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<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La obesidad y sus consecuencias clinicometabólicas]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Obesity and its clinical and metabolic consequences]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Clinicoquirúrgico General Calixto García  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Obesity is a serious problem in world health. During the last three decades, there has been a significant increase of the figure of obese persons about to reach the magnitude of epidemics and of what is more important: its clinical and metabolic consequences. Obesity is closely linked to the main cause of morbimortality and disability: Insulin resitance is maybe its most feared consequence, since a series of metabolic and endothelial alterations related to the development of coronary vascular disease derived from it: diabetes mellitus, arterial hypertension, dyslipidemias and cerebrovascular disease. As body weight increases, the production of cytokines and free fatty acids with effects on insulin is higher, and the sensitivity to their action decreases, resulting in alterations of the vascular wall and tone, as well as of the metabolism of glucides and lipids that give rise to these consequences. With the present review, we propose ourselves to go deep into the role of the fat cell as an endocrine organ or tissue and into the mechanisms known up to now that bring about the clinical and metabolic complications of obesity.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <h3>Revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica</h3>    <p>Hospital Clinicoquir&uacute;rgico  &quot;General Calixto Garc&iacute;a&quot;</p><h2>La obesidad y sus consecuencias  clinicometab&oacute;licas</h2>    <p><a href="#autor">Dra. Lidia Esther Rodr&iacute;guez  Scull<span class="superscript">1</span></a><span class="superscript"><a name="cargo"></a></span></p><h4>Resumen</h4>    <p>La  obesidad constituye un serio problema de salud mundial. En las &uacute;ltimas  3 d&eacute;cadas se ha producido un incremento importante de la cifra de personas  obesas al punto de alcanzar magnitud de epidemia y de lo que es m&aacute;s importante:  sus consecuencias clinicometab&oacute;licas. La obesidad est&aacute; vinculada  estrechamente con las principales causas de morbimortalidad y discapacidad. La  resistencia insul&iacute;nica (RI) es quiz&aacute;s su consecuencia m&aacute;s  temible, ya que de ella se derivan una serie de alteraciones metab&oacute;licas  y endoteliales relacionadas con el desarrollo de la enfermedad vacular coronaria:  la diabetes mellitus, la hipertensi&oacute;n arterial, las dislipidemias y la  enfermedad cerebrovascular. En la medida en que aumenta el peso corporal, aumenta  la producci&oacute;n de citoquinas y &aacute;cidos grasos libres con efectos sobre  la insulina, disminuye la sensibilidad a su acci&oacute;n y de ah&iacute; derivan  alteraciones de la pared y el tono vascular, as&iacute; como del metabolismo de  gl&uacute;cidos y l&iacute;pidos, que dan origen a estas consecuencias. Con la  presente revisi&oacute;n nos proponemos profundizar en el papel del adipocito  como &oacute;rgano o tejido endocrino, y los mecanismos hasta ahora conocidos  que dan origen a las complicaciones clinicometab&oacute;licas de la obesidad.</p>    <p><i>Palabras  clave:</i> Obesidad, adipocito, resistencia insul&iacute;nica, consecuencias clinicometab&oacute;licas.</p>    <p>La  obesidad es un serio problema de salud mundial. Su incremento epid&eacute;mico  en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y la relaci&oacute;n que presenta cada vez  m&aacute;s estrecha con las principales causas de morbimortalidad son fuente inagotable  de preocupaci&oacute;n y estudio para todos los profesionales vinculados con esta  entidad.    <br>     <br> Se estima el n&uacute;mero total de obesos en m&aacute;s de  300 millones de personas,<span class="superscript">1</span> distribuidos a todo  lo largo y ancho del planeta, con una mayor frecuencia en pa&iacute;ses desarrollados  y un incremento en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo y subdesarrollados.<span class="superscript">2</span>      <br>     <br> Por otra parte, la obesidad est&aacute; vinculada con las principales  causas de mortalidad: la relaci&oacute;n obesidad-diabetes mellitus tipo 2 (DM2),  es tan fuerte que el riesgo de los obesos a desarrollar esta &uacute;ltima es  93 veces mayor al de las personas no obesas; la ocurrencia de muerte s&uacute;bita  es 3 veces mayor en obesos mientras la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica (CI)  la enfermedad cerebrovascular (ECV) y la hipertensi&oacute;n arterial (HTA) son  2 veces m&aacute;s frecuentes en la poblaci&oacute;n obesa que en la no obesa.