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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Significación médico social y ético-humanística de las drogas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p class="Estilo8"><a href="#asterisco" class="Estilo8">Significaci&oacute;n m&eacute;dico social y &eacute;tico-human&iacute;stica de las drogas*</a><span class="Estilo7"><a name="titulo"></a></span></p>     <p><em>Este es un mensaje dirigido a los decisores de pol&iacute;ticas nacionales en nuestra regi&oacute;n. </em></p>     <p align="justify"><em>Datos actualizados por la OMS plantean que el uso, mal uso, abuso y dependencia de drogas legales e ilegales as&iacute; como problemas de prescripci&oacute;n, se relacionan mundialmente con el </em><em>12,4 % de los fallecimientos y el 8,9 % del total de a&ntilde;os perdidos por discapacidad y muertes precoces,<span class="superscript">1</span> con la consecuente estigmatizaci&oacute;n y rechazo mundial,<span class="superscript">2</span> mientras que la droga paradigm&aacute;tica, el alcohol, determina anualmente, mediante su uso nocivo, la p&eacute;rdida de 58 millones de a&ntilde;os por invalidez y muertes evitables.<span class="superscript">3</span> </em></p>     <p align="justify"><em>La repercusi&oacute;n econ&oacute;mica anual de estos absurdos comportamientos ante las drogas permite realizar estimados, en pa&iacute;ses desarrollados, que alcanzan cifras cercanas a los mil d&oacute;lares por cada habitante mayor de 15 a&ntilde;os, con el sorpresivo hallazgo de que la mitad de esa cifra se relaciona con el uso irresponsable de alcohol.<span class="superscript">4</span> </em></p>     <p align="justify"><em>La aplicaci&oacute;n de este indicador en Estados Unidos de Am&eacute;rica, pa&iacute;s prototipo del mundo industrializado y respetado por la seriedad de sus estad&iacute;sticas m&eacute;dicas, arroja que los da&ntilde;os sociales impl&iacute;citos en gastos m&eacute;dicos y jur&iacute;dicos, ausentismo, afectaci&oacute;n de la productividad laboral y da&ntilde;o a la propiedad privada o estatal, llega a 250 mil millones de d&oacute;lares,<span class="superscript">5,6</span> cifra que representa la tercera parte de la deuda externa de Am&eacute;rica Latina, que resulta cinco veces mayor que la afectaci&oacute;n econ&oacute;mica social producida anualmente en dicho pa&iacute;s por la esquizofrenia y que ser&iacute;a suficiente para resolver las necesidades de vivienda de todas las villas miseria de nuestra regi&oacute;n.<span class="superscript">7,8</span> Valores proporcionalmente similares se registran en otros pa&iacute;ses del primer mundo.<span class="superscript">9</span> </em></p>     <p align="justify"><em>Otras realidades sin duda espeluznantes, son los estimados de que el consumo excesivo de caf&eacute; determina -a escala mundial- el 20 % de las prescripciones anuales de hipnotranquilizantes y que el tabaco -en igual per&iacute;odo- determina cinco millones de muertes, por lo que resulta m&aacute;s mortal que la suma de fallecimientos producidos por el resto de las drogas, el SIDA , los suicidios y los accidentes de tr&aacute;nsito. </em></p>     <p align="justify"><em>A la luz del importante reconocimiento en la 58.26 asamblea del organismo mundial de la salud que abord&oacute; el alcohol en su condici&oacute;n de droga portera y enfatiz&oacute; la imperiosa necesidad de erradicar el enfoque reduccionista que solamente valora en esta y otras sustancias su potencial peligro adict&oacute;geno y no los catastr&oacute;ficos riesgos de las conductas bajo su influencia, ni los intensos y mantenidos sufrimientos de los familiares y convivientes, queremos destacar que, estimados mundiales sobre la expectativa por vida de las tragedias vinculadas al uso indebido de drogas -muy especialmente de aquellas que modifican el comportamiento en forma relevante- llegan a 600 millones de personas que las sufrir&aacute;n como adictos, 500 millones que lo har&aacute;n como consecuencia de sus nefastos comportamientos bajo la influencia de drogas, y otros mil doscientos millones de seres humanos que padecer&aacute;n, en el rol de familiares, la angustiosa espera magistralmente verbalizada por </em>Romain Roland <em> -el brillante autor de la obra “Juan Crist&oacute;bal”- con la frase </em>&iquest;C&oacute;mo vendr&aacute;? </p>     <p><em>La suma supera la tercera parte de la humanidad y este flagelo resulta a&uacute;n m&aacute;s hiriente cuando reconocemos su car&aacute;cter prevenible.