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<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Momento y contexto de la violencia en Colombia]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia  ]]></institution>
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<country>Bogotá</country>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The problem of homicides in Colombia is described and analyzed as the most appropiate way to approach and try to understand part of the problem of the Colombian violence in the last quarter of the XX century. The description and analysis are the result of 3 basic items: the documentary sources and the data available at the different entities and institutions related to the topic, the statements of the actors and speakers representing the diverse forces and the social, economic, cultural and political and military organizations that were obtained through long interviews and permanent dialogues, and the theoretical aspects of those who inside and outside the country have been thinking about our situation of violence. The number of homicides increased slowly during the first years under study. It accelerated from the mid-1980&acute;s on. The rate per 100 000 inhabitants almost fourfolded, from 23 to 82. It was observed a predominance of males, 12 men per each woman, in 2001. Homicides are found among the youngest individuals. The three main characteristics of Colombian violence are shown: recent generalization, complexity and degradation. A final attempt is not made to find a method and propose a unique explanation of the studied phenomenon or a general comprehensive framework. It is suggested a methodical approach and a explanatory exploration that starting from the consideration of homicidal violence in Colombia in a determined period, contributes both to understand it and to stimulate other searches about the own studied reality]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>Universidad Nacional de Colombia    <br> </p><h2> Momento y contexto de la violencia  en Colombia</h2>    <p><i><a href="#cargo">Sa&uacute;l Franco Agudelo<span class="superscript">1</span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></i></p><h4>    <br>  Resumen</h4>    <p>Se describe y analiza el problema de los homicidios en Colombia,  como forma m&aacute;s indicada para abordar y tratar de comprender parte del problema  de la violencia colombiana, en el &uacute;ltimo cuarto del siglo XX. La descripci&oacute;n  y an&aacute;lisis son producto de tres insumos b&aacute;sicos, a saber: las fuentes  documentales y datos disponibles en las diferentes entidades e instituciones relacionadas  con el tema, la palabra de los actores y voceros representativos de las diferentes  fuerzas y organizaciones sociales, econ&oacute;micas, culturales y pol&iacute;tico-militares,  lograda a trav&eacute;s de entrevistas extensas y di&aacute;logos permanentes  y los aportes te&oacute;ricos de quienes dentro y fuera del pa&iacute;s han venido  pensando sobre nuestra situaci&oacute;n de violencia. El n&uacute;mero de homicidios  aumentaba lentamente en los primeros a&ntilde;os estudiados. Se acelera a partir  de la mitad de los 80. La tasa por 100 000 habitantes casi se cuadruplica (de  23 a 82). Predomina el sexo masculino; en el 2001 hab&iacute;a por cada mujer,  12 hombres. Los homicidios se encuentran en las edades m&aacute;s j&oacute;venes.  Se demuestran las tres caracter&iacute;sticas fundamentales de la violencia colombiana  actual: generalizaci&oacute;n, complejidad y degradaci&oacute;n recientes. No  se llega a un intento acabado de encontrar un m&eacute;todo y proponer una explicaci&oacute;n  &uacute;nica del fen&oacute;meno estudiado o un marco comprensivo general. Se  sugiere una aproximaci&oacute;n met&oacute;dica y una exploraci&oacute;n explicativas  que, a partir de la consideraci&oacute;n de la violencia homicida en Colombia  en un per&iacute;odo determinado, contribuya tanto a su comprensi&oacute;n como  a estimular otras b&uacute;squedas acerca de la propia realidad estudiada.</p>    <p>  <i>DeCS: </i>HOMICIDIO; VIOLENCIA/tendencias; COLOMBIA.</p><h4>    <br> Introducci&oacute;n</h4>    <p>Colombia  vive hoy una situaci&oacute;n de violencia generalizada. Las formas violentas  de relaci&oacute;n -caracterizadas por el predominio intencionado de la fuerza  para la consecuci&oacute;n de fines, con producci&oacute;n de da&ntilde;os a las  v&iacute;ctimas- se han ido convirtiendo en predominantes tanto en los espacios  de la vida privada como en los de la vida p&uacute;blica, e igual en las interacciones  pol&iacute;ticas que en las familiares, laborales y a&uacute;n en las deportivas.    <br>  </p>    <p>Dada la diversidad de contextos, escenarios, tipos y significados de las  violencias y los cambios permanentes de su din&aacute;mica e intensidad, resulta  casi imposible una reflexi&oacute;n que comprenda todas las formas de violencia.  Por eso se hace necesario delimitar en cada caso a qu&eacute; tipo de violencia  se refiere y en qu&eacute; coordenadas espacio-temporales se ubica. Las consideraciones  siguientes se refieren espec&iacute;ficamente a la expresi&oacute;n en homicidios  de las diferentes violencias que ha vivido el pa&iacute;s en los &uacute;ltimos  25 a&ntilde;os.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Sin duda, el homicidio constituye una de las formas  m&aacute;s graves de violencia en cuanto niega el derecho humano fundamental a  la vida y suprime, en consecuencia, todos los dem&aacute;s derechos. Lo anterior  y el hecho de que los homicidios se han convertido en una de las modalidades m&aacute;s  frecuentes de expresi&oacute;n de las distintas violencias en el pa&iacute;s en  los &uacute;ltimos a&ntilde;os, permite afirmar que la descripci&oacute;n y el  an&aacute;lisis del problema de los homicidios constituye una de las formas m&aacute;s  indicadas para abordar y tratar de comprender buena parte de la problem&aacute;tica  de la violencia colombiana.    <br> </p>    <p>El per&iacute;odo seleccionado tiene tambi&eacute;n  su explicaci&oacute;n hist&oacute;rica. Despu&eacute;s de un descenso de las tasas  de homicidio en el pa&iacute;s al terminar el anterior per&iacute;odo de violencia,  reconocido hasta ahora en la literatura y el imaginario nacional como la &eacute;poca  de la violencia y que se extendi&oacute; desde finales de los cuarenta hasta mediados  de los sesenta, las tasas de homicidio empezaron a incrementarse nuevamente a  partir de mediados de los setenta. Justamente en el cuarto de siglo comprendido  entre 1975 y el a&ntilde;o 2000 los homicidios alcanzan niveles y promedios nunca  antes registrados. Y, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, es el mismo per&iacute;odo  en el cual se desarrollan y alcanzan impactar seriamente la vida nacional tres  fen&oacute;menos esencialmente relacionados con el actual ciclo de violencia:  el problema narco (producci&oacute;n, procesamiento, circulaci&oacute;n y consumo  de sustancias sicoactivas y adictivas consideradas ilegales); el conflicto pol&iacute;tico-militar,  que implic&oacute; en un comienzo a las guerrillas y a las fuerzas armadas estatales  y posteriormente a las organizaciones paramilitares y al conjunto de la denominada  sociedad civil; y, en tercer lugar, el desarrollo y consolidaci&oacute;n del modelo  econ&oacute;mico y de concepci&oacute;n del estado y de la sociedad sint&eacute;tica  y globalmente denominado neoliberal. El an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n  de estas tres situaciones coyunturales con la violencia, mirada a trav&eacute;s  de los homicidios, constituye parte fundamental del esfuerzo de contextualizaci&oacute;n  y comprensi&oacute;n del problema en cuesti&oacute;n.    <br> </p>    <p>Metodol&oacute;gicamente,  tanto la descripci&oacute;n como el esfuerzo anal&iacute;tico son el producto  de los aportes y la interacci&oacute;n de tres insumos b&aacute;sicos, a saber:  las fuentes documentales y de datos disponibles en las diferentes entidades e  instituciones relacionadas con el tema y debidamente procesadas por m&iacute;  durante varios a&ntilde;os; la palabra de los actores y voceros representativos  de las diferentes fuerzas y organizaciones sociales, econ&oacute;micas, culturales  y pol&iacute;tico-militares, lograda a trav&eacute;s de entrevistas extensas y  di&aacute;logos permanentes y los aportes te&oacute;ricos de quienes dentro y  fuera del pa&iacute;s han venido pensando sobre esta situaci&oacute;n de violencia  y, en general, sobre la tem&aacute;tica de la violencia en la humanidad.    <br> </p>    <p>El  material consta de dos partes. En primer lugar se presenta una s&iacute;ntesis  predominantemente cuantitativa sobre la estructura y din&aacute;mica de los homicidios  en el pa&iacute;s en el per&iacute;odo estudiado, tratando de perfilar el momento  de la violencia colombiana. En segundo lugar, se elabora un resumen de lo que  he venido trabajando como contextos explicativos de la violencia en Colombia.    <br>  </p>    <p><b>Momento actual de la violencia Colombiana</b></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El mapa homicida.  Puede afirmarse que los homicidios constituyen el indicador clave del momento  de la violencia nacional. Su magnitud anual, su distribuci&oacute;n entre hombres  y mujeres, entre los diferentes grupos de edad y entre las distintas regiones  del pa&iacute;s, las modalidades que toma en etapas distintas y su distribuci&oacute;n  desigual en los diferentes estratos econ&oacute;micos y grupos politicosociales,  permiten identificar un mapa, unos lineamientos y unas tendencias que dan mucha  luz al tiempo que plantean serios interrogantes sobre la naturaleza y din&aacute;mica  de la violencia colombiana.    <br> </p>    <p>A pesar de la importancia del fen&oacute;meno  homicida y de sus implicaciones penales en cuanto requiere procesos judiciales  y medicolegales e informaci&oacute;n detallada, existen graves vac&iacute;os y  dificultades en su registro. No siempre existe continuidad en la informaci&oacute;n,  ni unidad en los conceptos y aspectos incluidos por las diferentes instituciones  que tienen que ver con los registros de homicidio. Una comparaci&oacute;n realizada  entre las tres principales fuentes de informaci&oacute;n sobre homicidios en Colombia  (la Polic&iacute;a Nacional, el Departamento Administrativo Nacional de Estad&iacute;stica  -DANE - y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses- INMLCF-)  permiti&oacute; la evidencia de que los problemas enunciados al tiempo que las  diferencias en cobertura y en manejo y conservaci&oacute;n de la informaci&oacute;n.<span class="superscript">1</span>  No obstante las dificultades, ha sido posible construir cuidadosamente la figura  1, que representa el total anual de homicidios en Colombia entre los a&ntilde;os  de 1975 y 2001. Como se puede apreciar, hay un primer incremento lento en la primera  d&eacute;cada, para luego acelerarse a partir de la mitad de los 80 y alcanzar  los m&aacute;s altos niveles al empezar los 90 . En 1991 se registr&oacute; en  el pa&iacute;s el m&aacute;s alto n&uacute;mero anual de homicidios: 28 284, cifra  que a&uacute;n no se ha repetido. En la &uacute;ltima d&eacute;cada se registra  un descenso inicial y luego, a partir de 1998, un nuevo incremento hasta la actualidad,  con un promedio anual muy pr&oacute;ximo a los 26 000 homicidios. El &uacute;ltimo  dato registrado corresponde al a&ntilde;o 2001: un total de 27 685 homicidios,  seg&uacute;n el INMLCF.</p>    <p>&nbsp;</p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0104103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0104103.gif" width="241" height="111" border="0"></a></p>    
<p align="center">Fig.  1. N&uacute;mero total anual de homicidios. Colombia, 1975-2001.     <br> </p>    <p>Las  estad&iacute;sticas disponen de las tasas, como forma de poder estimar la magnitud  de un problema en un tiempo y lugar determinados, y controlar la influencia de  los cambios en el total de la poblaci&oacute;n. La figura 2 representa justamente  la tasa de homicidios en el pa&iacute;s en el per&iacute;odo estudiado y reproduce  las variaciones y tendencias ya descritas en la figura1. Entre 1975 y 1991 la  tasa casi se cuadruplica, al pasar de 23 a 82. El pa&iacute;s termin&oacute; el  milenio con una tasa de 61 homicidios por 100 mil habitantes, una tasa que casi  duplica a la tasa promedio de Am&eacute;rica Latina (35 por 100 000) y 12 veces  superior al promedio mundial que es de 5 homicidios por 100 mil habitantes. </p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0204103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0204103.gif" width="217" height="143" border="0"></a>  </p>    