<span class="superscript">3</span>  La resistencia a la insulina (RI), importante marcador predictor de complicaciones  clinicometab&oacute;licas, forma un binomio con la obesidad, ambas con mecanismos  fisiopatol&oacute;gicos y gen&eacute;ticos probablemente comunes, las cuales tienen  una importante incidencia en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos bioqu&iacute;micos  relacionados con la DM2, la HTA la CI y la ECV.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> A pesar de los avances  en el estudio de las alteraciones moleculares y gen&eacute;ticas que promueven  la obesidad, de los conocimientos farmacol&oacute;gicos derivados de estos estudios  y de las grandes campa&ntilde;as de promoci&oacute;n de salud encaminadas a promover  h&aacute;bitos diet&eacute;ticos saludables y contra el sedentarismo, el problema  se incrementa y con &eacute;l sus consecuencias.</p>    <p>El presente trabajo se  propone ayudar en el conocimiento de la enfermedad y contribuir de alguna manera  a su control.     <br> </p><h6>Antecedentes</h6>    <p>La obesidad se define como un exceso  de grasa corporal total o de tejido adiposo.<span class="superscript">4 </span>Desde  el punto de vista pr&aacute;ctico se utiliza para su definici&oacute;n el &iacute;ndice  de masa corporal (IMC) por su buena correlaci&oacute;n con la grasa total. El  IMC es igual al peso en kg/talla en m<span class="superscript">2</span>: entre  18 y 24,9 peso ideal; 25 y 29,9 sobrepeso; 30 y 34,9 obesidad grado I; 35 y 40  obesidad grado II y mayor de 40 obesidad grado III o m&oacute;rbida.    <br>     <br>  El IMC resulta un medio de diagn&oacute;stico r&aacute;pido y &uacute;til.<span class="superscript">5</span>  Adem&aacute;s, se ha demostrado que en la medida en que aumenta el IMC lo hace  tambi&eacute;n la frecuencia de CI, HTA y DM;<span class="superscript">3</span>  sin embargo, tiene el inconveniente de no estimar la distribuci&oacute;n de la  grasa en el organismo. Cuando esta &uacute;ltima predomina en la parte central  del cuerpo (obesidad central) aumenta la frecuencia de las alteraciones metab&oacute;licas  y de las consecuencias derivadas de estas.<span class="superscript">6</span> Es  por eso que desde el punto vista de evaluaci&oacute;n de riesgos, la medida de  la circunferencia de la cintura reemplaza al IMC.<span class="superscript">7</span>  Una medida de la circunferencia de la cintura superior a 94 cm en el hombre y  de 80 en la mujer, aumenta el riesgo de todas las complicaciones clinicometab&oacute;licas  de la obesidad, y en especial de la resistencia insul&iacute;nica.<span class="superscript">8</span></p><h6>El  adipocito como &oacute;rgano endocrino</h6>    <p>El adipocito es el determinante  de la obesidad por ser el almac&eacute;n por excelencia de la grasa y por su condici&oacute;n  de &oacute;rgano secretor de sustancias con efectos bioqu&iacute;micos importantes.  La cercan&iacute;a de los adipocitos del abdomen al sistema portal hacia donde  derivan las sustancias producidas por este y de ah&iacute; al h&iacute;gado y  a la circulaci&oacute;n general, hacen especialmente peligroso su crecimiento.<span class="superscript">9</span>  El adipocito produce:</p>    <p><i>Leptina</i>: Hormona importante en la fisiopatolog&iacute;a  de la obesidad. Act&uacute;a a nivel del hipot&aacute;lamo con disminuci&oacute;n  de la ingesti&oacute;n y aumento del gasto energ&eacute;tico a trav&eacute;s de  su acci&oacute;n sobre el neurop&eacute;ptido y la prote&iacute;na relacionada  con el agut&iacute; y los melanorreceptores. Tiene una acci&oacute;n simp&aacute;tica  central mediada por la tirotropina, que favorece el incremento de la presi&oacute;n  arterial, sobre todo en los estados hiperleptin&eacute;micos de la mayor parte  de los obesos. Esta hiperleptinemia es espec&iacute;fica a su acci&oacute;n anorex&iacute;gena  y no a su acci&oacute;n simp&aacute;tica; es por eso, entre otras razones, que  el obeso mantiene el apetito y es propenso adem&aacute;s a la HTA. Tiene efecto  angiog&eacute;nico y de agregaci&oacute;n plaquetaria; aumenta la producci&oacute;n  del inhibidor del activador tisular del plasmin&oacute;geno, lo cual favorece  los procesos tromboemb&oacute;licos; estimula la lip&oacute;lisis e inhibe la  lipog&eacute;nesis y participa en el sistema de se&ntilde;ales de acci&oacute;n  de la insulina a trav&eacute;s de los sustratos del receptor de esta con efectos  de bloqueo, que se postulan como unos de los posibles candidatos para la insulinorresistencia  del obeso. Por otra parte, tiene propiedades inmunoactivas que acompa&ntilde;an  su efecto anorex&iacute;geno, pero que promueven consecuencias proinflamatorias.