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<journal-title><![CDATA[Revista Cubana de Endocrinología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Obesidad: fisiología, etiopatogenia y fisiopatología]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Docente Calixto García.  ]]></institution>
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<self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1561-29532003000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1561-29532003000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1561-29532003000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[La obesidad se ha convertido en un serio problema de salud a nivel mundial, por su estrecha vinculación con las principales causas de morbimortalidad. La relación obesidad-resistencia insulínica-diabetes mellitus-hipertensión arterial adquiere cada día mayor importancia, por el papel cada vez más relevante de la obesidad en el desarrollo de cada una de ellas. Los conocimientos sobre la fisiología del mantenimiento del peso corporal, a partir de la ruptura de los mecanismos fisiológicos que dan origen a la obesidad, el descubrimiento y la caracterización de la leptina y sus mediadores, así como los factores ambientales perpetuadores de un fenómeno que tiene causas genéticas, pero que a la vez tiene condicionadores ambientales socioculturales, dan origen a este trabajo con el que nos proponemos profundizar en el tema de la obesidad como un fenómeno multifactorial con graves consecuencias clínicas.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Obesity has turned into a serious health problem worldwide because of its close link to the main causes of mortality and morbidity. The obesity-insulin resistance-diabetes mellitus-blood hypertension relationship has a greater importance today due to the ever increasingly relevant role of obesity in the onset of each of these entities. Knowledge about the physiology of body weight maintenance, on the basis of rupture of physiological mechanisms giving rise to obesity, the discovery and characterization of leptin and its mediators as well as the environmental factors that perpetuate a phenomenon which has genetic causes and are at the same time sociocultural environmental conditioners constitute the main elements of this paper aimed at delving into the topic of obesity as a multi-factor phenomenon with serious clinical consequences.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <h3>Enfoque actual    <br> </h3>     <p>Hospital Docente &quot;Calixto Garc&iacute;a&quot;    <br> </p> <h2>Obesidad: fisiolog&iacute;a, etiopatogenia y fisiopatolog&iacute;a    <br> </h2>     <p><i><a href="#cargo">Dra. Lidia Esther Rodr&iacute;guez Scull<span class="superscript">1</span>    </a><a name="autor"></a> </i></p> <h4>Resumen    <br> </h4>     <p>La obesidad se ha convertido en un serio problema de salud a nivel mundial,    por su estrecha vinculaci&oacute;n con las principales causas de morbimortalidad.    La relaci&oacute;n obesidad-resistencia insul&iacute;nica-diabetes mellitus-hipertensi&oacute;n    arterial adquiere cada d&iacute;a mayor importancia, por el papel cada vez m&aacute;s    relevante de la obesidad en el desarrollo de cada una de ellas. Los conocimientos    sobre la fisiolog&iacute;a del mantenimiento del peso corporal, a partir de    la ruptura de los mecanismos fisiol&oacute;gicos que dan origen a la obesidad,    el descubrimiento y la caracterizaci&oacute;n de la leptina y sus mediadores,    as&iacute; como los factores ambientales perpetuadores de un fen&oacute;meno    que tiene causas gen&eacute;ticas, pero que a la vez tiene condicionadores ambientales    socioculturales, dan origen a este trabajo con el que nos proponemos profundizar    en el tema de la obesidad como un fen&oacute;meno multifactorial con graves    consecuencias cl&iacute;nicas. </p>     <p><i>Palabras clave:</i> Obesidad; gen&eacute;tica; ambiente.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   La obesidad es una condici&oacute;n patol&oacute;gica, muy com&uacute;n en el    ser humano y presente desde la remota antig&uuml;edad, que persiste y se incrementa    durante siglos por factores gen&eacute;ticos y ambientales, hasta convertirse    actualmente en una pandemia con consecuencias nefastas para la salud.<span class="superscript">1</span></p>     <p>Si se eval&uacute;a la figura humana en el tiempo a trav&eacute;s de la imagen    pl&aacute;stica, se comprueba que probablemente la obra m&aacute;s antigua de    arte pl&aacute;stica conocida, representa una figura femenina con una obesidad    m&oacute;rbida: la Venus de Willendorf, que no es una sola sino m&aacute;s de    cien esculturas, la mayor&iacute;a de figuras obesas y que evidencian la presencia    de la obesidad desde hace m&aacute;s de 25 000 a&ntilde;os. Los griegos plasmaron    con precisi&oacute;n el cuerpo humano y en sus obras la obesidad no es un hecho    frecuente, m&aacute;s bien priman las figuras delgadas. Sin embargo, a medida    que las sociedades se extienden y con ellas el arte pict&oacute;rico, que no    es m&aacute;s que su reflejo, la figura humana es cada vez m&aacute;s plena,    lo que se muestra en las esculturas y pinturas de <i>Miguel Angel</i> y <i>Rafael,    Rubens, Vel&aacute;zquez</i> y <i>Goya</i> por citar algunas. Y es que el hombre,    en su largo camino a la &quot;civilizaci&oacute;n&quot;, ha abandonado, adquirido    o reformado costumbres que, junto a una base gen&eacute;tica favorable, ha originado    la explosi&oacute;n de un fen&oacute;meno que es cada vez m&aacute;s serio y    peligroso por sus consecuencias: la obesidad.</p>     <p>En la actualidad se estima el n&uacute;mero de personas obesas en el mundo    en m&aacute;s de 300 millones,<span class="superscript">2</span> con una amplia    distribuci&oacute;n mundial y una prevalencia mayor en pa&iacute;ses desarrollados    o en v&iacute;as de desarrollo.<span class="superscript">3-7,9,10 </span>Este    incremento en la prevalencia de proporciones epid&eacute;micas est&aacute; relacionado    con factores diet&eacute;ticos y con un incremento en el estilo de vida sedentario.