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<journal-title><![CDATA[Revista Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina ]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Programa Cuba]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los paralogismos de la vejez]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The paralogisms of old age]]></article-title>
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<self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S2308-01322016000100009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S2308-01322016000100009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S2308-01322016000100009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[RESUMEN: En este artículo se propone una reflexión en torno al tema del envejecimiento, centrándose en las dificultades metodológicas en cuanto a su definición por grupo etario; las distintas teorías sobre vejez desarrolladas en las ciencias sociales; los ejes simbólicos en torno a los cuales giran los discursos sobre la vejez; y las paradojas en la cuales se ven inmersos aquellos individuos socialmente clasificados como tales y la sociedad misma, nominada ya con el calificativo de envejecida.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[ABSTRACT: This article intends to reflect on the subject of aging, focusing on the methodological difficulties in their definition by age group; the various theories on aging developed in the social sciences; symbolic axis around which revolve speeches on aging; and paradoxes in which individuals find themselves socially classified as such and society itself, as nominated by the term of aging]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[representaciones sociales]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <b><font size="4">ART&Iacute;CULO ORIGINAL    <br>   </font></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b><font size="4">Los    paralogismos de la vejez</font>    <br>   </b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b><font size="3">The    paralogisms of old age</font>    <br>   </b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Dr. Luis Robledo    D&iacute;az</b>    <br>   </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p> <hr>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>RESUMEN: </b>En    este art&iacute;culo se propone una reflexi&oacute;n en torno al tema del envejecimiento,    centr&aacute;ndose en las dificultades metodol&oacute;gicas en cuanto a su definici&oacute;n    por grupo etario; las distintas teor&iacute;as sobre vejez desarrolladas en    las ciencias sociales; los ejes simb&oacute;licos en torno a los cuales giran    los discursos sobre la vejez; y las paradojas en la cuales se ven inmersos aquellos    individuos socialmente clasificados como tales y la sociedad misma, nominada    ya con el calificativo de envejecida.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>PALABRAS CLAVE:</b>    vejez, representaciones sociales. </font> </p> <hr>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>ABSTRACT:</b>    This article intends to reflect on the subject of aging, focusing on the methodological    difficulties in their definition by age group; the various theories on aging    developed in the social sciences; symbolic axis around which revolve speeches    on aging; and paradoxes in which individuals find themselves socially classified    as such and society itself, as nominated by the term of aging.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">KEYWORDS:</font></b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    aging, socials representations. .    <br>   </font></p> <hr>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">(...)    he llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.    (...)    <br>   Marguerite Yourcenar.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Memorias de    Adriano</b>    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Hans Ruesch, en    su novela El pa&iacute;s de las sombras largas, a trav&eacute;s de la narraci&oacute;n    de una serie de aventuras en torno a una familia de esquimales, nos describe,    no sin asombro, las formas de vida de estos habitantes tan cercanos al polo    norte y las contradicciones que van a apareciendo cuando &eacute;stos &quot;tropiezan&quot;    con el hombre blanco a los que ven con extra&ntilde;as costumbres, la rareza    de adoraci&oacute;n a un solo Dios y fascinantes instrumentos de caza. La novela,    que transcurre en una apartada regi&oacute;n de Siberia, tiene varios personajes    de los cuales destaca Papik, de edad desconocida, pero ya mayor e incapaz de    masticar las pieles, labor imprescindible para mantener a su familia. Sus dientes    estaban consumidos hasta las enc&iacute;as y sus manos, endurecidas, ya no pod&iacute;an    coser. Resultaba una carga para su familia y su destino era el de ser abandonada    en el congelado oc&eacute;ano para morir de fr&iacute;o o devorada por un oso    polar. En ese mismo instante, su hija Asiak, da a luz un ni&ntilde;o var&oacute;n,    pero al verlo se percatan de que no tiene dientes, y por lo cual no les queda    otra alternativa que matarlo. Ante la disyuntiva, deciden consultar a la anciana    madre y &eacute;sta les asegura tener el poder de convocar a los cuatro vientos    y lograr hacer crecer los dientes al reci&eacute;n nacido. Con cierto escepticismo,    la pareja conf&iacute;a en la palabra de la abuela y la rescata del sitio en    el que hab&iacute;a sido abandonada. Pasado el tiempo, observan con sorpresa,    la aparici&oacute;n de los apreciados dientes. Cumplida su misi&oacute;n, es    la propia Papik la que decide suicidarse, saliendo a la intemperie y transpirando    lo suficiente como para congelarse y dejar de ser una carga para su familia.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>La edad de la    vejez </b>    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La sociedad ve    a la vejez - al viejo - no como una fase sino como calificativo inmutable. Se    es viejo igual que se es alto, moreno o zurdo: se es as&iacute; y siempre se    ha sido as&iacute;. La vejez es sustantiva. Pero al estado de vejez se llega    por una cronolog&iacute;a de sucesos biol&oacute;gicos cuya manifestaci&oacute;n    m&aacute;s visible y experiencial es el desgaste funcional. Esta cronolog&iacute;a    se define por el avance en el tiempo, medido en a&ntilde;os, y supone un consumo    de expectativa de vida.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Es abundante la    literatura en torno al tema de la construcci&oacute;n social de la vejez. Ello    es sintom&aacute;tico de una de las, probablemente, caracter&iacute;sticas m&aacute;s    singulares que la definen: su visibilidad. Si a nivel de conciencia cotidiana    no queda muy claro la manera en que se &quot;llega a viejo&quot;, lo cierto    es que es relativamente f&aacute;cil identificar cuando ya se es, lo cual la    hace mucho m&aacute;s f&aacute;cil de objetivizar o naturalizar y generar por    tanto un n&uacute;cleo figurativo estable<a name="11"></a><a href="#1">1</a>    y con elementos distinguibles y compartidos socialmente.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La vejez es un    s&iacute;ndrome en el que el conjunto de una serie de s&iacute;ntomas anuncian    la llegada a un ciclo y estilo de vida cuya base sociol&oacute;gica se asocia    a la estructura de edades y a la teor&iacute;a de la subcultura. Tradicionalmente    el principio de inicio de la vejez se ha establecido entre los 60 y los 65 a&ntilde;os    (Conde &amp; Marinas, 1997), otorg&aacute;ndole unos a los 75 y otros a los    80 como inicio del estado de muy viejos o muy mayores. La discusi&oacute;n de    un punto de inicio asociado a un n&uacute;mero o cantidad de a&ntilde;os vividos    puede convertirse en una discusi&oacute;n al estilo de definir qu&eacute; es    lo alto, lo bajo, y lo de en medio, al que interpela S&oacute;crates en la Rep&uacute;blica,    en su disertaci&oacute;n sobre la difusa l&iacute;nea que separa el placer del    dolor<a name="22"></a><a href="#2">2</a>. Del mismo modo que en Plat&oacute;n    las virtudes quedan definidas en su relaci&oacute;n con la persona, la vejez,    en tanto concepto, estar&aacute; delimitada por un &iquest;cu&aacute;ndo? -    eje temporal - un &iquest;d&oacute;nde? - eje espacial - un &iquest;para qu&eacute;?    - eje pr&aacute;ctico - y un &iquest;para qui&eacute;n? - eje referencial -.    (<a href="#f1">Figura 1</a>)    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="f1"></a><img src="/img/revistas/reds/v4n1/f0109116.jpg" width="500" height="378"></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La representaci&oacute;n    social de la vejez pasa necesariamente por la construcci&oacute;n cultural de    las edades. Todas las sociedades tienen como uno de sus elementos estructuradores    el curso natural del tiempo que transcurre desde el nacimiento de un individuo    hasta su muerte y como resultado ordenan &eacute;ste en distintas etapas seg&uacute;n    su edad y le otorgan una serie de caracter&iacute;sticas y pautas de comportamiento    a las cuales deber&aacute; ajustarse. Las personas a lo largo de toda su vida    experimentan una serie de modificaciones biol&oacute;gicas - m&aacute;s o menos    perceptibles - que le van indicando tanto a s&iacute; mismo como al resto de    los individuos el momento biogr&aacute;fico en el cual se encuentra, lo que    se espera de s&iacute; - muy diferenciado en funci&oacute;n de su sexo - y se    presumen los conflictos psico-sociales a los cu&aacute;les ha de enfrentarse    ofreciendo adem&aacute;s herramientas para su resoluci&oacute;n y sobre todo    para su adecuaci&oacute;n a los patrones conductuales previstos para su edad    biol&oacute;gica.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero la edad en    tanto estado natural no tiene una relaci&oacute;n causal, lineal y universal    con la edad en tanto estrato social. El ejemplo m&aacute;s significativo que    demuestra esta separaci&oacute;n lo encontramos precisamente en la disparidad    para distinguir la mayor&iacute;a de edad y la condici&oacute;n de anciano seg&uacute;n    el momento hist&oacute;rico en el cual nos encontremos y el sistema socio-cultural    al cual nos refiramos. En el primer caso -la determinaci&oacute;n de la mayor&iacute;a    de edad - la variabilidad es altamente significativa: en la actualidad la mayor&iacute;a    de edad puede estar entre los 13 y los 21 a&ntilde;os, seg&uacute;n el pa&iacute;s    en el que nos encontremos. Lo es igualmente el &iquest;para qu&eacute;? en tanto    la mayor&iacute;a de edad tambi&eacute;n se define a partir de los derechos    que se obtienen. As&iacute;, por ejemplo puede existir una edad m&iacute;nima    para votar, trabajar, mantener relaciones sexuales, contraer matrimonio, beber    alcohol, tener derechos de propiedad, extinci&oacute;n de la patria potestad,    conducir veh&iacute;culos, ir a la guerra, ser juzgado como adulto, etc. Como    tercer punto el &iquest;c&oacute;mo?, determinado, ya sea s&oacute;lo por la    llegada a determinada edad o el paso de pruebas fijadas dentro de ciertos ritos    de paso.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En el segundo caso    - la determinaci&oacute;n de la edad para ser considerado mayor - sucede de    forma parecida. El corte en muchos pa&iacute;ses est&aacute; determinado por    la edad legal de jubilaci&oacute;n, por la capacidad real de poder realizar    determinadas actividades productivas, la condici&oacute;n de abuelos, etc. En    todos los casos el ciclo vital est&aacute; fuertemente relacionado con los ciclos    productivos y la esperanza de vida. Carles Feixa (1996) advierte sobre la proliferaci&oacute;n    de diversas formas terminol&oacute;gicas para hacer referencia a procesos o    fen&oacute;menos distintos y que en algunos casos pueden llevar a confusi&oacute;n.    Tal es el caso del propio t&eacute;rmino de edad, ciclo vital, generaci&oacute;n,    edad psicol&oacute;gica, edad estructural, etc.<a name="33"></a><a href="#3">3</a>    Esta variada terminolog&iacute;a viene tambi&eacute;n a demostrar la dificultad    de establecer la fases en las cuales se divide la vida del ser humano, de tal    manera que incluso estas podr&iacute;an comenzar antes o despu&eacute;s del    momento del nacimiento y concluir antes o despu&eacute;s de la muerte.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La disparidad en    torno a la definici&oacute;n de vejez, restringido a un per&iacute;metro etario,    sobre todo en cuanto al punto de inicio, demuestra la inconsistencia de otorgarle    a este atributo un car&aacute;cter axiom&aacute;tico en la conceptualizaci&oacute;n    de vejez. Asimismo, los distintos modelos en los cuales se coloca una edad determinada    como inicio de la vejez est&aacute;n fuertemente determinados por los objetivos    y el &aacute;rea dentro del campo del conocimiento cient&iacute;fico del cual    se trate (econ&oacute;mico, psicol&oacute;gico, biol&oacute;gico, sociol&oacute;gico,    etc.).    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Una caracter&iacute;stica    esencial de la interpretaci&oacute;n de la estructura social a partir de su    segmentaci&oacute;n por edades, es que los miembros de los grupos que de tal    segmentaci&oacute;n se generan, no eligen su pertenencia al mismo. No somos    adolescentes, j&oacute;venes o adultos porque as&iacute; lo queremos o elegimos,    sino que inevitablemente pasamos de un estado a otro como un proceso de superaci&oacute;n    del estado anterior, en una l&iacute;nea continua y ascendente a trav&eacute;s    del tiempo, en la que la sociedad y sus instituciones marcan la l&iacute;nea    del paso de una a otra. Pero si la definici&oacute;n y los l&iacute;mites de    las distintas cohortes etarias, son profundamente borrosas, a&uacute;n lo son    m&aacute;s los contenidos simb&oacute;licos y pautas de comportamiento asignados    a cada una de ellas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Teor&iacute;as    sobre el envejecimiento </b>    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En torno a la vejez    se han desarrollado una serie de teor&iacute;as m&aacute;s o menos diferenciadas    que buscan definir un conjunto de indicadores en torno a los cuales poder describir    el car&aacute;cter espec&iacute;fico de aquello que nominamos como vejez:    <br>   </font></p> <ul>       <li><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Teor&iacute;a      de la desvinculaci&oacute;n: Uno de los desarrollos m&aacute;s populares y      pol&eacute;micos es la teor&iacute;a conocida como &quot;disengagement&quot;      propuesta por Cumming y Henry, en la que envejecer se define como un &quot;inevitable      desentendimiento mutuo, por cuya causa disminuye la interacci&oacute;n entre      quien envejece y el resto de integrantes del sistema social al que pertenezca&quot;<a name="44"></a><a href="#4">4</a>.      Seg&uacute;n estos autores, a partir del rebasamiento de determinada edad      las personas van disminuyendo paulatinamente la participaci&oacute;n en aquellas      actividades sociales con mayor nivel de intensidad, reduciendo con ello la      frecuencia y continuidad de las interacciones sociales en relaci&oacute;n      con los que podr&iacute;an tener cuando eran j&oacute;venes. La consecuencia      inmediata es una &quot;desvinculaci&oacute;n&quot; con el mundo m&aacute;s      mediato y un gradual retorno a s&iacute; mismo, hacia un mundo cada vez m&aacute;s      reducido a la inmediatez de su vida interior. La conexi&oacute;n hacia el      espacio p&uacute;blico - vinculado a lo productivo con grados m&aacute;s o      menos elevados de competitividad - va cediendo terreno a actividades m&aacute;s      relacionadas con el espacio privado, con un car&aacute;cter social m&aacute;s      reproductivo y hacia roles m&aacute;s centrados en lo familiar y en las relaciones      extrafamiliares m&aacute;s cercanas, como el entorno vecinal o comunitario.      