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Universidad de La Habana

On-line version ISSN 0253-9276

UH  no.297 La Habana May.-Aug. 2023  Epub June 20, 2023

 

Articulo original

Diálogo de Creón y Antígona, de António Sérgio: cuarta variación sobre el mito de Antígona

Dialogue of Creon and Antigone, by António Sérgio: Fourth Variation on the Antigone Myth

1Departamento de Lenguas y Culturas, Universidad de Aveiro, Portugal.

RESUMEN

Después de escribir, en 1930, Antígona. Drama em três actos, una recreación del mito sofocleo que no era más que un texto panfletario contra la dictadura militar, António Sérgio (1883-1969) volvería al tema, para reescribir, alrededor de 1950, una invectiva contra la dictadura salazarista. A partir de este texto, aún inédito, el autor publicaría, a fines de 1958, Pátio das Comédias, das Palestras e das Pregações: Jornada Sexta y también tenía la intención de publicar de forma autónoma (probablemente en 1960) el Diálogo de Creón y Antígona, que se basaba en las escenas tercera y cuarta del Acto II de la edición de 1950. En este texto, Antígona refleja, en sus largos discursos, el pensamiento del autor sobre los regímenes dictatoriales, un pensamiento presente en muchos de sus ensayos.

Palabras clave: Antígona; António Sérgio; cooperación fraterna; democracia; dictadura militar; salazarismo; Sófocles

ABSTRACT

After writing Antigone. A drama in three acts, in 1930, which was a recreation of the Sophoclean myth and little more than a pamphlet text against the military dictatorship, António Sérgio (1883-1969) returned to the theme when he wrote, around 1950, an invective against the Salazar dictatorship. The author published, at the end of 1958, Pátio das Comédias, das Palestras e das Pregações: Jornada Sexta based on this unpublished text, and he intended to publish (probably in 1960) the Dialogue of Creon and Antigone, autonomously, which was based on the third and fourth scenes of Act II of the 1950 edition. In this text, Antigone echoes, in her long speeches, the thoughts of the author about dictatorial regimes, thoughts that are present in many of his writings.

Keywords: Antigone; António Sérgio; fraternal cooperation; democracy; military dictatorship; Salazarism; Sophocles.

Revisitando los manuscritos y textos dactilografiados de António Sérgio, el año en el que se conmemoraba el cincuenta aniversario de su muerte, hemos descubierto que el ensayista tenía intensión de publicar, tal vez en 1960, un breve texto titulado Diálogo entre Creonte e Antígona, que sería su cuarta variación sobre el mito de Antígona. No sería, por ello, abusivo si concluimos que la heroína griega se transformó en un alter ego de António Sérgio a lo largo de su larga e intensa lucha contra la dictadura, que imperó en Portugal en el segundo y el tercer cuarto del siglo pasado.1

De hecho, tras escribir en 1930, en el exilio de París, Antígona. Drama em três actos, una recreación del mito sofocleo que definiría como «un estudio social en forma dialogada» (y que no era más que un texto panfletario contra la dictadura militar, en el poder desde 1926) (Morais, 2017a, pp. 113-139), Sérgio volvería al tema, para reescribir, alrededor de 1950, una invectiva contra la dictadura salazarista,2 con el título Antígona. Diálogo histórico-filosófico-político em forma dramática. Segunda edição remodelada.3 Conservando su mismo objetivo político-pedagógico de aguijonear las conciencias que progresivamente se dejaban tomar por el letargo, Sérgio dedica esta nueva variación del mito «a todos cuantos nacieron para ser libres [...] y a los apóstolos que actúa[ba]n por amor del pueblo sin buscar las auras de la popularidad»).4 Este renovado diálogo en forma dramática terminaría inédito, perdiéndose, mientras tanto, mitad de la segunda parte del acto II, o sea, el altercado de ámbito ideológico entre Creón y Hemón, y la totalidad del acto III.5

A partir de este texto, el autor, aprovechando las tres primeras escenas del acto I, publicaría, a fines de 1958, la Jornada Sexta do Pátio das Comédias, das Palestras e das Pregações, la tercera variación sobre el mito de Antígona que es también una invectiva, ahora contra el fraude en las elecciones presidenciales de este año, que opusieron Américo Tomás,6 candidato del régimen, a Humberto Delgado,7 candidato de la oposición democrática.

