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<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El precio de la transformación: reflexiones desde la experiencia de personas que viven con endocrinopatías]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Facultad de Salud Pública y Administración Carlos Vidal Layseca (UPCH), Departamento Académico de Salud Pública ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present qualitative and exploratory study recommended to research the disease process perceived by persons that live with endocrine diseases producing corporal transformations. 15 adults of the endocrinology service of "Guillermo Almenara" Hospital, Lima, Peru, with corporal transformations resulting from the disease and/or treatment, entered the study. Observation, informal interviews and in-depth interview guides were used as tools. The informations was transcribed, codified, triangulated and interpreted. It was observed that the disease process, considered as stigmatizing, influenced on the life spaces and on the fulfillment of the traditional roles of gender. Males were considered inactive and dependent, which damaged the image as providers and "family heads". As to females, the disease hindered their domestic performance and their role of family caretakers. It was concluded that the history of reconstructed life responded to "logic" defined by the impacts. The impact areas were connected with social interaction. The identity processes were central.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Impacto]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[proceso de enfermedad]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p>Instituto Nacional de Endocrinolog&iacute;a (INEN)    <br> Facultad de Salud P&uacute;blica  y Administraci&oacute;n &quot;Carlos Vidal Layseca&quot; (UPCH), Per&uacute;.  </p><h2><a href="#asterisco1"><font size="4">El precio de la transformaci&oacute;n:  reflexiones desde la experiencia de personas que viven con endocrinopat&iacute;as<span class="superscript">*</span></font></a><font size="4"><a name="asterisco"></a>  </font> </h2>    <p><a href="#autor">MSc. Loraine Led&oacute;n Llanes,<span class="superscript">1  </span>PhD. Jes&uacute;s L. Chirinos C&aacute;ceres,<span class="superscript">2</span>  Dr. Jos&eacute; Arturo Hern&aacute;ndez Yero,<span class="superscript">3</span>  Lic. B&aacute;rbara Fabr&eacute; Redondo<span class="superscript">4</span> y Lic.  Madel&iacute;n Mendoza Trujillo<span class="superscript">5</span></a><span class="superscript"><a name="cargo"></a></span></p><h4>Resumen</h4>    <p>  El presente estudio, cualitativo y exploratorio, propuso explorar el impacto del  proceso de enfermedad percibido por personas que viven con enfermedades endocrinas  productoras de transformaciones corporales. Participaron 15 adultos/as del servicio  de endocrinolog&iacute;a del Hospital &quot;Guillermo Almenara&quot;, de Lima,  Per&uacute;, con transformaciones corporales resultantes de la enfermedad y/o  tratamiento. Se utilizaron como instrumentos la observaci&oacute;n, entrevistas  informales y gu&iacute;a de entrevista en profundidad. La informaci&oacute;n fue  transcrita, codificada, triangulada e interpretada. Como resultado se obtuvo que  el proceso de enfermedad, considerado estigmatizante, impact&oacute; sobre los  espacios de vida y el cumplimiento de los roles tradicionales de g&eacute;nero.  Los varones se consideraron inactivos y dependientes, lo que produjo la ruptura  de su imagen como proveedores y &quot;cabeza de familia&quot;. Para las mujeres,  la enfermedad implic&oacute; la obstrucci&oacute;n de su desempe&ntilde;o dom&eacute;stico  y como cuidadoras de familias. Concluimos que la historia de vida reconstruida  respondi&oacute; a una &quot;l&oacute;gica&quot; definida por los impactos. Las  &aacute;reas de impacto estuvieron conectadas a la interacci&oacute;n social.  Los procesos de identidad fueron centrales. </p>    <p><i>Palabras clave</i>: Impacto,  proceso de enfermedad, g&eacute;nero, identidad, cambios corporales.</p>    <p>El  inter&eacute;s del ser humano por la enfermedad es tan antiguo como &eacute;l  mismo, y quiz&aacute;s la raz&oacute;n fundamental para esto es que &quot;enfermar&quot;  constituye una experiencia universal. Los diferentes modos en que esta categor&iacute;a  ha sido entendida desde la antig&uuml;edad han recorrido el camino desde su concepci&oacute;n  m&aacute;gica, pasando por la religiosa y la espiritual,<span class="superscript">1</span>  hasta llegar a las sociedades modernas donde pudo comprenderse su origen y particularidades  a partir de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica de base positivista.    <br>      <br> La enfermedad, como construcci&oacute;n te&oacute;rica y tambi&eacute;n desde  lo popular, constituye una noci&oacute;n &iacute;ntimamente relacionada con t&eacute;rminos  como salud, vida y muerte, estas &uacute;ltimas entendidas frecuentemente desde  perspectivas binaristas y como construcciones opuestas y excluyentes, que llegan  a encarnar profundos juicios de valor.     <br>     <br> Dentro de estas consideraciones  resulta crucial reflexionar sobre las denominadas enfermedades cr&oacute;nicas  no transmisibles. La mejor&iacute;a en las condiciones de vida, los avances cient&iacute;ficos  y la organizaci&oacute;n de la atenci&oacute;n de salud han permitido disminuir  la mortalidad y, por lo tanto, prolongar la vida. Esto ha conducido a un cambio  en el perfil epidemiol&oacute;gico, donde han alcanzado un protagonismo especial  las enfermedades cr&oacute;nicas del adulto (entre ellas algunas oncol&oacute;gicas  y cardiovasculares). Sobre un grupo de estas enfermedades mucho se ha escrito  e investigado, sobre otras no tanto. Pero lo cierto es que en la mayor&iacute;a  de los casos las perspectivas se han caracterizado por ser eminentemente descriptivas,  sintom&aacute;ticas y ancladas desde una l&oacute;gica biom&eacute;dica.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Gran  parte de las enfermedades endocrinas quedan incluidas dentro de la definici&oacute;n  de enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles. De manera frecuente, sus manifestaciones  tienen un correlato a nivel f&iacute;sico externo y pueden llegar a modificar,  de manera ostensible, la apariencia f&iacute;sica de quienes con ellas conviven.  As&iacute;, si bien hay una consideraci&oacute;n de funcionamiento hormonal &quot;anormal&quot;  como base causal de estas enfermedades, tambi&eacute;n se va determinando como  &quot;anormal&quot; la imagen f&iacute;sica resultante de dicho funcionamiento.  </p>    <p>A pesar de esta realidad, la b&uacute;squeda de estudios cuyo objetivo  haya sido la exploraci&oacute;n de la din&aacute;mica de vida de personas que  enfrentan este tipo de enfermedades revela una limitaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica  importante. </p>    <p>Es por eso que en la conformaci&oacute;n de las bases para  el presente estudio fueron utilizados algunos hallazgos encontrados a partir de  resultados de investigaci&oacute;n sobre otras enfermedades, principalmente aquellas  productoras de transformaciones en la apariencia f&iacute;sica.