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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Falleció el Dr. Eduardo Bernabé Ordaz Un nombre imprescindible en la Historia de la Psiquiatría cubana]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto Superior de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay Centro para el Desarrollo de las Ciencias Sociales y Humanísticas en la Salud (CENDECSA) ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <table width="100%" border="0" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif; line-height:200%; text-align:justify; font-size:12px;">   <tr>     <td width="958">    <div align="center"></div></td>   </tr>   <tr>     <td>&nbsp;</td>   </tr>   <tr>     <td>    <div align="center">             <p>Obituario</p>     </div></td>   </tr>   <tr>     <td>&nbsp;</td>   </tr>   <tr>     <td>    <p align="center"><b>Eduardo Bernab&eacute; Ordaz. Un nombre imprescindible en la Historia de la Psiquiatr&iacute;a cubana.</b></p>           <p align="center"><b>Eduardo Bernab&eacute; Ordaz. An essential name in the Cuban Psychiatry History.</b></p>     </td>   </tr>   <tr>     <td>&nbsp;</td>   </tr>   <tr>     <td>    <div align="center">             <p>Autor</p>     </div></td>   </tr>   <tr>     <td>&nbsp;</td>   </tr>   <tr>      <td>&nbsp;<b>Jorge &Aacute;lvarez V&aacute;zquez.</b> Lic. en filosof&iacute;a. Profesor Titular. Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas Carlos J. Finlay. Camaguey. Cuba. Director del Centro para el Desarrollo de las Ciencias Sociales y Human&iacute;sticas en Salud (CENDECSA) email: jav@finlay.cmw.sld.cu </td>   </tr>   <tr>     <td>&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p>&nbsp;</p> <table width="100%" border="1" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif; line-height:200%; text-align:justify; font-size:12px;"> </table>   <table width="100%" border="1" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif; line-height:200%; text-align:justify; font-size:12px;">   <tr>     <td width="15%">           <div align="justify"><img src="/img/revistas/hmc/v7n2/f01110207.GIF" width="137" height="183">    
]]></body>
<body><![CDATA[<br>       </div>     </td>     <td width="85%">    <div align="center"><b> Falleci&oacute; el Dr. Eduardo Bernab&eacute; Ordaz. Un nombre imprescindible en la Historia de la Psiquiatr&iacute;a cubana </b></div>             <p>La            vida y la obra de este innovador revolucionario de la psiquiatr&iacute;a:            Ejercer la pr&aacute;ctica del humanismo m&eacute;dico.</p>             <p>    <br>           Les presentamos selecci&oacute;n de textos aparecidos en la prensa peri&oacute;dica            cubana a partir de la fecha de su desaparici&oacute;n f&iacute;sica,        el 21 de mayo de 2006.</p>      </div></td>   </tr> </table>     <p>    ...Eduardo Bernab&eacute; Ordaz Ducung&eacute;, nacido en Bauta, La Habana,  el 13 de octubre de 1921.     <p>  Sus actividades como estudiante las inici&oacute; en esa localidad y debi&oacute;    alternarlas con trabajos dis&iacute;miles: vendedor de peri&oacute;dicos, limpiabotas,  dependiente de bodega y mensajero, entre otros.     <p>  Se incorpor&oacute; a la lucha social y revolucionaria desde 1949; tom&oacute;    parte en las acciones estudiantiles contra el primer gobierno de Batista. Ocup&oacute;    la presidencia de la segunda ense&ntilde;anza de Marianao y fue miembro del        ejecutivo de la Federaci&oacute;n de Institutos de Cuba. Adem&aacute;s asisti&oacute;  como delegado a los congresos de esa organizaci&oacute;n.     <p>  En 1942 ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, donde  se gradu&oacute; de m&eacute;dico en 1951. Fungi&oacute; como presidente de          la Asociaci&oacute;n de Estudiantes de Medicina y miembro del secretariado de  la FEU.     <p>  En 1952 se incorpora a diferentes organizaciones revolucionarias de acci&oacute;n            y sabotaje. Tambi&eacute;n integr&oacute; la comisi&oacute;n del frustrado ataque            al campamento de Columbia y en la reparaci&oacute;n de armas. En enero de 1958            se incorpor&oacute; a la lucha guerrillera; luego regres&oacute; a La Habana            con la misi&oacute;n de organizar un hospital clandestino en la ciudad cuando            la huelga de abril. Estuvo preso en 13 ocasiones en los cuerpos represivos de  la tiran&iacute;a.