Este proceso es bidireccional, en tanto la desvinculaci&oacute;n no s&oacute;lo      se produce desde el sujeto hacia el resto de la sociedad, sino que &eacute;sta      misma se desvincula de quien &quot;envejece&quot;. Tiene asimismo dicho proceso,      un marcado car&aacute;cter adaptativo, y por tanto positivo tanto para la      autodefinici&oacute;n del sujeto - imagen m&aacute;s positiva de s&iacute;      - como para el conjunto de la sociedad. De ello se deriva que la &quot;desvinculaci&oacute;n&quot;      es una condici&oacute;n necesaria para el equilibrio psicol&oacute;gico de      la persona lo cual hace de esta teor&iacute;a no s&oacute;lo una muestra emp&iacute;rico-descriptiva      de lo que sucede - lo que es - sino, adem&aacute;s, un axioma normativo del      deber ser, como condicionante de un fin beneficioso y positivo tanto para      el sujeto individual como para el sistema social en su conjunto. Dicho en      otros t&eacute;rminos, el presupuesto epistemol&oacute;gico sobre el que se      basa la teor&iacute;a de la desvinculaci&oacute;n, es manifiestamente funcionalista      y normativista, desde la cual se da como v&aacute;lidos - y positivos para      el equilibrio social - las conductas m&aacute;s repetitivas, y dan como &quot;inv&aacute;lidas&quot;      aquellas cuya singularidad suponen una anomia social. Ello trae consigo la      tesis de ver una supuesta transgresi&oacute;n de las conductas &quot;normalizadas&quot;      o &quot;normales&quot; por una minor&iacute;a, denotando &eacute;stas no s&oacute;lo      una incapacidad de adaptaci&oacute;n social - con su correspondiente carga      de &quot;infelicidad&quot; para el sujeto mismo - sino un peligro para la      armon&iacute;a de todo el sistema. El ajuste o desajuste a estos par&aacute;metros      enmarca al individuo en una relaci&oacute;n salud/enfermedad y/o adaptaci&oacute;n/inadaptaci&oacute;n      donde el desv&iacute;o de la media es una muestra de anormalidad susceptible      de ser corregido por el bien mismo del sujeto y de la sociedad. Si bien es      cierto que los padres de la teor&iacute;a de la desvinculaci&oacute;n pueden      haber encontrado emp&iacute;ricamente una condici&oacute;n de norma social      en la desvinculaci&oacute;n del mayor al resto del sistema social, olvidan      que tal norma est&aacute; hist&oacute;rica y culturalmente determinada y por      tanto no hay ninguna raz&oacute;n &quot;natural&quot; que la haga generalizable,      eterna e inmutable, ni mucho menos positiva para el bienestar del mayor y      su entorno. </font></li>       <li><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Teor&iacute;a      de los roles: Bajo esta denominaci&oacute;n se engloban dos formas te&oacute;ricas      radicalmente opuestas, pero convergentes a la hora de interpretar el envejecimiento      como una evoluci&oacute;n progresiva hacia la &quot;p&eacute;rdida de roles&quot;      (Rodr&iacute;guez, 1979, p. 88). El primer enfoque coincide con la base epistemol&oacute;gica      del funcionalismo y afirma que tal p&eacute;rdida de roles se produce por      la inexistencia de un referente normativo capaz de reubicar al individuo en      su nueva condici&oacute;n dentro del sistema social. Este punto de vista,      tambi&eacute;n conocido como de la discontinuidad une los cambios producidos      por el avance de la edad con la funci&oacute;n que la sociedad le va otorgando      al individuo. Cada momento en la historia del sujeto va asociado a una evoluci&oacute;n      hacia estados funcionales distintos y siempre en correlaci&oacute;n con la      edad y condicionado por un imperativo asociado al sostenimiento del equilibrio      y a sortear la anomia. Ese desarrollo es continuo y progresivo, hasta que,      llegado a determinada edad, se rompe. La vejez se define no s&oacute;lo en      torno a nociones de p&eacute;rdida de roles - el paso de una etapa a otra      definida desde las edades tambi&eacute;n supone una condici&oacute;n de p&eacute;rdida      - sino de inexistencia de normas sustitutas - vac&iacute;o normativo - y sistema      de valores que funjan como gu&iacute;a de autoafirmaci&oacute;n y modelos      identitarios. El segundo enfoque, provine del prisma interaccionista desde      el cual se concede al sujeto la cualidad de construcci&oacute;n simb&oacute;lica      de su entorno a partir de los procesos interactivos comunicacionales entre      s&iacute;. La vejez es interpretada en t&eacute;rminos de p&eacute;rdida de      elementos frente a los cuales el individuo puede actuar, y su propia anulaci&oacute;n      como instrumento de interacci&oacute;n para otras personas. El sujeto que      envejece, lo hace en la misma medida en que observa una p&eacute;rdida de      &quot;audiencia&quot; y una situaci&oacute;n de invisibilidad de sus &quot;gestos&quot;      y acciones en favor de la del dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico del desarrollo      social. Su &quot;papel&quot; activo en los procesos de interacci&oacute;n      social dan paso a un modelo pasivo construido adem&aacute;s desde los &quot;otros&quot;      como relent&iacute; del progreso social y necesitado de sustituci&oacute;n.      En ambos casos, para el logro de un sentido de bienestar personal ha de ofrecerse      al individuo roles nuevos capaces de atenuar la ruptura producida por la p&eacute;rdida      de su condici&oacute;n anterior. El favorecer la actividad, hacer que se sientan      activos, &uacute;tiles, resultar&iacute;a una herramienta consecuente con      la intencionalidad de lograr mitigar la impresi&oacute;n de p&eacute;rdida      de roles.</font></li>       <li><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Teor&iacute;a      de la continuidad: La propuesta de este postulado basa su modelo en el supuesto      de la unidad del sujeto a lo largo de su biograf&iacute;a en la cual el paso      de una etapa a otra no supone rupturas, sino continuidades de los ejes vertebradores      de la identidad del individuo. En el transcurso del tiempo, el individuo va      construyendo, a partir de su experiencia individual y colectiva, as&iacute;      como desde su interacci&oacute;n con el entorno natural y social, una imagen      de s&iacute; mismo que podr&aacute; ir molde&aacute;ndose en la misma medida      en que vayan apareciendo necesidades de adaptaci&oacute;n a las propias modificaciones      del entorno, pero que, en cualquier caso, busca un sentido de continuidad      o coherencia interna. Es por ello que al llegar a la vejez, los posibles cambios      percibidos constituyen una acentuaci&oacute;n o atenuaci&oacute;n de los valores      mantenidos a lo largo de su vida y en ning&uacute;n caso una transformaci&oacute;n      radical de los rasgos y caracter&iacute;sticas centrales de su personalidad.      