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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Quiste mesentérico: experiencia en 4 casos]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital General de Castellón Servicio de Cirugía General y Digestiva ]]></institution>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Quiste mesentérico]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[linfangioma]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[mesotelioma]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p>Hospital General  de Castell&oacute;n (Espa&ntilde;a), Servicio de Cirug&iacute;a General y Digestiva</p> <h2><strong>Quiste mesent&eacute;rico: experiencia en 4 casos</strong></h2><br />   <br />   <a href="#cargo">Dr. David Mart&iacute;nez-Ramos,<span class="superscript">1</span> Dr. Carlos Rodr&iacute;guez-Pereira,<span class="superscript">2</span> Dr. Javier Escrig-Sos,<span class="superscript">3</span> Dr. Vicente Pellicer  Castell,<span class="superscript">4</span> Dr. Juan Manuel Miralles-Tena<span class="superscript">5</span> y Dr Jos&eacute; Luis &nbsp;Salvador-Sanch&iacute;s<span class="superscript">6</span></a><a name="autor" id="autor"></a>     <p>&nbsp;</p>     <blockquote>   <h4><strong>RESUMEN</strong></h4>       <p align="justify"> El quiste  mesent&eacute;rico es una enfermedad poco frecuente, cuya importancia ha sido  menospreciada en demasiadas ocasiones en la literatura m&eacute;dica. La baja  incidencia de la enfermedad y la creencia err&oacute;nea de que se trata de un proceso  benigno y asintom&aacute;tico han contribuido al escaso inter&eacute;s por su conocimiento. Se  realiz&oacute; un estudio retrospectivo con revisi&oacute;n de los pacientes ingresados en el  Servicio de Cirug&iacute;a General y Digestiva del Hospital General de Castell&oacute;n entre  enero de 1990 y noviembre de 2005. Se diagnosticaron 4 quistes mesent&eacute;ricos de  los 34 355 ingresos en nuestro servicio. La mitad eran mujeres y la media de  edad fue de 25 a&ntilde;os. Tres casos presentaron s&iacute;ntomas y s&oacute;lo uno fue un hallazgo  casual. La manifestaci&oacute;n cl&iacute;nica m&aacute;s frecuente fue el dolor abdominal leve y  difuso. Uno de los pacientes se complic&oacute; con una perforaci&oacute;n espont&aacute;nea del  quiste y peritonitis. El tratamiento fue la ex&eacute;resis quir&uacute;rgica en todos los  casos. Las v&iacute;as de abordaje fueron: 3 laparotom&iacute;as y 1 laparoscopia. &Uacute;nicamente  un caso requiri&oacute; resecci&oacute;n intestinal por d&eacute;ficit en la vascularizaci&oacute;n. No  hubo ninguna recidiva tras la cirug&iacute;a. A pesar de la baja frecuencia de esta  enfermedad, su conocimiento es necesario ya que se pueden presentar s&iacute;ntomas cuando  el quiste ha crecido, as&iacute; como complicaciones graves (hemorragia, perforaci&oacute;n,  obstrucci&oacute;n intestinal, malignizaci&oacute;n, etc.), que se pueden prevenir con la  intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica, incluso en los casos asintom&aacute;ticos.<br />     <br />     <em>Palabras clave</em>: Quiste mesent&eacute;rico, linfangioma, mesotelioma. </p> </blockquote>     <p align="justify"><br /> Los quistes mesent&eacute;ricos son una enfermedad infrecuente y sobre la que es  dif&iacute;cil encontrar bibliograf&iacute;a, tanto en libros de texto &mdash;donde apenas  se les dedica unas l&iacute;neas&mdash;, como en publicaciones peri&oacute;dicas y son pocos  los art&iacute;culos que cuentan con un n&uacute;mero suficiente de pacientes. Aunque se ha  publicado que, habitualmente, estos quistes son asintom&aacute;ticos, &eacute;stos pueden  presentar manifestaciones importantes e, incluso, complicaciones graves, como  perforaciones, hemorragia, oclusiones, entre otras, por lo que su conocimiento  se hace necesario.</p>     <p align="justify">  Asimismo, la escasa literatura m&eacute;dica al respecto hace que, en muchas ocasiones,  los t&eacute;rminos sean utilizados de forma confusa, lo cual hace posible que existan  discrepancias entre diferentes autores para referirse a conceptos id&eacute;nticos.<br />   Presentamos nuestra experiencia en el tratamiento de los quistes  mesent&eacute;ricos, con revisi&oacute;n de los casos atendidos en nuestro hospital entre  enero de 1990 y noviembre de 2005.</p> <h4><strong><br /> material y M&Eacute;TODOS</strong></h4>     <p align="justify">Revisamos retrospectivamente las historias cl&iacute;nicas de los pacientes  ingresados en nuestro servicio con el diagn&oacute;stico de quiste mesent&eacute;rico, desde  enero de 1990 hasta noviembre de 2005. Se excluyeron de este estudio aquellas lesiones  localizadas en el peritoneo parietal, retroperitoneo, ligamentos y omentos. El  n&uacute;mero final de pacientes incluidos fue de 4 (Tabla).