<p align="center">Fig. 2. Tasa de mortalidad general por homicidio. Colombia,  1975-2001.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Las principales v&iacute;ctimas de los homicidios en Colombia  contin&uacute;an siendo los hombres. Si bien en los &uacute;ltimos a&ntilde;os  ha aumentado el n&uacute;mero de mujeres v&iacute;ctimas de homicidio, la diferencia  contin&uacute;a siendo significativa. En el a&ntilde;o 2001, por ejemplo, por  cada mujer asesinada, hubo doce hombres. El 92,5 % del total de v&iacute;ctimas  de homicidio en el 2001 fueron hombres, frente al 7,5 % de mujeres.<span class="superscript">2</span>    <br>  </p>    <p>Al observar la distribuci&oacute;n de los homicidios por grupos de edad,  resulta muy preocupante la evidencia de que es la poblaci&oacute;n joven del pa&iacute;s  la que est&aacute; aportando el mayor n&uacute;mero de v&iacute;ctimas. Haciendo  un seguimiento quinquenal a la informaci&oacute;n disponible, se pudo construir  la figura 3 en la cual se confirma que los homicidios se van concentrando cada  vez m&aacute;s en la poblaci&oacute;n joven, para llegar incluso a afectar a los  ni&ntilde;os en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Las mayores tasas la presenta  en casi todos los a&ntilde;os estudiados el grupo de j&oacute;venes entre los  25 y los 34 a&ntilde;os, seguido por el de 20 a 24 a&ntilde;os. El grupo de 15  a 19 a&ntilde;os quintuplica su tasa entre 1979 y 1994. Igual incremento registra  el grupo de 25 a 34 a&ntilde;os en los 20 a&ntilde;os representados en la figura.</p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0304103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0304103.gif" width="178" height="107" border="0"></a></p>    
<p align="center">Fig.  3. Mortalidad por homicidio, por grupos et&aacute;reos. Per&iacute;odos quinquenales.  Colombia, 1979-1999.    <br> </p>    <p>La situaci&oacute;n se hace m&aacute;s clara y  alarmante cuando se presenta la misma distribuci&oacute;n quinquenal por grupos  de edad, pero espec&iacute;ficamente para los hombres (fig. 4). Es evidente que  son los hombres j&oacute;venes las principales v&iacute;ctimas de la violencia  homicida en Colombia, con las implicaciones humanas, demogr&aacute;ficas y econ&oacute;micas  que ello conlleva. Hay una concentraci&oacute;n creciente de los homicidios en  los grupos masculinos cada vez m&aacute;s j&oacute;venes. En 1999 la tasa promedio  nacional de homicidio fue de 56 por 100 000. Para ese a&ntilde;o los tres grupos  masculinos entre 15 y 34 a&ntilde;os triplicaron la tasa nacional, y entre ellos  el de 25 a 34 a&ntilde;os alcanz&oacute; una tasa de 198 por 100 000. Pero del  conjunto de la informaci&oacute;n disponible al respecto, hay un hecho que llama  especialmente la atenci&oacute;n, que desborda las expectativas m&aacute;s pesimistas  y que debe servir como alarma social: la alt&iacute;sima tasa de 728 homicidios  por 100 000 habitantes encontrada en hombres j&oacute;venes antioque&ntilde;os  (18 a 24 a&ntilde;os) en el a&ntilde;o 2001.</p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0404103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0404103.gif" width="241" height="146" border="0"></a></p>    
<p align="center">Fig.  4. Mortalidad por homicidio en hombres, por grupos et&aacute;reos y per&iacute;odos  quinquenales. Colombia, 1979-1999.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Resulta tambi&eacute;n muy sugestivo  y esclarecedor observar el mapa de los homicidios en Colombia durante el per&iacute;odo  estudiado. A mitad de los 70 eran relativamente escasas las diferencias en las  tasas de mortalidad por homicidio entre los diferentes departamentos del pa&iacute;s.  Pero desde comienzos de los 80 algunos departamentos empezaron a presentar incrementos  significativos, en especial Antioquia y Valle. La figura 5 representa las tasas  de homicidios nacionales, las de los departamentos de Antioquia y el Valle y la  de la Ciudad de Bogot&aacute; entre 1975 y 1995. Como puede apreciarse, Antioquia  present&oacute; los mayores incrementos en las tasas de mortalidad por homicidio,  llegando a un pico m&aacute;ximo de 250 por 100 000 en 1992, tasa tres veces superior  al promedio nacional del mismo a&ntilde;o. A partir de entonces empieza a observarse  un aumento significativo de las tasas en el valle del Cauca y en otras regiones  que no aparecen en la figura, tales como Caquet&aacute;, Guaviare y Putumayo.  Bogot&aacute; mantiene en general tasas por debajo del promedio nacional. En 1994,  dos terceras partes del total de los homicidios del pa&iacute;s se cometieron  en Antioquia, Valle y Bogot&aacute;. </p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0504103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0504103.gif" width="198" height="153" border="0"></a></p>    
<p align="center">Fig.  5. Mortalidad por homicidio en el pa&iacute;s y en algunos departamentos. Colombia,  1975-1995.    <br> </p>    <p>En el a&ntilde;o 2001 los departamentos de Guaviare y Putumayo  desplazaron a Antioquia del primer lugar en las tasas anuales de homicidio. Ya  en ese a&ntilde;o, como puede observarse en la figura 6, hay una especie de nueva  configuraci&oacute;n del mapa homicida. Los departamentos se&ntilde;alados ocupan  los dos primeros lugares, seguidos por Antioquia, Arauca, Valle y Risaralda, todos  con tasas superiores a los 100 homicidios por 100 000 habitantes. El contraste  es muy marcado con departamentos como San Andr&eacute;s, Guain&iacute;a y el Vaup&eacute;s,  con tasas de 8, 3 y 0, respectivamente, en ese a&ntilde;o. Es llamativo que no  se da un descenso de las tasas en los departamentos que anteriormente ocupaban  los primeros lugares, sino un incremento significativo en las de otros que antes  no padec&iacute;an los rigores de la violencia homicida. En la segunda parte de  este material, al esbozar algunos contextos explicativos de la violencia colombiana  se retomar&aacute;n estos datos tratando de seguir particularmente la din&aacute;mica  y las rutas del conflicto armado y del narcotr&aacute;fico.</p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0604103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0604103.gif" width="219" height="129" border="0"></a></p>    
<p align="center">Fig.  6. Departamentos con mayores tasas de homicidio. Colombia, 2001.     <br> </p>    <p>Cuando  se intenta desagregar los homicidios en funci&oacute;n de los posibles motivos  que los han producido, el mapa presenta variaciones importantes y esclarecedoras.  En el a&ntilde;o 2000, por ejemplo, la mitad de los homicidios por motivos pol&iacute;ticos  ocurrieron en cuatro de los 32 departamentos del pa&iacute;s: Norte de Santander  (14 %), Santander (13 %), Antioquia (12 %) y Valle (10 %).<span class="superscript">3</span>  Obviamente esta tarea es muy dif&iacute;cil con la informaci&oacute;n disponible,  pero aporta elementos importantes para la comprensi&oacute;n del problema.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>Tres caracter&iacute;sticas del actual momento de violencia en el pa&iacute;s.  Es claro que se puede calificar de muy diversas maneras la violencia colombiana  actual. M&aacute;s all&aacute; de los esfuerzos por elaborar tipolog&iacute;as,  se trata de identificar algunas caracter&iacute;sticas que contribuyan a reconocer  las especificidades de la violencia actual, a entender su din&aacute;mica y, en  especial, a sugerir posibles l&iacute;neas de acci&oacute;n. Sin ninguna pretensi&oacute;n  hol&iacute;stica ni integradora, he venido considerando tres caracter&iacute;sticas  fundamentales de la violencia colombiana actual: generalizaci&oacute;n, complejidad  y degradaci&oacute;n crecientes.    <br> </p>    <p>La generalizaci&oacute;n se refiere  al proceso mediante el cual las formas violentas de relaci&oacute;n, y para el  caso paradigm&aacute;tico que nos ocupa, el de los homicidios, penetran la casi  totalidad de los espacios, el tiempo y los escenarios de la vida individual y  social. Es decir: una generalizaci&oacute;n espacial, temporal y relacional. Como  pudo observarse en la informaci&oacute;n anteriormente expuesta, y como se confirma  cotidianamente en los medios de comunicaci&oacute;n, no hay espacios de la geograf&iacute;a  nacional, regional y local, ni meses del a&ntilde;o o d&iacute;as de cada uno  de sus meses que no est&eacute;n cada vez m&aacute;s te&ntilde;idos de sangre  y violencia. Igual acontece con los distintos escenarios en los cuales se desarrolla  la vida de las personas y de las colectividades nacionales. La pol&iacute;tica,  la econom&iacute;a, la religi&oacute;n, el deporte, la vida cotidiana, han sido  progresivamente penetradas por las formas violentas de relaci&oacute;n. Esto hace  que ya sea casi imposible encontrar individuos, lugares y organizaciones cuya  historia reciente no est&eacute; relacionada con alg&uacute;n proceso o acontecimiento  violento. Acontecimiento que, adem&aacute;s, ha contribuido de manera significativa  a modificar respectivamente sus expectativas, su ambiente y sus formas de acci&oacute;n.  </p>    <p> La complejidad creciente. Tiene que ver con la diversidad de factores  y actores implicados en el origen, la din&aacute;mica, las manifestaciones y las  consecuencias de la actual violencia en el pa&iacute;s. A diferencia de otros  conflictos de un origen m&aacute;s espec&iacute;fico, la violencia colombiana  hunde sus ra&iacute;ces en el entrecruzamiento de diversos factores que, en cada  momento, se relacionan y se hacen sentir de manera muy distinta. Es tambi&eacute;n  compleja en su din&aacute;mica en la medida en que las fuerzas e intereses en  tensi&oacute;n, los escenarios del conflicto y la respuesta de los distintos actores  van tomando ritmos, direcciones y modalidades tambi&eacute;n m&uacute;ltiples,  cambiantes y, en ocasiones, relativamente imprevisibles. Son tambi&eacute;n muy  complejas las consecuencias de la violencia actual en cuanto implican, como ya  se se&ntilde;al&oacute;, casi todos los escenarios de la vida individual y social,  afectan con diferente intensidad intereses particulares nacionales e internacionales  y generan serios cuestionamientos al ordenamiento establecido en los campos jur&iacute;dico-legal,  &eacute;tico-pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y cultural. El entrecruzamiento  de intereses de los tr&aacute;ficos de armas y de narc&oacute;ticos. La relaci&oacute;n  de doble v&iacute;a entre violencia e impunidad. La rotaci&oacute;n de actores  entre los distintos grupos y organizaciones politicomi-litares en conflicto. La  difusa frontera entre intereses nacionales y ciertos intereses transnacionales.  Los abigarrados circuitos de razones pol&iacute;ticas, situaciones econ&oacute;micas  y pasiones acumuladas en las motivaciones para el actuar violento, son apenas  algunas de las manifestaciones de la complejidad de la violencia colombiana actual.    <br>  </p>    <p>Obviamente el proceso de soluci&oacute;n de una situaci&oacute;n o conflicto  complejo, es tambi&eacute;n complejo. Cuando existe tanto entrecruzamiento de  intereses, motivaciones, actores, escenarios y consecuencias, es imposible pensar  en una salida simple, de corto plazo y bajo costo. Lo complejo requiere soluciones  complejas. Complejo no quiere decir imposible de resolver sino solucionable abordando  los diversos factores, en tiempos reales y a costos proporcionales a los da&ntilde;os  producidos y a los logros por obtener.    <br> </p>    <p>La progresiva degradaci&oacute;n  de la violencia colombiana actual. Es una dimensi&oacute;n eminentemente &eacute;tica.  Y tiene que ver, fundamentalmente, con las relaciones entre fines y medios; con  la coherencia entre los principios defendidos y las acciones realizadas para implementarlos  o defenderlos; con el dif&iacute;cil equilibrio entre el inter&eacute;s particular  o grupal y los intereses colectivos; y en el l&iacute;mite, con el acatamiento  o no a m&iacute;nimos &eacute;ticos y humanitarios relativamente universales.    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>M&uacute;ltiples indicadores permiten deducir que el conflicto colombiano  est&aacute; viviendo una fase de intensa y progresiva degradaci&oacute;n. La generalizaci&oacute;n  y banalizaci&oacute;n del secuestro de individuos y grupos. Los asesinatos colectivos  en indefensi&oacute;n, conocidos como masacres. La destrucci&oacute;n indiscriminada  de infraestructura ya no s&oacute;lo del grupo enfrentado sino de poblaciones  enteras. </p>    <p>El desplazamiento forzoso de poblaciones, cuya intensidad y magnitud  ha tomado el perfil de una tragedia humanitaria. La inclusi&oacute;n sistem&aacute;tica,  aun a riesgo de sus vidas, de la poblaci&oacute;n no implicada directamente en  la confrontaci&oacute;n, en especial ni&ntilde;os y ancianos de uno y otro sexos.  Y las violaciones casi sistem&aacute;ticas a los m&iacute;nimos &eacute;ticos  y humanitarios, en particular a la Misi&oacute;n M&eacute;dica. Todos estos y  muchos otros hechos en los cuales han incurrido los diferentes actores del conflicto  armado interno que vive el pa&iacute;s, sustentan el hecho incuestionable de su  progresiva degradaci&oacute;n.    <br> </p>    <p>A causa del poco conocimiento y divulgaci&oacute;n  que ha merecido y al significado que tiene, merece algunas breves consideraciones  el problema de las violaciones casi sistem&aacute;ticas a la misi&oacute;n m&eacute;dica  como uno de los indicadores cr&iacute;ticos de la degradaci&oacute;n del conflicto.  Se entiende por Misi&oacute;n M&eacute;dica -MM - el conjunto de acciones, instituciones,  personas y recursos dedicados a atender los problemas de salud de la poblaci&oacute;n  y, en momentos de conflicto, a atender las v&iacute;ctimas de todos los frentes.  Pues bien, seg&uacute;n un estudio realizado por el Comit&eacute; Internacional  de la Cruz Roja sobre infracciones a la MM en el conflicto armado colombiano,<span class="superscript">4</span>  entre 1995 y 1998 se produjeron 468 infracciones. La mayor parte de ellas se refer&iacute;a  a acciones contra la vida y la integridad personal (73 %), seguidas por los atentados  contra la infraestructura sanitaria (13 %). En el mismo per&iacute;odo 341 personas  vinculadas al sector fueron v&iacute;ctimas directas del conflicto, 56 de ellas  asesinadas. Otro estudio referido espec&iacute;ficamente a las infracciones contra  la MM en el departamento de Antioqu&iacute;a<span class="superscript">5 </span>encontr&oacute;  que entre enero de 1995 y octubre de 1999 se presentaron 239 infracciones; 22  funcionarios del sector y 23 enfermos o heridos bajo protecci&oacute;n sanitaria  murieron durante el per&iacute;odo como consecuencia de las infracciones a la  MM. Un estudio reciente realizado en 11 municipios de los departamentos de <i>Boyac&aacute;  </i>y <i>Nari&ntilde;o</i><span class="superscript">6</span> encontr&oacute; que  entre 1999 y 2001 se produjeron en ellos 111 infracciones contra la MM. A m&aacute;s  de la cuidadosa desagregaci&oacute;n de las diferentes modalidades de infracciones,  este trabajo llama la atenci&oacute;n sobre dos aspectos de especial importancia:  el desconocimiento generalizado del Derecho Internacional Humanitario por parte  del personal que trabaja en el sector salud a&uacute;n en &aacute;reas de intenso  conflicto armado -52 % del personal interrogado manifest&oacute; no tener ning&uacute;n  conocimiento sobre el DIH y 44 % afirm&oacute; tener escaso conocimiento de &eacute;l-  y la casi total ausencia de apoyo por parte del Estado y de entidades no gubernamentales:  el 98 % de los entrevistados manifestaron no haber recibido ning&uacute;n tipo  de apoyo y s&oacute;lo 2 % reconoci&oacute; haber recibido alg&uacute;n apoyo  de tipo laboral. La crudeza y frecuencia de las violaciones a un campo tan sensible  y significativo como el de la MM, constituye una evidencia de que las tres caracter&iacute;sticas  enunciadas: degradaci&oacute;n, complejidad y generalizaci&oacute;n son reales  y contribuyen a perfilar el actual momento de la violencia colombiana. </p>    <p>    <br>  <b>Contextos explicativos de la violencia colombiana actual</b></p>    <p>&iquest;Qu&eacute;  es un contexto explicativo? Como lo formul&eacute; en un material preliminar:  &quot;Entiendo por contexto explicativo a un conjunto espec&iacute;fico de condiciones  y situaciones culturales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas en los cuales se  hace socialmente posible y racionalmente comprensible la presentaci&oacute;n y  el desarrollo de un fen&oacute;meno&quot;.<span class="superscript">7</span> No  es solo entonces el entorno situacional del acontecimiento sino el entramado relacional  que lo hace posible y entendible. Se trata, en t&eacute;rminos l&oacute;gicos,  de una especie de punto intermedio entre la descripci&oacute;n y la causalidad.  Intenta ir m&aacute;s all&aacute; de la primera, pero acepta con realismo quedarse  m&aacute;s ac&aacute; de la segunda. Difiere de la descripci&oacute;n en la medida  en que, a partir de ella y del conocimiento disponible sobre el fen&oacute;meno  en cuesti&oacute;n, intenta establecer relaciones, condiciones de posibilidad  y explicaciones l&oacute;gicas. Pero no se desvela por la causalidad ni pretende  sustituirla.     <br> </p>    <p>En su etimolog&iacute;a, causa se origina del griego  ait&iacute;a y tiene un significado de acusaci&oacute;n, de atribuirle algo a  alguien en un contexto de predominio jur&iacute;dico-penal.<span class="superscript">8</span>  El Diccionario Latino<span class="superscript">9</span> advierte que causa-causae  es de origen desconocido y entre las m&uacute;ltiples acepciones se&ntilde;ala  las tres que se utilizan con mayor frecuencia, a saber: origen o principio, raz&oacute;n  o explicaci&oacute;n, y motivo o direcci&oacute;n. Detr&aacute;s de la sencilla  formulaci&oacute;n: &iquest;Cu&aacute;l es la causa de la violencia? se hace un  complejo cuestionamiento en las tres direcciones: qu&eacute; dio origen y desencaden&oacute;  el fen&oacute;meno; a qu&eacute; se debe o cu&aacute;l es su explicaci&oacute;n;  por qu&eacute; y para qu&eacute; esta violencia. Cada una de las dimensiones implicadas  en la elemental pregunta requiere como m&iacute;nimo una respuesta. Es decir,  que para el caso de la violencia, el unicausalismo carece en absoluto de sentido.  En t&eacute;rminos l&oacute;gicos puede decirse entonces que, al ser racionalmente  imposible una respuesta, la pregunta: cu&aacute;l es la causa de la violencia,  carece de sentido y debe sustituirse &iquest;por cu&aacute;l? Como m&iacute;nimo  por una pregunta plural: cu&aacute;les son las causas de la violencia? Frente  a esta nueva pregunta es posible emprender varias exploraciones y eventualmente  llegar a algunos enunciados. Los enormes niveles de dificultad para establecer  l&oacute;gicamente -bien sea por la v&iacute;a cuantitativa o por la cualitativa  -relaciones causales, me llevan a optar mejor por el camino intermedio de explorar  sobre sus condiciones de posibilidad y sobre sus explicaciones posibles, que es  lo que entiendo por contexto explicativo.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Puede establecerse una especie  de tipolog&iacute;a de contextos en el sentido de diferenciarlos en funci&oacute;n  de su naturaleza, de su sustancia constitutiva. As&iacute; se habla, por ejemplo,  de contexto econ&oacute;mico, contexto pol&iacute;tico, cultural, religioso, etc.  Y, por la complejidad misma de la realidad, es frecuente que los contextos no  se encuentren puros y aislados, sino en diferentes y cambiantes composiciones.  As&iacute; nos encontramos con contextos econ&oacute;mico-pol&iacute;ticos, o  socioculturales, o juridicopenales. </p>    <p>Igualmente, al hablar del contexto  explicativo de un fen&oacute;meno puede encontrarse que haya un contexto particular  que en buena medida d&eacute; cuenta de &eacute;l (un evento particular puede  entenderse, por ejemplo, en un contexto de franco predominio religioso). Pero  parece m&aacute;s frecuente que la explicaci&oacute;n de eventos complejos se  encuentre en la intersecci&oacute;n de varios contextos. Creo que es el caso de  la violencia colombiana. Es tal su fuerza y complejidad actual que parecer&iacute;a  ingenuo pretender explicarla a partir de una variable, de un factor o de un contexto  espec&iacute;ficos.     <br> </p>    <p>Por su propia naturaleza, el contexto(s) explicativo(s)  de un fen&oacute;meno actual es provisional. En presente su validez se la otorga  su propia capacidad explicativa, su textura l&oacute;gica, su consonancia con  el desarrollo y las tendencias del acontecimiento. En perspectiva se la confiere  su confirmaci&oacute;n hist&oacute;rica. Esta se logra en la medida en que, al  irse desarrollando y superando el fen&oacute;meno, se vayan esclareciendo de forma  definitiva su din&aacute;mica y perfiles y, por tanto, resulten consistentes las  relaciones l&oacute;gicas formuladas en los contextos explicativos. Este car&aacute;cter  provisorio desestimula a los buscadores tanto de respuestas definitivas como de  acciones y curaciones inmediatas. Pero parece estar m&aacute;s pr&oacute;ximo  de la realidad, de la exigencia de b&uacute;squedas permanentes y de la necesidad  de ensayar-corregir respuestas y soluciones tanto globales como puntuales.     <br>  </p>    <p>Preliminarmente se explorar&aacute;n aqu&iacute; tres contextos explicativos  de la violencia en Colombia: uno de predominio econ&oacute;mico; otro de predominio  pol&iacute;tico, y un tercer contexto cultural. Cada uno de ellos sintetiza un  conjunto de problemas y situaciones que contribuyen a explicar el porqu&eacute;  de la violencia actual. Y en conjunto, deben configurar un marco explicativo suficientemente  s&oacute;lido y completo del problema. La exploraci&oacute;n de los tres contextos  llev&oacute; al esclarecimiento de tres condiciones estructurales postuladas como  ra&iacute;ces y expresiones de los contextos explicativos enunciados, y de otros  tantos procesos coyunturales, considerados como detonantes y combustible m&aacute;s  pr&oacute;ximo del problema en estudio. Las condiciones estructurales identificadas  son: la inequidad, la intolerancia y la impunidad.<span class="superscript">1</span>  La primera como principal expresi&oacute;n del contexto econ&oacute;mico, pero  tambi&eacute;n con significados pol&iacute;ticos y &eacute;tico-culturales; la  intolerancia como expresi&oacute;n m&aacute;s clara del contexto pol&iacute;tico,  pero tambi&eacute;n del cultural y la impunidad, altamente expresiva de la intersecci&oacute;n  de los contextos pol&iacute;tico y cultural. Los procesos coyunturales enunciados  y sobre los cuales se volver&aacute; m&aacute;s adelante son: el problema narco,  la neoliberalizaci&oacute;n del Estado, y el conflicto pol&iacute;tico-militar.<span class="superscript">1  </span>    <br> </p>    <p><i>El contexto explicativo pol&iacute;tico de la violencia  colombiana actual.</i> Un primer conjunto explicativo de las &quot;violencias  colombianas, y en especial de la violencia homicida actual, se encuentra en el  campo pol&iacute;tico. Las luchas por el control del Estado, las rivalidades e  intolerancias entre los partidos y organizaciones pol&iacute;ticas, y las inconsistencias  y debilidades de las distintas pr&aacute;cticas en el ejercicio del poder han  sido un elemento explicativo esencial de los diversos ciclos de violencia del  pa&iacute;s, con diferencias en el tipo y papel de los diversos actores, en los  intereses particulares en juego y en las modalidades e intensidades de las acciones  violentas. En los enfrentamientos conquistador-conquistado y metr&oacute;poli-colonia  de los siglos XV al XIX, y en las guerras civiles de la segunda mitad del siglo  XIX es muy claro el contenido pol&iacute;tico.<span class="superscript">10-13</span>  Las razones fundamentales m&aacute;s aceptadas<span class="superscript">14 </span>de  la violencia de la primera mitad del siglo XX. &quot;La violencia&quot; como se  le reconoce en la literatura y en el imaginario colectivo nacional - se relaciona  precisamente con la debilidad del Estado, propiciada en buena parte por la confrontaci&oacute;n  entre los partidos liberal y conservador, y la intolerancia pol&iacute;tica, estimulada  tambi&eacute;n por la intolerancia religiosa. Igual si se trata de &quot;un derrumbe  parcial del Estado&quot;, como lo plante&oacute; en su an&aacute;lisis hist&oacute;rico  de dicho proceso <i>Paul Oquist</i> a finales de los setenta,<span class="superscript">15</span>  o de un &quot;desmantelamiento de la ideolog&iacute;a de la regulaci&oacute;n  estatal&quot; que llev&oacute; a una disoluci&oacute;n progresiva del Estado,  como lo postul&oacute; <i>Daniel P&eacute;caut</i><span class="superscript">16</span>  a comienzos de los ochenta, el n&uacute;cleo explicativo central de &quot;La violencia&quot;  es pol&iacute;tico. Como la indagaci&oacute;n que origin&oacute; esta l&iacute;nea  de trabajo se dirige a la violencia colombiana de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas,  la cuesti&oacute;n entonces es precisar con qu&eacute; actores, en qu&eacute;  sentido, en qu&eacute; medida y a trav&eacute;s de qu&eacute; mediaciones y mecanismos  el contexto pol&iacute;tico contribuye a explicarla. Los estudios, ensayos y la  informaci&oacute;n disponibles, y los resultados de las entrevistas realizadas  a diferentes actores en desarrollo del trabajo personal, confirman de manera categ&oacute;rica  el car&aacute;cter predominantemente pol&iacute;tico de la violencia actual. Conviene  desagregar los contenidos de esta afirmaci&oacute;n.    <br> </p>    <p>En primer lugar:  tanto los analistas internacionales como los nacionales reconocen en las insuficiencias,  debilidades e ilegitimidad del Estado colombiano un factor determinante de la  violencia actual. <i>Daniel P&eacute;caut</i> se detiene en explicar la &quot;precariedad  del Estado-Naci&oacute;n&quot;.<span class="superscript">17</span> <i>Peter Waldmann</i>  opina que &quot;no es suficiente afirmar que el Estado colombiano se encuentra  en una crisis de legitimidad y de efectividad sino que habr&iacute;a que diagnosticar  una desintegraci&oacute;n estatal peri&oacute;dica&quot;.