El individuo ser&aacute; lo que siempre ha sido y su &quot;estilo de vida&quot;      al llegar a la vejez ser&aacute; una continuidad de la forma de integrar las      pr&aacute;cticas cotidianas y patrones adaptativos a las nuevas circunstancias      personales y contextuales. De todo ello se deriva que no todas las personas      van a entender de la misma manera el concepto de &quot;buena vejez&quot; o      condici&oacute;n excelsa al llegar a esta etapa de la vida por lo que no es      procedente suponer la existencia de una norma &uacute;nica e ideal de comportamiento      &oacute;ptimo como garant&iacute;a de &eacute;xito y felicidad. A diferencia      de las teor&iacute;as anteriores, no se da por hecho la necesidad de incrementar      la actividad del sujeto o favorecer su &quot;re-vinculaci&oacute;n&quot; como      arma axiom&aacute;tica para aumentar su percepci&oacute;n de bienestar. Contrario      a ello, afirma que favorecer uno u otro extremo depender&aacute; de la historia      individual de cada uno, y es el individuo mismo quien a trav&eacute;s de la      narraci&oacute;n de su biograf&iacute;a, dar&aacute; las pistas para comprender      lo m&aacute;s conveniente en su caso o las preferencias de realizaci&oacute;n      o no de determinadas pr&aacute;cticas. Lo pregunta no ha de ser si es necesario      favorecer una situaci&oacute;n de &quot;m&aacute;s o menos actividad&quot;      sino cu&aacute;l es la preferente para un individuo en concreto. De hecho,      en ciertas investigaciones desarrolladas en Espa&ntilde;a sobre ocio y tiempo      libre en mayores (Fern&aacute;ndez, s/f) se ha demostrado la existencia de      una continuidad en las formas y estilos de vida e incluso una intensificaci&oacute;n      de las actividades de ocio que ven&iacute;an realiz&aacute;ndose antes, por      ejemplo, de la jubilaci&oacute;n. Lo que cambia son las condiciones en que      dicha actividad se realiza. </font></li>       <li><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Teor&iacute;a      de la subcultura: Este modelo sit&uacute;a a los mayores como un grupo social      espec&iacute;fico bas&aacute;ndose en la tesis que estructura la sociedad      a partir de la divisi&oacute;n por estratos o grupos etarios y considerando      que el hecho de pertenecer a uno u otro grupo condiciona las caracter&iacute;sticas      y comportamientos de sus miembros. El t&eacute;rmino subcultura es utilizado      para definir patrones de comportamiento, sistema de valores, c&oacute;digos      o sistemas de s&iacute;mbolos, imagen del mundo, etc&eacute;tera, compartidos      por un grupo y que lo diferencian de los modelos sociales hegem&oacute;nicos.      Si combinamos estructura por edades y subcultura se pude sostener la idea      de que si varias personas con edades similares interact&uacute;an m&aacute;s      entre s&iacute; que con otras de edades diferentes, &eacute;stas pueden ser      susceptibles de convertirse en una subcultura distinguible y condicionada      por el hecho mismo de pertenecer a una categor&iacute;a etaria. En efecto,      seg&uacute;n estas teor&iacute;as, las personas mayores tienden a interactuar      m&aacute;s entre s&iacute; en detrimento de otros grupos, fundamentalmente      por el hecho de haber tomado parte de situaciones hist&oacute;ricas y sociales      afines y por compartir, en el presente, estados similares de exclusi&oacute;n/inclusi&oacute;n      social y referentes comunes de construcci&oacute;n de la identidad. Coincidir      en espacios f&iacute;sicos y socio-institucionales - clubes, residencias,      centros de salud etc. - los convierte en referentes mutuos de validaci&oacute;n      de sus condiciones actuales de existencia, reafirmaci&oacute;n de sus formas      y estilo de vida cotidiana y su imagen del &quot;otro social&quot; constituido      por las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes coexistentes en su entorno<a name="55"></a><a href="#5">5</a>.    <br>     </font></li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Los paralogismos    de la vejez </b>    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Siguiendo nuestro    esquema de an&aacute;lisis, podemos distinguir entre vejez como estado (momento    de la vida humana en la que confluyen una serie de fen&oacute;menos de tipo    bio-anat&oacute;mico, psicol&oacute;gicos y sociales)<a name="66"></a><a href="#6">6</a>,    y la vejez como proceso que distingue un recorrido vital. Tal como ocurre con    la salud, en torno a la vejez existe un tejido institucional sobre el cual se    canalizan todos los discursos y pr&aacute;cticas que, ya sea directa o indirectamente,    conectan a los mayores con el sistema social.    <br>   </font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/reds/v4n1/f0209116.jpg" width="500" height="341"></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Establecer una    edad para la vejez constituye ya en s&iacute; mismo una construcci&oacute;n    social, un elemento simb&oacute;lico de su representaci&oacute;n. Como tal se    identifica con caracter&iacute;sticas definidas por nociones biom&eacute;dicas    y/o psicol&oacute;gicas. Este est&aacute; asociado al deterioro f&iacute;sico,    como condensaci&oacute;n representacional de un cambio en la est&eacute;tica    corporal m&aacute;s visible (aparici&oacute;n de signos que indican el arribo    a dicho estado cuyo caso m&aacute;s significativo son las arrugas en la piel<a name="77"></a><a href="#7">7</a>);    a la aparici&oacute;n de enfermedades t&iacute;picas cuyos efectos son atenuados,    aunque se asocian a cierta irreversibilidad; a la disminuci&oacute;n de la capacidad    de realizar ciertas actividades f&iacute;sicas y la necesidad de valerse de    medios externos para su consecuci&oacute;n; y a la p&eacute;rdida de habilidades    mentales, memoria, reflejos etc. El acto de envejecer siempre est&aacute; asociado    al paso del tiempo. En la noci&oacute;n del cuerpo-m&aacute;quina o biomec&aacute;nico    del modelo cartesiano el paso del tiempo se condensa en las nociones de &quot;uso&quot;    tras el cual se produce un desgaste que paulatinamente va mermando la capacidad    o el &quot;valor de uso&quot; del cuerpo.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Desde el punto    de vista biol&oacute;gico destacan la visibilidad de un deterioro corporal,    el detrimento de las funciones sensoriales reflejo de cambios en el sistema    org&aacute;nico en general y del sistema nervioso central en particular - disminuci&oacute;n    de la agudeza visual y auditiva- as&iacute; como alteraciones bioqu&iacute;micas    y funcionales de los sistemas respiratorio, cardiovascular, digestivo, endocrino,    muscoesquel&eacute;tico, conjuntivo e inmunol&oacute;gico, entre otros.    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Desde lo social    - institucional, el punto m&aacute;s claro de inflexi&oacute;n es el paso a    la jubilaci&oacute;n que en algunos casos va acompa&ntilde;ado de una disminuci&oacute;n    de ingresos econ&oacute;micos. Pero el impacto m&aacute;s significativo de este    cambio es la transformaci&oacute;n radical de los roles e identidad social que    pasan de un valor positivo, reconocido socialmente en el &aacute;mbito p&uacute;blico,    a un valor subordinado de dichos nuevos roles enmarcado en el trabajo reproductivo    del espacio privado. Paulatinamente comienza una rotura de la red social y grupal,    como consecuencia de la salida del espacio laboral - red socio-laboral - y de    la p&eacute;rdida de seres queridos - fallecimiento de familiares y amigos -<a name="88"></a><a href="#8">8</a>.    Otros indicadores asociados al paso a la vejez son los que ocurren al interior    de la estructura familiar con, en unos casos, el abandono del hogar por parte    de los hijos - s&iacute;ndrome del nido vac&iacute;o -, y en otros, con la incorporaci&oacute;n    de nuevos miembros al mismo<a name="99"></a><a href="#9">9</a>.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La fusi&oacute;n    de todas estas circunstancias supone el encapsulamiento del sujeto en estado    de soledad y aislamiento favorecido por un sistema que deja al margen y excluye    al mayor de su din&aacute;mica positiva. No obstante, la vejez en s&iacute;    misma no es la que lleva aparejada dichas formas de exclusi&oacute;n, sino que    es la proyecci&oacute;n hacia lo social de una supuesta incapacidad para el    desempe&ntilde;o de las tareas que la sociedad exige. De hecho, en otras investigaciones<a name="1010"></a><a href="#10">10</a>    hemos indicado que la construcci&oacute;n social de la salud se basa en un modelo    anclado en su negaci&oacute;n, en el miedo a la exclusi&oacute;n social provocada    por la incapacidad de realizaci&oacute;n de aquellas pr&aacute;cticas con valor    positivo y de &eacute;xito dentro del marco de las relaciones sociales. Cualquier    individuo ya sea con un deterioro de su aspecto f&iacute;sico - fuera por causas    end&oacute;genas o ex&oacute;genas - o con una disminuci&oacute;n de capacidades    motrices o sensoriales, independientemente de su edad, entra dentro de dicho    marco de exclusi&oacute;n, y es construido desde lo social &quot;como un viejo&quot;.        <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Por otro lado,    el aislamiento o el estado &quot;marginal&quot; dentro del sistema social no    se manifiesta s&oacute;lo a nivel f&iacute;sico y/o social, sino - y ello probablemente    sea lo m&aacute;s com&uacute;n - a nivel simb&oacute;lico. En efecto, la situaci&oacute;n    de deterioro del mayor, sobre todo en el momento en el que comienza el proceso    de cambio de sus condiciones bio-sociales, no es debido tanto a la limitaci&oacute;n    de sus capacidades f&iacute;sicas, mentales o a la ausencia de una actividad    espec&iacute;fica, sino a una situaci&oacute;n de paso a un estado de subordinaci&oacute;n    social.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Un de las fuentes    m&aacute;s importante desde donde se obtiene informaci&oacute;n que se esculpe    en nuestra representaci&oacute;n de la vejez lo encontramos en los medios masivos    de comunicaci&oacute;n, fundamentalmente el que procede de la televisi&oacute;n.    En varias investigaciones (Brandol&iacute;n, 2006) se destacan dos caracter&iacute;stica    fundamentales de dicha imagen: la primera es la mayor importancia de lo que    se excluye que de lo que se incluye; la segunda la ausencia de voz propia, la    existencia siempre de un vocero desde el cual se dice lo que se supone que forma    parte de su forma de ver la vida, sus expectativas y necesidades.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En estudios realizados    en Estados Unidos y en Am&eacute;rica Latina, se destaca la sub-representaci&oacute;n    de la poblaci&oacute;n mayor en la televisi&oacute;n si consideramos su proporci&oacute;n    en la estructura demogr&aacute;fica real<a name="1111"></a><a href="#n11">11</a>    y la sobre-representaci&oacute;n de los adultos entre 25 y 45 a&ntilde;os (Brandol&iacute;n,    2006, p. 9). El valor de este dato, no va m&aacute;s all&aacute; de una descripci&oacute;n    de un modelo est&eacute;tico televisivo que se vale y necesita de estereotipos    para hacer vendibles sus producciones. Ello se corrobora adem&aacute;s, y siguiendo    las investigaciones citadas, a observar una tendencia a ocultar aquellos aspectos    visibles de indicadores del estado de vejez de los que tienen la posibilidad    de aparecer en los espacios televisivos (personajes de destacado renombre como    actores, pol&iacute;ticos, empresarios etc.) a trav&eacute;s de la cosm&eacute;tica    o la cirug&iacute;a, reforzada con una imagen juvenil de &eacute;xito, actividad    y consumo como asegurador de un modelo de calidad de vida. De esta forma la    exclusi&oacute;n no es de las personas mayores sino de un tipo o modelo, aquel    de la gente corriente cuya aparici&oacute;n en los medios se reduce a enfocarlos    como un problema social, v&iacute;ctimas, curiosidad o rareza, y con toques    de comicidad o burla (Brandol&iacute;n, 2006).    <br>   Lo destacable en esos estudios es la diferencia tan significativa de la imagen    ofrecida del mayor seg&uacute;n su sexo. En efecto, los valores positivos suelen    estar encarnado fundamentalmente en los representantes del sexo masculino (seguridad,    poseedores del saber, activos y econ&oacute;micamente independientes); en contraste    con la mujer, que suele aparecer como d&eacute;bil, insegura, dependiente, emocionalmente    inestables, posesivas, estrictas con las reglas morales, obsesivas con el orden    familiar y de cohabitaci&oacute;n, etc.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Se ha destacado    el valor sagrado con que son tratados los ancianos en sociedades m&aacute;s    tradicionales o &quot;poco complejas&quot;, por ser poseedores de la sabidur&iacute;a    y por ser &eacute;sta la condici&oacute;n primaria de la autoridad. En contra,    y a partir de los procesos de industrializaci&oacute;n el valor de la experiencia<a name="1212"></a><a href="#12">12</a>    deja paso al de la productividad y todo aquello que no es &uacute;til dentro    de ese marco, es marginado y excluido. Esta imagen que otorga al pasado tradicional    un valor positivo en cuanto a su relaci&oacute;n de armon&iacute;a con las personas    mayores y un presente que desbasta cualquier euritmia entre las generaciones    m&aacute;s actuales y las mayores, se reproduce a niveles de pensamiento cotidiano    aunque no es del todo exacto.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La imagen de prestigio    de los ancianos en las sociedades preindustriales viene reforzada tambi&eacute;n    por la profusi&oacute;n de muchas obras<a name="1313"></a><a href="#13">13</a>    que indicaban la existencia de un trato muy favorable a su condici&oacute;n.    Ello ha contribuido a reforzar la idea del trato respetado con el que eran tratados    y la acumulaci&oacute;n de habilidades, sabidur&iacute;a y experiencia como    fuentes de prestigio, poder y legitimidad. En cualquier caso, tanto el prestigio    como el respeto han estado siempre condicionados a la realizaci&oacute;n de    actividades valoradas como necesarias o &uacute;tiles para el mantenimiento    y sobrevivencia de la comunidad.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Hay ejemplos que    demuestran que la imagen del trato m&aacute;s adecuado y de respeto hacia &quot;los    viejos&quot; en sociedades primitivas o preindustriales es una visi&oacute;n    rom&aacute;ntica de ese pasado. La situaci&oacute;n de la persona mayor siempre    ha estado balance&aacute;ndose entre un ep&iacute;tome que dignificaba el valor    de la sabidur&iacute;a y la experiencia de la cual era portador el anciano y    una noci&oacute;n en la que el valor productivo estaba por encima de cualquier    otro cuyo destino final no fuera el progreso econ&oacute;mico y la maximizaci&oacute;n    de la ganancia dentro del sistema productivo, dentro del cual la personas con    baja capacidad de producci&oacute;n, entre los cuales se incluyen los mayores,    son excluidos, ocultados y/o eliminados y se les caracteriza como carga social.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La teor&iacute;a    de la modernizaci&oacute;n derivada de la obra de Cowgill y Holmes (1972) relaciona    modernidad con proceso de p&eacute;rdida de prestigio de los mayores en relaci&oacute;n    a lo que poseer&iacute;an en sociedades premodernas. El grado o nivel de industrializaci&oacute;n    o modernizaci&oacute;n ser&iacute;a inversa-mente proporcional a la autoridad,    influencia y reputaci&oacute;n que pudieran tener las personas mayores. La condici&oacute;n    de &quot;guardianes de la tradici&oacute;n&quot; deja de tener un valor de alto    rango frente a otros de car&aacute;cter emergente como las capacidades de r&aacute;pida    adaptaci&oacute;n a nuevas tecnolog&iacute;a, que hace precisamente de lo tradicional    una herramienta de escasa utilidad y es vista como reminiscencia de un pasado    que pone freno al avance tecnol&oacute;gico. Como resultado los mayores son    relegados y marginados del espacio productivo y tambi&eacute;n del familiar    como consecuencia de otra de las caracter&iacute;sticas de los procesos de modernizaci&oacute;n:    la concentraci&oacute;n urbana y el paso de la forma tradicionales de familia    extendida a la nuclear.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Sin embargo, como    vimos en el pasaje de la novela El pa&iacute;s de las sombras largas, la noci&oacute;n    de utilidad como elemento segregador, no es exclusiva de las sociedades industriales.    