<span class="superscript">10</span> </em></p>     <p align="justify"><em>La significaci&oacute;n social de las drogas que afectan la conducta es tambi&eacute;n derivada del hecho de que en muchos pa&iacute;ses desarrollados sus efectos se relacionan con el 60 % de los arrestos policiales, fatalidades de tr&aacute;nsito, homicidios, incesto, violaciones, enfermedades de transmisi&oacute;n sexual, teratogenias, divorcios y abandono escolar, consider&aacute;ndose adem&aacute;s como las principales responsables de la extrema violencia dom&eacute;stica y social.<span class="superscript">5</span> </em></p>     <p align="justify"><em>En lo relativo al tercer mundo, la situaci&oacute;n es todav&iacute;a peor como consecuencia de la alta prevalencia de organicidad cerebral, condicionante de los s&iacute;ndromes del Dr. Jekill</em> <em> y Mr. Hyde</em> <em>que hacen su brutal eclosi&oacute;n bajo el efecto del alcohol y otras drogas, cuyo consumo por la poblaci&oacute;n alcanza proporciones cercanas a las del mundo industrializado, pero con el agravante impl&iacute;cito en las penurias econ&oacute;micas.<span class="superscript">11</span> </em></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><em>En Cuba, la prevalencia de alcoholismo -considerando el abuso y dependencia- ronda el 5 % en la poblaci&oacute;n mayor de 15 a&ntilde;os, pero los patrones de consumo inadecuados, la proporci&oacute;n de bebedores de riesgo cercana al 10 %,<span class="superscript">12</span> junto al incipiente fen&oacute;meno del consumo de sustancias ilegales condicionaron -en la &uacute;ltima d&eacute;cada- la estructuraci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de un Programa Nacional para la Prevenci&oacute;n y Control del uso inadecuado de sustancias, hoy en proceso de actualizaci&oacute;n con los recientes criterios de la OMS/OPS. </em></p>     <p align="justify"><em>Para concluir los comentarios sobre la magnitud de la repercusi&oacute;n m&eacute;dico-social del consumo de drogas apuntaremos que todos los datos expuestos se refieren a lo que podr&iacute;amos categorizar como </em>auto-morbilidad, auto-comorbilidad <em>y </em>auto-mortalidad  manifiestas<em>, categor&iacute;as epidemiol&oacute;gicas directamente vinculadas al uso nocivo de los t&oacute;xicos y expresadas en el consumidor. Los avances de la investigaci&oacute;n m&eacute;dica en su proyecci&oacute;n higienista, no demorar&aacute;n en demostrar que a estas categor&iacute;as manifiestas y ocultas, deben agregarse aquellas derivadas del brutal y permanente estr&eacute;s vivenciado por los familiares y convivientes de los consumidores, condici&oacute;n expresable directamente por ansiedad, depresi&oacute;n, astenia, graves psicotraumas, trastornos de estr&eacute;s postraum&aacute;tico, inseguridad, hostilidad, violencia reactiva, y -no excepcionalmente- suicidios, o en forma indirecta mediante derivaciones psicofisiol&oacute;gicas determinantes de hipertensi&oacute;n arterial, hiperlipidemia, obesidad, aterosclerosis temprana, infartos del miocardio, accidentes vasculares encef&aacute;licos, &uacute;lceras gastrointestinales, colitis y psoriasis, as&iacute; como una especial vulnerabilidad ante agentes infecciosos, y oncog&eacute;nicos, con lo que se delimitar&aacute;n las nuevas categor&iacute;as de </em>alo-morbilidad, alo-comorbilidad <em>y </em>alo<em>-mortalidad, todas ellas en sus variantes manifiestas y ocultas, realidades cl&iacute;nico-epidemiol&oacute;gicas que har&aacute;n todav&iacute;a m&aacute;s monstruoso el iceberg de las consecuencias medico-sociales del consumo de drogas. </em></p>     <p align="justify"><em>En cuanto a lo &eacute;tico-deontol&oacute;gico, axiol&oacute;gico y human&iacute;stico, no cabe duda alguna que la problem&aacute;tica de las drogas alcanza su cl&iacute;max en pa&iacute;ses dignos -cualquiera que sea su sistema econ&oacute;mico social- donde la mayor&iacute;a de los ciudadanos se esfuerzan por construir un mundo mejor, y planteamos que de no modificarse para bien las tendencias mundiales actuales, este objetivo ser&iacute;a pr&aacute;cticamente imposible, toda vez que el uso indebido de drogas resulta incompatible con el desarrollo individual