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<institution><![CDATA[,Universidad de La Habana Facultad de Comunicación. Departamento de Bibliotecología y Ciencia de la Información.]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The phenomenon of reading activity in cigar factories was studied from its origins to the present day; the starting of the reading activity at cigar factory; the involvement of workers in the 21ST century social struggle, the immigrant cigar factory workers and the work of José Martí in Tribuna Avanzada de la Libertad were addressed. An analysis was made of the reading activity at cigar factories at republican times and after the triumph of the revolution.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <h2>La lectura en las tabaquer&iacute;as en Cuba <strong></strong> </h2>     <p><a href="#cargo">MSc. Zoia Rivera,<span class="superscript">1</span> Lic. Ivett Roig Albet<span class="superscript">2</span> y Lic. Osmay Kim Men Fong Delgado<span class="superscript">3</span> </a><a name="autor"></a></p> <h4>Resumen </h4>     <p align="justify">Se examina el fen&oacute;meno de la lectura en las tabaquer&iacute;as    en Cuba desde sus or&iacute;genes hasta la actualidad; se abordan los inicios    de la actividad, la lectura de tabaquer&iacute;a y los tabaqueros en las luchas    sociales del siglo <tt>XIX</tt>, los tabaqueros emigrados y Jos&eacute; Mart&iacute;    en la <em>Tribuna A</em><em>vanzada </em><em> de la Libertad</em>, la lectura    en las tabaquer&iacute;as de la rep&uacute;blica, as&iacute; como la lectura    en las tabaquer&iacute;as en el per&iacute;odo posrevolucionario. </p>     <p><em>Palabras clave</em>:  Lectura, lector, f&aacute;bricas. </p> <h4>Abstract </h4>     <p align="justify">The phenomenon of reading activity in cigar factories was studied    from its origins to the present day; the starting of the reading activity at    cigar factory; the involvement of workers in the 21ST century social struggle,    the immigrant cigar factory workers and the work of Jos&eacute; Mart&iacute;    in Tribuna Avanzada de la Libertad were addressed. An analysis was made of the    reading activity at cigar factories at republican times and after the triumph    of the revolution.</p>     <p><i>Key words</i>: Reading, reader, factories    <br> </p>     <p align="justify">Copyright: &copy; ECIMED. Contribuci&oacute;n de acceso abierto,    distribuida bajo los t&eacute;rminos de la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No    Comercial-Compartir Igual 2.0, que permite consultar, reproducir, distribuir,    comunicar p&uacute;blicamente y utilizar los resultados del trabajo en la pr&aacute;ctica,    as&iacute; como todos sus derivados, sin prop&oacute;sitos comerciales y con    licencia id&eacute;ntica, siempre que se cite adecuadamente el autor o los autores    y su fuente original. </p>     <p>Cita (Vancouver): Rivera Z; Roig Albet I, Kim Men Fong Delgado O. La lectura en las tabaquer&iacute;as en Cuba. Acimed 2007;15(6). Disponible en: <strong><a href="http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol15_6_07/aci01607.htm">http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol15_6_07/aci04607.htm </a></strong> [Consultado: d&iacute;a/mes/a&ntilde;o]. </p>     <p align="justify">La lectura en las tabaquer&iacute;as, una pr&aacute;ctica educativa que a&uacute;n existe en Cuba a pesar de las vicisitudes experimentadas a lo largo de su existencia, no tiene an&aacute;logos en otras partes del mundo, excepto en aquellos lugares donde la llevaron los propios tabaqueros emigrados. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La lectura, en varias ocasiones se intent&oacute; imitar por    otras ramas de la econom&iacute;a cubana, como la industria textil y el comercio,    pero no result&oacute;. En los a&ntilde;os 50, en un taller de corte y costura    su administrador tuvo la idea de contratar a un lector para que entretuviera    a las trabajadoras, pero las obras literarias, aunque fueron atractivas al gusto    femenino, no pod&iacute;an escucharse por el ruido de las m&aacute;quinas de    coser, que imposibilit&oacute; que esa pr&aacute;ctica se extendiera . Luego,    en la desaparecida tienda &quot;El Encanto&quot; se tom&oacute; la iniciativa    de leer las noticias y pasajes de novelas a los empleados durante la hora del    almuerzo, pero como era el &uacute;nico receso que ten&iacute;an los trabajadores    para conversar entre ellos, la lectura tambi&eacute;n fracas&oacute;. </p>     <p align="justify">De este modo, la lectura de tabaquer&iacute;as qued&oacute;    como singular en este g&eacute;nero de la actividad econ&oacute;mica, para participar    en cada per&iacute;odo de la historia cubana, ganarse un lugar en la idiosincrasia    nacional por su apoyo incondicional a las causas de la libertad, as&iacute;    como para compartir conocimientos y alimentar la sabidur&iacute;a en uno de    los sectores econ&oacute;micos m&aacute;s importantes de la naci&oacute;n cubana:    los tabaqueros. Sin embargo, a pesar de su importancia en la divulgaci&oacute;n    y promoci&oacute;n de la cultura, fue pr&aacute;cticamente ignorada por los    sectores ajenos al tabacalero e, incluso, tuvo poco apoyo entre las nuevas generaciones    de obreros del tabaco. Ellos, por lo general, eran indiferentes al valor de    este servicio, que no solo entreten&iacute;a y garantizaba el aumento en la    producci&oacute;n, sino que adem&aacute;s elevaba su nivel intelectual. </p>     <p align="justify">Los fundadores de la lectura en las tabaquer&iacute;as la crearon con el fin de tener una instituci&oacute;n con caracter&iacute;sticas comunicativas e informativas que cubrieran sus necesidades de informaci&oacute;n y cultura, funci&oacute;n que a&uacute;n se mantiene, con ciertos cambios que buscan garantizar su lugar en la constante evoluci&oacute;n de la sociedad. Los lectores, aunque mantienen rasgos particulares del oficio, poseen tambi&eacute;n muchas caracter&iacute;sticas que los revelan como profesionales <em>sui g&eacute;neris </em> de la informaci&oacute;n, que desempe&ntilde;an las funciones propias de los trabajadores de este campo del saber. </p>     <p align="justify">La lectura de tabaquer&iacute;as ha sido objeto de algunos estudios hist&oacute;ricos en torno a su surgimiento y desarrollo. El Sindicato Nacional de Trabajadores Tabacaleros tiene, entre sus responsabilidades, recopilar la informaci&oacute;n correspondiente al tradicional oficio con el objetivo de elevar el reconocimiento social de los lectores y divulgar su labor fuera del universo del tabaco. </p>     <p align="justify">Ante la carencia de un estudio abarcador y multifac&eacute;tico    relacionado con el contexto hist&oacute;rico en que la lectura de tabaquer&iacute;as    se desarroll&oacute; y evolucion&oacute;, se propuso la realizaci&oacute;n de    una investigaci&oacute;n con los siguientes objetivos: e sclarecer las condiciones    que propulsaron el surgimiento de la figura del lector de tabaquer&iacute;a;    analizar la incidencia de la lectura de tabaquer&iacute;a en la elevaci&oacute;n    de la conciencia de clase y las luchas sociales en la Cuba prerrevolucionaria,    caracterizar la figura del lector de tabaquer&iacute;a; as&iacute; como establecer    la evoluci&oacute;n de la figura del lector en funci&oacute;n del desarrollo    de los obreros tabacaleros. </p> <h4>M&eacute;todos </h4>     <p align="justify">Se analiz&oacute; la literatura disponible acerca del tema    desde el a&ntilde;o 1865 hasta la actualidad. La b&uacute;squeda bibliogr&aacute;fica    se realiz&oacute; en la Biblioteca Nacional “Jos&eacute; Mart&iacute;”, el Instituto    de Literatura y Ling&uuml;&iacute;stica, el Archivo Nacional, el Instituto de    Historia de la Academia de Ciencias de Cuba, el Museo del Tabaco, la Escuela    Nacional de la CTC “L&aacute;zaro Pe&ntilde;a”, el Sindicato Nacional de Trabajadores    del Tabaco, la biblioteca del Palacio de los Torcedores, as&iacute; como en    las bibliotecas de la Facultad de Comunicaci&oacute;n y la Facultad de Filosof&iacute;a    e Historia de la Universidad de La Habana. </p>     <p align="justify">Se consultaron documentos publicados o de tem&aacute;ticas referentes a la &eacute;poca de la Colonia y la Rep&uacute;blica. Tuvieron un lugar fundamental en el esclarecimiento de los inicios de la profesi&oacute;n las obras del historiador <em>Jos&eacute; Rivero Mu&ntilde;iz </em>, fiel estudioso del oficio de leer en las galeras de las f&aacute;bricas de tabaco y autor de algunos art&iacute;culos sobre su historia hasta finales del coloniaje en Cuba. Se analizaron publicaciones seriadas (1860-2004), y se revisaron libros y folletos de historia del proletariado cubano. Como se hall&oacute; <strong></strong>un vac&iacute;o informacional sobre la lectura a partir del per&iacute;odo republicano hasta nuestros d&iacute;as en la bibliograf&iacute;a, se consultaron expertos en el tema o antiguos trabajadores. </p>     <p align="justify">En el transcurso del estudio se tuvo la oportunidad de participar en algunas conferencias en el Museo del Tabaco que forman parte de la preparaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n de los lectores. Se hicieron visitas a algunas f&aacute;bricas en el momento que se realizaba la lectura y se compartieron actividades con los lectores fuera de las factor&iacute;as. </p> <h6><strong>Del lector </strong></h6>     <p align="justify">Los lectores existieron desde los tiempos antiguos, en los que aumentaron o disminuyeron, seg&uacute;n las &eacute;pocas. As&iacute;, con la llegada del cristianismo, basado fundamentalmente en la pr&eacute;dica oral <em>“… </em>el lector vino a ser en la iglesia una orden, que subsist&iacute;a al antiguo lector de la Sinagoga, al cual muchas veces aluden los mismos ap&oacute;stoles (acta, XIII, 27; XV, 21; II Corintios. III, 15). Los lectores romanos se encargaban de leer las Santas Escrituras, a la vez que las guardaban y las proteg&iacute;an”.<span class="superscript">1</span> Durante los tres primeros siglos, las funciones del lector se confiaron a los cristianos que hab&iacute;an probado su fe, pero posteriormente, estas se concedieron a los j&oacute;venes secretarios de los obispos o presb&iacute;teros. Su instrucci&oacute;n la recib&iacute;an en unas escuelas especiales, cuyo director se le denominaba <em> Primiciario de la Escuela de los Lectores</em>.<span class="superscript">2</span> </p>     <p align="justify">Desde aquellos tiempos, se percib&iacute;a que el lector requer&iacute;a una serie de aptitudes para realizar su actividad y, ante todo, deb&iacute;a ser capaz de asimilar la esencia del mensaje que iba a leer y transmitirlo de manera enf&aacute;tica, para mediar entre la fuente primaria de informaci&oacute;n y sus oyentes. </p> <strong> </strong>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>El lector de tabaquer&iacute;a </i></p>     <p align="justify">En Cuba, la profesi&oacute;n de <em>lector de tabaquer&iacute;a </em> naci&oacute; y se proyect&oacute; como medio para elevar el nivel cultural de los tabaqueros. Estos operarios surgieron y se desarrollaron en &iacute;ntima relaci&oacute;n con las transformaciones sociales de la clase obrera desde &eacute;pocas de la colonia y, espec&iacute;ficamente, con el surgimiento de las ideas independentistas y de mejora del nivel cultural e intelectual del gremio tabacalero, que origin&oacute; una nueva concepci&oacute;n de <em>Patria </em> y un cambio en la vida laboral. La figura del lector de tabaquer&iacute;a fue un componente importante en la consolidaci&oacute;n de la clase obrera cubana y de la promoci&oacute;n de la cultura nacional. Al respecto, <em>Rivero Mu&ntilde;iz </em> se&ntilde;ala: </p>     <p align="justify">“El tabaquero, dijo uno que vivi&oacute; de ese oficio y que ahora figura en el campo del periodismo, ha sido siempre un amante de la renovaci&oacute;n y del progreso. Cuando gravitaba sobre la Isla todo el peso de la colonia, cuando se hac&iacute;a sentir la sumisi&oacute;n y la esclavitud, ellos pese a estar viniendo de lo que pudo llamarse La Edad de Oro de la Industria del Tabaco, colonizaron la gesta revolucionaria y se hicieron conspiradores y agentes eficaces de la causa por la independencia sin hacer menci&oacute;n de la valiosa cooperaci&oacute;n de estos obreros, a los que el propio Mart&iacute; <em></em>consideraba como los m&aacute;s s&oacute;lidos sostenes de la causa”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Resulta imposible se&ntilde;alar con precisi&oacute;n los nombres de los primeros lectores de tabaquer&iacute;as; sin embargo se sabe, por ejemplo, de Nicol&aacute;s F. de Rosas, “quien sin exigir retribuci&oacute;n alguna, desempe&ntilde;aba ese puesto en una f&aacute;brica de tabacos de Guanabacoa, propiedad de Severiano Aquino, en la cual se inaugur&oacute; la lectura el 1&ordm; de marzo de 1866”,<span class="superscript">3</span> seg&uacute;n se confirma en <em>El Siglo </em> de fecha inmediata. </p>     <p align="justify">Los lectores de tabaquer&iacute;as comenzaron su labor pagados mediante una modesta cuota semanal entregada por los trabajadores, costumbre que perdur&oacute; hasta el triunfo de la Revoluci&oacute;n. El Presidente de Lectura, cobraba esta especie de cotizaci&oacute;n todos los s&aacute;bados. Este se quedaba con un porcentaje del total que se recaudaba, porque se consideraba que para llevar debidamente el cargo deb&iacute;a descuidar un tanto su trabajo principal. </p>     <p align="justify">En sus inicios, la lectura se realizaba por los trabajadores    designados, los que se turnaban cada cierto tiempo. Pero pronto la lectura por    turnos dej&oacute; de prevalecer, y el cargo de lector lo ocup&oacute; la persona    que gan&oacute; esta plaza por oposici&oacute;n. Por medio del Presidente, se    hac&iacute;a una votaci&oacute;n puesto por puesto y se sacaba por la mayor&iacute;a.    Generalmente era una persona instruida y educada a quien se le dispensaban grandes    atenciones. </p>     <p align="justify">El lector deb&iacute;a poseer las aptitudes necesarias: tener voz clara y pronunciaci&oacute;n correcta, ser lo suficientemente culto para poder interpretar cuando le&iacute;a o, en muchas ocasiones, evacuar las dudas o servir de &aacute;rbitro en discusiones sobre materias hist&oacute;ricas, literarias y hasta cient&iacute;ficas. Para probar sus aptitudes, el nuevo lector, por lo regular, deb&iacute;a pronunciar un discurso que ocupara la atenci&oacute;n y la voluntad de los obreros. </p>     <p align="justify">Seg&uacute;n las opiniones de varios autores, el torcedor de entonces era alguien que discut&iacute;a de manera perpetua, ten&iacute;a una amplia tolerancia hacia las materias en las que deseaba conocer; al adquirir las m&aacute;s extensas y variadas nociones sobre muchas disciplinas, se cre&iacute;a autorizado a disputar sobre todo y, frecuentemente, hac&iacute;a uso de esto. Si el lector no pod&iacute;a enfrentarse dignamente con esa disposici&oacute;n y ese af&aacute;n, estaba perdido. Si por el contrario, probaba su capacidad y determinaci&oacute;n, se ganaba el cari&ntilde;o y el respeto de todos. </p>     <p>En su libro <em>L&eacute;xico Tabacalero Cubano</em>, <em>Jos&eacute; E. Perdomo</em>, explica: </p>     <p align="justify"><em>“ </em>El lector de tabaquer&iacute;a es un operario de    todas las f&aacute;bricas de tabaco . Este desde una plataforma o tribuna preparada    al efecto, lee a los obreros mientras trabajan; los peri&oacute;dicos del d&iacute;a,    las revistas de mayor circulaci&oacute;n y libros que le son indicados por los    propios obreros. (…) El lector ilustr&aacute;ndolos, los ha convertido en una    clase obrera con cualidades y condiciones excepcionales: d&aacute;ndoles m&aacute;s    luz y forjando en ellos, en esta comuni&oacute;n de cultura, nobles ideales    comunes que abrazaron con fe y entusiasmo sin l&iacute;mites. El taller de tabaquer&iacute;a    es como una c&aacute;tedra. (…) Su democr&aacute;tica y voluntaria autoeducaci&oacute;n    (se refiere a los tabaqueros) es un fen&oacute;meno caracter&iacute;stico de    esta clase obrera, que tanto contribuy&oacute; a la lucha por nuestra independencia.    (…) Esta tribuna de lectura fue adem&aacute;s de educaci&oacute;n de los obreros,    exposici&oacute;n de ideales. En la emigraci&oacute;n, la instituci&oacute;n    de la lectura se fund&oacute; en Cayo Hueso desde los primeros momentos (…),    no fue solo el estrado desde el cual se le&iacute;an los peri&oacute;dicos y    revistas, desde ella se escuchaba la voz de la libertad, fue el templo de los    ideales de los obreros y lo cuidaban con fervor y manten&iacute;an con sus salarios.    Por eso Mart&iacute; cuando fue a hablarles escogi&oacute; la tribuna de lectura,    visionando que sus palabras de fe de independencia llegar&iacute;an mejor a    los tabaqueros”.<span class="superscript">4</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ser lector de tabaquer&iacute;a era una profesi&oacute;n orientada hacia la difusi&oacute;n de la cultura y del conocimiento a los tabaqueros, que compaginaban sus luchas por el progreso econ&oacute;mico con el deseo de mejora intelectual. Para ellos la lectura fue el medio de superarse y despojarse de la ignorancia que los encadenaba a un r&eacute;gimen de esclavitud econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica, como era el colonialismo espa&ntilde;ol. </p> <i>Lectura de tabaquer&iacute;a: inicios de la actividad </i>      <p align="justify">Tal parece que en Cuba, la idea de acompa&ntilde;ar el trabajo con la lectura le pertenece a un viajero espa&ntilde;ol, ajeno a la industria del tabaco, <em>Jacinto de Salas y Quiroga </em>. Este arrib&oacute; a la isla en los &uacute;ltimos d&iacute;as del mes de noviembre del a&ntilde;o 1839, procedente de Puerto Rico a bordo de la fragata espa&ntilde;ola “Rosa”. Meses despu&eacute;s, <em>Salas y Quiroga </em> public&oacute; un libro, donde relat&oacute; sus impresiones de aquel viaje. Llama la atenci&oacute;n que en una excursi&oacute;n a Artemisa o San Marcos, La G&uuml;ira y Guanajay,<span class="superscript">3</span> no precisa el lugar, acompa&ntilde;ado de un amigo, lleg&oacute; a la <em>“… </em>posesi&oacute;n de un alem&aacute;n, la m&aacute;s importante de cuantas tiene la Isla , cuyos habitantes se ocupaban en las tareas propias del cultivo y preparaci&oacute;n del caf&eacute;&quot;. Refiri&eacute;ndose a lo que observ&oacute; all&iacute; expres&oacute;: “en ese cafetal tuve ocasi&oacute;n, m&aacute;s que en ninguna otra parte de la Isla , de lamentar el estado de completa ignorancia en que se tiene el esclavo. (…)…entonces se me ocurri&oacute; a m&iacute; que nada m&aacute;s f&aacute;cil habr&iacute;a que emplear aquellas horas en ventaja de la educaci&oacute;n moral de aquellos infelices seres. El mismo que sin cesar los vigila podr&iacute;a leer en voz alta alg&uacute;n libro compuesto al efecto y al mismo tiempo que templase el fastidio de aquellos desgraciados, les instruir&iacute;a de alguna cosa que aliviase su miseria  (…)&quot;.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Por otro lado, el intelectual y pol&iacute;tico cubano Nicol&aacute;s Azc&aacute;rate, de destacada actuaci&oacute;n en la segunda mitad del siglo <tt>XIX</tt>, se inspir&oacute; en las lecturas que se les realizaban a los presos en dos galeras del Arsenal de La Habana, donde el lector le&iacute;a media hora todas las tardes alg&uacute;n libro c&iacute;vico. La mayor&iacute;a de los reclusos eran cigarreros que segu&iacute;an en ese oficio y recib&iacute;an a cambio determinada suma, parte de la cual el jefe de departamento reten&iacute;a para devolv&eacute;rselos cuando obtuvieran la libertad; les entregaba semanalmente el resto, y de este se separaban algunas monedas para remunerar la labor del lector y adquirir las obras que hab&iacute;an de leerse. </p>     <p align="justify">Poco a poco, se divulg&oacute; la <em>lectura de las galeras    </em>, porque muchos de los amigos y familiares de los presos eran tabaqueros,    radicados gran n&uacute;mero de ellos en aquel barrio de extramuros (se les    denominaba as&iacute; a los barrios situados fuera del per&iacute;metro limitado    por la muralla que se extend&iacute;a desde el Castillo de La Punta hasta El    Arsenal), llamado Jes&uacute;s Mar&iacute;a, donde estaba la extinta Real Factor&iacute;a    de Tabacos de La Habana y que agrupaba a los elementos del proletariado tabacalero.    Nicol&aacute;s Azc&aacute;rate propuso insertar la actividad en la producci&oacute;n    tabaquera, idea que materializ&oacute; all&iacute; el joven asturiano tabaquero,    luchador proletario y literato Saturnino Mart&iacute;nez, trabajador de la F&aacute;brica    &quot;Partag&aacute;s&quot;. Para no fracasar, Saturnino Mart&iacute;nez, asociado    a otros tabaqueros, entre los que se destacaban Agust&iacute;n Mariscal y Francisco    <em></em>Teodoro Acosta, gestion&oacute; la fundaci&oacute;n de un &oacute;rgano    de publicidad consagrado a la propaganda societaria entre la clase obrera y    consigui&oacute; distribuir 20 acciones de cinco pesos plata cada uno. En la    edici&oacute;n del diario <em>El Siglo </em>del 20, de octubre de 1865, se anunci&oacute;    la pr&oacute;xima salida de un nuevo peri&oacute;dico que estar&iacute;a a cargo    de Manuel Sell&eacute;n y Saturnino Mart&iacute;nez. </p>     <p align="justify">Al fin, el domingo 22 de octubre de 1865, apareci&oacute; el primer n&uacute;mero de <em>La Aurora</em>, nombre simb&oacute;lico, porque su nacimiento coincid&iacute;a con el despertar de la clase a quien iba dirigido. Constaba de ocho p&aacute;ginas (tama&ntilde;o 11 x 8), a dos columnas y se imprim&iacute;a en el taller de la Viuda de Barcina y Compa&ntilde;&iacute;a, sito en la calle Reina No.6. Su precio de venta era el de un real sencillo, o sea, diez centavos cada ejemplar. La redacci&oacute;n y administraci&oacute;n se establecieron en la misma imprenta donde se editaba. </p>     <p align="justify">Esta publicaci&oacute;n, seg&uacute;n indicaba su subt&iacute;tulo, era “…un peri&oacute;dico semanal dedicado a los artesanos” (se les llamaba artesanos a los obreros) . Adem&aacute;s de Sell&eacute;n y Saturnino Mart&iacute;nez, colaboraron en <em>La Aurora </em> otros literatos de renombre y m&eacute;ritos: Joaqu&iacute;n Lorenzo Luaces, Luis Victoriano Betancourt, Jos&eacute; Fornaris, Antonio Sell&eacute;n, Fernando Urzaiz, Alfredo Torroella y Ramona Pizarro, <em></em>primera mujer que defendi&oacute; la clase obrera en la prensa cubana. En sus primeros n&uacute;meros, <em>La Aurora</em>, pese a sus prop&oacute;sitos, mostr&oacute; preferencia por la literatura y releg&oacute; las cuestiones obreras, con lo que motiv&oacute; discrepancias, que se eliminaron posteriormente. </p>     <p align="justify">A principios del mes de diciembre de 1865, se trat&oacute; de fundar en La Habana , una Sociedad de Artesanos, cuyos integrantes eran obreros y algunos marquistas (t&iacute;tulo que entonces se aplicaba a aquellos fabricantes de tabacos cuya producci&oacute;n se vend&iacute;a al p&uacute;blico bajo el nombre de la “marca” o “hierro” de la cual eran propietarios, y que se les daba para diferenciarlos de los fabricantes, denominaci&oacute;n esta para designar a los que trabajaban para la “entrega”, es decir, por cuenta de alg&uacute;n “marquista”) que quer&iacute;an apoyar con sus medios la magn&iacute;fica idea de superaci&oacute;n de los obreros. </p>     <p align="justify">Por eso, <em>La Aurora </em> comenz&oacute; a alternar con los temas literarios que nunca abandon&oacute;, su lucha a favor de la clase trabajadora estimul&oacute; la formaci&oacute;n de gremios e incit&oacute; a los obreros para que acudiesen a los centros de ense&ntilde;anza a prepararse para las luchas sociales. Era la labor did&aacute;ctica y constructiva que contribuy&oacute; no solamente al establecimiento de diversas <em>sociedades de artesanos </em>, sino tambi&eacute;n a la modificaci&oacute;n del horario de trabajo de la Biblioteca de la Real Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s que, a partir del 1ro. de diciembre de 1865, qued&oacute; establecido de 12:00 am a 3:00 pm y de 7:00 a 9:00 pm para facilitar a los trabajadores su asistencia a las salas de lectura. <em>La Aurora </em> cooper&oacute;, igualmente, con la apertura de la Escuela para Artesanos, cuyo Director, el obrero Gregorio R. Rodr&iacute;guez, ense&ntilde;aba gratuitamente tres horas diarias los contenidos de la ense&ntilde;anza primaria a los trabajadores. </p>     <p align="justify">A los fundadores de <em>La Aurora </em> se debe tambi&eacute;n    el m&eacute;rito de la implantaci&oacute;n de la lectura, estrenada en la tabaquer&iacute;a    &quot;El F&iacute;garo&quot;<em>, </em> en La Habana, el 21 de diciembre de    1865. Esta f&aacute;brica, propiedad de Jos&eacute; Castillo y Su&aacute;rez,    situada en la esquina de Sitios y &Aacute;ngeles, contaba con trescientos torcedores.    Para incorporar la lectura al proceso productivo, ellos convinieron en que uno    desempe&ntilde;ar&iacute;a las funciones de lector, para lo que cada operario    contribuir&iacute;a con su correspondiente cuota, con el fin de resarcir el    jornal que aquel dejaba de recibir durante el tiempo que le&iacute;a en voz    alta.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">En poco tiempo, la lectura de tabaquer&iacute;as y despalillos se convirti&oacute; en un canal de flujo de informaci&oacute;n que por su importancia form&oacute; parte de la cultura cubana, de la tradici&oacute;n hist&oacute;rica y de la sociedad econ&oacute;mica del pa&iacute;s. Era una forma de cultivar a los obreros y prepararlos para la revoluci&oacute;n que los liberar&iacute;a del yugo espa&ntilde;ol. La lectura influy&oacute; en la formaci&oacute;n del tabaquero cubano como clase obrera en Cuba. En este sentido, Rivero Mu&ntilde;iz indica que: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">“Por medio de la lectura, el tabaquero consigui&oacute; destacarse sobre el resto del proletariado cubano, sirviendo a este de mentor y gu&iacute;a cuando el movimiento de emancipaci&oacute;n social alboreaba en Cuba. Primero sus iniciadores la utilizaron para difundir conocimientos y preparar, pudi&eacute;ramos decir, el terreno para la organizaci&oacute;n gremial; luego luch&oacute; por el mantenimiento y el perfeccionamiento de esa obra, dando a conocer los abusos y atropellos que se comet&iacute;an contra la clase obrera, despertando el, esp&iacute;ritu de rebeld&iacute;a y de combate; y fue m&aacute;s tarde, como dijera Mart&iacute;, <em>Tribuna Avanzada de la Libertad</em>.<em> Cuenta pues, con un pasado tan digno como glorioso. Hoy, como ayer, contin&uacute;a siendo fuente de informaci&oacute;n y ense&ntilde;anza. Obra de los tabaqueros, repetimos, constituye un leg&iacute;timo orgullo no solamente de sus fundadores y mantenedores, sino de todo el proletariado cubano. Su historia forma parte de la historia de este</em>”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p>Y a esto, <em>Lily Litvak </em> agreg&oacute;: </p>     <p align="justify">“ La lectura colectiva se mantuvo como instituci&oacute;n obrera de los torcedores, y sigui&oacute; contribuyendo de manera eficaz al progreso del proletariado cubano, estimulando la organizaci&oacute;n gremial, dando a conocer las noticias revolucionarias y obreras. Sirvi&oacute; de excelente veh&iacute;culo a la propaganda revolucionaria, que culmin&oacute; con la independencia de Cuba, y sobre todo contribuy&oacute; de manera eficaz en la propagaci&oacute;n de la cultura entre las masas laborales. (…) esta actividad floreci&oacute; magn&iacute;ficamente y tuvo consecuencias directas; ayud&oacute; a la difusi&oacute;n de conocimientos y al nacimiento de la conciencia de clase, apoy&oacute; la causa obrera y la formaci&oacute;n de asociaciones, fue fundamental para (…) la promoci&oacute;n de la prensa. Pero adem&aacute;s de todos esos resultados pr&aacute;cticos, la lectura colectiva demuestra uno de los postulados b&aacute;sicos del anarquismo, que la lucha por el progreso econ&oacute;mico va unido a un apasionado deseo de mejora intelectual”.<span class="superscript">5</span> </p>     <p align="justify">Los operarios de otras tabaquer&iacute;as comenzaron a imitar lo hecho por los torcedores de <em>El F&iacute;garo, </em> pero el prop&oacute;sito tuvo dificultades y la oposici&oacute;n de ciertos industriales. Seg&uacute;n la publicaci&oacute;n de <em>Agust&iacute;n Mariscal</em>, en el n&uacute;mero 2 de <em>La Aurora</em>: </p>     <p align="justify">“…no sabemos por qu&eacute; algunos de los due&ntilde;os de f&aacute;bricas proh&iacute;ben entre sus operarios tan laudable idea, porque lejos de serles perjudicial, establece el orden en los talleres, y el artesano se consagra con doble aplicaci&oacute;n al desempe&ntilde;o de sus tareas, participando al propio tiempo de la instrucci&oacute;n que le proporciona la lectura, y de alg&uacute;n aumento en sus jornales, pues trabajando en silencio sabido es que siempre se aventaja m&aacute;s”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Estas prohibiciones avivaron los deseos de establecer la lectura, y el martes 9 de enero de 1866, esta se inaugur&oacute; en la f&aacute;brica &quot;Partag&aacute;s&quot;, cuyo propietario, el catal&aacute;n Jaime Partag&aacute;s, se entrevist&oacute; con una comisi&oacute;n de tabaqueros y accedi&oacute; inmediatamente a la solicitud del establecimiento de la lectura, elogi&oacute; la idea e impuso como &uacute;nica condici&oacute;n que las obras tendr&iacute;an que someterse antes a su censura. El d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n de la lectura, el due&ntilde;o de la f&aacute;brica acudi&oacute; a presenciar el acto y se ofreci&oacute; voluntariamente para levantar una especie de tribuna en el punto c&eacute;ntrico del taller, con el fin de que todos los tabaqueros pudiesen percibir con claridad la voz del lector.<span class="superscript">6</span> El suceso se describi&oacute; de la manera siguiente: </p>     <p align="justify">“<em>… </em>uno de los j&oacute;venes artesanos de ese taller, colocado en el centro de aquella multitud de trabajadores cuyo n&uacute;mero asciende a cerca de 200, con voz sonora y clara, anunci&oacute; que iba a darse principio a la lectura de una obra cuyas doctrinas tend&iacute;an a encaminar los pueblos hacia un fin digno de las nobles aspiraciones de las clases obreras de todo pa&iacute;s civilizado. Y abriendo un volumen en folio mayor, empez&oacute; a leer “Las Luchas del Siglo”. Es imposible ensalzar como se merece la atenci&oacute;n profunda con que fue o&iacute;do durante la media hora que por turno le correspondi&oacute; leer; a cuyo t&eacute;rmino otro joven de id&eacute;nticas circunstancias, tom&oacute; el mismo libro y continu&oacute; la lectura otra media hora, as&iacute; sucesivamente hasta las seis de la tarde, hora en que todos los obreros abandonaron el taller, con el prop&oacute;sito de continuar al otro d&iacute;a en la misma pr&aacute;ctica, como sucedi&oacute; y ha venido sucediendo en los dem&aacute;s d&iacute;as de la semana”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Sin embargo, no todos los fabricantes actuaban igual que Jaime    Partag&aacute;s. Algunos toleraban la lectura hasta cierto punto, otros no la    soportaban en las tabaquer&iacute;as. Entre los m&aacute;s notorios enemigos    a tan instructiva pr&aacute;ctica se encontraban: el due&ntilde;o de la tabaquer&iacute;a    &quot;El Designio&quot;, <em>Ram&oacute;n Allanes</em>, quIen dijo a sus obreros    que “los talleres eran para trabajar y no para leer, y que las tribunas eran    para los liceos y no para las f&aacute;bricas de tabacos”; los propietarios    de &quot;Caba&ntilde;as&quot;, Henry Clay y &quot; La Intimidad&quot;, Anselmo    Gonz&aacute;lez del Valle, Juli&aacute;n &Aacute;lvarez y Antonio Carundo, respectivamente,    con excusas en insignificantes motivos, tampoco concedieron el permiso para    establecer la lectura. En la calle de Rayo exist&iacute;a una f&aacute;brica    de un tal Garc&iacute;a, donde seg&uacute;n <em>La Aurora</em>, en lugar de    “o&iacute;rse la voz del lector solo se escucha una cosa que aterra, producida    por otra que tiene una mota en la punta y que al agitarla en el aire suena como    un chasquido”, una clara alusi&oacute;n al l&aacute;tigo que todav&iacute;a    se empleaba en muchos talleres para castigar a los esclavos y a los aprendices.    