<span class="superscript">2-12  </span>Esto permiti&oacute; el esbozo de algunas gu&iacute;as iniciales para el  trabajo con personas que viv&iacute;an con enfermedades endocrinas. Dentro de  ellas, las m&aacute;s relevantes se relacionaron con el tema de la imagen corporal  y su expresi&oacute;n (frecuentemente desde vivencias negativas) en el campo de  las relaciones humanas, la presencia de trastornos emocionales (como ansiedad,  depresi&oacute;n, irritabilidad) persistentes m&aacute;s all&aacute; de los per&iacute;odos  activos de la enfermedad y el tratamiento y la posibilidad de encontrar diferencias  en t&eacute;rminos de impacto de estas enfermedades y proceso de afrontamiento,  a partir de la identidad de g&eacute;nero.</p>    <p> Como sustento cient&iacute;fico  y filos&oacute;fico para el presente estudio fue considerada como cuesti&oacute;n  crucial, m&aacute;s all&aacute; de la descripci&oacute;n de s&iacute;ntomas, estados  emocionales o rasgos de personalidad, la comprensi&oacute;n de los procesos a  partir de los cuales se generan estas <i>puntas de iceberg</i>. Esto entonces  nos orient&oacute; a explorar las vivencias de personas que enfrentan enfermedades  endocrinas en &iacute;ntima relaci&oacute;n con sus propias construcciones sobre  las nociones de enfermedad, cuerpo y g&eacute;nero, fundamentalmente dentro de  un contexto espacial y sociocultural particular. </p>    <p>Sobre estas bases, qued&oacute;  establecido como objetivo espec&iacute;fico explorar el impacto del proceso de  enfermedad percibido por personas que viven con enfermedades endocrinas productoras  de transformaciones en la apariencia f&iacute;sica. </p>    <p>Es importante se&ntilde;alar  que el presente constituye un segmento de una investigaci&oacute;n m&aacute;s  amplia, cuyo prop&oacute;sito general estuvo dirigido a comprender los procesos  de vida de un grupo de personas con estas particularidades, poniendo el &eacute;nfasis  en categor&iacute;as socioculturales como cuerpo, g&eacute;nero, salud y enfermedad,  adem&aacute;s de particularizar en un grupo de espacios vitales de relevancia.  </p><h4>M&eacute;todos</h4>    <p>El presente estudio fue cualitativo y de car&aacute;cter  exploratorio, desarrollado en las &aacute;reas pertenecientes al servicio de endocrinolog&iacute;a  del Hospital Nacional &quot;Guillermo Almenara Irigoyen&quot; (HNGAI), de Lima,  Per&uacute;, conformadas en la consulta externa y la hospitalizaci&oacute;n. </p>    <p>Participaron  mujeres y varones adultas/os (a partir de 20 a&ntilde;os de edad), quienes recib&iacute;an  atenci&oacute;n en dicho servicio (durante el &uacute;ltimo trimestre del a&ntilde;o  2002) por diagn&oacute;stico de enfermedad endocrina, y que presentaban modificaciones  en la apariencia f&iacute;sica como resultado de la evoluci&oacute;n de dicha  enfermedad y/o su tratamiento.</p>    <p>El tama&ntilde;o final de la muestra qued&oacute;  conformado por 15 personas, distribuidas por &aacute;reas del servicio como sigue:  7 hospitalizados/as y 8 atendidos/as en consulta externa. Del total, 10 eran mujeres  y 5 varones.</p>    <p>Se utilizaron como instrumentos para la recolecci&oacute;n  de informaci&oacute;n la observaci&oacute;n participante (de car&aacute;cter abierto),  entrevistas informales y una gu&iacute;a de entrevista en profundidad. El inter&eacute;s  durante todo el proceso de investigaci&oacute;n estuvo orientado a explorar las  construcciones de los sujetos sobre su experiencia, as&iacute; como sus interpretaciones  sobre estas. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La informaci&oacute;n se proces&oacute; tomando en consideraci&oacute;n  varios momentos: ordenamiento de los datos, creaci&oacute;n de categor&iacute;as  emp&iacute;ricas y anal&iacute;ticas, integraci&oacute;n de las categor&iacute;as  dentro de un esquema interpretativo, triangulaci&oacute;n t&eacute;cnica y te&oacute;rica  y conformaci&oacute;n del reporte de investigaci&oacute;n. Toda la informaci&oacute;n  recogida result&oacute; entendida como un texto colectivo, desde la intenci&oacute;n  de comprender procesos y algunas construcciones ejes al respecto.</p>    <p>Como parte  de las consideraciones &eacute;ticas, es preciso referir que la participaci&oacute;n  de los sujetos fue voluntaria, lo cual -adem&aacute;s de los objetivos y beneficios  del estudio, as&iacute; como el car&aacute;cter confidencial de la informaci&oacute;n  prove&iacute;da (procesada a trav&eacute;s de c&oacute;digos)- qued&oacute; expl&iacute;cito  en el consentimiento informado (oral y escrito). </p>    <p>Ante la convivencia con  enfermedades endocrinas, se garantizaron espacios con condiciones de privacidad  para desarrollar las entrevistas, con el cumplimiento de las medidas universales  de bioseguridad necesarias en el medio intrahospitalario. Se consider&oacute;  un espacio para la expresi&oacute;n de opiniones sobre el proceso de investigaci&oacute;n  en s&iacute; y se establecieron v&iacute;as de contacto con la investigadora para  acceder a la informaci&oacute;n personal prove&iacute;da. Tomando en cuenta que  durante la entrevista se exploraron contenidos relativos a din&aacute;micas psicosociales  e interaccionales particulares, la investigadora hizo uso de sus recursos profesionales  en aras de canalizar adecuadamente cualquier movilizaci&oacute;n psicoemocional,  as&iacute; como remitir a los sujetos (con su consentimiento) a servicios de atenci&oacute;n  adecuados.</p><h4>Resultados y discusi&oacute;n</h4>    <p>Las categor&iacute;as que  en este espacio se trabajaron constituyeron un sistema interdependiente y multideterminado  que, tan solo desde fines anal&iacute;ticos, ha sido posible fraccionar. Los l&iacute;mites  entre ellas, desde las construcciones de los sujetos, generalmente aparecieron  difusos, permanentemente interconectados y transversales a los diferentes temas  abordados.</p>    <p>Veremos entonces c&oacute;mo las reflexiones acerca de los impactos,  el cuerpo, la salud y la enfermedad constituyeron una amalgama profundamente determinada  por las identidades de g&eacute;nero. </p><h6>Or&iacute;genes</h6>    <p>Nos referiremos  aqu&iacute; concretamente a la construcci&oacute;n por parte de los sujetos del  origen o g&eacute;nesis del proceso de enfermedad. Este posicionamiento temporal  se hac&iacute;a imprescindible como parte de la b&uacute;squeda de una organizaci&oacute;n  racional para los eventos vividos, de una coherencia y consistencia interna de  la historia relatada en relaci&oacute;n con el proceso de enfermedad. </p>    <p>Para  el caso de los varones, quienes viv&iacute;an en su totalidad con diabetes mellitus  y enfrentaban la p&eacute;rdida corporal por amputaci&oacute;n, este punto de  origen result&oacute; ubicado mayoritariamente en las historias de salud de familiares  (fundamentalmente en las l&iacute;neas ascendente: madre-padre y lateral familiar:  hermanos/as) que, en calidad de &quot;predecesores&quot;, hab&iacute;an vivido  y/o viv&iacute;an a&uacute;n con la misma enfermedad.