<span class="superscript">18  </span> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aun <i>Malcolm Deas</i>, empe&ntilde;ado en superar los estereotipos  y las explicaciones que considera &quot;ret&oacute;ricas&quot; de la violencia  actual y en plantear m&aacute;s preguntas que respuestas - &quot;sabemos mucho  menos acerca de la violencia pol&iacute;tica de lo que suele pensarse&quot;<span class="superscript">19  </span>- parece aceptar la importancia relativa de las carencias y ausencias estatales  en la din&aacute;mica de la violencia actual. Varios de los investigadores nacionales  que trabajan el tema han desarrollado distintas dimensiones de la precariedad  &quot;colapso&quot; y deficiencias estatales en la g&eacute;nesis y din&aacute;mica  del problema.<span class="superscript">20-22</span>    <br> </p>    <p>Sin rendir culto  al saber convencional, pero apreciando m&aacute;s que otros la percepci&oacute;n  que tienen del problema de la violencia homicida grupos como el entrevistado por  el autor de este trabajo, se constituye en un argumento importante el hecho de  que la mitad de los interlocutores seleccionados considera la violencia actual  como expresi&oacute;n y consecuencia al tiempo de la precariedad e insuficiencia  del Estado y del consiguiente funcionamiento inadecuado de las relaciones Estado-Ciudadano-Sociedad.  Fueron resaltados al respecto cuatro aspectos espec&iacute;ficos del problema:  la ilegitimidad, la p&eacute;rdida de credibilidad, la ausencia y la debilidad  del Estado. Cohesiona el argumento el hecho de que al momento de las propuestas,  la m&aacute;s frecuente se refiera a la necesidad de legitimar el Estado, recuperar  su credibilidad, fortalecerlo y darle mayor presencia y capacidad de acci&oacute;n.      <br> </p>    <p>Pero la explicaci&oacute;n pol&iacute;tica de la violencia homicida  no se agota en la consideraci&oacute;n del papel del Estado. Se extiende tambi&eacute;n  a la sociedad en su conjunto. A la falta de conciencia y participaci&oacute;n  pol&iacute;tica, al desconocimiento de los derechos ciudadanos, a los obst&aacute;culos  para el libre juego democr&aacute;tico y a la proclividad a tratar de resolver  cualquier conflicto por la v&iacute;a violenta. Estas dimensiones l&uacute;cidamente  se&ntilde;aladas por los y las entrevistadas no son un descubrimiento nuevo u  original. Varios de los autores citados y algunos otros<span class="superscript">23-26</span>  las han destacado al tratar de explicar muy distintas formas de la violencia actual.  Tienen que ver con el ejercicio real de la ciudadan&iacute;a, con los tipos y  niveles de participaci&oacute;n pol&iacute;tica y con el grado de organizaci&oacute;n  social.    <br> </p>    <p>De los tres procesos coyunturales considerados aqu&iacute;  como espec&iacute;ficos del per&iacute;odo en estudio de la vida nacional y como  dinamizadores del actual ciclo de violencia, hay dos que tienen una mayor identidad  pol&iacute;tica. Son ellos: la intensificaci&oacute;n del conflicto pol&iacute;tico-militar  y la implementaci&oacute;n del modelo neoliberal, en especial en lo referente  a la concepci&oacute;n y a la acci&oacute;n del Estado y al tipo de valores y  estrategias pol&iacute;ticas que lo animan y que a su vez &eacute;l impulsa. Sobre  ellos se avanza a continuaci&oacute;n dentro de este contexto explicativo pol&iacute;tico  de la violencia.     <br> </p>    <p>Impacto pol&iacute;tico del cambio en la concepci&oacute;n  del Estado. M&aacute;s que por su sentido y consecuencias econ&oacute;micas -que  se retomar&aacute;n al desarrollar el respectivo contexto - interesa considerar  aqu&iacute; las orientaciones y efectos pol&iacute;ticos de la reformulaci&oacute;n  del papel del Estado implicados en el denominado modelo neoliberal. De un lado  es innegable que en la ra&iacute;z de dicho modelo hay un marcado hincapi&eacute;  en la competencia como fuerza dinamizadora social, en el mercado como escenario  central de las interacciones sociales, en la privatizaci&oacute;n de lo p&uacute;blico  y en una relativa reducci&oacute;n del Estado, asign&aacute;ndole una funci&oacute;n  de predominio econ&oacute;mico en especial en la regulaci&oacute;n del mercado.  Tales &eacute;nfasis pueden tener, y de hecho han tenido, consecuencias muy negativas  a&uacute;n en pa&iacute;ses considerados desarrollados. Pero sin duda los efectos  son m&aacute;s negativos en un pa&iacute;s como Colombia y en una coyuntura como  la del per&iacute;odo en estudio. En efecto, al evidenciarse con la violencia  de mitad de siglo las debilidades del Estado, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica  y las rupturas y necrosis del tejido social, se pudo concluir que para su reconstrucci&oacute;n  se requer&iacute;a -entre otras cosas- de un Estado m&aacute;s s&oacute;lido,  incluyente y presente, empe&ntilde;ado m&aacute;s que en regular los mercados  en generar y sostener equidad en la distribuci&oacute;n del poder y la riqueza  y en crear v&iacute;nculos solidarios. La coyuntura y los intereses internacionales  y la coherencia con ellos por parte de sectores empresariales y de la dirigencia  pol&iacute;tica y tecnocr&aacute;tica del pa&iacute;s, llevaron a inclinar la  concepci&oacute;n y la acci&oacute;n del Estado hacia los lineamientos y las pr&aacute;cticas  neoliberales. Se fue consolidando una especie de Estado macroecon&oacute;mico  -obsesionado con el mercado, con los indicadores econ&oacute;micos internacionalmente  valorados, con ser cada vez m&aacute;s funcional a los procesos de concentraci&oacute;n  monop&oacute;lica de la riqueza- mientras la realidad y las necesidades sociales  parec&iacute;an indicar la prioridad de sus tareas sociales y pol&iacute;ticas  y la reconsideraci&oacute;n de su papel econ&oacute;mico. La consiguiente privatizaci&oacute;n  de lo p&uacute;blico, la agudizaci&oacute;n del sentido de exclusi&oacute;n econ&oacute;mica  y pol&iacute;tica, el distanciamiento acelerado de un Estado que aparece de cara  al capital trasnacional y de espaldas a las urgencias sociales internas, y el  debilitamiento a&uacute;n mayor de valores solidarios, se convirtieron en otros  tantos gatillos de violencias. La privatizaci&oacute;n de la justicia y el consiguiente  incremento de la impunidad y de la proliferaci&oacute;n de organizaciones paramilitares,  si bien no son productos directos de la concepci&oacute;n neoliberal, s&iacute;  han encontrado en ella justificaci&oacute;n y est&iacute;mulo y han sido dos condiciones  claves para la intensificaci&oacute;n de las violencias. Por supuesto que estos  efectos son dif&iacute;cil y s&oacute;lo parcialmente cuantificables. Pero algo  puede indicar el hecho de que los picos mayores de la curva de homicidios coincidan  tambi&eacute;n con los momentos de mayor auge neoliberal.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La agudizaci&oacute;n  del conflicto pol&iacute;tico-militar interno constituye el otro evento que marca  pol&iacute;ticamente el per&iacute;odo y que contribuye de manera definitiva a  la generalizaci&oacute;n de la violencia y al desbordamiento homicida del pa&iacute;s.  Es el componente de guerra dentro de la situaci&oacute;n de violencia. De guerra,  que como expres&oacute; <i>Karl</i> <i>von Clausewitz,</i> &quot;es un acto de  violencia para forzar al oponente a actuar como deseamos&quot;.<span class="superscript">27  </span>La militarizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y la relativa despolitizaci&oacute;n  de la vida social hacen parte de las graves consecuencias de este proceso. Su  an&aacute;lisis ha sido objeto de m&uacute;ltiples trabajos.<span class="superscript">28-31</span>  Los datos sobre homicidios presentados en la primera parte muestran su crecimiento  lento en la d&eacute;cada 1975-1985, que culmina en 1982-1983, coincidente con  un incremento de la actividad guerrillera, la confrontaci&oacute;n militar del  narcoterrorismo y el primer auge del paramilitarismo. El gobierno respondi&oacute;,  entre otras medidas, con el proceso de paz liderado por el presidente <i>Belisario  Betancur. </i>Viene luego el crecimiento desmesurado de las tasas de homicidio  de finales de los 80 y principios de los 90, en el marco de la expansi&oacute;n  militar y el auge de la guerrilla,<span class="superscript">32</span> la consolidaci&oacute;n  del paramilitarismo<span class="superscript">33</span> y la persecuci&oacute;n  a los grupos organizados de narcotraficantes. El intento de frenar las guerras  mediante un nuevo proceso de paz durante el gobierno del presidente <i>Barco</i><span class="superscript">34  </span>y una reforma constitucional<span class="superscript">35</span> en la primera  parte del gobierno Gaviria s&oacute;lo alcanza logros parciales, y se produce  en la segunda parte de su gobierno un recrudecimiento de la respuesta militar  mediante la denominada guerra integral.     <br> </p>    <p>De los tres procesos coyunturales  en cuesti&oacute;n, es este del conflicto pol&iacute;tico-militar el que establece  los mayores v&iacute;nculos de continuidad entre los diversos ciclos de violencia  que ha vivido el pa&iacute;s. Puede decirse por tanto que es el menos espec&iacute;fico  de la violencia actual. En la violencia de mitad de siglo no hubo fen&oacute;meno  narco ni el Estado tomaba por entonces los perfiles hoy considerados como neoliberales.  En cambio s&iacute; hab&iacute;a grupos armados organizados de resistencia campesina  en distintas regiones del pa&iacute;s<span class="superscript">36</span> y hab&iacute;a  confrontaci&oacute;n entre militantes de los dos partidos pol&iacute;ticos y sus  soportes armados. Incluso en el intermedio entre esa violencia y la actual hubo  un proceso de bandolerizaci&oacute;n<span class="superscript">37</span> que termin&oacute;  haciendo un papel de puente o cadena de transmisi&oacute;n entre las dos violencias.      <br> </p>    <p>Es pertinente plantear tambi&eacute;n a prop&oacute;sito de este aspecto  la importancia y las limitaciones de un proceso negociado de paz con los grupos  armados, en el conjunto de los procesos requeridos para la superaci&oacute;n de  la violencia en el pa&iacute;s. Es obvio que as&iacute; se concrete y resulte  efectivo un proceso de negociaci&oacute;n al conflicto pol&iacute;tico-militar  en un plazo relativamente corto, al tener la violencia actual otros procesos y  contextos que la dinamizan, posiblemente no se reducir&aacute;n significativamente  los homicidios ni otras formas de violencia hasta tanto no se act&uacute;e tambi&eacute;n  con acierto sobre tales procesos y contextos. Esto no desestimula la negociaci&oacute;n  pol&iacute;tica, pero advierte sobre sus topes y sobre la necesidad de una pol&iacute;tica  y un proyecto social m&aacute;s amplios de superaci&oacute;n de las violencias.      <br> </p>    <p>La intolerancia en el contexto explicativo pol&iacute;tico. Por estar  vinculada de manera predominante al contexto pol&iacute;tico del problema, se  presentan a continuaci&oacute;n algunas consideraciones sint&eacute;ticas sobre  las relaciones violencia-intolerancia en la situaci&oacute;n colombiana actual.      <br> </p>    <p>Con muy pocas excepciones tanto entre historiadores del pa&iacute;s  como entre actores de la actual violencia, se considera a la intolerancia, en  especial en su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, como condici&oacute;n y explicaci&oacute;n  de la violencia. Lo fue en las guerras de la segunda mitad del siglo XIX y en  la violencia de mitad del siglo XX con un car&aacute;cter h&iacute;brido pol&iacute;tico-religioso.  En la actual, el componente de intolerancia religiosa es muy escaso. Se mantiene  e incrementa el pol&iacute;tico, pero ya no en sentido partidista sino de opci&oacute;n  ideol&oacute;gica y adscripci&oacute;n pol&iacute;tico-militar. En la violencia  actual casi no se elimina a nadie por el hecho de ser liberal o conservador. Pero  la guerra es a muerte entre guerrilleros y militares y entre paramilitares y guerrilleros.  A partir de ese n&uacute;cleo, la l&oacute;gica se extiende a no tolerar a los  simpatizantes o presuntos simpatizantes de uno u otro bando. Y al asumir que ciertos  silencios o neutralidades, o la defensa de ciertos valores como los Derechos Humanos  pueden indicar la adscripci&oacute;n a uno de los bandos en conflicto, se ampl&iacute;a  el c&iacute;rculo de la intolerancia y se alarga la lista de v&iacute;ctimas potenciales.  Pero no s&oacute;lo en ese escenario de guerra. En los de las dem&aacute;s violencias  hay tambi&eacute;n una negaci&oacute;n del diferente y una incapacidad casi generalizada  para la resoluci&oacute;n del conflicto mediante la interlocuci&oacute;n sobre  la base del reconocimiento del otro y el respeto a su vida y sus derechos. En  el trabajo y en la escuela, en la familia y en la calle, en el deporte y en los  negocios es perceptible un clima b&aacute;sico de intolerancia que con gran facilidad  se transforma en hechos violentos bajo cualquiera de sus modalidades.