</p>     <p align="center">  Tabla. <em>Caracter&iacute;sticas  de los pacientes</em></p> <table border="1" align="center" cellpadding="0" cellspacing="3">   <tr>     <td width="65">    <div align="center"><strong>Ingreso</strong> </div></td>     <td width="73">    <p align="center"><strong>Procedencia</strong></p></td>     <td width="96">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><strong>Cl&iacute;nica</strong></p></td>     <td width="67">    <p align="center"><strong>Tama&ntilde;o (cm)</strong></p></td>     <td width="81">    <p align="center"><strong>Localizaci&oacute;n</strong></p></td>     <td width="95">    <p align="center"><strong>Tratamiento</strong></p></td>     <td width="81">    <p align="center"><strong>Acceso</strong></p></td>     <td width="81">    <p align="center"><strong>Anatom&iacute;a</strong></p></td>   </tr>   <tr>     <td width="657" colspan="8">    <p align="center"><strong>Caso 1 </strong>(sexo femenino, 25 a&ntilde;os de edad;    13 a&ntilde;os de seguimiento)</p>     </td>   </tr>   <tr>     <td width="65">    <p align="center">8    d&iacute;as</p></td>     <td width="73">    <p align="center">Consultas</p></td>     <td width="96">    <p align="center">Dolor    abdominal V&oacute;mitos<br />       Masa    palpable</p></td>     <td width="67">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">24    x 20</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Mesocolon    transverso</p></td>     <td width="95">    <p align="center">Resecci&oacute;n    quir&uacute;rgica</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Laparotom&iacute;a    media programada</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Quiste    mesotelial simple</p></td>   </tr>   <tr>     <td width="657" colspan="8">    <p align="center"><strong>Caso 2 </strong>(sexo masculino, 14 a&ntilde;os de edad;    1 a&ntilde;o de seguimiento)</p></td>   </tr>   <tr>     <td width="65">    <p align="center">16    d&iacute;as</p></td>     <td width="73">    <p align="center">Urgencias</p></td>     <td width="96">    <p align="center">Dolor    abdominal Masa palpable Peritonitis</p></td>     <td width="67">    <p align="center">7    x 8</p></td>     <td width="81">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Yeyuno</p></td>     <td width="95">    <p align="center">Resecci&oacute;n    quir&uacute;rgica</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Laparotom&iacute;a    media urgente</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Quiste    mesotelial simple</p></td>   </tr>   <tr>     <td width="657" colspan="8">    <p align="center"><strong>Caso 3 </strong>(sexo femenino, 21 a&ntilde;os de edad; 6    meses de seguimiento)</p></td>   </tr>   <tr>     <td width="65">    <p align="center">11    d&iacute;as</p></td>     <td width="73">    <p align="center">Ginecolog&iacute;a</p></td>     <td width="96">    <p align="center">Dolor    abdominal V&oacute;mitos</p></td>     <td width="67">    <p align="center">22    x 8</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Yeyuno</p></td>     <td width="95">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Resecci&oacute;n    quir&uacute;rgica y resecci&oacute;n intestinal</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Laparotom&iacute;a    Pfannestiel</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Linfangioma</p></td>   </tr>   <tr>     <td width="657" colspan="8">    <p align="center"><strong>Caso 4 </strong>(sexo masculino, 41 a&ntilde;os de edad;    5 meses de seguimiento)</p></td>   </tr>   <tr>     <td width="65">    <p align="center">2    d&iacute;as</p></td>     <td width="73">    <p align="center">Consultas</p></td>     <td width="96">    <p align="center">Asintom&aacute;tico</p></td>     <td width="67">    <p align="center">5    x 4</p></td>     <td width="81">    <p align="center">&Iacute;leon</p></td>     <td width="95">    <p align="center">Resecci&oacute;n    quir&uacute;rgica y colecistectom&iacute;a</p></td>     <td width="81">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Laparoscopia</p></td>     <td width="81">    <p align="center">Linfangioma</p></td>   </tr> </table>     <p align="justify"><em><br />   Caso 1: </em>Mujer  de 25 a&ntilde;os, sin antecedentes m&eacute;dico-quir&uacute;rgicos de inter&eacute;s que, en mayo de 1992  acudi&oacute; a consultas externas por presentar dolor leve y continuo 2 meses de  evoluci&oacute;n