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</front><body><![CDATA[ <DIV ALIGN=right>     <P></DIV>    <p></P> <H2>Desarrollo tecnol&oacute;gico, traductolog&iacute;a y edici&oacute;n de traducciones literarias<SUP>*</sup></H2> <I>    <P>Emilio Hern&aacute;ndez Vald&eacute;s<SUP>1</SUP></P></I>      <P>    <DIV ALIGN=right><B>Traducir es transpensar</b></DIV>     <BR>     <DIV ALIGN=right><B><I>Jos&eacute; Mart&iacute;</i></b></DIV><B><I> </I>¿Para qui&eacute;nes ser&aacute; el siglo xxi?</B>     <p></P>     <P>Poder moverse o no en la realidad del ciberespacio marcar&aacute; a los individuos que nazcan en este fin de milenio. El disfrute de las nuevas tecnolog&iacute;as facilitar&aacute; y modificar&aacute; la vida de aquellos individuos que dispongan de recursos para acceder a ellas. Esos privilegiados deber&aacute;n desarrollar una mentalidad ultraflexible, adaptada para asimilar todas las transformaciones de las que ser&aacute;n testigos, que les permita transitar por la vida sabiendo que cada d&iacute;a de su existencia constituir&aacute; la fecha que marcar&aacute; la ca&iacute;da de una nueva barrera al conocimiento. Cuando les llegue el ocaso -al parecer te&oacute;ricamente tard&iacute;o seg&uacute;n las promisorias posibilidades que en las nuevas circunstancias se vislumbran para la prolongaci&oacute;n de la esperanza de vida humana a una escala matusal&eacute;nica-, casi nada de lo que los rode&oacute; al venir al mundo se mantendr&aacute; en pie. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Pudiera decirse que el ejemplo que sigue, por lo que se puede imaginar, es s&oacute;lo un simple anticipo de lo que muy pronto acaecer&aacute;. En junio del pasado a&ntilde;o, en un art&iacute;culo de la revista colombiana <I>Semana</I>, su redactor afirmaba algo que tan s&oacute;lo hace un lustro hubiera podido atribuirse al famoso novelista de ciencia ficci&oacute;n Isaac Efimov: &amp;laquo;Dentro de cuatro a&ntilde;os cualquier persona podr&aacute; operar la fotocopiadora de la oficina desde un aeropuerto, encender las luces y el horno de microondas desde la oficina y reanudar la marcha de cualquier maquinaria remotamente.&amp;raquo;<SUP>1</SUP> </P>     <P>El desarrollo alcanzado en el tratamiento de la imagen, por ejemplo, enfrenta al hombre contempor&aacute;neo a nuevas visiones e interpretaciones del mundo hasta en sus menores dimensiones: el deslumbrante mundo de la ultramicrobiolog&iacute;a fascina a los cient&iacute;ficos y revoluciona d&iacute;a a d&iacute;a no s&oacute;lo los conocimientos de los micromundos medioambientales, sino que ya tambi&eacute;n permite penetrar en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito del cuerpo humano. </P>     <P>La aplicaci&oacute;n de las nuevas t&eacute;cnicas de ultrarresoluci&oacute;n de la imagen y microanal&iacute;ticas a la industria, a la experimentaci&oacute;n cient&iacute;fica en general y a la medicina develar&aacute; secretos hasta ahora sumergidos en lo incognito, como el funcionamiento del cerebro, y derribar&aacute;, como de hecho ya sucede, conceptos tenidos por verdades absolutas durante mucho tiempo. </P>     <P>Pero, a las aportaciones positivas que todo este progreso tecnol&oacute;gico comporta se suman, entre otros problemas &eacute;ticos, uno de suma gravedad: el ahondamiento de las diferencias entre los pa&iacute;ses pobres y los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, puesto que &eacute;stos desde ya estar&aacute;n marginados, no s&oacute;lo por sus reducidas capacidades financieras para enfrentar la adquisici&oacute;n de estas nuevas tecnolog&iacute;as, sino por el llamado &amp;laquo;analfabetismo de la imagen&amp;raquo; -que ya se suma al de la iliteralidad, end&eacute;mica en amplias