la realizaci&oacute;n del trabajo cient&iacute;fico poseen las fuentes personales y los documentos no publicados parece no poseer tanto valor, o, al menos, as&iacute; lo demuestra la pr&aacute;ctica de muchas normas de descripci&oacute;n bibliogr&aacute;fica.</I>      <P><I>Resulta &uacute;til recordar que la pobre calidad cient&iacute;fica -de contenido, metodol&oacute;gico y formal- de cientos de miles de trabajos publicados resulta hoy una realidad que, aunque nos cueste trabajo reconocerlo, se deriva, en muchas ocasiones, de la propia presi&oacute;n exagerada que ejercen las instituciones modernas sobre sus trabajadores para que publiquen, y del desarrollo de sistemas de evaluaci&oacute;n del trabajo de los cient&iacute;ficos basados en estad&iacute;sticas cuantitativas de publicaci&oacute;n, de asistencia a eventos, u otros.</I>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><I>Cuando tratemos de hallar la soluci&oacute;n correcta a este problema debemos recordar la c&eacute;lebre frase: "No son todos los que est&aacute;n, ni est&aacute;n todos los que son" (entre los documentos publicados).</I>      <P>Lic. Rub&eacute;n Ca&ntilde;edo Andalia     <BR>Departamento de Recursos Informativos     <BR>CNICM     <DIV ALIGN=right> </DIV>       ]]></body>
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