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Economía y Desarrollo

Print version ISSN ISSNOn-line version ISSN 0252-8584

Econ. y Desarrollo vol.160 no.2 La Habana July.-Dec. 2018

 

Articulo Original

El desarrollo desigual del capitalismo a la luz de El Capital de Carlos Marx

Uneven Development of Capitalism in the Light of Capital by Karl Marx

Ernesto Molina Molina1  * 

1Instituto Superior de Relaciones Internacionales, La Habana, Cuba.

RESUMEN

El artículo promueve el desarrollo científico de una economía política desde el Sur, partiendo de la teoría revolucionaria de Marx y Lenin, quienes formularon la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo. Y aunque Marx inició el estudio del sistema del capital a partir del modelo de capitalismo más avanzado de su época, el inglés, ya en El Capital dejó claro que en el continente americano, al norte y al sur, el sistema del capital siguió un «camino» diferente al desarrollado por el capitalismo inglés. Ello puede explicar por qué históricamente surgieran dos tipos de capitalismo en América: el de las colonias convertidas en metrópolis (Estados Unidos y Canadá) y el de las colonias convertidas en neocolonias (América Latina y el Caribe). Hoy «la unidad» de los proletarios y los pueblos oprimidos es el problema a resolver por la teoría y la práctica revolucionaria. El hecho es lograr la creación de un Sujeto Sur para el desarrollo a escala global.

Palabras clave: herencia estructural Sur; Sujeto Sur; precios «norte» y precios «sur»

ABSTRACT

This paper is aimed at promoting the scientific development of a political economy in the South on the basis of Marx and Lenin’s revolutionary theory, who formulated the law of uneven political and economic development of capitalism. Although Marx studied the capital system, finding a base therefor on the most advanced capitalist model in his time, namely the English one, in Capital, he made it clear that the capital system in North and South America evolved differently from the English capitalism. That could give an account of why two types of capitalism historically emerged in the American continent -the capitalism in colonies that became metropolises (the United States and Canada), and the capitalism in colonies that became neo-colonies (Latin America and the Caribbean). Nowadays, “unity” of workers and oppressed peoples is a problem to be solved through revolutionary theory and practice. The fact is to achieve the creation of a South Subject for development on a global scale.

Keywords: south structural heritage; south subject; «north» prices and «south» prices

INTRODUCCIÓN

¿Por qué plantearnos la necesidad de contar con una economía política desde el Sur? En el actual sistema del capital global existe todo un proceso de contradicciones que impide o dificulta la regulación efectiva de la reproducción social a escala mundial para proteger las dos fuentes originarias de toda riqueza (la naturaleza y el hombre) e impide regular, por tanto, las cadenas productivas internacionales desde el Norte y desde el Sur a favor del desarrollo sostenible del Sur y la protección de la naturaleza de todo el planeta.

La mezcla de relaciones económicas en los países del «Sur político» suele dificultar la identificación del modo de producción que rige en un país en una época determinada. Sin embargo, ello es sumamente importante para caracterizar de progresistas o reaccionarios a los programas o soluciones que propone un autor o una escuela de pensamiento económico en nuestra región. No siempre se entiende cómo podía funcionar la dinámica de un mercado capitalista, cuando aún predominaba el trabajo esclavo en nuestra América; o incluso después, con el sistema de plantación capitalista.

Este y otros muchos problemas científicos quedan por dilucidar en nuestro Sur. En particular, el tema del desarrollo recorre toda la historia de nuestra América desde que surgió el «criollo» o germen de las nacionalidades en nuestra región. La necesidad de contar con una economía política desde el Sur implica contar con una ciencia para el diagnóstico y para la propuesta de soluciones para el desarrollo.

1. LOS PROBLEMAS CIENTÍFICOS Y LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA EN EL CAPITAL

Marx subtituló El Capital como «Crítica de la Economía Política». Y, en efecto, él se valió de la inteligencia de muchos autores, tanto precedentes como contemporáneos, para identificar contradicciones en desarrollo del sistema del capital. Muchos fueron los problemas científicos revelados ante Marx, gracias a otros pensadores a los que acudió sin temor a la contaminación de sus ideas, porque confió en su capacidad crítica para hallar solución científica a esos problemas. Si bien supo heredar lo mejor de la economía política burguesa clásica, también aportó una idea económica nueva: la plusvalía. Esta idea le permitió reconocer lo nuevo que había surgido con el capitalismo, contra qué poder había que luchar.