Aunque muy reducido, el núcleo dramático de este opúsculo contiene la necesaria retórica de protesta, resultante del debate entre Ismenia, símbolo de los derrotistas y de los que, a causa de los lazos familiares, se desvían «del combate por las ideas y del heroísmo cívico» (Sérgio, 1958, p. 29; Sérgio, 1950, p. 4); y su hermana, la temeraria Antígona, que representa a todos los que luchan contra el asfixiante totalitarismo del Estado Novo.8

A este breve agón entre las dos hermanas, que repite con ligerísimas alteraciones las escenas iniciales de la 2.ª edición, el autor añade un breve prólogo, donde se invita al público a volver al pasado y a apreciar sus actuales dichas a través de los grandes males de la Tebas de otrora (Sérgio, 1958, pp. 7-8), y un epílogo donde se ofrece la exegesis que define a Antígona como kantista y cristiana, pero también política.9

Igual proceso de construcción de texto siguió António Sérgio en el diseño del Diálogo de Creonte e Antígona (Figura 1). Como se puede deducir por el texto manuscrito y dactilografiado existente en el corpus de la Biblioteca que lleva su nombre,10 el autor pretendía publicar esta que sería su cuarta variación sobre el mito de Antígona, lo que terminaría por no suceder. Dos hipótesis se pueden plantear para que no lo haya hecho: la no elección, en 1958, de Humberto Delgado, el candidato opositor, en cuya campaña se empeñó profundamente, con esperanza de que la dictadura, pasados más de treinta años, terminase finalmente, y la muerte de su esposa, poco tiempo después, a principios de 1960. Fueron dos duros golpes que hicieron con que se apartara de la vida cívica activa, cansado de los sucesivos fracasos de su lucha contra la dictadura. Como refieren Henrique de Barros y Fernando Ferreira da Costa, la última década de su vida la pasó «recogido en casa, con la extraña conclusión de que su obra había fracasado [y] resultado estéril» (Barros y Ferreira da Costa, 1983, pp. 33-34; Queiroga, 2019, p. 44).

Figura 1 Diálogo de Creonte e Antígona (didascalia). 

El diálogo, con muchas enmiendas y añadidos a la edición de 1950, se basa en las escenas III y IV del acto II, aglutinadas en una escena única con 146 intervenciones.11 Este núcleo central cierra con una coda manuscrita de cuatro páginas (94A-94D), firmada por el autor (Figuras 2, 3, 4, 5), que le aporta unidad y le permite una existencia autónoma, y está precedido de una nueva y más extensa didascalia también manuscrita (Figura 1), con referencias a los antecedentes de la acción que ayudan a contextualizar el confronto inflamado entre Creón y Antígona, convertida en alter ego de António Sérgio: la muerte de Eteocles y Polinices «en combate durante un alzamiento de los demócratas contra la tiranía de Creón, lidiando el primero entre los partidarios del tirano, y en las hostes de los insurrectos el segundo»; y la orden de Creón de que Polinices fuese «abandonado a los cuervos, con prohibición rigurosísima de que se le rindieran honores» (Sérgio, 1960, p. 62).

Figura 2 Coda del Diálogo de Creonte e Antígona (94A). 

Figura 3 Coda del Diálogo de Creonte e Antígona (94B) 

Figura 4 Coda del Diálogo de Creonte e Antígona (94C). 

Figura 5 Coda del Diálogo de Creonte e Antígona con la firma del autor (94D). 

