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</front><body><![CDATA[ <h2>Febrero 10 de  1804. Introducci&oacute;n de la vacuna contra la viruela en Cuba</h2>     <p><a href="#cargo">Lic. Jos&eacute; Antonio L&oacute;pez Espinosa<span class="superscript">1</span></a><a name="autor"></a></p>     <div align="justify">Durante los primeros a&ntilde;os de  dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola en Cuba, caracterizados por la penuria econ&oacute;mica y el  abandono social, hab&iacute;a m&aacute;s preocupaci&oacute;n por el perfeccionamiento de las  condiciones defensivas contra los corsarios y piratas que por el estado de  salud e higiene de la poblaci&oacute;n. En esa situaci&oacute;n, no es dif&iacute;cil comprender que  muchas epidemias alcanzaran proporciones enormes al llegar a las playas cubanas  y causaran serios estragos. Como no se aplicaban m&eacute;todos cient&iacute;ficos para  combatir y prevenir los males epid&eacute;micos, era enorme el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas que  ellos arrastraban a su paso por el territorio nacional. Tambi&eacute;n es f&aacute;cil  imaginar cu&aacute;l ser&iacute;a el destino de las incipientes poblaciones cubanas de los  comienzos del siglo XVI, cuando una centuria despu&eacute;s carec&iacute;an a&uacute;n de personal  capacitado para hacer frente a los males habituales y a las plagas espor&aacute;dicas.    <br>   &nbsp;    <br>   La dominaci&oacute;n brit&aacute;nica, tan dolorosa para la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, dio lugar a  un cambio favorable en la personalidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de Cuba, por cuanto  al asimilar la antigua Metr&oacute;poli la lecci&oacute;n recibida por los ingleses respecto  a la abundancia agr&iacute;cola y mercantil de la isla, cambi&oacute; en cierto modo la  consideraci&oacute;n de Espa&ntilde;a a ella y se advirti&oacute; el tr&aacute;nsito de la factor&iacute;a a la  colonia con un consiguiente ligero progreso social. El Protomedicato, que  surgi&oacute; como instituci&oacute;n oficial a principios del siglo XVIII, se convirti&oacute; en  el n&uacute;cleo b&aacute;sico del desarrollo posterior de la   Medicina, en tanto fuente fecunda de sabios conocimientos y aplicaciones de gran  valor a esta ciencia.     <br>       <br>   No obstante esos peque&ntilde;os avances, el estado higi&eacute;nico de las ciudades dejaba  a&uacute;n mucho que desear. Las calles eran m&aacute;s bien cenegales inmundos, donde los  vecinos arrojaban los desperdicios dom&eacute;sticos, sin contar que por ellas  transitaban a diario numerosos animales sueltos que calmaban su sed en las  mismas fuentes p&uacute;blicas que surt&iacute;an de agua potable a la poblaci&oacute;n.     <br>       <br>   Lo expuesto hasta aqu&iacute; basta para suponer los graves da&ntilde;os que causaba a la  poblaci&oacute;n de la &eacute;poca de la colonia cualquier viajero pat&oacute;geno que, a su  llegada, encontraba como medio favorable a su propagaci&oacute;n un campo fertilizado  por la incultura y la falta de preparaci&oacute;n de los llamados a evitarla. Una de  las infecciones que durante la dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola asol&oacute; varias veces a la isla  fue la viruela, introducida en Am&eacute;rica a los pocos a&ntilde;os de conocerse por los  europeos, y que sufri&oacute; considerablemente la poblaci&oacute;n cubana.    <br>   &nbsp;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   La viruela fue durante el siglo XVIII una de las enfermedades infecciosas m&aacute;s  temidas por el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas que arrastraba consigo y por las secuelas que  dejaba en las personas que sal&iacute;an de ella con vida. En aquel tiempo era f&aacute;cil  identificar a los individuos que sobreviv&iacute;an a los embates de la enfermedad, en  virtud de que en muchos casos quedaban desfigurados. No obstante se hab&iacute;a  observado que los que no mor&iacute;an por su causa quedaban protegidos contra una  infecci&oacute;n posterior. Hab&iacute;a epidemias benignas y otras graves. En las primeras  eran m&iacute;nimos los casos de muerte, mientras que en las segundas la mortalidad  era en extremo elevada. Por lo tanto, era muy ventajoso contraer la enfermedad  durante una epidemia ligera, por cuanto ello implicaba quedar protegido para  toda la vida. En consecuencia, se procuraba provocar el contagio  artificialmente en vez de dejar su advenimiento a la casualidad. En la India se vest&iacute;a a los ni&ntilde;os con las ropas  de enfermos de viruela. En China se utilizaban peque&ntilde;os tubos, para soplar a  trav&eacute;s de ellos las costras de granos de viruela, pues se hab&iacute;a notado tambi&eacute;n  que su pus pierde virulencia cada vez que se deja secar. En Asia Central se  transmit&iacute;a este pus a las personas sanas mediante pinchazos con agujas. En &Aacute;frica  se aplicaban m&eacute;todos similares con los esclavos para evitar que sus due&ntilde;os  perdieran su &ldquo;mercanc&iacute;a&rdquo;. Las esclavas cauc&aacute;sicas eran famosas por su belleza,  que constitu&iacute;a el principal medidor de su precio. Sin embargo, las que ten&iacute;an  marcas de viruela perd&iacute;an su valor. Una esclava protegida contra la enfermedad  ten&iacute;a pues mucha m&aacute;s estimaci&oacute;n en el mercado, porque ello daba seguridad al  comprador de que no ser&iacute;a desfigurada.    <br>   &nbsp;    <br>   En la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XVIII se propag&oacute; la noticia de que en Inglaterra  se hab&iacute;a hallado un material de vacunaci&oacute;n ideal y, cuando en 1800 afect&oacute; a  Viena una grave epidemia de viruela, Johann Peter Frank (1745-1821), director  del Hospital General de esa ciudad, vacun&oacute; con &eacute;l a 26 ni&ntilde;os el 1ro. de  noviembre de 1801. En cada ni&ntilde;o se formaron p&uacute;stulas que se cubrieron de  costras, las cuales finalmente cayeron. D&iacute;as m&aacute;s tarde, el 12 de noviembre, 13  de esos ni&ntilde;os se inocularon con la viruela verdadera y ninguno de ellos tuvo  reacci&oacute;n alguna, pues todos estaban inmunizados.     <br>       <br>   El descubridor de este nuevo m&eacute;todo fue el m&eacute;dico ingl&eacute;s Edward Jenner  (1749-1823), quien en su pueblo natal observ&oacute; que las vacas sufr&iacute;an una  enfermedad con la misma apariencia que las costras de la viruela. Jenner llam&oacute;  a esta enfermedad variolae vaccinae (viruela de las vacas), de la que not&oacute;  tambi&eacute;n su capacidad de infectar al ser humano cuando observ&oacute; que las personas  que trataban a los bovinos enfermos se infectaban y les aparec&iacute;an las mismas  costras en las manos y los brazos. Tras hacer varios estudios al respecto,  realiz&oacute; el experimento decisivo. En una finca cercana a la suya enfermaron  varias vacas de viruela y una muchacha llamada Sarah Nelmes contrajo la  enfermedad. El 14 de mayo de 1796 Jenner vacun&oacute; al ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os nombrado  James Phipps con la viruela de las vacas. El material de la vacuna lo hab&iacute;a  obtenido de las costras de la muchacha enferma. Tras sufrir los signos  caracter&iacute;sticos del mal, el ni&ntilde;o se repuso pronto. El 1ro. de junio lo vacun&oacute;  con la viruela verdadera, sin que tuviera reacci&oacute;n alguna. Luego de  transcurridos unos meses, repiti&oacute; la prueba con los mismos resultados. </div>     <p align="justify">Este experimento sirvi&oacute; para  demostrar que la viruela de las vacas inmuniza al hombre contra la viruela  verdadera y que la linfa de la viruela de estos animales es el material ideal  para vacunar. As&iacute;, de la inoculaci&oacute;n surgi&oacute; la inoculaci&oacute;n de la viruela de la  vaca y de la variolizaci&oacute;n la vacuna. Gracias a Jenner se hab&iacute;a encontrado pues  un medio, mediante el cual la viruela se pod&iacute;a evitar f&aacute;cilmente.    <br>   &nbsp;    <br>   En la historia de la medicina cubana abundan nombres que han quedado para la  posteridad y que por sus grandes aportes son acreedores del reconocimiento  eterno. Uno de ellos, el doctor Tom&aacute;s Romay Chac&oacute;n (1764-1849), en quien  confluyeron las facetas de m&eacute;dico, escritor, orador y poeta, contribuy&oacute; de modo  tan notable a la ilustraci&oacute;n de esta ciencia, que con justicia se le ha  otorgado el merecido lugar como iniciador del movimiento cient&iacute;fico cubano. En  su extensa hoja de servicios sobresale la introducci&oacute;n y propagaci&oacute;n en 1804 de  la vacuna contra la viruela en La   Habana.     <br>       <br>   Los  m&eacute;dicos cubanos conocieron el procedimiento de la eficaz inoculaci&oacute;n preventiva  contra la viruela en 1802, es decir, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de que Jenner anunciara  su genial descubrimiento. De ello se infiere que la inoculaci&oacute;n con el pus de  la viruela o variolaci&oacute;n era el m&eacute;todo que se aplicaba en Cuba hasta entonces.  Aunque no se dispone de datos que justifiquen cu&aacute;ndo y por qui&eacute;n se introdujo  en la isla la inoculaci&oacute;n, se sabe que ya se conoc&iacute;a en 1795, en virtud de un  art&iacute;culo cient&iacute;fico escrito por Romay, que se public&oacute; en dos partes en el Papel  Peri&oacute;dico de la Habana el 29 de octubre y el 1 de  noviembre de ese a&ntilde;o, donde la defend&iacute;a como m&eacute;todo id&oacute;neo de preservaci&oacute;n de  las viruelas naturales.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   &nbsp;    <br>   Las autoridades de la Sociedad Econ&oacute;mica de La   Habana,  impuestas del descubrimiento de la vacuna y de su creciente progreso en el  mundo civilizado, consider&oacute; oportuno poner este nuevo conocimiento a la  disposici&oacute;n de los profesores m&eacute;dicos cubanos. A ese efecto orient&oacute; en 1802 la  reimpresi&oacute;n de 500 ejemplares de una obra traducida del franc&eacute;s por el doctor  Pedro Hern&aacute;ndez e impresa en Madrid ese mismo a&ntilde;o, en la que se ofrec&iacute;an  detalles sobre el origen y descubrimiento de la vacuna. Por otra parte, la   Junta Econ&oacute;mica del Real Consulado ofreci&oacute; un premio de 400 pesetas a quien  descubriera y manifestara el fluido vaccino tomado de vacas en Cuba, indicara  c&oacute;mo deb&iacute;a formarse y lo comunicara al doctor Romay. Asimismo indic&oacute; la  adjudicaci&oacute;n de otro premio de 200 pesetas a quien trajera ese fluido de otros  pa&iacute;ses. En este acuerdo, que se public&oacute; en la edici&oacute;n del Papel Peri&oacute;dico de La   Habana  del 3 de febrero de 1803, se establec&iacute;a adem&aacute;s que los premios se adjudicar&iacute;an  luego de consumada la erupci&oacute;n de las viruela, bajo la direcci&oacute;n de Romay.     <br>       <br>   La presencia de Romay en momentos de tanta trascendencia, como el de  inspeccionar y decidir si deb&iacute;a reimprimirse en Cuba la traducci&oacute;n del doctor  Hern&aacute;ndez, o la de dirigir la operaci&oacute;n de provocar la erupci&oacute;n de la viruela  por la v&iacute;a artificial, demuestran la grandeza de su prestigio y c&oacute;mo &eacute;ste  gravitaba con autoridad sobre la opini&oacute;n m&eacute;dica y p&uacute;blica de su &eacute;poca. En  diferentes oportunidades recibi&oacute; virus vaccinal de distintas procedencias, que  inocul&oacute; con las precauciones de rigor sin lograr nunca su desarrollo. Con  posterioridad la Sociedad Econ&oacute;mica le encomend&oacute; la dif&iacute;cil misi&oacute;n de  buscar &eacute;l mismo el virus vaccinoso. En funci&oacute;n de esa encomienda, se lanz&oacute; a la  audaz empresa de recorrer toda la isla con la esperanza de encontrar la vaccina  en las vacas en alg&uacute;n lugar y de comenzar la vacunaci&oacute;n. Ni en esta b&uacute;squeda ni  en ensayos practicados a sus propios hijos tuvo &eacute;xito.    <br>   &nbsp;    <br>   Pero lleg&oacute; el 10 de febrero de 1804 y, con la fecha, la posibilidad de  introducir y propagar la vacuna en Cuba. Ese d&iacute;a arrib&oacute; a La   Habana Mar&iacute;a Bustamante procedente de Aguadilla, Puerto Rico de donde hab&iacute;a salido  el 2 del mismo mes y quien, el d&iacute;a anterior a su partida, hizo vacunar a su  &uacute;nico hijo de 10 a&ntilde;os y a sus dos criadas mulaticas de ocho y seis en cada  caso. Entre el cuarto y el quinto d&iacute;a despu&eacute;s de la vacunaci&oacute;n, se comenz&oacute; a  formar en cada uno un solo grano vaccino sin que ninguno experimentara la menor  incomodidad. Al entrar al puerto de La Habana estaban todos en un estado de  perfecta supuraci&oacute;n.    <br>   &nbsp;    <br>   Mar&iacute;a Antonia Garc&iacute;a, quien hab&iacute;a visitado el d&iacute;a anterior a su paisana Mar&iacute;a  Bustamante luego de su arribo a Cuba, se present&oacute; en la residencia de Romay,  acompa&ntilde;ada del menor de sus dos hijos y con la mayor de las criadas vacunadas,  cuyo grano, seg&uacute;n el sabio, se correspond&iacute;a con el de la verdadera vacuna. Sin  p&eacute;rdida de tiempo, tom&oacute; pus de ese grano con el que de inmediato vacun&oacute; en  ambos brazos al ni&ntilde;o de la visitante y a sus tres hijos mayores. Poco despu&eacute;s  lo visit&oacute; el ni&ntilde;o vacunado en Aguadilla, cuyo grano ten&iacute;a los caracteres m&aacute;s  sensibles y el pus m&aacute;s l&iacute;quido y transparente. Con ese pus vacun&oacute; Romay a sus  dos hijos peque&ntilde;os, a otros cinco ni&ntilde;os y dos criados. Ese mismo d&iacute;a en la  tarde vacun&oacute; con el pus de la mulatica menor a cuatro criados y una ni&ntilde;a. En  total vacun&oacute; a 42 personas de distintas edades y sexos con el pus de tres  granos: desde el m&aacute;s peque&ntilde;o de sus hijos de s&oacute;lo 29 d&iacute;as de nacido, hasta  varios hombres y mujeres que pasaban de 40 a&ntilde;os.     <br>       <br>   A pesar de que la forma de aparici&oacute;n de las p&uacute;stulas, su forma y el orden  uniforme en que &eacute;stas progresaban no dejaba lugar para dudar de que todas esas  personas ten&iacute;an la verdadera vacuna, Romay los hizo reconocer por otros  profesores que la hab&iacute;an visto en Espa&ntilde;a y Puerto Rico, quienes confirmaron su legitimidad. La Sociedad Econ&oacute;mica, informada del acontecimiento por  el mismo Romay, adjudic&oacute; a la se&ntilde;ora Bustamante el premio anunciado.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   &nbsp;    <br>   Cuando el 26 de mayo de 1804 lleg&oacute; al puerto de La   Habana  la corbeta &ldquo;Mar&iacute;a Ritz&rdquo; con la expedici&oacute;n dirigida por Francisco Xavier de  Balmis, que el 30 de noviembre del a&ntilde;o anterior hab&iacute;a salido de la   Coru&ntilde;a  con el objetivo de llevar la vacuna a los dominios espa&ntilde;oles, ya &eacute;sta se hab&iacute;a  propagado por toda la isla. El jefe de la expedici&oacute;n espa&ntilde;ola qued&oacute; gratamente  sorprendido al haber encontrado la vacuna ya establecida y calific&oacute; a Romay de  sabio cuando dio cuenta a Su Majestad de su cometido. Permaneci&oacute; en la ciudad  20 d&iacute;as, en los realiz&oacute; cientos de inoculaciones. Para perpetuar la vacuna,  inocul&oacute; en uni&oacute;n de Romay varias vacas con aquel virus, al presumir que pod&iacute;an  comunicar la enfermedad a otras y hacerla epid&eacute;mica entre ellas. Tambi&eacute;n  propuso al Capit&aacute;n General establecer en el pa&iacute;s una junta de vacuna, que se  encargara de conservar y propagar el preservativo y que se confiara en Romay  como el facultativo id&oacute;neo para esta misi&oacute;n. As&iacute;, el 30 de julio de 1804 qued&oacute;  establecida y organizada la Junta Central de Vacuna, de la que se design&oacute; a  Romay como Secretario Facultativo, quien la dirigi&oacute; durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os con  una constancia sorprendente y un celo inusitado.    <br>   &nbsp;    <br>   En su puesto de Secretario de la   Junta Central de Vacuna rindi&oacute; Romay muchos informes, en los que, adem&aacute;s de dar  cuenta del estado de esta actividad en todo el pa&iacute;s, demostraba con notoria  evidencia su nivel de conocimientos sobre inoculaci&oacute;n variolosa y vaccinal. En  el &uacute;ltimo de ellos, en 1835, se despidi&oacute; de la Junta como Secretario, cargo que sus  achaques le imped&iacute;an ya ejercer con la efectividad acostumbrada. Ese documento  contiene datos muy valiosos, pues en &eacute;l present&oacute; el sabio las estad&iacute;sticas de  todos los vacunados por la Junta Central de La   Habana  y sus locales y Diputaciones en el interior desde 1804 hasta 1835.    <br>        <br>   No obstante haber cesado en estas funciones, continu&oacute; Romay administrando la  vacuna hasta poco antes de su muerte, ocurrida el 30 de marzo de 1849. Por iniciativa del Ayuntamiento de La Habana, se acord&oacute; colocar en su casa  natal, sita en la calle Empedrado No. 71 entre Compostela y Habana (donde  actualmente est&aacute; ubicado el edificio &ldquo;Cuba&rdquo; con la numeraci&oacute;n 360), una l&aacute;pida  con una inscripci&oacute;n conmemorativa de los m&eacute;ritos de este ilustre m&eacute;dico, en  cuyo texto se lee: </p>     <p align="center">&iexcl;HONRA Y PREZ A LA MEDICINA ESPA&Ntilde;OLA!