<span class="superscript">11</span>    El aumento del consumo de grasas saturadas y de carbohidratos, la disminuci&oacute;n    de la ingesti&oacute;n de frutas, vegetales y pescado, as&iacute; como de la    actividad f&iacute;sica, que se expresa desde la ausencia de esta actividad    programada hasta el incremento del tiempo dedicado a actividades con notable    base sedentaria, como ver la televisi&oacute;n o trabajar en la computadora,    son las causas m&aacute;s importantes en el desarrollo de este problema de salud    mundial.<span class="superscript">12</span> Por otra parte, las consecuencias    de la obesidad alcanzan proporciones catastr&oacute;ficas. El riesgo de muerte    s&uacute;bita de los obesos es tres veces mayor que el de los no obesos, y es    el doble para el desarrollo de insuficiencia card&iacute;aca congestiva (ICC),    enfermedad cerebrovascular (ECV) y cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica (CI),    mientras la posibilidad de desarrollar de diabetes mellitus (DM) es 93 veces    mayor cuando el &iacute;ndice de masa corporal (IMC) pasa de 35.<span class="superscript">13</span>    Por otra parte, la obesidad tiene una relaci&oacute;n estrecha con la resistencia    a la insulina y con factores gen&eacute;ticos y ambientales probablemente comunes.    La resistencia a la insulina tiene efectos fisiopatog&eacute;nicos importantes    en el desarrollo de DM, s&iacute;ndrome metab&oacute;lico, e HTA.<span class="superscript">14</span></p>     <p>Las investigaciones realizadas a lo largo de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas    han revolucionado los conocimientos sobre los mecanismos fisiol&oacute;gicos    y moleculares que regulan la grasa y el peso corporal. La clonaci&oacute;n de    los genes que corresponden a los s&iacute;ndromes de obesidad monogen&eacute;tica    y la caracterizaci&oacute;n de las v&iacute;as determinadas a trav&eacute;s    de estos puntos de entrada gen&eacute;ticos, el descubrimiento de la leptina,    su receptor y el receptor de la melanocortina,<span class="superscript">4</span>    as&iacute; como la comprobaci&oacute;n, con la utilizaci&oacute;n de la biolog&iacute;a    molecular de la acci&oacute;n de diversos mediadores hormonales implicados en    el mantenimiento del peso corporal, han contribuido a la comprensi&oacute;n    de los elementos fisiol&oacute;gicos de este, as&iacute; como a los factores    etiol&oacute;gicos y patog&eacute;nicos de la obesidad. A esto debe a&ntilde;adirse    el gran salto dado por las ciencias epidemiol&oacute;gicas y farmacol&oacute;gicas    con los estudios evidenciales, y la participaci&oacute;n de forma decisiva en    la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno y de sus consecuencias, con la b&uacute;squeda    de pautas para su soluci&oacute;n. </p>     <p>Por la importancia que adquiere la obesidad como fuente de graves problemas,    asociada a las principales causas de muerte y discapacidad, al caudal enorme    de conocimientos que sobre este aspecto se ha acumulado y el est&iacute;mulo    que puede significar para su estudio, control y prevenci&oacute;n, nos proponemos    hacer una revisi&oacute;n acerca de los mecanismos que la originan y perpet&uacute;an.</p> <h6>Antecedentes</h6>     <p>La obesidad se define como un exceso de grasa corporal o tejido adiposo.<span class="superscript">10</span>    Desde el punto de vista pr&aacute;ctico se considera el &iacute;ndice de masa    corporal (IMC) el m&eacute;todo ideal para el diagn&oacute;stico de la obesidad,    por su buena correlaci&oacute;n con la grasa corporal total.    <br> </p>     <p>El IMC es igual al peso corporal en kilogramos, dividido entre la talla en    metros cuadrados (IMC = peso en kg/ talla en m<span class="superscript">2</span>).    Se considera ideal un IMC entre 20 y 25; sobrepeso entre 25 y 29,9; obesidad    grado I de 30 a 34,9 de IMC; obesidad grado <font face="Symbol">II</font> de    35 a 39,9 de IMC y obesidad grado <font face="Symbol">III</font>, extrema o    m&oacute;rbida, con un IMC mayor de 40.<span class="superscript">15</span> Esta    clasificaci&oacute;n no es arbitraria, sino el resultado de estudios que demuestran    que por encima de 25 de IMC aumentan las probabilidades de eventos relacionados    con la enfermedad ateroscler&oacute;tica y sus consecuencias, como son los cardiovasculares    y cerebrovasculares, y las alteraciones metab&oacute;licas como la resistencia    a la insulina, la diabetes mellitus, las alteraciones de los l&iacute;pidos    y la hipertensi&oacute;n arterial, sin mencionar las neoplasias y los trastornos    del tractus gastrointestinal.<span class="superscript">13</span></p>     <p>Existen otras formas para diagnosticar la obesidad, como la medici&oacute;n    de los pliegues cut&aacute;neos en diferentes sitios, con ecuaciones y nomogramas    para la conversi&oacute;n del grosor del pliegue en grasa y que se expresa en    el porcentaje de grasa corporal que debe ser no mayor de 28 % en la mujer y    no mayor del 20 % en el hombre. Se requieren cuatro pliegues para estas mediciones,    que son los del b&iacute;ceps, tr&iacute;ceps, subescapular y suprail&iacute;aco,    aunque es tambi&eacute;n &uacute;til la medici&oacute;n de solo dos. Una forma    menos complicada es la utilizaci&oacute;n aislada del tr&iacute;ceps, que se    considera normal en la mujer por debajo de 30 mm y en el hombre de 23 mm. Esto    tiene su explicaci&oacute;n a partir de la consideraci&oacute;n de que aproximadamente    el 50 % de la grasa corporal se encuentra en el tejido celular subcut&aacute;neo.<span class="superscript">16,17</span>    La medici&oacute;n de los pliegues tiene el inconveniente de que la distribuci&oacute;n    de la grasa difiere en individuos con igual cantidad de tejido adiposo y que    en ciertas formas de obesidad, la grasa tiene una distribuci&oacute;n generalizada,    mientras en otras es fundamentalmente abdominal. Por otra parte, la relaci&oacute;n    grasa subcut&aacute;nea/grasa profunda (visceral) puede ser de 0,1 a 0,7, adem&aacute;s    de que la grasa corporal aumenta con la edad, no as&iacute; el grosor del pliegue.<span class="superscript">18</span>    Tambi&eacute;n existen otros m&eacute;todos como son la medici&oacute;n de la    densidad corporal por is&oacute;topo-diluci&oacute;n, la conductividad el&eacute;ctrica    bajo el agua, la tomograf&iacute;a axial computarizada y la resonancia magn&eacute;tica    nuclear, que son directos y precisos, pero complicados, poco pr&aacute;cticos    y costosos, confinados por eso a la investigaci&oacute;n. Adem&aacute;s, no    consideran el car&aacute;cter anat&oacute;mico, la distribuci&oacute;n de la    grasa y las consecuencias cl&iacute;nicas, que es lo que brinda valor pron&oacute;stico.