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</front><body><![CDATA[ <H3>EDITORIAL</H3> <H2>Un mensaje para quienes escribir es algo insignificante</H2> <I>    <P>Durante &eacute;pocas pasadas, – hoy casi imposibles de imaginar– los seres humanos no conoc&iacute;an otra forma de comunicaci&oacute;n que no fuera el lenguaje oral. Esto consist&iacute;a en un conjunto de gritos y gestos al principio, que creci&oacute; en precisi&oacute;n, complejidad y riqueza con el decursar de los milenios. La capacidad de transmitir informaci&oacute;n para compartir el conocimiento adquirido en el contacto con el medio natural, result&oacute; decisiva en la creaci&oacute;n de lo que m&aacute;s tarde se denomin&oacute; cultura, es decir, el conjunto de normas, valores, h&aacute;bitos y t&eacute;cnicas empleadas por los hombres de cada sociedad. El desarrollo de la cultura, como expresi&oacute;n exclusiva de la humanidad, ha permitido dominar gradualmente los fen&oacute;menos naturales y hacer posible la construcci&oacute;n de las grandes civilizaciones que florecieron hace algunos miles de a&ntilde;os. Como consecuencia del crecimiento, la diversificaci&oacute;n y la complejidad de la actividad propia de dichas civilizaciones, apareci&oacute; la necesidad de registrar de forma permanente aquello que se dec&iacute;a en forma oral. Fue as&iacute; que surgi&oacute; un nuevo instrumento de la comunicaci&oacute;n – la escritura–, que represent&oacute; un hito fundamental en la evoluci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n humana, al permitir la transmisi&oacute;n de los pensamientos y de las ideas m&aacute;s all&aacute; de las fronteras del tiempo de la vida humana.<SUP>1</SUP></P></I>  <I>    <P>La comunicaci&oacute;n oral posibilita transmitir ideas y sentimientos; as&iacute; como expresar una rica variedad de percepciones, sensaciones y estados de &aacute;nimo, sustentada en general por una amplia gama de gestos y movimientos faciales que la complementan y precisan de un modo espont&aacute;neo y muy flexible. A pesar de estas ventajas, impone ciertas limitaciones como son su incapacidad para difundirse fuera de ciertos l&iacute;mites, por lo que los mensajes transmitidos por esta v&iacute;a pueden olvidarse con rapidez, confundirse, interpretarse o reinterpretarse de mil modos diferentes; negarse con posterioridad por quien pretende recoger las palabras o experimentar una r&aacute;pida erosi&oacute;n de sus significados. No sin mucha raz&oacute;n puede citarse aqu&iacute; el dicho popular que afirma las "palabras se las lleva el viento". <SUP>1</SUP></P></I>  <I>    <P>La comunicaci&oacute;n escrita, por su parte, no presenta la plasticidad y la inmediatez de la comunicaci&oacute;n oral, al carecer de su rapidez, flexibilidad e interactividad. Para escribir se realiza un esfuerzo muy superior al que com&uacute;nmente exige el hablar; requiere de una concentraci&oacute;n mayor, de la organizaci&oacute;n del mensaje, aunque es poco probable que puedan d&aacute;rsele los matices expresivos que desean sus autores proporcionarle. Sin embargo, al escribir pueden obtenerse beneficios que de otro modo ser&iacute;an imposibles: lo escrito queda registrado, porque la escritura emplea siempre alg&uacute;n soporte material de mayor perdurabilidad que el de la voz humana.</P></I>  <I>    <P>Los soportes materiales de la escritura han variado con el desarrollo de la humanidad, as&iacute; como las tecnolog&iacute;as utilizadas para su registro hasta alcanzar los sistemas actuales de grabaci&oacute;n electr&oacute;nica, capaces de albergar cientos de miles de p&aacute;ginas impresas, s&iacute;mbolos indiscutibles de una nueva etapa de la llamada era de la electr&oacute;nica, en la que a&uacute;n el uso del papel, contin&uacute;a siendo el medio m&aacute;s universal y paradigm&aacute;tico de los utilizados hasta ahora por el hombre durante toda su historia.</P></I>  <I>    <P>El mensaje escrito logr&oacute; algo que result&oacute; imposible para la expresi&oacute;n oral: la permanencia, es decir la posibilidad de llegar a millones de seres humanos distantes en el tiempo y en el espacio de forma inalterable. La escritura permanece, perdura en el tiempo, tanto cuanto se conserve el soporte material empleado, raz&oacute;n por la cual puede reproducirse id&eacute;nticamente de forma ilimitada. Suele decirse: "lo escrito, escrito est&aacute;". <SUP>1</SUP></P></I>  <I>    <P>A partir de un mensaje escrito, puede entablarse un tipo de discusi&oacute;n diferente a la que se produce con palabras pronunciadas de forma oral. La cr&iacute;tica, el an&aacute;lisis y el debate pueden desarrollarse de un modo totalmente distinto porque, en este caso, las ideas dejan de flotar y desvanecerse despu&eacute;s que los hombres las formulan, para adquirir la cualidad de la objetividad. Esto posibilita volver una y otra vez al mensaje en busca de algo que ahora ya no depende de la fragilidad de la memoria, condici&oacute;n de enorme importancia para la actividad cient&iacute;fica, caracterizada por la b&uacute;squeda consciente de la rigurosidad, la sistematicidad y la objetividad de los conocimientos adquiridos.