Mientras Pierre Joseph Proudhom identifica al interés de préstamo y al dinero como enemigos fundamentales de la sociedad, Marx supo claramente reconocer a la plusvalía y al capital como a ese enemigo principal, contra el cual la clase obrera y toda la sociedad tenían que luchar; no se dejó confundir por ninguna de las formas particulares en que se manifiestan el capital y la plusvalía. Ello le permitió definir el fin práctico a alcanzar por la clase obrera: la revolución socialista. Marx encontró la solución teórica a la forma de tránsito hacia una sociedad nueva: la dictadura del proletariado.

Todos los conceptos y categorías económicas -muchos de ellos ya investigados por Adam Smith y David Ricardo- adquirieron una nueva significación en su relación con la idea de la plusvalía. La aparición de El Capital fue el triunfo científico para el partido político de la clase obrera. No siempre los continuadores de Marx han logrado contar con una capacidad crítica a su altura. Aun desaparecido, el sistema del desarrollo desigual de las contradicciones del capital continuó adelante y no siempre se supo aprovechar la inteligencia de otros autores y la crítica de la economía política, como él lo hiciera.

Autores como Vladimir Ilich Lenin y Antonio Gramsci son una excepción. Y por supuesto, también Federico Engels, quien sobrevivió doce años a Marx. Ni Lenin, ni Gramsci se propusieron reescribir El Capital a partir de los nuevos fenómenos que fueron apareciendo en el sistema del capital a escala global. Tampoco renunciaron a los resultados científicos logrados por Marx en esta obra fundacional. Es cierto que aparecieron críticos de Marx desde la «izquierda», y Lenin y Gramsci corrieron la misma suerte. Bienvenida la crítica desde la izquierda o la derecha, si provoca detectar nuevos problemas científicos a dilucidar.

Este es el dilema provocativo que se asume en este trabajo, porque la necesidad de construir un Sujeto Sur para el desarrollo en los diversos escenarios de nuestra América exige mucha creatividad.

De cierta manera, El Manifiesto Comunista incentivó o le planteó la tarea científica a Marx para concebir el proyecto de El Capital, porque ya Marx había identificado al «enterrador» del capital, a la altura de aquellos tiempos: el proletariado unido. Luego Lenin amplió el ejército de enterradores: junto a los proletarios unidos, estarían los pueblos oprimidos del mundo.

Hoy la unidad de los proletarios y los pueblos oprimidos es el gran problema a resolver por la teoría revolucionaria. La tarea es lograr crear un Sujeto Sur para el desarrollo a escala global. Y si se incorpora el tema «naturaleza» asociado al capital, entonces salta a la vista la necesidad de un Sujeto Mundo para salvar al planeta.

Los Estados del Norte han impuesto a los del Sur el «mercado medio ambiental» como supuesta solución a la protección ambiental. Así, la naturaleza se convierte en una forma de capital en el mercado de valores. Mediante el control de los Estados nacionales y sus políticas económicas, los Estados del Norte establecen el monopolio sobre todo tipo de recursos: el petróleo, la biodiversidad, el agua, así como las patentes.

Al capital solo le interesa el valor de uso como soporte material del valor de cambio. Ello puede explicar por qué se habla hoy de «capitalismo del desperdicio», porque mientras más rápido se consume y destruye lo producido, más amplio se hace el mercado y mayores son las ganancias del capital. El diseño socialista del valor de uso debe conducir a proteger las dos fuentes de toda riqueza: la naturaleza y la sociedad.

Es imprescindible avanzar hacia el socialismo en el siglo xxi si se quiere salvar al planeta de su destrucción. Los productores libres asociados han de medir las consecuencias más remotas de sus actos productivos, con un enfoque integral y global, que asegure el contenido social del valor de uso, en solidaridad con las generaciones presentes y futuras.

El peligro de socavar las dos fuentes originales de toda riqueza ha estado presente, tanto bajo el sistema del capital, como en el socialismo real conocido. El productivismo sin límite, sin medida, sin criterio a largo plazo, sin medir las consecuencias más remotas de nuestros actos productivos, con un enfoque fragmentario, desata efectos no intencionales que se imponen a espaldas de los productores de esos actos. Ello supone toda una época para crear la base técnica material del socialismo bajo una dirección política que asuma una nueva concepción de la importancia social del valor de uso. Es imprescindible la activa participación de los miembros de la sociedad en los asuntos de verdadera importancia que competen a la protección de la naturaleza y garantizar paso a paso todos los derechos legítimos de los miembros de la sociedad. Ya Marx había previsto que una tarea no se plantea para su solución, sino cuando ya existen las condiciones para lograrlo.

