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</front><body><![CDATA[ <H5>&nbsp;</H5>     <P></P> <H3>P&aacute;gina Cultural</H3> <H2>Amor, sexo, cultura y sociedad</H2>     <P><A HREF="#cita"><I>Miguel Lugones Botell,<SUP>1</SUP> Tania Y. Quintana River&oacute;n<SUP>2</SUP> y Yolanda Cruz Oviedo<SUP>3</sup></I></A> </P>     <P>La adecuada comprensi&oacute;n de lo que es y debe ser la vida en pareja, que est&aacute; muy relacionada con el concepto de educaci&oacute;n sexual de "preparar a las j&oacute;venes generaciones para el amor, el matrimonio, la familia y la vida en pareja, en el principio de igualdad de derechos y deberes del hombre y la mujer",<SUP>1</SUP> se desv&iacute;a, muchas veces influida por factores sociales y culturales, arraigados a trav&eacute;s del tiempo y las costumbres, algunos de los cuales trataremos, al menos suscintamente, en este art&iacute;culo. </P>     <P>El amor no ha sido siempre como generalmente hoy lo conocemos, y decimos generalmente, porque a&uacute;n existe una gama muy variada y dis&iacute;mil de criterios, valores y maneras de concebirlo que var&iacute;an en grupos sociales con etnias similares. </P>     <P>Este condicionamiento de nuestras ideas sobre el amor, el matrimonio, la familia y sobre nosotros mismos, por la sociedad de la cual somos resultado, va mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que podamos figurarnos.<SUP>2</SUP> </P>     <P>A pesar de ello, el sujeto no es pasivo y no asume, por lo general, como un mecanismo lo hist&oacute;rico-cultural en el propio decursar de su individualizaci&oacute;n que es tambi&eacute;n hist&oacute;rica.<SUP>3</SUP> Se act&uacute;a individualmente mediante recursos personol&oacute;gicos y otras particularidades interactuantes como la influencia cultural, etc&eacute;tera. </P>     <P>As&iacute; vemos como la violencia, el sometimiento y la competencia amorosa, entre otras cosas, han caracterizado la relaci&oacute;n entre el hombre y la mujer a trav&eacute;s de la historia, donde es posible reconocer, casi a simple vista, el abismo que separa las relaciones entre parejas desde la antig&uuml;edad, del sentimiento amoroso tal y como se manifiesta en &eacute;pocas posteriores. Esto qued&oacute; reflejado en la literatura y, por ejemplo, en el primer canto de la Il&iacute;ada, de Homero, vemos como Briseida, la mujer de hermosa cintura que fuese arrebatada por <I>Agamen&oacute;n</I> a <I>Aquiles,</I> era s&oacute;lo una simple esclava que el h&eacute;roe "hab&iacute;a conquistado" nada m&aacute;s y nada menos que con la lanza, no en condici&oacute;n de mujer amada, sino como propiedad del noble guerrero. </P>     <P>La mujer desempe&ntilde;&oacute;, en el mundo griego de la antig&uuml;edad, la principal labor de la reproducci&oacute;n y la realizaci&oacute;n de las tareas dom&eacute;sticas. </P>     <P>Hay m&aacute;s ejemplos. De todos es conocido c&oacute;mo <I>S&oacute;focles,</I> 500 a&ntilde;os A.C., recogi&oacute; en el teatro la historia del hijo que se casa con su madre despu&eacute;s de asesinar al padre, trama que como se sabe el autor no invent&oacute;, sino que ven&iacute;a "caminando" desde tiempos remotos y que sirvi&oacute; en nuestro siglo a <I>Freud</I> para construir uno de los pilares fundamentales de su edificio psicoanal&iacute;tico del llamado y hasta "trajinado" complejo de Edipo. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Entre los Danakil del &Aacute;frica Occidental, el novio debe haber matado a un hombre para obtener el derecho a casarse. Las costumbres sanguinarias de esta tribu exigen esta imprescindible prueba de virilidad para encontrar esposa.