</p>    <p>Esta construcci&oacute;n  del origen de la enfermedad en t&eacute;rminos de herencia o legado, les permit&iacute;a  estructurar una especie de continuidad familiar en t&eacute;rminos de salud y,  de alguna manera, integrar con alg&uacute;n nivel de coherencia la experiencia  de la enfermedad a sus propios procesos de vida. </p>    <p>No obstante, esto no condicionaba  necesariamente un nivel de conocimiento acerca de las caracter&iacute;sticas y  manifestaciones de la enfermedad que les permitiera asumir adecuadas estrategias  y cuidados de salud, y a&uacute;n menos crear cierta clase de disposici&oacute;n  que les proporcionara la posibilidad de vivir su propio proceso desde consideraciones  no estigmatizantes. El uso de la categor&iacute;a &quot;normalidad&quot; constituir&iacute;a  un claro referente de esta particularidad:<span class="superscript">13</span>  </p>    <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>&quot;Bueno, ma... antig... m&aacute;s antes  ya mi mam&aacute; falleci&oacute;. Ella falleci&oacute; de diabetis, era tambi&eacute;n  mucho tiempo. De los 18 hermanos que tengo, soy el &uacute;ni... el &uacute;nico  que es... soy diab&eacute;tico. Dispu&eacute;s todos los... todos son normales.  Siempre hay uno que es como dicen, la mala hierba&quot; (anexo).</p>    <p align="right">Rogelio  </p></blockquote></blockquote>    <p>Sin embargo, para el caso de las mujeres, la  situaci&oacute;n se revelaba esencialmente diferente. Es preciso referir que para  ellas aparec&iacute;a una heterogeneidad en cuanto a los procesos de enfermedad  vividos, y se ubicaban como diagn&oacute;sticos m&aacute;s frecuentes la acromegalia  y el hipertiroidismo, seguidos de la enfermedad de Cushing y un caso de obesidad.  </p>    <p>En el proceso de vida con enfermedades endocrinas sin precedentes hist&oacute;ricos  familiares de manera general, el origen de la enfermedad fue ubicado fundamentalmente  como resultado de elementos externos, fueran estos ya de car&aacute;cter conductual  (a partir de la conexi&oacute;n con pr&aacute;cticas personales espec&iacute;ficas),  circunstancial (aludiendo a situaciones y condiciones concretas vividas) o basadas  incluso en el destino. De cualquier manera, lo que quedaba patente era que la  enfermedad no constitu&iacute;a una consecuencia de predisposici&oacute;n biol&oacute;gica  alguna o de herencia familiar. M&aacute;s bien, la g&eacute;nesis del proceso  de enfermedad aparec&iacute;a construido como adquirido:</p>    <blockquote>     <blockquote>      <p>&quot;Son las cosas que... suceden &iquest;no? Como se dice, para todos hay  un mal &iquest;no?, un mal que viene sin darse uno cuenta &iquest;no? Bueno, de  repente yo tambi&eacute;n he cometido pues... todo lo que me dec&iacute;an hac&iacute;a:  t&oacute;mate tal cosa, tomaba. O sea, me automedicaba tambi&eacute;n, o sea,  si ya sab&iacute;a que me va a calmar el... el dolor. Cuando yo fui al Loayza  me pusieron una ampolla, la dexametasona con (ininteligible), cuando llegu&eacute;  de emergencia me pusieron pues. Y eso que a m&iacute; me calm&oacute; pues, &iexcl;ay,  qu&eacute; bueno, ya ese es mi remedio! Y cada vez que me dol&iacute;a iba a la  farmacia, me compraba esas pastillas y mi ampolla, o sea, yo le hab&iacute;a dado  como un&#133; eso, &iquest;no?, como un h&aacute;bito ya pues, eh... de ponerme&#133;  Pero al final de cuentas descubr&iacute; que es eso que me ha hecho mal&quot;  (anexo).</p>    <p align="right"> Ana</p></blockquote></blockquote>    <p> En el grupo  de los varones, resulta interesante se&ntilde;alar c&oacute;mo adem&aacute;s de  la sustentaci&oacute;n de la enfermedad como legado familiar, result&oacute; frecuente  la b&uacute;squeda de precipitantes en el debut de la enfermedad. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este  sentido, entonces pod&iacute;an aparecer argumentaciones con importantes puntos  de contacto con las utilizadas por las mujeres. Algunas de ellas ubicaban la presencia  de determinadas pr&aacute;cticas consideradas como no saludables (por ejemplo,  la obesidad, el sedentarismo, la ingesta excesiva de bebidas alcoh&oacute;licas,  etc.), aunque consideradas &quot;normales&quot; y/o esenciales en las din&aacute;micas  de vida masculinas, especialmente en determinados espacios p&uacute;blicos. Otras  argumentaciones ubicar&iacute;an la vivencia de eventos vitales profundamente  estresantes (especialmente eventos de p&eacute;rdida), como desencadenantes del  inicio de la enfermedad: </p>    <blockquote>     <blockquote>     <p>&quot;Fui empleado de  l&iacute;nea, inspecci&oacute;n. Ah&iacute; com&iacute;a, (ininteligible), estaba  bueno. Al menos estaba bien, &iquest;no?, bien paga'o, auto, yo arregl&eacute;  to'a mi casita. Y cuando eso, pues, cerr&oacute; la compa&ntilde;&iacute;a en  el 92. Este chino macaco. Mucha importaci&oacute;n. Y mi platita lo met&iacute;  a un&#133; a un estafador: Manrique, no s&eacute; si Ud. ha escucha'o. Y me quit&oacute;  mis d&oacute;lares, lo perd&iacute; todo, ah&iacute; s&iacute; ya baj&eacute;  de peso. Ya no pude recuperarme ya. Ah&iacute; fue que ya me vino la diabetis,  creo&quot; (anexo).</p>    <p align="right">Antonio</p></blockquote></blockquote>    <p>En  resumen, en el proceso de estructuraci&oacute;n de las historias de vida con la  enfermedad se entreteji&oacute; una rica gama de argumentaciones que, pr&aacute;cticamente  en su totalidad, conectaron la vivencia de la enfermedad a determinantes de car&aacute;cter  psicosocial, a&uacute;n all&iacute; donde pod&iacute;an existir bases s&oacute;lidas  (especialmente reforzadas desde el entorno biom&eacute;dico) para limitarse a  elaboraciones biologicistas (en particular, para el caso de los varones). El cuerpo  entonces, como campo de expresi&oacute;n de los procesos de salud-enfermedad,  iba estructur&aacute;ndose desde las primeras elaboraciones como rodeado e integrado  a fuerzas esenciales (ps&iacute;quicas, sociales y culturales), m&aacute;s all&aacute;  de su concreta materialidad.<span class="superscript">14</span></p>    <blockquote>  <h6 align="left">La conversi&oacute;n</h6></blockquote>    <p>En la presente dimensi&oacute;n  nos permitimos agrupar aquellos momentos que resultaron ubicados por los sujetos  como m&aacute;s impactantes, sobre todo desde el punto de vista psicoemocional:  el momento del diagn&oacute;stico de la enfermedad y la experiencia de hospitalizaci&oacute;n.</p>    <p>La  vivencia del momento del diagn&oacute;stico estuvo especialmente matizada por  el nivel de informaci&oacute;n o conocimiento acerca del proceso concreto de enfermedad  y sus particularidades. </p>    <p>Result&oacute; revelada con much&iacute;sima frecuencia,  por mujeres y varones, la existencia de un grado de desconocimiento importante  sobre la enfermedad, a&uacute;n para el caso de los varones que, como ya hab&iacute;amos  mencionado antes, en su mayor&iacute;a contaban con familiares que viv&iacute;an  o hab&iacute;an vivido con el mismo padecimiento. Para estos &uacute;ltimos, el  conocimiento que ten&iacute;an de la enfermedad (adem&aacute;s de su denominaci&oacute;n)  se relacionaba b&aacute;sicamente con una informaci&oacute;n muy superficial acerca  de las denominadas &quot;complicaciones&quot;.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta raz&oacute;n, adem&aacute;s  del car&aacute;cter frecuentemente insidioso e inespec&iacute;fico de los signos  corporales, constituir&iacute;an mediadores esenciales en el retraso en la b&uacute;squeda  de ayuda profesional: las primeras manifestaciones de la enfermedad, expresadas  durante un per&iacute;odo de tiempo considerable, resultar&iacute;an as&iacute;  subestimadas. El deterioro de la salud entonces no se har&iacute;a esperar: </p>    <blockquote>      <blockquote>     <p>- &iquest;Y Ud. me dec&iacute;a que el m&eacute;dico le hab&iacute;a  dicho&#133; que Ud. la ten&iacute;a (la diabetes) desde hace 20 a&ntilde;os atr&aacute;s?      <br> - S&iacute;, as&iacute; es, pero yo no sab&iacute;a, no.    <br> - &iquest;Y  no ten&iacute;a, no sent&iacute;a ning&uacute;n s&iacute;ntoma?    <br> - No, no,  no. Solamente que yo... me daba sed, sed, sed, bastante sed, y como... y orinaba  a cada rato. Pero yo no, no sent&iacute;a que era, pues, la diabetes. Entonces  tomaba m&aacute;s l&iacute;quido, m&aacute;s... m&aacute;s orinaba&quot;.</p>    <p align="right">Rogelio    <br>  </p></blockquote></blockquote>    <p>De esta manera llegar&iacute;an mujeres y varones  entrevistados al momento del diagn&oacute;stico, el cual se convertir&iacute;a  en un hito importante, marcador de una nueva etapa de vida dentro de la cual comenzar&iacute;an  a reestructurarse las din&aacute;micas en los diversos espacios (orientado en  gran medida al enfrentamiento a condiciones de salud cr&oacute;nicas), y a construirse  y manipularse nuevos sentidos (como la noci&oacute;n &quot;cuidados de la salud&quot;).  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien las valoraciones al respecto pod&iacute;an expresar significados  diversos, la mayor&iacute;a de los sujetos participantes consider&oacute; el momento  del diagn&oacute;stico como intensamente cargado de emociones negativas, caracterizadas  por la presencia de temores e incertidumbres acerca de las posibilidades de recuperaci&oacute;n  y el potencial riesgoso de las opciones terap&eacute;uticas sugeridas (como la  cirug&iacute;a, por ejemplo). Este resultado se correspondi&oacute; con el &quot;estr&eacute;s  psicol&oacute;gico&quot; encontrado por <i>Hu&ntilde;is AP </i>en su investigaci&oacute;n  sobre los efectos psicol&oacute;gicos del diagn&oacute;stico y los diversos tratamientos  en sujetos argentinos que viv&iacute;an con c&aacute;ncer.<span class="superscript">15</span>  El impacto de esta nueva realidad vivida, es decir, la transici&oacute;n del ser  supuestamente sano a estar y &quot;ser&quot; enfermo, no tardar&iacute;an en dejar  su huella en las &aacute;reas de vida privilegiadas para mujeres y varones:</p>    <blockquote>      <p>&quot;Cuando &eacute;l (referido al m&eacute;dico) me dijo que me ten&iacute;a  que operar, yo me puse a llorar duro porque tengo mi hijita chiquita y aparte  mi bebito reci&eacute;n que naci&oacute; y este bebito es el tercero, est&aacute;n  chiquitos los dos. O sea, me van a abrir por ac&aacute; (se&ntilde;al&aacute;ndose  en la frente), porque t&uacute; sabes que en la cabeza es algo riesgoso o no s&eacute;  si realmente ha crecido el tumorcito, depende, otros me dicen -comentando a un  amigo si conoce de esa enfermedad- ese sitio es delicado, te pueden abrir la cabeza&quot;  (anexo).</p>    <p align="right">Zulema</p></blockquote>    <p>Result&oacute; especialmente  interesante, en las elaboraciones referidas al momento del diagn&oacute;stico,  c&oacute;mo un grupo de sujetos (especialmente varones) refiri&oacute; subestimar  o incluso obviar la informaci&oacute;n prove&iacute;da por el profesional de la  salud, a partir de la no &quot;visualizaci&oacute;n&quot; de la enfermedad desde  el punto de vista corporal. Al resultar pr&aacute;cticamente invisible la enfermedad  (en este caso, la diabetes) una vez comenzadas a cumplir las orientaciones biom&eacute;dicas  de cara a su control (dejaban de expresarse las manifestaciones iniciales y agudas  de la enfermedad) pod&iacute;a aparecer la sensaci&oacute;n, hasta cierto punto,  de inexistencia o irrealidad de la enfermedad, que culminaba con su subestimaci&oacute;n,  as&iacute; como de sus consecuencias mediatas sobre la salud. Todo eso redundaba  de forma directa en la no asunci&oacute;n de conductas de autocuidado.</p>    <blockquote>      <p>&quot;No le di mucha, digamos&#133; no le sent&iacute; tan&#133; tan fuerte  (referido al momento del diagn&oacute;stico). Me dije: Ya con pastillas me&#133;&iquest;No?,  con estas pastillas te controlas. El mismo m&eacute;dico, pues. As&iacute;, as&iacute;&#133;  No, pue', la diabetis dice que no&#133; no cu&#133; no se cura, pero es controlada.  Y me dio unas pastillas (ininteligible), me hac&iacute;a bien. Yo no ten&iacute;a  esa sed ya. &iexcl;Ah, caramba, pues&#133; estoy bien! A veces que me descuidaba  (ininteligible)&quot;. </p>    <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>      <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Antonio </p></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote>    <p>Posteriormente  a este momento inicial se suced&iacute;a una segunda etapa de asunci&oacute;n  progresiva de algunos de los cambios de vida necesarios para vivir de forma saludable  con la enfermedad, correspondiente para muchos con una percepci&oacute;n cada  vez m&aacute;s clara de las manifestaciones de la enfermedad desde el punto de  vista corporal. El descontrol metab&oacute;lico producido por no suplir adecuadamente  las necesidades corporales de insulina a trav&eacute;s del tratamiento, provocaba  cada vez m&aacute;s una sintomatolog&iacute;a que hac&iacute;a mermar las capacidades  y posibilidades de desempe&ntilde;o personal y social. </p>    <p>De esta manera,  quedaba claro en el caso de los varones que el proceso de aceptaci&oacute;n de  la enfermedad como realidad presente e irrevocable, as&iacute; como la asunci&oacute;n  de los cambios de vida necesarios para vivir con ella, se iniciaba una vez que  la enfermedad se hac&iacute;a perceptible, &quot;visible&quot; desde el punto  de vista corporal y, por tanto, real desde el punto de vista representativo y  social. Era a partir de este momento que, al menos desde el discurso, comenzaba  a construirse una valoraci&oacute;n positiva y comprometida de la noci&oacute;n  &quot;cuidados de salud&quot;.     <br>     <br> Otro significado importante del diagn&oacute;stico,  enmarcado dentro del proceso de atenci&oacute;n en salud desde los espacios biom&eacute;dicos,  aparecer&iacute;a relacionado con su ubicaci&oacute;n como el momento en que comenzaba  a adquirirse informaci&oacute;n, y a construirse un sustrato cognitivo (tambi&eacute;n  afectivo) acerca del mundo de las enfermedades endocrinas, pr&aacute;cticamente  desconocido hasta ese momento. </p>    <p>Aunque en este proceso de continua apropiaci&oacute;n  de una realidad novedosa constitu&iacute;an importantes protagonistas los proveedores  de salud, resultaba interesante c&oacute;mo influ&iacute;a de manera esencial  la percepci&oacute;n de la experiencia ajena, el conocimiento de esta y las posibilidades  de asomarse a la realidad de los otros, procesos todos que constitu&iacute;an  el d&iacute;a a d&iacute;a de la din&aacute;mica interactiva intrahospitalaria.  Como dir&iacute;a <i>Baz M</i>, la presencia de un &quot;otro&quot; se encargar&iacute;a  de mediar, una vez m&aacute;s, la construcci&oacute;n corporal:<span class="superscript">14</span></p>    <blockquote>      <p>- &iquest;Y hab&iacute;a o&iacute;do usted hablar alguna vez de esa enfermedad,  hab&iacute;a conocido a alguien que la tuviera?