El mundo tendrá que avanzar a velocidades diferentes, porque el mundo es desigual. Para transformarlo hay que conocerlo. Ello supone conocer muy bien su sistema de contradicciones en acción, los actores que pugnan entre sí a favor o en contra de las tendencias que se manifiestan, el sistema de alianzas políticas, las formas de imponer el poder para mantener el sistema del capital y las formas idóneas para desafiar las fuerzas del capital. Y todo ello sucede de manera diferente en el Norte y el Sur.

Las categorías de la economía política de Marx reflejan la dialéctica de lo subjetivo y lo objetivo; porque cada categoría refleja de cierta manera las relaciones de poder entre las clases sociales, que ahora reflejarán las contradicciones Norte-Sur en el sistema del capital global.

2. EL DESIGUAL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL CAPITAL

Marx realizó el estudio del sistema del capital, a partir del modelo de capitalismo más avanzado de su época: el capitalismo inglés. Allí podía reconocer el sistema de contradicciones del capital en pleno desarrollo para su época; por eso hay una idea que desde la biología se extiende a la sociedad: la anatomía del mono se estudia mejor cuando se conoce la anatomía del hombre.

Era de suponer que aquellos países que no habían accedido a la Revolución industrial, llegarían a ella al igual que Inglaterra; y, por tanto, en ellos también se desarrollaría el sistema de contradicciones del capital como se estaban produciendo en este país.

Sin embargo, ya en los capítulos 24 y 25 de El Capital, tomo I, Marx dejó claro que, por diversas circunstancias, el desarrollo de las contradicciones del capital se realiza de manera desigual en el mundo. En el continente americano, al norte y al sur, el sistema del capital siguió un camino muy diverso y diferente al que había desarrollado el capitalismo inglés. En el capítulo 1 del tomo II, (Marx, 1973) explica cómo la circulación del capital industrial a escala global logra subordinar mediante la forma mercantil a otros tipos socioeconómicos:

Dentro de su proceso de circulación, en que el capital industrial funciona como dinero o como mercancía, el ciclo del capital industrial, ya sea capital-dinero o capital-mercancías, se entrecruza con la circulación de mercancías de los más diversos tipos sociales de producción de mercancías. No importa que la mercancía sea producto de un tipo de producción basado en la esclavitud o del trabajo de campesinos (chinos, ryots indios, etc.), […] El carácter del proceso de producción de que procedan es indiferente, para estos efectos; funcionan como tales mercancías tanto en el ciclo del capital industrial como en la circulación de la plusvalía adherida a él. (p. 105)

Es en el tomo III de El Capital que con más fuerza se hace evidente el desarrollo desigual del capitalismo al formarse los precios de producción a escala internacional.

Marx explica cómo la competencia interramal, es decir, la lucha de los capitalistas por las esferas de aplicación de capital más ventajosas, se expresa en la afluencia de capitales de las ramas con una baja cuota de ganancia hacia las que tienen una alta cuota de ganancia, de lo cual resulta la formación de la ganancia media: igual ganancia para igual capital en todas las ramas de producción. En otras palabras, las mercancías en el capitalismo no se venden por su valor, sino por sus precios de producción, que, aunque no coinciden con su valor, se basan en este.

El libre movimiento de capitales de una rama a otra no siempre fue posible. Esto lo refleja Engels en su complemento al tomo III de El Capital, al explicar que cuando el capitalismo se abría paso en medio de las trabas feudales existentes, cada rama productiva tenía su cuota de ganancia muy particular y no se formaba la cuota general de ganancia. Aquí puede apreciarse el papel de la historia económica como fundamento de la economía política.

David Ricardo no contaba con el concepto de composición orgánica del capital, por tanto, no podía explicar por qué cada rama de la producción debía tener una cuota de ganancia especial, ni cómo el valor se convertía en precio de producción.

Carlos Marx analizó la transformación del valor en precio de producción y partió de tres supuestos teóricos:

  1. El análisis de cómo se establece una cuota general de ganancia se circunscribe al interior de cada país.

  2. Se supone una composición orgánica homogénea del capital en cada rama.

  3. Se suponen una cuota de plusvalía, una jornada de trabajo y nivel de salario constantes.

En las actuales condiciones de globalización del capital, al menos, hay que modificar uno de estos supuestos y, por tanto, el análisis se hace más complejo. El hecho de que Marx en un momento del análisis haya supuesto la misma composición orgánica a lo interno de cada rama, no impide analizar cómo puede influir una composición heterogénea dentro de cada una.