<SUP>4</SUP> Como vemos, la violencia y la crueldad llegan aqu&iacute; a formas sanguinarias tan s&oacute;lo para obtener el derecho a casarse. </P>     <P>Existen muchas otras formas de violencia que no llegan a los extremos anteriormente descritos y que suelen acompa&ntilde;arse de ritos diferentes. Por ejemplo, entre los Benilaam, en Egipto, existe la costumbre de raptar a la novia. Una vez materializado el hecho, los padres de ella se presentan ante el consejo de ancianos vestidos de luto y demostrando honda tristeza, otro tanto hace la familia del raptor. El presidente del consejo interviene en la discusi&oacute;n hasta que llegan a un pacto acerca de la indemnizaci&oacute;n que recibir&aacute; la familia de la novia, contabilizada muchas veces en camellos. Finalizado el acuerdo, se celebra el casamiento con un suculento banquete. &amp;iexcl;Lo que son las ceremonias! </P>     <P>Aunque brevemente, queremos hacer alguna menci&oacute;n sobre lo que ha sido el matrimonio. No podemos olvidar que en la antig&uuml;edad &eacute;ste se defin&iacute;a claramente como el medio privilegiado para la reproducci&oacute;n y la transmisi&oacute;n de la propiedad, el posible placer resultante de la uni&oacute;n quedaba de esa manera fuera de la relaci&oacute;n conyugal y la voluntad de los novios, el v&iacute;nculo matrimonial era celebrado entre las familias de los contrayentes para asegurar intereses econ&oacute;micos, sociales y hasta pol&iacute;ticos. </P>     <P>Junto a este objetivo central del matrimonio, se le adscriben otros producidos por la cultura y presentes en definiciones jur&iacute;dicas y religiosas que lo rigen. </P>     <P>En las sociedades occidentales enraizadas en la cultura judeo-cristiana, el matrimonio ha sido definido casi siempre como la relaci&oacute;n establecida entre un hombre y una mujer para desarrollar una vida en com&uacute;n y con base en un ritual sancionado socialmente cuyo principal objetivo es la procreaci&oacute;n,<SUP>5</SUP> y se ajuste a las relaciones que los seres humanos han de tener con la divinidad. Otras manifestaciones sexuales por fuera del matrimonio quedan en el campo de la concupiscencia que es anatematizada. </P>     <P>En algunas regiones de China, los matrimonios son conveniados por los padres de los futuros c&oacute;nyuges desde el nacimiento de &eacute;stos.<SUP>4</SUP> De dicha tradici&oacute;n resulta que una vez llegados a la edad apropiada, los j&oacute;venes no tienen m&aacute;s que casarse con la persona que decidieron sus progenitores. </P>     <P>Sin pretender agotar el tema del matrimonio, &eacute;ste ha sido y es hoy una instituci&oacute;n social con la que se pretende organizar la vida sexual de la pareja<SUP>5</SUP> y ha tenido aspectos cambiantes en su decursar hist&oacute;rico. </P>     <P>Pero no siempre, ni para todos, el sexo fue solamente procreaci&oacute;n. Para los puritanos, por ejemplo, "el sexo no serv&iacute;a s&oacute;lo para la procreaci&oacute;n, sino que era bueno en s&iacute; pues daba placer y consuelo tanto al marido como a la mujer".<SUP>6</SUP> De ah&iacute; que los puritanos exig&iacute;an placer en el matrimonio, pero tambi&eacute;n "discreci&oacute;n, firmeza y constancia en el afecto, el amor y el placer er&oacute;tico". </P>     <P>M&aacute;s all&aacute; de las diferencias entre cat&oacute;licos y puritanos subsisten coincidencias en unos y otros en relaci&oacute;n con la vida matrimonial. Para los adeptos a las doctrinas puritanas y otras afines, las responsabilidades morales en el matrimonio son diferenciadas. A las mujeres, por ejemplo, se les design&oacute; como las encargadas de practicar el autocontrol de sus impulsos sexuales. Esto se tradujo en exigencias para ellas de ser puras en su conducta y en sus sentimientos. En contraste con los hombres, a los cuales se les permiti&oacute; ser lascivos y dejarse llevar por las tentaciones. </P>     <P>En otro orden de cosas haremos una breve referencia sobre la situaci&oacute;n de la mujer. Como se sabe, desde la antig&uuml;edad, por la posici&oacute;n favorecida de los hombres en las sociedades patriarcales, condujo al estado inferior adjudicado a las mujeres. Un ejemplo lo