regiones del planeta-, al que deber&aacute;n enfrentarse sus pobladores. T&oacute;mese en cuenta, adem&aacute;s, el poder de penetraci&oacute;n de las conciencias que el dominio de estas tecnolog&iacute;as comporta, en cuanto a su condici&oacute;n de &amp;laquo;fomentador de modelos conductuales y estilos de vida&amp;raquo;, que tanto peligro entra&ntilde;a para la sobrevivencia de las culturas nacionales. </P>     <P>La llamada Galaxia Bit, &amp;laquo;heredera de Gutemberg y Marconi -se&ntilde;ala Pablo Ramos- pero complejizada por la televisi&oacute;n de alta densidad [...], el <I>hypermedia</I> y esa otra [alucinante] dimensi&oacute;n de la imagen [que es] la realidad virtual&amp;raquo;,<SUP>2</SUP> ser&aacute; el &amp;laquo;ambiente&amp;raquo; en el que se mover&aacute; el hombre del pr&oacute;ximo milenio, que ya se sit&uacute;a en nuestro horizonte a tan s&oacute;lo cuatro a&ntilde;os vista. </P>     <P>Las ofertas de productos en multimedia para la ocupaci&oacute;n del ocio crecer&aacute;n, incluso en detrimento de los usos educacionales,<SUP>2</SUP> y con ello, por supuesto, se transformar&aacute; la funci&oacute;n del libro y, como ya lo hace, introducir&aacute; sustanciales y reiterados cambios en el proceso de creaci&oacute;n intelectual, en la labor editorial y en la comercializaci&oacute;n y retribuci&oacute;n en esta esfera. </P>     <P>Las potentes computadoras personales y los -un tanto retrasados con respecto a &eacute;stas- vers&aacute;tiles programas para el procesamiento de textos de que hoy se dispone, han dado un vuelco a la industria editorial de nuestros d&iacute;as, al igual que ha sucedido en todos los sectores de la vida contempor&aacute;nea, removidos de arriba a abajo por el influjo del incesante y veloz desarrollo de la inform&aacute;tica del que somos asom-brados testigos: ya todo es posible en este campo o pronto lo ser&aacute;. Como van las cosas, estamos a punto de perder la capacidad de asombro. </P>     <P>Y, al paso tropeloso de este desboque, sucumben ya definitivamente el plomo y el linotipo -pieza de museo-, hoy convertidos en historia. Las t&eacute;cnicas de impresi&oacute;n se modifican, simplifican y alcanzan excelencias que hasta hace poco no pod&iacute;an ser siquiera imaginadas. La impresi&oacute;n a distancia y simult&aacute;nea permite, v&iacute;a las superautopistas de la informaci&oacute;n, difundir un texto a lo ancho y largo del globo terr&aacute;queo, trastocando los obsoletos mecanismos tradicionales de distribuci&oacute;n. </P>     <P>El avance alcanzado en las t&eacute;cnicas multimedias revoluciona d&iacute;a a d&iacute;a los sistemas de ense&ntilde;anza en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, pone en crisis a la tradicional ense&ntilde;anza verbalista y con ello coloca en posici&oacute;n desventajosa -&amp;iquest;desaparecer&aacute;?- al libro de texto. La ense&ntilde;anza programada y probl&eacute;mica se ven potenciadas con el empleo del hipertexto. El disco compacto, con sus indudables ventajas, amenaza la presencia del libro en nuestras vidas y la biblioteca tradicional se hace virtual y, proyecto ayer, ya comienza a materializarse. </P>     <P>El dominio de alguno de los numerosos programas de tratamiento de texto, la simple posesi&oacute;n de una computadora personal y de algunos perif&eacute;ricos, permiten al escritor novel editar y distribuir su creaci&oacute;n, al menos para su autosatisfacci&oacute;n, o, incluso, intentar comercializarla con tan s&oacute;lo colocarlos en un servidor electr&oacute;nico y difundir su existencia poniendo a navegar su oferta a trav&eacute;s de INTERNET. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>El correo electr&oacute;nico, las eficaces fotocopiadoras y otros equipos de reproducci&oacute;n, complican a&uacute;n m&aacute;s el siempre complejo campo del derecho de la propiedad intelectual. </P>     <P>En ese contexto universal en el que ya hemos comenzado a movernos, y tomando en cuenta las dif&iacute;ciles condiciones en que entramos los cubanos al pr&oacute;ximo siglo, quiero expresar algunas ideas en cuanto a la traducci&oacute;n y edici&oacute;n de las obras literarias. </P> <B>    <P>Traducir para comunicarse</P></B>      <P>Sumerios y asirios dieron gran importancia a la formaci&oacute;n de int&eacute;rpretes y traductores que les sirvieran en sus contactos con otros pueblos. El desarrollo de esta actividad cobr&oacute; esplendor en Grecia y buena parte de las obras de sus fil&oacute;sofos y escritores, como las doctrinas de Arist&oacute;teles, llegaron a nuestros d&iacute;as gracias a las versiones de los traductores &aacute;rabes. La labor de los copistas y traductores medievales vinculados a la Iglesia Cat&oacute;lica facilit&oacute; el conocimiento de muchas obras que de no ser por su esfuerzo es muy probable que no hubieran llegado hasta nosotros. </P>     <P>La invenci&oacute;n de la imprenta y el desarrollo de la impresi&oacute;n de libros que se produjo a partir de entonces facilit&oacute; la difusi&oacute;n y conocimiento de las principales obras de las culturas nacionales europeas en formaci&oacute;n y las de otros pueblos en una proporci&oacute;n portentosa, en comparaci&oacute;n con la magra y cerrada producci&oacute;n intelectual del medioevo. </P>     <P>El inter&eacute;s por los estudios ling&uuml;&iacute;sticos, cuyos frutos comienzan a recogerse a finales del siglo xviii, alcanzan su madurez en el mundo occidental con los aportes fundamentales de diversos estudiosos del lenguaje a fines del siglo xix e inicios del actual, entre los que sobresali&oacute; el suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913).<SUP>3</SUP> &Eacute;stos, como sus continuadores (Bally, Bloomfield, Sapir, Trubetzkoy, Jakobson y, posteriormente, Martinet, Chomsky, Benveniste), entre otros muchos representantes de las dos corrientes predominantes en la ling&uuml;&iacute;stica contempor&aacute;nea (la estructuralista y la sociol&oacute;gica),<SUP>4</SUP> contribuyeron a sentar las bases para que con su desarrollo, &eacute;sta permitiera que la traducci&oacute;n, hasta entonces una disciplina auxiliar principalmente vinculada a la literatura y la ense&ntilde;anza de las lenguas, comenzara a evolucionar como una ciencia independiente, impulsada, entre otros factores, principalmente por el acelerado incremento de los intercambios entre las naciones que se produce en nuestro siglo. </P>     <P>La necesidad de una mayor precisi&oacute;n en la transposici&oacute;n de textos de una lengua a otra incrementa las investigaciones en este campo. El desarrollo de los estudios comparat&iacute;sticos y, en una &eacute;poca m&aacute;s reciente, de los estudios estructurales y psicoling&uuml;&iacute;sticos, sientan las bases para que se pase de la traducci&oacute;n emp&iacute;rica a la traducci&oacute;n cient&iacute;fica, constituida ya esta disciplina como ciencia: la traductolog&iacute;a. </P>     <P>El desarrollo exponencial de la informaci&oacute;n que se produce al finalizar la Segunda Guerra Mundial, debido al acelerado progreso experimentado por la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica, exige un extraordinario esfuerzo en el terreno de la traducci&oacute;n. A ello se une la proliferaci&oacute;n de los organismos e instituciones internacionales, as&iacute; como la entrada en la escena mundial de decenas de nuevos pa&iacute;ses que acceden a la independencia en este per&iacute;odo. </P>     <P>El incremento de los contactos entre las diferentes naciones y los