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</front><body><![CDATA[ <DIV ALIGN=right> </DIV> <h3> CARTAS AL DIRECTOR</h3>  <H2> <B>Acerca de la necesidad de sistematizar la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica cubana</B></H2> Ciudad de La Habana, 10 de febrero de 1997      <P>Lic. Jos&eacute; A. L&oacute;pez Espinosa. Director ACIMED.      <P>Estimado colega:      <P>Me dirijo a usted con la intenci&oacute;n de apoyar lo expresado por la licenciada Edicta Pamias sobre la importancia de la conservaci&oacute;n y sistematizaci&oacute;n de la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica nacional.1      <P>Es cierto, como bien dice la compa&ntilde;era antes mencionada, que en el pa&iacute;s existe una documentaci&oacute;n hist&oacute;rica de incalculable valor que en muchas ocasiones no se explota, tanto por desconocer su existencia como por lo dif&iacute;cil que resulta acceder a la informaci&oacute;n que contiene.      <P>Considero que los t&eacute;cnicos y profesionales de la informaci&oacute;n deben estar conscientes de la importancia que tiene la literatura m&eacute;dica publicada antes de nuestros d&iacute;as y no olvidar su consulta en aquellos casos que as&iacute; lo requieran.      <P>Muchas veces recibimos solicitudes de nuestros usuarios que no obtienen una respuesta positiva ante la explotaci&oacute;n de los medios tecnol&oacute;gicos de que disponemos actualmente, como, por ejemplo, una moderna base de datos en CD-ROM. Hace s&oacute;lo unos meses, me vi ante una situaci&oacute;n de este tipo.      <P>Una especialista del Instituto de Nutrici&oacute;n e Higiene de los Alimentos solicit&oacute; informaci&oacute;n sobre la obtenci&oacute;n de vitamina A a partir de fuentes naturales (h&iacute;gado de peces, especialmente de tibur&oacute;n) y su uso terap&eacute;utico.      <P>El primer paso dado fue consultar una base de datos sobre literatura m&eacute;dica y se seleccion&oacute; MEDLINE por su gran actualizaci&oacute;n. Se hizo una b&uacute;squeda exploratoria contando con la presencia y asesor&iacute;a de la usuaria, pero en la referida base de datos no se encontr&oacute; la informaci&oacute;n que se buscaba, pues en estos momentos la tendencia mundial se dirige hacia otros derroteros y ya no se publican art&iacute;culos sobre los aspectos que deseaba conocer la especialista. Le pregunt&eacute; acerca de su conocimiento sobre experiencias anteriores al respecto, y expres&oacute; que durante la Segunda Guerra Mundial se obten&iacute;a la vitamina A a partir del h&iacute;gado de distintos peces, pero no conoc&iacute;a del uso terap&eacute;utico que se le daba en aquella &eacute;poca. Afirm&oacute; que si se localizaban trabajos de este tipo le ser&iacute;an muy &uacute;tiles. Ello me indujo al convencimiento de que era necesaria la b&uacute;squeda en publicaciones primarias de la &eacute;poca, pues esta informaci&oacute;n no est&aacute; sistematizada en las bases de datos disponibles.      <P>Con este objetivo acud&iacute; a la biblioteca del Centro de Estudios de Historia y Organizaci&oacute;n de la Ciencia &laquo;Carlos J. Finlay&raquo; (CEHOC), para all&iacute; consultar las publicaciones cubanas editadas entre 1939 y 1950. De esta revisi&oacute;n obtuve una valiosa informaci&oacute;n hist&oacute;rica y cient&iacute;fica que deseo ofrecer a los lectores de ACIMED, por considerarla poco conocida y a la vez de gran inter&eacute;s.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En mayo de 1940, en la ciudad de Washington, el VIII Congreso Cient&iacute;fico Americano alert&oacute; a todos los pa&iacute;ses del continente sobre la necesidad de investigar la fuentes de materias primas de que dispon&iacute;a cada naci&oacute;n, sobre todo las que generaban alimentos y medicamentos, con el objetivo de poder enfrentarse a los problemas de abastecimiento ocasionados por la reci&eacute;n iniciada Segunda Guerra Mundial.      <P>Ante la imposibilidad de obtener vitamina A de la principal fuente utilizada en estos a&ntilde;os, el aceite de h&iacute;gado de bacalao noruego <I>–</I>pr&aacute;cticamente el 70 % de los pa&iacute;ses suministradores de Am&eacute;rica hab&iacute;an ca&iacute;do en poder de Alemania<I>–</I>, se comenz&oacute; a trabajar intensamente en la b&uacute;squeda de fuentes sustitutas.      <P>El aceite de sardinas, particularmente, contribuy&oacute; en buena medida a esta sustituci&oacute;n. Pero, con la entrada de Jap&oacute;n en la guerra, se vio prontamente obstaculizada la explotaci&oacute;n de esta nueva fuente de abastecimiento.      <P>Al no poder maniobrar en el Mar del Norte y el Pac&iacute;fico en la captura de bacalaos y sardinas, la mirada de los interesados se dirigi&oacute; hacia el mar Caribe y las costas de Am&eacute;rica Central en busca de nuevas fuentes de abastecimiento, lo que provoc&oacute; una intensificaci&oacute;n notable de la pesca en estas zonas y la captura de grandes cantidades de peces de aguas tropicales, entre ellos los tiburones cubanos.      <P>En Cuba, siguiendo el llamado del VIII Congreso Cient&iacute;fico Americano, Eduardo Palacios Planas, Doctor en Farmacia, Ciencias Naturales y F&iacute;sico-Qu&iacute;micas, se dedic&oacute; a la labor de investigar e industrializar los productos de la flora y la fauna cubana. Para ello prest&oacute; especial atenci&oacute;n al an&aacute;lisis del contenido vitam&iacute;nico de los aceites provenientes de algunos animales y de ciertas plantas oleaginosas.2      <P>Este investigador dedic&oacute; a&ntilde;os de paciente trabajo al an&aacute;lisis de los aceites de langosta, caguama y tibur&oacute;n como posibles fuentes de obtenci&oacute;n de vitamina A. En 1943, el Laboratorio Planas, de la Cuba Industrial Farmac&eacute;utica S.A., trabajaba en la extracci&oacute;n de la vitamina A a partir del aceite de h&iacute;gado de tiburones cubanos. El doctor Palacios Planas afirmaba &laquo;casi todo el aceite de h&iacute;gado de bacalao que se vende en el comercio farmac&eacute;utico es en realidad aceite de h&iacute;gado de tiburones cubanos&raquo;. En 1943 se realiz&oacute; el Primer Congreso Nacional de Alimentaci&oacute;n, donde Palacios Planas expuso sus experiencias sobre el tema.3      <P>Casi a la terminaci&oacute;n de la guerra, los laboratorios norteamericanos descubrieron la f&oacute;rmula para la sintetizaci&oacute;n de la vitamina A a escala comercial, con un costo mucho menor que el de la obtenida a partir de los aceites de pescado, y sin el inconveniente del olor que &eacute;sta presentaba. Conclu&iacute;a as&iacute; la floreciente industria del tibur&oacute;n que se hab&iacute;a desarrollado en aquellos tiempos.4      <P>Con referencia al uso terap&eacute;utico que se le daba a la vitamina A por estos a&ntilde;os, obtuve los siguientes datos.      <P>Un reconocido pediatra, el doctor Agust&iacute;n Castellanos Alvarez, fue designado por la Sociedad Cubana de Pediatr&iacute;a, en 1939, para estudiar todo lo relacionado con la vitamina A y la avitaminosis. Como parte de sus investigaciones realiz&oacute; el estudio de los est&aacute;ndares normales de carotinoides y vitamina A en la sangre de la poblaci&oacute;n cubana de todas las edades (desde los reci&eacute;n nacidos hasta los adultos). Posteriormente emprendi&oacute; el estudio de las dosis terap&eacute;uticas de vitamina A para ni&ntilde;os enfermos, hasta llegar a la conclusi&oacute;n de que utilizando un &laquo;golpe de vitamina A&raquo; (dosis elevadas) en muchos estados patol&oacute;gicos, los pacientes lograban beneficiarse.5,6      <P>El doctor J. Cadrecha Alvarez la utiliz&oacute; para el tratamiento del asma 7 y el doctor J. Govea-Pe&ntilde;a la emple&oacute; contra la hipertensi&oacute;n.8      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Para recuperar la informaci&oacute;n, con la que confeccion&eacute; una bibliograf&iacute;a anotada para la especialista interesada en el tema, y a partir de la cual pude elaborar el breve resumen anteriormente expuesto, fue necesaria una labor larga y minuciosa, pues me result&oacute; imprescindible manipular n&uacute;mero por n&uacute;mero doce t&iacute;tulos editados entre 1939 y 1950. Esta tarea hubiera sido menor si hubiese tenido a mi disposici&oacute;n alguna herramienta que me permitiera el acceso a la informaci&oacute;n deseada.      <P>Como afirma la licenciada Edicta Pamias en su carta, los especialistas de la Oficina del Historiador de Salud P&uacute;blica y del Departamento de Historia de la Facultad de Salud P&uacute;blica han estudiado numerosas fuentes documentales y realizado varios &iacute;ndices. La doctora Elena L&oacute;pez Serrano, miembro de este equipo, relat&oacute; sus experiencias sobre el particular en un art&iacute;culo publicado en ACIMED,9 y all&iacute; mencion&oacute; algunas de las revistas m&eacute;dicas cubanas a las que se les ha confeccionado &iacute;ndices de autores y materias.      <P>Para mi trabajo utilic&eacute; los &iacute;ndices de la <I>Revista Cubana de Pediatr&iacute;a </I>y de los <I>Anales de la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de La Habana</I>, realizados ambos por la doctora L&oacute;pez Serrano, pero desafortunadamente no pude utilizar los de la <I>Cr&oacute;nica M&eacute;dico-Quir&uacute;rgica de La Habana</I>, y de la <I>Revista de Medicina y Cirug&iacute;a de La Habana</I>, tambi&eacute;n realizados por esta autora, pues a&uacute;n no han sido publicados. No quisiera terminar esta carta sin hacer las siguientes consideraciones. Es importante que nuestros especialistas no olviden el caudal de inmensa riqueza que atesora la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica nacional al acometer sus investigaciones. Adem&aacute;s, es imprescindible la publicaci&oacute;n de los &iacute;ndices ya mencionados y la creaci&oacute;n, en un futuro pr&oacute;ximo, de una base de datos computadorizada como formas de acceso a esta informaci&oacute;n, para as&iacute; evitar la manipulaci&oacute;n excesiva de los documentos originales.      <P><B>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</B> <OL>     <!-- ref --><LI> Pamias Gonz&aacute;lez E. Importancia de la conservaci&oacute;n y la sistematizaci&oacute;n de la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica nacional [carta]. ACIMED 1996;4(3):5-8.</LI>    <!-- ref --><LI> Palacios Planas E. Contenido de vitamina A en aceites procedentes de h&iacute;gados de tiburones cubanos [carta al editor]. La Tribuna M&eacute;dica 1942;15(269):86.</LI>    <!-- ref --><LI> Palacios Planas E. Primer Congreso Nacional de Alimentaci&oacute;n. El aceite de h&iacute;gados de tiburones cubanos como fuente de vitamina A. Revista Farmac&eacute;utica de Cuba 1943;21(11):28-36.</LI>    <!-- ref --><LI> S&aacute;nchez Roig M, G&oacute;mez de la Maza F. La pesca en Cuba. La Habana: Ministerio de Agricultura, 1952.</LI>    <!-- ref --><LI> Castellanos Alvarez A, Beato N&uacute;&ntilde;ez J. La dosis de vitamina A en las infecciones agudas del ni&ntilde;o. Revista Cubana de Pediatr&iacute;a 1941;13(3):167-82.</LI>    <!-- ref --><LI> Castellanos Alvarez A, Beato Nu&ntilde;ez J. The single massive dose of vitamin A therapy. Revista Cubana de Pediatr&iacute;a 1948;20(2):84-103.</LI>    <!-- ref --><LI> Cadrecha Alvarez J. La vitamina A en los pacientes al&eacute;rgicos hipertensos. Revista de Medicina y Cirug&iacute;a de La Habana 1943;48(6):271-80.</LI>    <!-- ref --><LI> Govea-Pe&ntilde;a J. Estado actual del tratamiento de la enfermedad hipertensiva por la vitamina A. Revista M&eacute;dica Cubana 1942;53(7):562-6.</LI>    <!-- ref --><LI> L&oacute;pez Serrano E. Estudios bibliogr&aacute;ficos cubanos relacionados con la medicina. Breve rese&ntilde;a. ACIMED 1995;3(3):34-9.</LI>    </OL> Lic. Elsy C&aacute;ceres Manso.     <BR>Departamento Servicios Especiales de Informaci&oacute;n.     <BR>CNICM.     <DIV ALIGN=right> </DIV>       ]]></body><back>
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