El respeto y admiraci&oacute;n por las personas mayores tampoco es patrimonio    exclusivo de las sociedades m&aacute;s alejadas en el tiempo y de estructura    m&aacute;s comunal. Diariamente se nos ofrecen ejemplos de reconocimiento por    parte de las instituciones a personas cuya edad les ha permitido aportar y aportan    toda capacidad f&iacute;sica o intelectual y que agrandan en la actualidad con    el valor de la experiencia. La noci&oacute;n de vejez no puede reducirse a la    divisi&oacute;n entre sociedades tradicionales e industriales, a modelos positivos    y benevolentes de un pasado y a modelos de agresividad, competencia y exclusi&oacute;n    del presente. En definitiva el advenimiento de la modernidad no s&oacute;lo    ha sido desfavorecedor para el estatus otorgado a los mayores sino tambi&eacute;n    para el atribuido a los j&oacute;venes. Lo que es escaso en uno lo es en exceso    en el otro: o se es demasiado joven, o se es demasiado viejo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Este es un ejemplo    claro de c&oacute;mo la cuesti&oacute;n de la edad se superpone al discurso    y a la idea misma que se quiere trasmitir. No importa lo que se dice sino quien    lo dice, o para ser m&aacute;s exactos la edad de quien lo dice. La capacidad    para realizar una actividad se reduce a una cuesti&oacute;n de tiempo vivido.    El mayor debe retirarse, debe irse para dar paso a la menor o m&aacute;s joven,    y su funci&oacute;n m&aacute;s positiva o de utilidad es la de aportar la experiencia    acumulada, pero siempre desde atr&aacute;s, desde un lugar oculto. Y es &eacute;ste    el problema de la representaci&oacute;n del mayor, su valoraci&oacute;n positiva    en cuanto a un ser dotado de saberes, pero que debe entregarlo a la sociedad    siempre a trav&eacute;s de un tercero, m&aacute;s joven - pero nunca muy joven    - y legitimado para desarrollar las actividades que el sistema productivo demanda,    y quedarse oculto, invisible, sin molestar o poner trabas al continuo desarrollo    ascendente que - y esto forma tambi&eacute;n parte de la representaci&oacute;n    - necesita la sociedad para su subsistencia.     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>La sociedad    envejecida </b>    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Cuando la sociedad    industrializada habla de s&iacute;, suele incluir en su discurso como valor    identitario y fetiche de su condici&oacute;n, el hecho de estar estructural    y demogr&aacute;ficamente envejecida. Pero, es nuestra sociedad una sociedad    demogr&aacute;ficamente envejecida<a name="1414"></a><a href="#14">14</a> o    ser&iacute;a m&aacute;s pertinente definirlo como &quot;envejecimiento social&quot;.    &iquest;Cu&aacute;l ha sido el proceso seguido hasta llegar a una situaci&oacute;n    de &quot;envejecimiento social&quot;?     <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Los modelos estrat&eacute;gicos    desarrollados a nivel social en el &uacute;ltimo siglo entorno a la salud condicionan    tambi&eacute;n el impacto que &eacute;stos han tenido en el aumento de la esperanza    de vida y en el crecimiento absoluto de la poblaci&oacute;n de edades superiores    a las establecidas como inicio de la condici&oacute;n de mayor. Estas estrategias    que, como ya vimos, forman parte y son resultado tambi&eacute;n de los discursos    institucionales de promoci&oacute;n de la salud, sirven igualmente de argumento    a &eacute;stas para, por una parte, explicar la modificaci&oacute;n de la estructura    etaria de las poblaciones, y por otra, validar y legitimar el propio modelo    estrat&eacute;gico institucional.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">No es objetivo    de este art&iacute;culo analizar en profundidad la tan asumida idea del &quot;abismo&quot;    al cual nos vemos abocados por el envejecimiento de la poblaci&oacute;n. Pero    es importante tenerlo en cuenta toda vez que esta idea es cada vez m&aacute;s    repetida por los medios de comunicaci&oacute;n y por las fuerzas pol&iacute;ticas,    por lo que constituye un elemento que cada vez se est&aacute; enraizando m&aacute;s    en los modelos representacionales sobre la vejez y que ya se asumen como verdad    objetiva e irrefutable.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El discurso institucional    se modela alrededor del miedo a la insostenibilidad, arguyendo la incapacidad    del sistema para asumir con una poblaci&oacute;n activa cada vez m&aacute;s    disminuida, el mantenimiento de la otra parte considerada improductiva e in&uacute;til,    generadora de grandes gastos y consumidora monstruosa de los limitados recursos15.    Paralelamente las estrategias de adaptaci&oacute;n a esta nueva estructura dominada    por el envejecimiento aparece otro discurso que tambi&eacute;n supone un envejecimiento,    una caducidad del sistema social mismo, de las instituciones que los componen    y de las estrategias de mantenimiento del equilibrio social y su sostenimiento.        <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Sin embargo, algunos    autores no est&aacute;n de acuerdo con esta manera de abordar el problema y    ven como invenci&oacute;n que no define la realidad de la situaci&oacute;n actual,    el concepto de envejecimiento demogr&aacute;fico. Seg&uacute;n Julio P&eacute;rez    (2010) las poblaciones no envejecen, porque no tienen edad y las teor&iacute;as    que anunciaban ya desde principios del siglo XX, una decadencia de la civilizaci&oacute;n    debido a este fen&oacute;meno, se han quedado en meras especulaciones.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El cambio de la    pir&aacute;mide poblacional es reflejo de la transformaci&oacute;n que tambi&eacute;n    se produce en t&eacute;rminos estructurales y de la que dicho autor (2010) destaca    al menos tres consecuencias: la feminizaci&oacute;n, el sobreenvejecimiento    y el aumento de la dependencia. La feminizaci&oacute;n es provocada por la diferencia    de las esperanza de vida existente entre ambos sexos. El sobreenvejecimiento    es producto de la cada vez mayor prevalencia de personas de edad muy avanzada    producto de la generalizaci&oacute;n de la sobrevivencia de la poblaci&oacute;n    hasta edades habitualmente consideradas como de inicio de la vejez. La dependencia    se asocia al aumento de los problemas relacionados con la salud que aumentan    en la misma medida en que lo hace la edad.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Esta modificaci&oacute;n    de la pir&aacute;mide poblacional, augura situaciones a las cuales deber&aacute;    enfrentarse la sociedad en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. En su mayor&iacute;a    estar&aacute;n vinculados a la atenci&oacute;n sanitaria, aunque tambi&eacute;n    tendr&aacute; consecuencia en la estructura del mercado laboral, la competitividad    y el sostenimiento del estado del bienestar sobre todo en cuanto al sistema    de pensiones.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Sin embargo algunos    estudiosos del tema consideran una falacia la argumentaci&oacute;n sobre la    sobrecarga del sistema sanitario producto del envejecimiento poblacional. La    relaci&oacute;n entre ambos se parece m&aacute;s a un proceso de retroalimentaci&oacute;n    constante que a una relaci&oacute;n lineal de causa y efecto: el envejecimiento,    en tanto que manifestaci&oacute;n de un aumento de la poblaci&oacute;n mayor    como consecuencia del aumento de la esperanza de vida, es resultado de, entre    otros factores, los avances en la tecnolog&iacute;a sanitaria y la medicina    general. Sin embargo estos avances est&aacute;n asimismo dinamizados por la    existencia de una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s demandante de dicho sistema.    