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<body><![CDATA[<P>Resulta ineludible entrar en el controvertido tema de si se debe o no   informar al paciente directamente acerca de la verdad de su afecci&oacute;n.   En tal sentido, debemos primero cuestionarnos hasta qu&eacute; punto la   verdad sea m&aacute;s dura o m&aacute;s traumatizante que la decepci&oacute;n   o proporcionarle al paciente una situaci&oacute;n de vacuidad existencial   al mentirle. Muchos aspectos debe considerar el profesional al enfrentar   esta dif&iacute;cil situaci&oacute;n: la edad del paciente, su profesi&oacute;n,   su situaci&oacute;n social; si el problema actual es consecuencia de otro   existente con anterioridad, cu&aacute;l es el grado de extensi&oacute;n   de la enfermedad, si el proceso es activo o estable y la forma de progresi&oacute;n   de &eacute;ste, etc&eacute;tera.          <P>As&iacute; se puede tener una idea del paciente y de sus necesidades   para saber c&oacute;mo enfrentar el problema. El facultativo, acostumbrado   a brindar diagn&oacute;sticos concluyentes, se torna en este caso en mensajero   "responsable" de la situaci&oacute;n del paciente, por lo que se siente   en desventaja y en una situaci&oacute;n inc&oacute;moda.          <P>Es evidente que las consecuencias psicol&oacute;gicas desempe&ntilde;an   una funci&oacute;n importante en la vida posterior del paciente en la que   &eacute;l siente que no tiene recursos disponibles para enfrentarlas.          <P>El facultativo debe tener siempre presente que lo primero que no debe   hacer es da&ntilde;o: <I>Primun non no sere</I>, m&aacute;xima que rige   nuestra profesi&oacute;n desde la antig&uuml;edad.          <P>Si se toma la decisi&oacute;n de no dar el diagn&oacute;stico, de alguna   forma el paciente acabar&aacute; por conocerlo, aunque luego venga la etapa   de negaci&oacute;n. De aqu&iacute; una de las primeras conclusiones que   debemos incorporar: la verdad puede sostenerse siempre plante&aacute;ndola   con alg&uacute;n optimismo, con esperanzas. La mentira es un insulto para   los pacientes y &eacute;stos pueden llegar a considerar al m&eacute;dico   como inepto en su profesi&oacute;n, adem&aacute;s de la inquietud ocasionada   que es siempre peor que la misma enferme dad.          <P>Debemos recordar que la medicina, adem&aacute;s de una ciencia, es un   arte. Debemos ser capaces de mejorar la situaci&oacute;n y saber escuchar   al paciente. Cuando &eacute;ste conoce su enfermedad por parte del m&eacute;dico   de la familia, se crean las mejores condiciones de interrelaci&oacute;n,   y es m&aacute;s probable poder brindarle esperanzas. Si se pregunta a un   paciente sus conocimientos acerca de su afecci&oacute;n, el m&eacute;dico   de la familia abre muchas perspectivas de saber c&oacute;mo enfrentar la   situaci&oacute;n y saber con exactitud lo que el paciente desea conocer.   As&iacute; se logra llevar a la convicci&oacute;n de que la vida tiene   significado a&uacute;n en los momentos terminales de &eacute;sta.2,3          <P>Conjuntamente con la situaci&oacute;n del m&eacute;dico, se han comentado   aspectos de inter&eacute;s en relaci&oacute;n con el paciente. Lo m&aacute;s   frecuente que se crea en &eacute;l es una actitud altamente ansiosa con   tendencia a la depresi&oacute;n, una elevada demanda de atenci&oacute;n,   una anticipaci&oacute;n pesimista de futuro. De hecho, con mucha frecuencia,   el paciente puede tener informaci&oacute;n equivocada.4 En este sentido,   el conocimiento de la enfermedad y de c&oacute;mo participar activamente   en el tratamiento, favorecen los sentimientos de control de la persona   y se consideran premisas fundamentales para lograr el equilibrio emocional   y la motivaci&oacute;n en el paciente para el tratamiento m&eacute;dico.4   Los sentimientos de control de la enfermedad favorecen la autovaloraci&oacute;n   positiva del paciente, y ofrecen sentimientos de seguridad y confianza.   El desconocimiento y la incertidumbre son enemigos del buen enfrenta miento   y proporcionan m&aacute;s ansiedad, depresi&oacute;n, agresividad y conductas   inapropiadas.          <P>Un aspecto determinante debe ser la convicci&oacute;n de que los problemas   en la atenci&oacute;n primaria nunca son biol&oacute;gicos o psicol&oacute;gicos   puros, sino una mezcla compleja de componentes f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos   y sociales,5 por lo que la interconsulta, en el momento oportuno con la   especialidad pertinente, es una habilidad esencial para el m&eacute;dico   de la familia para poder enfrentar esta situaci&oacute;n.          <P>El miedo a la muerte, la p&eacute;rdida del esquema familiar, son aspectos   siempre presentes y que se deben tener en cuenta. Pero tambi&eacute;n hay   modificaciones o p&eacute;rdida de la imagen corporal en caso de cirug&iacute;a   invalidante, amputaciones, etc&eacute;tera. Algunos ven su enfermedad como   un castigo por algo que hicieron mal; de ah&iacute; la importancia de lo   que se&ntilde;alamos inicialmente de ofrecer una soluci&oacute;n optimista   que excluya esta apreciaci&oacute;n.6,7          <P>Siempre debemos tener presente que la negaci&oacute;n es la forma m&aacute;s   frecuente de la cual el paciente se protege de la realidad. Es un mecanismo   que el m&eacute;dico debe aceptarlo, por supuesto, dentro del conjunto   de medidas y de aspectos que se deben tener en cuenta en la atenci&oacute;n   al paciente en esta etapa.          ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Por &uacute;ltimo, enfocaremos a la familia. Esta tambi&eacute;n debe   estar informada acerca de la afecci&oacute;n del paciente, de manera tal   que comprenda lo que est&aacute; sucediendo y brinde una ayuda que es muy   valiosa, para que el paciente no se sienta abandonado, pero tampoco excesivamente   protegido.8          <P>La familia, al igual que el paciente, pasa por las distintas fases de   la enfermedad. Siempre que se menciona a un paciente en estadio terminal   se piensa en un anciano, pero debemos recordar que no deben excluirse a   los ni&ntilde;os y aqu&iacute; la situaci&oacute;n se acent&uacute;a m&aacute;s   en las reacciones que suelen sucederse: ansiedad, frustraci&oacute;n y   resentimiento. Debemos valorar muy bien y ser cuidadosos cuando se brinda   la informaci&oacute;n que puede llegar a ocasionar una cat&aacute;strofe   familiar.          <P>La familia tambi&eacute;n es de valiosa ayuda en los cuidados terminales   del paciente y en el control del alivio de los s&iacute;ntomas, aspectos   que el m&eacute;dico debe tener muy presente. El control de los s&iacute;ntomas   f&iacute;sicos por parte del m&eacute;dico y de la enfermera de la familia,   no quedar&iacute;an completos sin la participaci&oacute;n de la familia.          <P>Hasta aqu&iacute; llegamos en algunas reflexiones en torno a un problema   tan dif&iacute;cil como es el trato del paciente en etapa terminal. No   hemos pretendido agotar el tema, sino simplemente iniciar lo, por cuestiones   tambi&eacute;n de tiempo y extensi&oacute;n se han excluido otros aspectos   que pueden analizarse, pero el funda mental s&iacute; lo hemos analizado   y creemos importante a&ntilde;adir que no es hacerlo lo que m&aacute;s   preocupa, sino c&oacute;mo hacerlo; siempre tratando de buscar un equilibrio   entre la negaci&oacute;n —casi siempre presente en el paciente— y la realidad   que debe enfrentar. Entre el m&eacute;dico, el paciente y la familia est&aacute;   el n&uacute;cleo fundamental de la conducci&oacute;n de estas personas.   Sabernos acercar a ellas con amabilidad y esperanza es nuestra principal   funci&oacute;n, es esta etapa donde la vida no ha perdido todo su significa   do.   <H4>   REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS</H4>      <OL>       <LI>   Lugones Botell M. Consideraciones sobre la demora en el diagn&oacute;stico   y el tratamiento. Rev Cubana Med Gen Integr 1992;8(2):156-9.</LI>          <LI>   Myers WPL. Cuidados del paciente con enfermedad en fase terminal. En: Cecil   Russel L, Loeb RF (eds). M&eacute;xico: Editorial Interamericana, 1978;t1:7-14.</LI>          <!-- ref --><LI>   Vanderpool HY. The ethes of terminal care. JAMA 1978:239(9):850-2.</LI>    <LI>   Garc&iacute;a Averastu L, Rodr&iacute;guez Almeyda L. El estr&eacute;s   de la enfermedad cr&oacute;nica y el cumplimiento del tratamiento m&eacute;dico.   Rev Cubana Med Gen Integr 1992;8(1):55-9.</LI>          <LI>   D&iacute;az Novas J, Fern&aacute;ndez Sacasas J, Guerrero Figueredo A.   El diagn&oacute;stico en la atenci&oacute;n primaria. Rev Cubana Med Gen   Integr 1993;9(2):150-5.</LI>          <LI>   Saunder CD. Principios del control de s&iacute;ntomas en los cuidados terminales.   En: Farmacolog&iacute;a del control de s&iacute;ntomas. Clin Med Norteam   1982;66:5,1125-39.</LI>          ]]></body>
<body><![CDATA[<LI>   Gigase P. La Salud, esa vaga noci&oacute;n. Correo de la UNESCO, agosto,   1987;921.</LI>          <LI>   Schanaper N. Aspectos psicosociales del tratamiento del canceroso. En:   Adelantos en el tratamiento del c&aacute;ncer. Clin Med Norteam 1977;61:5,1151-9.</LI>       </OL>   Recibido: 26 de diciembre de 1994. Aprobado: 8 de febrero de 1995.          <P>Dr. <I>Miguel Lugones Botell</I>. Policl&iacute;nico Docente "Jorge   Ruiz Ram&iacute;rez". Calle 25 No. 5414 entre 54 y 56, Playa, Ciudad de   La Habana, Cuba.       <DIV ALIGN=right>   <H5>   <FONT SIZE=-1><A HREF="mgisu395.htm">    </A><A HREF="mgi10395.htm"></A></FONT></H5></DIV>           ]]></body><back>
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