En el mismo conjunto de folios en el que se encuentra este diálogo,12 existen cuatro páginas manuscritas con apuntes sueltos, que el autor probablemente pretendería incluir al inicio del diálogo como epígrafes, al igual que había hecho en las ediciones de 1930 y 1950. Además de la advertencia de que «los hechos y acontecimientos que surgen o son mencionados son verdaderos, y no reales ni imaginarios» y de la afirmación de que el objetivo del diálogo era el de inquietar las almas de quienes lo leyesen,13 uno de esos apuntes es de la Lenda de S. Cristóvão (Leyenda de San Cristóbal), de Eça de Queirós, el santo que, para Sérgio, «[fue] el paladino de la Revolución Social […] que comanda a los pobres en su rebelión en contra de los ricos […] el Santo revolucionario conducido al cielo por la mano del revolucionario que se llamó Jesús» (Sérgio, 1971, pp. 113-114).14 Así, lo habían sido igualmente Antígona y su hermano Polinices, radicalmente revolucionario gracias al Amor, a la paz interior, a la luz del Espíritu, como lo demuestra este Diálogo, inspirado en la Antígona de Sófocles, pero convertido en alegoría de un Portugal sumergido en una ya larga dictadura de más de tres décadas.

A la acusación de Creón de que Polinices era un «loco iluminado» que comandó «un manojo de revoltosos […], una recua de necios, de idealistas» (Sérgio, 1960, p. 68), Antígona contraataca, afirmando que veía a su hermano como un ente «luminoso», sincero, verdadero y límpido, que traía luz a las tinieblas en las que vivían, considerándolo, así, «una mente universal, totalmente abierta a todo, [que] fue contra todas las violencias, viniesen de donde viniesen, contra toda la mentira, sectarismo, disimulación, estrechez» (Sérgio, 1960, p. 68). No compartiendo el dogmatismo de los opositores al régimen más extremistas, ambicionaba congregar a todos los hombres libres alrededor de una acción común en contra de la dictadura, como nos dice Antígona, con palabras que traducen el pensamiento de Sérgio, expresado en muchos de sus textos:

Antígona. Polinices […] era ágil y libre, […] era una revelación individual de lo universal y lo eterno, que buscaba la unidad dentro de su propio espíritu, como la buscaba además en la estructuración del Mundo. […] Su Amor, su Dios eran racionales, eran Espíritu. Amando a la juventud -y poseedor el mismo de un alma joven- soñaba en reunir en una acción común a los que habían nacido con dotes de hombres libres, aunque provenientes de orientaciones distintas: y eso para crear una organización social que desatase a todos de las angustias terrenas, sustituyendo la lucha por la cooperación fraterna. (Sérgio, 1960, p. 68).

Símbolo del antifascismo, de la aspiración a la libertad, de la revolución social (Sérgio, 1950, p. 4), al igual que Antígona, él soñaba «con el ser el constructor de [una] sociedad justa» y «con el dar al pueblo los instrumentos para que la construyese él mismo» (Sérgio, 1960, p. 69),15 para libertarse de una dictadura atroz, basada en el sistema de gobierno de la plutocracia y del clero.

Liderada por el Sumo Sacerdote de la religión «ceréfila», es decir por el cardenal Cerejeira,16 la religión que sustentaba la dictadura, desde el punto de vista de Antígona (que era el de Sérgio), era materialista y no cuidaba lo Divino; servía los intereses de los ricos y del Estado y utilizaba la ignorancia y el retraso mental del pueblo para manipularlo y mantenerlo subyugado.17

En la misma línea con algunos pocos sacerdotes espirituales y puros, que divergían de las directrices de la jerarquía de la Iglesia Católica, la heroína contraponía una «religión más alta, más pura… una mística racional, toda ella humana» (Sérgio, 1960, p. 74) al servicio de los pobres y no de los plutócratas, que todo imponían y comandaban y que tenían como símbolo máximo al banquero Psiquístrato, probablemente Ricardo Espírito Santo,18 que era amigo de Ceréfilo, o sea, Salazar19 -«ese plebeyo, ese pobre, que se metió a servir a los ricachones… y que tiene de su parte al ricachón, al reladrón, al ganón» (Sérgio, 1960, p. 78).