El &quot;colapso&quot; del sistema est&aacute; m&aacute;s vinculado a una gesti&oacute;n    inadecuada de los recursos que un supuesto abuso por parte de la poblaci&oacute;n,    fundamentalmente mayor, del sistema.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b><font size="3">Conclusiones</font></b>    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El imaginario social    estructura las nociones de vejez alrededor de axiomas de &quot;nulidad&quot;    por una parte, y &quot;carga social&quot; por la otra. Los mayores, son vistos    como sujetos en los que la capacidad de aprendizaje, las habilidades sociales,    la sexualidad es nula, y esta nulidad es reflejada adem&aacute;s en la &quot;no-necesidad&quot;    y &quot;no-utilidad&quot; - no es &uacute;til ni necesario que aprendan nuevos    conocimiento o habilidades, que se invierta en su educaci&oacute;n o que desarrollen    su sexualidad. En frases como &quot;las personas mayores necesitan saberse necesitadas...&quot;,    se denota una noci&oacute;n de la vejez o de las personas mayores como un estado    indistinto y desligado totalmente del resto de la sociedad, como &quot;fen&oacute;menos&quot;    existentes de por s&iacute;, sin una historia o biograf&iacute;a personal. Si    repasamos &eacute;sta y otras frases com&uacute;nmente asociadas con la vejez    nos damos cuenta de la evidencia de que tales afirmaciones son axiomas no s&oacute;lo    v&aacute;lidas para ese ente que llamamos viejo, sino para la persona como tal,    independientemente del momento biogr&aacute;fico en el cual se encuentre. Lo    diferente no est&aacute; en las necesidades del sujeto mismo, sino en la percepci&oacute;n    que el conjunto de la sociedad tiene de esas necesidades, algunas veces ocult&aacute;ndolas,    otras sobredimension&aacute;ndolas y otras convirti&eacute;ndolas en disfraces    de un discurso apolog&eacute;tico de necesidades creadas por el inter&eacute;s    del mercado - consumo - y que se injertan en las mentalidades como formas vitales    de existencia.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El problema al    que se enfrentan los mayores - y no s&oacute;lo &eacute;stos - es que la sociedad    le otorga aquello que cree necesitan; y aunque se establezcan observatorios    para la recogida y el an&aacute;lisis de informaci&oacute;n relacionada con    los mayores, el tiempo trascurrido entre la apropiaci&oacute;n de la informaci&oacute;n    y la acci&oacute;n correspondiente es inevitablemente demasiado largo, de tal    manera que cuando &eacute;stas entran en acci&oacute;n, la generaci&oacute;n    a la que le toca &quot;sufrir&quot; ya es otra, y con otras necesidades. Los    resultados hablan de un aqu&iacute; y ahora, de una generaci&oacute;n que vive    este tiempo, interpretaciones sociol&oacute;gicas, que extrapolan y dan como    est&aacute;tico determinadas formas y contenidos que encuentran en el comportamiento    de un grupo social y lo convierten en un regularidad te&oacute;rica, sin considerar    que &eacute;sta casi con toda probabilidad se desmorone frente a la caprichosa    realidad.    <br>   </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b><font size="3">REFERENCIAS    BIBLIOGR&Aacute;FICAS:</font></b>    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Brandol&iacute;n,    A. (2006). Estereotipos sobre la vejez en noticieros televisivos. UNIrevista,    1 (3), 1-17.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Carbajo, M. (2008).    La historia de la vejez. Ensayos. Revista de la Facultad de educaci&oacute;n    de Albacete, 23, 237-254.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Conde, F. &amp;    Marinas, M. (1997). Las representaciones sociales sobre la salud de los mayores    madrile&ntilde;os. Documentos T&eacute;cnicos de Salud P&uacute;blica, No. 50.    Madrid: Instituto de Salud P&uacute;blica.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Cowgill &amp; Holmes    (1972). Aging and Modernization. New York: Appleton-Century-Crofts.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Delgado, M. (2003).    La construcci&oacute;n social de la vejez. Jano Extra, LXIV (1.474), 12-17.    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Feixa, C. (1996).    Antropolog&iacute;a de las edades. En J. Prat &amp; A. Mart&iacute;nez (eds),    Ensayos de Antropolog&iacute;a Cultural. Homenaje a Claudio Esteva-Fabregat,    p. 319-335. Barcelona: Editorial Ariel.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Fern&aacute;ndez    L. (s/f). Tiempo libre y nuevas responsabilidades en los adultos mayores. Recuperado    de <a href="http://www.redadultosmayores.com.ar/buscador/files/CALID008.pdf" target="_blank">http://www.redadultosmayores.com.ar/buscador/files/CALID008.pdf</a>    , Citado 17/01/2015    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Hidalgo, J. (2001).    El envejecimiento. Aspectos sociales. San Jos&eacute;: Editorial de la Universidad    de Costa Rica.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Kehl, S. &amp;    Fern&aacute;ndez, J. (2001). La construcci&oacute;n social de la vejez. Cuadernos    de Trabajo Social, 14, 125-161.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Lehr, U. (2002).    Procesos de envejecimiento - La necesidad de investigaci&oacute;n longitudinal,    interdisciplinaria y transcultural. Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a,    34 (1-2), 29-40.    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Monchietti, A.    &amp; S&aacute;nchez, M. (2008). Acerca de la g&eacute;nesis de la representaci&oacute;n    social de la vejez. Revista Argentina de Sociolog&iacute;a, 6 (10), 143-150.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Mo&ntilde;ivas,    A. (1998). Representaciones de la vejez (modelos de disminuci&oacute;n y de    crecimiento). Anales de psicolog&iacute;a, 14 (1),13-25.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Nieto, E., Cerez,    M. &amp; Cifuentes, O. (2006). Representaciones de la vejez en relaci&oacute;n    con el proceso salud-enfermedad de un grupo de ancianos. Hacia la Promoci&oacute;n    de la Salud, 11, 107 - 118.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">P&eacute;rez, J.    (2010). El envejecimiento de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Investigaci&oacute;n    y Ciencia, noviembre, 35-42.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Robledo, L. (2014).    La salud como representaci&oacute;n: apostas&iacute;a del cuerpo o sofisma de    s&iacute; mismo. Tesis Doctoral, Universidad Polit&eacute;cnica de Valencia,    Espa&ntilde;a. Recuperado de <a href="https://riunet.upv.es/handle/10251/36300" target="_blank">https://riunet.upv.es/handle/10251/36300</a>,    Citado 17/01/2015     <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Rodr&iacute;guez,    J. (1979). Perspectiva sociol&oacute;gica de la vejez. Reis: Revista espa&ntilde;ola    de investigaciones sociol&oacute;gicas, 7, 77-97.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">S&aacute;ez, N.,    Aleixandre, M., De Vicente, P., Mel&eacute;ndez, J. &amp; Villanueva, I. (1993).    Cambio y socializaci&oacute;n en la tercera edad. Investigaciones Psicol&oacute;gicas,    12, 129-152.    <br>   </font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Simmons, L. (1945).    The Role of the Aged in Primitive Society New Haven, Yale University Press,    London, H. Milford, Oxford University Press: CT Archon Books.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Torres, J. (s/f).    La reforma de las pensiones p&uacute;blicas y el enga&ntilde;o de las privadas.    