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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[H.T. Blanke: comentarios a artículos científicos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <DIV ALIGN=right> </DIV>  <H2> H.T. Blanke: comentarios a art&iacute;culos cient&iacute;ficos</H2>  <H4> Las bibliotecas y la comercializaci&oacute;n de la informaci&oacute;n: hacia una discusi&oacute;n cr&iacute;tica de la labor bibliotecaria*</H4>      <BLOCKQUOTE><I>* Fuente: Blanke HT. Bibliotheken und die Kommerzialisierung der Information: Zu einer kritischen Diskussion &uuml;ber die Aufgaben der Bibliotheken. Laurentius 1995;12(1):17-22. Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Antonio L&oacute;pez Espinosa.</I></BLOCKQUOTE> Desde hace alg&uacute;n tiempo se conoce que en la estructura socioecon&oacute;mica de los Estados Unidos se est&aacute;n produciendo algunos cambios que pueden considerarse trascendentales. El debate alrededor de esta cuesti&oacute;n se ha concentrado en reflexionar si es que nos venimos aproximando a una &eacute;poca hist&oacute;rica completamente nueva; si ya estamos incursionando en un per&iacute;odo posindustrial, posmoderno e, incluso, poscapitalista; o si el capitalismo a escala universal se est&aacute; acercando a la pr&oacute;xima fase de su desarrollo.      <P>Para nadie es un secreto que la creciente importancia econ&oacute;mica del conocimiento y de la informaci&oacute;n constituye la columna vertebral de los avances tecnol&oacute;gicos y econ&oacute;micos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Como bien ha dicho Daniel Bell, uno de los m&aacute;s experimentados e influyentes te&oacute;ricos del posindustrialismo:     <BLOCKQUOTE>Si bien, como en general se sostiene, la sociedad industrial presente se basa en la tecnolog&iacute;a de las m&aacute;quinas, la sociedad posindustrial futura descansar&aacute; en la tecnolog&iacute;a de la inteligencia. Y del mismo modo que el capital y el trabajo son los elementos estructurales m&aacute;s importantes de la sociedad industrial, la informaci&oacute;n y el conocimiento lo ser&aacute;n de la sociedad posindustrial.&lt;2></BLOCKQUOTE> La aparici&oacute;n de la informaci&oacute;n como fuente econ&oacute;mica vital, se remonta a los primeros tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, &eacute;poca en que se produjo una explosi&oacute;n de informaci&oacute;n cient&iacute;fica y t&eacute;cnica, acompa&ntilde;ada del desarrollo de computadoras capaces de procesar un gran volumen de datos. En ese mismo per&iacute;odo, varias firmas privadas se convirtieron en grandes consorcios multinacionales que, a medida que crec&iacute;an, depend&iacute;an cada vez m&aacute;s de la adquisici&oacute;n y diseminaci&oacute;n r&aacute;pida de informaci&oacute;n para poder llevar a cabo sus operaciones a nivel internacional.      <P>Con tal antecedente, no debe sorprender que se haya desarrollado a ritmo acelerado una industria privada de la informaci&oacute;n que obtiene grandes beneficios a partir del potencial comercial que representa la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de este recurso.&lt;3>      <P>Es notable la trascendencia de la actividad informacional en la econom&iacute;a estadounidense. A partir de 1956, la cifra de empleados en el sector de los servicios en general y de la informaci&oacute;n en particular comenz&oacute; a experimentar un crecimiento ascendente. Ya en la segunda mitad de los a&ntilde;os 60, la actividad informacional era la responsable del 46 % de la renta nacional. As&iacute; mismo, con la proliferaci&oacute;n de la t&eacute;cnica computacional caracter&iacute;stica de los a&ntilde;os 70, se produjo un vertiginoso auge del sector "primario" de la informaci&oacute;n (producci&oacute;n de computadoras, perfeccionamiento de las telecomunicaciones, desarrollo de los medios de difusi&oacute;n masiva, del trabajo editorial, la educaci&oacute;n y las investigaciones). Solamente a este sector se atribuy&oacute; en aquel enton ces el 30 % de los ingresos nacionales.