En efecto, varios factores contribuyen a elevar los rendimientos de las empresas más avanzadas de la rama: la robotización y todas las formas de acceder a una alta tecnología asociada al capital constante; el ahorro de insumos energéticos y materia prima, también asociados al capital constante; y los avances en microelectrónica que permiten incorporar el conocimiento científico al proceso productivo, al sustituir mano de obra por capital constante.

Entre las empresas dentro de una rama productiva a escala global, la diferente composición orgánica del capital determina la existencia de los siguientes tipos de empresas:

  • Norte: son las que tienen mayor capacidad de innovación, utilizan esa capacidad en su propio proceso productivo, son firmas gigantes y generan también nuevos productos con calidad superior al resto de las empresas de la rama.

  • En desarrollo: tienden más bien a recepcionar la técnica ya desarrolladas en las empresas Norte.

  • Sur: son las menos competitivas. No solo son incapaces de innovar, sino que están más limitadas para recepcionar la técnica más avanzada por contar con menor capacidad gerencial y dominio sobre el capital de financiación.

En la (Tabla 1) se observa cómo influyen la competencia tecnológica y la competencia financiera en la determinación de la magnitud del valor y en la magnitud del precio de producción.

Tabla 1 Los precios de producción internacionales 

Este hecho también aparece sintetizado en las siguientes palabras de Marx:

Lo que consigue la concurrencia, empezando por una esfera concreta de producción, es establecer una plusvalía y un precio comercial iguales partiendo de los diversos valores individuales de las mercancías. Pero la competencia de los capitales en las distintas esferas de producción es la que fija el precio de producción, el cual nivela las cuotas de ganancia entre las distintas esferas. Para lograr lo segundo hace falta que el régimen capitalista de producción se halle más desarrollado que para realizar lo primero. (Marx, 1973, cap. X, p. 202)

Existe algo racional al identificar «cuotas de poder» en los precios y, por supuesto, los precios Norte dominan mayores cuotas de poder que los precios Sur. Es una manera de reconocer a los precios de monopolio y el intercambio desigual entre el Norte y el Sur.

Los precios de mercado pueden concebirse como una medida de las posiciones de poder y de las estrategias y tácticas específicas de las partes contratantes y, a su vez, las variaciones que experimentan a lo largo del tiempo revelan los cambios que se van produciendo en esa situación.

En el mercado, el poder se calcula utilizando unidades de poder adquisitivo en general, es decir, unidades monetarias divididas por los índices de precios. Al respecto, se adopta aquí la noción más amplia de precios, que incluye el precio de los insumos productivos, de los bienes y servicios finales y, sobre todo, de los factores primarios de producción (capital, tierra y trabajo), que constituyen la remuneración a sus propietarios (ganancia, renta y salario).

Resulta bastante superficial asociar el poder al dinero con que cada estrato social maneja su capacidad adquisitiva. ¡Los ricos poseen más poder que los pobres! El poder está asociado al dinero.

¿Y de qué manera se tiene en cuenta el poder público, el poder del Estado? El papel del Estado se tiene en cuenta como «hacedor de las reglas de juego oficiales» y del Gobierno -conceptualmente diferente del primero- como actor económico estratégico de las sociedades capitalistas avanzadas. En particular, la distribución original del ingreso se ve modificada a corto plazo mediante los efectos redistributivos de la política fiscal (tanto tributaria como de gastos). A largo plazo, la acción gubernamental afecta la distribución de bienes públicos fundamentales como la salud, la educación y la justicia, entre otros.

Las posiciones de poder que afectan directa o indirectamente al mercado y los precios se refieren al lugar que ocupan los actores (personas naturales o asociaciones) en la estructura económica, política, biológico-ambiental y cultural de las sociedades humanas. Por eso hay que acudir a El Capital, aunque sea una obra del siglo xix.

En el capitalismo de libre competencia -objeto de estudio de Marx en El Capital- la ganancia extraordinaria, originada por alguna innovación tecnológica, sustancialmente no perjudicaba al capital viejo perteneciente al capitalista innovador, sino al capital viejo de los demás capitalistas.

El capital monopolista actual tiene la posibilidad de manera estable de embolsarse una ganancia extraordinaria (ganancia diferencial) o ganancia monopólica. Esto ocurre porque el monopolio es un obstáculo para que surjan nuevas empresas que vengan a competir dentro de la rama, bajo el estímulo de esas ganancias extraordinarias.