indudables avances experimentados por la cultura y la educaci&oacute;n, as&iacute; como la necesidad e inter&eacute;s por el conocimiento universal y el intercambio entre las diversas culturas contempor&aacute;neas estimulan y exigen cada vez m&aacute;s la traducci&oacute;n de millones de p&aacute;ginas de documentos de todo tipo y en un segundo plano de las obras literarias. </P> <B>    <P>La edici&oacute;n de traducciones literarias en Cuba</P></B>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La industria editorial y la llamada &amp;laquo;industria de las lenguas&amp;raquo; son fen&oacute;menos relativamente recientes en nuestro pa&iacute;s. Como es sabido, antes de 1959 la edici&oacute;n de obras literarias era una actividad en extremo limitada, principalmente por no existir un mercado -salvo el bastante jugoso de los libros de texto, destinados principalmente a la ense&ntilde;anza privada- que permitiera a los editores suficientes beneficios como para arriesgarse en tal empresa. Por eso, como &amp;laquo;la literatura no era "rentable" en la etapa capitalista neocolonial cubana&amp;raquo;,<SUP>5</SUP> la mayor parte de nuestros escritores debieron costear las reducidas ediciones de sus obras y muchas de &eacute;stas permanecieron in&eacute;ditas o hasta fecha reciente no conocieron una segunda edici&oacute;n. </P>     <P>La creaci&oacute;n, en marzo de 1959, de la Imprenta Nacional, transformada despu&eacute;s en la Editorial Nacional y, fundamentalmente, del Instituto del Libro en 1967, as&iacute; como de distintas casas editoriales bajo su rector&iacute;a o la de otros organismos estatales, no s&oacute;lo favorecieron la divulgaci&oacute;n de la literatura nacional, sino tambi&eacute;n de la cultura universal. </P>     <P>La difusi&oacute;n de la literatura escrita en otras lenguas exigi&oacute; la traducci&oacute;n de obras que no hab&iacute;an sido vertidas al castellano y la revisi&oacute;n de traducciones efectuadas por traductores de otros pa&iacute;ses. Esta tarea, que s&oacute;lo algunos intelectuales hab&iacute;an ejercido profesionalmente por excepci&oacute;n, en general para editoriales extranjeras o para publicaciones peri&oacute;dicas, fue absorbida en los primeros tiempos sobre todo por escritores que, si bien ten&iacute;an amplios conocimientos de las lenguas de partida y de llegada, muy pocos de ellos ten&iacute;an los conocimientos te&oacute;ricos, en cuanto a la ling&uuml;&iacute;stica se refiere, para intentar al menos un abordaje del texto literario sobre bases s&oacute;lidas, cient&iacute;ficas, a la altura en que se encontraban entonces las t&eacute;cnicas de la traducci&oacute;n. </P>     <P>Eso s&iacute;, en su mayor parte contaban por lo menos con dos factores favorecedores de la actividad medial: el conocimiento m&aacute;s o menos profundo de las culturas de esas lenguas por haber vivido o visitado los pa&iacute;ses donde se hablaban, y, en un segundo plano, el legado que hubieran podido recibir de la tradici&oacute;n existente en el pa&iacute;s en cuanto a la traducci&oacute;n literaria se refiere, iniciado en el pasado siglo en Cuba por los m&aacute;s destacados representantes de nuestra creaci&oacute;n art&iacute;stica, desde Heredia a Mart&iacute;, muchos de los participantes del c&iacute;rculo delmontino, pasando por la Avellaneda, Luz y Caballero, Mendive, Zenea, los hermanos Sell&eacute;n, Diego Vicente Tejera y otros. (Arencibia L. Apuntes para una historia de la traducci&oacute;n en Cuba. La Habana, 1993. [in&eacute;dito]) </P>     <P>Por razones econ&oacute;micas muchas veces, afinidad espiritual o est&eacute;tica, o por motivaciones m&aacute;s o menos v&aacute;lidas otras, los intelectuales cubanos aportaron una buena cantidad de reconocidas traducciones. En el caso de Mart&iacute;, una vez m&aacute;s, su sensibilidad y versatilidad intelectual le permitieron esbozar criterios acerca de la traducci&oacute;n que son hoy principios fundamentales de la ciencia de la traducci&oacute;n, principalmente en su art&iacute;culo sobre la traducci&oacute;n de <I>Mis hijos</I>, de V&iacute;ctor Hugo, publicado en la <I>Revista Universal</I>, en M&eacute;xico,<SUP>6</SUP> y en la conocida carta dirigida a Mar&iacute;a Mantilla desde Hait&iacute; poco antes de su ca&iacute;da en combate.