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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2"> </font>      <P align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>CENTENARIO</b> </font>     <P><font face="Verdana" size="2"><B><font size="4">Oraci&oacute;n Finlay</font><sup>*</sup></B>    </font>     <P>&nbsp;     <P><font face="Verdana" size="3"><b>Finlay&acute;s prayer </b></font>     <P>&nbsp;     <P> <font face="Verdana" size="2"><b>&Aacute;ngel Arturo Aball&iacute; Arellano</b></font><b><font face="Verdana" size="2">&#134;</font></b>     <P>&nbsp;     <P>&nbsp;     <P>&nbsp; <hr size="1" noshade> <font face="Verdana" size="2">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font><font face="Verdana" size="2">Se&ntilde;or Presidente de la Academia,    <br> </font><font face="Verdana" size="2">Se&ntilde;ores Acad&eacute;micos,    <br> </font><font face="Verdana" size="2">Se&ntilde;oras y Se&ntilde;ores:</font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2">Al cumplir la honrosa misi&oacute;n que me ha    confiado el Se&ntilde;or Presidente de esta Academia, quiero declarar a aquellos    que me escuchan, que la he aceptado por considerarla obligaci&oacute;n ineludible    para los Miembros de esta augusta Sociedad y s&oacute;lo por un deber y como    muestra de la disciplina que debe caracterizar a todos los que sienten el amor    al progreso de la Ciencia en nuestro Pa&iacute;s, nunca mejor que en el caso    del doctor Carlos J. Finlay a quien pertenecen todos los honores, como el m&aacute;s    grande de todos los cubanos, no solamente por el brillo excelso de su producci&oacute;n    cient&iacute;fica inigualable, que no sin raz&oacute;n se le llama el Pasteur    de Am&eacute;rica, sino porque las aplicaciones pr&aacute;cticas de su descubrimiento,    han hecho posible que las regiones tropicales de nuestra Am&eacute;rica recibieran    los beneficios de las inmigraciones con cuyas energ&iacute;as se han visto nacer    la prosperidad que hoy disfrutan, pueblos y naciones; mientras la Humanidad    libre ya del temor al fantasma del v&oacute;mito negro realiza tranquila y provechosa    sus intercambios naturales sin un peligro evidente para las vidas de aquellos    que arribaban a nuestras hospitalarias playas. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Pero no quiero dejar de significar que al cumplir    tama&ntilde;a obligaci&oacute;n no he dejado de compenetrarme con la inmensa    responsabilidad que significa el acto de esta noche; fecha del natalicio de    este gran pr&oacute;cer de nuestra Patria, a quien brind&oacute; cuna por su    ventura la ciudad de Camag&uuml;ey, el d&iacute;a 3 de diciembre de 1833, donde    sus padres extranjeros de procedencia, crearon el hogar que trajo a nuestra    Patria d&iacute;as de gloria jam&aacute;s sospechados. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Y mi tribulaci&oacute;n de esta noche, que hab&eacute;is    desde luego de comprender, es la lucha que emprende mi conciencia al pensar    que desde hace diez a&ntilde;os pr&oacute;ximamente, vienen ocupando la Tribuna    de nuestras Sociedades Cient&iacute;ficas y de nuestra propia Universidad, hombres    ilustres de condiciones excepcionales de talento y de cultura que han estudiado    todos los puntos posibles de la vida de ese grande hombre, en una forma tal    que ya va siendo dif&iacute;cil darle un nuevo giro o una interpretaci&oacute;n    propia, que no fuera mera repetici&oacute;n de lo que aqu&iacute; se haya dicho    en otras noches como la de hoy; lo que me obliga antes que nada a declarar la    insuficiencia de mi preparaci&oacute;n para este objeto y el error de mi designaci&oacute;n    para expresar cuanto merece este gran cubano que a medida que pasa el tiempo    resplandece m&aacute;s entre las estrellas que adornan el cielo de la Medicina    Americana. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Fueron los padres del doctor Carlos J. Finlay,    Eduardo Finlay, escoc&eacute;s y Elisa de Barr&eacute;s, francesa, quienes aportaron    los elementos constitutivos del car&aacute;cter de su hijo, que se revelaron    en &eacute;l desde los primeros a&ntilde;os de su vida de estudiante y durante    su carrera de M&eacute;dico por la tendencia a un esp&iacute;ritu de aventuras;    y la influencia materna fue decisiva en su educaci&oacute;n creando en &eacute;l    la amable viveza de los franceses y el amor a la gloria que dominaron sus inclinaciones,    conservando siempre la tenacidad y la correcci&oacute;n brit&aacute;nica. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Recibi&oacute; las primeras lecciones de su t&iacute;a    Ana; pasando a los once a&ntilde;os a Francia donde continu&oacute; sus estudios    en el Havre hasta el a&ntilde;o de 1846 en que habiendo adquirido una corea,    que probablemente fue el inicio de esa dificultad de palabra que se le notara    m&aacute;s tarde, tuvo necesidad de regresar a La Habana donde recibi&oacute;    tratamiento apropiado y residi&oacute; en esta ciudad el tiempo necesario para    reponerse y continuar los estudios que hab&iacute;a suspendido en la gran naci&oacute;n    francesa, complet&aacute;ndolos desde el a&ntilde;o de 1848 hasta 1851 en que    con motivo de otra nueva enfermedad, la fiebre tifoidea, tuvo necesidad de volver    otra vez a Cuba. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Queriendo seguir la carrera de Medicina estuvo    gestionando su ingreso en la Universidad de La Habana, pero como se requer&iacute;a    para ello el t&iacute;tulo de Bachiller, que no pose&iacute;a, decidi&oacute;    hacer su ingreso en el Jefferson Medical College de Filadelfia, donde no se    exig&iacute;an tales requisitos, diplom&aacute;ndose en el a&ntilde;o de 1855.    All&iacute; recibi&oacute; las ense&ntilde;anzas del doctor John Kearsley Mitchel    el primero que sostuvo la teor&iacute;a parasitaria de las enfermedades en los    Estados Unidos y del profesor Silas Weir Mitchel, hijo del anterior, que acababa    de regresar de Par&iacute;s donde hab&iacute;a trabajado con Claude Bernard    y quien result&oacute; su preceptor y el que seguramente ejerci&oacute; una    gran influencia en el desarrollo de su inteligencia y de su genio, seg&uacute;n    el doctor Francisco Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n. El doctor Mitchel, hijo,    profes&oacute; una gran amistad hacia el doctor Finlay e insisti&oacute; en    que quedase en los Estados Unidos a ejercer su carrera, ya que la Ciudad de    Nueva York esencialmente cosmopolita le ofrec&iacute;a amplio campo para ejercerla    entre espa&ntilde;oles, cubanos y sud-americanos. Pero Finlay rehus&oacute;    y volvi&oacute; a la ciudad de La Habana habiendo pasado la rev&aacute;lida    de su t&iacute;tulo en el a&ntilde;o 1857 en nuestra Universidad.</font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Nuestro biografiado parti&oacute; para el Per&uacute;    en busca de fortuna, estableci&eacute;ndose en la ciudad de Lima desde donde    se dirigi&oacute; a Par&iacute;s en los a&ntilde;os de 1860 a 1861 para realizar    estudios complementarios, frecuentando las principales Cl&iacute;nicas y poni&eacute;ndose    en contacto con los grandes Maestros de la Medicina de esa &eacute;poca. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Vuelve a La Habana en definitiva en octubre 16    de 1865 para casarse con la Srta. Adelaida Shine, originaria de la Isla de Trinidad,    esposa ejemplar que comparti&oacute; con &eacute;l sus trabajos, sus sufrimientos    y sus &eacute;xitos sosteniendo su esp&iacute;ritu de por s&iacute; tenaz en    todos los momentos y apoy&aacute;ndolo con su bondad exquisita, su ternura sin    l&iacute;mites y su gran cultura; creando un hogar ejemplar del que nacieron    tres hijos, uno de ellos nuestro querido profesor de Oftalmolog&iacute;a de    la Universidad de La Habana, el doctor Carlos E. Finlay, con cuya amistad nos    hemos sentido honrados desde los tiempos en que fuimos su ayudante en los servicios    de enfermedades de los ojos del hospital &quot;Nuestra Se&ntilde;ora de las    Mercedes.