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Por su participaci&oacute;n en las actividades clandestinas y la necesidad de              m&eacute;dicos en la Sierra Maestra, tuvo que incorporarse nuevamente al Ej&eacute;rcito              Rebelde como m&eacute;dico de la Columna 1 Jos&eacute; Mart&iacute;, en la cual              alcanz&oacute; el grado de capit&aacute;n. Particip&oacute; en varios combates              y desempe&ntilde;&oacute; la funci&oacute;n de habilitar diferentes casas y  locales como hospitales para atender a los heridos.     <p>  Debido a sus m&eacute;ritos como combatiente, el Primero de Enero de 1959 fue                ascendido al grado de Comandante del Ej&eacute;rcito Rebelde, pasando luego                a la reserva de este, y siendo responsabilizado con la direcci&oacute;n de una                base hospitalaria de los servicios m&eacute;dicos del Ej&eacute;rcito de Occidente.                Posteriormente fue designado director del Hospital Psiqui&aacute;trico de La                Habana, cargo que desempe&ntilde;&oacute; durante m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas  con exitosos resultados.     <p>  Ordaz Ducung&eacute; fue miembro de la Sociedad Cubana de Psiquatr&iacute;a  y Psicolog&iacute;a, as&iacute; como de otras prestigiosas organizaciones internacionales.     <p>  Integr&oacute; varias delegaciones a eventos nacionales y en el exterior; en                    cada ocasi&oacute;n puso en alto los logros de la Revoluci&oacute;n en materia  de Psiquiatr&iacute;a.     <p>  Fue fundador del Partido y diputado a la Asamblea Nacional desde su inicio en  1976 hasta la conclusi&oacute;n de la V Legislatura en el a&ntilde;o 2003. Adem&aacute;s  se desempe&ntilde;&oacute; como presidente del Grupo Parlamentario por la Paz.     <p>  Tambi&eacute;n result&oacute; elegido delegado a la Asamblea Provincial del  Poder Popular en Ciudad de La Habana.     <p>  Entre los muchos reconocimientos y condecoraciones ganados se cuentan la condici&oacute;n                          de H&eacute;roe Nacional del Trabajo, las medallas XX Aniversario de las FAR,                          Combatiente de la Lucha Clandestina, de la Guerra de Liberaci&oacute;n y de                          la Columna 1 Jos&eacute; Mart&iacute;; Lucha contra Bandidos, la Alfabetizaci&oacute;n,                          la Manuel Piti Fajardo, y Fundador del BON 171 de las Milicias Nacionales Revolucionarias.                          Eduardo Bernab&eacute; Ordaz mereci&oacute; tambi&eacute;n las distinciones                          Servicio Distinguido de las FAR y 28 de Septiembre.      <p><b>Combatiente de la esperanza</b>.     <p>  Ejemplo y quehacer del revolucionario que convirtiera un reclusorio de enfermos  mentales en un modelo para la psiquiatr&iacute;a mundial.     <p>  Cuando en los primeros d&iacute;as de enero de 1959, Celia S&aacute;nchez le                              inform&oacute; al capit&aacute;n Bernab&eacute; Ordaz, doctor de la Columna                              Uno del Ej&eacute;rcito Rebelde, que ser&iacute;a el director del Hospital de                              Mazorra, solo atin&oacute; a decir &quot;yo no s&eacute; nada de psiquiatr&iacute;a,  lo m&iacute;o es la anestesia&quot;.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Y sin hablar m&aacute;s del asunto, al otro d&iacute;a de su llegada a La Habana,                                en la caravana de Fidel Castro, ya estaba tomando posesi&oacute;n del nuevo                                cargo, luego de haber sido ascendido como Comandante del Ej&eacute;rcito Rebelde,                                aunque todav&iacute;a le retumbaba la respuesta de Celia: &quot;T&uacute; sabes  mucho de organizaci&oacute;n y sobre todo de condici&oacute;n humana&quot;.     <p>  El primer encuentro con el hospital siempre lo record&oacute; como el m&aacute;s                                  dif&iacute;cil. Traspasar el &quot;Infierno de Dante&quot;, definido as&iacute;    por el Comandante en Jefe, fue desgarrador. Ni en los momentos    m&aacute;s duros en la Sierra Maestra, hab&iacute;a presenciado tanto dolor                                  humano. &quot;Dejad toda esperanza fuera&quot;, imagin&oacute; leer en las puertas  de aquel lugar maldito.     <p>  Unos seis mil enfermos psiqui&aacute;tricos estaban hacinados en criminal promiscuidad,                                    incluso hasta con delincuentes. Solo exist&iacute;an dos mil camas. Todas destartaladas  y sucias. Con bastidores que pinchaban, her&iacute;an o rozaban el suelo.     <p>  En aquella inmensa instalaci&oacute;n no hab&iacute;a luz, agua, ni alcantarillado.                                      Decenas estaban desnudos y abandonados. Muchos mor&iacute;an por diarreas. All&iacute;    com&iacute;a el m&aacute;s fuerte o el que en alg&uacute;n instante de lucidez  pod&iacute;a batallar un pedazo de pan.      <p>  Despu&eacute;s del impacto inicial, el joven director tom&oacute; su primera  medida: abrir las jaulas donde estaban recluidos los m&aacute;s graves.     <p> All&iacute;    volvi&oacute; a recordar las palabras de Celia, el compromiso con Fidel y consigo  mismo como galeno, revolucionario y cristiano.      <p>  Prometi&oacute; en silencio dar vida a ese infierno. Transformarlo radicalmente.  Dejar atr&aacute;s la triste historia de m&aacute;s de un siglo de desamparo.     <p>  Y esa fue su misi&oacute;n por m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. La obra que solo                                              dej&oacute; de acompa&ntilde;ar personalmente el pasado 21 de mayo de 2006,                                              cuando falleciera a los 84 a&ntilde;os de edad, v&iacute;ctima de una insuficiencia  renal irreversible.     <p>  Venga la esperanza     <p>  Hasta el 9 de enero de 1959, aquel hospital era considerado un &quot;almac&eacute;n  de locos&quot;. All&iacute; la &uacute;nica cura posible era la muerte.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ochenta                                                    y siete pacientes dejaron de existir en una noche de fr&iacute;o. Varios recurr&iacute;an                                                    al suicido para &quot;escapar&quot; de los suplicios de un centro hospitalario,  que ten&iacute;a 12 centavos diarios de presupuesto estatal.     <p>  Pero el Comandante Ordaz, como todos lo nombraban, no perdi&oacute; ni un segundo.                                                      Empez&oacute; clasificando cada uno de los miles y miles de enfermos recluidos.                                                      En su ayuda acudieron varios psiquiatras que no se dejaron comprar por los enemigos  de la joven Revoluci&oacute;n Cubana.      <p>  Por primera vez comenz&oacute; a aplicar terapias de rehabilitaci&oacute;n,                                                        sobre la base de que ning&uacute;n paciente estuviera inactivo. Todos deb&iacute;an  estar vinculados al trabajo, al deporte, a la recreaci&oacute;n y a la cultura.     <p>  A partir de entonces se vieron otras caras. El cambio de direcci&oacute;n y                                                          una vocaci&oacute;n altruista, trocaron aquella verg&uuml;enza nacional en un                                                          verdadero sanatorio, donde se pod&iacute;a recobrar la salud mental y la dignidad  humana.      <p>  En 1962 surgi&oacute; la Terapia ocupacional y de rehabilitaci&oacute;n, de                                                            acuerdo con la preferencia del paciente, sus aptitudes y la clasificaci&oacute;n  de cada patolog&iacute;a, en dependencia del estado general del enfermo.     <p>  Tambi&eacute;n nacieron otros programas como el Psicoballet, creado en 1973                                                              con el apoyo de Alicia Alonso. Este m&eacute;todo terap&eacute;utico se ha extendido  a una docena de pa&iacute;ses.      <p>  Actualmente, son muchos los logros de este reconocido centro a nivel mundial.  Incluso su colectivo ha estado vinculado a m&uacute;ltiples tareas econ&oacute;micas                                                                y sociales del pa&iacute;s. Desde las zafras del pueblo hasta la reparaci&oacute;n  de escuelas y policl&iacute;nicos.      <p>  El 13 de enero de 2004, el doctor Ordaz Ducung&eacute; recibi&oacute; la condici&oacute;n  honor&iacute;fica de Director Fundador de la instituci&oacute;n.      <p>  <b>Guerrillero siempre</b>     <p>  Cuando en el actual Hospital Psiqui&aacute;trico de La Habana, se pregunta por                                                                      el Comandante Ordaz, todos responden que era un hombre sencillo, noble, de car&aacute;cter                                                                      sensible y una capacidad extraordinaria de compasi&oacute;n y valor ante las  dificultades.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Nunca se quit&oacute; el sombrero al&oacute;n, ni la barba rebelde. Siempre                                                                        se sinti&oacute; guerrillero. Su bur&oacute; estaba repleto de papeles, acompa&ntilde;ados                                                                        de una Biblia y un rosario. En las paredes de la oficina colgaba varios recuerdos                                                                        y un crucifijo. Sonre&iacute;a cada vez que le comentaban que tambi&eacute;n                                                                        en el pueblo le dec&iacute;an &quot;San Ordaz de la Esperanza&quot;. Lo agradec&iacute;a                                                                        modestamente y marchaba raudo por los 36 salones del hospital, ahora con unas  tres mil camas.     <p>  En una de sus tantas entrevistas confes&oacute; que &quot;arreglar aquella desgracia                                                                          fue una batalla muy dura. Junto a m&iacute; lucharon muchos compa&ntilde;eros                                                                          valiosos y an&oacute;nimos, pero he sido un hombre muy feliz y jam&aacute;s                                                                          me dej&eacute; vencer por las dificultades&quot;.      <p><b>SEMBLANZA</b></p>      <p>HASTA PRONTO&#8230; DOCTOR    EDUARDO BERNAB&Eacute; ORDAZ (1921-2006)     <br>       <br>   &#8220; (&#8230;) No mueren los que a la ciencia </p>     <p> y a la patria hicieron    bien&#8221; . </p>     <p>Jos&eacute; Mart&iacute;.        <br>       <br>   Los (sus) trabajadores del Hospital Psiqui&aacute;trico de La Habana , la psiquiatr&iacute;a    cubana y la comunidad cient&iacute;fica internacional han sufrido una p&eacute;rdida    irreparable: el doctor Eduardo Bernab&eacute; Ordaz, director fundador de nuestra    instituci&oacute;n, dej&oacute; de existir el 21 de mayo del 2006, en el Centro    de Investigaciones M&eacute;dico-Quir&uacute;rgicas, como consecuencia de una    afecci&oacute;n renal, que priv&oacute; de la vida a uno de los grandes art&iacute;fices  del humanismo revolucionario y cristiano en la mayor de las Antillas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  La labor cient&iacute;fica y humana realizada por el tambi&eacute;n Profesor      Em&eacute;rito de la Universidad M&eacute;dica de La Habana en el tristemente      c&eacute;lebre Hospital de Dementes de Cuba est&aacute; inscrita, con letras      indelebles, no s&oacute;lo en los anales de la psiquiatr&iacute;a caribe&ntilde;a      e iberoamericana, sino tambi&eacute;n en la memoria po&eacute;tica de la humanidad      discapacitada, a cuya atenci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n psicosocial el      H&eacute;roe del Trabajo de la Rep&uacute;blica de Cuba se consagr&oacute; en      cuerpo, mente y alma durante m&aacute;s de cuarenta y cuatro a&ntilde;os de      su fecunda vida&#8230;, porque comprendi&oacute;, con meridiana claridad, que      la misi&oacute;n que deb&iacute;a cumplir en la tierra era convertir aquel &#8220;Infierno      de Dante&#8221;, calificado as&iacute; por el presidente Fidel Castro Ruz, en      el floreciente Jard&iacute;n de la Esperanza que hoy es, y que &eacute;l cultiv&oacute;    con amor y ciencia. Esas cuatro d&eacute;cadas de incondicional entrega a una      causa noble y justa fueron el mejor aval para que manos amigas presentaran su      candidatura al Premio Nobel de la Paz y al Premio Nobel de Medicina, respectivamente.  </p>     <p>  En este contexto, NO har&eacute; el paneg&iacute;rico del doctor Bernab&eacute;    Ordaz&#8230;, s&oacute;lo me referir&eacute;, en voz apenas audible, a algunas        facetas de su carism&aacute;tica personalidad que explican c&oacute;mo el comandante-m&eacute;dico        del Ej&eacute;rcito Rebelde percibi&oacute; que la &eacute;tica, el humanismo        y la espiritualidad son fieles aliados de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica,        y con base en esos tres pilares fundamentales edific&oacute; la obra que &#8220;(&#8230;)        lo trasciende e inmortaliza (&#8230;)&#8221;, como bien precis&oacute; en su        vibrante despedida de duelo el doctor Jorge Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, rector        de la Universidad M&eacute;dica de La Habana. </p>     <p>  Como cualquier otro ser humano, el doctor Bernab&eacute; Ordaz ten&iacute;a          virtudes, defectos, inconsistencias, debilidades y necesidades&#8230;, pero          los principios rectores que orientaron su conducta, no s&oacute;lo como director          del capitalino Hospital Psiqui&aacute;trico, sino tambi&eacute;n como persona    &uacute;nica e irrepetible, fueron el amor y el perd&oacute;n, heredados de          sus profundas convicciones martianas y cristianas. </p>     <p>  Cualquier profesional, t&eacute;cnico o trabajador de ese Colectivo Moral pod&iacute;a            discutir con el Director o estar en desacuerdo con sus criterios o puntos de            vista. No obstante, a los cinco minutos, el doctor Bernab&eacute; Ordaz se olvidaba            de todo cuanto le hab&iacute;an dicho&#8230; y ah&iacute; quedaba &#8220;sepultado&#8221;    el incidente, porque su alma libre y pura NO alimentaba insectos venenosos ni    desped&iacute;a olores p&uacute;tridos&#8230;, s&oacute;lo cultivaba hermosas            flores, cuyo perfume acariciaba el intelecto y el esp&iacute;ritu de sus amigos            sinceros o enemigos dignos, mientras que a los roedores de la inteligencia y            el talento ajenos les mellaba los &#8220;colmillos&#8221; que muerden el cuerpo,            la mente y el alma de los hombres virtuosos. </p>     <p>  En cierta ocasi&oacute;n, un psiquiatra (ya fallecido) acus&oacute; al doctor              Bernab&eacute; Ordaz de &#8220;abuso de poder&#8221;; en consecuencia, le pidi&oacute;    al Ministro de Salud P&uacute;blica que actuara &#8220;en&eacute;rgicamente&#8221;.              En respuesta a dicha solicitud, el Ministro le envi&oacute; el escrito original              al Director, para que resolviera ese asunto como &eacute;l estimara pertinente.              El doctor Bernab&eacute; Ordaz llam&oacute; a ese facultativo y le pregunt&oacute;    si &eacute;l hab&iacute;a formulado esa acusaci&oacute;n; el susodicho &#8220;trag&oacute;    en seco&#8221;, cambi&oacute; de color, y al final, admiti&oacute; la autor&iacute;a              del escrito. Entonces, el Director lo &#8220;rega&ntilde;&oacute;&#8221;, como              s&oacute;lo un padre afectuoso puede hacerlo, le record&oacute;, con mucho tacto              y sin lesionar en lo m&aacute;s m&iacute;nimo su dignidad humana, en qu&eacute;    condiciones desfavorables hab&iacute;a ido a trabajar al hospital, y luego,              lo mand&oacute; para la sala, donde ese psiquiatra era jefe de servicio; jefatura              que nunca le quit&oacute;&#8230; hasta que, por decisi&oacute;n propia, se fue              a trabajar a otras instituciones de salud&#8230;, donde, lamentablemente para    &eacute;l, NO tuvo la suerte de encontrar a un Director como el doctor Bernab&eacute;    Ordaz. </p>     <p>  Hace 7 a&ntilde;os, comet&iacute; un desafortunado error y el Director me llam&oacute;    por tel&eacute;fono a mi casa para requerirme por primera vez&#8230; en 25 a&ntilde;os.                