Resulta curioso que los jefes o encargados de talleres, se negaban mucho m&aacute;s    que los propios due&ntilde;os, con los m&aacute;s diversos pretextos. Por ejemplo,    el de la f&aacute;brica &quot;La Intimidad&quot;, dec&iacute;a que con la lectura    “…no pod&iacute;a reinar el orden debido y que por consiguiente, cada cual deb&iacute;a    leer en su casa”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">No obstante, muchas personas y, sobre todo, los extranjeros,    para quienes esta pr&aacute;ctica era desconocida, elogiaban la lectura en el    taller. William H. Seward, Secretario de Estado de los Estados Unidos, visit&oacute;,    en compa&ntilde;&iacute;a de su hijo, F. W. Seward, la f&aacute;brica &quot;Partag&aacute;s&quot;    el 22 de enero de 1866. Una nota dedicada a la visita en <em>La Aurora </em>    del 28 de enero de 1866, planteaba que Seward entr&oacute; en el sal&oacute;n    donde trabajaban los obreros en el momento en que “…colocado en medio del oc&eacute;ano    de individuos profundamente callados, el lector dejaba o&iacute;r la eufon&iacute;a    de su acento que transmit&iacute;a suavemente al coraz&oacute;n de los oyentes    el aura evangelizadora de que est&aacute; animada una de las mejores obras de    <em>Fern&aacute;ndez y Gonz&aacute;lez </em>; el honorable ministro fij&oacute;    en &eacute;l la mirada y hizo un signo de aprobaci&oacute;n”. El escrito finalizaba    con la siguiente pregunta: “&iquest;No es esto honroso para el Se&ntilde;or    Partag&aacute;s y sus operarios?”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">En todas partes se hablaba de la lectura y sus iniciadores. La novedad trascendi&oacute; a las editoriales de los peri&oacute;dicos m&aacute;s le&iacute;dos y a un diario de los m&aacute;s importantes de la &eacute;poca donde las ideas liberales eran bien acogidas, <em>El Siglo</em>, dirigido por Francisco de Fr&iacute;as, Conde de Pozos Dulces, que le dedic&oacute; un elogioso art&iacute;culo en el n&uacute;mero publicado el 25 de enero de 1866. “El s&aacute;bado, 3 de febrero de 1866, se inaugur&oacute; la mencionada tribuna en el taller de &quot;Partag&aacute;s&quot;,  acontecimiento celebrado con la solemnidad. Al hacer entrega del mueble, el propietario pronunci&oacute; una breve oraci&oacute;n, que fue contestada por un tabaquero que subi&oacute; a la tribuna y ley&oacute; un sentido discurso”.<span class="superscript">3</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><em> </em>As&iacute; comenz&oacute; el tradicional rito para iniciar la lectura que luego fue seguido por todos los talleres: el Presidente de Lectura, un tabaquero elegido al efecto muy rigurosamente, agitaba una campanilla para imponer silencio absoluto. El lector sub&iacute;a a la tribuna situada en el lugar m&aacute;s conveniente de la parte central de la galera, se sentaba y anunciaba lo que leer&iacute;a. Las obras literarias variaban en contenido y calidad, en dependencia de lo elegido por la mayor&iacute;a del taller, porque no era el lector el que determinaba lo que iba a leer, sino los tabaqueros. </p>     <p align="justify">Con el auge alcanzado por la industria tabacalera, despu&eacute;s del a&ntilde;o 1860, las tabaquer&iacute;as habaneras comenzaron a adquirir verdadera importancia, tanto por el volumen de sus negocios como por la insuperable calidad de sus productos solicitados en el mundo entero. Por este fen&oacute;meno, se aviv&oacute; la actividad <em>societaria </em> de los obreros en Cuba: se fundaron las primeras sociedades de artesanos, las cuales se distinguieron por su af&aacute;n de llevar la cultura y el sentido de la Patria y el deber a la generalidad de sus compa&ntilde;eros y contaron con el apoyo de intelectuales de esa &eacute;poca, famosos y reconocidos por su talento. El d&iacute;a 20 de octubre de 1857, el Excmo. Sr. Gobernador y Capit&aacute;n General de la Isla de Cuba, Jos&eacute; Guti&eacute;rrez de la Concha, Marqu&eacute;s de La Habana , aprob&oacute; el reglamento de la Sociedad de Socorros Mutuos de Honrados Artesanos y Jornaleros, esta asociaci&oacute;n que fue la primera de su clase fundada en Cuba, celebr&oacute; su inauguraci&oacute;n la noche del 8 de diciembre de 1857. Su principal fundador fue Joaqu&iacute;n Rose (Presidente), secundado por los socios Andr&eacute;s Garc&iacute;a, Jos&eacute; D&iacute;az Iglesias y Domingo Ferrer (Secretario). </p>     <p align="justify"><em>La Aurora </em> dedic&oacute; frecuentes trabajos a los progresos de la lectura en las tabaquer&iacute;as, elogi&oacute; la provechosa labor que mediante esta pr&aacute;ctica pod&iacute;a realizarse a favor del proletariado, que inculcaba entre los obreros el esp&iacute;ritu de asociaci&oacute;n, y denunci&oacute; los cr&iacute;menes y atropellos, con lo que provoc&oacute; que, en determinada ocasi&oacute;n, alg&uacute;n “marquista” prohibiera la lectura de dicho semanario en su f&aacute;brica (s e refiere a Juli&aacute;n &Aacute;lvarez, propietario de “Henry Clay”). Esto contribuy&oacute; a aumentar el recelo y la prevenci&oacute;n que dicha pr&aacute;ctica inspiraba, algunos la juzgaban de peligrosa y atentatoria al orden establecido. </p>     <p align="justify">A pesar de la resistencia de algunos due&ntilde;os, el ejemplo de las tabaquer&iacute;as de &quot;El F&iacute;garo&quot; y &quot;Partag&aacute;s&quot; fue seguido por otras f&aacute;bricas y, al finalizar el mes de mayo de 1866, las principales tabaquer&iacute;as de La Habana y de los pueblos cercanos a la Capital contaban con su correspondiente lector. El orden en que fue inaugurada la pr&aacute;ctica de lectura fue el siguiente: </p> <ul>       <li>&quot;Prieto&quot;, en San Antonio de los Ba&ntilde;os, el 1 de marzo de 1866. </li>       <li>&quot;Acosta&quot;, de Bejucal, el 11 de marzo de 1866. </li>       <li>&quot; La Rosarito &quot;, de Anselmo Zamora, el 13 de marzo de 1866. </li>       <li>&quot;Henry Clay&quot;, sita entonces en Salud No. 22, el d&iacute;a 19 de marzo de 1866. </li>       <li>&quot; La Intimidad &quot; o &quot;Caruncho&quot; <em></em>(era generalmente conocida por el apellido de su propietario) el 2 de abril de 1866. </li>       <li>&quot;El Pr&iacute;ncipe de Gales&quot;, de Vicente Mart&iacute;nez Ibor, el 23 de de abril de 1866. </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>&quot;La flor de Arriguanaga&quot;, de Fernando Arriguanaga, sita en Sitios #11, el 3 de mayo de 1866. </li>       <li>&quot; La Flor de San Juan y Mart&iacute;nez&quot;, de Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez, en Dragones #39, el 15 de mayo de 1866. </li>       <li>La sucursal que esa tabaquer&iacute;a ten&iacute;a abierta en Arroyo Naranjo, el 25 de mayo de 1866. </li>       <li>&quot;Caba&ntilde;as&quot;, de Anselmo Gonz&aacute;lez del Valle, el 28 de mayo de 1866. </li>     </ul>     <p>Luego, la lectura tambi&eacute;n se asent&oacute; en otras tabaquer&iacute;as, como <em>La Pilarcito</em>, <em>H. Upmann, Por Larra&ntilde;aga, Las Tres Coronas, El Maro Muza, La Meridiana, La Africana, El Rico Habano</em>, y el taller de Jos&eacute; Rabell. </p>     <p><i>Lectura de tabaquer&iacute;a y los tabaqueros en las luchas sociales del    siglo <tt>XIX</tt></i></p>     <p align="justify">A pocos meses de su entrada en las tabaquer&iacute;as, la lectura,    como medio potente de influencia, se convirti&oacute; en blanco de los ataques    de la prensa reaccionaria. El s&aacute;bado 17 de febrero de 1866, el peri&oacute;dico    <em>El Diario de la Marina </em> dio a la publicidad una nota donde hablaba    “…de una nueva man&iacute;a (que recomendaba a la atenci&oacute;n del Gobierno)    de que se hagan esas lecturas en comunidad en los talleres de tabaquer&iacute;as”,<span class="superscript">3</span>    para dar a entender que consideraba dichas lecturas como un medio posible para    las pr&eacute;dicas revolucionarias que los agentes separatistas procuraban    difundir entre las masas populares. El 13 de marzo <em>El Diario </em> volvi&oacute;    al tema y se&ntilde;al&oacute; que: </p>     <p align="justify">“El prop&oacute;sito de atacar por su base, ya no solo por nuestras instituciones, sino tambi&eacute;n nuestras costumbres, prop&oacute;sito que se transparenta en <em>El Siglo</em>, aparece claro y despejado en <em>La voz de Am&eacute;rica</em>: el fin con que se promueven y fomentan esas lecturas en ciertos talleres, que ya se indic&oacute; en otro n&uacute;mero de nuestro “Diario”, se determina m&aacute;s y m&aacute;s por el insolente empe&ntilde;o y la tenaz insistencia con que predica <em> El Siglo</em>, auxiliado eficazmente por otro peri&oacute;dico de La Habana que no queremos nombrar (aludiendo a <em>La Aurora</em>), pero que cuidamos de leer, para estar al tanto de sus maniobras. Algunos de los due&ntilde;os de esos talleres no lo son ya de su albedr&iacute;o, y obedecen a la coacci&oacute;n y a la amenaza; pero de este y otros particulares muy dignos de atenci&oacute;n suponemos enterado al Gobierno, y fiamos en su prudencia y energ&iacute;a para que se repriman ciertas manifestaciones y se eviten a tiempo males que todos conocemos”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify"><em>La Voz </em><em> de Am&eacute;rica </em> se publicaba en Nueva York por su fundador, el periodista y escritor Benjam&iacute;n Vicu&ntilde;a Mackemna, agente confidencial que el gobierno chileno envi&oacute; a los Estados Unidos con la misi&oacute;n de agitar la opini&oacute;n a favor de Chile y en contra de Espa&ntilde;a. El primer n&uacute;mero del peri&oacute;dico apareci&oacute; el 21 de diciembre de 1865; el prop&oacute;sito de esta publicaci&oacute;n era excitar el justo descontento de los habitantes de Cuba y Puerto Rico, de cuya emancipaci&oacute;n se dec&iacute;a abiertamente &oacute;rgano. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otro peri&oacute;dico: <em>El Ajiaco </em>(cr&iacute;tico,    sat&iacute;rico, burlesco, con caricaturas), que comenz&oacute; a publicarse    en las primeras semanas de 1866 y que al poco tiempo desapareci&oacute;<em>,    </em> tambi&eacute;n se opuso a la lectura, y el 25 de marzo de 1866 insert&oacute;    en sus p&aacute;ginas un art&iacute;culo sat&iacute;rico en el que, con el prop&oacute;sito    de ridiculizar la pr&aacute;ctica implantada, expuso sus dudas sobre la educaci&oacute;n    de los artesanos y se lament&oacute; de que semejante idea, “transportada desde    las galeras de una prisi&oacute;n a los salones de una tabaquer&iacute;a diese    a estos cierta semejanza con aquellas”.<span class="superscript">3</span> A    pesar de lo grosero del insulto, esta frase fue acogida por los tabaqueros con    muestras del buen humor que siempre los ha caracterizado, y bautizaron con el    nombre de <em>galeras </em> los locales dedicados al torcido de los tabacos,    una denominaci&oacute;n que todav&iacute;a se conserva y se aplica para designar    los citados departamentos en los talleres de referencia. </p>     <p><em>La Aurora </em> se sent&iacute;a satisfecha con estas manifestaciones, y as&iacute; lo expresaba en el n&uacute;mero 22, de fecha 18 de marzo de 1866: </p>     <p align="justify">“El <em>Diario de La Marina </em> se ha declarado abiertamente contrario a la lectura en los talleres. Nosotros, que hemos sido los propagadores de la idea, nos alegramos de ello; pues su oposici&oacute;n prueba evidentemente que la instituci&oacute;n es buena”. Una semana m&aacute;s tarde, en la edici&oacute;n del domingo 25 insertaba una lista de las obras que hasta aquella fecha hab&iacute;an sido le&iacute;das en la tribuna del taller de &quot;Partag&aacute;s, estampado al pie de esta, las siguientes palabras: “si obras de tal condici&oacute;n encierran doctrinas perniciosas para los artesanos, venga Barrab&aacute;s y d&iacute;galo”. Las obras de referencia eran: “Las luchas del siglo”; “Econom&iacute;a pol&iacute;tica”, por <em>Flores </em> y <em>Estrada</em>; “El Rey del mundo”, novela moral y filos&oacute;fica de <em>Fern&aacute;ndez </em> y <em>Gonz&aacute;lez</em>; “Historia de la Revoluci&oacute;n Francesa”; “Historia de Espa&ntilde;a”, por <em>Galeano</em>; y “Misterios del Juego”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Las alusiones que la prensa constantemente hac&iacute;a a la lectura, tanto para elogiarla, como para censurarla, lograron atraer sobre ella la atenci&oacute;n p&uacute;blica. Las tabaquer&iacute;as donde hab&iacute;a lectura eran visitadas por curiosos para admirar semejante novedad. Seg&uacute;n explica Rivero Mu&ntilde;iz no era raro ver en la parte exterior de las f&aacute;bricas de tabacos, grupos de personas que junto a las ventanas escuchaban con atenci&oacute;n la potente voz del lector que en medio de la galera deleitaba a los operarios, al darles a conocer libros de sanas ense&ntilde;anzas o de mero entretenimiento. </p>     <p align="justify">En un principio solo se le&iacute;an obras de la &iacute;ndole mencionada, pero pronto, por darle variedad o actualizaci&oacute;n, se introdujo la costumbre de leer las noticias que aparec&iacute;an en la prensa local, diaria o semanal. Ahora, la lectura en los talleres comenzaba por las noticias internacionales, despu&eacute;s las nacionales y a continuaci&oacute;n los art&iacute;culos de fondo o editoriales. Le segu&iacute;an algunas secciones fijas y, por &uacute;ltimo, noticias del deporte. Despu&eacute;s de quince minutos de descanso, el lector regresaba a la tribuna para el turno de novela. </p>     <p align="justify"><em>La Aurora </em> y <em>El Siglo</em>, fueron las publicaciones preferidas de los tabaqueros de ese tiempo. La primera reflejaba los progresos del movimiento de organizaci&oacute;n de la clase obrera, que poco a poco se extend&iacute;a por el interior de la isla, y la segunda segu&iacute;a la dilatada pol&eacute;mica del vocero de las ideas liberales con sus colegas de <em>El Diario de la Marina </em> y <em>Prensa de La Habana</em>, &oacute;rganos de los elementos conservadores, defensores de la soberan&iacute;a espa&ntilde;ola en Cuba. De vez en cuando tambi&eacute;n se le&iacute;an algunos de los art&iacute;culos de <em>La Voz </em><em> de Am&eacute;rica</em>, cuyos ejemplares entraban secretamente en la Isla enviados por los conspiradores que en los Estados Unidos laboraban por la independencia de la patria. Esto ocurr&iacute;a, por supuesto, burlando la vigilancia de los capataces y encargados, y llev&oacute; muchas veces la suspensi&oacute;n de la lectura. Semejantes sucesos eran denunciados por <em>La Aurora</em>, que los aprovechaba para poner al descubierto los abusos que en sus respectivas tabaquer&iacute;as comet&iacute;an algunos de los principales marquistas. </p>     <p align="justify">En los cinco primeros meses del a&ntilde;o 1866, la lectura    lleg&oacute; hasta los “chinchalitos”, nombre que desde fines del siglo <tt>XVIII</tt>,    se le dio a las peque&ntilde;as f&aacute;bricas de tabacos, en la mayor&iacute;a    de la cuales se vend&iacute;a al menudeo el producto que elaboraban, e incluso    se lleg&oacute; a intentar el establecimiento de sesiones p&uacute;blicas de    lecturas nocturnas, mediante el abono, para su sostenimiento, de una entrada    de cinco centavos <em>&quot;</em>durando la sesi&oacute;n de dos horas y destinando    los fondos que resultaran sobrantes, despu&eacute;s de cubrir los gastos indispensables,    a cualquier objeto piadoso, particularmente el que se dirigiese a favorecer    el bello sexo&quot;<em>,</em><span class="superscript">3</span> seg&uacute;n    lo publicado en <em>La Aurora </em> el domingo 11 de marzo de 1866. La influencia    de la lectura fue tan arrolladora, que algunas de las marcas m&aacute;s famosas    de Habanos cubanos, creados a partir de esa &eacute;poca, fueron nombradas seg&uacute;n    los t&iacute;tulos o personajes de la literatura que se le&iacute;a en las f&aacute;bricas.  </p>     <p align="justify">Las denuncias y amonestaciones del <em>peri&oacute;dico de    los artesanos </em> llegaron a obsesionar a los fabricantes. Estos, seg&uacute;n    un suelto, publicado en el <em>Bolet&iacute;n Oficial de la Real F&aacute;brica    </em>&quot;La Honrade<em>z</em>&quot;, trataron de “formar una asociaci&oacute;n    o gremio entre productores (cosecheros) de tabaco y marquistas para darle al    giro toda la importancia que el asunto requer&iacute;a”. Esta f&aacute;brica    era propiedad de Jos&eacute; Luis Susini Rioseco, gibraltare&ntilde;o. Fue el    primer industrial que aplic&oacute; las m&aacute;quinas de vapor en esta producci&oacute;n.    &quot;La Honradez&quot; contaba en sus talleres con una litograf&iacute;a e    imprenta donde publicaba el Bolet&iacute;n y fabricaba el gas con que trabajaban    sus talleres. Susini <em></em>fund&oacute; en 1853 la cigarrer&iacute;a &quot;Mi    Pensamiento&quot;, convertida luego en &quot;La Honradez &quot;. En 1888 la    adquiri&oacute; Prudencio Rabell y m&aacute;s tarde pas&oacute; al <em>trust    </em>tabacalero. Con el objetivo mencionado, el d&iacute;a 19 de febrero de    1866 se celebr&oacute; la primera reuni&oacute;n y se acord&oacute; en ella    la convocatoria para el lunes 26 del propio mes, de una asamblea a tratar sobre    “<em>… </em>la publicaci&oacute;n de un peri&oacute;dico exclusivamente consagrado    a defender los intereses del ramo, ya que el tabaco era la industria de m&aacute;s    val&iacute;a que pose&iacute;amos”.<span class="superscript">3</span> Pero la    finalidad verdadera de dicha asamblea era poner un freno a las pretensiones    de los obreros tabacaleros, quienes conscientes de su misi&oacute;n y labor,    se dispon&iacute;an a conquistar mejoras que elevasen su situaci&oacute;n econ&oacute;mica,    del mismo modo que <em>La Aurora </em> y sus propias asociaciones hab&iacute;an    contribuido a levantar el nivel moral e intelectual de la clase social a la    que pertenec&iacute;an. </p>     <p align="justify">Ante esta situaci&oacute;n, el 14 de mayo de 1866, el Gobernador Pol&iacute;tico de la Isla, Cipriano del Mazo, dirigi&oacute; al Jefe Principal de Polic&iacute;a un escrito en cuya parte dispositiva se prohib&iacute;a “distraer a los operarios de las tabaquer&iacute;as, talleres y establecimientos de todas clases con la lectura de libros y peri&oacute;dicos, ni con discusiones extra&ntilde;as al trabajo que los mismos operarios desempe&ntilde;an” , y encargaba a los empleados y agentes de la polic&iacute;a de velar por el cumplimiento de tan arbitraria orden. Para justificar semejante prohibici&oacute;n, se tomaron como excusa los altercados entre tabaqueros a la hora de seleccionar una obra, lo cual, a juicio de las autoridades, pudiera engendrar <em>“ </em>odios y enemistades de graves consecuencias.” </p>     <p align="justify">Al prohibir la lectura, el Gobierno privaba a los tabaqueros de un poderoso y eficaz medio de cultura, pero al mismo tiempo dejaba entrever el miedo que le inspiraban los trabajos que en el extranjero realizaban los patriotas empe&ntilde;ados en lograr la independencia de Cuba y trataba por todos los medios a su alcance, impedir que la obra de aquellos se divulgase y ganara seguidores. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un mes despu&eacute;s, el Teniente General Francisco Lersundi,    Capit&aacute;n General de la Isla , emiti&oacute; una circular, aparecida en    la <em>Gaceta </em><em> de La Habana</em> del 8 de junio de 1866, que prohib&iacute;a    de modo terminante toda reuni&oacute;n cuya finalidad fuese la de practicar    la lectura. </p>     <p align="justify">Los enemigos de la lectura hab&iacute;an logrado su prop&oacute;sito y en las galeras dej&oacute; de o&iacute;rse la voz de los lectores. Pero no lograron acabar con <em>La Aurora</em>, que arreci&oacute; la campa&ntilde;a a favor de las asociaciones obreras. D&iacute;as despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de la orden que prohib&iacute;a la lectura en los talleres, el <em>peri&oacute;dico de los artesanos </em>insert&oacute; un art&iacute;culo: <em>Ventajas de las Asociaciones</em>, escrito por Jos&eacute; de Jes&uacute;s M&aacute;rquez, en el que daba cuenta de que la Biblioteca P&uacute;blica de la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s se ve&iacute;a tan concurrida que hac&iacute;an falta sillas para acomodar a los obreros que all&iacute; asist&iacute;an, prueba evidente de que la afici&oacute;n a leer hab&iacute;a echado ra&iacute;ces entre los trabajadores. </p>     <p align="justify">Por su parte, los tabaqueros que comprend&iacute;an que en la uni&oacute;n radicaba la salvaci&oacute;n de sus intereses, iniciaron los trabajos para la constituci&oacute;n de un gremio, cuyas bases quedaron acordadas a fines de junio de 1866; surgi&oacute; entonces la <em>Asociaci&oacute;n </em><em> de Tabaqueros de La Habana </em>, cuyo primer Presidente fue Saturnino Mart&iacute;nez. Los tabaqueros llegaron a contar en breve con m&aacute;s de 3 000 socios, y poco despu&eacute;s comenzaron a llamarse <em>Gremio de Tabaqueros </em>. En cuanto a las luchas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, en la asociaci&oacute;n se destacaron dos grupos: uno, partidario del cooperativismo, sistema econ&oacute;mico cuyas doctrinas se comenzaban a propagar entre el proletariado cubano, y el otro, integrado por los obreros de ideas m&aacute;s radicales, que se mostraban opuestos a cuanto no significase la lucha por el inmediato mejoramiento de la clase social a la que pertenec&iacute;an. </p>     <p align="justify">Estos &uacute;ltimos lograron que en septiembre de 1866, el <em>Gremio </em> declarara una huelga en la f&aacute;brica de &quot;Caba&ntilde;as&quot;. Era una prueba para determinar hasta que punto se hab&iacute;a arraigado el sentimiento de solidaridad entre los trabajadores del tabaco. El paro se solucion&oacute; a los pocos d&iacute;as, aunque las demandas de los torcedores fueron satisfechas, la actuaci&oacute;n de los dirigentes dio lugar a graves discusiones. Saturnino Mart&iacute;nez, fue acusado de tibieza por los elementos radicales, se habl&oacute; de componendas, se asegur&oacute; que Saturnino resultaba “m&aacute;s literato que obrero”. Lo cierto es que, a pesar del triunfo alcanzado en la huelga de &quot;Caba&ntilde;as&quot;, el Gremio de Tabaqueros qued&oacute; disuelto en noviembre de 1866, para quedar &uacute;nicamente algunas sociedades de socorro mutuo en algunos talleres. Estas agrupaciones desempe&ntilde;aban una funci&oacute;n m&aacute;s bien de car&aacute;cter ben&eacute;fico que clasista, pero gracias a ellas se mantuvo vivo el principio de organizaci&oacute;n. </p>     <p align="justify">La huelga de Caba&ntilde;as, primer movimiento de este tipo registrado en Cuba, atrajo sobre los tabaqueros la suspicacia de las autoridades de la colonia. Algunos dirigentes fueron perseguidos y se vieron obligados a abandonar temporalmente las f&aacute;bricas donde trabajaban; ellos se trasladaron a los talleres del interior de la Isla. <em>La </em><em> Aurora </em> pas&oacute; a las cuestiones puramente literarias, aunque sin abandonar algunos problemas obreros. As&iacute;, en su n&uacute;mero del 3 de mayo de 1868, el primero de su “tercera &eacute;poca”, la edici&oacute;n cambi&oacute; su subt&iacute;tulo, de <em>peri&oacute;dico dedicado a los artesanos </em> por el de <em>Semanario de Ciencias, Literatura y Cr&iacute;tica. </em></p>     <p align="justify">Paulatinamente, la lectura se hab&iacute;a restablecido en los talleres de mayor importancia, previa autorizaci&oacute;n de sus due&ntilde;os, sin que las autoridades intervinieran en la ilegalidad. Pero, en octubre del 1868, cuando Carlos Manuel de C&eacute;spedes inici&oacute; la guerra contra el poder&iacute;o espa&ntilde;ol y se alz&oacute; en armas al frente de algunos patriotas, la lectura desapareci&oacute; totalmente de las tabaquer&iacute;as. </p>     <p align="justify">Los tabaqueros que m&aacute;s se hab&iacute;an distinguido por su amor a las ideas liberales tuvieron que emigrar a Cayo Hueso y New York. All&iacute; exist&iacute;an f&aacute;bricas de tabacos que empleaban el mismo sistema de elaboraci&oacute;n que se practicaba en Cuba, implantado por los torcedores cubanos, los cuales ansiosos de nuevos horizontes y de una existencia m&aacute;s acorde con sus ideales de libertad y democracia se fueron desde varios a&ntilde;os antes a los Estados Unidos. Muchos de ellos regresaron a la patria como parte de las expediciones armadas que vinieron a luchar por su libertad, en tanto que el resto se estableci&oacute; en los centros tabacaleros desde los cuales contribuyeron con su aporte monetario a cuantas tentativas se hicieran a partir del Grito de Yara para independizar a Cuba del dominio espa&ntilde;ol. </p>     <p align="justify">Tan pronto como los talleres de Cayo Hueso adquirieron importancia y su personal fue lo suficientemente numeroso para sostener los gastos necesarios, resurgi&oacute; all&iacute; la lectura. Lo mismo ocurri&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1886, fecha en que comenzaron a avecindarse en Tampa las primeras tabaquer&iacute;as: &quot;S&aacute;nchez y Haya&quot; y &quot;El Pr&iacute;ncipe de Gales&quot;, propiedad esta &uacute;ltima de Vicente Mart&iacute;nez Ibor. <em></em></p>     <p align="justify">Con la paz, se reanud&oacute; el trabajo para procurar la uni&oacute;n    entre los obreros. Se fund&oacute;, el 8 de septiembre de 1878, el gremio de    obreros del ramo de tabaquer&iacute;a. Como presidente fue electo Saturnino    Mart&iacute;nez y una de sus primeras gestiones fue el restablecimiento de la    lectura en las f&aacute;bricas de tabaco. A pesar de las diligencias de Saturnino    Mart&iacute;nez, Director en aquel tiempo de &quot;La Raz&oacute;n&quot;, quien    “acababa de soltar la chaveta para dedicarse de lleno a la pluma”,<span class="superscript">3</span>    y al apego que los torcedores sent&iacute;an por la lectura, esta vez result&oacute;    mucho m&aacute;s trabajosa y lenta su restauraci&oacute;n. Pasaron dos a&ntilde;os    antes que se volviera a o&iacute;r la voz del lector en una galera. La primera    f&aacute;brica en reanudar la lectura, en 1880, fue &quot;La Intimidad&quot;,    de Antonio Caruncho, sita entonces en Belascoa&iacute;n No. 34, esquina a San    Rafael. </p>     <p align="justify">Los fabricantes se opon&iacute;an a conceder la autorizaci&oacute;n    para que se volviera a leer en sus talleres. Por varios meses, &quot;La Intimidad&quot;    fue el &uacute;nico taller con lector. En 1882, Jos&eacute; Gonz&aacute;lez    Aguirre, uno de los l&iacute;deres, que conjuntamente con Saturnino Mart&iacute;nez    y otros figuraban al frente del sector obrero tabacalero, logr&oacute; que se    permitiera la lectura en la f&aacute;brica &quot;Partag&aacute;s&quot;.<span class="superscript">3</span>    Por otro lado, las desavenencias ideol&oacute;gicas que hicieron peligrar la    existencia de la entidad proletaria fundada un lustro antes, fueron en gran    parte responsables de la lentitud con que reapareci&oacute; la lectura en las    galeras. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En 1884, resurgi&oacute; m&aacute;s vigorosa la organizaci&oacute;n de los trabajadores del ramo del tabaco, dirigidos ahora por Sabino Mu&ntilde;iz y las tribunas de los lectores volvieron a levantarse en la totalidad de las f&aacute;bricas de tabacos. Fue en esos d&iacute;as cuando se inici&oacute; entre el proletariado de Cuba la propaganda del credo anarquista, gracias a la difusi&oacute;n, por lectores de tabaquer&iacute;as, de los folletos escritos por Jos&eacute; Llun&aacute;s, Director del semanario “ La Tramonta ”, propagador de las ideas anarquistas y autor de la mayor parte de los folletos que llegaban a Cuba, revolucionario catal&aacute;n, a los que siguieron las obras de <em>Kropotkine, Proudhan, Bakounine</em>, que tanta influencia tuvieron en la actuaci&oacute;n de los obreros cubanos durante dos d&eacute;cadas posteriores del siglo <tt>XIX</tt>. </p>     <p align="justify">Otra vez los tabaqueros se dividieron en dos grupos. De un lado, estaban los simpatizantes del anarquismo y los que sin serlo ve&iacute;an con agrado los procedimientos radicales. Del otro, se encontraban los partidarios del colaboracionismo con la clase patronal. Entre los componentes del primer grupo tuvieron franca acogida y generosa ayuda los que laboraban por la independencia de Cuba, mientras que en el bando opuesto ocuparon los puestos dirigentes los individuos tildados de reaccionarios, algunos de ellos hasta oficiales en los c&eacute;lebres Batallones de Voluntarios que guarnec&iacute;an las principales Plazas de la Isla. </p>     <p align="justify">Las discordancias entre los tabaqueros fueron aprovechadas    por los fabricantes y no tardaron en resurgir paros que ahogaran una vez m&aacute;s    las diferencias existentes en la clase obrera. Entre las huelgas m&aacute;s    importantes de aquellos d&iacute;as, se mencionan las de <em>Partido </em>,    en 1886 y la de &quot;Las Albas&quot; <em>, </em>en 1888, perdidas ambas por    los trabajadores. Los torcedores pretend&iacute;an elevar los precios de elaboraci&oacute;n    en todas las f&aacute;bricas de segundo orden, es decir, aquellas que trabajaban    con materiales de la zona de Partido (de ah&iacute; el nombre de la huelga)    ligados con los de otras procedencias y nivelar dichos precios con los que abonaban    en los talleres de primera categor&iacute;a, en los cuales se empleaba en el    torcido exclusivamente rama de Vuelta Abajo. </p>     <p align="justify">Al principio, a los propietarios de estos &uacute;ltimos les agrad&oacute; la idea, porque eliminaba del mercado a sus competidores pero luego, unidos todos los fabricantes al tener noticias de que los torcedores proyectaban futuras demandas en todas las tabaquer&iacute;as, acordaron un paro general que provoc&oacute; el rompimiento de la huelga y, por tanto, la derrota de los obreros. La primera casi destruy&oacute; la organizaci&oacute;n y la segunda motiv&oacute;, al finalizar, su divisi&oacute;n en dos entidades rivales: La Alianza Obrera, integrada por la mayor&iacute;a de los torcedores, es decir, por los elementos de tendencias m&aacute;s radicales y activos, y La Uni&oacute;n Obrera, formada por los que m&aacute;s se distinguieron en la traici&oacute;n a sus compa&ntilde;eros. La lucha a que dio lugar este fraccionamiento constituy&oacute;, sin dudas, uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s bochornosos de la historia del proletariado cubano y no termin&oacute; sino despu&eacute;s de varios hechos de sangre y la desaparici&oacute;n de las dos sociedades enemigas. </p>     <p align="justify">En este naufragio, la lectura logr&oacute; salvarse y en el per&iacute;odo de 1889 a 1895 se dedic&oacute; a la propaganda que, desde las tribunas de los talleres, realizaron los simpatizadores de la causa revolucionaria que muy pronto habr&iacute;a de culminar con el <em>Grito de Baire</em>. En los meses que precedieron al estallido de la guerra, la lectura sirvi&oacute; para divulgar la labor de los clubes revolucionarios que conspiraban en el extranjero y prepararon el movimiento iniciado el 24 de febrero de 1895. </p>     <p align="justify">En las galeras se o&iacute;an art&iacute;culos y folletos de tendencias separatistas en los que, seg&uacute;n varios peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, “se empleaba un lenguaje insultante contra la naci&oacute;n espa&ntilde;ola” . La continuada repetici&oacute;n de estos hechos hizo que se extremara la vigilancia por parte de las autoridades y, aunque en las <em></em>tabaquer&iacute;as se hab&iacute;a suprimido la lectura de publicaciones contrarias al r&eacute;gimen, en algunas f&aacute;bricas estas se daban a conocer cuando los capataces y encargados no se hallaban presentes. Eso segu&iacute;a molestando, y se comparaba a la tribuna del lector con un p&uacute;lpito revolucionario, provocador de problemas internos que hab&iacute;a que evitar. Pocos meses despu&eacute;s, aparec&iacute;a en &quot;El Siglo&quot; la siguiente delaci&oacute;n: </p>     <p align="justify">“Ya no se lee en las tribunas el <em>Patria</em>, <em>El Porvenir</em>,    <em>El Esclavo</em>, <em>Cuba Libre </em> y otros papelotes de esa especie,    pero a sabiendas de los capataces que parece se hacen la vista gorda, se forman    despu&eacute;s de almuerzo carrilitos de simpatizadores all&aacute; por los    rincones de las galeras y se leen a medio tono esos libelos y hasta se siguen    haciendo colectas para el fondo com&uacute;n”.