<span class="superscript">19</span></p>     <p> La medida del &iacute;ndice cintura - cadera, al ser expresi&oacute;n de la    cantidad de grasa intra-abdominal, ha adquirido un valor predictivo importante    de riesgo de alteraciones y consecuencias metab&oacute;licas de la obesidad,    por lo cual su uso como diagn&oacute;stico de obesidad casi iguala en importancia    al IMC. Se determina dividiendo la circunferencia a nivel del ombligo y el m&aacute;ximo    de circunferencia de las caderas y los gl&uacute;teos. Este &iacute;ndice es    mayor en el hombre que en la mujer, precisamente por la distribuci&oacute;n    de la grasa en ambos sexos y tiende adem&aacute;s a aumentar con la edad. Un    &iacute;ndice mayor de 0,95 en el hombre y de 0,80 en la mujer es predictor    de aumento del riesgo de anormalidades metab&oacute;licas;<span class="superscript">20,21</span>    Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es considerada la circunferencia    de la cintura el mejor marcador de sobrepeso y obesidad, por expresar una relaci&oacute;n    muy estrecha con la grasa abdominal, responsable en mayor medida, de las consecuencias    metab&oacute;licas directas relacionadas con la obesidad.<span class="superscript">15,21</span>    Una circunferencia de la cintura mayor de 94 mm en el hombre y de 80 mm en la    mujer, es diagn&oacute;stico de sobrepeso u obesidad abdominal aun cuando el    IMC no lo evidencie, y resulta un marcador important&iacute;simo de futuras    complicaciones; por lo tanto, es un punto de partida para la intervenci&oacute;n    m&eacute;dica, sobre todo si se asocian otros factores de riesgo como la hipertensi&oacute;n    arterial (HTA), la diabetes mellitus (DM), o las alteraciones lip&iacute;dicas    (HLP).<span class="superscript">21-24</span></p> <h6>Fisiolog&iacute;a</h6>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con la primera ley de la termodin&aacute;mica, la obesidad es el    resultado del desequilibrio entre el consumo y el aporte de energ&iacute;a.<span class="superscript">19</span>    La energ&iacute;a que el organismo utiliza proviene de 3 fuentes: carbohidratos,    prote&iacute;nas y grasas. La capacidad de almacenar carbohidratos en forma    de gluc&oacute;geno, igual que la de prote&iacute;nas, es limitada. Solo los    dep&oacute;sitos de grasas se pueden expandir con facilidad para dar cabida    a niveles de almac&eacute;n superiores a las necesidades. Los alimentos que    no se consumen como energ&iacute;a, se almacenan, y por lo tanto, es la grasa    la principal fuente de almac&eacute;n y origen de la obesidad. Los carbohidratos    son el primer escal&oacute;n en el suministro de energ&iacute;a. Cuando el consumo    de carbohidratos excede los requerimientos, estos se convierten en grasas. En    ausencia o con niveles muy bajos de gl&uacute;cidos, y con necesidades energ&eacute;ticas    presentes, las prote&iacute;nas a trav&eacute;s de los amino&aacute;cidos son    utilizadas para la producci&oacute;n de energ&iacute;a o para la movilizaci&oacute;n,    utilizaci&oacute;n y almacenamiento de las grasas, proceso conocido como gluconeog&eacute;nesis,    en el cual los amino&aacute;cidos con esqueleto de carbono son convertidos,    por m&uacute;ltiples reacciones, en piruvato, que a su vez va a derivar en glucosa.    Esta glucosa neoformada es oxidada o utilizada para la formaci&oacute;n de triglic&eacute;ridos    mediante su conversi&oacute;n a glicerol.<span class="superscript">25 </span>Las    grasas que se ingieren son utilizadas primeramente como fuente de almac&eacute;n    en forma de triglic&eacute;ridos en el adiposito, o para la producci&oacute;n    de hormonas y sus componentes celulares. Una vez que los almacenes primarios    de energ&iacute;a hayan agotado sus reservas f&aacute;cilmente disponibles,    son las grasas las encargadas de suministrar la energ&iacute;a necesaria y se    movilizan de sus dep&oacute;sitos, proceso en el cual participan activamente    las prote&iacute;nas.<span class="superscript">26</span></p>     <p>De este modo, el cuerpo humano cumple las leyes f&iacute;sicas representadas    por este primer principio de la termodin&aacute;mica, seg&uacute;n el cual la    energ&iacute;a ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Todo exceso de    energ&iacute;a introducida cambia la energ&iacute;a interna del organismo y    se transforma en energ&iacute;a qu&iacute;mica, y como principal almac&eacute;n    est&aacute; el tejido graso. Un ingreso energ&eacute;tico (IE) mayor que el    gasto o consumo energ&eacute;tico total (CET), inevitablemente causar&aacute;    un aumento del tejido adiposo, que siempre se acompa&ntilde;a del incremento    de la masa magra, as&iacute; como tambi&eacute;n del peso corporal, en cuyo    control el CET desempe&ntilde;a una funci&oacute;n importante. </p>     <p>El CET guarda relaci&oacute;n con la masa magra corporal y la mezcla metab&oacute;lica    oxidada est&aacute; relacionada con los alimentos ingeridos, la capacidad de    adaptaci&oacute;n del cuerpo y la velocidad de consumo energ&eacute;tico. Para    mantener el equilibrio energ&eacute;tico, es necesario oxidar la mezcla de combustible    ingerida. Cualquier desviaci&oacute;n ya sea mayor o menor, provocar&aacute;    un desbalance. </p>     <p>Por lo tanto, el peso corporal puede variar en relaci&oacute;n con la ingesti&oacute;n    (IE) y/o el GET, que es igual al consumo energ&eacute;tico en reposo o basal    (CEB) m&aacute;s el consumo energ&eacute;tico durante la actividad f&iacute;sica    (CEA) m&aacute;s el consumo energ&eacute;tico en la termog&eacute;nesis (CET):<span class="superscript">27</span>    <br> </p>     <p align="center">CET = CEB + CEA + CET.    <br> </p>     <p>El consumo energ&eacute;tico basal (CEB) representa hasta el 70 % del CET<span class="superscript">19</span>    y depende, a su vez, del peso corporal total, del per&iacute;odo en que se encuentre    el individuo ya sea ayuno, sobrealimentado, en restricci&oacute;n diet&eacute;tica    u obeso, porque para cualquiera de estos estados existe un sistema de regulaci&oacute;n    preciso, cuya funci&oacute;n es mantener el peso corporal. Las variaciones en    el peso corporal llevan aparejados cambios en el CEB. El aumento de peso se    produce en 2/3 a expensas del tejido adiposo, y 1/3 de masa magra; el CEB de    estos tejidos es de 5 cal/kg y 40cal/kg, respectivamente<span class="superscript">27</span>    y como el aumento de peso no es solo dependiente del tejido graso, se produce    invariablemente un aumento del gasto energ&eacute;tico encaminado al mantenimiento    del nuevo equilibrio establecido por el sistema. Pero mientras no existe un    l&iacute;mite superior para la ganancia a expensas del tejido graso, s&iacute;    lo hay para la masa magra, que es de hasta 100 kg en el hombre y 70 en la mujer,<span class="superscript">19    </span>de forma que, una vez llegado a ese l&iacute;mite, futuras ganancias    de peso ser&aacute;n a expensas del tejido adiposo. Lo contrario ocurre con    la p&eacute;rdida de peso, que aunque est&aacute; basada en la p&eacute;rdida    de grasa, tambi&eacute;n se pierde masa no grasa, lo que provocar&aacute; una    ca&iacute;da del consumo energ&eacute;tico, proporcional a la p&eacute;rdida    de estas, cuyo fin es mantener el equilibrio. Es decir, las variaciones en el    consumo energ&eacute;tico basal que dependen del peso corporal, imponen un ritmo    para mantener este &uacute;ltimo, pero a su vez determinan, junto al ingreso    energ&eacute;tico, ganancias o p&eacute;rdidas; mientras mayor es el peso corporal    a expensas de tejido graso por aumento del ingreso energ&eacute;tico, menor    es el consumo energ&eacute;tico, y un consumo energ&eacute;tico basal bajo es    un buen predictor de futuras ganancias de peso.<span class="superscript">28</span>    La cantidad de energ&iacute;a consumida durante la actividad f&iacute;sica representa    el 20 % del GET y est&aacute; en relaci&oacute;n con el peso corporal y con    la edad, con la cual esta tiende a disminuir, as&iacute; como con el IG<span class="superscript">.19,27</span>    Para un IG estable, los cambios en el nivel de la actividad f&iacute;sica traen    como consecuencia variaciones en el peso corporal. De este modo, la actividad    f&iacute;sica representa la forma de gasto m&aacute;s variable de la ecuaci&oacute;n,    de forma que aunque represente aproximadamente el 20 % del GET, puede llegar    a ser el 80 % como se ve en los deportistas de alto rendimiento.<span class="superscript">27</span>    El efecto termoenerg&eacute;tico de los alimentos est&aacute; constituido por    el gasto en la masticaci&oacute;n, tr&aacute;nsito, digesti&oacute;n, absorci&oacute;n    y metabolismo y por el efecto termog&eacute;nico de los alimentos en forma de    termog&eacute;nesis adaptativa, ambos controlados por el sistema simp&aacute;tico,    y determina el 10 % restante del GET.<span class="superscript">29</span> Una    forma peculiar de termog&eacute;nesis es la producida por el h&aacute;bito de    fumar, y es por eso que el abandono de este debe ir acompa&ntilde;ado de una    disminuci&oacute;n del ingreso con vista a evitar una ganacia de peso provocada    por una disminuci&oacute;n del CET.<span class="superscript">27</span> La termog&eacute;nesis    adaptativa es una forma de gasto energ&eacute;tico en forma de calor que tiene    lugar en el tejido adiposo pardo, y que cumple un importante papel en algunos    mam&iacute;feros, sobre todo en los que hibernan, y que el hombre en su largo    camino evolutivo casi lo perdi&oacute; y qued&oacute; confinado solo a los reci&eacute;n    nacidos y a los adultos en una m&iacute;nima proporci&oacute;n. El tejido adiposo    pardo o marr&oacute;n es altamente especializado en la producci&oacute;n de    calor. Est&aacute; muy vascularizado, y en sus mitocondrias la llamada prote&iacute;na    de desacoplamiento de la grasa parda UCP1 desacopla la fosforilaci&oacute;n    oxidativa, y el resultado de esto es la conversi&oacute;n de energ&iacute;a    en calor. </p>     <p>Recientemente se han descubierto dos nuevas prote&iacute;nas de desacoplamiento    UCP 2 y 3 que se expresan en m&aacute;s alto grado en el humano adulto.<span class="superscript">30</span>    Este tejido tiene una importante inervaci&oacute;n simp&aacute;tica y su papel    termog&eacute;nico se ve incrementado espec&iacute;ficamente por la estimulaci&oacute;n    de los Beta 3 receptores exclusivos del tejido graso, y su estimulaci&oacute;n    produce cambios en su estructura, lo que promueve la generaci&oacute;n de calor    en respuesta al fr&iacute;o y la ingesta.<span class="superscript">27</span>    Por otra parte, la deficiencia en roedores de este tejido, produce obesidad.    En el hombre, la distribuci&oacute;n y la cantidad es muy escasa y su papel    en la obesidad est&aacute; en estudio. </p>     <p>En la regulaci&oacute;n del gasto energ&eacute;tico y de la ingesta participan    el sistema nervioso, el sistema digestivo y el adiposito. Este &uacute;ltimo    ser&aacute; abordado, en primer lugar y de forma especial, porque un cambio    en la concepci&oacute;n de esta c&eacute;lula de solo almacenador de energ&iacute;a    en forma de triglic&eacute;ridos, hacia la comprensi&oacute;n de este como todo    un &oacute;rgano, ha revolucionado los estudios y el manejo de la obesidad como    enfermedad.<span class="superscript">31</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El adipocito es una c&eacute;lula altamente diferenciada con tres funciones:    almac&eacute;n, liberaci&oacute;n de energ&iacute;a y endocrino metab&oacute;lica.    Puede cambiar su di&aacute;metro veinte veces, y su volumen mil. Deriva de su    precursor: el adipoblasto, indistinguible a simple vista del fibroblasto, y    es identificado por genes y prote&iacute;nas espec&iacute;ficas, como el factor    gamma de proliferaci&oacute;n y activaci&oacute;n capaz de llevar los fibroblastos    indiferenciados a diferenciarse como adipositos.