</p>     <p align="center">EN ESTA CASA NACI&Oacute; EL D&Iacute;A 21 DE  DICIEMBRE DE 1764    <br>   EL DR. D. TOM&Aacute;S ROMAY CHAC&Oacute;N,    <br>   SABIO M&Eacute;DICO Y ESCRITOR INSIGNE, A  QUIEN LA ISLA DE CUBA    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   DEBE ENTRE OTROS GRANDES BENEFICIOS    <br>   EL DE LA   INTRODUCCI&Oacute;N Y PROPAGACI&Oacute;N DE LA VACUNA </p>     <p align="center">EL AYUNTAMIENTO DE LA   HABANA     <br>   ACORD&Oacute; CONSAGRAR ESTE RECUERDO A SU  MEMORIA    <br>   EL D&Iacute;A 12 DE AGOSTO DE 1887,    <br>   BAJO LOS AUSPICIOS DEL EXCMO. SR.  GOBERNADOR    <br> Y CAPIT&Aacute;N GENERAL D. SABAS MAR&Iacute;N</p> <h4 align="left">    <br>   Referencias bibliogr&aacute;ficas</h4>      <p>1. Garc&iacute;a Mayo M. La introducci&oacute;n de la vacuna en Cuba. Havana:    Editorial &ldquo;Alfa&rdquo;. 1938.p.19-94.</p>     <!-- ref --><p>2. Garrison FH. An Introduction to the History of Medicine. Philadelphia: WB    Saunders. 1929.p.372-75.<!-- ref --><p>3. Gord&oacute;n y de Acosta A de. Higiene colonial en Cuba. Havana: Sarachaga    y Miyares. 1895.p.5-57.<!-- ref --><p>4. Haggard HW. La medicina a trav&eacute;s de los tiempos. En: Drogas, demonios    y doctores. M&eacute;xico DF: Editorial Diana. 1954.p.432.<!-- ref --><p>5. Hern&aacute;ndez P tr. Origen y descubrimiento de la vaccina. Traducido    del franc&eacute;s con arreglo a las &uacute;ltimas observaciones hechas hasta    el mes de mayo del presente a&ntilde;o y enriquecido con varias notas. Havana:    Imprenta de la Capitan&iacute;a General. 1902. <!-- ref --><p>6. Jenner E. An inquiry into the causes and effects of the variolae vaccinae.    London: S. Low. 1798. <!-- ref --><p>7. Junta Econ&oacute;mica del Real Consulado. Premio de 400 pesetas a quien    descubra el fluido vaccino y otro de 200 a quien lo traiga de otros pa&iacute;ses.    Papel Peri&oacute;dico de la Havana. 1803;10:37-8.<p>8. L&oacute;pez S&aacute;nchez J. Tom&aacute;s Romay y el origen de la ciencia    en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba. Museo Hist&oacute;rico de    las Ciencias M&eacute;dicas &ldquo;Carlos J. Finlay&rdquo;. 1964.p.53-137.</p>     <!-- ref --><p>9. P&eacute;rez Beato M. Historia de la vacuna y progresos realizados de la    administraci&oacute;n de la isla de Cuba. Havana: Imprenta Compostela n&uacute;mero    89; 1899.p.53-73. <!-- ref --><p>10. Romay T. Homines vitam suam et amant sinul, et oderunt, Senec. Papel Peri&oacute;dico    de la Havana. 1795;87:345-47.<p>11. ___. Homines vitam suma et amant sinul, et oderunt, Senec. Papel Peri&oacute;dico    de la Havana. 1795;88:349-50. </p>     <p>12. ___. Memoria sobre la introducci&oacute;n y progresos de la vacuna en la    isla de Cuba, le&iacute;da en las juntas generales celebrada en la Sociedad    Econ&oacute;mica de la Havana. Havana: Imprenta de la Capitan&iacute;a General.    1805.p.3-28.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>13. Sigerist HE. Los grandes m&eacute;dicos. Historia biogr&aacute;fica de    la Medicina. Barcelona: Ediciones AVE. 1949.p.174-79.<!-- ref --><p>14. Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s. Acuerdos 1804; libro    3, folio 136.p.60.<!-- ref --><p>15. Trelles CM. Contribuci&oacute;n de los m&eacute;dicos cubanos a los progresos    de la medicina. Havana: A. Dorrecker. 1926.p.46-7. <p align="justify"> <span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">Licenciado en Informaci&oacute;n Cient&iacute;fico-T&eacute;cnica y  Bibliotecolog&iacute;a. Investigador Agregado. Universidad Virtual de Salud.&nbsp; Centro Nacional de Informaci&oacute;n de Ciencias  M&eacute;dicas-Infomed. Ciudad de La Habana. Cuba</a> <a name="cargo"></a></p>         ]]></body><back>
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