En cuanto escuch&eacute; la voz, molesta, del doctor Bernab&eacute; Ordaz, le                ped&iacute;, por favor, que me escuchara antes de que prosiguiera. Le dije,                m&aacute;s o menos lo siguiente, &#8220;Doctor, d&iacute;game lo que usted quiera,                porque me lo merezco, y cuando termine de decirme todo lo que usted desee&#8230;    d&iacute;game el doble o el triple&#8230; por &#8216;tonto'&#8221;. Esa reacci&oacute;n                (inesperada) le quit&oacute;, al parecer, los deseos de seguir &#8220;peleando&#8221;,                me dijo dos o tres cosas que NO entend&iacute; bien&#8230; y ah&iacute; acab&oacute;    el &#8220;rapapolvo&#8221;. Al otro d&iacute;a, le escrib&iacute; para decirle                que &eacute;l para m&iacute; no era un simple Director, sino un padre (intelectual                y espiritual), y que un progenitor, a veces, ten&iacute;a que castigar a su                hijo; por consiguiente, yo aceptaba el castigo, porque lo merec&iacute;a con                creces. La respuesta, que reproduzco sin permiso de &eacute;l, porque no quiero                despertarlo del sue&ntilde;o eterno que duerme en los amant&iacute;simos brazos                del Esp&iacute;ritu Universal, tantas veces citado en la obra literaria y period&iacute;stica                de Jos&eacute; Mart&iacute;, 1 fue la siguiente: </p>     <p>Estimado Profesor: </p>     <p> Despu&eacute;s de saludarlo, una vez m&aacute;s lo felicito, y lo pongo siempre                    como ejemplo de trabajador honesto y responsable, digno de todo reconocimiento,                    por su abnegada labor en las diferentes tareas que se le encomiendan. </p>     <p>  Es por ello, que le ruego, olvide el incidente pasado y siga siendo vanguardia  en sus funciones. </p>     <p> Sin m&aacute;s, queda de usted,     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Fraternalmente,     <br>   Dr. Eduardo B. Ordaz     <br>   Director. </p>     <p>  (El original se encuentra en el expediente laboral del autor de esta semblanza) </p>     <p>  No es necesario seguir emborronando cuartillas, porque estoy seguro, estimado            lector, que lo dicho hasta aqu&iacute; es suficiente para convencerlo de que                            cuando &#8220;(&#8230;) los hombres envidiados (&#8230;) mueren, como las palmadas                            que da la Inmortalidad no suenan (&#8230;), nadie les disputa ya su gloria&#8221;.    <a href="#2">2</a> </p>     <p>&iexcl;Descanse en paz, doctor Eduardo Bernab&eacute; Ordaz, porque usted es                              de esos hombres buenos y justos, que van en el bando de &#8220;(&#8230;) los                              que aman y fundan (&#8230;)&#8221;. <a href="#3">3 </a></p>     <p><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas </b></p>     <p>    <a name="1"></a>1. Mart&iacute; J. Obras completas . La Habana : Editorial Ciencias Sociales;    1975; 28 tomos.     <br>   <a name="2"></a>2. Mart&iacute; J. Citado por Ramiro Vald&eacute;s Galarraga. En : Diccionario    del pensamiento martiano . La Habana : Editorial Ciencias Sociales; 2002: p.    279.     <br>   <a name="3"></a>3. Mart&iacute; J. Citado por Jorge Sergio Batlle. En : Jos&eacute; Mart&iacute;:    aforismos . La Habana : Centro de Estudios Martianos; 2004: p. 188.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </p>     <p>Tomado de:</p>     <p>Bohemia Digital. Por Katia    Monteagudo. Aparece en: http://www.bohemia.cubaweb.cu/2006/06/21/nacionales/bernabe-ordaz.html</p>     <p>Granma Internacional. Viernes    22 de mayo de 2006</p>     <p> Jes&uacute;s Due&ntilde;as    Becerra 1 Rev. Hosp. Psiqui&aacute;trico de la Habana 2006;3(2) Acceso en: http://www.psiquiatricohph.sld.cu/hph0206/hph021606.htm</p>      ]]></body>
</article>