<span class="superscript">19</span>    El adiposito secreta una serie de sustancias con funciones diversas y con implicaciones    cl&iacute;nicas importantes, como son: factor de necrosis tumoral alfa, prote&iacute;na    C, mol&eacute;cula de adhesi&oacute;n intercelular, factor de VWV, angiotensin&oacute;geno,    inhibidores del activador del plasmin&oacute;geno<span class="superscript">    1,</span> adiponectin, resistin, etc<span class="superscript">.32</span> Es,    sin embargo, el descubrimiento de la leptina y de los genes que regulan su producci&oacute;n    desde el adiposito, lo que ha originado la gran revoluci&oacute;n en el conocimiento    de la regulaci&oacute;n ingesta-gasto y, por lo tanto, en la evaluaci&oacute;n    de la obesidad aun cuando el camino por recorrer es todav&iacute;a largo.</p>     <p>La leptina es la se&ntilde;al aferente de grasa mejor conocida y el mejor candidato    a ser la fundamental se&ntilde;al de comunicaci&oacute;n al sistema nervioso    central de la informaci&oacute;n sobre la grasa corporal.</p>     <p>Esta citosina producida fundamentalmente por el tejido adiposo, pero tambi&eacute;n    en menor medida por la placenta y el est&oacute;mago, disminuye la ingesti&oacute;n    de alimentos e incrementa el gasto energ&eacute;tico. Este p&eacute;ptido ejerce    sus efectos a trav&eacute;s de un receptor: el de la leptina, ubicado en las    neuronas del n&uacute;cleo infundibular del hipot&aacute;lamo, con las siguientes    consecuencias:</p> <ol>       <li> Disminuci&oacute;n de la secreci&oacute;n de neurop&eacute;ptido Y, que      es el m&aacute;s potente estimulador del apetito.</li>       <li> Disminuci&oacute;n de la secreci&oacute;n de la prote&iacute;na relacionada      con el agut&iacute;. En ingl&eacute;s Agouti related protein, descrita primeramente      en roedores, en los cuales las mutaciones dominantes originan obesidad, resistencia      a la insulina, hiperleptinemia y color amarillo, y que fue posteriormente      caracterizada en el hipot&aacute;lamo humano. Esta prote&iacute;na es un antagonista      de los receptores de la melanocortina 1 y 4, que son reguladores del apetito.</li>       <li>Aumento de la secreci&oacute;n de la propia melanocortina, el precursor      de la hormona alfa melanotropina, que reduce la ingesti&oacute;n de alimentos.</li>       <li>Aumento de la secreci&oacute;n de producto pept&iacute;dico regulado por      coca&iacute;na- anfetamina (CART), que produce un incremento del gasto y una      disminuci&oacute;n de la ingesti&oacute;n. </li>     </ol>     <p>La leptina, adem&aacute;s de estas v&iacute;as, a trav&eacute;s del hipot&aacute;lamo    utiliza el sistema nervioso simp&aacute;tico para sus efectos por su estimulaci&oacute;n    en la liberaci&oacute;n de tirotropina,<span class="superscript">33</span> pero    el sistema nervioso simp&aacute;tico no participa en la regulaci&oacute;n del    gasto ni de la ingesta; solo por mediaci&oacute;n de la leptina, los receptores    noradren&eacute;rgicos tambi&eacute;n modulan el peso corporal. La estimulaci&oacute;n    de lo receptores alfa1 y beta 3 por la noradrenalina disminuye la ingesta y    aumenta el consumo energ&eacute;tico, mientras que la acci&oacute;n sobre otros    tipos de receptores, como los alfa 2A, 2B y 2C, tienen un efecto contrario.<span class="superscript">34</span></p>     <p>El sistema nervioso parasimp&aacute;tico eferente (vagal), por su parte, modula    el metabolismo hep&aacute;tico, la secreci&oacute;n de insulina y el vaciamiento    g&aacute;strico, y participa tambi&eacute;n en el control del peso corporal.    La disminuci&oacute;n de la glucemia precede hasta el 50 % de las comidas en    los animales y de los seres humanos. Cuando este fen&oacute;meno, que es independiente    del nivel de partida del descenso de la glucosa, se bloquea, se retrasa la toma    de alimentos.<span class="superscript">35 </span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Los est&iacute;mulos olfatorios y gustativos producidos por el alimento participan    en la regulaci&oacute;n de la ingesta. Todas estas se&ntilde;ales perif&eacute;ricas    son integradas en el sistema nervioso con la consecuente liberaci&oacute;n de    neurotransmisores. Estos neurotransmisores pueden aumentar o disminuir la ingesti&oacute;n    de alimentos, y muchos tienen especificidad para macronutientes. De ellos uno    de los m&aacute;s estudiados es la serotonina. Los receptores de la serotonina    modulan tanto la cantidad de alimento como la selecci&oacute;n de los macronutrientes.    La estimulaci&oacute;n de estos en el hipot&aacute;lamo reduce la ingesti&oacute;n    en general y de las grasas en particular, con poco efecto sobre carbohidratos    y prote&iacute;nas.<span class="superscript">36</span> El neurop&eacute;ptido    Y aumenta la ingesti&oacute;n de alimentos y es el m&aacute;s potente de los    neutransmisores en la acci&oacute;n anab&oacute;lica.<span class="superscript">33,37</span>    El sistema de la melanocortina y los receptores opi&aacute;ceos tambi&eacute;n    reducen la ingesti&oacute;n con especificidad para las grasas.<span class="superscript">38</span></p>     <p>Por su parte, los p&eacute;ptidos intestinales modulan tambi&eacute;n la cantidad    de alimentos. Por ejemplo, la colecistocinina, el p&eacute;ptido liberador de    gastrina, la neuromedina b y la bombesina<span class="superscript">39-41</span>    disminuyen la ingesti&oacute;n de alimentos. El p&eacute;ptido af&iacute;n al    glucag&oacute;n, producido por las c&eacute;lulas L del intestino, es un muy    potente insulin&oacute;tropo, al estimular la secreci&oacute;n de insulina por    las c&eacute;lulas beta del p&aacute;ncreas dependiente de la ingesta, as&iacute;    como su neog&eacute;nesis y la bios&iacute;ntesis de proinsulina. Tiene adem&aacute;s    la capacidad de disminuir la secreci&oacute;n de glucag&oacute;n, el vaciamiento    y la secreci&oacute;n g&aacute;strica, lo que con disminuci&oacute;n de la concentraci&oacute;n    de glucosa en sangre y de la respuesta a la insulina lleva a un incremento de    la sensaci&oacute;n de saciedad y una disminuci&oacute;n de la ingesta.<span class="superscript">6,29,42,43</span>    El p&aacute;ncreas endocrino ofrece la insulina como hormona reguladora del    peso y del metabolismo por excelencia, lo que favorece la utilizaci&oacute;n    de la glucosa y los l&iacute;pidos por los tejidos, disminuye la producci&oacute;n    hep&aacute;tica de glucosa, y como resultado de esto proporciona la optimizaci&oacute;n    en el empleo de las prote&iacute;nas al balancear positivamente el anabolismo.  </p>     <p>El glucag&oacute;n, tambi&eacute;n producido por el p&aacute;ncreas, estimula    la degradaci&oacute;n del gluc&oacute;geno y la gluconeog&eacute;nesis<span class="superscript">44</span>    lo que favorece el catabolismo. Por su parte, la porci&oacute;n exocrina aporta    la enterostatina (se&ntilde;al pept&iacute;dica de la colipasa pancre&aacute;tica)    la cual disminuye la ingesti&oacute;n de grasa y produce saciedad.<span class="superscript">45</span></p>     <p>Los sistemas eferentes de control del peso corporal son el motor para la adquisici&oacute;n    de alimentos, el endocrino y el neurovegetativo. </p>     <p>El sistema endocrino est&aacute; representado por las hormonas del crecimiento,    las tiroideas, las gonadales, los glucorticoides y la insulina.</p>     <p>Durante la etapa del desarrollo, la hormona del crecimiento y las tiroideas    trabajan al un&iacute;sono para aumentar el crecimiento. En la pubertad comienzan    a funcionar los esteroides gonadales, los que provocan desplazamiento en la    proporci&oacute;n de la grasa respecto al peso corporal magro en ni&ntilde;os    y ni&ntilde;as. La testosterona aumenta el peso corporal magro y en relaci&oacute;n    con la grasa y los estr&oacute;genos tienen un efecto contrario. Los niveles    de testosterona disminuyen cuando el var&oacute;n humano se hace mayor, y provocan    un aumento de la grasa visceral y corporal total, con disminuci&oacute;n del    peso corporal magro. Con la edad, esto se complica con la disminuci&oacute;n    de la hormona del crecimiento, que se acompa&ntilde;a de aumento de la grasa    corporal.<span class="superscript">46</span></p>     <p>Los glucorticoides suprarrenales tienen una acci&oacute;n importante en el    control neuroendocrino de la toma de alimentos y el consumo energ&eacute;tico,    y son cruciales para el desarrollo y el mantenimiento de la obesidad.<span class="superscript">47</span></p>     <p>La insulina es un importante modulador del peso corporal por su acci&oacute;n    lipog&eacute;nica y antilipol&iacute;tica, y por su papel en el desarrollo de    la obesidad.<span class="superscript">48</span></p>     <p>El sistema neurovegetativo completa el c&iacute;rculo en el control del peso    como regulador de las secreciones hormonales y de la termog&eacute;nesis.<span class="superscript">46</span>    Cuando todos estos sistemas, se&ntilde;ales y genes funcionan correctamente    y est&aacute;n bien modulados por un ambiente favorable, el peso corporal permanece    estable o con pocas variaciones anuales. Cuando este equilibrio de fuerzas se    quiebra por motivos diversos, aparece la obesidad (fig. 1).</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/end/v14n2/f0106203.jpg"><img src="/img/revistas/end/v14n2/f0106203.jpg" width="252" height="168" border="0"></a>    
]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p align="center">CEB: Gasto energ&eacute;tico basal.    <br>   TEA: Termog&eacute;nesis adaptativa.    <br>   SNS: Sistema nervioso simp&aacute;tico.    <br>   SD: Sistema digestivo.    <br>   H .CREC: Hormona del crecimiento.    <br>   H. TIROD: Hormona tiroidea.    <br>   H. GONAD: Hormonas gonadales.    <br>   H. SEDENT: H&aacute;bito sedentario.    <br>   EST. SUPR: Esteroides suprarrenales.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   DIET HIPERC: Dieta hipercal&oacute;rica.</p>     <p align="center">FIG. 1. Mantenimiento del peso corporal y equilibrio de factores.</p>     <p></p> <h6>    <br>   Etiopatogenia de la obesidad</h6>     <p>La proporci&oacute;n y cantidad de alimentos ingeridos, como carbohidratos,    prote&iacute;nas y grasas, est&aacute; destinada a convertirse en energ&iacute;a    y en elementos celulares, o a almacenarse en forma de grasa.</p>     <p>Los elementos de la columna izquierda de la figura 1 favorecen el gasto energ&eacute;tico    y el mantenimiento o la p&eacute;rdida de peso corporal. los de la derecha,    disminuyen el gasto, promueven el almac&eacute;n de energ&iacute;a y con esto    la obesidad. Ambos est&aacute;n influenciados por los neurotransmisores, y en    ellos el sistema nervioso simp&aacute;tico tiene activa participaci&oacute;n.</p>     <p>Con los conocimientos actuales de la fisiolog&iacute;a, la gen&eacute;tica,    la biolog&iacute;a molecular y los estudios epidemiol&oacute;gicos evidenciales,    podemos establecer que la etiopatogenia de la obesidad es un fen&oacute;meno    complejo. A simple vista, la teor&iacute;a de un aumento cr&oacute;nico de la    ingesta en relaci&oacute;n con el gasto es simple, ya que la obesidad es un    trastorno especifico y heterog&eacute;neo por su origen, en el cual est&aacute;n    implicados factores gen&eacute;ticos y ambientales.</p> <h6>Factores gen&eacute;ticos</h6>     <p>La identificaci&oacute;n de la mutaci&oacute;n ob en ratones gen&eacute;ticamente    obesos ob/ob, representa el punto de partida documentado de la acci&oacute;n    de los genes en la obesidad. Estos ratones desarrollan obesidad, insulino-resistencia,    hiperfagia y un metabolismo eficiente (engordan con la misma dieta que los ratones    delgados). El gen ob es el responsable de la producci&oacute;n de leptina y    se expresa igualmente en humanos, lo que es descrito en varias familias con    obesidad temprana, acompa&ntilde;ada de alteraciones neuroendocrinas como hipogonadismo    hipogonadotr&oacute;pico. Lo mismo sucede con la mutaci&oacute;n del gen db    responsable de la codificaci&oacute;n del receptor de la leptina y tambi&eacute;n    encontrada en humanos.<span class="superscript">49</span></p>     <p>Existen otras evidencias de la participaci&oacute;n de los genes en el origen    de la obesidad como son: mutaciones en el gen humano que codifica la proopiomelanocortin    (POMC), produce obesidad severa por fallo en la s&iacute;ntesis de alfa MSH,    el neurop&eacute;ptido que se produce en el hipot&aacute;lamo, e inhibe el apetito.    La ausencia de POMC causa insuficiencia suprarrenal por d&eacute;ficit de la    hormona Adrenocorticotr&oacute;pica (ACTH), palidez cut&aacute;nea y pelo rojo    por ausencia de alfa MSH.<span class="superscript">50</span> Otros estudios    gen&eacute;ticos en roedores muestran varios candidatos para mediadores moleculares    de la obesidad. El gen fat codifica la carboxipeptidasa E, una enzima procesadora    de p&eacute;ptidos, que participa en el procesamiento de hormonas y neurip&eacute;ptidos,    y la mutaci&oacute;n de este gen causa obesidad en ratones.