<SUP>7</SUP> </P>     <P>En nuestro siglo, los escritores cubanos se dieron tambi&eacute;n a la tarea de trasladar a nuestra lengua a diferentes autores contempor&aacute;neos. Publi-caciones como <I>Or&iacute;genes</I> y <I>Cicl&oacute;n</I>, entre otras, dan buena cuenta de ello. Sobresale la labor como traductor de Lino Nov&aacute;s Calvo, quiz&aacute;s el escritor cubano que con m&aacute;s asiduidad y profesionalismo ejerci&oacute; el oficio de traductor. Su traducci&oacute;n de la novela de Hemingway <I>El viejo y el mar</I> le otorg&oacute; prestigio profesional en este sentido, al ser publicada en la revista <I>Life</I>. </P>     <P>Con la Reforma Universitaria llevada a cabo en 1963, se elev&oacute; el nivel de la ense&ntilde;anza de algunas lenguas extranjeras con un plan de estudios que, si bien no contemplaba a&uacute;n la formaci&oacute;n de traductores como objetivo espec&iacute;fico, s&iacute; dotaba de mayores conocimientos ling&uuml;&iacute;sticos y literarios a los egresados de esas especialidades. Tambi&eacute;n un n&uacute;mero considerable de j&oacute;venes fueron enviados a formarse como traductores y a hacer estudios ling&uuml;&iacute;sticos en los pa&iacute;ses del campo socialista. En esa misma d&eacute;cada tambi&eacute;n se crearon institutos de idiomas en la ense&ntilde;anza media y una red de escuelas de idiomas para la ense&ntilde;anza masiva de personas adultas que contribuyeron significativamente a la difusi&oacute;n de las lenguas extranjeras. </P>     <P>Muchos escritores de las promociones anteriores y otros de la que entonces surg&iacute;a, algunos con una buena preparaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, acometieron profesionalmente o de forma espor&aacute;dica la traducci&oacute;n literaria. En otro trabajo me he referido a la meritoria labor que tanto unos como otros han desarrollado en la traducci&oacute;n de escritores del llamado Tercer mundo, y muy especialmente, de la literatura de la regi&oacute;n caribe&ntilde;a.<SUP>8</SUP> </P>     <P>En los a&ntilde;os transcurridos desde la creaci&oacute;n de la industria editorial cubana se han publicado numerosas obras literarias escritas en otras lenguas. Se han formado emp&iacute;ricamente o acad&eacute;micamente traductores profesionales o, como ya expres&eacute;, tambi&eacute;n traductores eventuales han acometido la tarea. Muchas de estas traducciones fueron las primeras versiones de esas obras a nuestra lengua. Numerosas dificultades -la mayor parte debidas a la imposibilidad de sufragar nuestras editoriales los derechos autorales- impidieron que el cat&aacute;logo fuera m&aacute;s amplio, principalmente en cuanto a la producci&oacute;n contempor&aacute;nea se refiere. </P>     <P>El brusco colapso sufrido por nuestra producci&oacute;n editorial a finales de la d&eacute;cada pasada, en cuyas causas no es necesario profundizar ahora, han detenido pr&aacute;cticamente las ediciones de obras literarias, especialmente las traducciones de la literatura universal. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Muchos de los que se dedicaban a estos menesteres han marchado al exterior, se han jubilado o han pasado a desempe&ntilde;ar otras tareas. La formaci&oacute;n de nuevos traductores se ha concentrado principalmente en la formaci&oacute;n de int&eacute;rpretes orientados a la actividad tur&iacute;stica. Adem&aacute;s, los planes de estudio insisten menos en la formaci&oacute;n cultural y tienen una base ling&uuml;&iacute;stica te&oacute;rica m&aacute;s d&eacute;bil. </P>     <P>Todos los inconvenientes se&ntilde;alados permiten suponer que en las actuales circunstancias tales factores repercutir&aacute;n negativamente, hasta donde puedo suponer, en el futuro inmediato de estas ediciones. Parad&oacute;jidamente, ha sido en este per&iacute;odo cuando se ha introducido, aunque modestamente, el empleo de las modernas t&eacute;cnicas inform&aacute;ticas en nuestras editoriales. </P>     <P>Mientras que el proceso de la traducci&oacute;n cient&iacute;fico-t&eacute;cnica, aunque ha sufrido tambi&eacute;n los rigores del momento, no parece amenazado en la misma medida que la traducci&oacute;n literaria, pues opino que a &eacute;sta, por sus caracter&iacute;sticas particulares, las exigencias que le son propias, y otras razones periprofesionales, no s&oacute;lo le ser&aacute; dif&iacute;cil recuperarse por las circunstancias que vive el pa&iacute;s, sino por otros motivos de m&aacute;s envergadura. </P>     <P>En primer lugar, salvo intereses muy particulares, la actividad traduccional, poco comprendida y peor estimulada econ&oacute;micamente, no resulta atractiva, aun para aquellos que re&uacute;nen los requisitos para ejercerla. En segundo t&eacute;rmino, la traducci&oacute;n documentaria, espec&iacute;ficamente la cient&iacute;fico-t&eacute;cnica, aunque tambi&eacute;n demanda especializaci&oacute;n, experiencia e investigaci&oacute;n, por la impersonalidad y concisi&oacute;n que le son propias, m&aacute;s el apoyo con que cuenta en cuanto al desarrollo de las bases terminol&oacute;gicas -incluso en este caso resulta posible apoyarse en la traducci&oacute;n por m&aacute;quinas, que ya logran una relativa eficacia-, no alcanza la complejidad que adquiere la traducci&oacute;n literaria en el plano de la creatividad. </P> <B>    <P>La traductolog&iacute;a y la edici&oacute;n de traducciones literarias</P></B>      <P>Reconocida hoy la traducci&oacute;n literaria como un proceso de elaboraci&oacute;n escritural, ya se acepta que el traductor literario reelabora la obra traducida en la lengua de llegada y es, por lo tanto, un creador, un nuevo autor. La profesora universitaria y traductora Sonia Bravo Utrera, quien ha profundizado durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os en los estudios sobre teor&iacute;a de la traducci&oacute;n literaria, se ha referido al respecto en varios trabajos y ponencias presentadas en varios eventos nacionales e internacionales. Seg&uacute;n ella, en lo que coincide con los m&aacute;s destacados te&oacute;ricos actuales de esta disciplina no s&oacute;lo exige un dominio de las lenguas de partida y de llegada, sino una base cultural s&oacute;lida y universal, un conocimiento amplio del autor y del conjunto de su obra, de la cultura y la &eacute;poca a la que responde, una sensibilidad art&iacute;stica probada, &uacute;nica forma en que se puede escapar de la literalidad y de lo que el ling&uuml;ista franc&eacute;s Georges Mounin, uno de los m&aacute;s importantes te&oacute;ricos de la traducci&oacute;n, denomin&oacute; &amp;laquo;las bellas infieles&amp;raquo;.