</p>    <p>- No, no, nom&aacute;s cuando  vine ya fue que observ&eacute; ya ah&iacute; en endocrino pues, que ven&iacute;an  unos con tremendas caras, as&iacute; sus manos, o su cuerpo, todo deformes pues  &iquest;no? No era una gordura, sino ya un crecimiento de ellos&quot; (anexo).</p>    <blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>      <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Mercedes</p></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote></blockquote>    <p>En  resumen, el momento del diagn&oacute;stico de la enfermedad marc&oacute; un hito  importante en la vida de las personas entrevistadas y abri&oacute; una puerta  tendiente a reorientar sus procesos de vida. Su impacto se vinculaba a su significado  como inicio de un proceso de reestructuraci&oacute;n de la identidad personal  (y social) en t&eacute;rminos de salud: si antes se era sano/a, ahora se era enfermo/a;  y de reestructuraci&oacute;n de las actividades y sentidos cotidianos. Y subrayamos  de manera especial la noci&oacute;n &quot;ser&quot; y no &quot;estar&quot;, justamente  por constituir el momento del diagn&oacute;stico uno de los primeros quiebres  de identidad vividos por los sujetos, en mi opini&oacute;n, enraizado en el manejo  de categor&iacute;as como &quot;verdad&quot; y &quot;normalidad&quot; desde la  filosof&iacute;a biom&eacute;dica,<span class="superscript">16</span> que tienen  un profundo efecto divisor y reagrupador de las personas en etiquetas diversas  que terminan por eclipsar aspectos esenciales de la identidad psicosocial.<span class="superscript">17</span></p>    <p>  La experiencia de hospitalizaci&oacute;n, apodada como &quot;internamiento&quot;  (la imagen aqu&iacute; de ruptura social resulta clara), constituy&oacute; uno  de los temas sobre los cuales se elabor&oacute; con mayor profundidad e implicaci&oacute;n  emocional, incluso por parte de aquellas personas pertenecientes a consulta externa,  cuya experiencia de hospitalizaci&oacute;n se ubicaba en un pasado bastante mediato.  </p>    <p>Para las personas hospitalizadas, mujeres y varones, la hospitalizaci&oacute;n  fue vivida, sobre todo en sus momentos iniciales, como un evento aislante que  provocaba un importante quiebre en los procesos de vida de los sujetos, en t&eacute;rminos  b&aacute;sicamente de interrupci&oacute;n de las labores e interacciones cotidianas  (enmarcadas especialmente en el &aacute;rea laboral sobre todo para los varones,  y familiar para las mujeres). Por otra parte, pod&iacute;a ser tambi&eacute;n  construida en t&eacute;rminos de limitaci&oacute;n espacial, matizando la experiencia  desde un sentido de encierro, lo cual conduc&iacute;a, al mismo tiempo, a un proceso  de focalizaci&oacute;n cognoscitiva y emocional sobre el s&iacute; mismo. </p>    <p>As&iacute;,  la estad&iacute;a en hospitalizaci&oacute;n era vivida como un espacio temporal  caracterizado por una producci&oacute;n reflexiva importante sobre los procesos  personales, en especial, sobre el tema de la salud, que conduc&iacute;a con frecuencia  a una respuesta personal y emocional caracterizada por claras manifestaciones  de ansiedad y depresi&oacute;n. El impacto de los procesos concretos corporales  se integraba a la experiencia de retiro social que significaba la hospitalizaci&oacute;n  y se profundizaba mutuamente:</p>    <blockquote>     <p>&quot;Claro, en todo &iquest;no?  (reflexionando sobre el impacto de la hospitalizaci&oacute;n), porque nunca me  hab&iacute;a&#133; hab&iacute;a estado hospitalizado, primera vez; me alej&eacute;  de la familia, me ale... alej&eacute; de mi hogar, me alej&eacute; de mi centro  laboral, porque esto fue de un momento a otro&quot; (anexo). </p>    <p align="right">Manuel  </p></blockquote>    <p>Las elaboraciones sobre este espacio, realizadas fundamentalmente  por varones pertenecientes a consulta externa, ayudar&iacute;an a complementar  la visi&oacute;n de la hospitalizaci&oacute;n como una de las experiencias de  mayor impacto psicoemocional para los sujetos en sus procesos de vida con la enfermedad,  en primer lugar, a partir de las particularidades del propio proceso de enfermedad  vivido, correspondiente en esos momentos a manifestaciones agudas de esta; en  segundo lugar, por la asistencia a otros procesos de salud-enfermedad (de otros  &quot;pacientes&quot; hospitalizados) y sus consecuencias; en tercer lugar, a  partir de la elaboraci&oacute;n del per&iacute;odo de hospitalizaci&oacute;n como  ruptura con aquellos espacios m&aacute;s significativos y privilegiados para los  sujetos (el trabajo y la familia) y en cuarto lugar, a partir de la elaboraci&oacute;n  del espacio hospitalario, simb&oacute;licamente como amenaza a la vida, que retrotrae  con frecuencia al tema de la muerte. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>&quot;Y ac&aacute; tambi&eacute;n,  cuando estuve ac&aacute; internado. La casualidad que... que yo me ya me operaron,  y mi ve... mi vecina, vecinos ah&iacute;, se me muere. T&uacute; sabes. Entonces  eso, desesperaci&oacute;n de ver, al lado del que estaban operando, que muera,  lo vi que murieron. Y ac&aacute; tambi&eacute;n volteo, tambi&eacute;n lo mismo,  y ahorita me muero yo tambi&eacute;n. Y eso, eso es lo que me choc&oacute; un  poco. He visto como 7 u 8 muertos ac&aacute;. Esa es la desesperaci&oacute;n que  uno... Ese fue m&aacute;s el cambio&quot;.</p>    <p align="right">Rogelio </p></blockquote>    <p align="left">De  manera general, la experiencia de hospitalizaci&oacute;n, tanto para mujeres como  para varones, se estructur&oacute; como profundamente impactante en los procesos  de vida de los sujetos, a partir de su significaci&oacute;n como quiebre o ruptura  de la din&aacute;mica en sus diversas &aacute;reas de vida y como amenazante de  la propia noci&oacute;n de &quot;vida&quot;. La interacci&oacute;n social en este  sentido se constituir&iacute;a en elemento esencial como asidero para el enfrentamiento  a los cambios vividos.</p><h6>El balance final</h6>    <p>En este apartado hemos trabajado  sobre la valoraci&oacute;n general que mujeres y varones realizaron acerca de  la experiencia de enfermedad como un todo. El aspecto m&aacute;s relevante al  respecto result&oacute; justamente la integraci&oacute;n de matices relativos  a la experiencia, si bien los aspectos expresados con mayor frecuencia ser&iacute;an  aquellos considerados como negativos, emergentes en su mayor&iacute;a, en un primer  momento de la exploraci&oacute;n (como si se mantuvieran todo el tiempo &quot;a  flor de piel&quot;), y desde una implicaci&oacute;n afectiva importante.</p>    <p>As&iacute;,  en t&eacute;rminos generales, la experiencia de la enfermedad fue estructurada  como un evento vital de dif&iacute;cil superaci&oacute;n, como resultado de su  connotado impacto sobre lo f&iacute;sico, lo ps&iacute;quico, y sobre aquellos  espacios vitales privilegiados.