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hay  suficientes hechos y datos para evidenciar un incremento de la intolerancia pol&iacute;tica,  una ampliaci&oacute;n y selectividad de sus v&iacute;ctimas, una diversificaci&oacute;n  de sus formas y, por tanto, un agravamiento de sus consecuencias. Mientras entre  1975 y 1984 la participaci&oacute;n de los homicidios registrados por intolerancia  pol&iacute;tico-social en el total de homicidios fue inferior al 10 %, a partir  de 1986 es siempre superior a dicho porcentaje. El pico m&aacute;s alto se alcanza  en 1988 cuando al registrarse el mayor n&uacute;mero de homicidios pol&iacute;ticos  de todo el per&iacute;odo, 2 738, el total de homicidios por intolerancia pol&iacute;tico-social  lleg&oacute; a representar casi el 20 % del total de homicidios. La convergencia  en aquel a&ntilde;o de las primeras elecciones populares de alcaldes municipales,  del auge de la guerra sucia contra la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, del incremento  de las masacres, en especial en Urab&aacute; y del narcoterrorismo urbano, puede  explicar el resultado tr&aacute;gico. Ya no en t&eacute;rminos porcentuales sino  absolutos, es 1992 el a&ntilde;o del mayor n&uacute;mero de muertes por motivos  pol&iacute;tico-sociales del per&iacute;odo: 4 285. Fue el primer a&ntilde;o de  vigencia de la nueva Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, de la decisi&oacute;n  del gobierno Gaviria de guerra integral ante la arremetida guerrillera, y de la  persecuci&oacute;n en caliente de los jefes de los carteles de la droga. Es tambi&eacute;n  el a&ntilde;o del mayor n&uacute;mero registrado de homicidios contra marginales:  505. No parece entonces producto del azar el hecho de que el pico m&aacute;ximo  tanto de muertes por motivos sociopol&iacute;ticos como de homicidios en general  de todo el per&iacute;odo, con totales anuales de homicidio superiores a 28 200,  se alcance en 1991-1992, a&ntilde;os en los cuales estaban en su m&aacute;xima  expresi&oacute;n simult&aacute;nea y sin&eacute;rgica los tres procesos coyunturales  identificados como determinantes del momento de violencia: la agudizaci&oacute;n  del conflicto pol&iacute;tico-militar, la expansi&oacute;n y confrontaci&oacute;n  policial del narcotr&aacute;fico y el viraje neoliberal.    <br> </p>    <p>En conjunto,  el hecho de que el 40 % de las explicaciones dadas por los entrevistados en el  trabajo que origin&oacute; estas reflexiones pertenezca a los diferentes campos  y componentes del contexto pol&iacute;tico, puede ser el reflejo no solo de su  racionalidad y manera de comprender el problema, sino tambi&eacute;n de la importancia  que los distintos referentes te&oacute;ricos y an&aacute;lisis particulares le  dan a dicho contexto. Lo deseable ser&iacute;a que se correspondiera tambi&eacute;n  con su importancia real. El hecho complementario de que al momento de las alternativas  casi la mitad de las propuestas, 48 %, pertenezca tambi&eacute;n al campo pol&iacute;tico  anima a pensar que realmente puede ser este, en toda su complejidad y dificultad,  tanto el principal contexto explicativo como la clave y el n&uacute;cleo b&aacute;sico  de las propuestas posibles para el enfrentamiento y superaci&oacute;n de la violencia  colombiana actual.    <br> </p>    <p>El contexto explicativo econ&oacute;mico. Es muy  amplio el consenso nacional en cuanto a las ra&iacute;ces econ&oacute;micas del  actual conflicto y en cuanto al impacto econ&oacute;mico de la violencia. Y dentro  del esquema anal&iacute;tico empleado en este trabajo, la iniquidad como condici&oacute;n  estructural y el problema narco como proceso coyuntural pertenecen esencialmente  al campo econ&oacute;mico. Para el autor es tambi&eacute;n ilustrativo el hecho  de que sus interlocutores sobre el tema le hayan dado un peso significativo a  los diferentes elementos del contexto econ&oacute;mico. En las entrevistas realizadas  a lo largo de este trabajo, un poco m&aacute;s de la cuarta parte de las respuestas  dadas a la pregunta relacionada con las ra&iacute;ces y explicaciones de la violencia  actual, en especial de la violencia homicida, hacen parte del contexto econ&oacute;mico,  y ocupan as&iacute; el segundo lugar despu&eacute;s de las referidas al campo  pol&iacute;tico anteriormente tratado. Lo econ&oacute;mico estuvo tambi&eacute;n  presente entre las tres mayores preocupaciones de la poblaci&oacute;n en relaci&oacute;n  con el impacto de la violencia actual. Contrasta mucho esta preocupaci&oacute;n  por el impacto econ&oacute;mico de la violencia y la relevancia explicativa enunciada  con el relativo bajo perfil que le dieron los interlo-cutores, a los aspectos  econ&oacute;micos dentro de las alternativas y estrategias para enfrentar la violencia.  Menos del 20 % de las propuestas formuladas tienen que ver con lo econ&oacute;mico,  y quedan en conjunto en tercer lugar, por debajo de las alternativas pol&iacute;ticas  y culturales.    <br> </p>    <p>Dado el reconocimiento obtenido en los diferentes insumos  te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos del trabajo por el proceso coyuntural de  la emergencia y expansi&oacute;n del problema narco y por la condici&oacute;n  estructural de iniquidad como elementos constitutivos esenciales del contexto  explicativo econ&oacute;mico de la violencia actual, el planteamiento siguiente  se dedica a desarrollar un poco m&aacute;s su significado e implicaciones.    <br>  </p>    <p>El peso del narcotr&aacute;fico dentro del contexto econ&oacute;mico de  la violencia actual. Como en general se habla del problema del narcotr&aacute;fico,  conviene enfatizar que considero m&aacute;s adecuada la categor&iacute;a problema  narco dado que ella incluye los momentos de producci&oacute;n, procesamiento,  tr&aacute;fico y consumo de ciertas sustancias sicoactivas ilegales. Su tr&aacute;fico  es solo uno de los momentos del proceso. La concentraci&oacute;n de la atenci&oacute;n  en el tr&aacute;fico ha obedecido justamente a una estrategia internacional que  permite disminuir la presi&oacute;n y el se&ntilde;alamiento de las responsabilidades  sobre los dem&aacute;s momentos. La comprensi&oacute;n y el enfrentamiento del  problema requiere mirarlo en su totalidad. Problema narco es entonces una categor&iacute;a  no solo m&aacute;s comprensiva del problema sino tambi&eacute;n menos ideologizada  y m&aacute;s adecuada para abordar el tema en su integralidad.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es  pr&aacute;cticamente un&aacute;nime el consenso en torno al papel determinante  del problema narco sobre la violencia actual en el pa&iacute;s, con obvias diferencias  en cuanto a su intensidad, modalidades, actores y mecanismos de intermediaci&oacute;n  y operaci&oacute;n. Fernando Gait&aacute;n opina que: &quot;Lo que permiti&oacute;  la conversi&oacute;n de una violencia muy alta...en una violencia explosiva fue  el fen&oacute;meno nuevo que se consolid&oacute; en esos a&ntilde;os, es decir  el afianzamiento del narcotr&aacute;fico. El narcotr&aacute;fico no invent&oacute;  la violencia, fue posible porque ella exist&iacute;a y persist&iacute;a desde  1946... Digamos que el narcotr&aacute;fico logr&oacute; que una violencia muy  alta se convirtiera en desbordada&quot;.<span class="superscript">38</span> Para  otros, es en la ilegalidad del fen&oacute;meno, en los amplios m&aacute;rgenes  de ganancia, en las luchas por el control de la producci&oacute;n y de los mercados  y en la respuesta prohibicionista, donde se generan m&uacute;ltiples climas y  escenarios de violencia.<span class="superscript">39</span> Rodrigo Uprimny, una  de las personas que viene pensando el problema con mayor lucidez, plantea cinco  tesis interesantes sobre narcotr&aacute;fico y violencia, y destaca la importancia  e insuficiencia del narcotr&aacute;fico para explicar la violencia en los niveles  nacional y regional, la interacci&oacute;n del narcotr&aacute;fico con otros factores  para generar violencia, la necesidad de determinadas condiciones sociopol&iacute;ticas  para que se concrete la violencia potencial del narcotr&aacute;fico y la posibilidad  de reducirla.<span class="superscript">40</span> El juego a muchas bandas de los  narcotraficantes ha sido tambi&eacute;n objeto de reflexiones y aportes por parte  de investigadores del problema.<span class="superscript">41</span> Seg&uacute;n  sus propios intereses y las diferentes coyunturas, los narcotraficantes se han  aliado o han perseguido a las guerrillas, a miembros de la polic&iacute;a y del  ej&eacute;rcito nacional, a sicarios y grupos de limpieza social, a dirigentes  pol&iacute;ticos y a sacerdotes, obispos y ministros de las diferentes religiones.      <br> </p>    <p>Merece destacarse adem&aacute;s la dimensi&oacute;n internacional  del problema narco y las implicaciones de tal dimensi&oacute;n del problema en  la violencia colombiana y en sus respectivas soluciones.<span class="superscript">42,43</span>  Siendo claro que ni el problema es originario o exclusivo del pa&iacute;s ni que  solo Colombia padece las consecuencias violentas del problema narco, tiene l&oacute;gica  plantear que solo podr&aacute; haber soluci&oacute;n si se logran decisiones y  compromisos internacionales. No obstante, por las mismas razones ya enunciadas  en el nivel nacional, parece todav&iacute;a distante el camino de una concertaci&oacute;n  multilateral mediante la cual, al controlar el factor narco, se reduzcan sus aportes  directos e indirectos a la persistente escalada de violencias en el pa&iacute;s.      <br> </p>    <p>Si el consenso es casi un&aacute;nime en torno a la alta participaci&oacute;n  del problema narco en la activaci&oacute;n y el impulso casi constante a las violencias  nacionales de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, es oportuno seguir las huellas  del narcotr&aacute;fico en los tiempos, intensidades, geograf&iacute;a y modalidades  de la violencia homicida. Por descontado que no se pretende establecer una relaci&oacute;n  monog&aacute;mica violencia-narcotr&aacute;fico sino tratar de seguir las vetas  narco en el complejo perfil de la violencia. Una primera pista la da el marcado  incremento quinquenal en los 80 y primera mitad de los 90 de la mortalidad general,  particularmente de los grupos j&oacute;venes masculinos y en especial en Antioquia  y Valle -reconocidos epicentros de los dos principales grupos de narcotraficantes.  La pista contin&uacute;a en la misma direcci&oacute;n al estudiar la mortalidad  por homicidios en el mismo per&iacute;odo, en los mismos grupos de hombres j&oacute;venes,  y cada vez m&aacute;s j&oacute;venes (fig. 4). Tanto el perfil del total anual  de homicidios durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, como el de la curva de  la respectiva tasa de mortalidad por homicidio por 100 mil habitantes (figs. 1  y 2) parecen reflejar algo de las guerras internas y externas del narcotr&aacute;fico,  del auge narcoterrorista de finales de los 80 y de la respuesta represiva y policial  del Estado a principios de los 90. Los logros temporales y parciales de dicha  respuesta, posteriores a 1992, pueden tener algo que ver con el leve descenso  de la curva de homicidios del pa&iacute;s en ese momento. El reflejo se hace m&aacute;s  claro al seguir con cuidado las curvas de homicidio de Antioquia, Bogot&aacute;  y la nacional durante todo el per&iacute;odo (fig. 5). Antioquia y Valle tienen  un gran peso en la trayectoria de la l&iacute;nea nacional. Algo dice tambi&eacute;n  el hecho de que Antioquia y Valle sean dos de los tres Departamentos que en 1994  tienen tasas de mortalidad por homicidio superiores al promedio nacional. No sobra  insistir en que muchas otras cosas que tambi&eacute;n tuvieron que ver con la  mortalidad general y con los homicidios pasaron en el pa&iacute;s, en Antioquia  y en Valle en esos mismos a&ntilde;os. Pero, sin duda, hay una huella demasiado  clara de la violencia generada por el narcotr&aacute;fico en las cifras, los mapas  y las trayectorias de los homicidios en el pa&iacute;s.     <br> </p>    <p>Tambi&eacute;n  las entrevistas hechas a los actores seleccionados aportan a la confirmaci&oacute;n  del narcotr&aacute;fico como uno de los procesos coyunturales &iacute;ntimamente  relacionados con la violencia homicida de las dos d&eacute;cadas estudiadas. Entre  los aspectos de la violencia que m&aacute;s preocupan a los interlocutores, el  narcotr&aacute;fico fue destacado por el 10 % y en una &uacute;nica dimensi&oacute;n:  en su compleja relaci&oacute;n con la guerrilla. En cambio casi la cuarta parte  de los entrevistados se&ntilde;alaron que la violencia se debe en alguna medida  al narcotr&aacute;fico. Lo que m&aacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n al respecto  del manejo de la relaci&oacute;n narcotr&aacute;fico-violencia por parte de los  y las entrevistados/as, es que ninguno/a incluy&oacute; la resoluci&oacute;n del  problema narco como precondici&oacute;n o como parte de las alternativas y estrategias  de superaci&oacute;n de la violencia. Invisibilidad de lo obvio? Negaci&oacute;n  u olvido? Falta de propuestas elaboradas, dadas la complejidad del problema, las  ambig&uuml;edades y la moral m&uacute;ltiple asumida ante el problema? En todo  caso, en t&eacute;rminos l&oacute;gicos uno puede concluir despu&eacute;s de observar  los hechos y analizar las cifras de la relaci&oacute;n violencia-narcotr&aacute;fico  en Colombia que sin soluci&oacute;n efectiva al problema narco no parece haber  soluci&oacute;n consistente y duradera a la cuesti&oacute;n de la violencia.    <br>  </p>    <p>La iniquidad en el contexto de la explicaci&oacute;n econ&oacute;mica de  la violencia. La persistencia de alt&iacute;simos niveles de iniquidad aparece  en la realidad como una de las condiciones estructurales de la violencia actual  y, muy posiblemente, de algunos de los ciclos anteriores de violencia. Esto, que  disgusta a algunos analistas que quisieran estar frente al caso de un pa&iacute;s  posmoderno y primermundista, y que otros consideran despectivamente como &quot;sabidur&iacute;a  convencional&quot;, no ha podido ser refutado y, por el contrario, tiende a confirmarse  con los aportes de estudios rigurosos tanto nacionales como internacionales. Dada  la importancia del tema de la iniquidad y la posibilidad de articular en torno  a &eacute;l la discusi&oacute;n de otros componentes del contexto econ&oacute;mico  de la violencia actual, se toma como uno de los dos ejes para el desarrollo de  este contexto explicativo.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un reciente y documentado trabajo de un  equipo del Banco Mundial preocupado por la creciente incidencia de conductas criminales  y violentas en muchas regiones del mundo, con base en indicadores seleccionados  durante el per&iacute;odo 1970-1994 afirma: &quot;El grado de inequidad en el  ingreso, medido con el &iacute;ndice Gini, se asocia positivamente con la tasa  de homicidio. Este resultado es estad&iacute;sticamente significativo y consistente  en las diferentes especificaciones de regresi&oacute;n consideradas&quot;.<span class="superscript">44</span>  Este resultado contrasta con los de un trabajo presentado un a&ntilde;o antes  por Juan Luis Londo&ntilde;o, por entonces funcionario del BID, ante la segunda  Conferencia Anual del Banco Mundial para el Desarrollo de Am&eacute;rica Latina  y El Caribe.<span class="superscript">45 </span>Con menos rigor conceptual y metodol&oacute;gico  del que generalmente utiliza en otros trabajos suyos, el doctor Londo&ntilde;o  encuentra que no existe correlaci&oacute;n de las tasas de pobreza, desempleo  y crecimiento econ&oacute;mico del pa&iacute;s con la tasa de homicidio. Encuentra  en cambio correlaci&oacute;n sistem&aacute;tica y significativa entre consumo  de alcohol e incidencia de enfermedades neurosiqui&aacute;tricas con la violencia.  Y se atreve a concluir: &quot;Y el exceso de enfermedad mental y alcoholismo podr&iacute;an  explicar todo el exceso de violencia de la regi&oacute;n&quot;.<span class="superscript">45</span>  Para el caso particular de Colombia, observa que &quot;no son las regiones m&aacute;s  pobres del pa&iacute;s las que registran m&aacute;s violencia. Y tampoco lo son  las regiones con &iacute;ndices mayores de desigualdad. Encontramos, en cambio,  un par de variables significativamente asociadas con la diversa incidencia de  violencia en los departamentos del pa&iacute;s: la intensidad del capital social  y la velocidad de progreso en la educaci&oacute;n&quot;.<span class="superscript">45</span>  Consecuente con sus hallazgos, plantea como campos prioritarios de acci&oacute;n  para reducir la violencia: controlar el consumo de alcohol, prevenir las conductas  agresivas, expandir la educaci&oacute;n y fomentar la cohesi&oacute;n social.  A m&aacute;s de las deficiencias en la delimitaci&oacute;n de las categor&iacute;as,  en la validez de los indicadores y en la calidad de la informaci&oacute;n de base,  en mi opini&oacute;n el trabajo en cuesti&oacute;n cae en el error de anteponer  la significancia en un ejercicio estad&iacute;stico de correlaci&oacute;n a la  observaci&oacute;n rigurosa y sistem&aacute;tica de la realidad y al an&aacute;lisis  tanto cuantitativo como hist&oacute;rico e interdisciplinario, tal como lo requiere  la naturaleza del complejo tema de la violencia. Adem&aacute;s, como lo se&ntilde;ala  otro investigador colombiano en un trabajo simult&aacute;neo al de Londo&ntilde;o:  &quot;La explicaci&oacute;n de la violencia en Colombia a partir de las deficiencias  en el capital social presenta serias limitaciones&quot;.<span class="superscript">46</span>    <br>  </p>    <p>Otro trabajo internacional reciente de exploraci&oacute;n de las causas  y efectos de la violencia se&ntilde;ala a la iniquidad en la distribuci&oacute;n  de los recursos nacionales como factor fundamental en la promoci&oacute;n de la  violencia.<span class="superscript">47</span> Tambi&eacute;n desde el campo de  la salud se han presentado estudios recientes y rigurosos que demuestran una asociaci&oacute;n  significativa entre la desigualdad del ingreso, la mortalidad por grupos de edad  y las tasas de homicidios y violencia.<span class="superscript">48</span>    <br>  </p>    <p>Uno de los investigadores que m&aacute;s ha trabajado el tema en Colombia,  reafirma la relaci&oacute;n iniquidad-violencia. En un estudio reciente sobre  violencia y acumulaci&oacute;n capitalista en Colombia concluye: &quot;Por ahora  en Colombia la violencia contin&uacute;a siendo un lucrativo negocio. El desequilibrio  social y el desprecio por la vida crecen a la par de una r&aacute;pida acumulaci&oacute;n  y concentraci&oacute;n del capital&quot;.<span class="superscript">49 </span>    <br>  </p>    <p>En realidad en Colombia la discusi&oacute;n se ha centrado m&aacute;s en  la relaci&oacute;n pobreza-violencia que en la relaci&oacute;n iniquidad-violencia.  Y, por suerte, se est&aacute; pasando de la superaci&oacute;n de una unicausalidad  simplista a una mejor sustentaci&oacute;n y comprensi&oacute;n de las condiciones  de posibilidad y los contextos explicativos del problema. Va habiendo consenso  en que, si bien la pobreza puede ser una especie de caldo de cultivo, requiere  de otras condiciones culturales, organizativas y pol&iacute;ticas para convertirse  en provocadora de violencia. No existe relaci&oacute;n constante y directa entre  pobreza y violencia. Una encuesta reciente sobre &quot;Valores, instituciones  y capital social en Colombia&quot; encontr&oacute; que &quot;las condiciones de  pobreza de las localidades no parecen asociadas con la incidencia de violencia  homicida. No es en los municipios m&aacute;s pobres de los incluidos en la muestra,  donde se observa una mayor incidencia de los homicidios. Por el contrario, en  algunas localidades con muy bajos &iacute;ndices de pobreza, como Medell&iacute;n  o Bucaramanga, es bastante alto el porcentaje de hogares que se han visto afectados  por una muerte intencional. La asociaci&oacute;n entre el &iacute;ndice de NBI  y la incidencia de la violencia, aunque positiva, no es muy estrecha&quot;.<span class="superscript">50</span>  M&aacute;s a&uacute;n, algunos trabajos plantean una relaci&oacute;n inversa entre  pobreza y violencia, es decir: a mayor pobreza menor violencia, y una relaci&oacute;n  directa entre riqueza y criminalidad: &quot;a m&aacute;s riqueza, m&aacute;s criminalidad&quot;.<span class="superscript">51</span>    <br>  </p>    <p>Durante todo el per&iacute;odo considerado en este trabajo, m&aacute;s  de la mitad de la poblaci&oacute;n colombiana ha estado por debajo de la l&iacute;nea  de pobreza (LP). En el trabajo personal de investigaci&oacute;n no ha sido posible  ni gr&aacute;fica, ni l&oacute;gica ni matem&aacute;ticamente establecer una relaci&oacute;n  entre la pobreza, medida por el porcentaje de poblaci&oacute;n por debajo de la  LP y la curva de los homicidios registrados en el pa&iacute;s. En cambio, al representar  la pobreza por el porcentaje de poblaci&oacute;n con sus necesidades b&aacute;sicas  insatisfechas (NBI), se insin&uacute;a gr&aacute;ficamente una relaci&oacute;n  inversa entre la curva de la tasa de homicidios -de tendencia francamente ascendente  hasta 1991- y la de NBI -de tendencia francamente descendente, con disminuci&oacute;n  de la inclinaci&oacute;n a partir tambi&eacute;n de 1991, lo que coincide con  lo planteado por Montenegro y Posada.<span class="superscript">46</span> Sin duda  estas aproximaciones preliminares requieren de mayor afinamiento y es posible  que los propios indicadores utilizados no sean los m&aacute;s indicados para observar  la relaci&oacute;n en estudio. Con todo, refuerzan la refutaci&oacute;n del simplismo  unicausal pobreza = violencia y estimulan la b&uacute;squeda de precisiones y  mediaciones en la relaci&oacute;n entre la distribuci&oacute;n de la riqueza y  la violencia.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con respecto al intento de relacionar iniquidad-violencia  homicida mediante la observaci&oacute;n del comportamiento del &iacute;ndice de  Gini como indicador de inequidad y el n&uacute;mero anual de homicidios, pueden  destacarse los siguientes aspectos. A diferencia del trabajo referido del Banco  Mundial a escala internacional,<span class="superscript">44</span> los estrechos  m&aacute;rgenes de variaci&oacute;n del Gini nacional -a causa en parte de las  graves deficiencias detectadas en la forma en que se ha calculado - y la carencia  de una tendencia neta, impiden el establecimiento de relaciones matem&aacute;ticamente  consistentes. Solo pueden hacerse entonces algunas consideraciones anal&iacute;ticas.  </p>    <p>La m&aacute;s preocupante es la constataci&oacute;n de que en los 20 a&ntilde;os  comprendidos entre 1975 y 1995 el pa&iacute;s mantiene la misma situaci&oacute;n  de iniquidad. El Gini de los a&ntilde;os l&iacute;mites del per&iacute;odo son  pr&aacute;cticamente iguales: 0,511 en 1975 y 0,516 en 1995 y las variaciones  intermedias muy escasas. Puede decirse tambi&eacute;n que en casi todo el per&iacute;odo  hemos estado dentro de la l&iacute;nea de mayor iniquidad. Y permanecer as&iacute;  puede mantener activo un enorme potencial de violencia, algo as&iacute; como estar  con la gasolina regada, con alt&iacute;simo riesgo de que ciertas condiciones  enciendan el fuego con gran facilidad. Los tres procesos coyunturales estudiados  se han encargado de hacerlo, con los saldos ya inventariados. Hay que anotar tambi&eacute;n  que el nuevo incremento del indicador de iniquidad registrado desde 1991, en pleno  auge neoliberal -y solo aceptado tard&iacute;a y evasivamente por los funcionarios  y defensores del respectivo gobierno- coincide con el inicio del descenso de la  tasa de homicidios. Esto puede insinuar tambi&eacute;n una relaci&oacute;n no  mec&aacute;nica entre ambas variables y una eventual relaci&oacute;n no simult&aacute;nea  sino sucesiva: a incrementos actuales de iniquidad pueden corresponder incrementos  en un plazo relativamente corto de la violencia. A prop&oacute;sito, es preciso  tener mucho cuidado en las relaciones temporales entre fen&oacute;menos como la  violencia. La no relaci&oacute;n simult&aacute;nea puede indicar una relaci&oacute;n  sucesiva o de mediano plazo y no necesariamente una carencia de relaci&oacute;n.    <br>  </p>    <p>Quedan entonces en firme el car&aacute;cter estructural de la iniquidad  en el pa&iacute;s, su persistencia dentro de niveles altos, el fracaso de las  pol&iacute;ticas sociales en t&eacute;rminos de no haber podido reducirla en las  d&eacute;cadas estudiadas de intensa violencia, la tendencia inicial a un nuevo  incremento de la iniquidad a partir de la consolidaci&oacute;n neoliberal, su  contribuci&oacute;n explicativa al fen&oacute;meno de la violencia homicida, su  condici&oacute;n de clima altamente favorable para incubar y propiciar violencias  y la necesidad de incluir la reducci&oacute;n de la iniquidad como precondici&oacute;n  y elemento fundamental de los procesos resolutivos de la violencia. Quedan tambi&eacute;n  muchas interrogantes e insinuaciones que deben suscitar nuevos trabajos especializados  y que pueden estimular los debates a&uacute;n inconclusos tanto sobre la relaci&oacute;n  iniquidad-violencia como sobre la pertinencia de los indicadores y la consistencia  de la informaci&oacute;n disponible.    <br> </p>    <p>El contexto explicativo cultural  de la violencia. De los tres contextos explicativos planteados para la actual  violencia colombiana, es sin duda el cultural el que ha sido menos elaborado.  