<SUP>9</SUP> </P>     <P>Pero, para ello, el traductor literario, sobre la base de su cultura y dominio t&eacute;cnico-te&oacute;rico, debe ser al un&iacute;sono un investigador de la literatura y de los contextos en que se inserta la obra que pretende transponer. Esta necesidad, una de las demandas b&aacute;sicas de la moderna traductolog&iacute;a, no siempre es comprendida. Su tarea no s&oacute;lo requiere tiempo, sino tambi&eacute;n exige ponerse en contacto con la cultura a la que responde la obra que lo ocupa y muchas veces el v&iacute;nculo directo con el autor o con especialistas en su obra. Lamentablemente, por razones pr&aacute;cticas, muchas de estas etapas del proceso de la traducci&oacute;n literaria le est&aacute;n vedadas a&uacute;n al traductor cubano. </P>     <P>Un aspecto muy discutido de la edici&oacute;n de las traducciones literarias es la relaci&oacute;n traductor/revisor/editor. En su libro <I>Introducci&oacute;n a la traductolog&iacute;a</I>,<SUP>10</SUP> Gerardo V&aacute;zquez-Ayora plantea que la versi&oacute;n del traductor no es m&aacute;s que un proyecto que debe concluir el revisor, quien somete a la cr&iacute;tica y perfecciona dicha versi&oacute;n o recreaci&oacute;n. Esto implica, seg&uacute;n este autor, que el revisor no debe limitarse a corregir detalles que hayan escapado al traductor, sino a perfeccionar durante su lectura de la versi&oacute;n y el subsiguiente cotejo con el original, antes de someterla a la cr&iacute;tica y efectuar una lectura final amparado en el distanciamiento que le permite no estar inmerso en la lengua extranjera. As&iacute;, luego de estos acercamientos sucesivos a la versi&oacute;n, estar&aacute; en condiciones de sopesar si el traductor ha sido capaz de interpretar las ideas y respetar el estilo del autor al &amp;laquo;transpensar&amp;raquo; el contenido del original. </P>     <P>Pero no siempre es posible efectuar esta labor mancomunada, a la que en condiciones ideales tocar&iacute;a al editor dar feliz t&eacute;rmino. El af&aacute;n de traducir en el menor tiempo posible una obra susceptible de &eacute;xito comercial y la necesidad de reducir los costos editoriales conspiran contra la recomendable pr&aacute;ctica de maridar al primer binomio, al que en el mejor de los casos debiera incorporarse el editor; &eacute;ste tambi&eacute;n preferiblemente especializado en la literatura en la que se inserta la obra versionada, y mejor a&uacute;n si lo es en el g&eacute;nero literario al que pertenece la obra. Ambos factores lucrativos contribuyen con demasiada frecuencia a que se difundan traducciones y ediciones poco cuidadas, principalmente de los textos contempor&aacute;neos o de aquellos que por razones circunstanciales cobran nuevamente el inter&eacute;s de los lectores. </P>     <P>Por tales motivos, muchas veces se excluye la labor de revisi&oacute;n o &eacute;sta es asumida por el editor, lo que puede ser una feliz coincidencia; pero ocurre tambi&eacute;n que el editor en funciones de revisor, no siempre domina ampliamente la lengua de partida. De ser as&iacute;, se corre el riesgo de que la ausencia de una revisi&oacute;n en regla frustre la calidad del proyecto editorial. </P> <B>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&amp;iquest;Qui&eacute;nes traducir&aacute;n la literatura en el siglo xxi?</P></B>      <P>El actual proceso de asimilaci&oacute;n de las m&aacute;s importantes casas editoriales por poderosos grupos econ&oacute;micos transnacionales que controlan cada d&iacute;a m&aacute;s la producci&oacute;n y el mercado del entretenimiento y la informaci&oacute;n (cine, televisi&oacute;n, video, edici&oacute;n de libros, peri&oacute;dicos y revistas, agencias de turismo, publicidad y noticiosas), por estar hoy &eacute;ste entre los sectores m&aacute;s lucrativos en los pa&iacute;ses desarrollados -y que permiten la manipulaci&oacute;n del gusto y la opini&oacute;n p&uacute;blica para orientarlos hacia el consumo de la llamada cultura de masas que se enmarca en las pol&iacute;ticas de la globalizaci&oacute;n que caracterizan al mundo contempor&aacute;neo-, plantea nuevos peligros