<span class="superscript">3</span>  </p>     <p align="justify">Estas y otras denuncias, dadas a la publicidad por distintos peri&oacute;dicos de La Habana, produjeron al fin el efecto deseado por los autores. El 8 de junio de 1896 el Gobernador Regional y Civil de esta provincia, Jos&eacute; Porr&uacute;a, dict&oacute; una circular en la que, bas&aacute;ndose en lo dispuesto en el art&iacute;culo 31 de la Ley de Orden P&uacute;blico de 23 de abril de 1870, prohibi&oacute; a partir de esa fecha “la lectura p&uacute;blica de peri&oacute;dicos, libros y folletos en las f&aacute;bricas y talleres”, e hizo responsables de cualquier infracci&oacute;n a los due&ntilde;os o encargados. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, una comisi&oacute;n integrada por varios lectores de tabaquer&iacute;as visit&oacute; la redacci&oacute;n del peri&oacute;dico <em>La Lucha</em>, para solicitar el apoyo de este diario, el m&aacute;s liberal de los que entonces se publicaban en la capital, para que el gobernador revocase su orden prohibitiva. En respuesta, <em>La Lucha </em> sugiri&oacute; que el gobernador <em>“… </em>pudiera hacer su medida menos perjudicial al inter&eacute;s de los lectores reglamentando en cierto modo su trabajo, y no privando de medios de subsistencia a esos ciudadanos”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Al d&iacute;a siguiente, el peri&oacute;dico inform&oacute; que Porr&uacute;a estaba dispuesto a modificar su disposici&oacute;n contra la lectura, algo que no era cierto. El d&iacute;a 15 de junio volvi&oacute; a <em>La Lucha </em> un grupo de obreros para anunciar que la suspensi&oacute;n hab&iacute;a causado un gran disgusto entre los tabaqueros y que se estaba gestando una huelga general, para la cual se hab&iacute;an formado algunas comisiones. Por medio del peri&oacute;dico se llam&oacute; la atenci&oacute;n al gobernador “ a fin de evitar las malas consecuencias, con mayor ventaja que la resulta de una supresi&oacute;n que rompe con la costumbre en largo tiempo no interrumpida”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">Los lectores, apremiados por la dr&aacute;stica ley que les    privaba del medio de que dispon&iacute;an para ganarse la vida, celebraron una    reuni&oacute;n en casa de Mart&iacute;n Mor&uacute;a Delgado <em>, </em> lector    de la f&aacute;brica Villar y Villar. Mor&uacute;a <em>, </em> d&iacute;as antes,    hab&iacute;a enviado una carta a Porr&uacute;a, para pedirle que dejase sin    efecto su circular e indic&aacute;ndole, adem&aacute;s, una f&oacute;rmula para    solucionar el problema. Fue tambi&eacute;n el autor de un art&iacute;culo, publicado    en <em>La Discusi&oacute;n</em>, que trataba el caso. Hasta los propios industriales,    deseosos de evitar conflictos que pudieran perjudicar sus intereses, intervinieron    en el asunto. El d&iacute;a 17 de junio, una comisi&oacute;n de la Uni&oacute;n    de Fabricantes de Tabacos, formada por Gustavo Bock y Manuel Valle Fern&aacute;ndez,    propietarios de la &quot;Henry Clay &amp; Bock Company&quot; &quot; y &quot;La    Flor de Cuba&quot;, respectivamente, visit&oacute; al gobernador para pedirle    que “previa la reglamentaci&oacute;n que estimase conveniente, permitiera restablecer    las lecturas en los talleres”.<span class="superscript">3</span> A esta solicitud,    Porr&uacute;a se mostr&oacute; inflexible, y respondi&oacute; que no estaba    dispuesto a anular su orden de prohibici&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los peri&oacute;dicos <em>La Lucha </em> y <em>La Discusi&oacute;n </em> publicaron los comentarios de lo sucedido, aconsejaron a los obreros la serenidad y propusieron al gobernador que accediera a las demandas de los lectores. Las protestas de los tabaqueros hicieron intervenir a otras personas influyentes y Porr&uacute;a tuvo que ceder, pero impuso como condici&oacute;n ineludible que los propietarios le garantizaran que no habr&iacute;an de leerse en las tribunas de sus respectivos talleres ning&uacute;n trabajo subversivo. Solo Jos&eacute; Gener y Batet, due&ntilde;o de &quot;La Excepci&oacute;n&quot;, se comprometi&oacute; a cumplir tan arriesgada exigencia, por lo que inmediatamente se reanud&oacute; en dicha f&aacute;brica la lectura.<span class="superscript">3</span> En el resto de las f&aacute;bricas, la lectura qued&oacute; en suspenso, con gran descontento de sus lectores y tabaqueros. </p>     <p align="justify">Al pasar algunos meses y sin que las autoridades se dieran por enteradas, poco a poco los lectores fueron ocupando sus antiguos puestos, y de nuevo los simpatizadores de la causa independentista aprovecharon la tribuna de las tabaquer&iacute;as para la propaganda de sus ideales; contribuyeron los torcedores, unos con sus donativos, mientras que otros se incorporaron a las fuerzas insurrectas que de un extremo a otro de la Isla combat&iacute;an por la m&aacute;s pronta realizaci&oacute;n de tan ansiado y leg&iacute;timo anhelo. </p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de la guerra, solo en una f&aacute;brica de tabacos (&quot;Caba&ntilde;as&quot;) fue prohibida la lectura, por la cr&iacute;tica que en ciertos trabajos period&iacute;sticos se hacia de Leopoldo Carvajal, propietario de dicho taller. Esa prohibici&oacute;n provoc&oacute; un movimiento de huelga que pronto se solucion&oacute; a favor de los tabaqueros, aunque la lectura qued&oacute; excluida de la galera de esa tabaquer&iacute;a hasta el per&iacute;odo de la Rep&uacute;blica. </p> <h6><strong>Los tabaqueros emigrados y Jos&eacute; Mart&iacute; en la Tribuna    Avanzada de la Libertad </strong></h6>     <p align="justify">Al proclamarse en La Demajagua la independencia de Cuba, el 10 de octubre de 1868, comenzaron a agudizarse las persecuciones contra los obreros simpatizantes con la causa. Imposibilitados de obtener ocupaciones en las tabaquer&iacute;as de la isla, cuyos propietarios en su mayor&iacute;a eran espa&ntilde;oles y hab&iacute;an “circulado” sus nombres para que se les negara trabajo donde se presentaran. Fueron numerosos los torcedores que emigraron a otras tierras, para poder ganar un salario que les permitiera vivir y continuar con sus ideales independentistas. Estados Unidos y M&eacute;xico fueron las rep&uacute;blicas cercanas donde se refugiaron y a donde se hac&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil y menos costosa la emigraci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Los tabaqueros cubanos lograron radicarse en Veracruz, New Orleans, Cayo Hueso, Filadelfia, New York, poblaciones donde hasta mediados del siglo <tt>XIX</tt>, exist&iacute;an algunas tabaquer&iacute;as de muy limitada producci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Mientras en Cuba, el Gobernador Jovellar orden&oacute; un sorteo con el objetivo de aumentar las filas de los defensores de Espa&ntilde;a en Cuba, con lo que provoc&oacute; que nuevos torcedores se fueran a la Florida y aumentara la instalaci&oacute;n de manufacturas, almacenes de tabaco y casas de comisi&oacute;n para la elaboraci&oacute;n y venta de la rama cubana en Norteam&eacute;rica. Los tabaqueros reci&eacute;n llegados quisieron trabajar en las mismas condiciones que lo hac&iacute;an en Cuba y revivieron la lectura en las tabaquer&iacute;as, donde los nuevos lectores o los que lo hab&iacute;an sido se convirtieron en los promotores de la opini&oacute;n favorable de los heroicos patriotas cubanos. </p>     <p align="justify">En 1869 los tabaqueros, dirigidos por el lector de la f&aacute;brica    de tabacos Mart&iacute;nez Ibor y Jos&eacute; Dolores Poyo, ilustre patriota,    fundaron el primer club revolucionario de la emigraci&oacute;n, llamado <em>Asociaci&oacute;n    Patri&oacute;tica de Cayo Hueso</em>, del cual Poyo fue su primer Presidente.    Se recaudaron entre los emigrados fondos para enviarles armas, municiones y    medicamentos a los que luchaban en Cuba. Gracias a esos auxilios, pudieron despacharse    a la Isla diversas expediciones, entre ellas la del Galvanic, el 27 de diciembre    de 1869 y otros dos barcos que salieron el 20 de diciembre de 1869 y en enero    de 1870. Es de se&ntilde;alar que en este per&iacute;odo las fuertes tarifas    arancelarias aplicadas al tabaco torcido hicieron que el doble de los tabaqueros    emigrara al gigante vecino en busca de mejoras sociales y pol&iacute;ticas.  </p>     <p align="justify">Finalizada la guerra en mayo de 1878, regresaron a la patria algunos de los tabaqueros, aunque muchos se quedaron, pues hab&iacute;an formado sus familias y retornar a la patria significaba volver a empezar. Pero apoyaron la causa de la guerra definitiva por la libertad, su patriotismo no merm&oacute; por la distancia y tuvieron el acicate de compartir las ideas martianas. </p>     <p align="justify">Jos&eacute; Mart&iacute; lleg&oacute; a Cayo Hueso el 25 de noviembre de 1891, invitado por N&eacute;stor Leonelo Carbonell, Presidente del Club &quot;Ignacio Agramonte”, fundado en Tampa, quien deseaba ver realizada la uni&oacute;n de los elementos cubanos all&iacute; radicados. Al d&iacute;a siguiente hizo una visita a los tabaqueros que trabajaban en la f&aacute;brica de Mart&iacute;nez Ibor, donde fue recibido por los obreros puestos de pie, quienes lo saludaron con un prolongado y estrepitoso repiqueteo de sus chavetas. Horas despu&eacute;s, en el amplio sal&oacute;n del Liceo Cubano, tras unas frases de presentaci&oacute;n de Ram&oacute;n Rivero y Rivero, Mart&iacute; se subi&oacute; a la tribuna y se dirigi&oacute; a la absorta multitud que llenaba el local, comenz&oacute; su famoso discurso <em>“ </em>Con todos y para el bien de todos” , diciendo: “Para Cuba que sufre, la primera palabra, y con todos y para el bien de todos, se resume todo el programa a realizar, no solo en aquellos cr&iacute;ticos instantes sino tambi&eacute;n luego, cuando la Rep&uacute;blica sea ya un hecho”.<span class="superscript">7</span> </p>     <p align="justify">A ra&iacute;z de este discurso, que fue tomado taquigr&aacute;ficamente por Francisco Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez, lector del taller &quot;Eduardo H. Gato&quot;, de Cayo Hueso, se reinici&oacute; con mayores br&iacute;os la labor revolucionaria; se cre&oacute; la <em>Liga Patri&oacute;tica </em><em> Cubana </em> y se aprobaron unas resoluciones que pueden considerarse un anticipado pre&aacute;mbulo de las bases del Partido Revolucionario Cubano, aprobadas en Cayo Hueso el 6 de enero de 1892 en la hist&oacute;rica reuni&oacute;n celebrada por los delegados de los distintos clubes en el hotel &quot;Duval&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la emigraci&oacute;n, la tribuna del lector no fue solo el estrado desde el cual se le&iacute;an los peri&oacute;dicos y revistas; desde ella se escuchaba el llamado a la libertad, fue madre y refugio de los ideas de los obreros que la cuidaron con pasi&oacute;n y la mantuvieron con sus propios salarios. Por eso, Mart&iacute; la llam&oacute; <em>La Tribuna Avanzada </em><em> de la Libertad </em> y la us&oacute; como pedestal de su propaganda y pronunci&oacute; desde ella algunos de sus m&aacute;s elocuentes e inspirados discursos, en los que denominaba a los tabaqueros como los “doctores”  del proletariado cubano y a los lectores como “graduados del taller”. En su famoso discurso revolucionario del 26 de noviembre de 1891 a los tabaqueros de Tampa, los describi&oacute; como obreros que trabajaban “con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan” y habl&oacute; de “aquellas f&aacute;bricas que son como academias con su leer y su pensar continuos, y aquellos liceos donde la mano que dobla en el d&iacute;a la hoja de tabaco, levanta en la noche el libro de ense&ntilde;ar. Trabajador de hojas de tabacos y de hojas de libros”.<span class="superscript">8</span> </p>     <p>A&ntilde;os despu&eacute;s, en 1949, un antiguo tabaquero recordaba: </p>     <p align="justify">“Cuando Mart&iacute; ocup&oacute; la tribuna en las f&aacute;bricas de Tampa y Cayo Hueso para lanzar desde ella su verbo de admonici&oacute;n y combate, fueron los tabaqueros quienes lo comprendieron y siguieron antes que los restantes factores de la emigraci&oacute;n. Fueron los torcedores, con sus donaciones, con sus entusiasmos, los primeros revolucionarios. Sin ellos la predicaci&oacute;n martiana hubiera ca&iacute;do en el vac&iacute;o. Y el agente de enlace entre el Ap&oacute;stol y el taller, entre la palabra de redenci&oacute;n y la conciencia colectiva, fue el lector de tabaquer&iacute;a”.