<span class="superscript">10,11</span></p>    <p><i>Angiotensin&oacute;geno</i>:  Es primeramente producido por el h&iacute;gado, pero su RNAm<b> </b>se expresa  en el tejido adiposo. Es el sustrato del sistema renina- angiotensina, al ser  capaz de convertirse en angiotensina I, precursor de la angiotensina II. Su expresi&oacute;n  aumenta en la obesidad y, a diferencia de la producida en el h&iacute;gado, su  s&iacute;ntesis est&aacute; mediada por el estado nutricional (mientras mayor  es el peso corporal, mayor es su producci&oacute;n y viceversa) y est&aacute;  aumentada en el tejido adiposo visceral.<span class="superscript">12</span></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Inhibidor  del activador tisular del plasmin&oacute;geno (ITP-1)</i>: En el proceso fibrinol&iacute;tico  encargado de la eliminaci&oacute;n y/o limitaci&oacute;n del co&aacute;gulo a  un lugar determinado, participa el plasmin&oacute;geno, precursor de la plasmina,  que es la enzima proteol&iacute;tica de este sistema, y el activador tisular del  plasmin&oacute;geno, que estimula este proceso. El inhibidor se produce en el  endotelio vascular con almac&eacute;n plasm&aacute;tico y plaquetario y act&uacute;a  primero sobre al factor Xa, despu&eacute;s sobre el complejo factor VIIa/factor  tisular de forma irreversible e independiente del calcio. La acci&oacute;n del  ITP-1 distorsiona el proceso fribrinol&iacute;tico normal, lo que favorece la  tromboembolia. La producci&oacute;n del ITP-1 es estimulada por el factor de necrosis  tumoral alpha, beta (FNT A y B) la interlekina-1, la insulina y la leptina. Existe  una estrecha relaci&oacute;n entre la grasa abdominal y el aumento del ITP-1.  Este aumento forma parte del diagn&oacute;stico del s&iacute;ndrome de resistencia  a la insulina.<span class="superscript">13,14</span></p>    <p><i>Interleukina 6</i>:  (IL6) Tiene una estrecha relaci&oacute;n con el IMC. Un tercio de ella se produce  en el tejido adiposo, y la grasa visceral sintetiza 3 veces m&aacute;s la cantidad  que la subcut&aacute;nea. En el tejido adiposo es producida no solo por el adiposito  sino tambi&eacute;n por c&eacute;lulas inmunes, el estroma vascular, el endotelio  y los monocitos. El hecho de provenir, en mayor medida, de la grasa visceral es  importante en sus efectos: disminuye la producci&oacute;n de lipoprote&iacute;na-lipasa  (LPL), enzima encargada de la hidr&oacute;lisis de los triglic&eacute;ridos (TG)  y de quilomicrones (QM) en las membranas celulares para permitir la entrada a  la c&eacute;lula de sus productos glicerol y &aacute;cidos grasos libres (AGL)  y aumenta la secreci&oacute;n hep&aacute;tica de triglic&eacute;ridos. Estas acciones  contribuyen a la hipertrigliciridemia de los obesos y a las complicaciones de  la enfermedad. Es adem&aacute;s un mediador inflamatorio, y el factor de necrosis  tumoral alfa (FNT alfa) es capaz de aumentar su producci&oacute;n hasta 60 veces.<span class="superscript">15-17</span></p>    <p><i>FNTalfa</i>:  Producido por los macr&oacute;fagos, el tejido adiposo expresa su RNAm y esta  expresi&oacute;n es mayor en el subcut&aacute;neo que en el visceral. La cantidad  total producida est&aacute; muy bien relacionada con la adiposidad corporal y  la hiperinsulinemia.<span class="superscript">11</span> Los TG y los AGL son inductores  de la expresi&oacute;n de su RNAm. Tiene 2 tipos de receptores de superficie celular:  el p-60, relacionado con las se&ntilde;ales de insulina y el transporte de glucosa,  y el p-80, vinculado con la insulinorresistencia y la cantidad plasm&aacute;tica  de TG.<span class="superscript">18</span> Muchos son los indicios que apuntan  a su relaci&oacute;n con la RI,<b> </b>principalmente en animales, porque los  estudios en humanos no son a&uacute;n concluyentes. Lo cierto es que se encuentra  incrementado en el obeso, y especialmente en los estados de insulinorresistencia.  Es capaz, adem&aacute;s, de suprimir la LPL a nivel de RNAm y proteico. Es tambi&eacute;n  un inhibidor de la diferenciaci&oacute;n celular de los preadipocitos, que al  estar aumentado en el adipocito hipertr&oacute;fico, se cree que tiene una funci&oacute;n  importante en la transformaci&oacute;n de c&eacute;lulas del estroma vascular  en adipocitos.<span class="superscript">19,20 </span></p>    <p><i>Factor de necrosis  tumoral beta (FNTbeta)</i>: Su expresi&oacute;n est&aacute; aumentada en el obeso  por est&iacute;mulo del FNTalfa.<span class="superscript">11 </span>El FNTbeta  estimula la proliferaci&oacute;n preadipositaria, lo que contribuye a la elevada  celularidad del tejido graso del obeso.<span class="superscript">21</span>    <br>  </p>    <p><i>Factor de crecimiento celular (insulin-like growth factor)</i>: Produce  proliferaci&oacute;n de diferentes c&eacute;lulas. Es el mediador de la hormona  del crecimiento.