</P></I>  <I>    <P>Cuando se escribe se pone al alcance de otros los conocimientos o las experiencias que est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de lo fugaz y lo impreciso. Los registros objetivos del conocimiento posibilitan la discusi&oacute;n, la cr&iacute;tica, la revisi&oacute;n, el perfeccionamiento de los resultados y la generaci&oacute;n de nuevas ideas en los contextos de la ciencia. Sin libros y revistas, sin art&iacute;culos, ponencias e informes de investigaci&oacute;n, la ciencia moderna resultar&iacute;a inconcebible.</P></I>  <I>    <P>En este sentido, es comprensible la importancia que para el desarrollo de la sociedad tuvo, tiene y tendr&aacute; la posibilidad de reproducir los mensajes escritos. De dicha capacidad depende por supuesto la materializaci&oacute;n de las ventajas mencionadas. En la historia de las tecnolog&iacute;as, utilizadas para la difusi&oacute;n de los conocimientos, tuvieron lugar dos invenciones que revolucionaron en su totalidad a la civilizaci&oacute;n: la imprenta, con m&aacute;s de cinco siglos de existencia, y los modernos sistemas de computaci&oacute;n, con apenas unas d&eacute;cadas de vida, pero con una expansi&oacute;n vigorosa por todas las latitudes del planeta.</P></I>  <I>    <P>Sin embargo, aunque las tecnolog&iacute;as modernas para la reproducci&oacute;n de los mensajes escritos son sumamente deslumbrantes, el tal&oacute;n de Aquiles de la comunicaci&oacute;n cient&iacute;fica en muchos pa&iacute;ses lo constituye el mensaje escrito. La carencia de una actitud hacia la investigaci&oacute;n en el quehacer diario, as&iacute; como del buen h&aacute;bito de la escritura, condena con frecuencia al olvido experiencias &uacute;tiles a otros. Lo m&aacute;s significativo de este hecho es la apat&iacute;a o hasta la renuencia que muestran muchos bibliotecarios quienes critican a otros profesionales por no hacer lo que ellos tampoco hacen: escribir.</P></I>  <I>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Todo investigador o, en t&eacute;rminos generales, todo profesional est&aacute; llamado a transmitir sus conocimientos a otros. Esto no es una acci&oacute;n heroica, sino una obligaci&oacute;n para con la humanidad, para con millones de hombres que han depositado gratuitamente en sus manos experiencias adquiridas, tal vez en una vida de entrega al descubrimiento de los secretos de la naturaleza o a su perfeccionamiento.</P></I>  <I>    <P>Ahora bien, para transmitir un mensaje de forma comprensible para otros, es decir, para comunicarse con los dem&aacute;s, es necesario dominar los principios, las reglas y, en general, el arte del lenguaje escrito y de la redacci&oacute;n acad&eacute;mica, cuyas peculiaridades se relacionan sin rodeos con su objetivo, a saber, con la comprensi&oacute;n exacta del mensaje transmitido. Dicho arte se domina precisamente en el empe&ntilde;o consciente de lograrlo.</P></I>  <I>    <P>En la comunicaci&oacute;n cient&iacute;fica, es importante transmitir los nuevos conocimientos y experiencias de un modo preciso y claro, capaz de desterrar las ambig&uuml;edades que con tanta frecuencia aparecen en la comunicaci&oacute;n fuera del entorno de la ciencia. Los elementos sustantivos del contenido habr&aacute;n de destacarse con nitidez por encima de todo adorno formal, aun cuando nada impide redactar con elegancia y armon&iacute;a.</P></I>  <I>    <P>Conveniente y oportuno resulta para completar el mensaje que se ha querido transmitir, repetir la famosa sentencia de Don Santiago Ram&oacute;n y Cajal, de una vigencia permanente, cr&iacute;tica y universal, en la que dec&iacute;a: "para escribir un art&iacute;culo cient&iacute;fico es necesario llenar tres requisitos: primero, tener algo que decir, segundo, decirlo y tercero, no decir nada m&aacute;s que eso" <SUP>2</SUP></P></I>  <I>    <P>Cu&aacute;ntos tendr&aacute;n algo que decir y por desidia o indiferencia nunca lo escribir&aacute;n. Cu&aacute;ntos, al publicar el resultado de sus experiencias, lo har&aacute;n de forma tal que no atraer&aacute;n la atenci&oacute;n de otros hombres de ciencia. Cu&aacute;ntos de los trabajos escritos ser&aacute;n agotadores, dispersos, extensos, banales e inadecuados en su presentaci&oacute;n. Es por ello que resulta hoy m&aacute;s necesario que se comprenda el valor de la escritura, no s&oacute;lo para informar a los colegas las nuevas experiencias, y esto de por s&iacute; es muy relevante, sino tambi&eacute;n para legar a las generaciones posteriores la sabidur&iacute;a de un momento hist&oacute;rico que se ha tenido la oportunidad de vivir por unos, y del que otros s&oacute;lo conocer&aacute;n en virtud de lo que se pueda escribir. Si la intenci&oacute;n de este mensaje se ha comprendido, entonces vali&oacute; la pena el esfuerzo realizado.</P></I>  <H4>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</H4> <OL>      <!-- ref --><LI>Sabino Carlos A. C&oacute;mo hacer una tesis y elaborar toda clase de trabajos escritos. Santaf&eacute; de Bogot&aacute; (DC): Panamericana, 1996: 3-7.</LI>    <!-- ref --><LI>Ram&oacute;n y Cajal S. Los t&oacute;nicos de la voluntad. 9 ed. Madrid: Espasa-Calpe, 1971:130.</LI>    </OL>      <P>Ileana Regla Alfonso S&aacute;nchez     <BR> Licenciada en Informaci&oacute;n Cient&iacute;fico-T&eacute;cnica y Bibliotecolog&iacute;a     ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> Directora del Subcentro Nacional de Informaci&oacute;n en Nutrici&oacute;n e Higiene de los Alimentos </P> <H5></H5>     ]]></body><back>
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