Al igual que hará Salvador Espriu, que traza el retrato de Franco, en su reformulación de Antígona, escrita en 1963,20 también António Sérgio, en la coda manuscrita de este Diálogo, nos presenta, por boca de Antígona, un perfil de Salazar, el dictador incapaz de apreciar la dignidad del espíritu y que disfruta ejerciendo el mando e imponiendo el orden (Figuras 3, 4; Morais, 2012, pp. 324-327):

Antígona. Con su alma tacaña de cultivador de apariencias, de calculador astucioso, es incapaz de apreciar la dignidad del espíritu, la profundidad de la consciencia, el largo vuelo idealista, el amor a la verdad, a la sinceridad y a la luz. Sin humanidad y sin llama, disfruta a lo grande con la concupiscencia del liderazgo, y para poder disfrutar con la concupiscencia del liderazgo permite y encubre todas las malversaciones de sus hombres. La podredumbre disfrazada es su ideal de política. (Sérgio, 1960, 94B-94C).

Al orden impuesto por la fuerza, por la adoración del pasado, de Ceréfilo y Creón, contrapone Antígona un orden moral, más sincero, que resulte del progreso y sea el soporte de una nueva sociedad, volcada hacia el futuro y diseñada «con audacia inventiva, con inventivo amor» (Sérgio, 1960, p. 90) para el bien del pueblo.

Ante la irreductibilidad de posiciones, Creón, a diferencia de lo que sucedía en el hipotexto, propone a su sobrina un pacto de paz (Figura 3):

Creón. ¡No! ¡Imposible! ¡No nos entendemos!… Mira: quiero ofrecerte la paz. Te dejo libre si me prometes comportarte sensatamente. Te colmaré de honores. Te daré todo lo que quieras. ¿Lo aceptas? (Sérgio, 1960, 94B).

Antígona, sin embargo, fiel a sus principios, lo rechaza y no se deja corromper. Para ella, por encima de los decretos del tirano estaban las «leyes no escritas de la consciencia, universales e inmutables» (Sérgio, 1960, p. 66). Esa actitud, coherente y acorde con el modelo sofocleo, obliga a Creón a ejercer su autoridad para imponer su orden (Figura 5):

Creón. Te ofrecí la paz: la recusaste. Me tocó a mí el ser jefe. Sabré serlo, ¡por Dioniso! (Sérgio, 1960, 94D).

Retadora, como siempre, Antígona lanza una pregunta seca, pero colmada de esperanza, con la que termina este breve Diálogo (Figura 5):

Antígona. ¿Hasta cuándo, Creón? (Sérgio, 1960, 94D).

Al igual que en la edición de 1930, que terminaba con un mensaje de esperanza en un futuro mejor, traducido en el establecimiento, al final del acto III, de una democracia magnánima, tolerante y liberal, inspirada en la «santidad de Antígona» y dedicada a «Palas, la persuasiva, diosa de la luz y de la libertad» (Sérgio, 1930, pp. 122-123; Morais, 2017a, pp. 136-139), el autor finaliza esta cuarta variación suya sobre el mito de Antígona, que habría de permanecer inédita, con la expectación de que un día la dictadura terminará claudicando. No vivió António Sérgio los años suficientes para presenciar ese tan anhelado final del Estado Novo, que solo sucedería cinco años después de su muerte, el día 25 de abril de 1974.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Morais, Carlos. (2017a). António Sérgio’s Antígona: A “Social Study in Dialog Form”. En Carlos Morais, Lorna Hardwick y Maria Fátima Silva (eds.), Portrayals of Antigone in Portugal. 20 th and 21 th Century Rewritings of the Antigone Myth (pp. 113-139). Leiden: Brill. [ Links ]

Morais, Carlos. (2017b). António Sérgio’s Antigone Revisited: Two Invectives against Salazar Dictatorship (pp. 140-159). En Carlos Morais, Lorna Hardwick y Maria Fátima Silva (eds.), Portrayals of Antigone in Portugal. 20 th and 21 th Century Rewritings of the Antigone Myth. Leiden: Brill . [ Links ]

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Sérgio, António. (2009). Antigone (traduzione e note a cura di Corrado Cuccoro. Saggio introdutivo di Maria Pia Pattoni). Milano: PubliCatt. [ Links ]

