SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.22 issue3Fragile X syndromeTen useful advices on prescribing medicines author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

My SciELO

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

  • Have no cited articlesCited by SciELO

Related links

  • Have no similar articlesSimilars in SciELO

Share


Revista Cubana de Medicina General Integral

Print version ISSN 0864-2125On-line version ISSN 1561-3038

Rev Cubana Med Gen Integr vol.22 no.3 Ciudad de La Habana July-Sept. 2006

 

Los programas de salud y el trabajo del médico de familia

José Díaz Novás1 y Bárbara Rosa Gallego Machado2

Resumen

Se expone brevemente el surgimiento y desarrollo de los programas de salud en la atención primaria, sus bondades y utilidades. Se analiza cómo la estrategia basada en esos programas puede ayudar en el trabajo del Médico de Familia, siempre que los integre a las peculiaridades del paciente, tales como: edad, sexo, momento del ciclo vital, antecedentes, problemas de salud y riesgos, además de las características sociales y epidemiológicas del medio en que se desenvuelve.

Palabras clave: Programas de salud, atención integral.

Con la creación de los policlínicos integrales a partir de 1964, surgen los primeros programas de salud orientados según daño o enfermedad.1 Definían, con propósitos coherentes, las acciones de salud a emprender en el nivel primario de atención, y en distintos momentos o etapas de nuestro desarrollo sanitario y social.2

En el modelo del Policlínico Integral se fueron implantando sucesivamente varios programas, entre los que se citan el materno-infantil, el de asistencia médica al adulto, el de asistencia estomatológica, el de control de enfermedades transmisibles (que incluía el de respiratorias, diarreicas, erradicación del paludismo y el Aedes aegypti), el de higiene urbano y rural, el relacionado con la higiene de los alimentos, el de higiene escolar y el de higiene del trabajo.1 Se creó igualmente un instrumento conocido como el Libro Rojo, que regía todas las acciones propias de los programas en ejecución, en forma de meta, resultado y cumplimiento (%), o sea un control cuantitativo de los programas de forma muy detallada.1

Con la implantación del modelo de la Medicina en la Comunidad y el Policlínico Comunitario en 1974, los programas de salud se ampliaron y desarrollaron.1,2 Las tareas fundamentales a desarrollar por el policlínico se definieron en torno a los programas básicos del área, agrupados de forma coherente para la atención a las personas y al ambiente.1

DESARROLLO

En 1984 surge entonces el modelo del Médico y Enfermera de la Familia en el Policlínico “Lawton”, novedosa forma de APS que tiene entre sus fundamentaciones el crecimiento de las especialidades y subespecialidades, la fragmentación de la atención médica y la necesidad de formar un nuevo especialista que integre todas las acciones de salud en torno al individuo, la familia y la comunidad.2-4

En 1988 se edita un folleto titulado ”Programa de trabajo del médico y enfermera de la familia, el policlínico y el hospital”,5 en el que se intentaba integrar todos los programas existentes en uno solo, aunque sin que perdieran su individualidad y relevancia particular. En 1985 se habían implementado 14 nuevos programas en el área de epidemiología, y entre los años 1995 y 2002 aparecen 39 nuevos, 18 de ellos en los últimos 2 años.6

El crecimiento del número de programas durante la etapa de la medicina familiar en Cuba, sobre todo en los últimos años de su desarrollo, perfeccionamiento e incremento de las acciones de cada uno de ellos, con un solo ejecutor en la APS (el Médico de Familia) y múltiples supervisores (cada cual exigiendo el cumplimiento del suyo), ha llevado a un malestar entre algunos Médicos de Familia, que dicen llevar más de 50 programas a la vez, con muchos controladores para exigirles, pero solo ellos para ejecutar.

Si uno de los objetivos fundamentales de la medicina familiar es evitar la fragmentación que crean en la atención médica, el modelo de atendimiento basado en las especialidades verticales y subespecialidades, ¿no se propicia una mayor fragmentación ahora, al haber más programas que subespecialidades? Si un cardiólogo no es lo más conveniente para solucionar los problemas cardiovasculares en la APS, ¿lo serán entonces los programas aislados de hipertensión arterial, cardiopatía isquémica, fiebre reumática, etc.?; ¿puede llevar el Médico de Familia tantos programas con resultados satisfactorios?; ¿son útiles todos estos programas?

Comenzaremos contestando la última pregunta. Creemos que los programas son útiles porque establecen modos de actuación y medidas para el control de los problemas prioritarios de salud, y ayudan al médico en su labor al brindarle, resumidos, un grupo de acciones o actividades validadas por consenso de expertos o por evidencias científicas. Lo que no es aceptable es que las acciones que se normen no tengan sostén científico, u obedezcan a caprichos o al yo creo que esto se debe hacer. Tampoco es lógico el accionar de algunos supervisores muy inquisitivos y cargados de subjetivismos, o que quieren que los médicos trabajen como si lo estuvieran haciendo en un estudio experimental de laboratorio y no en la práctica real.

El Médico de Familia es el encargado de aplicar en la APS toda la ciencia socio-psico-biomédica para promover salud, prevenir las enfermedades, diagnosticarlas y tratarlas precozmente una vez surgidas, además de atender las discapacidades y rehabilitar a los necesitados, todo esto logrando la mayor satisfacción de la población y de una gran cantidad de problemas disímiles. Debe resolver entre el 80 y el 90 % de los problemas de salud que enfrenta. Los programas de salud, al definir en forma coherente los objetivos, metas, acciones, recursos y mecanismos de control y evaluación claramente establecidos, deben servir para ayudar al Médico de Familia en su trabajo y conocer los resultados de su labor.