</p>    <p>Constitu&iacute;a una experiencia que, a&uacute;n  acept&aacute;ndose como parte de la vida propia, resultaba dif&iacute;cil de integrar  cognoscitiva y afectivamente; adem&aacute;s de que su mismo sentido negativo modulaba  una disposici&oacute;n y un deseo de exiliarla definitivamente de los propios  procesos de vida, cuesti&oacute;n esta imposible tomando en consideraci&oacute;n  el car&aacute;cter cr&oacute;nico de la enfermedad y la irreversibilidad (para  muchos/as) de las modificaciones que produc&iacute;a. En resumen, los varones  y mujeres se sent&iacute;an presos/as de una realidad corporal permanente, que  modificaba la noci&oacute;n de s&iacute; mismos tambi&eacute;n desde el punto  de vista psicosocial. Y tal como expres&oacute; <i>Mouli&eacute; CH </i>en su  estudio con mujeres venezolanas que viv&iacute;an con lupus eritematoso sist&eacute;mico,  el cuerpo se constituir&iacute;a en terreno por excelencia de expresi&oacute;n  de &quot;los avatares de la vida emocional&quot;.<span class="superscript">18</span></p>    <blockquote>      <p>&quot;Un poco as&iacute;, este&#133;&iquest;no?&#133;mal, resentida de que  me haya dado a m&iacute; eso, yo me pregunto &iquest;no? Y yo tengo que sobrellevarlo,  seguir adelante. A veces yo digo por qu&eacute; me habr&aacute; dado eso a m&iacute;,  de repente yo digo no puede ser un castigo porque yo he sido bien malcriada con  mam&aacute;, yo pienso, o pruebas de Dios. Y me doy cuenta realmente le digo,  es algo &iquest;no?, como dice es un castigo pero yo no creo que Dios castigue,  es este algo as&iacute; como &iquest;no?, malcriada &iquest;no?, con tus padres,  como todo eso te pasa, yo pienso que es as&iacute;, pero son cosas de la vida  &iquest;no?, nadie estamos libres de nada&quot; (anexo).</p>    <p align="right">Zulema</p></blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Integrado  a esto, aparec&iacute;a tambi&eacute;n un proceso de reestructuraci&oacute;n de  la identidad propia, espec&iacute;ficamente respecto al tema de la salud, que  conduc&iacute;a a una traspolaci&oacute;n de las construcciones de identificaci&oacute;n  desde una noci&oacute;n de sanidad a una noci&oacute;n de enfermedad. Eso se asociaba  con la expresi&oacute;n de nuevos patrones de funcionamiento f&iacute;sico y social,  y con la reestructuraci&oacute;n consecuente en las diversas &aacute;reas de vida  como resultado de la vivencia de nuevas situaciones vitales: la familia, el &aacute;rea  laboral, las relaciones interpersonales, la pareja y la sexualidad constituir&iacute;an  dianas directas de este proceso de reestructuraci&oacute;n. </p>    <p>Por su parte,  las limitaciones corporales y sociales tambi&eacute;n pod&iacute;an ser significadas  como socavadoras de la identidad gen&eacute;rica personal, sobre la base de las  reestructuraciones que exig&iacute;a en los diferentes espacios de vida, especialmente  aquellas que desestructuraban la posici&oacute;n de mujeres y varones como protagonistas  de los espacios privado y p&uacute;blico, respectivamente.<span class="superscript">19,20</span>  Mientras a las primeras les llegaba a impedir sostener sus funciones reproductivas,  dom&eacute;sticas y como cuidadoras familiares (casi siempre temporalmente), algunos  varones resultaban reubicados en el espacio dom&eacute;stico (como consecuencia,  sobre todo, de la limitaci&oacute;n en el desempe&ntilde;o laboral), considerado  este como sitio privilegiado femenino. Y todo esto, integrado a la vivencia de  reestructuraciones de identidad a partir de los significados atribuidos al proceso  de enfermedad y al cuerpo desde claros sentidos estigmatizantes.</p>    <p>Todo este  proceso pod&iacute;a orientar hacia una p&eacute;rdida de sentido de la vida (recurriendo,  con no poca frecuencia, al tema de la muerte), tan solo recuperada por la emergencia  de ciertos portadores de este sentido, en especial, los hijos y la familia. Eran  entonces estas personas significativas (probablemente construidas como prolongaci&oacute;n  personal) quienes permitir&iacute;an recuperar parte importante de los sentidos  personales. </p>    <blockquote>     <p>&quot;Porque mire, yo a veces llega el l&iacute;mite  en que uno se quiere hasta morir, se&ntilde;orita. No puede soportar tu cuerpo  m&aacute;s de tanto que te pasa, no puede soportar tu mente ya. Tengo dolor de  pecho, tengo malestar, me duelen las piernas, me duele el cuerpo, me duele la  cabeza, me sube la presi&oacute;n&#133; &iexcl;ay, si eso es la muerte...!&quot;</p>    <p>  &quot;Tanto, mire, tantas cosas que estoy soportando en mi vida, se&ntilde;orita.  Es que yo lo hago por mis dos hijos que tengo, por mi familia que tengo (ininteligible).  Ya despu&eacute;s que mis hijos est&eacute;n m&aacute;s grandes ojal&aacute; que  se logren m&aacute;s &iquest;no?, no importa que yo me muera despu&eacute;s&quot;  (anexo). </p>    <p align="right">Gonzalo</p></blockquote>    <p>La valoraci&oacute;n  negativa de la enfermedad y los cambios generados por ella, tanto para mujeres  como para varones, pasaba por su consideraci&oacute;n como reestructurante de  la propia identidad: gen&eacute;rica, corporal y social; y como impactante profunda  en los espacios de vida privilegiados.<span class="superscript">21</span></p>    <p>A  pesar de la primac&iacute;a de elementos negativos en el discurso relativos a  la valoraci&oacute;n sobre la experiencia de la enfermedad, esta aparec&iacute;a  tambi&eacute;n matizada por aspectos positivos, que consideramos como consecuencia  de una reflexi&oacute;n profunda a partir de la experiencia y, quiz&aacute;s,  desde una intenci&oacute;n compensatoria. Redimensionando de este modo la experiencia,  se hac&iacute;a posible encontrar sentido al evento negativo dentro de la din&aacute;mica  de vida, lo cual impregnaba de un nivel importante de coherencia al proceso y  sus eventos.</p>    <p>As&iacute;, el proceso de enfermedad pod&iacute;a resignificarse  como una experiencia de aprendizaje, concretamente, de cuestiones tales como los  cuidados de salud, la importancia de las relaciones familiares y sociales, entre  otras. Se convert&iacute;a tambi&eacute;n en un punto de introspecci&oacute;n  sobre el pasado y su impacto sobre el presente, en elemento dinamizador de ese  presente para mejorarlo y prepararse para el futuro y como fuente de desarrollo  personal basado en procesos de autoconocimiento y autoafirmaci&oacute;n de identidad.  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>&quot;Es positivo (realizando valoraci&oacute;n general de  su experiencia con la enfermedad). Pensando en la realidad, porque seg&uacute;n  van pasando los m&aacute;s d&iacute;as, m&aacute;s d&iacute;as, yo me&#133; yo  me&#133; yo me ahundo en introspecci&oacute;n, &iquest;no? , en autoan&aacute;lisis.  Oh, ha sido positivo porque si hubiese sido peor, pues, (ininteligible) &acute;biese  esta'o bota'o ah&iacute; (en USA). Los gringos, t&uacute; para ir pa'll&aacute;  hay que sacar pasaje de ida y vuelta. Y hay veces que para regresar pa'c&aacute;  ya, todo inv&aacute;lido... &iquest;s&iacute; o no?&quot;.