<span class="superscript">51</span>    La prote&iacute;na relacionada con el agut&iacute; (AGRP) se expresa con el    NPY en el hipot&aacute;lamo y antagoniza la acci&oacute;n de la alfa MSH en    los receptores MC4; la mutaci&oacute;n del gen agut&iacute; produce obesidad    por una expresi&oacute;n ect&oacute;pica de la prote&iacute;na relacionada con    el agut&iacute;.<span class="superscript">52</span> Por otra parte, una mutaci&oacute;n    en los genes que codifican el peroxisome - proliferator activated receptor gamma    (PPAR gamma) un factor de trascripci&oacute;n del adiposito necesario para la    adipog&eacute;nesis, ha sido relacionado con la obesidad en individuos alemanes.<span class="superscript">53</span>    Dos s&iacute;ndromes raros, pero conocidos y con base gen&eacute;tica, tienen    entre sus componentes fundamentales la obesidad: el s&iacute;ndrome de Prader    Willi, que se caracteriza por baja estatura, retraso mental, hipogonadismo hipogonadotr&oacute;pico,    hipoton&iacute;a, pies y manos peque&ntilde;as, boca de pescado e hiperfagia,    y en la mayor&iacute;a de los casos tiene una delecci&oacute;n del cromosoma    15 y el s&iacute;ndrome de Laurence-Moon Biedl, con retraso mental, retinosis    pigmentaria, polidactilia e hipogonadismo hipogonadotr&oacute;pico.<span class="superscript">54</span>    Lo mismo sucede con otros s&iacute;ndromes raros con base gen&eacute;tica como    son los de Alstron, de Bardet-Biedl<i>,</i> de Carpenter y de<i> </i>Cohen<i>.    </i></p>     <p>Todos estos hechos, junto a la evidencia de que los gemelos homocig&oacute;ticos,    aun cuando crezcan separados, sus pesos siempre son parecidos y que el peso    de los hijos casi siempre es parecido al de sus padres biol&oacute;gicos, incluso    cuando hayan sido adoptados, apoyan el papel de los genes en la etiolog&iacute;a    de la obesidad. A su vez, los familiares de primer grado de los individuos con    obesidad de comienzo en la ni&ntilde;ez, tienen el doble de probabilidades de    ser obesos que aquellos con obesidad de comienzo en la adultez. Adem&aacute;s,    aun cuando la obesidad m&aacute;s frecuente no siga un patr&oacute;n mendeliano,    parece ser que los genes contribuyen hasta en un 30 % en el nivel de grasa visceral,    no as&iacute; a la subcut&aacute;nea.<span class="superscript">55</span> Tambi&eacute;n    est&aacute; el hecho de que una predisposici&oacute;n gen&eacute;tica a la obesidad    pudiera ser el resultado de la herencia de una eficiencia metab&oacute;lica    alta, ya que el nivel de metabolismo basal tiene un componente gen&eacute;tico.<span class="superscript">56</span>    Despu&eacute;s de ajustar la tasa metab&oacute;lica para tejido magro, edad    y sexo, el 40 % de variaci&oacute;n restante tambi&eacute;n tiene un importante    componente gen&eacute;tico.<span class="superscript">57</span> En resumen, todo    parece indicar que en la mayor&iacute;a de los casos, la obesidad responde a    la interacci&oacute;n de m&uacute;ltiples genes y del ambiente.</p> <h6>Factores ambientales</h6>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La evidencia de que el hambre evita o revierte la obesidad, aun en las personas    con gran carga gen&eacute;tica, junto a su incremento en los pa&iacute;ses industrializados    o en v&iacute;as de desarrollo en los cuales la dieta es rica en grasas y carbohidratos,    y los h&aacute;bitos sedentarios han aumentado con el desarrollo econ&oacute;mico,    se muestra a favor del factor ambiental en su origen y desarrollo.<span class="superscript">58</span>    Otro hecho relevante lo representa el incremento epid&eacute;mico de la obesidad    en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, que no puede ser explicado por alteraciones    gen&eacute;ticas poblacionales desarrolladas en tan corto tiempo. Por otra parte,    a medida que la pobreza ha disminuido en pa&iacute;ses industrializados o en    v&iacute;as de desarrollo, ha aumentado en forma proporcional la obesidad. Lo    cierto es que el desarrollo econ&oacute;mico trae aparejado problemas sociol&oacute;gicos    importantes: aumenta la vida sedentaria al disponerse de medios de transporte,    elevadores, equipos electrodom&eacute;sticos diversos, incluido el uso del control    remoto y el tiempo destinado a ver televisi&oacute;n o trabajar en el computador;    a su vez, la actividad f&iacute;sica programada, aunque se practique quiz&aacute;s    con mayor frecuencia e intensidad, no es siempre por los m&aacute;s sedentarios,    y la mayor&iacute;a de las veces est&aacute; seguida de un per&iacute;odo de    actividad sedentaria. Tambi&eacute;n se suman la comercializaci&oacute;n de    comidas altas en calor&iacute;as y bajas en nutrientes, el aumento en la frecuencia    de estas por su f&aacute;cil accesibilidad, el aumento en la ingesti&oacute;n    de grasas saturadas y la disminuci&oacute;n en el aporte de comidas sanas, como    los vegetales, frutas, pescado y cereales, cuyo costo y tiempo de preparaci&oacute;n    puede ser mayor que el de la comida f&aacute;cil. Todo esto, unido a efectos    psicol&oacute;gicos de la vida moderna con sus grandes conflictos, ayudan y    perpet&uacute;an el incremento del fen&oacute;meno.</p> <h6>Fisiopatolog&iacute;a de la obesidad</h6>     <p>Sea cual sea la etiolog&iacute;a de la obesidad, el camino para su desarrollo    es el mismo, un aumento de la ingesti&oacute;n y/o una disminuci&oacute;n del    gasto energ&eacute;tico.<span class="superscript">59</span> Los l&iacute;pidos    procedentes de la dieta o sintetizados a partir de un exceso de carbohidratos    de la dieta, son transportados al tejido adiposo como quilomicrones o lipoprote&iacute;nas    de muy baja densidad (VLDL). Los triglic&eacute;ridos de estas part&iacute;culas    son hidrolizados por la lipoproteinlipasa localizada en los capilares endoteliales,    introducidos en el adiposito y reesterificados como triglic&eacute;ridos tisulares.    Durante los per&iacute;odos de balance positivo de energ&iacute;a, los &aacute;cidos    grasos son almacenados en la c&eacute;lula en forma de triglic&eacute;ridos;    por eso, cuando la ingesti&oacute;n supera el gasto, se produce la obesidad.