Entonces, podemos decir que el médico para llevar los programas, no tiene que subdividirse en ejecutor de cada uno de ellos por separado, sino pensar en el individuo y sus necesidades de salud, pues las personas, de acuerdo con su sexo, edad, enfermedades, riesgos, antecedentes familiares y personales, situación familiar, comunitaria, higiénico-epidemiológica y social, tienen determinadas necesidades de salud.

El conocimiento del ciclo vital del individuo y la familia, de sus riesgos y períodos de amenazas, también es muy importante para determinar las necesidades de salud, al igual que conocer el impacto de las medidas médicas preventivas y las acciones en la salud. Teniendo una visión integradora del individuo y sus necesidades de salud, los programas nos ayudan a organizar y orientar nuestro trabajo estableciendo estrategias, orientando acciones y proponiendo mecanismos de evaluación y control. Los programas no pueden sustituir el pensamiento científico, el juicio clínico ni las experiencias personales válidas, sino que los complementa al orientar acciones científicamente fundamentadas.

El lactante tiene necesidades de salud diferentes del preescolar, y este, a su vez, del escolar. Los programas nos orientan en lo que debemos hacer para cubrirlas y dar una mejor atención en cada uno de los casos. Un adolescente tiene determinados problemas de salud y riesgos, enfermedades infecciosas, de transmisión sexual, accidentes, adicciones, problemas conductuales, embarazos no deseados, etc. En la atención a ellos hay que tener en cuenta estos problemas y riesgos en primer lugar, y luego auxiliarnos de los programas para determinar las acciones a emprender para su control.

Un anciano tiene problemas de salud y riesgos particulares también, por lo que ¿por qué pensar en su atención sobre base de programas diferentes, y no integrarlos en relación con su situación real y riesgos? Los programas nos auxiliarán entonces en su atención.

Sería oportuno pensar en por qué ver a las mujeres de determinada edad como una prueba citológica, y no como una mujer con un riesgo determinado de padecer de cáncer cérvico uterino que con una sencilla intervención se le evitaría una muerte precoz. Hay que pensar primero en la persona de forma integral, en su sexo, su edad, el momento del ciclo vital, los antecedentes y riesgos a que está expuesta, y con el análisis de todo esto, se puede entonces determinar la conducta a seguir. Los programas nos auxiliarán para realizar las acciones más convenientes y sus mecanismos de control.

Si no pensamos integralmente en la persona y la descomponemos en programas, volveríamos a un estadio, aún peor, que aquel que tanto se critica del hospital, cuando se refieren a un paciente como la insuficiencia cardiaca o la cirrosis hepática de tal cama. En tal caso, nosotros, para referirnos a alguien diríamos entonces el programa de citología, la no útil, el SR+14, el febril, la gota gruesa, el CIUR, etcétera.

Se puede concluir que no hay ninguna contradicción entre los programas de salud y la atención integral a la persona; por el contrario, se complementan y auxilian mutuamente, todo depende del enfoque que haga el médico de asistencia. El Médico de Familia lleva el programa de atención integral a la familia, que abarca todos los demás y los subprogramas que servirán de apoyo en su labor.6

Summary

Health programs and the family physician's work

The appearance and development of the health programs in primary health care, its advantages and usufulness are briefly exposed. It is analyzed how the strategy based on these programs may help the family physician's work as long as he integrates them to the patient's pecularities, such as sex, moment of the vital cycle, previous history, health problems and risks, in addition to the social and epidemiological characteristics of the environment in which the patient develops himself.

Key words: Health programs, comprehensive care.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Rojas Ochoa F. La atención primaria de salud en Cuba, 1959-1984. Rev Cubana de Salud Pública [Seriada en línea] 2005; 31(2). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/spu/vol31-2-05/spu12205.htm
Consultada Julio 15, 2006.

2. Díaz Novás J, Fernández Sacasas J. Del policlínico integral al médico de familia. Rev Cubana Med Gen Integr. 1989;5(4):564-6.

3. Díaz Novás J, Gallego Machado BR. Desarrollo de la atención primaria durante el período revolucionario. Disponible en: http://www.cursosparamedicos.com/newsite/pags/ac_dent/monos/medic/familiar_05htm .
Consultada Agosto 5, 2005.

4. Sansó Soberats F. Veinte años del modelo cubano de medicina familiar. Rev Cubana de Salud Pública [Seriada en línea] 2005;31(2). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/spu/vol31-2-05/spu13205.htm
Consultada Julio 15, 2006.

5. MINSAP. Programa de trabajo del médico y enfermera de la familia, el policlínico y el hospital. Ciudad de La Habana; 1988.

6. MINSAP. Programa de atención integral a la familia (anteproyecto). Ciudad de La Habana; 2004.

Recibido: 6 de septiembre de 2006.    Aprobado: 8 de septiembre de 2006.
Dr. José Díaz Novás. Policlínico Docente “Lawton”. Avenida Camilo Cienfuegos, entre 10 y 11, Lawton, municipio 10 de Octubre, Ciudad de La Habana, Cuba. E mail: jose.diaz@infomed.sld.cu

1Especialista de II Grado en Medicina Interna. Profesor Titular del Policlínico Docente “Lawton”.
2Especialista de II Grado en Pediatría. Profesora Auxiliar del Policlínico Docente “Lawton”.

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License