<span class="superscript">9</span> </p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de su breve visita a los emigrados tabaqueros de <em>Ibor City </em>, Tampa, Mart&iacute; <em></em>regres&oacute; a New York. Luego, en respuesta a una invitaci&oacute;n, regres&oacute; a Cayo Hueso el 25 de diciembre de 1891. El 1ro. de enero de 1892 comenz&oacute; la labor que hab&iacute;a ejecutado en los otros lugares: discursos en los clubes San Carlos, C&iacute;rculo Cubano y Patria y Libertad, inflamadas pr&eacute;dicas en todos los talleres de tabaquer&iacute;a. Finalmente, la mencionada hist&oacute;rica reuni&oacute;n en que quedaron aprobadas las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC), redactadas por el propio Mart&iacute;. Entre los presentes se encontraban numerosos tabaqueros que animaron la creaci&oacute;n de organizaciones patri&oacute;ticas, entre los cuales se puede mencionar a Carlos Bali&ntilde;o, quien m&aacute;s tarde fund&oacute; con Julio Antonio Mella el primer Partido Comunista de Cuba. </p>     <p align="justify">En fechas posteriores, Mart&iacute; <em></em>realiz&oacute; otras visitas a Tampa y Cayo Hueso y uno de estos viajes lo motiv&oacute; la huelga declarada en la tabaquer&iacute;a &quot; La Rosa Espa&ntilde;ola &quot;. Tan importantes para la causa independentista resultaron las organizaciones de los tabaqueros, que el Capit&aacute;n General Manuel Salamanca y Negrete decidi&oacute; destruir los centros tabacaleros de Cayo Hueso y Tampa para aniquilar la organizaci&oacute;n rebelde. Para lograr este prop&oacute;sito, se aprovech&oacute; la huelga de &quot; La Rosa Espa&ntilde;ola &quot;, para trasladar a Cayo Hueso los sustitutos espa&ntilde;oles. En respuesta, los patriotas organizaron la Sociedad <em> &quot; </em>La Tranca &quot; y en el muelle esperaron a los rompehuelgas, estaca en mano. El mismo Mart&iacute; <em></em>instruy&oacute; al abogado Horacio Rubens para que ventilara en los tribunales la ilegalidad de la incursi&oacute;n peninsular. Al cabo la victoria fue de los cubanos, pero los propietarios espa&ntilde;oles hab&iacute;an asentado sus f&aacute;bricas alrededor de Tampa, que llev&oacute; al inicio de la decadencia de Cayo Hueso como centro de la conspiraci&oacute;n insurreccional. </p>     <p align="justify">A&uacute;n as&iacute;, las labores revolucionarias siguieron y todos los tabaqueros daban gustosos 10 % de su salario para apoyar la causa. Otra de las formas de auxilio a los hombres, que durante la Guerra de los Diez A&ntilde;os hab&iacute;an combatido contra las tropas espa&ntilde;olas, consisti&oacute; en brindarles la oportunidad de ganar un jornal y vivir decorosamente en Cayo Hueso o Tampa. A ese efecto, se les permiti&oacute; aprender oficios lucrativos, mientras que a aquellos cuyo estado de salud no les permit&iacute;a realizar cierta clase de trabajos, se les busc&oacute; empleo como lectores de tabaquer&iacute;a, maestros de escuela, oficinistas, etc., para que no se avergonzaran de vivir a cuenta ajena. Aparte de la contribuci&oacute;n voluntaria individual, hab&iacute;an otras v&iacute;as que tambi&eacute;n produc&iacute;an cuantiosas entradas a los fondos de la libertad: los <em>picnics</em>, veladas patri&oacute;ticas, funciones teatrales, rifas, bailes y la creaci&oacute;n del <em>D&iacute;a de la Patria</em>, en el cual donaban el salario &iacute;ntegro de ese d&iacute;a a la revoluci&oacute;n. </p>     <p align="justify">En 1892, los obreros tabaqueros organizaron y celebraron el Primer Congreso Obrero, no sin provocar persecuciones, por parte de las autoridades, que reconoc&iacute;an en ellos un enemigo preparado y organizado, por lo tanto m&aacute;s peligroso. En el taller de Blas Hern&aacute;ndez, se elabor&oacute; el tabaco que trajo a Juan Gualberto G&oacute;mez la orden de alzamiento para la segunda quincena del mes de febrero de 1895. Tres barcos, el &quot;Amad&iacute;s&quot;, &quot;Laganda&quot; y el &quot;Baracoa&quot;, trajeron a Cuba la expedici&oacute;n que fracas&oacute; por la traici&oacute;n norteamericana, al ser descubiertas las naves en plena traves&iacute;a. Los tabaqueros deb&iacute;an volver a recuperar lo que perdieron y as&iacute; lo hicieron para enviar nuevas armas a Cuba. </p>     <p align="justify">De ah&iacute; que cuando en febrero de 1895 estall&oacute; en Cuba la revoluci&oacute;n, esta hall&oacute; a los cubanos del exterior completamente organizados, con sociedades revolucionarias, cuyo objeto no era solo la propaganda pol&iacute;tica, sino principalmente levantar fondos. Todo gracias al genio, el esp&iacute;ritu tenaz e indomable, la palabra inspirada y el ardor patri&oacute;tico de Mart&iacute;, que logr&oacute; realizar este milagro. Cuando Mart&iacute; <em></em>cay&oacute; en Dos R&iacute;os el 19 de mayo de 1895, los tabaqueros cubanos no se dieron por vencidos ni se desanimaron, sino que aumentaron las colectas individuales, los gremios obreros pusieron sus fondos de resistencia y auxilio en disposici&oacute;n de la revoluci&oacute;n y fueron muchos los trabajadores que abandonaron la chaveta y partieron rumbo a Cuba a vengar la muerte de Mart&iacute; y a ofrecer sus vidas en aras de la patria. </p>     <p align="justify">En 1898, Espa&ntilde;a fue expulsada de la isla, gracias a la victoria de los cubanos, que fue ignorada por los norteamericanos que intervinieron el pa&iacute;s. Los tabaqueros hab&iacute;an perdido sus fondos en manos de los norteamericanos y su confianza hacia el gobierno estadounidense fue traicionada. Los negros liberados despu&eacute;s de la abolici&oacute;n definitiva de la esclavitud en 1880, a pesar de su condici&oacute;n de hombres libres eran discriminados con los peores trabajos y los salarios m&aacute;s bajos, junto con las mujeres que se insertaron en los trabajos obreros como mano de obra barata, encargadas a partir de entonces de los despalillos, en los cuales no se le&iacute;a porque las f&eacute;minas no ten&iacute;an que cultivarse ni aprender. Se les discriminaba como a los ex-esclavos y muchas se insertaron en la lucha por defender su igualdad de pensamiento y obra. </p>     <p align="justify">En la etapa de la colonia, la historia de las lecturas de tabaquer&iacute;as    se funde con la del movimiento proletario tabacalero. Los lectores de tabaquer&iacute;as    junto a los dem&aacute;s obreros participaban en las huelgas y los paros, los    m&iacute;tines y las reuniones, la recaudaci&oacute;n de los fondos y transportaci&oacute;n    de armas, as&iacute; como en todas las luchas por la independencia de Cuba.    Lectores de tabaquer&iacute;as, de intensa labor patri&oacute;tica entre los    emigrados, fueron, entre otros, Jos&eacute; Dolores Poyo, el amigo y auxiliar    desinteresado y valioso de Mart&iacute;;<em> </em>Francisco Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez,    buen orador y con una actitud destacada de servicio para difundir en la prensa,    gracias a su personalidad de captador eficiente, el torrente emotivo de los    discursos del Ap&oacute;stol; Luis Valdespino, autor y artista de teatro; Honorato    Dom&iacute;nguez, tambi&eacute;n actor, y V&iacute;ctor Mu&ntilde;oz, quien    despu&eacute;s de servir a los intereses de la patria desde los Estados Unidos,    adquiri&oacute; en los primeros a&ntilde;os de la vida republicana una enorme    popularidad que lo llev&oacute; a un puesto de Concejal del Ayuntamiento Habanero,    desde la boleta electoral de un partido pol&iacute;tico de reciente formaci&oacute;n    y escasos seguidores. </p> <h6>Lectura en las tabaquer&iacute;as de la Rep&uacute;blica </h6>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Al implantarse la Rep&uacute;blica en 1902, no se consideraron los enormes aportes del tabaquero al movimiento de independencia. Subsist&iacute;an a&uacute;n los basamentos coloniales hisp&aacute;nicos discriminantes para el nativo en los sectores m&aacute;s retribuidos. Solo era accesible al hombre, el aprendizaje del oficio de tabaquero y a la mujer el de despalilladora. Los dem&aacute;s departamentos se nutr&iacute;an con espa&ntilde;oles emigrados que aprend&iacute;an a rezagadores, escogedores, fileteadores, etc., y despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os llegaban a capataces y encargados. Nada hab&iacute;a cambiado el nuevo r&eacute;gimen para los criollos operarios del tabaco. </p>     <p align="justify">En la misma fecha, 90 % de la exportaci&oacute;n total de cigarros y tabacos en Cuba estaban bajo el control de la <em>American Cigar </em><em> Company</em>, producci&oacute;n que representaba 50 % de la elaboraci&oacute;n total de estos productos en el pa&iacute;s. Pero el <em>trust </em>norteamericano tambi&eacute;n se afectaba con la f&eacute;rrea muralla aduanal de los Estados Unidos, que los privaba de vender el tabaco en el mejor mercado; a esto se sumaron los problemas sociales que tuvo que enfrentar en la Rep&uacute;blica. Por eso, muchas f&aacute;bricas emigraron a los Estados Unidos y, junto a ellas, muchos tabaqueros, que buscaron empleo y mejores salarios. Se repet&iacute;a la historia de antes de 1898. </p>     <p align="justify">Esto dio lugar que a mediados de noviembre del 1902, los tabaqueros de la f&aacute;brica &quot;Villar y Villar&quot; demandaran determinadas reivindicaciones, entre las que se encontraba, la libre admisi&oacute;n de obreros cubanos en todos los departamentos de la industria sin exclusi&oacute;n de raza y el aprendizaje de los dem&aacute;s sectores. La petici&oacute;n no fue atendida y el movimiento se hizo general para extenderse al interior del pa&iacute;s y a otras ramas como la del transporte. Se originaron sangrientos encuentros entre huelguistas y las fuerzas armadas, se cre&oacute; una grave situaci&oacute;n que se fren&oacute; s&oacute;lo con la intervenci&oacute;n del General M&aacute;ximo G&oacute;mez, que pidi&oacute; a los trabajadores que depusieran su actitud, y les ofreci&oacute; su mediaci&oacute;n para solucionar el problema planteado. No obstante, este ofrecimiento, la huelga se perdi&oacute; sin que se pudieran obtener todas las peticiones y en una asamblea, realizada el 30 de noviembre de 1902 en el teatro &quot;Cuba&quot;, se acord&oacute; la vuelta al trabajo. </p>     <p align="justify">En ese mismo a&ntilde;o qued&oacute; organizada la Liga General    de los Trabajadores Cubanos<em>, </em> que recogi&oacute; casi la totalidad    de los tabaqueros integrados en la vieja <em>Alianza Obrera </em>. La derrota    sufrida en noviembre de 1902 incidi&oacute; en la dispersi&oacute;n de la organizaci&oacute;n,    y los torcedores volvieron a la antigua pr&aacute;ctica de los gremios por taller.    Es as&iacute; como en los primeros a&ntilde;os de la rep&uacute;blica, los tabaqueros    quedaron sin una organizaci&oacute;n formal, los gremios y sociedades estaban    diseminados y sin nexo, se un&iacute;an solo en las huelgas. </p>     <p align="justify">A partir de 1906, la exportaci&oacute;n de tabaco torcido comenz&oacute; a disminuir y no es hasta los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la Primera Guerra Mundial que logr&oacute; alzar un poco. Los salarios comenzaron a bajar y los que se mantuvieron trabajando en la rama y no emigraron, comenzaron a enfrentar los inicios de una de las &eacute;pocas m&aacute;s dif&iacute;ciles en la econom&iacute;a tabacalera de Cuba. El 22 de febrero de 1907 se declar&oacute; un paro general en las tabaquer&iacute;as de La Habana, secundado posteriormente por las del interior del pa&iacute;s. El dirigente m&aacute;ximo de ese movimiento fue Emilio S&aacute;nchez. </p>     <p align="justify"><em> </em>La huelga tuvo como origen la reclamaci&oacute;n    del pago de jornadas y salarios en moneda americana. En esa &eacute;poca, los    obreros de la industria del tabaco devengaban su salario en oro espa&ntilde;ol,    se cotizaba la plata y La Habana estaba llena de vidrieras de cambio (casas    de cambio). Esta operaci&oacute;n redujo considerablemente las jornadas de los    tabaqueros y constituy&oacute; un verdadero abuso, porque el d&oacute;lar se    cotizaba a un peso cuarenta centavos moneda espa&ntilde;ola. La Huelga de la    Moneda (americana) se mantuvo 4 meses, con el auxilio de todo el pueblo y de    los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso; con ella se demostr&oacute; la cohesi&oacute;n    y disciplina del obrero tabacalero; el triunfo de las demandas se produjo el    15 de junio de 1907. Posteriormente, se organizaron en la Federaci&oacute;n    de Tabaqueros, dirigida por el propio Emilio S&aacute;nchez. </p>     <p align="justify">La federaci&oacute;n fue liquidada cuando fracas&oacute; el movimiento de “no rebaja” de los precios del tabaco, emprendido por los tabaqueros. Esta situaci&oacute;n se mantuvo hasta 1914 en que los tabaqueros, haciendo gala de su tradici&oacute;n de lucha, comenzaron nuevamente a consolidar su organizaci&oacute;n. En este a&ntilde;o se crearon en toda la provincia Sociedades de Resistencia, con el objetivo de obtener fondos para eventuales huelgas, la construcci&oacute;n de un edificio social, la compra de una imprenta, el fomento de bibliotecas y escuelas, la publicaci&oacute;n de un peri&oacute;dico, la protecci&oacute;n y ayuda a los familiares de los tabaqueros muertos y otros fines de beneficio proletario. En pocos a&ntilde;os, la asociaci&oacute;n, que en 1925 ser&iacute;a la Sociedad de Resistencia de Torcedores de La Habana , lleg&oacute; a tener un fondo de 38 mil pesos en el Banco Espa&ntilde;ol. Lamentablemente, ese dinero se perdi&oacute; a causa del <em> crack </em> bancario de 1920, pero este duro golpe no destruy&oacute; el esp&iacute;ritu combativo de los torcedores que para entonces contaban con una imprenta propia. </p>     <p align="justify">Durante la regencia de Mario G. Menocal, los movimientos huelgu&iacute;sticos fueron numerosos. En el segundo per&iacute;odo de su gobierno, se consolidaron las organizaciones gremiales de las provincias de La Habana y Pinar del R&iacute;o en la Federaci&oacute;n Biprovincial, con el reconocimiento por parte de los fabricantes (organizados tambi&eacute;n). Su m&aacute;ximo l&iacute;der fue Jos&eacute; Bravo Su&aacute;rez, quien traicion&oacute; a los tabaqueros y huy&oacute; a M&eacute;xico con el dinero que estos hab&iacute;an reunido luego de la enorme p&eacute;rdida de 1920. </p>     <p align="justify">En el gobierno de Alfredo Zayas Alfonso, se cre&oacute; una Federaci&oacute;n Nacional integrada por tres federaciones biprovinciales, en la que entraron todos los tabaqueros de Cuba, en una organizaci&oacute;n potente, respetada por el gobierno y los fabricantes. Pero el a&ntilde;o 1921 fue uno de los peores para la exportaci&oacute;n del tabaco y no es hasta 1925 que esta actividad aumenta ligeramente para derrumbarse otra vez en los a&ntilde;os subsiguientes. </p>     <p align="justify">Como se mencion&oacute; anteriormente, la mayor&iacute;a de las f&aacute;bricas de tabaco pertenec&iacute;an a los norteamericanos, que adem&aacute;s eran due&ntilde;os del mejor mercado para la exportaci&oacute;n. Los fabricantes cubanos ten&iacute;an que “mendigar” sus exportaciones frente al poder&iacute;o estadounidense; por ello comenzaron a crearse diferentes comit&eacute;s para promover el tabaco ciento por ciento cubano y manual, desacreditando el hecho a m&aacute;quina o el de propiedad estadounidense. As&iacute;, el 12 de julio de 1922 se dict&oacute; la ley mediante la cual se cre&oacute; la Comisi&oacute;n Nacional de <em>Propaganda y Defensa del Tabaco Habano</em>, cuyas funciones eran dirigir y hacer la propaganda de los m&eacute;ritos del tabaco Habano cubano a favor de la clase dominante. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los tabaqueros continuaban con la idea de construir un edificio social y en una extraordinaria asamblea se acord&oacute; emitir una edici&oacute;n de bonos de 5 pesos cada uno, para comprar el terreno y fabricar el inmueble. En 1924, se coloc&oacute; la primera piedra en la calle San Miguel y Marquez Gonz&aacute;lez. La obra cost&oacute; 85 mil pesos y fue dirigida por el Ingeniero Abel Fern&aacute;ndez. En este edificio se instalaron las escuelas, las bibliotecas y la imprenta de la Sociedad de Torcedores; dicha edificaci&oacute;n a&uacute;n se conserva y funciona en la actualidad como el Palacio de los Torcedores. </p>     <p align="justify">En el a&ntilde;o 1925, con el gobierno de Gerardo Machado se    hizo un nuevo intento de implantar la m&aacute;quina torcedora de tabaco, que    llevar&iacute;a al desempleo de muchos obreros, m&aacute;s negros que blancos    y, adem&aacute;s, un aumento de la producci&oacute;n que disminuir&iacute;a    los precios y afectar&iacute;a directamente a los peque&ntilde;os productores,    lo que los obligar&iacute;a a cerrar sus f&aacute;bricas. En ese mismo a&ntilde;o,    a iniciativa de los tabaqueros de &quot;La Corona&quot;, qued&oacute; fundada    la Sociedad de Resistencia de Torcedores de La Habana, la que, unida a otras    an&aacute;logas radicadas en poblaciones del interior, dio lugar a la Federaci&oacute;n    Biprovincial de Torcedores de La Habana y Pinar del R&iacute;o. Luego, a ra&iacute;z    del Congreso Nacional de Tabaqueros, celebrado en Santa Clara en 1926, esta    organizaci&oacute;n se convirti&oacute; en la Federaci&oacute;n Nacional de    Torcedores, la que al fracasar la huelga de 1932, se dividi&oacute; nuevamente.    Los tabaqueros de La Habana, al caer el gobierno de Machado en 1933, destituyeron    a los dirigentes de su Sociedad, y cambiaron a esta el nombre por el de Sindicato.    Fue all&iacute;, en el Sindicato de Torcedores <em>, </em> donde se gest&oacute;    la monumental construcci&oacute;n de la Central Sindical &Uacute;nica y donde    se alz&oacute; la figura de L&aacute;zaro Pe&ntilde;a, operario y lector ocasional    de tabaquer&iacute;a, algo que le permiti&oacute; superarse de manera autodidacta.  </p>     <p align="justify">Los tabaqueros se mantuvieron en su lugar de vanguardias del movimiento obrero. Fue magn&iacute;fico ambiente para la propaganda pol&iacute;tica de Julio Antonio Mella, cuyas universidades populares se llenaron de tabaqueros en San Antonio de Los Ba&ntilde;os y La Habana. Mella fue su &iacute;dolo, los lectores en los talleres le&iacute;an &aacute;vidamente los manifiestos estudiantiles salidos de la imprenta de la FEU. Toda la divulgaci&oacute;n pol&iacute;tica contra Machado pas&oacute; por las tribunas de las tabaquer&iacute;as y en los momentos m&aacute;s agudos del terror, las proclamas circulaban all&iacute; de mano en mano. Conjuntamente con un viejo colaborador de Jos&eacute; Mart&iacute;, Carlos Bali&ntilde;o, tabaquero de la emigraci&oacute;n desde tiempos coloniales, Mella constituy&oacute;, en 1925, el primer Partido Comunista de Cuba. Ese a&ntilde;o se cre&oacute; la Confederaci&oacute;n Nacional Obrera de Cuba (CNOC),  gracias a la fuerte labor revolucionaria que manten&iacute;an los tabaqueros, fuera por su propia mejora o por apoyar al movimiento estudiantil en contra de la dictadura. </p>     <p align="justify">En 1926, comenz&oacute; la campa&ntilde;a de los obreros tabacaleros en contra de la m&aacute;quina torcedora de tabacos, utilizada desde inicios de la Rep&uacute;blica , pero que cobr&oacute; auge a partir del a&ntilde;o anterior; se produjeron entonces, huelgas, paros y <em>boicots </em> a los productos de esta. Durante dos a&ntilde;os, se mantuvieron estas acciones que en 1928 tomaron un car&aacute;cter nacional. Los torcedores organizaron excursiones a distintos lugares del pa&iacute;s para movilizar a los trabajadores y celebrar m&iacute;tines en lugares p&uacute;blicos y contaron con el concurso de las autoridades locales, una situaci&oacute;n que perdur&oacute; hasta 1930. </p>     <p align="justify">A la muerte de Mella, en 1929, hubo fuertes protestas y, al    cumplirse el a&ntilde;o de su fallecimiento, se paraliz&oacute; el trabajo en    toda la Isla durante una hora, cuyos primeros quince minutos los tabaqueros    los pasaron de pie y en silencio. A la muerte de Trejo, en 1930, algunas sociedades    de tabaqueros se unieron a las protestas y se adhirieron al manifiesto del Directorio    Estudiantil Universitario, lo que les cost&oacute; la expulsi&oacute;n de la    federaci&oacute;n. A partir de este a&ntilde;o, comenz&oacute; una ola de desempleo    y lucha encarnizada de las masas populares contra el gobierno. Esta etapa de    violentas luchas correspondi&oacute; con una aguda crisis econ&oacute;mica en    la industria del tabaco. El comercio decay&oacute; y apenas circulaba el dinero.    En estas circunstancias, los fabricantes solicitaron una rebaja en los precios    que les fue concedida en 1931. Luego volvieron a solicitarla y les fue negada    esta vez, lo que provoc&oacute; una huelga de m&aacute;s de 180 d&iacute;as    en los que el <em>trust </em> norteamericano se llev&oacute; sus f&aacute;bricas    y la econom&iacute;a casi se desmoron&oacute;. Los fabricantes bajaron los salarios    y subieron los impuestos, provocaron entonces que todos o casi todos los tabaqueros    dejaran los trabajos. Pero, con el tiempo tuvieron que volver a sus puestos    para poder vivir. </p>     <p align="justify">En 1933, estall&oacute; la huelga pol&iacute;tica general contra Machado, dirigida por la Confederaci&oacute;n a la que se unieron todos los tabaqueros. La tendencia sindicalista se manifest&oacute; entre los tabaqueros al influjo de la Confederaci&oacute;n Nacional de Obreros de Cuba (CNOC),  todas las sociedades se convirtieron en sindicatos con el objetivo de crear el Sindicato Nacional <em>de Industria, </em> que ocup&oacute; el lugar de la antigua Federaci&oacute;n Nacional de Trabajadores. </p>     <p align="justify">Tras este triunfo, algunos fabricantes que hab&iacute;an mudado sus f&aacute;bricas de su lugar de origen por miedo a los tabaqueros, se negaron a volver, lo que provoc&oacute; la declaraci&oacute;n de una nueva huelga y un <em>boicot</em>.  Era el momento de mayor agitaci&oacute;n obrera despu&eacute;s de la ca&iacute;da de Machado. Todo el tabaco se trasladaba a los Estados Unidos para ser elaborado all&aacute;. Se moviliz&oacute; al Comit&eacute; Conjunto <em></em>y se le exigi&oacute; a Antonio Guiteras, Secretario de Gobernaci&oacute;n, que desembarcara el tabaco o tendr&iacute;an una huelga general nacional y Guiteras accedi&oacute;. Esta situaci&oacute;n dur&oacute; meses, en los que no se exportaba tabaco de ning&uacute;n tipo. Pero, en el gobierno de Mendieta, en 1936, tras una sangrienta lucha, todo volvi&oacute; a la normalidad y la Confederaci&oacute;n de Tabaqueros fue lanzada a la ilegalidad. En dicha fecha, qued&oacute; constituida la Federaci&oacute;n Tabacalera Nacional (FNT <em>), </em> que un semestre m&aacute;s tarde adquiri&oacute; personalidad jur&iacute;dica, al obtener su inscripci&oacute;n como <em>Asociaci&oacute;n Provincial</em>. El 4 de febrero de 1938 le fue concedido el car&aacute;cter de organizaci&oacute;n nacional. </p>     <p align="justify">Con tales acontecimientos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, el trabajador tabacalero se torn&oacute; un reflejo de la depauperada econom&iacute;a nacional, aunque ello no disminuy&oacute; sus ansias de lucha y organizaci&oacute;n de los obreros del tabaco. Por eso, bajo la direcci&oacute;n de la FNT, se auspiciaron actividades como el Primer Congreso Tabacalero,  del 4 al 5 de diciembre de 1938; la primera Conferencia Nacional de Despalilladores, efectuada en La Habana, el 14 de mayo de 1939; diversas concentraciones y desfiles para demandar sus necesidades; la promulgaci&oacute;n de decretos que mejoraran la calidad del tabaco y del trabajo de los tabaqueros, etc&eacute;tera. </p>     <p align="justify">Para 1940, la precaria econom&iacute;a cubana y el desempleo provocado por ella arrojaron unas estad&iacute;sticas escalofriantes en las que se demostr&oacute; que solo trabajaban 5 de cada 100 obreros que laboraban en 1906. De 1943 a 1944, hubo una peque&ntilde;a mejor&iacute;a en la exportaci&oacute;n de tabaco que termin&oacute; al culminar la II Guerra Mundial, cuando muchos mercados importantes, como el ingl&eacute;s, se hab&iacute;an perdido. </p>     <p align="justify">El per&iacute;odo de posguerra se caracteriz&oacute; por la agresividad de los monopolios nacionales y extranjeros, en sus ansias de apoderarse de los sectores econ&oacute;micos que no estaban bajo su influencia y en una mayor explotaci&oacute;n de aquellos dominados por ellos. De nuevo la m&aacute;quina torcedora amenazaba a los trabajadores, pero estos se mantuvieron unidos y crearon una comisi&oacute;n para analizar la mecanizaci&oacute;n en 1945, se acord&oacute; la confecci&oacute;n de un censo de la industria tabacalera que finaliz&oacute; el 12 de septiembre de 1946, para dar paso a los trabajos de la Junta de Econom&iacute;a de Guerra y el Comit&eacute; de la Industria Tabacalera que dio existencia al Fondo de Estabilizaci&oacute;n Tabacalera. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Tras la segunda toma de posesi&oacute;n del gobierno de Ram&oacute;n Grau San Mart&iacute;n, este simul&oacute; respetar la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y hasta se entrevist&oacute; con dirigentes del Partido Socialista Popular (PSP)<em>, </em> pero lo que hizo fue minar dichas organizaciones con asalariados de ideas anticomunistas que provocaron la creaci&oacute;n de “organizaciones obreras” fraudulentas, la organizaci&oacute;n de congresos separatistas que boicotearon las verdaderas manifestaciones obreras y conminaron a los verdaderos l&iacute;deres como L&aacute;zaro Pe&ntilde;a a que abandonaran el movimiento obrero sopena de morir “accidentalmente”. </p>     <p align="justify">En 1947, los tabaqueros lograron eliminar la m&aacute;quina torcedora de la mayor&iacute;a de los talleres, ten&iacute;an bien sentadas las bases de las organizaciones obreras, hab&iacute;an logrado organizarse nacionalmente y una simple huelga de pueblo pod&iacute;a convertirse en un paro nacional, que obligaba a las autoridades a responder de inmediato. </p>     <p align="justify">Hasta este decenio de la Rep&uacute;blica, los lectores de tabaquer&iacute;a fueron fuertes pilares en las organizaciones, propagandas y acciones de los tabaqueros en contra de los gobiernos t&iacute;teres de turno. Tuvieron que librar su propia lucha contra la radio, contexto que se inici&oacute; cuando los primeros aparatos llegaron a La Habana y uno de ellos fue instalado en la f&aacute;brica de Caba&ntilde;as y Carvajal para trasmitir la Serie Nacional de B&eacute;isbol de 1923. Pero lector y radio lograron convivir, la lectura prosigui&oacute; con la novedad que, con el decursar de los a&ntilde;os, se le adicion&oacute; el micr&oacute;fono y el amplificador. Los tabaqueros escuchaban noticias y m&uacute;sica que llegaban a ellos por la radio, pero cuando surg&iacute;an acontecimientos de importancia y era imprescindible reclamar de ellos su calor y su esfuerzo, ocupaba la tribuna un compa&ntilde;ero cuya voz, al igual que en otros tiempos, los un&iacute;a en una misma emoci&oacute;n. </p>     <p align="justify">La f&aacute;brica &quot;Caba&ntilde;as&quot;, la &uacute;nica que no renov&oacute; la lectura despu&eacute;s de la Guerra de Independencia, cambi&oacute; de domicilio, al trasladarse, en los comienzos de la Rep&uacute;blica, desde su antigua residencia en Dragones No. 6 entre Industria y Amistad, al moderno edificio que los torcedores llamaban la <em>Casa </em><em> de Hierro </em>, por haber sido una de las primeras construcciones que se levantaron en La Habana con una armaz&oacute;n de ese metal.<span class="superscript">3</span> All&iacute; se establecieron las oficinas y partes de los talleres de la Tabacalera Cubana, S.A.  y la tribuna del lector en el nuevo local fue inaugurada por V&iacute;ctor Mu&ntilde;oz,  uno de los mejores lectores de Cuba, conocido por los tabaqueros por el apodo de <em>El Abogadito </em> y que igualmente se distingui&oacute; como periodista de excepcionales facultades en los m&aacute;s importantes diarios de la capital, a quien se atribuye adem&aacute;s la instauraci&oacute;n en Cuba de la celebraci&oacute;n del <em>D&iacute;a de la Madres </em> el segundo domingo del mes de mayo. </p>     <p align="justify">La pr&aacute;ctica de la lectura se mantuvo en los talleres. En las tabaquer&iacute;as le&iacute;an Leopoldo Tejedor, actor notable en el teatro vern&aacute;culo; Ambrosio Borges, Representante a la C&aacute;mara; Francisco Cabal y Flores, Eusebio Coll, Manuel Castell&oacute;, Pancho, el mexicano; Manuel Alfonso y Juan Pastor, quien durante largos a&ntilde;os ocup&oacute; la tribuna de &quot;Partag&aacute;s&quot;; Jos&eacute; Manuel Cortina, uno de los mejores oradores de Cuba, de joven fue lector en Caruncho; Hevia el Trichuelo; Bernardo Lobo; Celestino &Aacute;lvarez, Manuel Gonz&aacute;lez, Pedro Eloy Fundora, el Decano C&oacute;rdova, Facundo Acci&oacute;n y Mart&iacute;n Mor&uacute;a Delgado. </p>     <p align="justify">Llegada la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 50, los lectores manten&iacute;an su condici&oacute;n de trabajadores de los tabaqueros. Seg&uacute;n el prestigio de la f&aacute;brica, representado por su marca, lo que a su vez incid&iacute;a en los salarios de los trabajadores, estos donaban desde 5 hasta 25 centavos de su salario semanal para pagarle al lector. Para ese entonces, se utilizaba el micr&oacute;fono para ayudar al lector, aunque la lectura s&oacute;lo llegaba a la galera y el despalillo y no inclu&iacute;a el resto de los departamentos que conforman una tabaquer&iacute;a. </p>     <p align="justify">La lectura era sugerida por los propios tabaqueros, los cuales al entrar el lector para comenzar la lectura pon&iacute;an encima de la tribuna lo que deseaban que se leyera ese d&iacute;a. Siguiendo la tradici&oacute;n de sus inicios, el Presidente de Lectura sonaba una campanita, llamando a la disciplina y el silencio para dar comienzo a la lectura. La actividad, con una duraci&oacute;n de 180 minutos diarios, se divid&iacute;a en cuatro turnos de 45 minutos cada uno, dos en la ma&ntilde;ana y dos en la tarde. En los turnos matutinos, se le&iacute;a la prensa plana, revistas y los materiales de propaganda pol&iacute;tica divulgados por el PCC, Directorio Revolucionario, la FEU , y el Sindicato Tabacalero. En los turnos vespertinos, se le&iacute;an novelas, cl&aacute;sicos de la literatura y, sobre todo, libros con fuerte contenido referente a las luchas sociales y los movimientos proletarios. En esas horas los tabaqueros se instru&iacute;an, aprovechaban las obras para saciar su ansia de ilustrarse y valoraban a la lectura como el importante medio que ten&iacute;an para aprender y formarse como clase social. </p>     <p align="justify">La situaci&oacute;n de los tabaqueros en las f&aacute;bricas    no era tan dif&iacute;cil como en las &eacute;pocas anteriores. La patronal,    como se le llamaba a los due&ntilde;os, no se ocupaba de lo que estos hac&iacute;an    y, por lo tanto, no era un obst&aacute;culo para las lecturas en contra del    gobierno. En muchas ocasiones, los due&ntilde;os hasta se pon&iacute;an a favor    de los tabaqueros cuando la polic&iacute;a irrump&iacute;a en una f&aacute;brica    a llevarse a los revoltosos y revolucionarios, como sucedi&oacute; en &quot;Partag&aacute;s&quot;,    en 1958, cuando el lector termin&oacute; de leer <em>La Historia </em><em> me    Absolver&aacute;</em>, &uacute;nica lectura p&uacute;blica que se hizo de esta    obra antes de 1959. </p>     <p align="justify">En v&iacute;speras del triunfo revolucionario, los tabaqueros contaban con una fuerte unidad y solidaridad en su sector y con otras ramas. Estaban organizados y preparados para continuar la lucha en contra de la opresi&oacute;n capitalista y fueron un fuerte apoyo en las ciudades para la consolidaci&oacute;n de la victoria rebelde el 1ro de enero de 1959. </p>     <p><i>Lectura en las tabaquer&iacute;as en el per&iacute;odo posrevolucionario    </i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El triunfo de la Revoluci&oacute;n fue abrazado por los tabaqueros    que salieron de sus f&aacute;bricas a celebrar su conquista. Ya no ten&iacute;an    que rendirle cuenta a nadie de lo que se le&iacute;a en sus f&aacute;bricas.    