<span class="superscript">22</span></p>    <p><i>&Aacute;cidos grasos  libres (AGL)</i>: La liberaci&oacute;n de AGL en la mayor&iacute;a de los obesos  est&aacute; aumentada. Este aumento de los AGL en la obesidad tiene graves consecuencias:  por mecanismo competitivo con la glucosa, el m&uacute;sculo utiliza preferentemente  los &aacute;cidos grasos cuando estos est&aacute;n elevados,<span class="superscript">23</span>  con una disminuci&oacute;n de la oxidaci&oacute;n de la glucosa. Los AGL inhiben  adem&aacute;s la captaci&oacute;n de glucosa dependiente de la insulina a nivel  del sistema de transporte, fosforilaci&oacute;n o ambos,<span class="superscript">24</span>  as&iacute; como la s&iacute;ntesis de gluc&oacute;geno dependiente de insulina  y disminuyen la oxidaci&oacute;n de esta. Al antagonizar a nivel hep&aacute;tico  la acci&oacute;n de la insulina, favorecen un estado de resistencia que lleva  a un incremento en la s&iacute;ntesis de glucosa end&oacute;gena.<span class="superscript">24</span>  Los AGL, por otra parte, son responsables del 30 al 50 % de la secreci&oacute;n  basal de insulina, y potencian tambi&eacute;n la liberaci&oacute;n de insulina  dependiente de la glucosa.<span class="superscript">25</span> El resultado final  es la hiperglucemia, la hiperinsulinemia, y la insulinorresistencia. El incremento  de los AGL est&aacute; asociado tambi&eacute;n con el proceso inflamatorio visto  en la aterosclerosis, ya que estos activan las v&iacute;as de los factores de  transcripci&oacute;n IkappaB y NkappaB que intervienen en los mecanismos de la  inflamaci&oacute;n a nivel endotelial, as&iacute; como producen aumento de <i>diaglycerol  </i>y <i>protein</i> kinasa C involucradas en los mecanismos de lipotoxicidad.<span class="superscript">26,27  </span></p>    <p><i>Adipsina</i>: Proteasa s&eacute;rica que no es m&aacute;s que  el complemento D, enzima iniciadora y velocidad limitadora de la v&iacute;a alternativa  del complemento, la cual es producida por el tejido adiposo. Todas las dem&aacute;s  prote&iacute;nas de la v&iacute;a alternativa (C-3 y B, adem&aacute;s de la D)  pueden ser activadas indirectamente en el tejido adiposo por la acci&oacute;n  de las citokinas y la adipsina. La adipsina o complemento D se encuentra elevada  en la obesidad con un sistema regulatorio dependiente del incremento de la insulina  y los glucocorticoides. La v&iacute;a alternativa del complemento que no necesita  de anticuerpos para su activaci&oacute;n, como la v&iacute;a cl&aacute;sica, participa  en el proceso inflamatorio desencadenado en diferentes circunstancias y es, adem&aacute;s,  capaz de activar el factor C-3, com&uacute;n a ambas v&iacute;as, lo que favorece  la acci&oacute;n proinflamatoria de monocitos neutr&oacute;filos y macr&oacute;fagos.<span class="superscript">28</span></p>    <p><i>Adiponectin  (adypocyte complement-related protein, adipo Q)</i>: Muestra similitud con el  factor C1q del complemento. Su secreci&oacute;n est&aacute; modulada por la insulina,  por lo que se cree que depende de factores nutricionales. Su funci&oacute;n m&aacute;s  importante es disminuir la uni&oacute;n de los monocitos a las c&eacute;lulas  endoteliales, fen&oacute;meno siempre presente en la aterosclerosis, por lo cual  su disminuci&oacute;n en el plasma puede ser un indicador de macroangiopat&iacute;a,  en especial en el diab&eacute;tico. Est&aacute; disminuida en el obeso.<span class="superscript">29</span>    <br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <i>Acylation stimulates protein (ASP)</i>: Es el resultado de la uni&oacute;n  del residuo terminal de arginina del factor C-3&ordf; por las carboxipeptidasas.  Como C-3&ordf; es un producto final del complemento del cual el factor D forma  parte, se le llama v&iacute;a <i>adipsin-ASP</i>. Su funci&oacute;n es la captaci&oacute;n  y esterificaci&oacute;n de los &aacute;cidos grasos hidrolizados de los triglic&eacute;ridos  por LPL<b> </b>en el estado posprandrial v&iacute;a <i>diacyglycerol acyltransferasa</i>.  Aunque la adipsina est&aacute; aumentada en el obeso, el producto ASP no sufre  un aumento proporcional, lo que ha llevado a pensar que esta cumple un papel limitante  en la velocidad de la reesterificaci&oacute;n de &aacute;cidos grasos y del crecimiento  del adiposito. En forma general, hay una disminuci&oacute;n de ASP, de la actividad  de la <i>diacyglycerol acyltransferasa</i>, de la s&iacute;ntesis de triglic&eacute;ridos  y de la esterificaci&oacute;n, lo que lleva a un aumento de los AGL.<span class="superscript">30</span>    <br>  </p>    <p><i>Prostaglandinas</i>: PGI-2 y PGF-2. Proinflamatorias y favorecedoras  de la formaci&oacute;n de la coagulaci&oacute;n.<span class="superscript">31,32</span></p><h6>Consecuencias  clinicometab&oacute;licas de la obesidad</h6>    <p>Resistencia insul&iacute;nica  (IR):</p>    <p>Los mecanismos que dan origen a la IR son complejos; sin embargo,  la obesidad es el principal factor adquirido responsable de la disminuci&oacute;n  de la sensibilidad de la insulina.