Por varias razones, el monopolio no utiliza plenamente su capacidad instalada. Entre ellas se encuentran:

  • Si ya obtiene un gran beneficio en su industria, prefiere invertir nuevo capital en otra industria y no en la propia, bajo el principio de la obsolescencia monopolista: la nueva máquina no se introduce hasta que el valor no depreciado de la antigua máquina sea cubierto, al menos, por las economías de las nuevas técnicas.

  • Cada vez que aumenta su producción, tiene que disminuir el precio, no solo sobre la cantidad adicional ofrecida, sino sobre la totalidad de los artículos en venta; y como otras empresas no pueden continuar aumentando la oferta libremente, el monopolio puede continuar aumentando la oferta y así obtiene una ganancia diferencial o monopólica, hasta que ya no le conviene seguir reduciendo el precio de venta y «quema» el exceso de producción.

En el capitalismo de libre concurrencia, el precio se presentaba al productor capitalista como un dato externo, al cual debía adaptar su producción; para las empresas monopólicas del Norte el precio es una variable de decisión, sujeta a su estrategia económica; en cambio, para las pequeñas empresas del Sur, el precio continúa siendo un dato independiente.

La ley absoluta del desarrollo económico y político desigual del capitalismo se manifiesta muy particularmente en el precio de monopolio, como distribución desigual de la plusvalía y, por tanto, el poder económico representado por el capital se concentra, cada vez más, en pocos consorcios empresariales globales, los que absorben -gracias a este acrecentado poder- una parte siempre creciente del producto social a escala global.

Las grandes empresas monopolistas del Norte se benefician de las reducciones del costo medio de producción, a medida que se incrementa el volumen de producción. Estas reducciones de los costos pueden referirse a una empresa concreta, o bien ser alcanzables por todas las empresas de una industria. Cuando se refieren a una empresa concreta se conocen como economías de escala interna; mientras que las de escala externa son reducciones de los costos que se dan como consecuencia de la expansión de toda la industria.

Las economías internas se deben a las causas siguientes:

  • Especialización de los trabajadores para un volumen decreciente de producción.

  • Utilización de un capital técnico más eficiente, con frecuencia indivisible y que, por tanto, no puede ser aplicado económicamente más que para niveles de producción elevados.

  • Factores tecnológicos que aumentan la eficiencia de las escalas más grandes de producción; se comprueba, por ejemplo, que el número de mecánicos necesarios para una empresa se eleva menos, proporcionalmente, que el número de máquinas.

  • Ventajas debidas a una mejor organización de las compras (compras al por mayor) y de las ventas (utilización de redes comerciales eficientes).

Pero también existen las pérdidas de economías de escala a medida que la empresa crece; por las dificultades cada vez mayores en la dirección, la coordinación y el control; en realidad, se producen cambios en zigzag, pues las nuevas tecnologías de la información han dado un nuevo impulso a las economías de escala con el surgimiento de las empresas globales.

Las telecomunicaciones y las tecnologías de punta de información y comunicación están estrechamente vinculadas a las empresas globales y su altísima competitividad. Gracias a su capacidad para aplicar con eficiencia la información basada en el conocimiento, existen propiamente las empresas globales, pues pueden organizar la producción, el consumo y la circulación, así como sus componentes a escala global: capital, fuerza de trabajo, materias primas, gestión, información, tecnologías y mercados.

Estos precios Sur y precios Norte que hoy dominan a escala global como algo natural y que se han estudiado, principalmente, en las obras de Lenin, también deben examinarse en El Capital de Carlos Marx, tal y cual hizo el propio Lenin, cuando preso en la Siberia realizaba una investigación para su obra El desarrollo del capitalismo en Rusia; y solo después de haber esclarecido la teoría general del capitalismo en la obra de Marx, pasó a investigar lo específico del capitalismo ruso.

3. SURGIMIENTO DEL CAPITALISMO NORTE Y EL CAPITALISMO SUR EN AMÉRICA A LA LUZ DE EL CAPITAL

En El Capital, (Marx, 1973) resume la vinculación entre la explotación capitalista en la metrópoli y esa misma explotación en la colonia: «A la par que se implantaba en Inglaterra la esclavitud infantil, la industria algodonera servía de acicate para convertir el régimen más o menos patriarcal de esclavitud de los Estados Unidos en un sistema comercial de explotación. En general, la esclavitud encubierta de los obreros en Europa exigía, como pedestal, la esclavitud sansphrase (sin tapujos) en el nuevo mundo» (tomo 1, pp. 696-697).