&lt;4>      <P>Si bien algunos afirman que esta expresi&oacute;n de desarrollo representa un paso de transici&oacute;n hacia una &eacute;poca posindustrial o posmoderna que supera al capitalismo, personalmente considero que en un futuro inmediato se mantendr&aacute;n como hasta ahora los rasgos fundamentales de dicho r&eacute;gimen social (producci&oacute;n de mercanc&iacute;as con fines de lucro, trabajo asalariado, control del excedente econ&oacute;mico por una &eacute;lite, relaciones mercantiles, etc.).      <P>En realidad, ha sido precisamente bajo las condiciones del modo de producci&oacute;n capitalista que la generaci&oacute;n, organizaci&oacute;n y diseminaci&oacute;n de la informaci&oacute;n ha adquirido una significaci&oacute;n socioecon&oacute;mica. No obstante, la trascendencia econ&oacute;mica y cultural de la informaci&oacute;n y de la tecnolog&iacute;a puesta en funci&oacute;n de su procesamiento, hace presumir que actualmente se est&aacute; gestando una nueva forma de capitalismo desarrollado. Una de las peculiaridades de esta nueva fase de desarrollo capitalista es la creciente comercializaci&oacute;n y control de importantes renglones que antes apenas se consideraban dentro de las relaciones mercantiles. Herbert Schiller, Ben Bagdikian y otros han demostrado c&oacute;mo las sociedades multinacionales se han ido infiltrando en esferas como la educaci&oacute;n, el arte y los medios noticiosos, lo que ha tra&iacute;do consigo "una simetr&iacute;a y conformidad cultural".&lt;5>      <P>La mayor&iacute;a de las revistas, peri&oacute;dicos, libros, filmes, medios audiovisuales y estaciones de radio m&aacute;s importantes del planeta est&aacute;n sometidas al control de un pu&ntilde;ado de grandes consorcios. Para estas agrupaciones que dominan el mercado y los medios de producci&oacute;n, los &uacute;nicos criterios que rigen en la producci&oacute;n de bienes culturales son el lucro y la conformidad ideol&oacute;gica.      <P>Hasta hace poco tiempo, la biblioteca p&uacute;blica era una de las pocas esferas cultural-informativas que exist&iacute;an fuera del abarcador &aacute;mbito de las relaciones mercantiles. Aunque nunca se haya logrado en toda su dimensi&oacute;n, el objetivo tradicional de la labor bibliotecaria ha sido recopilar el amplio espectro del saber universal y hacerlo accesible gratuitamente y con el mismo derecho a todo aquel que lo requiera, cuesti&oacute;n que, por dem&aacute;s, es un ejemplo de la puesta en pr&aacute;ctica de los valores democr&aacute;ticos.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Sin embargo, la creciente importancia econ&oacute;mica de la informaci&oacute;n y la cada vez mayor dependencia de la nueva y costosa tecnolog&iacute;a que en funci&oacute;n de ella se aplica, han ido aparejadas con una tendencia que amenaza con socavar el ideal del conocimiento como un bien disponible para todos. !Cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a Hawkins!, ese experimentado cient&iacute;fico de la informaci&oacute;n de la <B>A.T. &amp; T. Bell Laboratories</B> cuando afirm&oacute; que     <BLOCKQUOTE>[...] la informaci&oacute;n, adem&aacute;s de v&iacute;a para llegar al conocimiento ha devenido en una mercancia, que se produce y se vende de modo activo. Es una realidad incuestionable que la introducci&oacute;n de nuevos productos informativos ya no s&oacute;lo se orienta a satisfacer necesidades cient&iacute;ficas o culturales, sino tambi&eacute;n a estrategias mercantilistas.&lt;6></BLOCKQUOTE> El hecho de que las sociedades multinacionales son cada vez m&aacute;s propensas a crear grandes bancos de datos para sus operaciones globales y de que, por otra parte, se ha desarrollado una nueva tecnolog&iacute;a universal con la que se puede utilizar y manejar mejor dichos datos, ha sido bien aprovechado por las firmas privadas con fines gananciales.      <P>En 1989, el beneficio de la industria electr&oacute;nica alcanz&oacute; los 7,5 billones de d&oacute;lares, y se esperaba que para 1994 sobrepasara los 19 billones.&lt;7> No es nada sorprendente que estos consorcios de la informaci&oacute;n sostengan con agresividad la idea de que dicho recurso es una mercanc&iacute;a, cuya compraventa resulta sumamente provechosa. Esta idea atenta de manera directa contra los principios tradicionales de la bibliotecolog&iacute;a, y trae consigo serias implicaciones sociales y pol&iacute;ticas.      <P>La opulencia y el poder de la industria privada de la informaci&oacute;n han ejercido tambi&eacute;n una clara influencia en el campo pol&iacute;tico. Durante la &eacute;poca de Reagan se promulgaron varias leyes y resoluciones que convirtieron en pol&iacute;tica nacional los objetivos de la industria de la informaci&oacute;n orientados a obtener ganancias. La primera, y probablemente la de mayor alcance, de las acciones llevadas a cabo por el poder legislativo de entonces, fue la ley que adjudic&oacute; en 1980 a la <B>Office of Management and Budget</B> (Oficina de Administraci&oacute;n y Presupuesto) (OMB) la tarea de establecer una pol&iacute;tica federal de informaci&oacute;n. En virtud del poder que ostenta, la OMB ha limitado y privatizado de forma dr&aacute;stica la informaci&oacute;n de procedencia gubernamental. En 1985, dicha entidad dict&oacute; unos lineamientos, que public&oacute; en la Circular A-130, a los efectos de estimular se depositara la "mayor confianza posible" en el sector privado en todo lo concerniente a la diseminaci&oacute;n de informaci&oacute;n.      <P>El eje de empuje de la pol&iacute;tica federal durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os ha sido permitir a la industria de la informaci&oacute;n apropiarse de gran parte del inmenso y valioso fondo informativo de la naci&oacute;n (cuya producci&oacute;n se ha costea do por los contribuyentes), para luego registrar la informaci&oacute;n en otro soporte y revenderla con fines lucrativos.      <P>Como la raz&oacute;n de ser de la industria de la informaci&oacute;n y de su clientela es la obtenci&oacute;n de ganancias, no debe causar asombro su empe&ntilde;o en privatizar la informaci&oacute;n, como tampoco debe sorprender la condescendencia que ha mantenido en tal sentido el Gobierno bajo las administraciones de Reagan y Busch. Lo que s&iacute; ocasiona desconcierto es que este fen&oacute;meno se haya producido sin el consenso p&uacute;blico y que los bibliotecarios, salvo algunas excepciones, se hayan comportado pasivamente y a&uacute;n se mantengan d&oacute;ciles ante algo que, a todas luces, pisotea sus nobles principios.      <P>Evidentemente, dentro de la propia profesi&oacute;n se ha puesto de moda una mentalidad mercantilista. Prueba de ello es que prominentes portavoces de los bibliotecarios han pregonado la conveniencia de imponer tarifas a los servicios informativos, adem&aacute;s de haber propugnado otros mecanismos de comercializaci&oacute;n, que tienden a corromper los atributos que fundamentan los valores &eacute;ticos de la labor bibliotecaria.      <P>En su af&aacute;n de dar la bienvenida a las modernas y costosas manifestaciones de desarrollo de la tecnolog&iacute;a de la informaci&oacute;n, muchos bibliotecarios permiten que los grupos de inter&eacute;s social redefinan este recurso como una mercancia, mientras que otros est&aacute;n absortos en los problemas de la eficiencia t&eacute;cnica. Esto hace que todos corramos el peligro de quedar a merced de una mentalidad meramente instrumental, mientras que las posibilidades de la t&eacute;cnica y de la eficiencia se van por encima de los intereses a los que en realidad deben servir, principalmente los que tienen como principio el acceso al conocimiento con entera libertad y en igualdad de condiciones.      <P>Los bibliotecarios no debemos perder nunca de vista hasta qu&eacute; punto las innovaciones tecnol&oacute;gicas pueden implicar el advenimiento de nuevas relaciones sociales, y considerar, adem&aacute;s, que las bibliotecas no han sido lo suficientemente cr&iacute;ticas, pues se han "encasquillado" al adoptar para su gesti&oacute;n cualquier tecnolog&iacute;a de base de datos, sin prever el efecto que pudiera desprenderse de tal acci&oacute;n en perjuicio de su funci&oacute;n tradicional.      <P>La dependencia de la biblioteca de los vendedores privados de bancos de datos (cuyos fines de lucro y cuyo concepto de la informaci&oacute;n se diferencian sustancialmente de los objetivos y concepciones de los servicios bibliotecarios), as&iacute; como la introducci&oacute;n de tarifas a los usuarios para cubrir los costos de las nuevas tecnolog&iacute;as, provocan contra dicciones que lejos de beneficiar, m&aacute;s bien empa&ntilde;an la esencia de nuestro compromiso profesional de considerar la informaci&oacute;n y de brindarla como un bien social.