vemos en el <I>Antiguo Testamento</I>, donde cuando una mujer par&iacute;a un v&aacute;stago hombre, se encontraba sucia durante 40 d&iacute;as, pero si par&iacute;a una ni&ntilde;a, permanec&iacute;a sucia 80 d&iacute;as (Lev&iacute;tico 12). </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La creencia de que las mujeres estaban sucias y eran intocables durante la menstruaci&oacute;n y por 2 d&iacute;as despu&eacute;s (Lev&iacute;tico 15) estaba basada seguramente en la improbabilidad de concepci&oacute;n en esos d&iacute;as. </P>     <P>La mujer fue considerada no s&oacute;lo como un ciudadano de segunda clase en algunos pasajes del <I>Antiguo Testamento,</I> sino tambi&eacute;n como una seductora sexual. <I>Ad&aacute;n</I> y <I>Eva</I> sucumben a la tentaci&oacute;n y la culpa recae en <I>Eva</I> y <I>Lot</I> y sus hijas se ven involucrados en incesto y una vez m&aacute;s la carga de la sexualidad il&iacute;cita es colocada sobre la mujer, las hijas de <I>Lot</I> en este caso. </P>     <P>Sin embargo, como veremos m&aacute;s adelante, esta situaci&oacute;n desventajosa de la mujer, cambia. </P>     <P>Una ojeada breve a la historia no b&iacute;blica ilustrar&aacute; la evoluci&oacute;n buena y mala de la &eacute;tica del comportamiento sexual. Antes del siglo IV A.C., la cultura occidental consider&oacute; al sexo seg&uacute;n la filosof&iacute;a naturalista como un placer que deb&iacute;a gozarse. Pero cuando Esparta (una ciudad griega con un conjunto muy diferente de valores) conquist&oacute; a Atenas, la filosof&iacute;a espartana de autodisciplina r&iacute;gida - que inclu&iacute;a la evitaci&oacute;n del placer y del lujo - casi destruy&oacute; la cultura griega que hab&iacute;a ense&ntilde;ado el naturalismo. Es conocido que en su extraordinaria conquista del mundo en el siglo III A.C., <I>Alejandro el Grande</I> abri&oacute; muchos senderos de intercambio cultural. En consecuencia, las filosof&iacute;as espirituales de la India y Mesopotamia se filtraron en el mundo Occidental y echaron ra&iacute;ces. El deseo sexual en vez de ser considerado un placer se catalog&oacute; como un mal que deb&iacute;a rechazarse. El celibato fue glorificado. El sexo cay&oacute; bajo la sombra de la culpa y de la condenaci&oacute;n mucho antes del advenimiento de la Cristiandad, pero debido a que el <I>Nuevo Testamento</I> fue escrito durante la &uacute;ltima parte de este per&iacute;odo, estuvo muy influido por actitudes tempranas de naturaleza espiritual. </P>     <P>Contrario a la creencia com&uacute;n, fue muy poco lo que dijo <I>Jesucristo </I>acerca del sexo. </P>     <P>La mayor&iacute;a de las restricciones sexuales asociadas con la cristiandad, son de filosof&iacute;as de te&oacute;logos ulteriores. <I>Pablo</I> fue probablemente el primero que habl&oacute; de la moralidad sexual. Hizo incapi&eacute; en el matrimonio aunque aparentemente consideraba la abstinencia sexual como una finalidad admirable en la vida. </P>     <P><I>San Agust&iacute;n</i> (354-430 D.C.) tuvo mucho impacto en las actitudes sexuales. Sus escritos condenan severamente las canalizaciones sexuales no maritales, la masturbaci&oacute;n y la homosexualidad. La Iglesia Cat&oacute;lica lleg&oacute; a idealizar el celibato como el nivel m&aacute;s alto del logro humano. La virginidad y la pureza fueron consideradas como una sola entidad. </P>     <P>En la Edad Media, cuando la Iglesia Cristiana extendi&oacute; e hizo prevalecer su moral en las sociedades europeas, el amor nunca se consider&oacute; como un fin leg&iacute;timo que justificara en s&iacute; mismo las relaciones sexuales. No obstante, cuando la iglesia empez&oacute; a perder su influencia en las sociedades occidentales, esta idea acerca del amor fue matizada y llega a admitir la posibilidad del amor entre las parejas siempre y cuando se les concibiera como "la base del sacramento matrimonial y del modelo cristiano