&quot;</font>      <P><font face="Verdana" size="2">Si el doctor Finlay se hubiese ocupado &uacute;nicamente    del problema de la fiebre amarilla no se hubiese revelado en sus aptitudes extraordinarias    que una cultura dif&iacute;cil de igualar hab&iacute;an hecho posible y que    se demuestran por el polifacetismo de su actuaci&oacute;n cient&iacute;fica    que observamos al estudiar los importantes trabajos que &eacute;l ha realizado    y de las que han sido testigo m&aacute;s de una vez los concurrentes a esta    Academia en cuyos salones y pudiera decirse que en casi todas sus sesiones cient&iacute;ficas    se escucharan sus trabajos o sus observaciones sobre los problemas que se suscitaran.    No sabemos si admirar m&aacute;s los estudios realizados en el seno de la Bacteriolog&iacute;a    que cultivase como los de F&iacute;sica, de Qu&iacute;mica, como de problemas    t&eacute;cnicos relativos a ciertas industrias de nuestro Pa&iacute;s, como    los de Higiene P&uacute;blica en relaci&oacute;n con otras enfermedades como    la lepra, el c&oacute;lera, el t&eacute;tanos, as&iacute; como sus estudios    cl&iacute;nicos tan brillantemente expuestos en la Oraci&oacute;n de 1942 por    nuestro compa&ntilde;ero y amigo el doctor Clemente Incl&aacute;n, as&iacute;    como tambi&eacute;n sus excursiones en problemas terap&eacute;uticos y en aquellos    de Parasitolog&iacute;a como sus estudios sobre triquinosis, sobre la filaria    y sobre la taenia, interes&aacute;ndose tambi&eacute;n particularmente en trabajos    de lo que constituy&oacute; especialidad dentro de su carrera la Oftalmolog&iacute;a,    que profes&oacute; en nuestra ciudad durante una serie de a&ntilde;os, hasta    su orientaci&oacute;n definitiva en los problemas sanitarios que vemos que desarrolla    desde el advenimiento de nuestra Rep&uacute;blica, en que desempe&ntilde;&oacute;    la Jefatura de nuestra Sanidad, sustituyendo al doctor Gorgas que marchara hacia    Panam&aacute;, donde se hiciese cargo del problema sanitario, que culmin&oacute;    aplicando las doctrinas de Finlay, en la posibilidad de la construcci&oacute;n    del gran Canal que ha hecho factible el eterno abrazo de los mares que ba&ntilde;an    el Continente Americano, abriendo as&iacute; sus mayores posibilidades a las    Am&eacute;ricas en sus intercambios de orden comercial y a la acci&oacute;n    pol&iacute;tica que se ha ejercido para con los pueblos del Caribe y del inmenso    Pac&iacute;fico.</font>     <P><font face="Verdana" size="2">En una de las m&aacute;s hermosas de las conferencias    que hemos escuchado en esta Academia y que se dict&oacute; el 3 de diciembre    de 1937 por el doctor Federico Grande Rossi, en la que no sabemos si admirar    m&aacute;s su intensa erudici&oacute;n en los problemas de la fiebre amarilla,    o la belleza literaria de su brillante exposici&oacute;n, o si la sinceridad    o la honradez de su hermosa rectificaci&oacute;n que pregona ya &quot;que habiendo    pertenecido a la generaci&oacute;n de m&eacute;dicos en cuyo seno emiti&oacute;    Finlay sus ideas y que despectivamente consideraron la magna teor&iacute;a y    los radiantes hechos de la practica de esta liberaci&oacute;n sanitaria de Cuba,    porque no las entendimos&quot; considerando esto el motivo de una deuda de honor,    que con aquella su elevada oraci&oacute;n sald&oacute; seguramente, en la forma    m&aacute;s noble y digna en que pod&iacute;a realizarse y como dijo rememorando    en su escrito ideas del sabio fisi&oacute;logo franc&eacute;s Charles Richet    de su libro El sabio; &quot;Burlaos de los sabios; algunas veces es justo. Pero    tras ellos existe la verdad, la Diosa soberana y todo poderosa que hiela de    terror a los burlones.