y dificultades a la traducci&oacute;n de las obras literarias representativas de lo mejor de las culturas nacionales. </P>     <P>En un mundo donde el est&iacute;mulo del consumo para obtener mayores y r&aacute;pidas ganancias es la divisa por excelencia, y que est&aacute; cada vez m&aacute;s inmerso en el desarrollo de la tecnolog&iacute;a, &eacute;sta se pone en primer lugar en funci&oacute;n del lucro y la cosificaci&oacute;n del hombre. Por ello resulta evidente que esos peligros que acechan al arte/ciencia de la traducci&oacute;n est&aacute;n latentes. </P>     <P>&amp;iquest;Permitir&aacute; el empleo de las t&eacute;cnicas m&aacute;s recientes remplazar al binomio traductor/revisor? En el caso de la traducci&oacute;n literaria opino definitivamente que no. Por muy inteligente que puedan llegar a ser las m&aacute;quinas, &eacute;stas no podr&aacute;n apreciar &amp;laquo;la situaci&oacute;n&amp;raquo;, la intencionalidad, los recursos estil&iacute;sticos, en suma, los factores metaling&uuml;&iacute;sticos, que se suman &amp;laquo;al l&eacute;xico, la sintaxis oracional y la gram&aacute;tica extraoracional&amp;raquo;<SUP>10</SUP> para conformar la obra creada, compuesta de factores objetivos y subjetivos que la hacen un producto <I>sui generis</I>, irrepetible. Las m&aacute;quinas po-dr&aacute;n facilitar y agilizar el trabajo, la operatoria y la comparaci&oacute;n. Los programas para hipertexto, permitir&aacute;n mejores ediciones cr&iacute;ticas, y evitar errores formales medios o menores. Pero, como plantean los m&aacute;s avezados te&oacute;ricos de la traductolog&iacute;a aplicada, la traducci&oacute;n literaria continuar&aacute; siendo un ejercicio a cuatro manos, cualesquiera que sean los soportes. </P> <B>    <P>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</P></B>  <OL>  <FONT SIZE=2>    <LI>Un mundo interconectado. Semana [Bogot&aacute;], 18-25 de junio, 1996;(737):124.</LI>     <!-- ref --><LI>Ramos Rivero P. 2001. Odisea en el espacio audiovisual. Temas 1995;(4):98-104.</LI>    <!-- ref --><LI>Mounin G. Historia de la ling&uuml;&iacute;stica. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1973:225-33.</LI>    <LI>Bal W. La ling&uuml;stica en el siglo xx. En: Antolog&iacute;a de la ling&uuml;&iacute;stica. La Habana: ICL/Editorial Pueblo y Educaci&oacute;n, 1974:3-48 (Cuadernos H, Ling&uuml;&iacute;stica, 4).</LI>     <!-- ref --><LI>Smorlakoff PM. Literatura y edici&oacute;n de libros: la cultura y el proceso social en Cuba. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1987: 59.</LI>    <!-- ref --><LI>Su&aacute;rez Le&oacute;n C. Sobre la traducci&oacute;n martiana de Mes fils de V&iacute;ctor Hugo. Universidad de La Habana 1995;(245):41-54.</LI>    <!-- ref --><LI>Mart&iacute; J. A Mar&iacute;a Mantilla [carta]. En P&aacute;ginas escogidas. La Habana: Editora Universitaria, 1965:279-86.</LI>    <!-- ref --><LI>Hern&aacute;ndez Vald&eacute;s E. El Caribe en la cultura cubana: un balance de la literatura francoantillana. Temas 1996;(6):8-22.</LI>    <!-- ref --><LI>Mounin G. Les belles infid&egrave;les. Paris: Cahiers du Sud, 1955.</LI>    <!-- ref --><LI>V&aacute;zquez-Ayora G. Introducci&oacute;n a la traductolog&iacute;a: curso b&aacute;sico de traducci&oacute;n. Washington, D.C., 1977:38, 103.</LI></font>    </OL>      <P><B>Recibido:</b> 5 de abril de 1997. <B>Aprobado:</B> 12 de mayo de 1997. </P>     <P>Lic. <I>Emilio Hern&aacute;ndez Vald&eacute;s</I>. Editorial Ciencias M&eacute;dicas. Centro Nacional de Informaci&oacute;n de Ciencias M&eacute;dicas. Calle E No. 452, entre 19 y 21. El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba. CP 10400.     <DIV ALIGN=right>    <p></P></div>    ]]></body>
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