Recuperado de <a href="http://noticias-alternativas.over-blog.es/article-la-reforma-de-las-pensiones-publicas-y-el-engano-de-las-privadas-65555495.html" target="_blank">http://noticias-alternativas.over-blog.es/article-la-reforma-de-las-pensiones-publicas-y-el-engano-de-las-privadas-65555495.html</a></font>    , <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Citado 17/01/2015</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">RECIBIDO: 30/10/2015    <br>   ACEPTADO: 24/11/2015 </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <br>   </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Dr. Luis Robledo    D&iacute;az. Correo electr&oacute;nico: </font><a href="mailto:robledodiaz@yahoo.es ">robledodiaz@yahoo.es    </a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b><font size="3">NOTAS    ACLARATORIAS:</font></b>    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><a name="1"></a><a href="#11">1</a>    Seg&uacute;n la Teor&iacute;a de las Representaciones Sociales el n&uacute;cleo    figurativo corresponde al sistema de im&aacute;genes mentales refractoras del    esquema conceptual. La informaci&oacute;n seleccionada y descontextualizada,    es estructurada en un orden jer&aacute;rquico y circunscrita en una red que    se presenta ante el sujeto como una imagen o conjunto de &eacute;stas - podr&iacute;amos    decir tambi&eacute;n met&aacute;foras. Dichas im&aacute;genes o figuraciones    hacen inteligible al individuo la estructura categorial del objeto de la representaci&oacute;n.    (Robledo, 2014)    <br>   <a name="2"></a><a href="#22">2</a> &quot;- &iquest;Crees - dije - que existen    en la naturaleza lo alto, lo bajo y lo de en medio?     <br>   - Lo creo.    <br>   - &iquest;Y crees que una persona llevada de lo bajo a lo de en medio puede    pensar otra cosa sino que se la lleva a lo alto? Y, cuando est&eacute; en medio,    contemplando el punto de donde ha sido tra&iacute;da, &iquest;supondr&aacute;    que est&aacute; en otro sitio sino en la altura no habiendo visto la altura    verdadera?&quot; (Plat&oacute;n, Rep., 584d)    <br>   <a name="3"></a><a href="#33">3</a> S&aacute;ez, et. al. (1993, p. 131), definen    tambi&eacute;n varias formas terminol&oacute;gicas: edad cronol&oacute;gica,    biol&oacute;gica, funcional, psicol&oacute;gica, social, tiempo social, etc.    <br>   <a name="4"></a><a href="#44">4</a> Cumming, E. &amp; Henry, W.E.: Gowing old,    Nueva York, Basic Books, 1961. Citado por Rodr&iacute;guez, 1979. En castellano    la teor&iacute;a es conocida como de la &quot;desvinculaci&oacute;n&quot; o    &quot;teor&iacute;a del desapego&quot;.    <br>   <a name="5"></a><a href="#55">5</a> En la literatura consultada se especifican    otros modelos te&oacute;ricos descriptivos sobre la vejez: teor&iacute;a del    contexto social, teor&iacute;a de la estratificaci&oacute;n social (S&aacute;ez,    et. al. 1993), teor&iacute;a de la dependencia estructurada, teor&iacute;a del    etiquetaje (Brandol&iacute;n, 2006). En Carbajo, 2008, se desarrolla un interesante    tesis sobre la evoluci&oacute;n en el estudio del envejecimiento y sus disciplina.    V&eacute;ase adem&aacute;s Hidalgo, 2001 y Mo&ntilde;ivas, 1998.    <br>   <a name="6"></a><a href="#66">6</a> En este punto discrepamos de algunos autores    que la definen como per&iacute;odo de la vida humana que antecede a la muerte,    en tanto la muerte es un hecho con causas no reductibles al acto de envejecer    y en tanto un suceso a posteriori no puede ser tomado como determinante definitoria    de la vejez. Aunque existe una fuerte correlaci&oacute;n entre ambas, no todo    el que muere es anteriormente a ello, y por el hecho de morir, viejo o anciano;    y se puede entrar dentro de un estado socialmente considerado como anciano,    mayor o viejo sin que ello suponga una muerte inminente. El aumento de la esperanza    de vida ha hecho que incluso aparezcan subdivisiones dentro del cohorte etario    considerado como ancianidad o mayores.    <br>   <a name="7"></a><a href="#77">7</a> En una investigaci&oacute;n realizada en    Mar del Plata sobre la representaci&oacute;n social de la vejez en ni&ntilde;os    con edades entre 11 y 14 a&ntilde;os, resultaron ser las arrugas la palabra    m&aacute;s mencionada a la hora de definir a una persona vieja. (Monchietti    &amp; S&aacute;nchez, 2008). V&eacute;ase adem&aacute;s Delgado, 2003, Kehl.    &amp; Fern&aacute;ndez, 2001, Lehr, 2002, Nieto et. al., 2006.    <br>   <a name="8"></a><a href="#88">8</a> La creaci&oacute;n de los clubes de jubilados    por ejemplo amortiza dicha fractura, al constituir en s&iacute; mismo una nueva    forma de estructurar y canalizar los vac&iacute;os afectivos que la misma provoca.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name="9"></a><a href="#99">9</a> Parejas de los hijos, nietos, etc.    <br>   <a name="10"></a><a href="#1010">10</a> V&eacute;ase Robledo, 2014    <br>   <a name="n11"></a><a href="#1111">11</a> No es lo que encuentra Laura Bosque,    Licenciada en Psicolog&iacute;a, Master en Gerontolog&iacute;a Social de la    Universidad Aut&oacute;noma de Madrid en su tesis de maestr&iacute;a titulada    &quot;Imagen de Vejez en la Televisi&oacute;n Abierta Argentina&quot;: &quot;Lo    primero que observ&eacute; - utilizando el m&eacute;todo cuantitativo - es cu&aacute;ntos    viejos hab&iacute;a&quot;.(&#133;).&quot;Lejos de lo que yo presupon&iacute;a,    la televisi&oacute;n abierta argentina muestra muchos cuerpos viejos, muchos,    cantidades. Si uno compara la cantidad de cuerpos viejos en relaci&oacute;n    a las personas de otras categor&iacute;as, es bastante similar (...)&quot;.    V. <a href="http://www.comminit.com/es/node/265274" target="_blank">http://www.comminit.com/es/node/265274</a>.    <br>   <a name="12"></a><a href="#1212">12</a> En la investigaci&oacute;n sobre las    representaciones sociales de la vejez en ni&ntilde;os (Monchietti &amp; S&aacute;nchez,    2008), se destaca el hecho de no haberse hecho menci&oacute;n - &uacute;nicamente    en un caso - a ser poseedor de sabidur&iacute;a y experiencia o a su posibilidad    de ser consejeros, en la definici&oacute;n de anciano.    <br>   <a name="13"></a><a href="#1313">13</a> Tal es el caso de Simmons, 1945.    <br>   <a name="14"></a><a href="#1414">14</a> El envejecimiento demogr&aacute;fico    hace referencia al aumento en t&eacute;rminos relativos de la poblaci&oacute;n    habitualmente considerada como &quot;mayor&quot; con respecto al resto. Sus    causas pueden encontrarse fundamentalmente en la disminuci&oacute;n paulatina    de la natalidad y la fecundidad, y en factores contingentes como la disminuci&oacute;n    de la mortalidad o los flujos migratorios.    <br>   <a name="15"></a><a href="#1515">15</a> Algunos investigadores ponen en cuesti&oacute;n    tales afirmaciones y ven en ellas una clara manipulaci&oacute;n de la opini&oacute;n    p&uacute;blica a trav&eacute;s del miedo cuyo &uacute;nico objetivo es la de    poder crear &aacute;reas de negocio altamente rentables como es el caso de las    pensiones. Tal es el caso, por ejemplo, del profesor Juan Torres L&oacute;pez,    Catedr&aacute;tico de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica y Hacienda P&uacute;blica    de la Universidad de Sevilla (Torres, s/f).</font></p>      ]]></body><back>
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<person-group person-group-type="author">
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<surname><![CDATA[Brandolín]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
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<source><![CDATA[Estereotipos sobre la vejez en noticieros televisivos]]></source>
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<page-range>1-17</page-range></nlm-citation>
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<person-group person-group-type="author">
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<surname><![CDATA[Carbajo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
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<source><![CDATA[La historia de la vejez: Ensayos]]></source>
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