en la regi&oacute;n epig&aacute;strica, en ocasiones acompa&ntilde;ado de dispepsia y  sensaci&oacute;n nauseosa. Durante la exploraci&oacute;n f&iacute;sica, el abdomen era blando y deprimible,  y se palpaba una masa de aproximadamente 20&nbsp;cm de di&aacute;metro, parcialmente  m&oacute;vil y de contorno regular, que ocupaba la totalidad del vac&iacute;o izquierdo. El  hemograma y la bioqu&iacute;mica fueron normales. En la ecograf&iacute;a abdominal, se  demostr&oacute; una imagen qu&iacute;stica, tabicada, de 21&nbsp;cm x 18&nbsp;cm, que se  extend&iacute;a desde el polo inferior del ri&ntilde;&oacute;n derecho hasta la pelvis menor. En la tomograf&iacute;a  axial computadorizada (TAC) abdominop&eacute;lvica se confirm&oacute; la lesi&oacute;n y fue diagnosticada  como quiste mesent&eacute;rico, por lo que se decidi&oacute; la intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica.<br />    <br />   Bajo anestesia general se realiz&oacute; una laparotom&iacute;a  media supra-infraumbilical, mediante la cual se comprob&oacute; la presencia de una  gran tumoraci&oacute;n bilobulada, de 20&nbsp;cm de di&aacute;metro m&aacute;ximo, lisa y  trasl&uacute;cida, dependiente del mesocolon transverso. &Eacute;sta se consigui&oacute; extirpar sin  necesidad de resecci&oacute;n intestinal. El estudio anatomopatol&oacute;gico posterior  confirm&oacute; que se trataba de un quiste mesent&eacute;rico. El postoperatorio trascurri&oacute;  sin incidencias y el paciente recibi&oacute; el alta hospitalaria a los 8 d&iacute;as de la  intervenci&oacute;n. Trece a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la paciente no ha presentado complicaciones  y, en la actualidad, permanece sin s&iacute;ntomas.</p>     <p align="justify"><em>Caso 2: </em>Var&oacute;n de 14 a&ntilde;os sin  antecedentes de inter&eacute;s que, en noviembre de 2004 acudi&oacute; a urgencias de nuestro  hospital por dolor abdominal difuso de 5 d&iacute;as de evoluci&oacute;n. En la exploraci&oacute;n  f&iacute;sica destacaba la palpaci&oacute;n de una masa en hemiabdomen izquierdo de  aproximadamente 5&nbsp;cm de di&aacute;metro, con cierta movilidad lateral. El  hemograma y la bioqu&iacute;mica fueron normales. Durante el ingreso se realiz&oacute;  ecograf&iacute;a, TAC y resonancia magn&eacute;tica (RM) abdominales en las que se observ&oacute;  una lesi&oacute;n qu&iacute;stica intraperitoneal en hemiabdomen izquierdo, de 8&nbsp;cm de  di&aacute;metro m&aacute;ximo, paredes gruesas y contenido heterog&eacute;neo, que desplazaba  estructuras y &oacute;rganos adyacentes, sugestivo de quiste mesent&eacute;rico (Fig. 1 [A1]).  No exist&iacute;a evidencia de l&iacute;quido libre intraperitoneal.<br />    <br />   Durante la madrugada del cuarto d&iacute;a de ingreso, el  paciente sufri&oacute; un dolor s&uacute;bito, intenso y difuso por todo el abdomen, con  signos de irritaci&oacute;n peritoneal por lo que con la sospecha de perforaci&oacute;n del  quiste se decidi&oacute; su intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica urgente. Durante &eacute;sta se visualiz&oacute;  la lesi&oacute;n qu&iacute;stica conocida, dependiente del mesenterio yeyunal y que  presentaba una perforaci&oacute;n de 5&nbsp;mm de di&aacute;metro, con diseminaci&oacute;n  peritoneal de su contenido (Fig. 1 [A2]). Tras tomar una muestra para su  estudio microbiol&oacute;gico y cerrar la perforaci&oacute;n qu&iacute;stica con puntos de seda, se  realiz&oacute; la ex&eacute;resis completa de la tumoraci&oacute;n y se preserv&oacute; de forma adecuada  la vascularizaci&oacute;n de todo el intestino delgado. El estudio anatomopatol&oacute;gico  posterior confirm&oacute; el quiste mesent&eacute;rico mucoide, con hemorragia, necrosis e  intenso infiltrado inflamatorio agudo. El cultivo microbiol&oacute;gico fue negativo.<br />   <br />   Tras 7 d&iacute;as de postoperatorio y buena evoluci&oacute;n cl&iacute;nica, el paciente  recibi&oacute; el alta hospitalaria. Despu&eacute;s de 1 a&ntilde;o de seguimiento el paciente  permanece asintom&aacute;tico.<br /> </p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/cir/v44n4/f0106405.jpg" alt="Figura 1" width="637" height="238" /></p>     