En efecto, el sur de las colonias inglesas de Norteamérica no fue poblado por obreros provenientes de una metrópoli avanzada en el capitalismo comercial, primero y en el capitalismo industrial, después, como sucedió con el norte de esas mismas colonias inglesas. No fue fácil contar con un flujo estable de la mano de obra asalariada, tan imprescindible para el capital en esas colonias del norte. El capital pudo abrirse paso en América del Norte, pero tuvo que ejercer primero una fuerte coerción extraeconómica, para someter a los obreros importados de Europa al capital.

En el capítulo titulado «La moderna teoría de la colonización», Marx explica cómo el mérito de E. G. Wakefield no está en haber develado nada nuevo sobre las colonias, sino en haber descubierto en las colonias la verdad sobre el régimen capitalista de la metrópoli (Marx, 1973):

En primer lugar, Wakefield descubre en las colonias que no basta que una persona posea dinero, medios de vida, máquinas y otros medios de producción, para que se le pueda considerar como capitalista, si le falta el complemento: el obrero asalariado, el otro hombre obligado a venderse voluntariamente [...] y descubre que el capital no es una cosa, sino una relación social entre personas a las que sirven de vehículo las cosas. (tomo 1, cap. 24, p. 702)

Y de estos hechos da fe (Marx, 1973) cuando expresa que «allí donde la tierra es muy barata y todos los hombres son libres -expresa Wakefield- donde todo el mundo puede, si lo desea, obtener un pedazo de tierra para sí, el trabajo no sólo es muy caro, por lo que a la participación del obrero en su producto se refiere, sino que la dificultad está en obtener trabajo combinado a ningún precio» (tomo 1, cap. 24, p. 704).

El gobierno inglés puso en práctica durante largos años el método recetado por Wakefield, por lo que adoptó normas como las siguientes:

  • Se le asignó por decreto un alto precio a la tierra virgen (precio independiente de la ley de la oferta y la demanda) que obligara a los obreros inmigrantes a trabajar a jornal durante mayor espacio de tiempo, para reunir el dinero necesario para comprar tierra.

  • El fondo que se formaría con la venta de los terrenos a un precio relativamente inasequible para los obreros podría ser invertido por el gobierno en exportar a las colonias a los desarrapados de Europa, con lo cual los señores capitalistas tendrían siempre abarrotado su mercado de jornaleros.

No es casual que este tipo de «capitalismo importado», con obreros obligados a vender su fuerza de trabajo, haya tenido la potencialidad de convertirse en una nueva metrópoli: Estados Unidos de América. Esto no correspondió al caso de Cuba, ni al Caribe, ni a la América Latina.

Ello puede explicar por qué históricamente surgieron dos tipos de capitalismo en América: el de las colonias convertidas en metrópolis (Estados Unidos y Canadá) y el de las colonias convertidas en neocolonias: América Latina y el Caribe. Además, revela cómo la ley de la plusvalía se manifiesta de forma desigual en unos y otros países a través del intercambio desigual. Es decir, a escala internacional se produce una distribución desigual de la plusvalía entre países del capitalismo Norte y países del capitalismo Sur. Y en efecto, (Marx, 1971) explica el intercambio desigual entre naciones al declarar:

Dos naciones pueden proceder a cambios entre sí según la ley de la ganancia, de manera que ambas se beneficien, aunque una explote y robe constantemente a la otra [...] Es sabido que la ganancia puede mantenerse por debajo de la plusvalía, el capital cambiarse en consecuencia con ganancia, sin que se desvalorice completamente. Puede por ende seguirse que, no solamente los capitalistas privados, sino naciones enteras, pueden efectuar cambios constantemente, e incluso reproducirlos a una escala siempre creciente, sin que por ello su ganancia sea uniforme [...] Uno de los cambiadores puede apropiarse constantemente una fracción del plustrabajo del otro, sin darle nada a cambio, y con todo la medida utilizada aquí no es la del cambio entre capitalistas y obreros. (pp. 355-356)

4. LENIN Y EL PROBLEMA NACIONAL EN EL SUR

En sus estudios acerca del imperialismo, Lenin prestó especial atención al problema nacional. Llegó a la conclusión de que el proletariado internacional debía apoyar la lucha nacional liberadora de la burguesía y las masas populares de las naciones oprimidas contra la burguesía de la nación opresora, pero sin perder de vista sus objetivos finales: la revolución socialista.