</p>    <p align="right">Antonio</p></blockquote>    <p>Para  las mujeres, en particular, la experiencia pod&iacute;a estructurarse como una  oportunidad de reestructuraci&oacute;n dom&eacute;stica a nivel familiar, lo que  permite lograr un equilibrio o una distribuci&oacute;n equitativa de las funciones  y roles hogare&ntilde;os, as&iacute; como una valoraci&oacute;n adecuada por parte  de los miembros familiares acerca de la figura de la mujer-esposa-madre, de su  capacidad de trabajo, de su responsabilidad sobre los roles dom&eacute;stico,  productivo y reproductivo. </p>    <blockquote>     <p>&quot;Y mis hijos... sirvi&oacute;,  porque mis tres hijos, esto... aprendieron bastante. Aprendieron bastante de la  casa, aprendieron bastante a ayudarme y sab&iacute;an ya c&oacute;mo trabajaba,  lo que me costaba estar en la casa&quot; (anexo). </p>    <p align="right">Daysi</p></blockquote>    <p>Considero  que estos fragmentos hablan por s&iacute; mismos acerca de lo complejo de los  procesos vividos, y de la actitud siempre activa de los sujetos para redimensionar  las situaciones vividas (incluso, aquellas m&aacute;s dif&iacute;ciles) y encontrarle  un sentido coherente a sus vidas. </p>    <p>Sobre esta base, entonces, y de acuerdo  con los objetivos propuestos para este segmento del estudio, concluimos que las  mujeres y varones participantes reconstruyeron sus historias de vida privilegiando  aquellos eventos de mayor impacto en sus vidas, y conectando constantemente la  experiencia de salud a lo corporal, lo gen&eacute;rico y lo psicosocial.</p>    <p>Un  eje esencial en el impacto para estos sujetos apareci&oacute; relacionado con  el significado del proceso de enfermedad como reestructurante de los diversos  espacios de vida y de la propia identidad. Esta significaci&oacute;n aparec&iacute;a  erigida sobre la base de la construcci&oacute;n de la enfermedad y los cambios  corporales producidos por esta, como estigmatizantes. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proceso de enfermedad  para los varones constituy&oacute; una experiencia feminizante, en tanto cuestionadora  de valores (masculinos) como la independencia, la fortaleza y el activismo; por  otro lado, quebrantadora del cumplimiento de su rol como proveedores econ&oacute;micos  y sostenedores familiares por excelencia; y en tanto obstaculizadora del protagonismo  masculino en los espacios p&uacute;blicos. Sobre estas bases, el proceso de enfermedad  result&oacute; vivido en t&eacute;rminos de p&eacute;rdida del prestigio, la autoridad  y el poder, tradicionalmente detentados por los varones en las esferas p&uacute;blica  y privada. </p>    <p>El proceso de enfermedad para las mujeres fue vivido en t&eacute;rminos  de abandono de los roles dom&eacute;stico y reproductivo. El centro de sus preocupaciones,  a partir de la vivencia de la enfermedad se ubic&oacute; en el cumplimiento de  las funciones de cuidado y protecci&oacute;n familiar. </p>    <p>Los resultados obtenidos  sugirieron una relaci&oacute;n entre las construcciones tradicionales de g&eacute;nero  y las particularidades de los procesos de salud vividos. Para los varones, el  no reconocerse como sujetos de salud condujo a una demora en la b&uacute;squeda  de ayuda profesional, una profundizaci&oacute;n en las manifestaciones corporales  de la enfermedad culminante en p&eacute;rdida corporal, y en s&iacute; mismo a  un cuestionamiento de las definiciones tradicionales de masculinidad. </p>    <p>Para  las mujeres, las decisiones de b&uacute;squeda de ayuda se relacionaron con el  imperativo de cumplimiento de los roles de cuidado familiar, as&iacute; como con  la vivencia de los cambios corporales. La recuperaci&oacute;n del cuerpo y la  salud, entonces, se constitu&iacute;a en v&iacute;a esencial de recuperaci&oacute;n  de los roles y la imagen corporal, definidos desde las construcciones tradicionales  de femineidad.</p>    <p>Fueron los procesos de identidad los que se ubicaron en el  centro de toda la experiencia vivida, constantemente reestructurados por los significados  estigmatizantes de la enfermedad y de los cambios corporales, as&iacute; como  por las construcciones tradicionales de g&eacute;nero.</p><h4>Agradecimiento</h4>    <p>De  manera especial al Dr. Marcos Hidalgo Seminario, Especialista en Endocrinolog&iacute;a  del Hospital Nacional &quot;Guillermo Almenara Irigoyen&quot;, de Lima, Per&uacute;,  por su importante colaboraci&oacute;n en la realizaci&oacute;n del presente estudio.</p>    <p></p>    <p><b>Anexo</b></p>    <p>Breve  descripci&oacute;n de los sujetos cuyas citas aparecen referidas:    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p><table width="75%" border="1" align="center">  <tr> <td>Nombre </td><td>Datos generales</td></tr> <tr> <td>Ana </td><td>Mujer  hospitalizada, de 35 a&ntilde;os de edad, casada, con diagn&oacute;stico reciente  de enfermedad de Cushing.</td></tr> <tr> <td>Antonio</td><td>Var&oacute;n hospitalizado,  de 60 a&ntilde;os de edad, casado, con diagn&oacute;stico de diabetes mellitus  2, de 3 &frac12; a&ntilde;os de evoluci&oacute;n.</td></tr> <tr> <td>Daysi </td><td>Mujer  atendida en consulta externa, de 50 a&ntilde;os de edad, casada, con diagn&oacute;stico  de hipertiroidismo, de 9 meses de evoluci&oacute;n.</td></tr> <tr> <td>Gonzalo</td><td>Var&oacute;n  atendido en consulta externa, de 51 a&ntilde;os de edad, casado, con diagn&oacute;stico  de diabetes mellitus 1, de 31 a&ntilde;os de evoluci&oacute;n.</td></tr> <tr>  <td>Manuel </td><td>     <p>Var&oacute;n hospitalizado, de 43 a&ntilde;os de edad,  casado, con diagn&oacute;stico de diabetes mellitus 1, de 10 a&ntilde;os de evoluci&oacute;n.</p></td></tr>  <tr> <td>Mercedes </td><td>Mujer atendida en consulta externa, de 63 a&ntilde;os  de edad, soltera, con diagn&oacute;stico de acromegalia, de 28 a&ntilde;os de  evoluci&oacute;n.</td></tr> <tr> <td>Rogelio</td><td>Var&oacute;n atendido en  consulta externa, de 57 a&ntilde;os de edad, soltero, con diagn&oacute;stico de  diabetes mellitus 2, de 1 a&ntilde;o de evoluci&oacute;n.</td></tr> <tr> <td>Zulema</td><td>      <p>Mujer atendida en consulta externa, de 32 a&ntilde;os de edad, casada, con  diagn&oacute;stico de acromegalia, de 8 meses de evoluci&oacute;n.</p></td></tr>  </table><h4>Summary</h4>    <p>The present qualitative and exploratory study recommended  to research the disease process perceived by persons that live with endocrine  diseases producing corporal transformations. 15 adults of the endocrinology service  of &quot;Guillermo Almenara&quot; Hospital, Lima, Peru, with corporal transformations  resulting from the disease and/or treatment, entered the study. Observation, informal  interviews and in-depth interview guides were used as tools. The informations  was transcribed, codified, triangulated and interpreted. It was observed that  the disease process, considered as stigmatizing, influenced on the life spaces  and on the fulfillment of the traditional roles of gender. Males were considered  inactive and dependent, which damaged the image as providers and &quot;family  heads&quot;. As to females, the disease hindered their domestic performance and  their role of family caretakers. It was concluded that the history of reconstructed  life responded to &quot;logic&quot; defined by the impacts. The impact areas were  connected with social interaction. The identity processes were central.     <br> </p><i>Key  words</i>: Impact, disease process, identity, corporal changes.    <br> <h4>Referencias  bibliogr&aacute;ficas </h4>    <!-- ref --><P> 1. Ruiz Arg&uuml;elles GJ. Sobre el concepto de  enfermedad. Rev. Elementos 1999. Julio-Septiembre [15 de Febrero de 2002];6(35).  Disponible en: URL: <a href="http://www.elementos.buap.mx/num35/htm/Sobre_el.html">www.elementos.buap.mx/num35/htm/Sobre_el.html</a>    <br>  </P>    <!