&quot;</font>     <P><font face="Verdana" size="2">En tan memorable ocasi&oacute;n el doctor Grande    Rossi divide la historia de la fiebre amarilla en tres &eacute;pocas comprendida    entre dos descubrimientos, corolario el segundo del primero: &eacute;poca antigua:    desde la conquista hasta el 14 de agosto de 1881 fecha en que Finlay dio lectura    en esta Academia a su monumental trabajo &quot;El mosquito hipot&eacute;ticamente    considerado como agente de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla&quot;**    &Eacute;poca moderna: desde esa memorable fecha hasta la del descubrimiento    de la &quot;fiebre amarilla selv&aacute;tica&quot; en la Am&eacute;rica del    Sur en 1932, y &eacute;poca contempor&aacute;nea desde que fueron iniciadas    las investigaciones en torno a esa modalidad epidemiol&oacute;gica de la fiebre    amarilla hasta la fecha presente. </font>      <P><font face="Verdana" size="2">Es curioso que en un per&iacute;odo de m&aacute;s    de 389 a&ntilde;os la fiebre amarilla, no obstante constituir un problema que    cre&oacute; tanto obst&aacute;culo a la colonizaci&oacute;n, no pudiera ser    de una manera absoluta evidenciada en su origen si americano o africano; esto    es si exist&iacute;a entre nosotros desde antes de la arribada a la Am&eacute;rica    de Col&oacute;n o si ella fue importada m&aacute;s tarde del &Aacute;frica con    motivo de las expediciones de esclavos de las que no se conoce la fecha exacta,    al menos de la primera expedici&oacute;n, que seg&uacute;n nuestro historiador    el doctor Fernando Ort&iacute;z empezaron a ra&iacute;z misma de la conquista,    opinando algunos que en los a&ntilde;os de 1511 &oacute; 1512 fecha de la expedici&oacute;n    de Diego Vel&aacute;squez fueron tra&iacute;dos esclavos negros a Cuba como    resultado de la proposici&oacute;n que la Orden de Predicadores hab&iacute;a    dictado como medida para aliviar el martirio de los indios, que como dice Grande    Rossi seguramente que lo que hizo fue duplicar la desgracia. Siendo ya desde    ese a&ntilde;o 1511 reglamentada la inmigraci&oacute;n esclava negra pues de    los datos obtenidos en este aspecto ya se imped&iacute;a la inmigraci&oacute;n    de esclavos moros y se favorec&iacute;a la de esclavos negros siempre que fueran    nacidos en pa&iacute;s no cat&oacute;lico. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Adem&aacute;s de nuestro pa&iacute;s ya en 1518    exist&iacute;an esclavos, porque de aqu&iacute; los llev&oacute; consigo Hern&aacute;n    Cort&eacute;s a la conquista de M&eacute;xico. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Finlay supone que la fiebre amarilla es originaria    de Am&eacute;rica deducida de los estudios realizados desde los trabajos de    Pons que demuestran que desde 1495 ya aparecieron datos de plagas epid&eacute;micas,    no conocidas hasta entonces, que diezmaban o se cebaban en cuantos el deber,    la ambici&oacute;n o el estudio obligaban a cruzar el Atl&aacute;ntico sin que    nadie encontrase similitud entre ellas y otras afecciones previamente conocidas.    </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Durante la permanencia de Col&oacute;n en las    Antillas desde el 10 de octubre de 1492 hasta enero de 1493 no ocurrieron enfermedades    ni defunciones en los 90 hombres que le acompa&ntilde;aban; pero ya en los a&ntilde;os    de 1495 y 96 se cita una epidemia americana que llen&oacute; de espanto por    su mortalidad exagerada, que arras&oacute; con la tercera parte de la poblaci&oacute;n    de espa&ntilde;oles e indios en la Isla Espa&ntilde;ola, y que probablemente    motiv&oacute; el que se facilitara a los penados de los Presidios y C&aacute;rceles    de Espa&ntilde;a la libertad con la obligaci&oacute;n de trasladarse a Cuba.    </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Es probable que esta enfermedad fuera conocida    por los caribes que habitaban las costas de Colombia y Venezuela cuyos instintos    guerreros les hac&iacute;an realizar excursiones por el Mar Caribe a las islas    Dominica, Guadalupe, Puerto Rico y la parte Este de la Espa&ntilde;ola donde    la llamaban Pouliccatina y que en las costas de Yucat&aacute;n los mexicanos    la llamaban Cocolitzle. </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">El doctor Crescencio Carrillo y Ancona, Obispo    de Yucat&aacute;n, en carta que remite al doctor Carlos Finlay (Historia Primitiva    de la Fiebre Amarilla, p&aacute;g.18) refiere que antes de la epidemia sufrida    por los espa&ntilde;oles a ra&iacute;z del descubrimiento de Yucat&aacute;n    en 1517, hab&iacute;an existido que se conociesen tres epidemias anteriores,    entre los colonizadores que las conocieron con los nombres de &quot;modorra&quot;,    de &quot;peste&quot;, &quot;pestilencia&quot; y &quot;contagio&quot;, que conservaron    hasta el Siglo XVII. La primera obra sobre el v&oacute;mito negro aparece en    el Siglo xviii y fue escrita por el doctor Jos&eacute; Galbuondo, m&eacute;dico    de la Marina Espa&ntilde;ola. Parece que la primera aparici&oacute;n en Cuba    de esta terrible dolencia lo fue en la primavera de 1649 arrasando con gran    n&uacute;mero de los colonos, afecci&oacute;n que parec&iacute;a haberla tambi&eacute;n    sufrido las Antillas Francesas en 1649. </font>      <P><font face="Verdana" size="2">Berenguer Ferreaut atribuye tambi&eacute;n a    la Am&eacute;rica el origen de la fiebre amarilla aunque otros como Pyrre tienden    a probar su origen africano. Y la comprobaci&oacute;n de focos epid&eacute;micos    de punto de partida en los end&eacute;micos de Sierra Leona y La Gambia hace    suponer la probabilidad de un origen africano. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Uno de los argumentos m&aacute;s interesantes    para reforzar la idea de Finlay en este aspecto es que antes de la conquista    de Am&eacute;rica los europeos frecuentaban las tres grandes costas africanas    sin que, sin embargo, se mencionen de aquellas &eacute;pocas ninguna enfermedad    que pueda ser referida a la fiebre amarilla. Sin embargo, en la actualidad,    se afirma y ha quedado demostrado por nuestro investigador el profesor Hoffmann    por su m&eacute;todo bien conocido de investigaci&oacute;n histol&oacute;gica    sobre muestras de h&iacute;gado procedentes de regiones africanas que la fiebre    amarilla existe en forma end&eacute;mica en ese Continente, lo mismo que ha    sido tambi&eacute;n comprobado por el mismo m&eacute;todo y por el mismo autor    en distintos lugares selv&aacute;ticos de la Am&eacute;rica del Sur. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">El trascendental descubrimiento de Finlay fue    expuesto con todos sus detalles en 14 de agosto del a&ntilde;o 1881 ante la    Academia de Ciencias M&eacute;dicas de La Habana, trabajo que deb&iacute;a inmortalizarlo    y que modestamente el titul&oacute; &quot;El mosquito hipot&eacute;ticamente    considerado como agente de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla.&quot; Cuando    Finlay ley&oacute; ese trabajo en la Academia de Medicina de La Habana ya hac&iacute;a    un a&ntilde;o y nueve meses que hab&iacute;a comenzado sus investigaciones para    comprobar el agente de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla y justamente    seis meses despu&eacute;s de su primera exposici&oacute;n a la Conferencia Sanitaria    Internacional de Washington. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Obra cient&iacute;fica de inestimable valor y    en que quedan f&aacute;cilmente expuestos el conocimiento profundo que pose&iacute;a    de cuanto se refer&iacute;a al mosquito, a la epidemiolog&iacute;a de la fiebre    amarilla, resolviendo cuantas dificultades pudieran existir. Su doctrina enunciada    en ese d&iacute;a puede ser repetida en este instante como la verdad, que s&oacute;lo    tuvo la Comisi&oacute;n Americana que comprobar con sus experimentos facilitados    por el clima cient&iacute;fico que prevalec&iacute;a en el a&ntilde;o de 1900    a 1901, en que se instalase en el campamento que recibi&oacute; el nombre de    Lazear. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Estos principios a que hacemos referencia son    las tres condiciones necesarias para que la fiebre amarilla se propague y que    copiamos inmediatamente: 1&#186;) Existencia de un enfermo de fiebre amarilla    en los capilares del cual el mosquito pueda hundir su aguij&oacute;n para impregnarse    en las part&iacute;culas vivas en un per&iacute;odo adecuado de la enfermedad;    2&#186;) Prolongaci&oacute;n de la vida del mosquito entre la picadura hecha    al enfermo y la que debe reproducir la enfermedad; 3&#186;) Coincidencia que    sea un sujeto apto a contraer la enfermedad uno de los que pique despu&eacute;s    el mosquito. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Tambi&eacute;n en esa misma comunicaci&oacute;n    quedaba demostrado que se trataba de una variedad especial de mosquito que en    esos momentos se llamase el Culex, mosquito que fuese despu&eacute;s designado    con el nombre de <i>Stegomyia calopus</i> o <i>Stegomyia fasciata</i>, y &uacute;ltimamente    con el de <i>A&euml;des aegypti</i> con el que actualmente le conocemos. </font>      <P><font face="Verdana" size="2">No obstante todo lo que significaba este trabajo    a que hemos hecho referencia presentado ante esta Academia, no se hall&oacute;    acogida en el seno de la misma para esta gran idea y se tom&oacute; el acuerdo    de que ese trabajo <i>quedara sobre la mesa</i>, no habiendo sido ni siquiera    discutido, acuerdo que significaba la condenaci&oacute;n al olvido y as&iacute;    fue como Finlay creyente de estos principios por &eacute;l emitidos, presionado    por la indiferencia y la cr&iacute;tica de los que le rodeaban, continu&oacute;    sus pesquisas con fe inquebrantable, con entusiasmo cada vez m&aacute;s doblado,    con energ&iacute;a indomable y autorizado por las experiencias por &eacute;l    realizadas de transmisi&oacute;n de la enfermedad y que practicara en varios    voluntarios en la Casa de Salud de Garcini, utilizando para ello mosquitos previamente    alimentados con sangre de enfermos en per&iacute;odo de estado y haci&eacute;ndose    &eacute;l mismo picar por un Culex infectado que por suerte no hubo de producirse    ning&uacute;n trastorno. Estos estudios culminaron en su escrito &quot;La Patogenia    de la Fiebre Amarilla&#187; y las comunicaciones de los a&ntilde;o 1882, 1883    y 1884 hechas a la Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos de La Habana, en que    queda terminantemente establecido: que el mejor medio de profilaxis de la enfermedad    era el preservar a los enfermos atacados de ella contra las picadas de los mosquitos    <i>pues de esta manera se evitaba la propagaci&oacute;n de la misma</i>. </font>      <P><font face="Verdana" size="2">Despu&eacute;s de estos trabajos y los que en    el orden bacteriol&oacute;gico le hicieron primero suponer y despu&eacute;s    abandonar la idea de un germen productor de la enfermedad que denominaron &eacute;l    y Claudio Delgado, su colaborador, Tetr&aacute;genos febris flavus y los hechos    coincidentes con las doctrinas bacteriol&oacute;gicas que desarrollara despu&eacute;s    el Profesor Sanarelli, con su Bacilus-icteroides concepci&oacute;n aprobada    por la primera Comisi&oacute;n Americana de Fiebre Amarilla designada por el    doctor Wyman y que prevaleci&oacute; durante unos cuantos a&ntilde;os hasta    que otra Comisi&oacute;n que designara el doctor Sternberg, en sustituci&oacute;n    de la anterior diera al traste con todo el edificio del germen aislado por Sanarelli    cuya teor&iacute;a qued&oacute; en completa derrota un mes despu&eacute;s de    haber sido proclamada como definitiva. Esta segunda Comisi&oacute;n Americana    compuesta