Mientras que para Marx la revolución en los pueblos de Asia estaba condicionada a las transformaciones que los acercaran al modo de producción capitalista, para Lenin las nuevas condiciones eran resultado del desarrollo del capitalismo; y sobre todo después de la victoria de la Revolución de Octubre, el movimiento nacionalista de esos países se iba convirtiendo en un complemento de la lucha de los comunistas de Europa y la naciente República Soviética. Llega a la conclusión de que el imperialismo ha convertido, tanto a las colonias y semicolonias, como a los movimientos políticos por su liberación, en una reserva de la revolución socialista.

Si bien Marx ya había destacado el proceso desigual de desarrollo capitalista, Lenin formuló la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo y su descubrimiento condicionó la elaboración científica de la estrategia y la táctica del Partido Socialdemócrata Ruso (bolchevique). Del descubrimiento de esta ley se desprende que la sustitución del capitalismo por el socialismo ocupa toda una época histórica durante la cual es inevitable la coexistencia de Estados con diferentes regímenes sociales.

Al llegar a su fase monopolista, el capitalismo no solo aumenta la desigualdad de su desarrollo, sino que lo comienza a materializar a saltos. El rápido progreso de la técnica permite que unos países capitalistas alcancen y aventajen, en períodos relativamente breves, a los Estados capitalistas más poderosos. El desarrollo desigual del capitalismo agrava no solo las contradicciones entre los países capitalistas metrópolis y los países dependientes, sino también las contradicciones interimperialistas.

Para la teoría de la revolución socialista el reconocimiento de esta ley es de cardinal importancia. Marx y Engels no creían posible el triunfo de la revolución socialista en un solo país, la burguesía del resto del mundo la aplastaría.

Después del triunfo de Octubre, Lenin continuó sus elaboraciones y, en la polémica frente a los que dudaban que a partir del nivel de desarrollo de Rusia pudieran proponerse la meta del socialismo, esbozó ideas en torno a la posibilidad que desde el poder revolucionario pudieran crearse las condiciones para acceder al socialismo en un país atrasado.

En su artículo «Nuestra Revolución» (Lenin, 1976) planteó:

Si para crear el socialismo se exige un determinado nivel cultural (aunque nadie puede decir cuál es este determinado «nivel cultural», ya que es diferente en cada uno de los países de Europa Occidental), ¿por qué, pues, no podemos comenzar primero por la conquista revolucionaria de las premisas para este determinado nivel, y lanzarnos luego, respaldados por el poder obrero y campesino y con el régimen soviético, a alcanzar a otros pueblos?

Para crear el socialismo hace falta civilización. ¿Y por qué no hemos de poder crear primero en nuestro país premisas de civilización como la expulsión de los terratenientes y de los capitalistas rusos y comenzar luego el avance hacia el socialismo? ¿En qué libros habéis leído que semejantes alteraciones del orden histórico habitual sean inadmisibles o imposibles? (tomo XII, pp. 387-388)

Aún en esta época de globalización del capital, deben tenerse en cuenta estas concepciones de Lenin, pues en resumen se caracterizan por vincular el problema nacional con el neocolonial, profundizar en las características del movimiento de liberación en las neocolonias y plantearse táctica y estratégicamente la unión de la revolución socialista posible, con la lucha de los comunistas en los países industriales y las revoluciones nacional liberadoras de las colonias y neocolonias.

5. LA HERENCIA ESTRUCTURAL SUR DE LA ECONOMÍA CUBANA

Antes del triunfo de la Revolución dominó en Cuba una estructura económica que respondía al modelo de una economía de plantación. Este modelo se intentó modificar sustancialmente por el camino de la industrialización; sin embargo, nuestra inserción en la división internacional socialista del trabajo a partir de los años 70 propició que se profundizara en la exportación de productos de origen agrícola como el azúcar y los cítricos. Ciertamente Cuba tuvo tales precios preferenciales en el campo socialista con esos productos, que aparentemente no valía la pena emprender otro tipo de diversificación.1

La caída del campo socialista dejó a Cuba a merced del mercado mundial donde los precios de las mercancías están sujetos a muchas turbulencias y políticas proteccionistas de los países del Norte. Si bien es estratégico más que nunca lograr la soberanía alimentaria en Cuba, la capacidad de exportación en productos de origen agropecuario que tradicionalmente garantizaba la capacidad de importación del país, se ha reducido considerablemente.

Ello se agrava porque tampoco se logra cubrir los gastos que ocasionan los insumos corrientes del propio sector y la factura de alimentos que es preciso importar. La reforma del campo ha de lograr en lo social -más que incrementar el número de propietarios- garantizar la realización efectiva de las relaciones de propiedad en toda su complejidad, algo que de por sí puede estimular el trabajo social y una más adecuada descentralización del campo cubano.