<span class="superscript">33</span> El t&eacute;rmino  <i>resistencia insul&iacute;nica</i> define la incapacidad de una cantidad conocida  de insulina ex&oacute;gena o end&oacute;gena para incrementar la entrada y la  utilizaci&oacute;n de la glucosa por los tejidos perif&eacute;ricos, especialmente  h&iacute;gado, tejido adiposo y m&uacute;sculo, e implica la resistencia a los  efectos de la insulina en la captaci&oacute;n, metabolismo y almacenamiento de  glucosa. Se expresa en una disminuci&oacute;n del transporte de glucosa dependiente  de la insulina y de su metabolismo en el m&uacute;sculo y en el tejido adiposo  y hep&aacute;tico.<span class="superscript">34</span> Estos defectos son el resultado  de alteraciones en el sistema de se&ntilde;ales de insulina, ya que la uni&oacute;n  de esta a su receptor, la fosforilaci&oacute;n de los sustratos de los receptores  de insulina y la actividad tirosinkinasa, indispensables para la acci&oacute;n  de la insulina, est&aacute;n disminuidas en la obesidad,<span class="superscript">35</span>  lo que tiene consecuencias directas negativas en el principal transportador de  glucosa GLUT- 4, cuya acci&oacute;n depende de dicho proceso.<span class="superscript">36  </span>El origen del problema es m&uacute;ltiple: por una parte est&aacute; el  incremento en la obesidad del FNTalpha, que distorsiona <i>per se </i>este sistema  de se&ntilde;ales y que puede alterar la expresi&oacute;n gen&eacute;tica del  GLUT- 4.<span class="superscript">37,38</span> Por otra, esta alteraci&oacute;n  del metabolismo gluc&iacute;dico tiene tambi&eacute;n consecuencias directas en  el procesamiento de los l&iacute;pidos. El aumento del tejido adiposo trae como  consecuencia una serie de anormalidades que afectan la sensibilidad a la insulina.  El aumento de los AGL, que acompa&ntilde;a al incremento del tejido adiposo trastorna  el sistema de se&ntilde;ales de la insulina y su transporte;<span class="superscript">39  Al </span>mismo tiempo, potencian la secreci&oacute;n de insulina estimulada por  la glucosa a corto y largo plazos, lo que contribuye a la hiperinsulinemia caracter&iacute;stica  del estado de resistencia. Los AGL, por el llamado mecanismo <i>Randle</i>,<span class="superscript">40</span>  compiten con la glucosa como fuente de energ&iacute;a, por lo cual su aumento  lleva a la hiperglucemia y estos, a su vez, disminuyen la captaci&oacute;n de  glucosa dependiente de la insulina, y es aqu&iacute; donde interviene el mecanismo  de toxicidad de glucosa ya estimulado por los AGL . La oxidaci&oacute;n de la  glucosa es desviada a la v&iacute;a de las hexosas, al final de la cual se forman  la glucosamina 6, el fosfato y otras hexosas que son capaces de alterar el sistema  de se&ntilde;ales de la insulina.<span class="superscript">41,42</span></p>    <p>La  relaci&oacute;n obesidad-insulinorresistencia es un hecho comprobado, como lo  demuestran numerosos estudios, en especial del EGIR (<i>European group for the  study</i> <i>of insulin resistance</i>), realizados con m&eacute;todo de referencia  <i>clamp</i> euglucemia - hiperinsulinemia en 1 446 personas de uno y otro sexos,  entre 25 y 55 a&ntilde;os de edad, el cual mostr&oacute; que cuando el IMC aumenta  10 puntos, la sensibilidad a la insulina disminuye en un 25 %.<span class="superscript">43</span>  Esto se refiere solamente al IMC como medidor, pues si se usan par&aacute;metros  como la distribuci&oacute;n de la grasa, los resultados muestran una influencia  negativa sobre la sensibilidad a&uacute;n mayor.<span class="superscript">44-46</span>  La distribuci&oacute;n abdominal de la grasa amplifica los efectos de los AGL,  el FNTalpha y las otras citoquinas sobre la acci&oacute;n de la insulina. </p><h6>Consecuencias  de la resistencia insul&iacute;nica</h6>    <p>La insulinorresistencia es un proceso  inflamatorio cr&oacute;nico desarrollado a bajo ruido y un factor predecesor com&uacute;n  a diferentes entidades que constituyen importantes causas de morbimortalidad:  HTA, dislipidemia, DM2, unidas todas a la enfermedad coronaria, primera causa  de muerte.<span class="superscript">47</span></p>    <p>El perfil metab&oacute;lico  de la insulinorresistencia incluye: obesidad abdominal, hipertrigliciridemia,  disminuci&oacute;n de la HDLc, hiperuricemia, aumento del inhibidor del activador  tisular del plasmin&oacute;geno 1, hiperagregabilidad plaquetaria y disfunci&oacute;n  endotelial.<span class="superscript">48,49</span></p>    <p>Todas las sustancias producidas  y liberadas por el adipocito tienen una acci&oacute;n directa o indirecta sobre  el endotelio vascular.