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Muchos representantes de nuestra profesi&oacute;n, en vez de tratar de hacer valer este principio y de desarrollar estrategias que lo defiendan a toda costa, lamentan que la tradici&oacute;n de prestar servicios p&uacute;blicos "nos impide introducir innovaciones que nos pongan en condiciones de competir", e interceden entonces en favor de la aparici&oacute;n de "nuevas estructuras administrativas orientadas a la econom&iacute;a de mercado".&lt;8> Aunque algunos esperamos ver aparecer alg&uacute;n d&iacute;a en las revistas de nuestra especialidad comentarios cr&iacute;ticos y debates al respecto, lo cierto es que lo que siempre hemos encontrado hasta ahora son detalladas fundamentaciones para justificar que las bibliotecas tienen que adaptarse a las leyes del mercado.&lt;9>      <P>Es evidente la necesidad de que se publiquen trabajos con an&aacute;lisis cr&iacute;ticos desde una perspectiva defensora del papel social vital de las bibliotecas. Dado que la comercializaci&oacute;n de la informaci&oacute;n se ha convertido en un tema de primer orden, es preciso desarrollar una discusi&oacute;n cr&iacute;tica que ponga bien en claro los problemas que puede traer consigo la aplicaci&oacute;n de las leyes del mercado dentro de nuestro radio de acci&oacute;n.      <P>Pero, para poder entablar tal discusi&oacute;n, es menester estar dotado de un lenguaje y de una capacidad anal&iacute;tica que permitan, tanto dentro como fuera del marco de la profesi&oacute;n, criticar con fundamento la promoci&oacute;n a mercanc&iacute;a de la informaci&oacute;n. Ello nos pondr&iacute;a en condiciones de derribar la ret&oacute;rica que sostiene y propaga que la introducci&oacute;n de los mecanismos mercantilistas es la &uacute;nica posibilidad de convivencia de las bibliotecas dentro de una sociedad donde predomina la competencia, as&iacute; como de demostrar la esencia antidemocr&aacute;tica de esa idea. Igualmente, tenemos que hacer un examen de la supuesta neutralidad de las acciones orientadas a reducir a simples cuestiones de innovaci&oacute;n t&eacute;cnica, eficiencia o criterios de expertos los problemas de las bibliotecas que en realidad reclaman debates y actividades pol&iacute;ticas.      <P>A modo de s&iacute;ntesis y conclusi&oacute;n de todo lo expuesto hasta ahora, cabe entonces sugerir que los problemas de la informaci&oacute;n en el contexto social merecen ser sometidos a un radical y profundo an&aacute;lisis, pues de su comprensi&oacute;n depende que se disponga de argumentos s&oacute;lidos para demostrar que la conversi&oacute;n de &eacute;sta en una mercanc&iacute;a no es m&aacute;s que expresi&oacute;n de la colonizaci&oacute;n de uno de los elementos de la vida cultural y social que adquiere cada vez m&aacute;s importancia. Tenemos que encontrar v&iacute;as para oponer resistencia al dominio mercantilista en el sector cultural e informativo, y adoptar estrategias que defiendan el fomento de una verdadera "sociedad de la informaci&oacute;n" y que promuevan las capacidades democr&aacute;ticas y la solidaridad social por encima de la opulencia privada y de los privilegios.      <P>No es justo que la informaci&oacute;n deje de ser un recurso en funci&oacute;n de una cultura sana y democr&aacute;tica, para convertirse en patrimonio unidimensional sometido a los valores comerciales y a la conformidad ideol&oacute;gica. Las bibliotecas est&aacute;n en el centro del problema, y su posici&oacute;n ante &eacute;l repercutir&aacute; no s&oacute;lo en el futuro de la bibliotecolog&iacute;a como profesi&oacute;n, sino tambi&eacute;n en el futuro de la democracia misma. <H4> REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS</H4>  <OL>     <LI> Bell D. The coming of postindustrial society. New York: Basic Books, 1976:XIII.</LI>      <LI> Schiller HI. The corporate takeover of public expression. New York: Oxford University Press, 1989: 69-73.</LI>      <LI> Parat MU. The information economy: definition and measurement. Washington, DC: Office of Telecommunications, 1977;t1:65, 119-23.</LI>      <LI> Schiller HI, Bagdikian B. Lords of the global village. Nation, 12 de junio, 1989:805-20.</LI>      <LI> Hawkins DT. The commodity nature of information. Online, enero, 1987:68-9.</LI>      ]]></body>