Received: February 01, 2021; Accepted: July 01, 2021

* Autor para la correspondencia: cmorais@ua.pt

1 António Sérgio (1883-1969) fue un gran pensador, pedagogo y polígrafo portugués de la primera mitad del siglo xx. Durante la I República (1910-1926), ejerció actividad política, asumiendo el cargo de la Educación en el gobierno de Álvaro de Castro (1923). Con el final de la I República, como consecuencia del golpe militar del 28 de mayo de 1926, fue un fuerte opositor tanto de la dictadura militar (1926-1933), integrando la Liga de Defesa da República, como del Estado Novo, tutelado por António Oliveira Salazar. Gran defensor del socialismo democrático, a lo largo del consulado de Salazar (1933-1968), cuyo final coincidió practicamente con su muerte, formó parte del Movimiento de Unidad Democrática, fundó la Comissão Promotora do Voto [Comité de Fomento del Voto] (1953) y apoyó las candidaturas a la presidencias de Norton de Matos (1949) y Humberto Delgado (1958) contra los candidatos del régimen.

2 António de Oliveira Salazar (1889-1970) fue ministro de Finanzas, entre 1928 y 1932, y presidente del Consejo de Ministros, desde 1932 hasta 1968, período durante el cual dirigió, de forma dictatorial, los destinos de Portugal (Morais, 2017b, pp. 140-153).

3 Texto dactilografiado existente en el corpus de la Biblioteca António Sérgio: AS.07-Cx11-P24_005_1-3; AS.07-Cx11-P25_001_2. Para la fecha de este texto, aún inédito, véase Morais (2017b, p. 141).

4 Dedicatoria (Casa António Sérgio: AS.07-Cx11-P24_004).

5 No obstante, por el reparto y los dibujos del escenario, encontrados entre los papeles dactilografiados de la 2.ª edición, somos llevados a concluir que la secuencia dramática de la parte final de la obra no sería muy distinta de la que encontramos en la 1.ª edición. De hecho, el reparto de la 2.ª edición incluye a los pastores Coridón y Títiro que, al igual que en la 1.ª edición, solo deberían entrar en escena en el acto III. Además, el dibujo del escenario, de la autoría de Sérgio, reproduce un cuadro bucólico, en sintonía con lo descrito en la didascálica del texto de 1930 (p. 85). Sobre este asunto, véase Morais (2017b, pp. 142-143).

6 Américo Deus Rodrigues Thomaz (1894-1987) fue el 13.º presidente de la República de Portugal (el último del Estado Novo), ocupando el cargo entre 1958 y 1974

7 Partícipe del golpe militar del 28 de mayo de 1926 y siendo inicialmente partidario del régimen salazarista, el general Humberto da Silva Delgado (1906-1965) sería después el rostro de la oposición al régimen dictatorial de Salazar, en las elecciones presidenciales de 1958.

8 Nombre con el que se conoce el régimen dictatorial vigente en Portugal (casi todo bajo el yugo de António Oliveira Salazar; véase supra n. 3) entre 1933, con la aprobación de una nueva constitución que fue su pilar, y el 25 de abril de 1974.

9 Kantista, porque, contra la razón absoluta del Estado, ella proclama no tanto «los derechos de la piedad religiosa [y] del amor fraterno», como la de Sófocles, sino más «los derechos de la libre consciencia humana, los de la ley racional a la que se eleva el espíritu, eterna e imprescriptible» (Sérgio, 1958, p. 28). Cristiana, porque, según el pensamiento de Sérgio, el ideal democrático por ella defendido, siendo análogo al del cristianismo, es la traducción política del Evangelio (Sérgio, 1974, pp. 169-183). Pero, convengamos que, en su verdadera esencia, ella es política, como reconoce el mismo Sérgio, cuando, en el prólogo a la 2.ª edición, escribe: «ante los hechos políticos de mi tiempo, me acordé por mi turno de que existía Sófocles y garabateé este apólogo [...]. A través del artificio de una antigua historia, aquí está el debate que es actual, sobre temas sociales que son los de ahora. Más: en lenguaje que es de ahora, con formas de pensar que son de ahora, si ningún disimulo o cautela» (Sérgio, 1950, pp. 3-4). Sobre este asunto, véase Morais (2017b, pp. 153-159).