El campo cubano tiene que afrontar, por tanto, una reestructuración que permita transitar hacia una mayor producción de alimentos, que ayude a aliviar las presiones que el intercambio desigual impone sobre la capacidad de importación del país y que, sobre todo, se acrecienta ahora con la crisis global alimentaria. El capitalismo Sur, vigente en Cuba antes de la Revolución, estaba, además, sesgado por el modelo de economía de plantación: herencia perversa que todavía persiste de cierta manera.

La elaboración conceptual del Modelo Socialista Cubano de Desarrollo Económico-Social ha exigido, necesariamente, momentos importantes de confrontar la teoría con la práctica desde inicios de la Revolución hasta el presente. El año 1991 resultó indudablemente un punto de inflexión que dio inicio al Período Especial. Pero también el 2010 es otro punto de inflexión por todo lo que significó para la estrategia de desarrollo económico y social del país, el debate y aprobación de los Lineamientos generales de la política económica y social para el período 2011-2015.

Intentar sistematizar conceptualmente los cambios necesarios a realizar en el modelo económico y social cubano, desde el llamado Período Especial hasta la proyección del Modelo Socialista Actualizado, en correspondencia con la situación interna y externa como se desarrolla la sociedad cubana, aprovechando sus fortalezas y oportunidades en pos de un desarrollo socialista sustentable y próspero, exige tener presente la trayectoria de capitalismo Sur de Cuba y sus aliados para salir del subdesarrollo.

Cuba puede hacer su propio esfuerzo, pero necesita compañía en ese esfuerzo, algo así como la construcción de un Sujeto Sur para el desarrollo a escala regional y global.

CONSIDERACIONES FINALES

Marx reconoció la existencia del desarrollo económico desigual del capitalismo en varias de sus obras, principalmente, en El Capital. Ello no le resta importancia al enriquecimiento que Lenin realizó al plantear por primera vez la ley absoluta del desarrollo económico y político desigual del capitalismo y las nuevas condiciones en que surgirían las revoluciones socialistas en la época del imperialismo.

Si El Capital fue considerado por Marx un triunfo científico para su partido, el partido del proletariado, ello quiere decir que ese conocimiento científico habría de ponerse al servicio del esclarecimiento de la estrategia a seguir para llevar adelante la revolución socialista. En aquel momento histórico, Marx y Engels suponían que esta revolución tendría que iniciarse simultáneamente en los países capitalistas más desarrollados. Ambos proclamaron en el Manifiesto Comunista la consigna «¡Proletarios del mundo uníos!», donde identificaban a la clase obrera como al único sujeto revolucionario capaz de llevar adelante la revolución socialista. Sin embargo, Lenin consideró un sujeto revolucionario más amplio, al proclamar: « ¡Proletarios y pueblos oprimidos del mundo, uníos!».

La construcción de un Sujeto Sur para la revolución en las difíciles circunstancias de hoy hace patente la necesidad de promover el desarrollo científico de una economía política desde el Sur y hacerlo, precisamente, partiendo de la teoría revolucionaria de Marx y Lenin y tomando como referente la propia experiencia histórica de Cuba.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CASTRO RUZ, F. (1990): Informes centrales de los Congresos I, II y III del Partido Comunista de Cuba, Editora Política, La Habana. [ Links ]

LENIN, V. I. (1976): Obras escogidas en 12 tomos, tomo XII, Editorial Progreso, Moscú. [ Links ]

MARX, C. (1971): Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (esbozo de 1857-1858, en anexo 1850-1859), tomo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. [ Links ]

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PARTIDO COMUNISTA DE CUBA (PCC) (1976): «Plataforma Programática del PCC», Dpto. de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC, La Habana. [ Links ]

RODRÍGUEZ, J. L. (1987): La economía internacional: problemas actuales, Editora Política, La Habana. [ Links ]

Notas aclaratorias

11 A lo largo de la historia económica de Cuba, muchos fueron los autores que promovieron la diversificación económica del país, desde la etapa colonial hasta el presente; aunque siempre hubo quienes se atuvieron al lema «Sin azúcar no hay país». Y no es que haya que renunciar a la industria azucarera: los derivados de la caña de azúcar resultan un potencial extraordinario para la diversificación del aparato productivo nacional. Pero ello exige ciencia y recursos financieros.

Recibido: 22 de Febrero de 2018; Aprobado: 20 de Abril de 2018

*Autor para la correspondecia. Correo electrónico: emolina@isri.minrex.gob.cu

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