<body><![CDATA[<LI> United States Department of Commerce. US industrial outlook. Washington, DC: UGSPO, 1990:29-33.</LI>      <LI> Gennaro R De. Technology and access in an enterprise society. Libr J 1ro. de octubre, 1989:43.</LI>      <LI> V&eacute;anse las cartas al editor de la Library Journal, que advierten acerca de la nueva orientaci&oacute;n de dicha publicaci&oacute;n. Estas cartas aparecen en los n&uacute;meros de diciembre de 1989, enero de 1990, 1ro. de febrero de 1990 y 15 de febrero de 1990.</LI>     </OL> <B>Comentario al art&iacute;culo "Las bibliotecas y la comercializaci&oacute;n de la informaci&oacute;n:</B>     <BR><B>hacia una discusi&oacute;n cr&iacute;tica de la labor bibliotecaria"</B>      <P><B>Rub&eacute;n Ca&ntilde;edo Andalia</B>      <P>El creciente reconocimiento de la importancia de la informaci&oacute;n como recurso que otorga poder a las organiza ciones y a los individuos, condujo al r&aacute;pido desarrollo de una poderosa industria de la informaci&oacute;n generadora de enormes beneficios econ&oacute;micos. La actividad de esta industria descansa sobre una potente infraestructura tecnol&oacute;gica, responsable, en gran medida, de los altos costos de los productos y servicios de informaci&oacute;n.      <P>El car&aacute;cter cada vez m&aacute;s lucrativo de esta actividad en la sociedad moderna; los crecientes costos de la adquisici&oacute;n de la informaci&oacute;n y de las tecnolog&iacute;as necesarias para su procesamiento y el suministro de los servicios, unidos a las sucesivas reducciones de presupuesto que sufren la mayor parte de las institu ciones del sector, a la presi&oacute;n que ejercen las organizaciones, gobiernos y la sociedad en general para que la gesti&oacute;n de tales instituciones aporte resultados tangibles, as&iacute; como la incapa cidad de los propios bibliotecarios para demostrar objetivamente los beneficios econ&oacute;micos, sociales, culturales o de otro tipo que generan sus productos y servicios, constituyen factores m&aacute;s que suficientes para provocar el nacimiento de una mentalidad mercantilista en un sector tradicionalmente infranqueable para tales concepciones.      <P>Resulta que para muchos gobiernos, organizaciones, e inclusive dirigentes del &aacute;rea, la manera m&aacute;s id&oacute;nea de mostrar los beneficios que aportan sus institucio nes residen en la cuantificaci&oacute;n de las ganancias &eacute;stas ingresan que por con cepto de ventas de productos y servicios de informaci&oacute;n.      <P>Los factores mencionados exigen que los bibliotecarios adopten una estrategia de mercado &Auml;que no quiere decir de lucro&Auml; como la &uacute;nica v&iacute;a de mostrar que sus acciones poseen un claro impac to, tanto en la satisfacci&oacute;n de las necesidades como en el desarrollo de la sociedad, a la vez que deben ser capaces de crear los mecanismos necesarios para demostrar de forma tangible los beneficios que su actividad genera, aunque dichos estudios requieren de una buena dosis de disposici&oacute;n y creatividad.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>A modo de conclusi&oacute;n, se puede decir que el art&iacute;culo constituye un excelente alerta contra la comercializaci&oacute;n desme dida de los productos y servicios de informaci&oacute;n, a la vez que defiende altos sentimientos de car&aacute;cter cultural y social. El cobro de dichos productos y servicios de informaci&oacute;n es una tenden cia actual en el mundo que obedece, como hemos expresado, entre otras razones, a los altos costos de su produc ci&oacute;n. Sin embargo, el lucro despropor cionado con ellos es capaz de, en cualquier contexto, discriminar y marginar a grandes sectores de la poblaci&oacute;n sin poder&iacute;o econ&oacute;mico sufi ciente como para adquirirlos, lo que sin lugar a dudas redunda inevitablemente en perjuicio de la sociedad como un todo.      <P><B>Recibido:</B> 27 de octubre de 1995. <B>Aprobado:</B> 10 de noviembre de 1995.      <P>Lic. <I>Rub&eacute;n Ca&ntilde;edo Andalia.</I> Centro Nacional de Informaci&oacute;n de Ciencias M&eacute;dicas. Calle E No. 454, e/ 19 y 21, El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba. CP 10400.        ]]></body>
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