de vida conyugal". </P>     <P>En el catolicismo, como ya hemos se&ntilde;alado, el &eacute;nfasis se mantuvo en el cumplimiento de la fidelidad conyugal, la procreaci&oacute;n, el sustento y la educaci&oacute;n de los hijos y la celebraci&oacute;n del sacramento matrimonial. </P>     <P>La distancia, tanto en el tiempo como en la concepci&oacute;n, que hay entre las relaciones er&oacute;ticas en la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, y la visi&oacute;n del amor que se tiene a fines de la Edad Media, es ostensible. ya en esta etapa surge "la primera forma de amor sexual aparecida en la historia, el amor sexual como pasi&oacute;n", pasi&oacute;n &eacute;sta que constituye la forma superior de atracci&oacute;n sexual. Esto llega a situar a la mujer en una posici&oacute;n de superioridad, para algunos aparente, pero muy real, en relaci&oacute;n con el hombre, que tiene que luchar por conquistar su amor y que se mantiene hasta nuestros d&iacute;as. Como vemos, en este sentido, ya la situaci&oacute;n no es tan desventajosa para la mujer. Esta conquista de amor a la dama se expres&oacute; en m&uacute;ltiples variantes en la &eacute;poca y posteriormente y se convierte en uno de los valores fundamentales en la vida del caballero medieval, quien consagra parte de su tiempo en servir y adorar a la mujer amada, y encuentra en ella su amor ideal y una v&iacute;a de perfeccionamiento humano. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La conquista amorosa cobra, a partir de entonces, muchas v&iacute;as y mecanismos que son producto de diferentes momentos hist&oacute;ricos, culturales, geogr&aacute;ficos, as&iacute; como de valores, ideales, etc&eacute;tera. </P>     <P>M&aacute;s adelante, en la historia influy&oacute; el romanticismo, y se habla tambi&eacute;n con mucha raz&oacute;n del amor rom&aacute;ntico<SUP>7</SUP> donde se exalta el fervor por la necesidad del otro. </P>     <P>El amor rom&aacute;ntico se caracteriza por exaltar el sufrimiento, su norma ser&iacute;a: dime cu&aacute;nto sufres y te dir&eacute; cu&aacute;nto amas. Es un amor donde se interpreta como dicha el sufrimiento por el otro.<SUP>7</SUP> </P>     <P>Tambi&eacute;n por sus peculiaridades y caracter&iacute;sticas se habla del amor cort&eacute;s, del amor renacentista, del amor burgu&eacute;s, etc&eacute;tera.<SUP>7</SUP> </P>     <P>No se puede dejar de hacer menci&oacute;n a 2 costumbres matrimoniales que han existido y existen en algunas partes; la poligamia y la poliandria. La primera, m&aacute;s extendida, es com&uacute;n en pa&iacute;ses musulmanes donde todo buen creyente est&aacute; autorizado a poseer hasta 4 esposas leg&iacute;timas. En otras regiones africanas y de la India no existen l&iacute;mites en cuanto al n&uacute;mero de concubinas, siempre que el marido posea la suficiente holgura econ&oacute;mica para mantenerlas a todas por igual.<SUP>4</SUP> La poliandria es pr&aacute;ctica com&uacute;n en el Tibet, donde 2, 3 y hasta 4 hombres poseen con frecuencia una sola mujer com&uacute;n. A esto debe a&ntilde;adirse que cuando una mujer se casa con un hombre que tiene varios hermanos menores, se convierte autom&aacute;ticamente en la esposa de &eacute;stos. Adem&aacute;s, es com&uacute;n para estas mujeres tener relaciones extramatrimoniales con los lamas o monjes solteros. </P>     <P>No podemos dejar de decir, a pesar de lo bien sabido que es, que en varios lugares y en diferentes &eacute;pocas, el sexo se ha usado para los fines m&aacute;s bajos y m&aacute;s altos y ha sido explotado de la manera m&aacute;s torpe y despiadada que ninguna otra necesidad humana. El cuerpo femenino ha sido una mercancia desde la m&aacute;s remota antig&uuml;edad y aunque las mujeres se han beneficiado, tambi&eacute;n los hombres han obtenido m&aacute;s que su parte de las ganancias en este sentido. El sexo se ha usado para ganar o mantener posici&oacute;n social, obtener popularidad, etc&eacute;tera. </P>     <P>Son innumerables otras utilizaciones del sexo a trav&eacute;s de la historia y las costumbres. Los antiguos romanos usaban amuletos en forma de &oacute;rgano sexual masculino. Algunos han usado el sexo para curar cef&aacute;lea, calmar los nervios y contra el insomnio.