<span class="superscript">50</span>    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Este (como  sucedi&oacute; con el adipocito, que de solo almacenador de grasa es reconocido  como un verdadero &oacute;rgano) ha dejado de ser considerado solo como una capa  de recubrimiento y de aislante, para ocupar el lugar relevante que le corresponde  como inigualable &oacute;rgano de m&uacute;ltiples y vitales funciones: modula  el tono de la inflamaci&oacute;n, es origen y blanco de hormonas, factores de  crecimiento, sustancias vasocontrictoras y vasodilatadoras, factores hemost&aacute;ticos  y especies radicales, liga componente del complemento, expresa receptores de respuesta  inmune, fagocita y destruye, por lo que constituye una superficie amplificadora  sorprendente para la respuesta inflamatoria.<span class="superscript">51</span></p>    <p>Es  en el endotelio donde se desarrollan la mayor&iacute;a de los eventos que dan  origen a las complicaciones de la obesidad y a la insulinorresistencia: la agregabilidad  plaquetaria, la adhesividad, el dep&oacute;sito de lipoprote&iacute;nas, la hiperreactividad  y el crecimiento, as&iacute; como la proliferaci&oacute;n celular y la coagulabilidad,  fen&oacute;menos directamente proporcionales a la sobreproducci&oacute;n de sustancias  en un adipocito hiperplasiado y/o hipertrofiado.<span class="superscript">52</span></p>    <p>La  insulina es un potente estimulador de oxidonitro sintetasa (ONS), generadora del  &oacute;xido n&iacute;trico (ON), potente vasodilatador vascular e importante  antioxidante.<span class="superscript">53</span></p>    <p> La hiperinsulinemia, la  hiperglucemia y la dislipidemia de la insulinorresistencia son inhibidores de  la acci&oacute;n de ONS, que favorecen la disminuci&oacute;n del ON, la formaci&oacute;n  de super&oacute;xidos y la generaci&oacute;n de cambios endoteliales, que van  desde la vasoconstricci&oacute;n hasta la oxidaci&oacute;n de lipoprote&iacute;nas  y la remodelaci&oacute;n vascular.<span class="superscript">54,55</span> Tal es  la importancia de la insulinorresistencia en la funci&oacute;n endotelial, que  ha sido recientemente redefinido como s&iacute;ndrome dismetab&oacute;lico cardiovascular  (CDS) y que se compone de dislipidemia, insulinorresistencia, obesidad y HTA,  lo que incluye todos los elementos importantes del s&iacute;ndrome y subraya la  implicaci&oacute;n del sistema cardiovascular en este estado dismetab&oacute;lico,  porque todos los componentes del s&iacute;ndrome son factores de riesgo para la  microcirculaci&oacute;n coronaria, car&oacute;tida, cerebral y perif&eacute;rica.  Seg&uacute;n este nuevo enfoque del problema, la insulinorresistencia se diagnostica  con glucemias en ayunas por encima de 110 mg/dL y radio de la cintura mayor de  0,9. La presencia de DM2 ya es de por s&iacute; una garant&iacute;a de la presencia  de <b>IR</b> y a&ntilde;ade 5 veces un riesgo.<span class="superscript">56</span></p><h6>Obesidad,  enfermedad coronaria y dislipidemia</h6>    <p>La obesidad constituye uno de los principales  factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad coronaria,<span class="superscript">57</span>  y si el inicio de la obesidad es a edades tempranas, es decir, la ni&ntilde;ez  o la adolescencia, el debut de la enfermedad coronaria es tambi&eacute;n temprano.  Se ha visto que una disminuci&oacute;n de la sensibilidad a la insulina lleva  aparejado un incremento en el riesgo de la enfermedad coronaria,<span class="superscript">58</span>  lo que es de esperarse teniendo en cuenta todas las alteraciones que esta ocasiona.  Pero es importante tambi&eacute;n tener en cuenta los cambios en el metabolismo  lip&iacute;dico que se desarrollan con la obesidad.</p>    <p>El perfil lip&iacute;dico  m&aacute;s com&uacute;n observado en el paciente obeso es un incremento de los  triglic&eacute;ridos (TG) expresado en un aumento de las cifras de las lipoprote&iacute;nas  de muy baja densidad (VLDL), y una disminuci&oacute;n de las lipoprote&iacute;nas  de alta densidad (HDL)<span class="superscript">57,59</span> al cual se puede  a&ntilde;adir cualquiera de las otras alteraciones en dependencia de la confluencia  de otros factores. Este perfil por s&iacute; solo es un gran promotor de da&ntilde;o  vascular, ya que el gran flujo de AGL que provocan la obesidad y la IR, que tiene  origen en la misma ingesti&oacute;n, y adem&aacute;s en el incremento de la lip&oacute;lisis  y en el no proporcional incremento de la lipog&eacute;nesis que se produce en  el estado de resistencia insulinita, pone al h&iacute;gado frente a una gran disponibilidad  de fuente energ&eacute;tica, y estos AGL estimulan entonces la s&iacute;ntesis  de VLDL, ricas en TG.