10 Biblioteca António Sérgio: AS.07-Cx11-P25/001_1.ª parte_1-2.

11 Las dos escenas del texto dactilografiado de 1950 (pp. 63-94), en las que se basa este Diálogo, tienen 146 intervenciones (11 + 135). Las escenas correspondientes de la edición de 1930 presentaban solamente 31 intervenciones (10 + 21).

12 Biblioteca António Sérgio: AS.07-Cx11-P25/001_1.ªparte_1.

13 Escribe nuestro autor en uno de esos apuntes: «No me compite a mí contar con los resultados en las obras, ¡sino con las agonías en las almas!».

14 Sobre este texto, Ana Márcia Alves Siquiera (2013) afirma que «la narración relativiza espacio y tiempo, haciéndola atemporal, porque este debe ser el ideal del santo moderno. Este sueño, en realidad, delinea las preocupaciones sociales de la obra de Eça de Queirós, del idealismo de la “Geração de 70” en busca de la justicia y los derechos que los dueños del poder político y económico niegan al hombre» (p. 195).

15 Para Antígona, o sea, para Sérgio, justo es el que «subió al Espíritu […], el que encara a los otros como quien subió al Espíritu. El que anima a los demás a alcanzar ese umbral». Y añade, además: «ser justo, ser espiritual, ser libre, es superar lo irracional que encontramos dentro de nosotros -por lo impulso racionalizador, que también está en nosotros mismos» (Sérgio, 1960, p. 81).

16 Manuel Gonçalves Cerejeira (1888-1977), amigo de Salazar y partidario de sus políticas, fue el Patriarca que dirigió la Iglesia Católica portuguesa a lo largo de casi toda la dictadura (1929-1971), siendo uno de los responsables por la Concordata entre el Vaticano y Portugal, en 1940.

17 Para tal, contribuía mucho la promoción del fenómeno de Fátiras (o sea, Fátima) y las «materialidades de [su] culto» (Sérgio, 1960, p. 73), que simbolizan, en el Diálogo, la comunión de intereses entre el Estado y la Iglesia. Las apariciones de la Virgen a los tres pastorcitos (Francisco Marto, Jacinta y Lúcia), en Cova da Iria, Fátima, se dieron en los días 13 de los meses de mayo a octubre de 1917. En el último día de las apariciones (el 13 de octubre de 1917), millares de creyentes, según relatos de la época, asistieron al llamado «milagro del sol», referido de forma burlesca en el Diálogo. Sobre este asunto, véase Morais (2017b, pp. 148-149).

18 Ricardo Espírito Santo (1900-1955) fue el fundador del Banco Espírito Santo & Comercial de Lisboa y un gran amigo de Salazar, quien aquí se oculta tras la máscara de Ceréfilo

19 Ceréfilo -aquel a quien le gusta Ceres, diosa de la agricultura y de las cosechas‒. Tal como la diosa que presta su nombre a la formación de este híbrido, también la álgida figura que se oculta por detrás de él es, entre sus opositores, el plebeyo, el rústico tacaño que impiedosamente recoge los tributos del pueblo, con el objetivo de, cueste lo que cueste, conseguir obtener el saldo en las cuentas públicas de Tebas, siendo incapaz de apreciar la dignidad del espíritu, el amor a la verdad y justicia y los principios de la libertad y democracia (Morais, 2017b, p. 151). Sobre Salazar, véase supra, n. 3.

20 «El Lúcido Consejero. (A su amigo) No es difícil convivir en Tebas, es imposible. Creonte lo sabe como tú y yo lo sabemos, pero, claro está, nunca habrá de confesarlo. Míralo bien: obeso, nada atractivo, com esos ojos de mirada fija y glacial como de serpiente. […] Mientras viva, es probable que nos mantegamos en paz, porque está dispuesto a aplastar sin contemplaciones a todo aquel que se le oponga. Pero casi es un viejo y sus hijos y seguidores no valen nada. En Tebas, Creonte no puede instituir perpetuamente a Creonte. Cuántos años vivirá, veinte, tal vez treinta? Sí no se lo lleva mucho antes una muerte violenta» (Espriu, 1965, p. 35).

El autor declara que no existen conflictos de intereses.

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