<blockquote>       <p align="left">Figura 1. Im&aacute;genes del TAC y de la cirug&iacute;a. A1) TAC abdominal. <br />   A2)  Cirug&iacute;a; se observa una peque&ntilde;a perforaci&oacute;n se&ntilde;alada con la pinza. </p> </blockquote>     <p align="justify"><em><br />   Caso 3: </em>Mujer  de 21 a&ntilde;os, sin antecedentes de inter&eacute;s que, en junio de 2005 acudi&oacute; a urgencias  de este hospital por presentar dolor abdominal, acompa&ntilde;ado de v&oacute;mitos biliosos  de 2 d&iacute;as de evoluci&oacute;n. En la exploraci&oacute;n f&iacute;sica destacaba un dolor abdominal  difuso con predominio en el hipogastrio, as&iacute; como la palpaci&oacute;n de una masa abdominal  de l&iacute;mites definidos y poco m&oacute;vil. Se realiz&oacute; ecograf&iacute;a abdominal de urgencia  en la que se observ&oacute; gran tumoraci&oacute;n qu&iacute;stica multitabicada que ocupaba los 2/3  inferiores del abdomen, sugestiva de quiste anexial. En la TAC abdominop&eacute;lvica  se identific&oacute; una masa qu&iacute;stica de 22&nbsp;cm x 8&nbsp;cm, con septos en su  interior, que desplazaba estructuras adyacentes y era compatible con cistoadenoma  de ovario (Fig. 2 [B1]).<br />    <br />   Con este diagn&oacute;stico se decidi&oacute; la intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica  bajo anestesia general y, mediante una incisi&oacute;n de Pfannenstiel, se accedi&oacute; a  la cavidad abdominal, donde se demostr&oacute; la presencia del quiste, que ocupaba  todo el hemiabdomen inferior. El gran tama&ntilde;o qu&iacute;stico oblig&oacute; a la punci&oacute;n y  vaciado de su contenido, con extracci&oacute;n de 2&nbsp;300&nbsp;cc de material  seroso claro (Fig. 2 [B2]). A continuaci&oacute;n, tras comprobar que no se trataba de  una tumoraci&oacute;n ov&aacute;rica sino que depend&iacute;a del mesenterio yeyunal, se resec&oacute; el  quiste junto con el asa del intestino delgado correspondiente y se realiz&oacute; una anastomosis  t&eacute;rmino-terminal. El postoperatorio fue satisfactorio y el paciente fue dado de  alta a los 11 d&iacute;as del ingreso. Tras 5 meses de seguimiento la paciente  contin&uacute;a asintom&aacute;tica.<br /> </p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/cir/v44n4/f0206405.jpg" alt="Figura 2" width="635" height="238" /></p>     
<blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">Figura 2. Im&aacute;genes del TAC y de la cirug&iacute;a. B1) TAC abdominal. <br />   B2)  Cirug&iacute;a; se distingue el quiste tras su aspirado.</p> </blockquote>     <p align="justify"><em><br />   Caso 4: </em>Var&oacute;n  de 41 a&ntilde;os, hipertenso que, en agosto de 2005 acudi&oacute; a urgencias por dolor abdominal  tipo c&oacute;lico localizado en el hipocondrio derecho, acompa&ntilde;ado de n&aacute;useas y  v&oacute;mitos, sugestivo de c&oacute;lico biliar. Durante el estudio ecogr&aacute;fico se demostraron  m&uacute;ltiples litiasis biliares, sin signos de colecistitis. Asimismo, se observ&oacute; una  lesi&oacute;n qu&iacute;stica de 45&nbsp;mm de di&aacute;metro m&aacute;ximo, adyacente a la vena cava  inferior. La TAC abdominal confirm&oacute; que se trataba de un quiste localizado en  el mesenterio.<br />    <br />   Se decidi&oacute; su intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica programada,  bajo anestesia general, la cual se realiz&oacute; mediante abordaje laparosc&oacute;pico, colecistectom&iacute;a  y ex&eacute;resis del quiste localizado en meso&iacute;leon. Dos d&iacute;as m&aacute;s tarde y tras un postoperatorio  sin incidencias, el paciente fue dado de alta. En el seguimiento, 3 meses m&aacute;s  tarde, no ha habido complicaciones. </p> <h4 align="justify"><strong><br /> RESULTADOS</strong></h4>     <p align="justify">  Durante el per&iacute;odo estudiado se han registrado en nuestro servicio 34&nbsp;355&nbsp;ingresos  y 4 de ellos fueron diagnosticados de quiste mesent&eacute;rico (0,1&nbsp;%). De los 4  pacientes estudiados, la mitad eran hombres. Sus edades fueron: 14, 21, 25 y 41  a&ntilde;os. La manifestaci&oacute;n inicial m&aacute;s frecuente fue dolor abdominal leve, difuso y  mal localizado, que se observ&oacute; en tres de ellos y que fue en una ocasi&oacute;n un  hallazgo casual durante una ecograf&iacute;a realizada por otro motivo.<br />    <br />   En uno de los casos se efectu&oacute; la intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica de forma urgente  por peritonitis. En los casos restantes las intervenciones fueron programadas.  