<span class="superscript">60</span> Este aumento de las VLDL  trae consigo una disminuci&oacute;n de las HDL, porque en presencia de la prote&iacute;na  de transferencia de esteres de colesterol (CETP) est&aacute; estimulada la transferencia  de TG de las VLDL a las HDL en intercambio con el colesterol de estas. Las HDL  resultantes, enriquecidas en TG, son un buen sustrato para la lipasa hep&aacute;tica  que hidroliza los TG, y quedan unas HDL peque&ntilde;as que en ese proceso se  desprendieron de la Apo A-1 (prote&iacute;na peque&ntilde;a filtrada por ri&ntilde;on  y degradada por el t&uacute;bulo renal). A su vez, el encuentro VLDL con las lipoprote&iacute;nas  de baja densidad (LDL) favorece el intercambio de TG de las VLDL por los esteres  de colesterol de las LDL. La posterior hidr&oacute;lisis de las LDL-TG genera  LDL peque&ntilde;as y densas.<span class="superscript">57,61</span> El resultado  final es un perfil aterog&eacute;nico porque:</p><ol>     <li> Las VLDL pueden atravesar  la pared vascular y acumularse en la placa de ateroma, y al ser ricas en colesterol,  liberar m&aacute;s colesterol por part&iacute;cula a la pared.</li>    <li> La disminuci&oacute;n  de las HDL y ApoA-1 significa menor cantidad de HDL involucradas en el reflujo  desde la periferia, que es el primer paso reverso en el transporte de colesterol  y significa, adem&aacute;s, que las HDL no pueden cumplir su funci&oacute;n antiaterog&eacute;nica  y antioxidante en el endotelio.</li>    <li> Las LDL peque&ntilde;as y densas son  m&aacute;s aterog&eacute;nicas que igual n&uacute;mero de LDL grandes (m&aacute;s  ricas en colesterol), al penetrar m&aacute;s f&aacute;cilmente la pared vascular  y al ser tambi&eacute;n m&aacute;s f&aacute;cil su oxidaci&oacute;n (importante  esta en el desarrollo de placa de ateroma).<span class="superscript">54,55</span></li>    </ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si  a todas estas circunstancias se a&ntilde;ade el estado procoagulante que es favorecido  por la obesidad y la IR, podr&iacute;amos explicarnos el motivo del incremento  del riesgo de la enfermedad coronaria que se produce con la obesidad.<span class="superscript">57,62</span></p><h6>Obesidad  y diabetes mellitus tipo 2</h6>    <p>La DM2 es un trastorno heterog&eacute;neo derivado  de prevalente IR, asociada a deficiente secreci&oacute;n de insulina o a prevalente  defecto en la secreci&oacute;n de esta, asociado a un defecto en su acci&oacute;n,<span class="superscript">63</span>  lo cual significa que la IR es una importante caracter&iacute;stica del proceso,  y se estima que hasta el 85 % de los diab&eacute;ticos son insulinorresistentes.<span class="superscript">64</span>  La m&aacute;s importante causa de IR es la obesidad; sin embargo, la mayor&iacute;a  de los obesos (80 %)) no desarrollan DM2,<span class="superscript">33</span> y  es que se necesita una base gen&eacute;tica favorable para que esta tenga lugar.  Pero la presencia de un propicio terreno, unido al incremento del peso corporal,  hacen posible su aparici&oacute;n, y mientras m&aacute;s temprano comience la  obesidad a instalarse, m&aacute;s temprano es tambi&eacute;n el debut de la diabetes;  digamos que la edad de inicio de la DM2 est&aacute; en relaci&oacute;n con la  edad de inicio de la obesidad. Es por eso que es m&aacute;s frecuente ahora el  debut en la adolescencia y la juventud.<span class="superscript">65</span> Fisiopatol&oacute;gicamente,  en la medida en que el peso corporal aumenta, disminuye la sensibilidad a la insulina.<span class="superscript">33,66</span>  La respuesta es un incremento en la secreci&oacute;n de insulina por un aumento  en la masa de c&eacute;lulas beta del p&aacute;ncreas. En las personas con predisposici&oacute;n  gen&eacute;tica para la DM2, este mecanismo falla y se ha comprobado una disminuci&oacute;n  de la masa de c&eacute;lula beta de hasta un 60 %, que es atribuida, tanto a una  disminuci&oacute;n de la regeneraci&oacute;n de las c&eacute;lulas, como a un  incremento de la apoptosis celular; este &uacute;ltimo constituye un factor muy  importante.<span class="superscript">33</span></p>    <p>Los mecanismos del incremento  de la apoptosis celular del diab&eacute;tico son complejos y en ellos intervienen  la hiperglucemia y los productos de la glucosilaci&oacute;n, los AGL y el polip&eacute;ptido  amiloide de los islotes.<span class="superscript">33,67,68</span> </p>    <p>La confluencia  de la DM2 y la obesidad tiene consecuencias catastr&oacute;ficas. Por una parte,  la obesidad favorece su aparici&oacute;n y desarrollo, mientras que por otra,  amplifica sus consecuencias. El riesgo de da&ntilde;o vascular es mayor y, por  lo tanto, el de desarrollo de la enfermedad coronaria, carot&iacute;dea, cerebral  y vascular perif&eacute;rica, as&iacute; como el de HTA.<span class="superscript">69-73</span></p><h6>Obesidad  e hipertensi&oacute;n arterial</h6>    <p>El 50 % de los obesos desarrollan HTA en  alg&uacute;n momento de la enfermedad.