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</front><body><![CDATA[ <DIV ALIGN=right> </DIV>  <H4> ARTICULOS CONDENSADOS</H4>  <H2> Mitos o realidades: a prop&oacute;sito de la publicaci&oacute;n de trabajos cient&iacute;ficos*</H2> <I>J. Benach de Rovira y J.A. Tapia Granados</I>     <BLOCKQUOTE><I>*Tomado de Mundo Cient&iacute;fico, 1995;15(154):124-30. Condensado por Elsy C&aacute;ceres Manso y Rub&eacute;n Ca&ntilde;edo Andalia. (Esta publicaci&oacute;n puede ser consultada en la Biblioteca M&eacute;dica Nacional.)</I></BLOCKQUOTE> Los conocimientos cient&iacute;ficos y su desarrollo constituyen uno de los factores m&aacute;s importantes en la transformaci&oacute;n del mundo contempor&aacute;neo.      <P>Los millones de cient&iacute;ficos que hoy d&iacute;a existen en el mundo (casi el 90 % de todos los que han vivido a lo largo de la historia) y las decenas de miles de revistas cient&iacute;ficas en las que aqu&eacute;llos publican y divulgan el resultado de sus investigaciones, gozan de gran prestigio social.      <P>Ese notable prestigio suele ir acompa&ntilde;ado, tanto en la poblaci&oacute;n general como en la misma comunidad cient&iacute;fica, de toda una mitolog&iacute;a referente a las personas (los cient&iacute;ficos), su trabajo (las investigaciones), las repercusiones del mismo (las consecuencias pr&aacute;cticas de la investigaci&oacute;n) y su difusi&oacute;n (las publicaciones cient&iacute;ficas). Entre estos mitos referentes a la ciencia y a la comunidad cient&iacute;fica podr&iacute;an citarse el del cient&iacute;fico como individuo cualitativamente distinto del resto de la poblaci&oacute;n, caracterizado por su inteligencia, rigor y objetividad; el de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica como actividad generadora de conocimiento social sobre temas originales e importantes y cuya finalidad primordial ser&iacute;a su utilidad social; el de las revistas cient&iacute;ficas como instrumento id&oacute;neo para divulgar los nuevos conocimientos; y el de los mecanismos de control de las revistas cient&iacute;ficas mediante los cuales se seleccionar&iacute;an y publicar&iacute;an solamente los trabajos de calidad e inter&eacute;s.      <P>El libro <I>Traidores a la verdad</I>, publicado en 1982, dio un buen golpe a esa "mitolog&iacute;a cient&iacute;fica". Sus autores pusieron de manifiesto que los cient&iacute;ficos forman parte de la sociedad, que no son de ning&uacute;n modo distintos al resto de la poblaci&oacute;n en cuanto a honradez y que en su trabajo, igual que en el de las dem&aacute;s personas, influyen los conflictos de intereses, los prejuicios y las ambiciones. La ciencia ha llegado a convertirse en una "carrera" en la que el objetivo social del cient&iacute;fico es obtener prestigio y posibilidades de ascenso que se basan en buena medida en el n&uacute;mero de publicaciones. Por lo dem&aacute;s, lo que se investiga y se publica a menudo no se conoce o no se lee por razones diversas, entre las que cabe citar la especializaci&oacute;n del conocimiento en la actual investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, las dificultades para entender la jerga del especialista y, sobre todo, la enormidad de la bibliograf&iacute;a existente.      <P>El &uacute;ltimo mito que mencionamos fue el de los mecanismos de control, que en el mundo cient&iacute;fico en general, y en las revistas cient&iacute;ficas en particular, permiten la selecci&oacute;n de los trabajos que cumplen los requisitos adecuados de<I> inter&eacute;s y calidad</I>. Frente a ese mito intentaremos mostrar que el inter&eacute;s de muchas investigaciones cient&iacute;ficas es escaso, muy limitado o nulo; que la tergiversaci&oacute;n de datos o el fraude total o parcial en las publicaciones cient&iacute;ficas es m&aacute;s frecuente de lo que se piensa; que una buena parte de lo publicado es cient&iacute;ficamente err&oacute;neo o metodol&oacute;gica mente inv&aacute;lido; y que determinados trabajos cient&iacute;ficos de gran inter&eacute;s no se publican, o se publican tras superar grandes dificultades. <H4> LA RELEVANCIA DE LOS TRABAJOS PUBLICADOS</H4> Muchos de los trabajos cient&iacute;ficos publicados tienen poca o nula relevancia. No nos referimos al limitado inter&eacute;s que la lectura de un trabajo cient&iacute;fico determinado pueda despertar en un investigador de un campo cient&iacute;fico diferente. A lo que nos referimos es a la existencia de trabajos sumamente especializados en los que cabe cuestionar su inter&eacute;s para la sociedad en general o la ciencia en particular.      <P>Seg&uacute;n los soci&oacute;logos Jonathan y Stephen Cole, solamente un reducido n&uacute;mero de cient&iacute;ficos contribuyen al progreso de la ciencia. De hecho, la inmensa mayor&iacute;a de los art&iacute;culos que se publican no se citan nunca en la literatura cient&iacute;fica. Se estima que, anualmente, el 35 % de la literatura no recibe ninguna cita, el 49 % recibe solamente una, el 9 % dos, el 3 % tres, el 2 % cuatro, el 1 % cinco y otro 1 % m&aacute;s de cinco. Seg&uacute;n un estudio realizado por el doctor Richard Roberts, al menos la mitad de los art&iacute;culos estudiados eran in&uacute;tiles o poco confiables aunque aparentemente no hubiera habido fraude. <H4> EL FRAUDE Y LA TERGIVERSACION EN LAS PUBLICACIONES CIENTIFICAS</H4> Entre el fraude cient&iacute;fico y la tergiversaci&oacute;n m&aacute;s o menos sutil de datos propios o ajenos para ajustarlos a las hip&oacute;tesis que se quiere mantener hay toda una amplia gama de posibilidades. Los procedimientos van desde la invenci&oacute;n simple y llana de resultados, el uso fraudulento de informaci&oacute;n de otros investigadores, el plagio de lo que otros autores publicaron anteriormente, el autoplagio de los propios trabajos, o el "adorno" o "maquillaje" de los estudios omitiendo todo aquello que resulte "molesto".      <P>Las posibilidades de fraude son infinitas y, aunque no est&aacute;n cuantifica das, parecen ser mucho m&aacute;s comunes de lo que suele creerse. Como dec&iacute;a un editorial del <I>American Journal of Public Health</I>, la malpraxis cient&iacute;fica cubre todo un espectro en cuyo extremo inferior se sit&uacute;a la publicaci&oacute;n duplicada y en el extremo superior se halla el fraude y el plagio.      <P>Seg&uacute;n un estudio realizado por el<I> British Journal of Industrial Medicine</I> la proporci&oacute;n de art&iacute;culos publicados de forma duplicada en esa revista aument&oacute; del 5 % en 1988 al 12 % en 1990. M&aacute;s a&uacute;n, otro estudio mostr&oacute; c&oacute;mo la publicaci&oacute;n de art&iacute;culos de rectificaci&oacute;n de art&iacute;culos fraudulentos s&oacute;lo disminuy&oacute; en un tercio el n&uacute;mero de veces que eran citados.      <P>&iquest;Cu&aacute;les son las causas del fraude, del plagio, de la publicaci&oacute;n duplicada y de fen&oacute;menos similares? Dejando aparte explicaciones de &iacute;ndole individual que podr&iacute;an explicar la mayor o menor propensi&oacute;n de un individuo a inventarse datos, la presi&oacute;n social a que se ven sometidos los cient&iacute;ficos para que publiquen, la dificultad de que se les coja <I>in fraganti</I> y el potente mecanismo de autoenga&ntilde;o consistente en hacer lo que se quiera ver, parecen ser causas plausibles.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>A pesar de las apariencias de objetividad y precisi&oacute;n, una buena parte de los art&iacute;culos cient&iacute;ficos tienen errores graves, generalmente de car&aacute;cter metodol&oacute;gico, que a menudo invalidan las conclusiones. Seg&uacute;n una revisi&oacute;n de la literatura m&eacute;dica citada por Sheehan, "dos terceras partes de los estudios que aparecen en las revistas m&eacute;dicas m&aacute;s exigentes tienen fallos de dise&ntilde;o o interpretaci&oacute;n lo suficientemente graves para invalidar sus conclusiones". En un airado comentario, Douglas Altman ha protestado contra las investigaciones m&eacute;dicas de baja calidad, se&ntilde;alando lo escandaloso que es reconocer c&oacute;mo se reconoce que es habitual el uso de m&eacute;todos equivocados, la aplicaci&oacute;n incorrecta de procedimientos t&eacute;cnicos o de an&aacute;lisis, las citas sesgadas de publicaciones previas y la deducci&oacute;n de conclusiones injustificadas. <H4> LA VALIDEZ CIENTIFICA DE LAS PUBLICACIONES</H4> En principio, las publicaciones cient&iacute;ficas de alto nivel poseen diversos mecanismos de control de calidad. En los originales enviados a revistas cient&iacute;ficas, la revisi&oacute;n por parte de los evaluadores externos e internos de la revista (<I>peer review</I>) habr&iacute;a de asegurar que el trabajo re&uacute;ne caracter&iacute;sticas metodol&oacute;gicas adecuadas -que permiten presumir la reproducci&oacute;n de la investigaci&oacute;n- y que las interpretaciones de los datos son m&aacute;s o menos plausibles.      <P>Los libros no suelen pasar por este filtro, ya que el control de la calidad que impone la entidad editora habitual mente no es otro que las buenas perspectivas comerciales de la obra.      <P>La estricta repetici&oacute;n de un experimento o de una observaci&oacute;n como los que suelen referirse en art&iacute;culos de revistas cient&iacute;ficas se da muy raramente, en especial en ciencias aplicadas o en ciencias sociales. Lo habitual es que el investigador trate de ir m&aacute;s all&aacute; de lo que hicieron otros, a fin de conseguir resultados de mayor alcance. Adem&aacute;s, muchos investigadores s&oacute;lo publican su m&eacute;todo de investigaci&oacute;n y sus resultados de forma resumida, e incluso no permiten la inspecci&oacute;n de los datos en bruto cuando otros investigadores los piden.      <P>En cuanto al sistema de revisi&oacute;n cient&iacute;fica de las revistas, est&aacute; claro que tiene importantes limitaciones. Los revisores cient&iacute;ficos forman parte de la &eacute;lite cient&iacute;fica, pero el grado de subjetividad que entra&ntilde;an sus recomendaciones de publicaci&oacute;n o rechazo se refleja en las frecuentes discrepancias entre distintos evaluadores que ha de resolver el director o el comit&eacute; editorial de la revista. A pesar de su utilidad, a la postre los mecanismos de control de la ciencia y de las revistas cient&iacute;ficas no constituyen una prueba definitiva de calidad de un trabajo. En las revistas de primera l&iacute;nea se publican trabajos que de entrada parecen aceptables, cuyo dise&ntilde;o o interpretaci&oacute;n no pocas veces resulta err&oacute;neo cuando se examina con cierta perspectiva. Pero, adem&aacute;s, los trabajos con claras deficiencias casi siempre acaban publicados en revistas de menor nivel de exigencia, despu&eacute;s de haber sido rechazados una o varias veces. En conjunto, hay una enorme masa de publicaciones dadas por "v&aacute;lidas" simplemente porque nadie las ley&oacute; o las desminti&oacute; tras ser publicadas. <H4> LOS OBSTACULOS NO CIENTIFICOS A LA PUBLICACION</H4> Algunos trabajos cient&iacute;ficos de gran inter&eacute;s no llegan a publicarse o se publican con grandes dificultades. De entrada, las decisiones de pol&iacute;tica de investigaci&oacute;n sobre los recursos a invertir en distintos campos cient&iacute;ficos o temas concretos condicionan en gran medida la cantidad de trabajos cient&iacute;ficos que aparecer&aacute;n en ese campo o sobre ese tema determinado.      <P>Por otra parte, las posibilidades de publicaci&oacute;n siempre ser&aacute;n mucho menores cuando se trata de trabajos de autores desconocidos en comparaci&oacute;n con los de autores consagrados. Los trabajos de autores de prestigio tienden a ser publicados mucho m&aacute;s frecuente mente que los de autores desconocidos.      <P>Lo que se denomina <I>sesgo de publicaci&oacute;n</I> es una tendencia sistem&aacute;tica, ya apuntada por el soci&oacute;logo de la ciencia Robert Merton, a que los resultados positivos se publiquen m&aacute;s que los negativos y a que una buena parte de la investigaci&oacute;n no se publique de manera que pueda ser adecuadamente valorada. Es un sesgo comprobado en diversas investigaciones y en encuestas con revisores cient&iacute;ficos o editores de revistas.      <P>Hay varias explicaciones para este sesgo. En primer lugar, un mecanismo psicol&oacute;gico que lleva a considerar de escaso valor cient&iacute;fico la demostraci&oacute;n de la <I>inexistencia</I> de una asociaci&oacute;n o efecto. Claro est&aacute; que, en principio, el inter&eacute;s pr&aacute;ctico de decir que un procedimiento <I>no</I> tiene cierto efecto es completamente nulo. Pero siempre puede ocurrir que a la vez o <I>a posteriori</I> alguien afirme que ese procedimiento s&iacute; tiene ese efecto. Si el resultado negativo no se ha hecho o no se hace p&uacute;blico, quedar&aacute; oculto y no podr&aacute; contrarrestar el resultado positivo. Por eso cabe calificar como malpraxis o conducta cient&iacute;fica indebida la falta de publicaci&oacute;n de los resultados de una investigaci&oacute;n. Es evidente que el sesgo de publicaci&oacute;n tiene una importancia fundamental cuando de lo que se trata es de saber si un procedimiento es eficaz para tratar determinada enferme dad, objetivo del metaan&aacute;lisis de los ensayos cl&iacute;nicos.      <P>Por otra parte, cuando ya hay datos que indican la existencia de un efecto o asociaci&oacute;n positiva, el sesgo de publica ci&oacute;n puede verse favorecido por un esp&iacute;ritu conformista de los evaluadores o directores de revistas, que tender&aacute;n a rechazar o ser poco favorables a publicar resultados negativos para no contribuir as&iacute; al cuestionamiento o refutaci&oacute;n del trabajo de los autores que previa mente mostraron efectos o asociaciones positivas.      <P>Otro mecanismo psicol&oacute;gico que puede explicar el sesgo de publicaci&oacute;n es la propensi&oacute;n del personal implicado en la investigaci&oacute;n de una t&eacute;cnica nueva a sobrevalorar la eficacia o la efectividad de esa t&eacute;cnica y a minusvalorar sus efectos negativos y desventajas. Todos tendemos a ver la realidad de manera que nuestra labor parezca &uacute;til y positiva.      <P>Un caso extremo de autoenga&ntilde;o es aqu&eacute;l en el que la l&oacute;gica tendencia a presentar como positiva la labor propia lleva al investigador a ocultar en su publicaci&oacute;n los inconvenientes de la t&eacute;cnica nueva que propone, o a publicar &uacute;nicamente los resultados favorables a su t&eacute;cnica o a su interpretaci&oacute;n te&oacute;rica. Cuando de ello se desprenden ventajas econ&oacute;micas para un investigador o una entidad cient&iacute;fica o comercial, ya es dif&iacute;cil considerar que se trata de un autoenga&ntilde;o. Esa deformaci&oacute;n de la realidad s&oacute;lo puede denominarse fraude. Los datos cient&iacute;ficos se convierten as&iacute; en propaganda m&aacute;s o menos tergiversada.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Los temas que no forman parte de los paradigmas cient&iacute;ficos dominantes pueden encontrar especiales dificultades de publicaci&oacute;n.      <P>Actualmente, el prestigio y las posibilidades de ascenso social de los cient&iacute;ficos se basan en gran medida en el n&uacute;mero de art&iacute;culos cient&iacute;ficos publicados. El renombre suele lograrse por la publicaci&oacute;n en revistas del m&aacute;ximo prestigio, pero en general la cantidad suele ser mucho m&aacute;s importan te que la calidad. No es de extra&ntilde;ar, por tanto, que en los &uacute;ltimos decenios se haya producido un enorme incremento en el n&uacute;mero medio de autores de cada art&iacute;culo. As&iacute;, por ejemplo, mientras que a principios de siglo, el 80 % de los trabajos ten&iacute;a una sola firma, en la actualidad el 80 % tiene varias y su tendencia es creciente.      <P>La presi&oacute;n que sufren los cient&iacute;ficos para que publiquen el m&aacute;ximo n&uacute;mero de art&iacute;culos, ocasiona fen&oacute;menos tales como el denominado "m&iacute;nima unidad publicable" o "publicaci&oacute;n salami", la cual permite obtener el m&aacute;ximo posible de art&iacute;culos (como rodajas de salchich&oacute;n) de un determinado trabajo cient&iacute;fico, adem&aacute;s de que un enorme n&uacute;mero de publicaciones tiene una utilidad m&aacute;s que cuestionable.      <P>La profusi&oacute;n mundial de publicaciones cient&iacute;ficas imposibilita un examen minucioso de las mismas, incluso por los propios especialistas de cada tema, y estimula la aparici&oacute;n de efectos perniciosos. Dada la enorme cantidad de revistas cient&iacute;ficas y la ampl&iacute;sima gama de criterios de aceptaci&oacute;n -desde la extrema rigidez a la m&aacute;s absoluta liberalidad-, se puede decir que los malos art&iacute;culos ser&aacute;n tarde o temprano publicados, con tal que los autores insistan en enviarlos a sucesivas revistas.      <P>La capacidad de los sistemas de control de calidad de las revistas cient&iacute;ficas para detectar y corregir los efectos perniciosos apuntados, es mucho menor de lo que se puede pensar.      <P>Despu&eacute;s de todo, el resultado final de la actividad cient&iacute;fica s&oacute;lo se logra cuando el autor o los autores ponen al alcance de la comunidad cient&iacute;fica sus investigaciones. No obstante, es necesario combatir la tendencia a "publicar por publicar" o a hacer investigaciones cuyo inter&eacute;s es m&aacute;s que dudoso.       ]]></body>
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