Ya no hab&iacute;a que recaudar los fondos para apoyar la revoluci&oacute;n    o para sobornar a los esbirros de la tiran&iacute;a. Al fin eran libres para    crear sus propias organizaciones con la libertad de difundir sus ideas de clase    trabajadora sin recibir la cr&iacute;tica de los medios o la prohibici&oacute;n    del gobierno o la persecuci&oacute;n de sus dirigentes. </p>     <p align="justify">Los lectores de tabaquer&iacute;a, como parte de la revoluci&oacute;n que triunf&oacute;, pudieron extender su radio de acci&oacute;n a las escogidas y despalillos. Dejaron de ser pagados por los tabaqueros, ahora cobraban como un operario m&aacute;s de la f&aacute;brica. No se pudo precisar c&oacute;mo era el pago del lector antes de la promulgaci&oacute;n de la <em>Instrucci&oacute;n No. </em><em> 2214 </em> de la Organizaci&oacute;n del Trabajo y Seguridad Social, del 25 de junio de 1983, por eso esta fecha se toma como punto de partida legal del oficio, suponiendo que anteriormente el pago del lector era producto de un subcontrato. A ra&iacute;z del VIII Congreso Tabacalero, luego de haberse llevado como propuesta en los Acuerdos del I Encuentro de Lectores de Tabaquer&iacute;as Escogidas y Despalillos, realizado del 19 al 26 de noviembre de 2003, se clasific&oacute; en el calificador de cargos la plaza del lector como T&eacute;cnico de Lectura, se le hizo un reajuste de salario de 198 pesos a 230 pesos y un reconocimiento desde el punto de vista social por la magistral labor que desempe&ntilde;aba. Adem&aacute;s se le otorg&oacute; un carn&eacute; que lo identificaba para viabilizar su acceso a bibliotecas, centros de informaci&oacute;n, as&iacute; como otras instituciones a las que necesitara asistir, de acuerdo con sus intereses. </p>     <p align="justify">Se operaron cambios fundamentales y decisivos desde el punto de vista conceptual, y la actuaci&oacute;n puramente masculina pas&oacute; a femenina tambi&eacute;n. Tradicionalmente, la lectura en las tabaquer&iacute;as fue una labor reservada a los hombres, en la historia la presencia de la mujer se registraba en aislados casos. Pero con la creciente incorporaci&oacute;n de esta al trabajo y su integraci&oacute;n a todas las tareas de la Revoluci&oacute;n, se inici&oacute; la lectura con voces femeninas, cambio que fue bien recibido por los tabaqueros. Ellos reconocieron en las mujeres la paciencia, disciplina y sacrificio que se requiere en la actividad de leer. Por otro lado, el bajo salario inicial de la profesi&oacute;n hizo que los lectores ocuparan plazas de m&aacute;s remuneraci&oacute;n; as&iacute; se adentraron las mujeres en la lectura de las tabaquer&iacute;as y hoy representan la mayor&iacute;a en el oficio. </p>     <p align="justify">El trabajo de los lectores comenz&oacute; a ser regido por el Consejo T&eacute;cnico Asesor, que tiene su sede en el Museo del Tabaco de la Oficina del Historiador. Este Consejo se ocupa de elevar la cultura de los lectores, intensificar su capacitaci&oacute;n de forma sistem&aacute;tica, divulgar su quehacer, as&iacute; como trazar metas de trabajo en correspondencia con las necesidades existentes. El Consejo se re&uacute;ne de forma trimestral y por medio de un plan de trabajo consolida en cada centro actividades de car&aacute;cter espec&iacute;fico, seg&uacute;n las particularidades del lugar. </p>     <p align="justify">Si en per&iacute;odos anteriores eran los propios tabaqueros    los que eleg&iacute;an sus lecturas y a su lector, tras el triunfo de la Revoluci&oacute;n,    en cada tabaquer&iacute;a, despalillo o escogida existe o debe existir una comisi&oacute;n    de lectura, integrada por un presidente, un vicepresidente, un representante    sindical, un administrativo, el lector y dos vocales (un joven y un trabajador    destacado). Esta estructura es la encargada de seleccionar y aprobar al lector    del centro, facilitarle la documentaci&oacute;n y valorar los g&eacute;neros    que se abordan en las lecturas. Se trata de buscar un equilibrio entre estas    y se propone en asamblea con los trabajadores, los t&iacute;tulos para su aprobaci&oacute;n.    Se organizan en todas las tabaquer&iacute;as, conjuntamente con la secci&oacute;n    sindical y las casas de cultura de la localidad donde est&aacute; enclavada    la f&aacute;brica, las actividades de los <em>Jueves de la Cultura</em>, realizadas    en las tardes de este d&iacute;a. En las jornadas participan artistas aficionados    de las casas y de las tabaquer&iacute;as, y se imparten conferencias, charlas,    etc&eacute;tera. </p>     <p align="justify">La comisi&oacute;n de lectura exige al lector el uso de su carn&eacute;, dentro y fuera del centro, sugiere iniciativas que enriquezcan el trabajo del lector, propone a los trabajadores en asamblea la m&uacute;sica que se escuchar&aacute;; busca una compatibilidad entre las generaciones existentes y supervisa que entre turnos de lectura, se difundan informaciones, telenovelas y m&uacute;sica para que no quede un espacio vac&iacute;o que pierda el efecto de cultivar la inteligencia de los obreros tabacaleros. </p>     <p align="justify">Existe un Reglamento para la lectura con el uso de la radio    base <em>, </em> aprobado el 20 de julio de 1998, que sent&oacute; las pautas    para definir las funciones del lector, a la vez que le ha servido de gu&iacute;a    en su tarea y ha evitado la confusi&oacute;n en las f&aacute;bricas sobre su    contenido de trabajo. E l surgimiento de la radio base permiti&oacute; la salida    de la lectura a todos los departamentos de las f&aacute;bricas, lo que cambi&oacute;    sus condiciones totalmente, de lectura a tabaqueros (refiri&eacute;ndose a los    torcedores), a lectura para anilladores, despalilladores, escuela de tabaqueros    donde se concentraban los aprendices, la direcci&oacute;n del centro, la recepci&oacute;n    y dem&aacute;s. </p>     <p align="justify">Por su parte, el Sindicato Tabacalero se encargaba de llevar a los lectores a sistem&aacute;ticos ejercicios de capacitaci&oacute;n por medio de las Escuelas Provinciales del Partido, de la CTC, la Sociedad Cultural &quot;Jos&eacute; Mart&iacute;&quot;, las universidades, las emisoras radiales y las bibliotecas. E l Sindicato, a dem&aacute;s, instituy&oacute; su jornada de celebraci&oacute;n enmarcada del 19 al 26 de noviembre, como digno homenaje a las palabras con que el Ap&oacute;stol, un 26 de noviembre del a&ntilde;o 1891, se dirigi&oacute; a los tabaqueros en Tampa: </p>     <p align="justify">“…el coraz&oacute;n se me va a un trabajador como a un hermano. Unos escribiendo la hoja y otros torci&eacute;ndola. En una mesa tinta y en la otra tripa y capa. Del tabaco solo queda la virtud del que lo trabaja, de la hoja escrita tal vez la raz&oacute;n de su derecho y el modo de conquistarlo”.<span class="superscript">10</span> </p>     <p align="justify">Durante esta jornada, se realizaban lecturas en las tabaquer&iacute;as, despalillos y escogidas, relacionadas con las efem&eacute;rides martianas que se enmarcaban en el per&iacute;odo. Se establecieron conversatorios sobre la vida y obra del Ap&oacute;stol, donde participaban los jubilados, y se fomentaba la constituci&oacute;n de bosques, jardines y clubes martianos, con m&aacute;s de 5 000 trabajadores, como parte de las actividades conjuntas con la Sociedad Cultural &quot;Jos&eacute; Mart&iacute;&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Tambi&eacute;n esta fecha se tom&oacute; para organizar cada    dos a&ntilde;os los Encuentros de Lectores de Tabaquer&iacute;as, Despalillos    y Escogidas<em>, </em>celebrados en dos oportunidades desde que se pusiera en    pr&aacute;ctica la idea propuesta en el VIII Congreso Tabacalero: el primero    se realiz&oacute; en el a&ntilde;o 2003 y el segundo, el 24 de febrero de 2005.    En los encuentros se tomaron acuerdos a favor del desarrollo de la lectura,    su perfeccionamiento y mayor alcance en los nuevos tiempos. Asist&iacute;a una    representaci&oacute;n de cada provincia, que luego se reun&iacute;a con sus    coterr&aacute;neos y les trasmit&iacute;a sus experiencias para compartirlas    adem&aacute;s con los obreros tabacaleros, deseosos de conocer los adelantos    de su lectura. </p>     <p align="justify">En la Cuba socialista, la lectura logr&oacute; el reconocimiento    social y laboral que desde su creaci&oacute;n se hab&iacute;a buscado. Actualmente,    despu&eacute;s de tantos cambios contextuales, los lectores se han convertido    en la fuerza pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica de la organizaci&oacute;n sindical,    ocupan un cargo dentro de su secci&oacute;n, que convenientemente debe ser en    la esfera de educaci&oacute;n y propaganda. El Sindicato ha sabido aprovechar    las dotes de los lectores como comunicadores, para convocar el hist&oacute;rico    esp&iacute;ritu de justicia y combate que ha caracterizado al obrero del tabaco.  </p>     <p align="justify">La lectura de tabaquer&iacute;as, y luego de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60, tambi&eacute;n de despalillos y escogidas, ha mantenido su esencia pr&aacute;cticamente inalterable a lo largo de m&aacute;s de un siglo. Actualmente, ha alcanzado su verdadero car&aacute;cter formador y un perfil definitivo con la incorporaci&oacute;n de las mujeres a la lectura, como un inconfundible signo de los nuevos tiempos. </p>     <p align="justify">Aunque el proceso de la lectura ha perdido parte de su tradici&oacute;n, se trabaja para reincorporar la costumbre de un Presidente de Lectura que toque la campanita al inicio y al final de la actividad para mantener el respeto y la disciplina que la lectura merece. </p>     <p align="justify">Los lectores trabajan para explotar las potencialidades del libro en una misi&oacute;n que a&uacute;n no se logra de forma perfecta. Recopilan materiales, seleccionan la literatura, que var&iacute;a los g&eacute;neros para diversificar los gustos de los obreros que en ocasiones prefieren literatura monotem&aacute;tica y carente de profesionalidad o de sentido formador de clase, tan buscado por los iniciadores de la instituci&oacute;n, en un sector hist&oacute;ricamente politizado e instruido de la sociedad cubana. </p>     <p align="justify">En la actualidad, el objetivo principal de la lectura es “ense&ntilde;ar y cultivar intelectualmente a los trabajadores, dignificar su condici&oacute;n de clase obrera, continuar y fomentar los valores revolucionarios, motivar al trabajo y a las tareas de la Revoluci&oacute;n”. En medio de la Batalla de Ideas, el objetivo se ha ampliado a “enriquecer la espiritualidad de la clase obrera tabacalera orgullosa de sus lectores”.<span class="superscript">11</span>  Hoy, en Cuba, la lectura en los talleres es una magn&iacute;fica tribuna de difusi&oacute;n de textos revolucionarios y de los discursos de <em>Fidel </em>y otras altas figuras de la Revoluci&oacute;n. Hoy la tribuna del lector es la Revoluci&oacute;n. </p> <h6><strong>Agradecimientos </strong></h6>     <p align="justify">Los autores desean expresar su m&aacute;s profundo reconocimiento a quienes posibilitaron completar esta investigaci&oacute;n. Gracias a sus memorias, la investigaci&oacute;n no se detuvo en las dudas sobre c&oacute;mo fueron los tiempos pasados. Ellos, con sus recuerdos, recrearon el contexto hist&oacute;rico, la situaci&oacute;n de los tabaqueros y, fundamentalmente, la posici&oacute;n de la lectura en aquellos tiempos. </p>     <p align="justify">A <em>Pablo Hern&aacute;ndez </em> y <em>Agust&iacute;n Hern&aacute;ndez    D&iacute;az</em>, extrabajadores de &quot;La Corona&quot;; <em>Rafael Montalvo    Hern&aacute;ndez, </em> exoperario de &quot;Partag&aacute;s&quot;;<em> Bernab&eacute;    Ram&iacute;rez S&aacute;nchez </em> y <em>Gilberto Su&aacute;rez Trujillo </em>.    exobreros de &quot;Partag&aacute;s&quot; y &quot;Romeo y Julieta&quot;; <em>Jes&uacute;s    Pereira Caballero</em>, lector con m&aacute;s de 15 a&ntilde;os de oficio en    la Empresa de Tabaco Torcido &quot;Francisco P&eacute;rez Germ&aacute;n&quot;    - &quot;Partag&aacute;s&quot;; <em>Jacinto Taboada Lorenzo</em>, con pocos meses    de ejercicio, pero con un alto nivel cultural, en la Empresa de Tabaco Torcido    &quot;Antonio Briones Montoto <em>&quot; </em> - &quot;Romeo y Julieta&quot;;    <em>Odalys Lara Reyes, </em> exlocutora radial con diez a&ntilde;os de experiencia    como lectora en la Empresa de Tabaco Torcido &quot; <em>Miguel Fern&aacute;ndez    Roig</em>&quot; - &quot;La Corona&quot;, actualmente unida a la Empresa de Tabaco    Torcido &quot; <em>Pedro Rodr&iacute;guez Santana </em>&quot;, y <em>Yolanda    &Aacute;lvarez Prieto </em>, profesora retirada con m&aacute;s de seis a&ntilde;os    en la tribuna de la Empresa de Tabaco Torcido &quot; <em>H&eacute;roes del Moncada</em>&quot;;    <em>Mar&iacute;a Victoria Mart&iacute;nez, Orlando S&aacute;nchez Mili&aacute;n    y Pedro Castillo Hern&aacute;ndez</em>, miembros del Secretariado del Sindicato    Nacional de Trabajadores Tabacaleros; <em>Heriberto Hern&aacute;nde</em>z, profesor    de la Escuela de la CTC &quot;L&aacute;zaro Pe&ntilde;a&quot;, y <em>Zoe Nocedo    </em><em>Primo</em>, Directora del Museo del Tabaco. </p> <h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas </h4>     <!-- ref --><p>1. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Madrid: Espasa-Calpe; 1967. Tomo XXIX.p.1293. <!-- ref --><p>2. Real Academia Espa&ntilde;ola. Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola. Madrid: Espasa-Calpe. 2001,p.2118. <!-- ref --><p>3. Rivero Mu&ntilde;iz J. La lectura en las tabaquer&iacute;as: Monograf&iacute;a hist&oacute;rica. Revista Biblioteca Nacional. 1951(4):185-258. <!-- ref --><p>4. Perdomo JE. L&eacute;xico tabacalero cubano. La Habana: El siglo XX. 1940.p.77-9. <!-- ref --><p>5. Litvak L. Cultura obrera en Cuba. La lectura colectiva en los talleres de tabaquer&iacute;a. Disponible en: <a href="http://www.cnt.es/fal/BICEL13/18.htm">http://www.cnt.es/fal/BICEL13/18.htm</a> [Consultado: 7 octubre del 2006]. <!-- ref --><p>6. Divagaciones de un ciudadano. La Habana : Alerta. Marzo 2 de 1942.p.3. <!-- ref --><p>7. Rivero Mu&ntilde;iz J. Mart&iacute; y los tabaqueros. La Habana : Seoane Fern&aacute;ndez. 1953. p.89. <!-- ref --><p>8. Ortiz Fern&aacute;ndez F. Contrapunteo cubano del tabaco y el az&uacute;car. La Habana : J. Montero. 1940.p. XXIII. <!-- ref --><p>9. Vasconcelos R. El lector: Entre actos. La Habana : Alerta. Febrero 15 de 1949. p.1. <!-- ref --><p>10. Casta&ntilde;eda O. Mart&iacute;, los tabaqueros y la Revoluci&oacute;n de 1895. La Habana : Ministerio de Agricultura, Comisi&oacute;n Nacional de Propaganda y Defensa del Tabaco Habano. 1946. <!-- ref --><p>11. Sindicato Nacional de Trabajadores del Tabaco. Dictamen Final del II Encuentro Nacional de lectores y lectoras de tabaquer&iacute;as, despalillos y escogidas del sector tabacalero. La Habana: [s.n]; 2005. <p>Recibido: 31 de marzo de 2007. Aprobado: 4 de abril de 2007.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   MSc. Zoia Rivera. Departamento de Bibliotecolog&iacute;a y Ciencia de la Informaci&oacute;n. Facultad de Comunicaci&oacute;n. Universidad de La Habana. Calle G No.506 entre 21 y 23. El Vedado. Plaza de la Revoluci&oacute;n. Ciudad de La Habana. Cuba. CP 10 400. Correo electr&oacute;nico: <strong><a href="mailto:zoia@infomed.sld.cu">zoia@infomed.sld.cu </a></strong></p>     <p>Ficha de procesamiento </p>     <p>Clasificaci&oacute;n: Art&iacute;culo hist&oacute;rico. </p>     <p>T&eacute;rminos sugeridos para la indizaci&oacute;n </p>     <p>Seg&uacute;n DeCS 1 </p>     <p>LECTURA; INDUSTRIAS; CUBA. </p>     <p>READING; INDUSTRY; CUBA. </p>     <p>Seg&uacute;n DeCI<span class="superscript">2 </span></p>     <p>LECTURA; LECTOR; CUBA. </p>     <p>READING; READER; CUBA. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><span class="superscript">1</span>BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004. </p>     <p>Disponible en: <a href="http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm%20">http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm </a></p>     <p><span class="superscript">2</span>D&iacute;az del Campo S. Propuesta de t&eacute;rminos para la indizaci&oacute;n en Ciencias de la Informaci&oacute;n. Descriptores en Ciencias de la Informaci&oacute;n (DeCI). Disponible en: <a href="http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf%20">http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf </a></p>     <p><span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">M&aacute;ster en Comunicaci&oacute;n. Profesora Auxiliar. Bibliotecolog&iacute;a y Ciencia de la Informaci&oacute;n. Facultad de Comunicaci&oacute;n. Universidad de La Habana.     <br>     <span class="superscript">2</span>Licenciada en Bibliotecolog&iacute;a y Ciencias de la Informaci&oacute;n. Agencia de Negocios para la Promoci&oacute;n de Exportaciones de Software, Productos y Servicios (Avante). Cuba.     <br>   <span class="superscript">3</span>Licenciado en Bibliotecolog&iacute;a y Ciencias de la Informaci&oacute;n. Departamento Relaciones Internacionales. Ministerio de Comunicaciones. Cuba. </a><a name="cargo"></a></p>      ]]></body><back>
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