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</front><body><![CDATA[ <H3> Editorial</H3><I>Seguimos enfrascados en la noble tarea de disminuir la morbilidad  y la mortalidad infantil y perinatal, y a medida que nuestras cifras son mejores  resulta m&aacute;s dif&iacute;cil reducir estos &iacute;ndices.</I>     <P><I>Es de  todos conocidos que las tasas de morbilidad y mortalidad est&aacute;n muy en relaci&oacute;n  con el parto pret&eacute;rmino y con la rotura prematura de las membranas ovulares,  y que ambos eventos son motivados muchas veces por una infecci&oacute;n cervicovaginal.  Tambi&eacute;n es una realidad que en todo el mundo ha aumentado la frecuencia  de las enfermedades de transmisi&oacute;n sexual, lo que unido a la mayor promiscuidad,  hace que las infecciones del aparato genital sean un problema de gran dimensi&oacute;n  y dif&iacute;cil soluci&oacute;n.</I>     <P><I>Si bien es cierto que debemos aspirar  a que toda mujer que desee un embarazo concurra a la consulta de Riesgo preconcepcional  para, entre otras muchas cosas, recibir tratamiento de cualquier infecci&oacute;n  ginecol&oacute;gica, no podemos confiarnos en que esto se haya cumplido y debemos,  desde el mismo momento en que se hace el diagn&oacute;stico de gestaci&oacute;n,  buscar la existencia de leucorrea u otro signo como enrojecimiento de la mucosa  cervicovaginal.</I>     <P><I>Es muy importante recordar que la mayor parte de estas  infecciones son producidas por g&eacute;rmenes gramnegativos y anaer&oacute;bicos,  que requieren para su cultivo de t&eacute;cnicas y medios muy sofisticados y caros,  y que a&uacute;n contando con ellos muchas veces no se logra el crecimiento de  los microorganismos presentes. Por esto, se da mucho valor a las caracter&iacute;sticas  de la secreci&oacute;n y a los cambios locales que producen y no se indican cultivos  ni otros estudios como el "exudado vaginal", que tanto ha contribuido -por lo  antes se&ntilde;alado- al diagn&oacute;stico incorrecto de una infecci&oacute;n.</I>      <P><I>Desde el punto de vista pr&aacute;ctico, conociendo que las infecciones  m&aacute;s frecuentes son debido a </I>Gardnerella vaginalis <I>u otros g&eacute;rmenes  anaer&oacute;bicos, se ha planteado el tratamiento con metronidazol por la v&iacute;a  oral (250 mg cada 8 h) de las embarazadas que presenten la leucorrea caracter&iacute;stica:  espumosa, verde-amarilla, f&eacute;tida -con olor a pescado podrido o a rancio-  y que produce ardor con quemaz&oacute;n al correr por la piel de la vulva. Si  no se produce mejor&iacute;a o curaci&oacute;n debemos suponer que el germen existente  sea la </I>Chlamydia trachomatis <I>o los distintos tipos de mycoplasmas que producen  una leucorrea de caracter&iacute;sticas muy similares, pero que no curan con esta  terap&eacute;utica y requieren de la administraci&oacute;n de eritromicina a raz&oacute;n  de 0,5 g cada 6 u 8 h.</I>     <P><I>Debe ser motivo constante de preocupaci&oacute;n  y de ocupaci&oacute;n de todo m&eacute;dico de la familia o ginecoobstetra el  diagn&oacute;stico, tratamiento, cura y&nbsp;<A NAME="QuickMark"></A>control de  la curaci&oacute;n de toda infecci&oacute;n cervicovaginal en las embarazadas,  a quienes se indicar&aacute; tratamiento a partir de las 14 sem de gestaci&oacute;n  para poder controlarla antes de las 20-24 sem y as&iacute; evitar que la infecci&oacute;n  desencadene contracciones o inflame y engrose las membranas ovulares, con lo cual  facilita su rotura prematura en el momento en que el segmento uterino inferior  se distiende. Trabajemos en este sentido con todos los recursos de nuestro excelente  sistema nacional de salud y lograremos seguir mejorando nuestros ya magn&iacute;ficos  resultados.</I>     <P>Dr. <I>Cs. Nelson Rodr&iacute;guez Hidalgo</I>       ]]></body>
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