<span class="superscript">74 </span>Los  mecanismos son m&uacute;ltiples. Por una parte, est&aacute; la hiperinsulinemia,  que provoca aumento en la reabsorci&oacute;n de sodio (Na+) y agua; por el otro,  el SNS desempe&ntilde;a una funci&oacute;n importante. La actividad simp&aacute;tica  aumenta con la ingesta, la hiperinsulinemia y la hiperleptinemia del obeso, adem&aacute;s  de que disminuye la vasodilataci&oacute;n arteriolar. El angiotensin&oacute;geno  aumenta con el incremento del tejido graso, y la producci&oacute;n de ON est&aacute;  perturbada. La presencia de HTA en el obeso confluye frecuentemente con las alteraciones  lip&iacute;dicas, por lo cual a&ntilde;ade riesgo a las alteraciones vasculares.<span class="superscript">48,75</span></p><h6>Obesidad  y enfermedad cerebrovascular</h6>    <p>La enfermedad cerebrovascular es la tercera  causa de muerte en el mundo desarrollado y su influencia en la morbilidad y discapacidad  es tambi&eacute;n grande. La obesidad es un factor de riesgo importante para su  desarrollo.<span class="superscript">76</span> Los cambios endoteliales, favorecidos  por el incremento del tejido adiposo y la liberaci&oacute;n de diferentes mediadores  y sustancias por el adiposito, los cuales favorecen, a su vez, la coagulaci&oacute;n  y la adherencia plaquetaria, la posible confluencia de HTA, la dislipidemia, la  enfermedad coronaria y la DM2, son elementos favorecedores de esta enfermedad  y aumentan el riesgo de un evento cerebrovascular de 1,4 a 2,5, con excepci&oacute;n  de la presencia de DM, que cuadruplica esta cifra. El m&aacute;s frecuente es  el isqu&eacute;mico transitorio, seguido del infarto lacunar, aunque cuando la  HTA est&aacute; presente tiene varios mecanismos de g&eacute;nesis, aparte de  la obesidad, y en este caso el hemorr&aacute;gico adquiere dimensiones mayores.<span class="superscript">77-80</span></p>    <p>En  conclusi&oacute;n, la obesidad es un serio problema de salud por las dimensiones  epid&eacute;micas que adquiere y por las consecuencias que genera desde el punto  de vista cl&iacute;nico-metab&oacute;lico, con las principales causas de morbimortalidad  y discapacidad, es decir, resistencia insul&iacute;nica, enfermedad coronaria,  dislipidemia, hipertensi&oacute;n arterial, diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad  cerebrovascular. Solo la acci&oacute;n directa sobre ella y los factores que la  perpet&uacute;an har&aacute;n posible lograr una longevidad m&aacute;s sana.</p><h4>Summary</h4>    <p>Obesity  is a serious problem in world health. During the last three decades, there has  been a significant increase of the figure of obese persons about to reach the  magnitude of epidemics and of what is more important: its clinical and metabolic  consequences. Obesity is closely linked to the main cause of morbimortality and  disability: Insulin resitance is maybe its most feared consequence, since a series  of metabolic and endothelial alterations related to the development of coronary  vascular disease derived from it: diabetes mellitus, arterial hypertension, dyslipidemias  and cerebrovascular disease. As body weight increases, the production of cytokines  and free fatty acids with effects on insulin is higher, and the sensitivity to  their action decreases, resulting in alterations of the vascular wall and tone,  as well as of the metabolism of glucides and lipids that give rise to these consequences.  With the present review, we propose ourselves to go deep into the role of the  fat cell as an endocrine organ or tissue and into the mechanisms known up to now  that bring about the clinical and metabolic complications of obesity.     <br> </p>    <p><i>Key  words:</i> Obesity, fat cells, insulin resistance, clinical and metabolic consequences.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p><h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</h4>    <!-- ref --><P> 1. Rossner S. Obesity, the disease  of 21th century. Int J Obes 2002;26 (Suppl 4): S2-S4.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 2. Panamerican  Health Organization (PAHO). Health in the Americas. Washington DC. Panamerican  Health Organization. Scientific publication # 569.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 3. Calle EE, Thun  MJ, Petrelli JM, Rodr&iacute;guez C, Heath CW Jr. Body-mass index and mortality  in a prospective cohort of US adult. N Engl J Med 2000;342:287-9.    <br> </P>    <!-- ref --><P>  4. O'Brien PO, Dixon J. The extent of the problem of obesity. Am J Surg 2002;184(6  (Suppl 2):S4-S8.    <br> </P>    <!-- ref --><P> 5. National Health, Lung and Blood Institute Clinical  Guidelines on the identifications, evaluations and treatment of overweight and  obesity in adult. The evidence report. Obes Res 1998;6(Suppl 2):S51-S290.    <br>  </P>    <!-- ref --><P> 6. Berdasco G&oacute;mez A. 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