y social de la espiritualidad, al menos tal como la concebimos a partir de nuestro gran pensador Jos&eacute; Mart&iacute;, para quien “El esp&iacute;ritu es lo que nos induce a comportamientos independientes de nuestras necesidades corp&oacute;reas, es lo que nos anima, nos fortalece, nos agranda”. La integraci&oacute;n de este concepto requiere la reflexi&oacute;n de que los seres humanos nos caracterizamos por un espectro de necesidades que va desde las m&aacute;s primitivas -las necesidades biol&oacute;gicas- sin cuya satisfacci&oacute;n perecer&iacute;amos, e integra otras progresivamente menos perentorias -aunque tambi&eacute;n relevantes- como las psicol&oacute;gicas, las sociales, las culturales, y en un nivel superior, las necesidades espirituales, que implican el asumir como propias las necesidades de otros y cuyas expresiones sociales m&aacute;s n&iacute;tidas son la sensibilidad humana, la capacidad compasiva y de involucraci&oacute;n, la solidaridad, la responsabilidad, el hero&iacute;smo, la bondad, la dignidad, la honestidad, el altruismo, la vocaci&oacute;n de servicio -con sus paradigmas m&eacute;dicos y clericales- la priorizaci&oacute;n del deber sobre el provecho y el esp&iacute;ritu de sacrificio, espiritualidad que delimita el polo espectral opuesto al de las necesidades vitales.<span class="superscript">13 </span></em></p>     <p align="justify"><em>Para nadie resulta secreto que es precisamente este polo espiritual, el que se relaciona con lo &eacute;tico-deontol&oacute;gico-human&iacute;stico, y con las m&aacute;s trascendentes virtudes entre las que se destaca la profunda solidaridad que irradian aquellos para quienes nada humano les resulta ajeno. </em></p>     <p align="justify"><em>Es tambi&eacute;n la espiritualidad quien nos conduce a comportarnos ante otros como quisi&eacute;ramos ser tratados de estar en su situaci&oacute;n y esta es la regla de oro de la &eacute;tica, mientras que en el listado de ant&oacute;nimos de espiritualidad se&ntilde;alar&iacute;amos el ego&iacute;smo, el pasotismo, la irresponsabilidad, la crueldad, la indiferencia, la irresponsabilidad y la carencia total de capacidad compasiva y solidaridad. </em></p>     <p align="justify"><em>Si reflexionamos sobre la forma de satisfacci&oacute;n de los polos descritos, aceptaremos que las necesidades biol&oacute;gicas se vinculan a comportamientos instintivo-afectivos regidos por las regiones m&aacute;s antiguas y mediales de nuestro cerebro, histol&oacute;gicamente caracterizadas como archicortex, mientras que las espirituales implican conductas cognitivo volitivas reguladas por el neocortex y sobre todo por la regiones prefrontales y supraorbitarias, cuyo significado como centro cerebral de los comportamientos &eacute;ticos se hizo evidente desde el accidente ferroviario de </em>Phineas Gage <em> ocurrido m&aacute;s de un siglo atr&aacute;s, cuando la varilla de acero que le penetr&oacute; por un ojo, emergi&oacute; por la regi&oacute;n temporo-parietal opuesta e hizo que este hombre, caracterizado por su calidad humana excepcional, pasara a la historia de la medicina no solamente por haber sobrevivido, sino por la brutal transformaci&oacute;n de su personalidad que lo convirti&oacute; en un paradigma de conducta antisocial. </em></p>     <p align="justify">Todas las drogas que modifican en forma relevante la conducta -es decir, desde el alcohol en adelante- determinan bajo su efecto inmediato, y tambi&eacute;n a mediano y largo plazo, cuando su consumo se hace frecuente, comportamientos instintivo afectivos muy ajenos al humanismo, &eacute;tica y espiritualidad que todos esperamos, por lo que el uso irresponsable de estas sustancias implica una profunda degradaci&oacute;n moral aguda, con posibilidades de hacerse cr&oacute;nica y de rango individual, pero con potencialidades de generalizaci&oacute;n que la convertir&iacute;an en un fen&oacute;meno macrosocial. </p>     <p align="justify"><em>Dicho en otras palabras, no es falsa la apreciaci&oacute;n de muchos adolescentes acerca de que las drogas modifican la personalidad, pues en realidad si tienen ese efecto, pero siempre para mal, pues nuestro comportamiento bajo su influencia es t&iacute;picamente animal, y los animales, por no tener conciencia, no pueden ser &eacute;ticos, de lo que se desprende que las drogas representan actualmente