En los tres casos sintom&aacute;ticos, pudo palparse la tumoraci&oacute;n durante la  exploraci&oacute;n f&iacute;sica. En ninguno de nuestros pacientes se encontraron alteraciones  en el hemograma ni en la bioqu&iacute;mica. El di&aacute;metro m&aacute;ximo de los quistes fue de  24&nbsp;cm, 7&nbsp;cm, 22&nbsp;cm y 5&nbsp;cm, respectivamente, con un grosor  entre 0,3&nbsp;cm y 0,2&nbsp;cm. Mayoritariamente eran quistes uniloculados &mdash;casos  2, 3 y 4 &mdash; y s&oacute;lo el caso 1 era multiloculado. <br />   <br />   El contenido del quiste del primer caso consist&iacute;a en un l&iacute;quido claro,  mientras que los dem&aacute;s, en mayor o menor proporci&oacute;n, mostraban un l&iacute;quido de  aspecto hem&aacute;tico. En los cuatro pacientes se identific&oacute; inicialmente la lesi&oacute;n  qu&iacute;stica mediante ecograf&iacute;a y se confirm&oacute; mediante TAC, aunque en un caso el  diagn&oacute;stico por imagen fue incorrecto (quiste anexial). La localizaci&oacute;n de los  quistes fue, en tres ocasiones, en la zona media del intestino delgado, &mdash;2  en yeyuno y 1 en &iacute;leon&mdash; y, en una ocasi&oacute;n, en el mesocolon  transverso. En todos ellos el tratamiento de elecci&oacute;n fue la resecci&oacute;n quir&uacute;rgica,  con diferentes abordajes: 2 laparotom&iacute;as medias &nbsp;&mdash;una de urgencia y una programada&mdash;, una  laparotom&iacute;a de Pfannestiel y un abordaje laparosc&oacute;pico. <br />   <br />   Tan solo en una ocasi&oacute;n fue necesaria la resecci&oacute;n intestinal por  compromiso de la vascularizaci&oacute;n, mientras en el resto de pacientes se conserv&oacute;  todo el intestino. Microsc&oacute;picamente los casos 1 y 2 estaban revestidos por un  epitelio de c&eacute;lulas mesoteliales aplanadas y carec&iacute;an de fibras musculares y  tejido linfoide (Fig. 3a). Inmunohistoqu&iacute;micamente fueron positivos para  citoqueratinas AE1/AE3. Los casos 3 y 4 mostraban un recubrimiento de c&eacute;lulas  aplanadas de aspecto endotelial, y en el espesor de sus paredes se observaron  varias formaciones dilatadas de aspecto linf&aacute;tico y fibras musculares lisas (Fig.  3b). Estos casos fueron claramente inmunoreactivos para D2-40 &mdash;marcador de  endotelio vascular linf&aacute;tico&mdash; (Fig. 3c), y para actina de m&uacute;sculo liso  (actina SMA) (Fig. 3d).<br /> </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/cir/v44n4/f0306405.jpg"><img src="/img/revistas/cir/v44n4/f0306405.jpg" alt="Figura 3" width="397" height="282" border="0" /></a></p>     
<blockquote>       <p align="justify">Figura 3. Cortes histol&oacute;gicos. a) Quiste mesotelial simple: Pared  revestida por mesotelio (hematoxilina-eosina, x 20). b) Linfangioma qu&iacute;stico:  Pared qu&iacute;stica en cuyo espesor se observan vasos linf&aacute;ticos dilatados y fibras  musculares lisas (hematoxilina-eosina x 10). c) Inmunoreactividad para D2-40 en  los vasos linf&aacute;ticos de un linfangioma qu&iacute;stico: obs&eacute;rvese la negatividad en  los endotelios vasculares adyacentes (D2-40, x 10). d) Inmunopositividad para  actina m&uacute;sculo-especifica (SMA) en el espesor de la pared de un linfangioma.  (SMA, x 10).</p> </blockquote>     <p><br /> El tiempo de seguimiento ha sido de 13 a&ntilde;os, 1 a&ntilde;o, 5 meses y 3 meses, respectivamente,  sin existir recidiva en ninguno de los casos presentados.</p> <h4><strong><br /> DISCUSI&Oacute;N</strong></h4>     <p align="justify">El quiste mesent&eacute;rico es una enfermedad poco frecuente cuya importancia  ha sido menospreciada en demasiadas ocasiones en la literatura m&eacute;dica. Su baja  incidencia y la creencia err&oacute;nea de que se trata de un proceso benigno y sin  s&iacute;ntomas han contribuido a su escaso conocimiento.<br />   <br />   La literatura recoge una incidencia de los quistes mesent&eacute;ricos entre 1/27  000 y 1/250 000 ingresos hospitalarios.<span class="superscript">1,2</span> En nuestro servicio, entre 1990 y 2005,  hemos registrado 4 quistes mesent&eacute;ricos de un total de 34 355 ingresos, por lo  que nuestra incidencia es 1 de cada 8 588 ingresos. Sin embargo, cabe destacar  que durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o se han producido 3 de los cuatro casos incluidos en  el estudio.<br />   <br />   La media de edad fue de 25,2 a&ntilde;os, lo que da idea de la juventud de los pacientes.  No hubo diferencias respecto al sexo (2:2).<br />   <br />   Aunque se ha publicado que la mayor&iacute;a de las veces los quistes  mesent&eacute;ricos no muestran s&iacute;ntomas y son un hallazgo casual, durante  exploraciones complementarias o cirug&iacute;as realizadas por otros motivos,<span class="superscript">3,4</span> en  nuestra serie &uacute;nicamente un caso &nbsp;&mdash;caso 4&mdash; podr&iacute;a considerarse  asintom&aacute;tico, al ser peque&ntilde;o y no compresivo pero, en el 75&nbsp;% de las  ocasiones se objetivaron s&iacute;ntomas. La manifestaci&oacute;n m&aacute;s frecuente &mdash;en  tres pacientes&mdash; fue el dolor abdominal, sordo y poco localizado, lo cual  concuerda con los datos de otros autores.