Debo reconocer que personalmente lo hab&iacute;a trabajado menos y que ha sido  el progresivo acercamiento a la realidad el que me ha llevado a estudiarlo con  mayor atenci&oacute;n. No es solo un problema reciente o personal. Hace ya varios  a&ntilde;os que el investigador <i>Gonzalo S&aacute;nchez</i> al terminar su balance  sobre los estudios de las violencias en el pa&iacute;s hab&iacute;a incluido en  su &quot;inventario de ausencias, terrenos en los cuales ya comienza a ser tarde  su exploraci&oacute;n&quot; <span class="superscript">52</span> un listado de  temas y aspectos casi exclusivamente culturales.    <br> </p>    <p>Desde su propia identidad,  la violencia por ser hist&oacute;rica, humana y social, pertenece tambi&eacute;n  al terreno de la cultura. <i>Domenach, </i>posiblemente el pensador que mejor  ha planteado el car&aacute;cter humano de la violencia y sus dilemas &eacute;ticos  y pol&iacute;ticos, afirma que &quot;hay que decir que la violencia es espec&iacute;ficamente  humana por cuanto es una libertad (real o supuesta) que quiere forzar a otra.  Llamar&eacute; violencia al uso de una fuerza, abierta u oculta, con el fin de  obtener de un individuo, o de un grupo, algo que no quiere consentir libremente&quot;<span class="superscript">53</span>  y un poco m&aacute;s adelante agrega: &quot;Por su aspecto ontol&oacute;gico,  la violencia no puede disociarse de la condici&oacute;n humana. Proscribirla mediante  condenas morales o mediante resoluciones pol&iacute;ticas no tiene ning&uacute;n  sentido&quot;.<span class="superscript">53</span> Estamos entonces ante dimensiones  &eacute;ticas y morales, est&aacute;n de por medio cuestiones como libertad, consentimiento,  fuerza, aprendizaje, interrelaciones. Pero, a m&aacute;s de ser acontecimiento  cultural en sentido pleno, las condiciones estructurales en las cuales se hace  posible la violencia, para el caso la colombiana actual, tienen tambi&eacute;n  esencial filiaci&oacute;n cultural. No son acaso valores (o antivalores), conductas  y actitudes individuales y colectivas, socialmente aprendidas y ejercidas, la  intolerancia, la impunidad y la iniquidad?     <br> </p>    <p>En el trabajo investigativo  ha llamado la atenci&oacute;n la participaci&oacute;n que los interlocutores le  confieren a los factores culturales en la racionalizaci&oacute;n de los or&iacute;genes  y din&aacute;mica de la violencia y en sus propuestas para la acci&oacute;n transformadora.  La segunda respuesta m&aacute;s frecuente entre las preocupaciones actuales sobre  la violencia se refiri&oacute; a la importancia creciente de los factores culturales  en su din&aacute;mica. Una de cada cinco respuestas explicativas adujo dimensiones  y aspectos culturales y una de cada cuatro propuestas se refer&iacute;a tambi&eacute;n  al amplio campo de la cultura. El discurso de los interlocutores perfil&oacute;  un cuarto contexto explicativo de la violencia: el jur&iacute;dico-penal, el cual  considero ocupa en realidad un espacio intermedio entre los contextos pol&iacute;tico  y cultural. Si efectivamente se integrara dicho contexto jur&iacute;dico-penal  con los dos indicados, en t&eacute;rminos cuantitativos se podr&iacute;a afirmar  que los aspectos culturales estar&iacute;an representando la tercera parte tanto  de la explicaci&oacute;n de la violencia como de las estrategias posibles para  su enfrentamiento, y superar&iacute;a as&iacute; la capacidad explicativa y la  participaci&oacute;n propositiva del contexto econ&oacute;mico.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Tres  grandes aspectos se perfilan como fundamentales en el contexto cultural de la  violencia colombiana actual. Son ellos: la cuesti&oacute;n de los valores, la  educaci&oacute;n y los aspectos sicol&oacute;gicos. La &eacute;tica sigue estando  tanto en la m&eacute;dula de las preocupaciones relacionadas con la violencia  y en la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; hemos llegado tan lejos en su magnitud  y modalidades, como en la agenda de posibles soluciones. Hay realismo al respecto  en reconocer los vac&iacute;os y desfases &eacute;ticos existentes y la doble  moral -o moral m&uacute;ltiple- evidenciada en especial por las ambig&uuml;edades  ya se&ntilde;aladas frente al problema narco. Llama tambi&eacute;n la atenci&oacute;n  la diversidad valorativa y de los referentes que cada cual tiene en mente cuando  habla de crisis de valores o cuando propone recuperar, reforzar o construir valores.  De acuerdo con la importancia dada en el pasado y presente de la violencia a la  cuesti&oacute;n &eacute;tico-valorativa, la tercera propuesta m&aacute;s frecuente  entre las alternativas de soluci&oacute;n enunciadas por los entrevistados en  la investigaci&oacute;n original de este trabajo fue la de construir y practicar  valores positivos, como la solidaridad, la justicia, la convivencia, el respeto  a la diferencia. Respeto que tendr&aacute; su primera prueba de fuego precisamente  en la construcci&oacute;n de consensos sobre valores m&iacute;nimos comunes para  iniciar el largo recorrido hacia el desmonte de las violencias.    <br> </p>    <p>Merece  tambi&eacute;n atenci&oacute;n como componente del contexto cultural la cuesti&oacute;n  educativa. Desde reconocer en las carencias y deficiencias de contenidos, modelos  pedag&oacute;gicos, calidad y cobertura del sistema educativo actual corresponsabilidad  en la g&eacute;nesis y din&aacute;mica de la violencia, hasta proponer reformas  sustanciales de fondo y de forma a la educaci&oacute;n como parte de una pol&iacute;tica  de paz y del proceso de superaci&oacute;n de la violencia. Tambi&eacute;n aqu&iacute;  se hacen evidentes las diferencias ideol&oacute;gicas. </p>    <p>Mientras para unos  debe despolitizarse la educaci&oacute;n y hacerla funcional a los valores y l&iacute;neas  de autoridad existentes, para otros debe ser un ejercicio pol&iacute;tico de construcci&oacute;n  de identidad, ciudadan&iacute;a y libertad.     <br> </p>    <p>Componentes importantes  del contexto cultural fueron tambi&eacute;n para los interlocutores las dimensiones  e implicaciones sicol&oacute;gicas de la violencia. La agresividad, la acumulaci&oacute;n  de odios y heridas, las sicopatolog&iacute;as que est&aacute;n detr&aacute;s de  ciertas formas de crueldad, las adicciones al alcohol y a otras sustancias sicoactivas  que pueden propiciar acciones violentas, la estructura de personalidad de los  sicarios y dem&aacute;s asesinos a sueldo, fueron algunos de los fen&oacute;menos  se&ntilde;alados. Se expres&oacute; preocupaci&oacute;n tambi&eacute;n por el  incremento de ciertas formas de violencia, como la familiar y el maltrato sicol&oacute;gico  y por el efecto de la violencia sobre la salud mental, en especial de los ni&ntilde;os  y ni&ntilde;as. Sin pretender convertir las alteraciones sicopatol&oacute;gicas  en la gran explicaci&oacute;n de la violencia, y se&ntilde;alando que a veces  la propician pero que con frecuencia son tambi&eacute;n consecuencias de historias  y climas de violencia, parece claro que hay en ellas un campo muy grande tanto  de acci&oacute;n como de investigaci&oacute;n.    <br> </p>    <p>La impunidad: en la  intersecci&oacute;n de los contextos pol&iacute;tico y cultural de la violencia  colombiana. La tercera condici&oacute;n estructural aqu&iacute; se&ntilde;alada  de la actual violencia colombiana es la impunidad. Hace parte al mismo tiempo  de los contextos pol&iacute;tico y cultural de la violencia. Es otro de los graves  problemas que enfrenta el pa&iacute;s y que alimenta su violencia. Algunos llegan  a considerar la impunidad como end&eacute;mica en la sociedad colombiana.<span class="superscript">54</span>  Pero no s&oacute;lo end&eacute;mica. End&eacute;mica y progresiva. Los organismos  del propio Estado ofrecen cifras alarmantes. &quot;La probabilidad de castigo  en Colombia es muy baja; mientras la probabilidad de condena de un delito fue  a mediados de los a&ntilde;os sesenta del 20 %, baj&oacute; al 5 % en 1971 y desde  entonces ha descendido consistentemente para llegar si acaso a 0,5 % en la actualidad&quot;.<span class="superscript">55</span>    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para el pensador e investigador J<i>es&uacute;s Antonio Bejarano </i>-asesinado  en el interior de la Universidad Nacional de Colombia en septiembre de 1999- la  cuarta conclusi&oacute;n en sus reflexiones sobre los efectos econ&oacute;micos  de la violencia en el sector agropecuario es que &quot;todo ello est&aacute; saturado  por la m&aacute;s flagrante e intolerable ineficacia de los organismos de justicia  y por una tan evidente como escandalosa impunidad&quot;.<span class="superscript">56</span>  Por su parte el INMLCF inform&oacute; que en el 75 % de los homicidios cometidos  en 1999 se desconoc&iacute;a el agresor.<span class="superscript">57</span> Seg&uacute;n  la misma instituci&oacute;n, para el a&ntilde;o 2001 o se desconoc&iacute;a al  autor o no hab&iacute;a ning&uacute;n dato sobre &eacute;l en el 88,5 % de los  casos de homicidio.     <br> </p>    <p>Desde la epidemiolog&iacute;a, la impunidad ha  sido vista como un factor de riesgo para la violencia.58 Refuerza el argumento  de que la impunidad estimula la violencia la comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica  de que a menor impunidad menor violencia, como ocurri&oacute; con la encuesta  ya citada que observ&oacute; que &quot;en los municipios... donde, de acuerdo  con los hogares, se aclar&oacute; m&aacute;s de uno de cada cuatro de los homicidios  cometidos, se detectaron bajos niveles de violencia&quot;.<span class="superscript">50</span>  Y concluye. &quot;En s&iacute;ntesis: la efectividad de la investigaci&oacute;n  judicial -medida por el porcentaje de homicidios que, seg&uacute;n los hogares,  fueron aclarados- y el n&uacute;mero de grupos armados que operan en un municipio  son los &uacute;nicos factores que, en forma estad&iacute;sticamente significativa,  contribuyen a explicar las diferencias en los niveles de violencia, medidos por  el porcentaje de hogares afectados por un homicidio cercano&quot;.<span class="superscript">50</span>    <br>  </p>    <p>Como condici&oacute;n estructural, lo l&oacute;gico es formular que la  impunidad propicia y estimula la violencia. Pero la cuesti&oacute;n es m&aacute;s  compleja. Se viene postulando que la violencia, al constituirse en un obst&aacute;culo  para la administraci&oacute;n de justicia por diferentes mecanismos de intimidaci&oacute;n,  control pol&iacute;tico y deslegitimaci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico,  estimula la impunidad. <i>Mauricio Rubio,</i> por ejemplo, al introducir un reciente  trabajo sobre la justicia en condiciones de violencia sostiene que &quot;se puede  argumentar, con referencia al caso colombiano, que la violencia, y en particular  la ejercida por las organizaciones armadas, puede constituirse en un obst&aacute;culo  a la adecuada administraci&oacute;n de justicia penal en una sociedad&quot;.<span class="superscript">58</span>  Por descontado que la impunidad tiene tambi&eacute;n otras ra&iacute;ces y motivos.  Una encuesta realizada en la ciudad de Cali se&ntilde;ala, entre otros: desconfianza  ciudadana en los aparatos de justicia, inadecuaci&oacute;n de la funci&oacute;n  policial, y congesti&oacute;n y corrupci&oacute;n de los despachos y de los funcionarios  judiciales.<span class="superscript">60</span>    <br> </p>    <p>La impunidad tiene adem&aacute;s  interacciones con los procesos coyunturales analizados, en especial con el problema  narco y con la agudizaci&oacute;n del conflicto pol&iacute;tico-militar. La referencia  de <i>Mauricio Rubio</i> anteriormente citada<span class="superscript">59</span>  apunta en esa direcci&oacute;n. Y la influencia negativa del narcotr&aacute;fico  sobre los sistemas de justicia, aumentando la impunidad, qued&oacute; rubricada  con la sangre de muchos jueces y polic&iacute;as y con la corrupci&oacute;n de  otros tantos.    <br> </p>    <p>Algunos datos son especialmente sugestivos de la relaci&oacute;n  bidireccional impunidad-violencia, como se puede apreciar en la figura 7. Mientras  en 1975, cuando la tasa de homicidio era de 25/100 000, se deten&iacute;an en  promedio en el pa&iacute;s 77 personas por cada cien homicidios, en 1995, cuando  la tasa de homicidios se hab&iacute;a triplicado - 72/100 000 -, solo se deten&iacute;an  15 homicidas por cada cien homicidios. Y al cruzar las tendencias de la tasa de  homicidios con la cantidad de detenidos por cada 100 homicidios, se aprecia una  relaci&oacute;n inversa: mientras la primera es generalmente ascendente, la segunda  es siempre descendente. Esta relaci&oacute;n inversa pudo demostrar inclusive  en el estudio original su consistencia matem&aacute;tica. Desde 1986 hay tambi&eacute;n  una relaci&oacute;n inversa entre la curva ascendente de homicidios y la descendente  de sumarios iniciados por homicidio.</p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0704103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0704103.gif" width="269" height="129" border="0"></a></p>    