<SUP>6</SUP> </P>     <P>No solamente en algunas tribus bolivianas y del Amazonas, sino tambi&eacute;n en muchos lugares, las preferencias y la elecci&oacute;n de los maridos por las mujeres dependen de las habilidades del hombre para la cacer&iacute;a, los deportes, etc&eacute;tera. </P>     <P>Para algunos, la relaci&oacute;n de pareja es s&oacute;lo un <I>entertaiment</I> para satisfacer gustos, aficiones, preferencias. Tambi&eacute;n se suele usar <I>entertaiment</I> para, mediante esta v&iacute;a, llegar al amor. </P>     <P>Como hemos visto, el amor, permeado a trav&eacute;s de la historia, la sociedad y la cultura por la violencia, la crueldad, el crimen, el comercio, las normas e intereses econ&oacute;micos, sociales y pol&iacute;ticos, etc&eacute;tera, ha llegado a nuestros d&iacute;as como resultado de las diversas formas amorosas que han existido y est&aacute; matizado, adem&aacute;s, por determinantes personol&oacute;gicas individuales. Algunos que lo han sentido dir&aacute;n que "no hace falta m&aacute;s que dos"; pero quiz&aacute;s los aspectos que hemos se&ntilde;alado y muchos otros que har&iacute;an interminable este art&iacute;culo, hayan hecho desconocer, olvidar, ignorar y hasta tergiversar, su verdadera esencia, que es el sentimiento, por definici&oacute;n y por encima de todas las cosas para la vida en pareja, el matrimonio y la familia. </P> <H4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</H4> <OL>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><LI>&Aacute;lvarez Lajonchere C. La educaci&oacute;n sexual para la vida familiar y sexual. Tareas y orientaciones. Rev Cubana Med Gen Integr 1985; 1(3):17.</LI>    <LI>Fern&aacute;ndez R&iacute;os L. &amp;iquest;Roles de g&eacute;nero?. &amp;iquest;Feminidad <I>vs</I> masculinidad? Rev TEMAS 1996; 5(2):18</LI>     <!-- ref --><LI>Figes E. Actitudes patriarcales: las mujeres en la sociedad. Madrid: Alianza Editorial, 1972:13.</LI>    <!-- ref --><LI>Su&aacute;rez Fidalgo F. Tradiciones matrimoniales diversas. Peri&oacute;dico Tribuna de La Habana, 21 de enero de 1996.</LI>    <!-- ref --><LI>Parada Ampudia L. Sobre el matrimonio. En: Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n. Antolog&iacute;a de la sexualidad humana. M&eacute;xico: Ed. Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;as, 1994: 147.</LI>    <!-- ref --><LI>Katchadourian H, Erant A. Los factores sociales en la conducta sexual. En: Las bases de la sexualidad humana. Espa&ntilde;a: Ed. Continental, 1992:18-9.</LI>    <!-- ref --><LI>Ar&eacute;s Muzio P. La pareja, problem&aacute;tica actual. Rev Cubana Sexolog&iacute;a y Sociedad 1995; 1(1):34.</LI>    </OL>      <P>Recibido: 11 de noviembre de 1996. Aprobado: 8 de marzo de 1997.     <BR> Dr. <I>Miguel Lugones Botell.</I> Policl&iacute;nico "26 de Julio", Calle 72 esquina 13, Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.     ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <A NAME="cita"></A></P>     <P><HR ALIGN="LEFT" WIDTH="30%">    <p></P> <OL>      <LI>Especialista de I Grado en Ginecoobstetricia. Policl&iacute;nico Docente "26 de Julio, Playa, Ciudad de La Habana.</LI>     <LI>Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Residente de Endocrinolog&iacute;a Pedi&aacute;trica. Instituto de Endocrinolog&iacute;a, Ciudad de La Habana.</LI>     <LI>Especialista de I Grado en Ginecoobstetricia. Asistente. Segunda Jefa del Departamento de Medicina General Integral, Facultad Finlay-Albarr&aacute;n, Ciudad de La Habana.</LI>    </OL>      ]]></body><back>
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