<span class="superscript">5-7</span> En dos pacientes el dolor se  produjo como consecuencia del gran tama&ntilde;o tumoral &nbsp;&mdash;mayor de 20&nbsp;cm de di&aacute;metro m&aacute;ximo&mdash;  que comprim&iacute;a estructuras adyacentes. En el tercer caso sintom&aacute;tico, la  perforaci&oacute;n espont&aacute;nea del quiste justifica la intensificaci&oacute;n del dolor. Estos  datos nos alertan de dos cosas: en primer lugar y seg&uacute;n nuestra experiencia, que  los s&iacute;ntomas son m&aacute;s frecuentes de lo que se conoce a partir de las  publicaciones sobre el tema, sobre todo cuando el tama&ntilde;o es grande y, en  segundo lugar, las complicaciones pueden llegar a ser extremadamente graves  como, por ejemplo, una peritonitis secundaria a la perforaci&oacute;n del quiste.<span class="superscript">8</span> Otras complicaciones descritas en la literatura m&eacute;dica han sido: obstrucci&oacute;n  intestinal,<span class="superscript">9</span> fallo renal,<span class="superscript">10</span> herniaci&oacute;n a escroto,<span class="superscript">11</span> formaci&oacute;n de v&oacute;lvulos,  isquemia intestinal e, incluso, la transformaci&oacute;n maligna.<span class="superscript">2<br />   </span><br />   En el diagn&oacute;stico de estos quistes, la palpaci&oacute;n abdominal puede ser de  gran ayuda, como ocurri&oacute; en 3 de los casos presentados, en los que se palpaba  una masa de l&iacute;mites bien definidos y parcialmente m&oacute;vil. No hemos encontrado  alteraciones en ninguno de los par&aacute;metros rutinarios del hemograma ni de la  bioqu&iacute;mica. La primera prueba de imagen que debe realizarse cuando se sospecha  un quiste mesent&eacute;rico, es la ecograf&iacute;a abdominal, ya que muestra una masa  qu&iacute;stica unilibulada o multilibulada, con o sin tabiques y contenido l&iacute;quido,  como ocurri&oacute; en todos nuestros pacientes.<br />    <br />   La TAC posterior demostrar&aacute; la presencia del quiste y determinar&aacute;, con  mayor precisi&oacute;n, su origen y localizaci&oacute;n, lo cual confirmar&aacute; la independencia  del quiste con respecto a &oacute;rganos digestivos o genitales cercanos.<span class="superscript">12,13</span> El  diagn&oacute;stico diferencial de estas lesiones, tanto por pruebas de imagen como durante  el acto quir&uacute;rgico, debe establecerse con otras lesiones qu&iacute;sticas de la  cavidad abdominal, tales como quistes ov&aacute;ricos, quistes del uraco, ri&ntilde;ones  multiqu&iacute;sticos, pseudoquistes del p&aacute;ncreas, quistes espl&eacute;nicos, etc., as&iacute; como  aneurismas de aorta, tumores carcinoides, mesenteritis esclerosante, met&aacute;stasis  mesent&eacute;ricas de otros tumores o ascitis.<span class="superscript">3,9,13-15</span><br />   <br /> Aunque los quistes pueden aparecer en cualquier lugar del mesenterio,  desde el duodeno hasta el recto, su localizaci&oacute;n m&aacute;s frecuente es, como en nuestra  serie, en el mesenterio del intestino delgado.<span class="superscript">3,4,11</span> Existe cierta  controversia en la clasificaci&oacute;n de estos quistes, de forma que hay autores que  consideran los quistes mesent&eacute;ricos, los del omento y los retroperitoneales  como un grupo &uacute;nico,<span class="superscript">16</span> y los diferencian de los linfangiomas<span class="superscript">17</span> o de los  mesoteliomas.<span class="superscript">18</span> Otros autores, como es el caso de <em>Perrot</em> y cols.<span class="superscript">19</span> por el contrario, utilizan el t&eacute;rmino de <em>quiste mesent&eacute;rico</em> para referirse a toda  lesi&oacute;n qu&iacute;stica localizada exclusivamente en el mesenterio, y las subdividen seg&uacute;n  su origen en quistes linf&aacute;ticos, mesoteliales, ent&eacute;ricos, urogenitales,  desmoides o pseudoquistes: </p>     <p>1. Quistes de  origen linf&aacute;tico.</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p> a) Quiste linf&aacute;tico simple.<br />     b) Linfangioma.</p> </blockquote>     <p>  2. Quistes de  origen mesotelial.</p>     <blockquote>       <p>  a) Quiste mesotelial simple.<br />     b) Mesotelioma qu&iacute;stico benigno.<br />     c) Mesotelioma qu&iacute;stico maligno.</p> </blockquote>     <p>  3. Quistes de  origen ent&eacute;rico.</p>     <blockquote>       <p> a) Quiste de duplicaci&oacute;n intestinal.<br />     b) Quiste ent&eacute;rico.</p> </blockquote>     <p>  4. Quistes de  origen urogenital.<br />   <br />   5. Teratoma  qu&iacute;stico maduro (quiste dermoide).</p>     <p>  6. Pseudoquistes  no pancre&aacute;ticos.