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Fig.  7. Homicidios y detenidos por homicidio. Colombia, 1975-1995.    <br> </p>    <p>Finalmente:  lo que m&aacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n en el trabajo inicial de entrevistas  en relaci&oacute;n con el problema de la impunidad y su relaci&oacute;n con la  violencia es el hecho de que la tercera parte de los interlocutores se&ntilde;alaron  a la impunidad como factor explicativo de la violencia, y la respuesta ocup&oacute;  el segundo lugar entre todas las dem&aacute;s y solo precedida por la relacionada  con la ilegitimidad, ausencia y debilidad del Estado. Es un reconocimiento bastante  claro de su capacidad explicativa y un refuerzo al se&ntilde;alamiento de la impunidad  como una de las tres grandes condiciones estructurales de la violencia actual.  A futuro indica tambi&eacute;n que el trabajo por combatir la impunidad y mejorar  la fundamentaci&oacute;n conceptual, el ordenamiento legal y el funcionamiento  del sistema judicial hace parte esencial e inaplazable de cualquier estrategia  que pretenda con seriedad reducir la violencia homicida en Colombia. </p>    <p><b>M&aacute;s  all&aacute; de los contextos explicativos</b></p>    <p>Como se advirti&oacute; desde  el comienzo, no se trata de un intento acabado por encontrar un m&eacute;todo  y proponer una explicaci&oacute;n &uacute;nica de las violencias colombianas o  un marco comprensivo para la violencia en el nivel general. Se intenta, en cambio,  una aproximaci&oacute;n met&oacute;dica y una exploraci&oacute;n explicativa que,  a partir de la consideraci&oacute;n de la violencia homicida en Colombia en un  per&iacute;odo determinado, contribuya tanto a su comprensi&oacute;n espec&iacute;fica  como a estimular otras b&uacute;squedas acerca de la propia realidad estudiada  y de otras modalidades de violencia en diferentes contextos y momentos.    <br> </p>    <p>La  propuesta de emplear la categor&iacute;a de contextos explicativos puede ser &uacute;til  en la medida en que, al superar el unicausalismo y el causalismo en general, abra  espacios para una racionalidad menos acusatoria y m&aacute;s comprensiva tanto  de la naturaleza del fen&oacute;meno estudiado y de sus condiciones de posibilidad  hist&oacute;rica, como de su din&aacute;mica, sus tendencias, consecuencias y  posibles mecanismos y estrategias de transformaci&oacute;n. La categor&iacute;a  encierra entonces una propuesta met&oacute;dica y una invitaci&oacute;n a llenarla  con los contenidos propios de cada fen&oacute;meno en estudio, para el caso, la  violencia colombiana.    <br> </p>    <p>En la construcci&oacute;n de los contextos juega  un papel importante la identificaci&oacute;n tanto de las condiciones estructurales  como de los procesos coyunturales. Las primeras -condiciones estructurales- no  solo miran m&aacute;s a la g&eacute;nesis, a la sustancia b&aacute;sica y a los  componentes esenciales del fen&oacute;meno en una temporalidad mayor, sino que  posibilitan tambi&eacute;n la observaci&oacute;n en perspectiva y la identificaci&oacute;n  de posibles desarrollos y tendencias del acontecimiento en cuesti&oacute;n. Los  segundos -procesos coyunturales -encuadrados en temporalidades generalmente m&aacute;s  cortas, constituyen los factores dinamizadores y potenciadores del fen&oacute;meno  y permiten tanto establecer puentes m&aacute;s inmediatos hacia la comprensi&oacute;n  del acontecimiento, como identificar posibles v&iacute;as de acceso a procesos  de transformaci&oacute;n. Pero posiblemente es la interacci&oacute;n entre las  condiciones estructurales y los procesos coyunturales lo que m&aacute;s puede  contribuir a la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno. Desde otro &aacute;ngulo:  al no bastar para la comprensi&oacute;n -y menos a&uacute;n para la acci&oacute;n-  la identificaci&oacute;n aislada o de los componentes estructurales o de los procesos  coyunturales, es en su cambiante y compleja interacci&oacute;n donde la realidad  se manifiesta mejor y ofrece, por tanto, las mayores posibilidades tanto a la  racionalidad comprensiva como a la acci&oacute;n transformadora. Puede perfilarse  entonces el abordaje como una de las m&uacute;ltiples alternativas posibles a  la vieja pol&eacute;mica entre estructuralistas y coyunturalistas, expresada tambi&eacute;n  con variaciones en el enfrentamiento entre te&oacute;ricos y pragm&aacute;ticos  y entre esencialistas e inmediatistas. La comprensi&oacute;n y el enfrentamiento  de problemas como la violencia requieren romper esos esquemas y arriesgarse a  explorar en modalidades como la propuesta.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El m&eacute;todo empleado  evidencia tambi&eacute;n la cambiante complejidad de la violencia. Es un fen&oacute;meno  con m&uacute;ltiples ra&iacute;ces, con din&aacute;micas diversas, con diferentes  detonantes y gran diversidad de actores, v&iacute;ctimas, escenarios, implicaciones  e interrelaciones. Lo que puede ser v&aacute;lido para la comprensi&oacute;n de  una modalidad de violencia en un entorno espacio-temporal puede no serlo en otro.  Los procesos coyunturales son cambiantes e interrelacionados y es muy escasa la  certeza al se&ntilde;alar ciertas condiciones estructurales. Y en ocasiones la  relaci&oacute;n entre lo coyuntural y lo estructural con la violencia misma puede  ser bidireccional, como el caso de la impunidad que igual puede estimular la violencia  como ser producto de sus elevados niveles. Pero la complejidad, como ya se advirti&oacute;,  no es desest&iacute;mulo ni al pensamiento ni a la acci&oacute;n. Es una condici&oacute;n  de la realidad y un reto a la inteligencia y a la actividad humana. La violencia  es compleja, pero es comprensible y superable. El propio esfuerzo racional sobre  la violencia, por ejemplo, es en s&iacute; un paso esencial y avanzado para enfrentarla  y para transformar las condiciones que la hacen posible y la dinamizan. El problema  no es que la violencia sea compleja. Es m&aacute;s bien que la creamos simple  y pretendamos entenderla y enfrentarla como tal, o que nos resistamos a abordarla  en su complejidad y a pagar los costos que demanda la transformaci&oacute;n de  las condiciones que la generan y mantienen. </p><h4>Summary</h4>    <p>The problem  of homicides in Colombia is described and analyzed as the most appropiate way  to approach and try to understand part of the problem of the Colombian violence  in the last quarter of the XX century. The description and analysis are the result  of 3 basic items: the documentary sources and the data available at the different  entities and institutions related to the topic, the statements of the actors and  speakers representing the diverse forces and the social, economic, cultural and  political and military organizations that were obtained through long interviews  and permanent dialogues, and the theoretical aspects of those who inside and outside  the country have been thinking about our situation of violence. The number of  homicides increased slowly during the first years under study. It accelerated  from the mid-1980&acute;s on. The rate per 100 000 inhabitants almost fourfolded,  from 23 to 82. It was observed a predominance of males, 12 men per each woman,  in 2001. Homicides are found among the youngest individuals. The three main characteristics  of Colombian violence are shown: recent generalization, complexity and degradation.  A final attempt is not made to find a method and propose a unique explanation  of the studied phenomenon or a general comprehensive framework. It is suggested  a methodical approach and a explanatory exploration that starting from the consideration  of homicidal violence in Colombia in a determined period, contributes both to  understand it and to stimulate other searches about the own studied reality. </p>    <p><i>Subject  headings:</i> HOMICIDE; VIOLENCE/trends; COLOMBIA</p><h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</h4><ol>      <!-- ref --><li> Franco S. El Quinto: No Matar. Contextos explicativos de la violencia en  Colombia. Bogot&aacute;: IEPRI-Tercer Mundo; 1999.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Franco S. Forero  LJ. Salud y paz en un pa&iacute;s en guerra: Colombia, a&ntilde;o 2002. Documentado  presentado en la C&aacute;tedra Manuel Anc&iacute;zar de la Universidad Nacional.  Bogot&aacute;, mayo de 2002.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Franco S. A sangre y fuego. UN-Peri&oacute;dico  2001; (21):13.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Comit&eacute; Internacional de la Cruz Roja. Infracciones  a la misi&oacute;n m&eacute;dica en el conflicto armado colombiano 1995-1998.  Bogot&aacute;, 1999.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Direcci&oacute;n Seccional de Salud de Antioquia.  Infracciones contra la misi&oacute;n m&eacute;dica y sanitaria en el marco del  conflicto armado interno colombiano. Departamento de Antioquia, enero de 1995-octubre  de 1999. Medell&iacute;n, noviembre de 1999.    <br> </li>    <!-- ref --><li>B&aacute;ez L, Madro&ntilde;ero  V. El conflicto armado interno y su influencia sobre la misi&oacute;n m&eacute;dica.  El caso de once municipios de Nari&ntilde;o y Boyac&aacute;. Bogot&aacute;: Facultad  de Odontolog&iacute;a.,Universidad Nacional de Colombia; 2002.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Franco  S. Contextos explicativos de la violencia en Colombia. Proyecto de Tesis para  optar el t&iacute;tulo de Doctor en Salud P&uacute;blica. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;,  Agosto de 1996. P: 5.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Franco S. Anotaciones preliminares para una  historia de la causalidad en Medicina. En: Nu&ntilde;o J, Bruni B, Franco S. Filosof&iacute;a  en la Medicina. Valencia: Ediciones del Rectorado; 1993.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Bl&aacute;nquez  FA. Diccionario Latino-Espa&ntilde;ol. Barcelona: Ram&oacute;n Sopena.;1954[    STANDARDIZEDENDPARAG]<br>  </li>    <!-- ref --><li>Tirado Mej&iacute;a A. Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia.  Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura; 1976.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Colombia: siglo  y medio de bipartidismo. En: Arrubla M, Bejarano JA. Colombia Hoy. Bogot&aacute;:  Siglo Veintiuno; 1978. P. 102-185.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Melo J O. La Rep&uacute;blica  Conservadora: 1880-1930. En: Arrubla M, Bejarano JA. Colombia Hoy. Bogot&aacute;:  Siglo Veintiuno; 1978. p. 52-101[    STANDARDIZEDENDPARAG]<br> </li>    <!-- ref --><li>Sanchez G. Guerra y pol&iacute;tica  en la sociedad colombiana. Bogot&aacute;: El Ancora;1999 . p:16-26.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Guzm&aacute;n  G, Fals Borda O, Uma&ntilde;a LE. La violencia en Colombia. 9 ed. Carlos Valencia;  Bogot&aacute;: 1980.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Oquist P. Violencia, conflicto y pol&iacute;tica  en Colombia. . Bogot&aacute;: Instituto de Estudios Colombianos; 1978.    <br> </li>    <!-- ref --><li>P&eacute;caut,  D. De las violencias a la violencia. En: S&aacute;nchez G, Pe&ntilde;aranda R,  comp. Pasado y presente de la violencia en Colombia. 2 ed. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;:  IEPRI-CEREC ;1995. p.262--273.    <br> </li>    <li>Presente, pasado y futuro de la violencia.  An&aacute;lisis Pol&iacute;tico. No.30: 3-36. Enero-Abril. Instituto de Estudios  Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales. Bogot&aacute;, 1997.    <br> </li>    <li>Waldmann  P. Cotidianizaci&oacute;n de la violencia: el ejemplo de Colombia. Policopiado.  Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales. Universidad  Nacional de Colombia. Bogot&aacute;, 1997.    <br> </li>    <li>Deas M. Canjes violentos:  reflexiones sobre la violencia pol&iacute;tica en Colombia. p:88. En: Deas M y  Gait&aacute;n, F. Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia.. Bogot&aacute;:  Tercer Mundo, 1995. P.88    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </li>    <!-- ref --><li>Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia.  Colombia: violencia y democracia. Universidad Nacional de Colombia - COLCIENCIAS.  Bogot&aacute;, 1989.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Leal, F. Estructura y coyuntura de la crisis  pol&iacute;tica. En: Al filo del caos. Bogot&aacute;, 1991.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Pizarro  L E. Insurgencia sin revoluci&oacute;n. Bogot&aacute;: Tercer Mundo;. 1996.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Vargas A. Violencia en la vida cotidiana En: Violencia en la regi&oacute;n  andina: el caso Colombia. Bogot&aacute;: CINEP-APEP. 1994. p. 141-196.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Camacho  GA, Guzm&aacute;n BA. Colombia: ciudad y violencia. Bogot&aacute; : Ediciones  Foro Nacional; 1990.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Gonz&aacute;lez F. Tradici&oacute;n y modernidad  en la pol&iacute;tica colombiana. 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