el mas poderoso enemigo del desarrollo, mantenimiento y expresi&oacute;n de la espiritualidad, hasta el punto de que si las tendencias actuales permanecen, </em>los seres humanos <em>capaces de </em> dar sin recordar y recibir sin olvidar <em>podr&iacute;an devenir especie en extinci&oacute;n, y junto a ellos desaparecer&iacute;an todos los fen&oacute;menos sociales basados en la solidaridad humana. </em></p>     <p align="justify"><em>Luego de un tercio de siglo como terapeuta de adictos a drogas, considero que el uso, mal uso, abuso y dependencia de sustancias -sobre todo de aquellas que afectan la conducta en forma relevante- se vincula a las mayores tragedias que he conocido como profesional y ser humano, con un rango solamente comparable con las guerras, las hambrunas, las grandes cat&aacute;strofes naturales y la miseria extrema. </em></p>     <p align="justify"><em>Los 140 millones de a&ntilde;os perdidos anualmente por discapacidad o muertes precoces como consecuencia del uso inadecuado de sustancias, palidecen ante los grandes sufrimientos de quienes en la etapa contemplativa de su evoluci&oacute;n se percatan de la trampa en que han ca&iacute;do, y sobre todo, de aquellos que en el rol de c&oacute;nyuges, padres, hijos, hermanos y abuelos se convierten en drogadictos pasivos que sufren las consecuencias del consumo del familiar consumidor. </em></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><em>Ricardo Gonz&aacute;lez Men&eacute;ndez </em></p> <h4><strong>Referencias bibliogr&aacute;ficas </strong></h4> <ol>       <li> World Health Organization. The World Health Report 2002. Geneva:WHO;2000. </li>       <li>Room R. Cross cultural views on stigma, valuation, parity and societal values, toward disability. In: Ostun T, editor. Disability and culture universalism and diversity. Seattle: Hogrefe and Hubert WA; 2001. </li>       <li>World Health Organization. World Health Report 2002. Reducing risks promoting healthy life. Geneva: WHO;2002. </li>       <li>World Health Organization. Global Status Report on Alcohol 2004. Geneva:WHO;2004. </li>       <li>Kaplan H, Sadock B. Synopsis of Psychiatry: Behavioral Sciences/ Clinical Psychiatry. 8th ed. Baltimore: Williams and Wilkins;1998. </li>       <li>Substance Abuse and Mental Health Services Administration: Office of Applied Studies. Preliminary Stimates from the 1995 National Household Survey on Drug Abuse,U.S. Washington,D.C.: Gobermment Printing Office;1995. </li>       <li>Gonz&aacute;lez R. El alcohol como droga portera. Rev Hosp Psiq La Habana. 1995;36 (2):87-92. </li>       <li>Franklin J Jr, Frances R. Trastornos por consumo de alcohol y de otras substancias psicoactivas. En: Hales R, Yudovsky S, Talbot JU, editores. Tratado de Psiquiatr&iacute;a, 3ra ed. Madrid: Editorial Masson;2000. </li>       <li>Gonz&aacute;lez R. Prevenir, detectar y vencer las adicciones. La Habana: Editorial Cient&iacute;fico T&eacute;cnica;2005. </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> _____. Contra las adicciones. Cl&iacute;nica y terap&eacute;utica. La Habana: Editorial Cient&iacute;fico T&eacute;cnica; 2004. </li>       <li> _____. &iquest;C&oacute;mo enfrentar el peligro de las drogas? 2da ed. La Habana: Editora Pol&iacute;tica; 2006. </li>       <li>Chang M, Ca&ntilde;izares M, Sandoval J, Bonet M, Gonz&aacute;lez R. Caracter&iacute;sticas del consumo de bebidas alcoh&oacute;licas en la poblaci&oacute;n cubana. Rev Hosp Psiq La Habana. 1998;39(3):257-63. </li>       <li>Gonz&aacute;lez R. Humanismo, Espiritualidad y &Eacute;tica M&eacute;dica. La Habana: Editora Pol&iacute;tica;2005. </li>     </ol>     <p><span class="superscript"><a href="#titulo">*</a></span><a href="#titulo">El presente trabajo fue elaborado para apoyar la participaci&oacute;n del autor, Dr. <em>Ricardo Gonz&aacute;lez Men&eacute;ndez</em>, en el I Congreso Colombiano de Prevenci&oacute;n y Tratamiento del Alcoholismo y Otras Drogadicciones, celebrado los d&iacute;a 26 y 27 de mayo de 2006. En el mismo expone conceptos en su mayor parte enriquecidos durante su participaci&oacute;n en la Primera Conferencia Pan Americana de Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas sobre Alcohol, que tuvo lugar en Brasilia, a fines de noviembre de 2005. </a><a name="asterisco"></a></p>       ]]></body>
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