</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p> a) De origen traum&aacute;tico.<br />     b) De origen infeccioso.</p> </blockquote>     <p align="justify">Pensamos que esta clasificaci&oacute;n, propuesta por de <em>Perrot</em>, es clara, exacta y f&aacute;cil de recordar, por lo que su uso deber&iacute;a  generalizarse tambi&eacute;n en el &aacute;mbito quir&uacute;rgico. Histol&oacute;gicamente, con  independencia de su localizaci&oacute;n, causas y curso cl&iacute;nico, la mayor&iacute;a de los  quistes mesent&eacute;ricos poseen un recubrimiento de endotelio linf&aacute;tico o de  epitelio mesotelial, y son todav&iacute;a menos frecuentes el resto. Los quistes de  origen linf&aacute;tico est&aacute;n recubiertos por c&eacute;lulas de endotelio aplanado y pueden  contener m&uacute;sculo liso y tejido linfoide (linfangioma) o carecer de estos  componentes (quiste linf&aacute;tico simple).<span class="superscript">19</span> Los quistes de origen mesotelial  poseen un recubrimiento de c&eacute;lulas epiteliales planas, cuboidales o columnares,  y su pared es fibrosa; carecen de fibras musculares lisas o de tejido linfoide.  Tanto los quistes de origen mesotelial como los de origen linf&aacute;tico pueden ser  uniloculados o multiloculados, aunque &uacute;nicamente los mesoteliomas qu&iacute;sticos  malignos &mdash;incluidos dentro del segundo grupo&mdash; presentan un comportamiento claramente maligno.<span class="superscript">20</span>  Inmunohistoqu&iacute;micamente tambi&eacute;n existen diferencias entre ambos grupos ya que  los quistes de origen linf&aacute;tico son positivos para vimentina; ocasionalmente  para marcadores vasculares (FVIII, CD34 y CD 31) y, espec&iacute;ficamente, para  marcadores de endotelio linf&aacute;tico (D240). Los de origen mesotelial suelen ser  positivos para vimentina, pero tambi&eacute;n expresan marcadores epiteliales (citoqueratinas  y ocasionalmente, EMA). <br />   <br />   Esta diferenciaci&oacute;n, sin embargo, &uacute;nicamente puede establecerse con el estudio  histopatol&oacute;gico e inmunohistoqu&iacute;mico posterior, por lo que la actitud  terap&eacute;utica no debe modificarse. Concordamos con otros autores<span class="superscript">2,11</span> en que el  tratamiento ha de ser la ex&eacute;resis quir&uacute;rgica del quiste, incluso en  los casos asintom&aacute;ticos (caso 4) ya que, como se observa en nuestro estudio, la  posibilidad de que se produzca un crecimiento sintom&aacute;tico o de que aparezcan complicaciones  graves es elevada. La punci&oacute;n y vaciado del quiste presenta demasiadas  recidivas para su realizaci&oacute;n.<span class="superscript">2</span> En nuestros pacientes, el acceso a la cavidad  abdominal se realiz&oacute; en tres ocasiones mediante laparotom&iacute;a (2 laparotom&iacute;as  medias y 1 de Pfannestiel) y en una ocasi&oacute;n fue mediante abordaje laparosc&oacute;pico.  En todos los casos obtuvimos buenos resultados.<br />    <br />   Otros autores han comunicado tambi&eacute;n buenos resultados mediante abordaje  laparosc&oacute;pico,<span class="superscript">14,21-23</span> por lo que entendemos que, hoy por hoy, la  laparoscopia deber&iacute;a ser considerada la primera opci&oacute;n (siempre que est&eacute;  disponible) en casos de cirug&iacute;a programada por quiste mesent&eacute;rico, ya que a&ntilde;ade  a los buenos resultados del tratamiento quir&uacute;rgico las conocidas ventajas de  esta t&eacute;cnica. Por otro lado, aunque se ha publicado que hasta en el 60&nbsp;%  de los casos es necesaria la resecci&oacute;n intestinal, condicionada por el  compromiso en el aporte sangu&iacute;neo,<span class="superscript">2-4,24,25</span> &uacute;nicamente tuvimos que realizarla  en una ocasi&oacute;n y en el resto de pacientes mantuvimos la integridad del tubo  digestivo.<br />   <br /> Hemos comprobado que, con este proceder, el pron&oacute;stico de estos quistes,  siempre que la resecci&oacute;n haya sido completa, es bueno y el n&uacute;mero de recidivas  muy reducido, por lo que se puede considerar un tratamiento curativo.</p> <h6 align="justify">  <strong>Conclusiones</strong></h6>     <p align="justify">  El quiste mesent&eacute;rico es una enfermedad poco frecuente pero que debe ser  conocida ya que puede presentar s&iacute;ntomas y complicaciones graves.<br />   <br />   Independientemente de sus caracter&iacute;sticas histol&oacute;gicas, el tratamiento ha  de ser la ex&eacute;resis completa del quiste mediante cirug&iacute;a.</p> <h4><br /> REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</h4>     <p>   1. 