por los doctores Walter Reed, James Carroll, Jesse W. Lazear y Ar&iacute;stides    Agramonte se decidi&oacute; a estudiar la teor&iacute;a de Finlay dormida durante    m&aacute;s de 19 a&ntilde;os y es entonces que se realizan las experiencias    en este campo Lazear que vinieron a culminar en la comprobaci&oacute;n de los    trabajos del doctor Finlay y a la realizaci&oacute;n por el doctor Gorgas entonces    Jefe de Sanidad Militar de Cuba de la erradicaci&oacute;n de la fiebre amarilla    de la ciudad de La Habana y m&aacute;s tarde de toda la Isla de Cuba por la    aplicaci&oacute;n de estos principios quedando cimentado todos aquellos que    tan brillantemente fueron expuestos en aquella noche del 14 de agosto de 1881.    </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Pero se&ntilde;ores era demasiado grande la obra    realizada y aunque a la Comisi&oacute;n Americana pertenece la comprobaci&oacute;n    de que el germen de la fiebre amarilla era seguramente un virus filtrable, como    hoy se estima despu&eacute;s de las brillantes comprobaciones de orden experimental    obtenidas por la transmisi&oacute;n al mono, por las pruebas de protecci&oacute;n    al rat&oacute;n, como de los hechos mismos de la vacunaci&oacute;n con material    atenuado procedente de emulsiones viscerales y la comprobaci&oacute;n en 1930    por Thyler del virus neurotropo que permiti&oacute; las important&iacute;simas    adquisiciones de un nuevo tipo de vacunaci&oacute;n intentada en 1931, as&iacute;    como la de otros diferentes autores que no han hecho m&aacute;s que confirmar    el concepto actual que de esa enfermedad se tiene una de las tantas producidas    por virus filtrables. No obstante tiene que sufrir el sabio Finlay, el hombre    m&aacute;s grande que ha producido nuestra Patria en el campo de la Ciencia,    los embates de hombres que olvidaban en un momento dado el culto que deb&iacute;an    a la verdad, y en sus informes esa misma Comisi&oacute;n a quien Finlay le entregara    a su llegada el mosquito que era el propagador de la enfermedad y los huevos    del mismo fecundados para producir los que fueron utilizados por la Comisi&oacute;n    misma en sus pruebas experimentales, as&iacute; como tambi&eacute;n el fruto    de su trabajo de tantos a&ntilde;os en el orden de esas experimentaciones, que    ellos principiaran, ni siquiera citaron en sus informes su nombre, hacen m&aacute;s    tarde una campa&ntilde;a que solo la envidia podr&iacute;a estimular bas&aacute;ndose    en hechos de falsedad cient&iacute;fica perfectamente demostrada, ansiosa de    quitarle lustre a quien tanto mereciera y deseosa en &uacute;ltimo t&eacute;rmino    de apropiarse de lo que jam&aacute;s le perteneciera que solo ha falta de justicia    y de noble reconocimiento a que estaban obligados por la modestia y sinceridad    que Finlay les demostrara, hicieron relucir los nombres de Beauperty y Notch    como sostenedores con antelaci&oacute;n de ideas similares, a las del ilustre    cubano tratando de carcomer el pedestal en que ya por propio m&eacute;rito se    hubiera colocado, el nombre de Carlos J. Finlay. </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">La protesta y gestiones extraordinarias, memorables    siempre de su grande amigo, de Finlay, el doctor Francisco Dom&iacute;nguez    Rold&aacute;n, profesor que fue de nuestra Universidad y que en el d&iacute;a    solemne del cumplimiento del centenario del nacimiento del gran Finlay y ante    la Academia de Medicina de Par&iacute;s presenta en su obra todos los datos    comprobatorios de esa falsedad y hace reconocer en hermosa apoteosis el papel    representado ante la Ciencia y como Benefactor de la Humanidad del m&eacute;dico    modesto que se llamara Carlos J. Finlay. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Aquel d&iacute;a se pronunciaron los discursos    m&aacute;s hermosos que pudieran escucharse y entre ellos el de uno de los miembros    de la Comisi&oacute;n Francesa de la Fiebre Amarilla que hiciese sus trabajos    en Sur-Am&eacute;rica el doctor Marchoux quien al reconocer toda la Justicia    que cab&iacute;a para Finlay en la resoluci&oacute;n del problema de la fiebre    amarilla, proclama tambi&eacute;n el efecto saludable que le causa la actuaci&oacute;n    del doctor Dom&iacute;nguez y el valor que tiene en la vida de un hombre el    poder haber adquirido una de esas amistades que en forma tesonera mantuviese    cuanto de verdad pretend&iacute;an arrebat&aacute;rsele y con una intensidad    y br&iacute;os nunca igualados, fraguasen para Finlay el pedestal de su gloria,    que desde ese instante, por sus propagandas y sus gestiones ha culminado en    el reconocimiento del error que encierra una inscripci&oacute;n que apareciera    bajo el busto de uno de los consagrados en la investigaci&oacute;n del problema    amarillo, y que seg&uacute;n se dice ha sido noblemente rectificada para est&iacute;mulo    de los que ofrendan su vida y sus esfuerzos a librar al g&eacute;nero humano    de esos azotes como el de la fiebre amarilla, que tanto hijo arrebat&oacute;    a las madres europeas y americanas, y que tanto dolor causara a&uacute;n en    el seno de hogares cubanos cuya verdad cient&iacute;fica arrancada por nuestro    ilustre compatriota ha hecho posible la entrada m&aacute;s amplia de la civilizaci&oacute;n    en el tr&oacute;pico y ha permitido el desenvolvimiento de m&aacute;s de un    pueblo por la desaparici&oacute;n de tan terrible azote. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Honor se&ntilde;ores demando, para tan grande    hombre de Ciencias, probado como nadie en el infortunio de la incomprensi&oacute;n,    hombre de constancia y laboriosidad insuperables, de fe firmemente arraigada,    amante de la Verdad que proclamara sin ambages y dotado de condiciones morales    y de car&aacute;cter que parec&iacute;an creados para su noble prop&oacute;sito,    que llegado a la tierra cual nuevo Mes&iacute;as, para los que la corona de    laureles que el Mundo finalmente les brinda, simula en sus sienes, aquella que    la Humanidad cruel colocase en las del M&aacute;rtir del G&oacute;lgota. </font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2">Bendito sea tambi&eacute;n su excelso nombre.    </font>     <P>&nbsp;     <P>     <P><font face="Verdana" size="2"><sup>*</sup>Le&iacute;da en la sesi&oacute;n    solemne de la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales    de La Habana del 3 de diciembre de 1943. Tomado de: Cuadernos de Historia de    la Salud P&uacute;blica. No. 93. Ciudad de La Habana ene-jun 2003. </font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2"><sup>**</sup>En la sesi&oacute;n p&uacute;blica    ordinaria del 14 de agosto de 1881, <I>Finlay</I> establece: </font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>      <P><font face="Verdana" size="2">1. </font><font face="Verdana" size="2">Que la    hembra del mosquito solamente pica y chupa sangre para la evoluci&oacute;n de    la aovaci&oacute;n. </font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2">2. </font><font face="Verdana" size="2">Describe    el aparato de que esta dotada la hembra para picar y chupar. </font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2">3. </font><font face="Verdana" size="2">Que prefiere    a los individuos de las razas del Norte (no inmunes). </font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2">4. </font><font face="Verdana" size="2">Que el    mosquito hembra extrae la sangre del individuo enfermo, y que al picar inyecta    en la sangre del individuo no inmune la infecci&oacute;n. </font>     <P>      <P><font face="Verdana" size="2">5. </font><font face="Verdana" size="2">Con picadas    de mosquito inocul&oacute; a cuatro personas y que en tres de las cuales se    desarroll&oacute; la fiebre amarilla. </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