<span class="superscript">60</span>    En la medida en que se acumulan l&iacute;pidos en el adiposito, este se hipertrofia    y en el momento en que la c&eacute;lula ha alcanzado su tama&ntilde;o m&aacute;ximo,    se forman nuevos adipositos a partir de los preadipocitos o c&eacute;lulas adiposas    precursoras, y se establece la hiperplasia. El paciente muy obeso que desarrolla    hiperplasia y comienza a adelgazar, disminuir&aacute; el tama&ntilde;o de los    adipositos, pero no su n&uacute;mero.<span class="superscript">26</span> Este    hecho tiene una relevancia especial en la obesidad de temprano comienzo, en    la ni&ntilde;ez o la adolescencia, en la cual prima la hiperplasia sobre la    hipertrofia, y como resultado es m&aacute;s dif&iacute;cil su control, pues    hay una tendencia a recuperar el peso perdido con gran facilidad y de ah&iacute;    la importancia de la vigilancia estrecha en el peso de los ni&ntilde;os y adolescentes,    porque las consecuencias pueden ser graves.</p>     <p>En el caso de la obesidad de comienzo en la adultez, predomina la hipertrofia    sobre la hiperplasia, por lo cual su tratamiento suele ser m&aacute;s agradecido,    pero no por eso f&aacute;cil. Por otra parte, se sabe que la distribuci&oacute;n    de los adipositos y su capacidad de diferenciaci&oacute;n, est&aacute; condicionada    gen&eacute;ticamente,<span class="superscript">31</span> por eso, mientras mayor    sea la fuerza gen&eacute;tica para la obesidad, mayor ser&aacute; la probabilidad    de que este proceso se desarrolle con el menor esfuerzo y la mayor rapidez.  </p>     <p>Tomando en cuenta la leyes de la termoenerg&eacute;tica, el paciente obeso    debe comer m&aacute;s para mantener su peso, porque adem&aacute;s de que su    gasto energ&eacute;tico es mayor porque el tejido magro tambi&eacute;n se incrementa    con la obesidad, la actividad adren&eacute;rgica est&aacute; estimulada por    v&iacute;a de la leptina, y este aspecto parece ser importante en el mantenimiento    de la obesidad.<span class="superscript">61</span> Y es que la mayor&iacute;a    de los obesos tienen en realidad una hiperleptinemia con resistencia a la acci&oacute;n    de la leptina de forma selectiva, es decir, solo en su capacidad para disminuir    la ingesti&oacute;n, pero no en su acci&oacute;n con mediaci&oacute;n simp&aacute;tica,<span class="superscript">62</span>    y por eso el obeso est&aacute; expuesto no solo a un incremento del gasto mediado    por el sistema neurovegetativo, sino tambi&eacute;n a efectos neuroendocrinos    amplificados, con devastadoras consecuencias cl&iacute;nicas. Por eso, cuando    se pierde peso a partir de un estado de sobrepeso y/o obesidad, el GEB disminuye,    tanto por la misma ley de la termoenerg&eacute;tica, como por la disminuci&oacute;n    de la actividad simp&aacute;tica. De ah&iacute; que la p&eacute;rdida de solo    unos pocos kilogramos de peso represente un beneficio multiplicado, por las    positivas consecuencias cl&iacute;nicas que esto condiciona, y que las acciones    contra la obesidad sean siempre de inestimable utilidad. Los obesos con hipoleptinemia,    aleptin&eacute;micos o con alteraciones en la acci&oacute;n de los receptores    de la leptina, que son el grupo menos numeroso, tienen, por su parte, un gasto    energ&eacute;tico disminuido con desregulaci&oacute;n de los mecanismos controladores    de la ingesti&oacute;n que da origen y perpet&uacute;a la obesidad, y se ha    demostrado que se corrige con la administraci&oacute;n de leptina recombinante    en el caso de las alteraciones de la leptina, no as&iacute; en los problemas    del receptor.    <br>       <br>   Otro hecho importante lo constituye el envejecimiento en su amplio sentido de    ganancia en a&ntilde;os vividos, ya que cuando ocurre este se pierde masa magra,    que si no es balanceado con una disminuci&oacute;n de la ingesta, lleva a la    ganancia de peso lenta e irremediablemente. Adem&aacute;s, aunque el aumento    de peso est&aacute; mediado por ambos tejidos (magro y graso), hay que recordar    que, llegado el l&iacute;mite superior de crecimiento del tejido magro, todo    aumento posterior depende de la grasa cuyo gasto energ&eacute;tico es menor,    por lo cual el GET tiende a estabilizarse o disminuir de acuerdo con el punto    inicial, y si el IE permanece igual, habr&aacute; m&aacute;s ganancia de peso    (fig. 2). </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/end/v14n2/f0206203.jpg"><img src="/img/revistas/end/v14n2/f0206203.jpg" width="219" height="223" border="0"></a>    
<br> </p>     <p align="center"></p>     <p align="center">FIG. 2. El incremento de la ingesti&oacute;n de carbohidratos    y grasas, unido a la disminuci&oacute;n del gasto energ&eacute;tico, fundamentalmente    por aumento del sedentarismo, aunque tambi&eacute;n por alteraciones gen&eacute;ticas    en relaci&oacute;n con la leptina, originan la obesidad y sus consecuencias.    La hiperleptinemia con resistencia es importante en el desarrollo de estas.</p> <h4>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Summary</h4>     <p>Obesity has turned into a serious health problem worldwide because of its close    link to the main causes of mortality and morbidity. The obesity-insulin resistance-diabetes    mellitus-blood hypertension relationship has a greater importance today due    to the ever increasingly relevant role of obesity in the onset of each of these    entities. Knowledge about the physiology of body weight maintenance, on the    basis of rupture of physiological mechanisms giving rise to obesity, the discovery    and characterization of leptin and its mediators as well as the environmental    factors that perpetuate a phenomenon which has genetic causes and are at the    same time sociocultural environmental conditioners constitute the main elements    of this paper aimed at delving into the topic of obesity as a multi-factor phenomenon    with serious clinical consequences.</p>     <p>Key words: OBESITY; GENETICS; ENVIRONMENT.    <br> </p> <h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</h4>     <!-- ref --><p>1. Bierman EL. Obesidad. En: Cecil Tratado de medicina interna. 15 ed. La Habana:        Pueblo y Educaci&oacute;n;1984 p 2030-9.<!-- ref --><p> 2. Rossner S. Obesity, the disease of 21th century. Int J Obes 2002;26(suppl      4): S2-S4.<!-- ref --><p> 3. Montero JC. 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