-- ref --><P> 2. Fauerbach JA, et al. Effect of early body image dissatisfaction on  subsequent psychological and physical adjustment after disfiguring injury. Psychosomatic  Medicine 2000;62:576-82.    <br> </P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P> 3. Greendale GA, Petersen L, Zibecchi L,  Ganz PA. Factors related to sexual function in postmenopausal women with a history  of breast cancer. Menopause Summer 200; 8(2):111-9.     <br> </P>    <!-- ref --><P> 4. Guisado JA,  Vaz FJ, Alarc&oacute;n J, B&eacute;jar A, Casado M, Rubio MA. Psicopatolog&iacute;a  en pacientes con obesidad m&oacute;rbida poscirug&iacute;a g&aacute;strica. Rev  Cubana Endocrinol 2002;13(1):29-34.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 5. Hopwood P, Lee A, Shenton  A, Baildam A, Brain A, Lalloo F. Clinical follow-up after bilateral risk reducing  ('prophylactic') mastectomy: mental health and body image outcomes. Psychooncology  2000;9(6):462-72.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 6. Kullmer U, Stenger K, Milch W, Zygmunt M, Sachsse  S, Munstedt K. Self-concept, body image and use of unconventional therapies in  patients with gynaecological malignancies in the state of complete remission and  recurrence. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol 1999;82(1):101-6.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 7.  Mart&iacute;nez Triana R, Serra Felipe LM, Castillo Duranza Y, Loy Espinosa A,  Almagro V&aacute;zquez D. Estudio psicosocial en un grupo de pacientes hemof&iacute;licos  adultos 18 a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido estudiados en su ni&ntilde;ez.  Rev Cubana Hematol Inmunol Hemoter 2002 [22 de Septiembre de 2004];18(3). Disponible  en: URL: <a href="http://www.bvs.sld.cu/revistas/hih/vol18_3_02/hih07302.htm">http://www.bvs.sld.cu/revistas/hih/vol18_3_02/hih07302.htm</a>.    <br>  </P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P> 8. Munstedt K, Manthey N, Sachsse S, Vahrson H. Changes in self-concept  and body image during alopecia induced cancer chemotherapy. Support Care Cancer  1997;5(2):139-43.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 9. S&aacute;ez Vall&eacute;s V. Abordaje cl&iacute;nico  de las minusval&iacute;as f&iacute;sicas. Est&aacute;ndares de intervenci&oacute;n  psicoterap&eacute;utica. Comunicaci&oacute;n al II Congreso de Psicolog&iacute;a  de Arag&oacute;n, 1993 (10 de Noviembre de 2001). Disponible en: URL: <a href="http://www.ataxias.com.ar/psicologia/xpsc11.htm">http://www.ataxias.com.ar/psicologia/xpsc11.htm</a>.    <br>  </P>    <!-- ref --><P> 10. Schover LR. Sexuality and body image in younger women with breast  cancer. J Natl Cancer Inst Monogr 1994;16:177-82.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 11. Wilmoth MC,  Sanders LD. Accept Me for Myself: African american women's issues after breast  cancer. Oncol Nurs Forum 2001;28(5):875-9.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 12. Yurek D, Farrar W,  Andersen BL. Breast cancer surgery: comparing surgical groups and determining  individual differences in postoperative sexuality and body change stress. J Consult  Clin Psychol 2000;68(4):697-709.    <br> </P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P> 13. Goffman E. Estigma. La identidad  deteriorada. Amorrortu editores. Buenos Aires 1986.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 14. Baz M. Met&aacute;foras  del cuerpo. Un estudio sobre la mujer y la danza. Grupo editorial Miguel &Aacute;ngel  Porr&uacute;a (I). M&eacute;xico; 1996.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 15. Hu&ntilde;is AP. Comportamiento  sexual en pacientes con c&aacute;ncer bajo tratamiento oncol&oacute;gico. Revista  de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Argentina 1997;110(4).    <br> </P>    <!-- ref --><P> 16. Foucault  M. Historia de la sexualidad. Siglo XXI. Introducci&oacute;n (I). M&eacute;xico  DF;1977.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 17. Led&oacute;n Llanes L. Cuerpo y g&eacute;nero: la enfermedad  como punto de encuentro. LIBERABIT. Rev Psicol 2001;7(7):79-89.    <br> </P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P> 18.  Mouli&egrave; Franchi CH, Rodr&iacute;guez E, Morabito L. Rasgos de personalidad  en pacientes femeninas con diagn&oacute;stico de lupus eritematoso sist&eacute;mico.  Archivos de Reumatolog&iacute;a. Universidad Central de Venezuela 2000 (13 de  Octubre de 2002). Disponible en: URL: <a href="http://www.infomedonline.com.ve/reumatologia/reu9200art6.pdf">http://www.infomedonline.com.ve/reumatologia/reu9200art6.pdf</a>    <br>  </P>    <!-- ref --><P> 19. Connell RW. La organizaci&oacute;n de la masculinidad. En: Valdez  TY, Olavarr&iacute;a J. (Orgs.). Masculinidades: Poder y crisis. Santiago de Chile.  FLACSO: Chile;1997.p.31-48.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 20. De Beauvoir S. El segundo sexo (I).  Ediciones Siglo Veinte: Argentina;1981.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 21. Sontag S. La enfermedad  y sus met&aacute;foras. En: La enfermedad y sus met&aacute;foras y el sida y sus  met&aacute;foras. Santillana S.A. Taurus. Madrid;1996.p.7-85.<p>Recibido:  2 de octubre de 2004. Aprobado: 22 de noviembre de 2004.    <br> MSc.<i> Loraine Led&oacute;n  Llanes</i>. Instituto Nacional de Endocrinolog&iacute;a (INEN), Zapata y D, Vedado,  Ciudad de La Habana, Cuba. Email: <a href="mailto:loraine.ledon@infomed.sld.cu">loraine.ledon@infomed.sld.cu</a>,  <a href="mailto:psicoine@infomed.sld.cu">psicoine@infomed.sld.cu</a></p>    <p></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><span class="superscript"><a href="#asterisco">*</a></span><a href="#asterisco">  Esta investigaci&oacute;n fue financiada a trav&eacute;s del proyecto &quot;Ciudadan&iacute;a,  salud y derechos sexuales y reproductivos: acciones de investigaci&oacute;n, capacitaci&oacute;n  y advocacy. Componente 1: Fortaleciendo capacidades para la investigaci&oacute;n  y advocacy en salud, derechos sexuales y reproductivos&quot;. Convenio Universidad  Peruana &quot;Cayetano Heredia&quot;-Fundaci&oacute;n Ford. Tambi&eacute;n result&oacute;  apoyada por el Instituto Chileno de Medicina Reproductiva (ICMER), a trav&eacute;s  de su programa regional de capacitaci&oacute;n en salud sexual y reproductiva  para Am&eacute;rica Latina y el Caribe (PROGRESAR).</a><a name="asterisco1"></a></p>    <p></p>    <p></p>    <p><a href="#cargo" class="superscript"><b>1</b></a><a href="#cargo">  MSc. en G&eacute;nero, Sexualidad y Salud Reproductiva. Lic. en Psicolog&iacute;a.  Aspirante a Investigadora.     <br> <span class="superscript"><b>2</b></span> PhD.  en Salud P&uacute;blica. Investigador Senior. Departamento Acad&eacute;mico de  Salud P&uacute;blica, Facultad de Salud P&uacute;blica y Administraci&oacute;n  &quot;Carlos Vidal Layseca&quot; (UPCH), Per&uacute;.     <br> <span class="superscript"><b>3</b></span>  Investigador Auxiliar. Especialista de II Grado en Endocrinolog&iacute;a.     <br>  <span class="superscript"><b>4</b></span> Lic. en Educaci&oacute;n. Auxiliar de  Investigaci&oacute;n.     <br> <span class="superscript"><b>5</b></span> Lic. en Educaci&oacute;n  Especial. Auxiliar de Investigaci&oacute;n.</a><a name="cargo"></a> </p>       ]]></body><back>
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