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V&oacute;mitos y dolor abdominal  como forma de presentaci&oacute;n de un quiste mesent&eacute;rico. Arch Argent Pediatr.  2003;101(1):73-4.   </div> </p>     <p> 7. Valdivia-G&oacute;mez GG, Alonso-Avil&eacute;s V. Quiste de  mesenterio como causa de abdomen agudo. A prop&oacute;sito de tres casos. Gac M&eacute;d Mex.  2003;139(5):505.   </div> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   8. Iuchtman  M, Soimu U, Amar M. Peritonitis caused  by a ruptures infected  mesenterio cyst. J Clin  Gastroenterol. 2001;32(5):452-3.   </div> </p>     <p>   9. Barut I, Tarhan OR, Ciris M, Akdeniz  Y, Bulbul Mahmut. Intestinal obstruction due to a mesenteric cyst. Yonsei Med J.  2004;45(2):256-8.   </div> </p>     <p>   10. Cain WC, Kennedy S, Evans N,  Goldthorne J. Renal failure as a result of mesenteric cyst. J Pediatr Surg.  2004;39(9):1440-3.   </div> </p>     <p>   11. Desai N, Desai D, Ghag G, Waghela J,  Rao RV, Sawant P. Giant mesenteric cyst of abdomen herniating into scrotum. Indian  J Gastroenterol. 2004;23:74-5.   </div> </p>     <p>   12. Levy A, Cantisani V, Miettinen M.  Abdominal lymphangiomas: imaging features with pathologic correlation. AJR. 2004;182:1485-91.   </div> </p>     <p>   13. Sheth S, Horton KM, Garland MR,  Fishman EK. Mesenteric neoplasms: CT appearances of primary and secondary  tumours and differential diagnosis. RadioGraphics. 2003;23:457-73.   </div> </p>     <p>   14. Raghupathy RK, Krishnamurthy P,  Rajamani G, Babuji N, Diriviraj R. Intraabdominal cystic swelling in children -  Laparoscopica approach, our experience. J Indian Assoc Pediatr Surg.  2003;8:213-7   </div> </p>     <p>   15. Simeone DM, Pranikoff T. Mesenterio  cyst. NEJM. 1999;341(9):659.   </div> </p>     <p>   16. Burkett JS, Pickleman J. The rationale  for surgical treatment of mesenteric and retroperitoneal cysts. Am Surg. 1994;60(6):432-5.   </div> </p>     <p> 17. Garc&iacute;a  AM, Conde FJ, G&oacute;mez JA, Granados J, Nevado A, Uceda A, Ja&eacute;n JD. Linfangioma mesent&eacute;rico. Cir Esp.  2003;74(3):174-5.   </div> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   18. Sawh RN, Malpica A, Deavers MT, Jinsong  L, Silva E. Benign cystic mesothelioma of the peritoneum: a clinicopathologic  study of 17 cases and inmunohistochemical analysis of estrogen and progesterone receptor status. Human  Pathology. 2003;34(4):369-74.   </div> </p>     <p>   19. De Perrot M, Rostan O, Morel P, Le  Coultre C. Abdominal lymphangioma in adults and children. Br J Surg.  1998;85:395-397.   </div> </p>     <p> 20. Takiff H, Calabria R, Yin L, Stabile BE. Mesenteric  cysts and intraabdominal&nbsp; lymphangiomas. Arch  Surg. 1985;120:1266-1269.   </div> </p>     <p>   21. Polat C, Ozamak ID, Yucel T, Ozman Y.  Laparoscopic resection of giant mesenteric cyst. J Laparoendosc Adv Surg Tech A.  2000;10:337-9   </div> </p>     <p>   22. Mason JE, Soper NJ, Brunt LM. Laparoscopic excision of mesenteric  cysts: a report of two cases. Surg Laparosc Endosc Percutan Tech.  2001;11:382-4.   </div> </p>     <p>   23. Shamiyeh A, Rieger R, Schrenk P,  Wayand W. Role of laparoscopic surgery in treatment of mesenteric cyst. Surg  Endosc. 1999;13(9):937-9.   </div> </p>     <p>   24. Akinola O, Adejuyigbe O, Dare F.  Mesenterio cysts in Nigerians. Centr Afr J M. 1989; 35(10):513-7.   </div> </p>     <p>   25. Kurtz RJ, Heimann TM, Beck AR, Holt J. Mesenteric and  retroperitoneal cysts. Ann Surg. 1986; 203:109-112.   </div> </p>     <p>Recibido: 20 de diciembre de 2005. Aprobado: 15  de febrero de 2006.<br />     <em>Dr. David Mart&iacute;nez Ramos.</em> Hospital  General de Castell&oacute;n, Servicio de Cirug&iacute;a General y Digestiva. Avenida  Benic&agrave;ssim s/n. 12004 Castell&oacute;n. Espa&ntilde;a.    Correo  electr&oacute;nico: <a href="mailto:davidmartinez@comcas.es">davidmartinez@comcas.es</a> </p>     <p><span class="superscript"><a href="#autor"><br />   1</a></span><a href="#autor">Especialista  en Cirug&iacute;a General y Digestiva.<br />     <span class="superscript">2</span>Especialista  en Anatom&iacute;a Patol&oacute;gica.<br />     <span class="superscript">3</span>Especialista  en Cirug&iacute;a General y Digestiva.<br />     <span class="superscript">4</span>Especialista  en Cirug&iacute;a General y Digestiva.<br />     <span class="superscript">5</span>Especialista  en Cirug&iacute;a General y Digestiva.<br />     <span class="superscript">6</span>Especialista  en Cirug&iacute;a General y Digestiva</a>.<a name="cargo" id="cargo"></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
